Gracias a la Alianza Multiplicando Alegrías y a la colaboración estratégica con la sociedad civil y el gobierno del estado de Guerrero, se rehabilitaron las escuelas primarias públicas Francisco I. Madero, Mariana Rodríguez del Toro y Pedro Moreno en el municipio de Acapulco de Juárez, afectadas por los huracanes, en beneficio de más de mil alumnos y sus docentes.
Las mejoras realizadas incluyeron impermeabilización de techos, colocación de luminarias, cancelería, construcción de bardas perimetrales, pintura de aulas, instalación de ventiladores y sistemas de captación de agua pluvial —una apuesta clara por la sostenibilidad—, así como la construcción de aulas didácticas, sanitarios y otros espacios clave para el aprendizaje, y fueron entregadas el pasado 4 de junio.
La Alianza Multiplicando Alegrías está conformada por Fundación CAAAREM, Fundación Chedraui, Fundación Coca-Cola México, Fundación Compartamos, Fundación Diez Morodo, Fundación Familia Bocar, Fundación Gigante, Fundación Kaluz, Niños en Alegría, Fundación Posadas, Promotora Social México, Banco Santander México y la Secretaría de Educación del Estado de Guerrero con el objetivo generar condiciones de calidad para elevar el nivel de educación en México, impactando positivamente a alumnos, docentes y beneficiarios indirectos, con la rehabilitación de las 17 escuelas primarias públicas que abarca el proyecto, impulsando la economía local mediante la generación de cerca de 50 empleos directos, fortaleciendo el desarrollo de las comunidades.
En compañía de padres de familia, alumnos, docentes y miembros de las comunidades beneficiadas, Alejandra Alemán, vocera de la alianza, dirigió unas palabras emotivas:
“Hoy estamos aquí para celebrar algo mucho más grande que una obra terminada. Celebramos la fuerza de una comunidad que se levanta, la determinación de quienes no se rinden y la generosidad de quienes creen en el poder transformador de la educación”.
Las acciones se seguirán enfocando en los municipios de Acapulco de Juárez y Coyuca de Benítez, beneficiando directamente a 4,920 estudiantes y 229 docentes, y beneficiará a más de 17,220 personas de manera indirecta, una cifra que seguirá creciendo con cada ciclo escolar.
Un grupo de estudiantes del Tecnológico de Monterrey, campus Santa Fe, desarrolló un dispositivo que podría llegar a tener la capacidad de cosechar hasta 30 litros de agua diarios a partir de la humedad del aire. Su objetivo es ofrecer una alternativa accesible para comunidades con escasez de este recurso y promover prácticas sustentables en empresas y organizaciones.
Se trata del equipo Condensación de Agua Atmosférica, conformado por Daniel Guayara, David Hernández, Iker San Juan y Santiago Caire, estudiantes de cuarto semestre del Bachelor of Industrial Engineering (BIE), quienes desarrollaron el proyecto bajo la asesoría del profesor Iván Camps, investigador de tiempo completo en el Departamento de Ciencias de la Escuela de Ingeniería y Ciencias.
Camps retó a sus estudiantes a crear dispositivos para pruebas de campo a partir de una investigación por colaboración con la UNAM sobre nanomateriales y nanotecnologías de superficies en la que él ya trabajaba.
El resultado fue un dispositivo que condensa el agua presente en el medio ambiente en fase vapor hasta alcanzar el punto de rocío, logrando obtener agua en fase líquida. Mediante un sistema automatizado con sensores y microcontroladores, capaz de operar las 24 horas del día, los 365 días del año, y adaptarse a distintas condiciones climáticas. El agua recolectada podría utilizarse para la higiene personal, el aseo y otros usos, pero no para consumo humano.
“Han logrado integrar un sistema de monitoreo y control basado en sensores y programación en Arduino, que les permite operar el equipo en tiempo real y de forma continua. La capacidad modular del prototipo lo hace adaptable a diferentes contextos y necesidades de agua”, destacó Camps, quien forma parte de la Iniciativa de Semiconductores en Nanotecnología en el Tec de Monterrey.
La propuesta ya ha sido reconocida en diversas competencias: ganó el primer lugar en la etapa regional del Hult Prize 2025 y participará en la fase nacional en Monterrey. Asimismo, el equipo participó en IncMTY y en el Xignux Challenge, donde destacó por su desempeño y por el impacto social que persigue, especialmente considerando la fase académica en la que se encuentran los jóvenes.
Los estudiantes planean consolidar su emprendimiento a lo largo de su carrera, buscando aliados que les permitan escalar la producción y llevar el prototipo a pruebas de campo en comunidades que actualmente enfrentan una severa escasez de agua.
Por Samantha Rodríguez, Senior Manager, Sustainability CHEP LatAm
En un entorno cada vez más cambiante e interconectado, las cadenas de suministro deben ser no solo eficientes y resilientes, sino también generar un impacto ambiental y social positivo. Estos objetivos no se excluyen, sino que se potencian mutuamente. Las empresas que integran la sostenibilidad en el centro de sus operaciones están mejor posicionadas para liderar, ya que hoy la sostenibilidad no es una concesión, sino una estrategia clave de crecimiento.
Lejos de ser un centro de costos, la sostenibilidad se ha convertido en un catalizador estratégico para la creación de valor dentro de las cadenas de suministro. Al integrarse en las operaciones, impulsa la eficiencia, fortalece la resiliencia financiera y ambiental, y permite a las empresas adaptarse con agilidad a regulaciones, cambios en el mercado, eventos inesperados y exigencias de los inversionistas. En un mundo marcado por la incertidumbre, estas capacidades son esenciales. Las compañías que lideran en sostenibilidad no solo gestionan mejor el riesgo, sino que también marcan el ritmo del mercado, atrayendo con mayor fuerza a clientes, talento y capital.
Un propósito sólido de sostenibilidad fortalece el valor de marca y genera alineación con socios e inversores que buscan proveedores comprometidos con objetivos ambientales y sociales, especialmente aquellos que contribuyen a metas de cero emisiones netas y reportes ESG con impacto medible. El informe sobre el estado de la sostenibilidad de la cadena de suministro 20241 del Centro de Transporte y Logística del MIT (MIT CTL) y el Consejo de Profesionales de la Gestión de la Cadena de Suministro (CSCMP) destaca la creciente presión de los inversores sobre las empresas para mejorar sus prácticas de sostenibilidad y la alineación de los socios de la cadena de suministro con los objetivos. Estos cambios no son menores, están cambiando por completo las reglas del juego.
La economía circular en acción
La economía circular es un modelo comprobado que genera beneficios tanto comerciales como ambientales. Prácticas como el uso compartido, reparación y reutilización de pallets y contenedores bajo esquemas de “pooling” reducen significativamente residuos, emisiones y costos, al tiempo que mejoran la eficiencia operativa. De acuerdo con una encuesta reciente de Gartner, el 74% de los líderes de la cadena de suministro esperan que las ganancias aumenten hasta 2025 como resultado de la aplicación de estrategias de economía circular2. Al combinar circularidad con colaboración a lo largo de la cadena de valor y el uso de herramientas digitales para monitorear recursos, emisiones y rendimiento, las empresas pueden tomar decisiones más inteligentes, optimizar flujos y avanzar en sus metas de descarbonización. Además, la innovación y la adaptación temprana a regulaciones climáticas emergentes no solo fortalecen la resiliencia empresarial, sino que también ofrecen ventajas competitivas en un entorno cada vez más exigente.
Del Net Zero a la regeneración
La sostenibilidad empresarial está evolucionando de una estrategia de mitigación a una de impacto positivo, donde las cadenas de suministro no solo reducen su huella, sino que restauran activamente el capital natural y promueven la biodiversidad y el bienestar social. Este cambio, que une propósito e innovación, representa una oportunidad clave para construir sistemas resilientes y regenerativos. A través de una mentalidad circular, el uso inteligente de datos y la colaboración a lo largo de la cadena de valor, las empresas pueden alinear sostenibilidad y rendimiento, generando un crecimiento inclusivo que transforma lo posible en realidad.
Zara, una de las marcas más influyentes del fast fashion global, ha vuelto al centro de la polémica. Esta vez, no por su cadena de producción, sino por las imágenes publicitarias que mostraban a modelos con una apariencia extremadamente delgada. Las críticas no tardaron en llegar, y con ellas, la intervención de la Autoridad de Normas Publicitarias del Reino Unido (ASA).
De acuerdo con El País, las imágenes, consideradas “irresponsables” por promover un ideal corporal poco saludable, obligaron a la marca a retirar las fotografías y revisar sus criterios de publicación. Aunque Zara aseguró haber cumplido con los estándares médicos establecidos por organismos especializados, la controversia reabre un debate necesario sobre el rol ético de las marcas en la representación del cuerpo humano.
La polémica: ¿imágenes o ideales peligrosos?
Las imágenes que encendieron las alarmas mostraban a las modelos de Zara con clavículas prominentes y rostros que algunos calificaron como “demacrados”. No se trató de un error aislado: eran parte de una campaña rotativa en la web oficial.
Aunque la empresa aclaró que ambas modelos contaban con certificados médicos de buena salud, la queja de una ciudadana ante la ASA llevó al organismo a prohibir dos de los anuncios y exigir medidas correctivas. El argumento fue claro: los anuncios eran irresponsables y no debían volver a difundirse.
Zara reaccionó retirando las imágenes, pero la conversación pública ya estaba en marcha. La pregunta que quedó en el aire fue: ¿hasta qué punto una marca es responsable de los cuerpos que decide visibilizar?
Imagen obtenida de El País
¿Buena salud o buena imagen?
Inditex, matriz de Zara, aseguró haber actuado conforme a las recomendaciones del informe Fashioning a Healthy Future, en particular, la que solicita certificados médicos para confirmar la salud de las modelos.
Sin embargo, el dilema no radica solo en un diagnóstico médico, sino en cómo esos cuerpos son percibidos socialmente y qué mensaje envían. Un cuerpo saludable no necesariamente comunica una imagen saludable en ciertos contextos visuales.
Aquí entra el componente de la responsabilidad social empresarial: incluso cumpliendo con requisitos técnicos, ¿es suficiente cuando se trata de influir en millones de consumidores, muchos de ellos jóvenes?
Modelos de Zara y la representación del cuerpo en la moda
Este no es un caso aislado. Las modelos de Zara —y de muchas otras marcas— se han convertido en reflejo de los estándares estéticos que el sector impone y reproduce. La elección de un cuerpo delgado, posado en ángulos que resaltan huesos y ausencia de curvas, perpetúa un ideal excluyente.
La industria ha comenzado a cambiar, lentamente, hacia una representación más diversa, pero episodios como este demuestran que aún hay mucho por avanzar. La responsabilidad de las marcas no termina en la pasarela ni en un certificado médico.
Hoy, las marcas enfrentan consumidores más informados y críticos, que demandan coherencia entre lo que se vende y lo que se representa.
El papel de los organismos reguladores
La intervención de la ASA fue decisiva. La autoridad determinó que las imágenes resultaban inapropiadas por insinuar que una apariencia extremadamente delgada es deseable. Esto marca un precedente importante para la regulación publicitaria en moda.
Zara no recibió quejas directas de sus clientes, lo que refuerza la relevancia de contar con organismos independientes que actúen de oficio cuando se vulneran estándares éticos.
Este tipo de controles no solo regulan contenidos, también impulsan un cambio en las políticas internas de las marcas. La industria necesita más vigilancia activa y menos autocomplacencia.
Transparencia y reputación: ¿hasta dónde llegan las disculpas?
Zara explicó que las imágenes no habían sido retocadas, salvo pequeños ajustes de iluminación. También aseguró que se trataba de una misma modelo que ha trabajado con otras marcas reconocidas.
Sin embargo, lo que está en juego no es solo la edición de una fotografía, sino la coherencia entre el discurso de la marca y su impacto social. La transparencia en la explicación fue oportuna, pero no necesariamente suficiente.
En términos de reputación, actuar después del señalamiento ya no es una estrategia eficaz. Las marcas deben anticiparse y revisar sus procesos con una mirada ética desde el principio.
Una oportunidad para liderar con el ejemplo
Zara tiene los recursos, la influencia y la visibilidad global para convertirse en una referente de responsabilidad social en la moda. Este incidente puede convertirse en una oportunidad si la marca decide dar un paso adelante.
El primer paso está dado: retirar las imágenes. Pero el verdadero reto es preguntarse por qué se aprobaron en primer lugar. ¿Qué filtros internos fallaron? ¿Qué criterios se priorizaron al elegir las imágenes?
Revisar las decisiones estéticas desde una perspectiva ética no debería ser un acto reactivo, sino parte integral de la gestión de la marca.
El caso de las modelos de Zara vuelve a poner sobre la mesa un tema central para quienes trabajamos en responsabilidad social: la representación importa. No basta con cumplir normativas médicas si el mensaje visual promueve ideales de belleza dañinos.
Las marcas tienen el poder —y por tanto la responsabilidad— de construir nuevos referentes. En tiempos donde los valores pesan tanto como los productos, actuar con ética y sensibilidad ya no es opcional: es parte del negocio.
En un mundo donde los consumidores tienen acceso a miles de opciones con un solo clic, las marcas enfrentan el reto de diferenciarse no solo por la calidad de sus productos, sino por su propósito. Los negocios con causa han ganado terreno al ofrecer más que un bien o servicio: ofrecen una narrativa con sentido, una promesa de impacto positivo. Pero, ¿es suficiente con tener un propósito para ganar el corazón del cliente?
Este fenómeno no es nuevo, pero su relevancia ha crecido conforme las nuevas generaciones —especialmente millennials y centennials— priorizan los valores detrás de sus decisiones de compra. Sin embargo, aún persiste la duda: ¿la estrategia de integrar una causa social realmente genera lealtad a largo plazo o solo es una moda pasajera? Para responder, exploramos experiencias, estudios y retos que enfrentan las marcas con propósito.
El auge de los negocios con causa
Los negocios con causa han pasado de ser una tendencia emergente a una estrategia central en muchas industrias. Desde marcas de ropa que donan un porcentaje de sus ganancias hasta empresas de tecnología que desarrollan soluciones para poblaciones vulnerables, el propósito se ha convertido en un diferenciador clave.
Esta evolución ha sido impulsada por consumidores más informados y exigentes. Ya no basta con ofrecer calidad y buen precio: el cliente quiere saber qué hay detrás de la marca, cómo opera, a quién beneficia y si su impacto es real o solo marketing.
La autenticidad se ha vuelto esencial. Las marcas que han logrado conectar genuinamente con sus causas han visto recompensas: mayor visibilidad, engagement y, sí, lealtad. Pero no todas logran ese equilibrio sin caer en el greenwashing o el purpose-washing.
Más allá del branding: la causa como parte del ADN
Los negocios con causa más exitosos son aquellos que no utilizan la responsabilidad social como un accesorio, sino como parte integral de su modelo de negocio. Cuando la causa está alineada con la esencia de la marca, la comunicación se vuelve natural y poderosa.
Un ejemplo es Patagonia, cuya postura ambiental forma parte de cada decisión empresarial. Su activismo es coherente con sus productos, sus políticas internas y su cultura organizacional. Este tipo de coherencia construye confianza y fidelidad.
Por el contrario, cuando una empresa adopta una causa sin un compromiso real, los consumidores lo detectan. Y lo castigan. La lealtad se convierte entonces en escepticismo.
El cliente leal no nace, se construye
Numerosos estudios han demostrado que los consumidores están dispuestos a pagar más o cambiar de marca si esta respalda una causa con la que se identifican. Pero eso no significa que la lealtad surja de inmediato.
Se necesita tiempo, consistencia y acciones concretas para transformar una compra ocasional en una relación duradera. Las campañas deben ir más allá de la emocionalidad momentánea y traducirse en cambios reales, medibles y sostenidos.
Los negocios con causa deben invertir en transparencia, medición de impacto y diálogo constante con sus públicos. Solo así podrán construir una comunidad de clientes que no solo compre, sino que también recomiende y defienda la marca.
¿Cuándo la causa deja de sumar y empieza a restar?
Aunque parezca paradójico, una causa mal gestionada puede generar el efecto contrario al deseado. Esto ocurre cuando la narrativa no es clara, no se respalda con acciones tangibles o se siente oportunista.
El consumidor actual es escéptico por naturaleza. Investiga, compara y señala incongruencias con rapidez. Casos como los de empresas que apoyan el medio ambiente pero contaminan en sus procesos muestran que la reputación puede caer con la misma velocidad con la que se construyó.
Por eso, los negocios con causa deben ser extremadamente cuidadosos al elegir sus alianzas, mensajes y estrategias. Una causa no puede usarse como escudo para prácticas cuestionables.
Medir el impacto: la pieza que muchas marcas olvidan
Una de las razones por las que algunos negocios con causa no logran generar lealtad es la falta de indicadores claros de impacto. Decir “ayudamos a la comunidad” ya no es suficiente: se necesita mostrar cómo, cuándo, cuántas personas se beneficiaron y con qué resultados.
Las herramientas de medición de impacto social permiten traducir las buenas intenciones en cifras comprensibles y compartibles. Y esto es clave para construir confianza. Una marca que demuestra, con datos, su compromiso, se diferencia automáticamente del resto.
Además, compartir estos resultados fortalece la relación con clientes y aliados, generando un círculo virtuoso de colaboración y visibilidad.
Casos que inspiran, pero también enseñan
En México y América Latina hay múltiples ejemplos de negocios con causa que han transformado su comunidad y fidelizado a sus consumidores. Desde cafeterías que emplean a personas en situación de calle hasta marcas de belleza que capacitan a mujeres en zonas rurales.
Estos casos demuestran que no se necesita ser una gran empresa para tener un gran impacto. Lo fundamental es la coherencia, el seguimiento y la claridad en la comunicación.
También nos enseñan que el camino no está exento de errores, pero que cada paso bien dado suma a la construcción de una marca confiable y querida.
El futuro pertenece a las marcas con alma
Los negocios con causa tienen una ventaja competitiva clara, pero solo si su compromiso es real, transparente y sostenido en el tiempo. La lealtad del cliente no se compra con una campaña emotiva, se construye con acciones consistentes que resuenen con sus valores.
En un entorno saturado de mensajes, los consumidores buscan marcas auténticas. Aquellas que entienden que su propósito no es una estrategia de marketing, sino una forma de hacer empresa.
Porque cuando una causa se convierte en cultura empresarial, deja de ser un recurso publicitario y se transforma en el motor de un cambio genuino. Y eso, en términos de lealtad, vale más que cualquier promoción.
Un nuevo impuesto del 1% sobre el dinero que los migrantes envían a sus países de origen podría cambiar drásticamente la vida de millones de familias en situación de vulnerabilidad. La medida, promovida como parte del “Gran y Hermoso Proyecto de Ley” del expresidente Donald Trump, pretende recaudar miles de millones para EE.UU., pero a costa de una fuente crítica de ingresos en países en desarrollo.
A partir de enero, gravar las remesas no solo será una realidad legal en Estados Unidos, sino también un desafío social y económico de gran escala. Las remesas, que en muchos países superan ampliamente a la ayuda internacional, son el sustento de millones de personas. Quitarles una parte, por mínima que parezca, significa poner en riesgo alimentos, salud y educación, comparte eco-business.
Remesas: mucho más que dinero
Para comprender el impacto de gravar las remesas, primero hay que entender su valor. Las remesas no son simples transferencias monetarias: son un salvavidas. En países como México, Guatemala o Haití, ese dinero permite pagar alimentos, medicinas y educación.
La ONU estima que los migrantes envían entre 200 y 300 dólares cada mes o bimestre. Puede parecer poco, pero en contextos de pobreza estructural, esa cantidad representa la diferencia entre subsistir y caer en la miseria.
Según el think tank ODI Global, las remesas tienen mayor alcance que muchos programas de ayuda social, pues llegan directamente a los hogares más necesitados, sin intermediarios y con rapidez.
U.S. Remittance Tax Sting
Trump signs law taxing diaspora cash sent from U.S⁰
Experts warn 1% levy could cost Kenyans Sh3.2bn annually
Gravar las remesas equivale a aplicar una doble imposición. Los migrantes ya pagan impuestos en el país donde trabajan, y ahora se les quiere cobrar nuevamente al enviar dinero a sus familias. Esta decisión desconoce la contribución económica y social de estas personas en ambos extremos del sistema.
El Centro para el Desarrollo Global advierte que esta medida afectará a 48 millones de residentes en EE.UU. nacidos en el extranjero. Muchos de ellos desempeñan trabajos esenciales mal remunerados y, aun así, envían dinero a casa con regularidad.
Con este nuevo impuesto, se penaliza la solidaridad familiar y se institucionaliza una barrera más para quienes ya viven en condiciones de desigualdad y precariedad.
México: epicentro del impacto
México es el segundo mayor receptor de remesas en el mundo, solo detrás de India. En 2024, recibió cifras récord, pero también experimentó la mayor caída en casi 13 años, atribuida a un endurecimiento de las políticas migratorias.
Con la nueva ley, se calcula que el país perderá alrededor de 1.500 millones de dólares anuales por gravar las remesas. Es una cifra alarmante si se considera que millones de familias mexicanas viven gracias a esos envíos.
Este impacto llega en un momento en el que la ayuda internacional también está disminuyendo, lo que agrava aún más la vulnerabilidad estructural de comunidades enteras.
Bajan la propuesta de los impuestos a las remesas del 5% a solo el 1% y solamente a las que se hagan en efectivo que son menos del 10% y para esas personas, nuestra presidenta @Claudiashein anuncia que se reembolsara ese… pic.twitter.com/rQdzsKaQmK
— La Catrina Norteña (@catrina_nortena) June 30, 2025
Un golpe silencioso a la cooperación internacional
La ayuda extranjera cayó en 2024 por primera vez en seis años, y se prevé que siga disminuyendo. Las remesas, que ya superan por cuatro veces el monto de esta ayuda, se han convertido en el nuevo eje de supervivencia económica para muchos países.
Gravar las remesas es, en este contexto, una medida regresiva que llega justo cuando el sistema internacional más debería estar reforzando su compromiso con el desarrollo sostenible.
En términos de responsabilidad social, el impuesto refleja una desconexión entre las decisiones de política fiscal y los principios de justicia global. En lugar de fortalecer los lazos de cooperación, se profundiza la brecha entre el norte y el sur global.
Los países más vulnerables
No solo México está en riesgo. Guatemala, India, Filipinas, El Salvador, Liberia y Haití también verán reducidos sus ingresos por remesas, en algunos casos de forma devastadora.
En Haití, por ejemplo, el gravamen podría reducir un 0,31% del ingreso nacional bruto (INB), en un país donde más de la mitad de la población ya sufre escasez de alimentos. En Liberia, la cifra ronda el 0,16%, que se suma al 2% que perderá por recortes en la ayuda estadounidense.
Estos porcentajes, aunque parezcan pequeños, tienen un efecto multiplicador negativo en economías altamente frágiles. Cada dólar que no llega se traduce en menos alimentos, menos oportunidades y más desigualdad.
📉 REMITTANCE RISK
Hear from Joey Bondoc, Research Director at Colliers, who warns that the Trump administration’s 1% tax on remittances from the U.S. could pose a new threat to the Philippine real estate sector, calling the impact “detrimental.”
Desde una perspectiva de responsabilidad social internacional, gravar las remesas plantea un dilema ético: ¿es legítimo financiar presupuestos nacionales debilitando economías ya vulnerables?
Las empresas, organizaciones y gobiernos que trabajan en desarrollo sostenible deben alzar la voz. Las remesas son una de las formas más efectivas de redistribución global de la riqueza, y su restricción afecta directamente los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
Este impuesto no solo vulnera derechos económicos, también amenaza la cohesión social en comunidades que dependen del vínculo migrante-familia para sobrevivir.
Un impuesto que cuesta vidas
La entrada en vigor del impuesto para gravar las remesas es más que una medida fiscal: es una sentencia silenciosa que pondrá en riesgo la seguridad alimentaria, la salud y el bienestar de millones.
Mientras se pretende fortalecer la economía estadounidense, se debilita la resiliencia de países que ya cargan con múltiples crisis. Esta decisión, lejos de ser técnica, es profundamente política y exige una respuesta ética y humanitaria.
Gravar las remesas no solo es económicamente injusto. Es, ante todo, una medida socialmente insostenible que podría empujar a millones de personas a una pobreza aún más profunda.
Mientras el mundo enfoca su atención en el cambio climático, una amenaza igual de peligrosa crece en silencio: la contaminación química. Según un informe reciente de Deep Science Ventures (DSV), la exposición diaria a sustancias sintéticas representa un riesgo crítico tanto para los seres humanos como para los ecosistemas, aunque aún está muy rezagada en términos de acción pública y conciencia colectiva.
De acuerdo con The Guardian, esta realidad invisible se esconde en lo cotidiano: en el aire que respiramos, los alimentos que comemos y los productos de higiene que usamos. Sin embargo, no existe una evaluación sistemática ni suficiente control sobre miles de químicos con los que convivimos, muchos de ellos con efectos devastadores en nuestra salud y el medio ambiente.
Una amenaza invisible en nuestra vida diaria
Es fácil imaginar la contaminación como humo o desechos visibles, pero la contaminación química opera de forma mucho más sutil. De las más de 100 millones de sustancias creadas por la economía industrial, entre 40,000 y 350,000 están activamente en uso comercial. Muchas de ellas nunca existieron en la naturaleza, y su toxicidad aún no está plenamente comprendida.
El informe de DSV alerta sobre una falsa sensación de seguridad: creemos que si algo está en el mercado, es seguro. Pero en realidad, las pruebas de toxicidad son limitadas y obsoletas. Hoy sabemos que incluso el agua de lluvia contiene químicos permanentes (PFAs), detectados también en casi todos los cuerpos humanos analizados.
Los efectos ya son visibles: desde problemas respiratorios hasta alteraciones endocrinas y reproductivas, pasando por trastornos neurológicos como el TDAH.
El aire, el agua y los alimentos que deberían nutrirnos, están impregnados de amenazas silenciosas.
Las fallas del sistema: ¿por qué no se actúa?
El informe pone el dedo en una llaga incómoda: la regulación actual simplemente no está funcionando. La mayoría de las evaluaciones de seguridad química ignoran los efectos acumulativos, las exposiciones prolongadas o las dosis bajas que pueden ser más dañinas de lo esperado. Esto es particularmente grave en el caso de los disruptores endocrinos, que no siguen un patrón lineal de toxicidad.
La forma en que se evalúa la seguridad está obsoleta. Asume que “menos es menos”, cuando en realidad, algunas sustancias son más peligrosas en microdosis. Esto invalida muchos protocolos actuales de prueba y permite la circulación de productos potencialmente peligrosos sin una supervisión adecuada.
Esta falta de control también se traduce en una enorme disparidad de información entre industrias, autoridades y consumidores. La contaminación química sigue siendo una caja negra para la mayoría de la población.
Impactos en salud: una pandemia silenciosa
El cuerpo humano se ha convertido en un depósito involuntario de compuestos tóxicos. El informe revela que más de 3,600 químicos sintéticos —solo en materiales en contacto con alimentos— están presentes en nuestros organismos. Ocho decenas de estos son considerados de alta preocupación.
La investigación documenta correlaciones y causalidades claras entre estas sustancias y enfermedades graves: infertilidad, cáncer, daños al sistema inmunológico, hepático, cardiovascular y más. Uno de los hallazgos más contundentes fue la relación directa entre pesticidas y pérdida de fertilidad o abortos espontáneos.
Esta no es una amenaza futura: ya estamos viendo los efectos. El 90 % de la población mundial respira aire que excede los límites recomendados por la OMS, y el aumento de enfermedades crónicas no transmisibles parece avanzar en paralelo con el crecimiento del uso de químicos industriales.
Plástico y permanencia: una crisis planetaria
La contaminación química va de la mano con otro desafío global: el uso excesivo de plásticos. Estudios recientes advierten que ya hemos cruzado el límite seguro de presencia de contaminantes ambientales, con plásticos y microplásticos presentes desde la infancia hasta la vejez.
Este fenómeno afecta no solo al entorno natural, sino que se infiltra en nuestros sistemas biológicos. La producción de plástico no solo no se detiene, sino que se acelera, sin control suficiente sobre sus consecuencias a largo plazo.
La llamada “crisis del plástico” es una manifestación palpable de cómo la falta de acción en torno a la contaminación química está alimentando otra emergencia ambiental de gran magnitud.
Innovación y responsabilidad: caminos posibles
A diferencia del cambio climático, la lucha contra la contaminación química podría tener un avance más ágil si se toman medidas inmediatas. El informe de DSV señala que este problema es más susceptible a soluciones impulsadas por el mercado y la innovación tecnológica.
Al identificar puntos críticos, es posible desarrollar nuevos productos, materiales y procesos más seguros para las personas y el ambiente. Las empresas tienen aquí una oportunidad estratégica: liderar con responsabilidad, rediseñando sus cadenas de valor con criterios más estrictos en química verde.
El impulso también puede venir del consumidor, cada vez más consciente. La demanda de productos libres de tóxicos, empaques más seguros y alimentos orgánicos podría redirigir la presión hacia fabricantes y legisladores.
Lo personal es político (y ecológico)
Harry Macpherson, autor del estudio, lo resume con una práctica personal: dejó de calentar alimentos en plásticos y ahora cocina en sartén de hierro fundido. No todos pueden hacer estos cambios, especialmente si los productos más seguros son más caros, pero incluso pequeñas acciones individuales pueden sumar.
Lavar frutas y verduras, elegir productos sin fragancias sintéticas, evitar aerosoles o preferir cosméticos certificados, son pasos realistas hacia una vida menos expuesta. Esta es una de las pocas crisis ambientales donde el consumo informado puede tener un impacto directo.
Por ello, la educación y el acceso a información confiable son clave. La contaminación química no puede seguir siendo invisible. Necesitamos convertir la conciencia en acción.
Ignorar la contaminación química es ignorar una emergencia de salud pública y ambiental que ya está en marcha. Aunque sus efectos son menos espectaculares que los incendios o las sequías provocadas por el cambio climático, sus consecuencias son igual de profundas y duraderas.
Para quienes trabajamos en responsabilidad social, esta es una llamada urgente a integrar criterios químicos en nuestras estrategias de sostenibilidad, innovación, compras responsables y bienestar humano. Porque no se trata solo del planeta: se trata de nosotros.
Y si lo que consumimos nos está enfermando, entonces no hay tiempo que perder.
El avance de la inteligencia artificial ha transformado la forma en que vivimos, trabajamos y nos relacionamos con el conocimiento. Sin embargo, detrás de su velocidad e innovación se esconde una creciente preocupación: ¿estamos construyendo un futuro digital que respete los límites del planeta y los principios éticos fundamentales?
De acuerdo con Sustainable Brands, frente a este dilema, un grupo de investigadores ha propuesto una nueva visión para una IA ética y sostenible, inspirada en la naturaleza y anclada en la filosofía, la biología y la ética ambiental. Este enfoque, que fusiona la biomimética con el diseño tecnológico, plantea una pregunta crucial para nuestra era: ¿puede la inteligencia artificial aprender de la vida para beneficiar a la vida?
Una inteligencia artificial con raíces naturales
La propuesta nace en la Universidad de Akron, donde los doctores John Huss y Peter H. Niewiarowski, junto con colegas de Polonia, presentaron un marco biomimético para una IA ética y sostenible. Su enfoque busca inspiración en los sistemas naturales, que llevan millones de años resolviendo problemas con eficiencia, adaptabilidad y equilibrio.
Lejos de la visión tradicional de una IA que reproduce únicamente habilidades humanas, el artículo defiende una tecnología que colabore, aprenda y evolucione con su entorno, tal como lo hacen muchas especies en la naturaleza. Esta simbiosis tecnológica plantea un nuevo paradigma: no se trata de dominar, sino de coexistir.
El modelo se aleja de los algoritmos tradicionales, priorizando la cooperación, la empatía y la humildad. Valores que, aunque más comunes en la biología que en la ingeniería, podrían ser esenciales para redefinir la relación entre humanos, tecnología y medio ambiente.
De la supercomputación al ahorro energético biológico
Los grandes modelos de lenguaje, como los de OpenAI, Google o Meta, requieren una infraestructura energética masiva. A pesar de sus capacidades, su huella ambiental ha generado inquietudes incluso entre sus propios impulsores.
Según datos recientes del Instituto Capgemini, casi la mitad de las empresas que usan IA generativa han visto comprometidos sus objetivos de sostenibilidad debido al alto consumo energético. Aquí es donde la biomímesis cobra relevancia, al ofrecer modelos naturales de eficiencia comprobada.
El cerebro humano, por ejemplo, opera con el equivalente a una bombilla de bajo consumo y, sin embargo, ejecuta procesos sumamente complejos. Replantear el diseño de la IA desde este enfoque podría reducir significativamente su demanda de recursos y contribuir a una IA ética y sostenible en la práctica.
La ética como principio de diseño, no como agregado
Los sistemas de IA no solo deben ser eficientes, sino también justos. Para ello, los investigadores proponen un cambio de fondo: incluir los principios éticos desde el inicio del diseño de los algoritmos, y no como una corrección posterior.
La ética tecnológica debe basarse en valores como el respeto a los límites ecológicos, la empatía hacia el usuario y la colaboración con otros sistemas de vida. Tal como ocurre en la naturaleza, donde diversas especies cooperan para sobrevivir, la IA debería integrarse armónicamente con el entorno.
Este enfoque no implica detener el desarrollo, sino encauzarlo hacia un futuro que no repita los errores del pasado. En palabras de Niewiarowski: “¿Debe la IA simplemente replicar nuestras capacidades o contribuir al bienestar de todo el ecosistema?”
Modelos de coexistencia, no de supremacía
El artículo también plantea una crítica al modelo dominante de IA: uno centrado en la supremacía algorítmica y el crecimiento acelerado. Frente a esto, los investigadores proponen un sistema de IA que coexista con humanos y su entorno, en lugar de buscar controlarlo.
La propuesta se basa en el estudio de relaciones mutualistas, como las que existen entre ciertas plantas y animales. Estas interacciones equilibradas ofrecen claves para desarrollar una IA que no solo atienda necesidades humanas, sino que fortalezca el tejido ecológico y social.
La IA ética y sostenible, desde esta óptica, se convierte en una aliada de la vida, no en una amenaza.
Es un agente que aprende a convivir, a respetar y a colaborar, en lugar de competir, reemplazar o colonizar.
Educación y multidisciplinariedad como motor del cambio
Una de las claves de esta propuesta es el enfoque interdisciplinario. Filosofía, biología, informática y ética convergen en un solo marco, demostrando que los retos complejos requieren respuestas desde múltiples saberes.
El Programa Integrado de Biociencias de la Universidad de Akron es un ejemplo de cómo la educación puede ser semillero de innovación. Sus estudiantes ya aplican principios biomiméticos en áreas como robótica y ciencia de materiales, y ahora se adentran en la inteligencia artificial con esa misma visión.
Así, la IA ética y sostenible no es solo una idea académica, sino un campo de acción real para quienes apuestan por la tecnología con propósito. Formar nuevas generaciones de profesionales conscientes, críticos y colaborativos es esencial para avanzar en este camino.
Reconocimiento internacional y próximos pasos
El impacto de este trabajo no ha pasado desapercibido. Los autores fueron reconocidos por la mejor presentación oral en la primera Conferencia Internacional de la revista Philosophies, y presentarán su investigación en septiembre de 2025 en la Universidad Tecnológica de Varsovia.
Este reconocimiento internacional muestra que la propuesta de una IA ética y sostenible no es marginal, sino parte de una conversación global urgente. La sostenibilidad tecnológica, tanto en términos ambientales como sociales, será uno de los ejes del debate en los próximos años.
Pero aún queda camino por recorrer. El verdadero reto será pasar del discurso a la implementación, diseñando políticas públicas, marcos regulatorios y estrategias empresariales que abracen esta nueva forma de pensar la inteligencia artificial.
Hacia una coevolución consciente
La IA no está destinada a ser nuestra sustituta, sino nuestra compañera de viaje. Si decidimos aprender de la naturaleza, podemos construir sistemas que crezcan con nosotros, respeten nuestros límites y contribuyan al equilibrio planetario.
Más que una utopía digital, la IA ética y sostenible es una posibilidad concreta, si se diseña desde la humildad, la colaboración y la inteligencia que ya existe en la vida misma.
El futuro de la tecnología no debe centrarse solo en lo que podemos hacer, sino en lo que deberíamos hacer por el bien común. Y eso comienza por mirar más allá de las máquinas… hacia la sabiduría silenciosa de la naturaleza.
Once familias de la comunidad tzotzil de Monte Sión, Chiapas, son ahora propietarias de viviendas sostenibles y certificadas, gracias a una innovadora colaboración entre CRDC Materials, Hábitat para la Humanidad, Wesco International y Dow en México.
Nombrado Lekil’Na por la propia comunidad—que en tzotzil significa “vivienda sustentable”—las viviendas entregadas son sustentables, asequibles, adecuadas, tienen certeza jurídica sobre la propiedad, utilizan paneles solares y estufas ahorradoras de leña. Fueron construidas con materiales sustentables como bloques de concreto con RESIN8™, una tecnología que transforma residuos plásticos no reciclables para integrarlos en bloques y pisos de concreto, demostrando la mayor durabilidad y fiabilidad en los procesos constructivos. Han sido construidas de manera participativa junto con la comunidad y las familias propietarias, quienes se involucraron en todas las fases: creación del diseño de las viviendas y su construcción. En total, 42 personas serán beneficiadas, de las cuales hay 23 menores y 19 adultos.
En este caso, los bloques fueron fabricados por Adoblocks® de Chiapas e incorporaron RESIN8™, producido a partir de cartuchos de silicona usados y recolectados por Dow para evitar su disposición en vertederos. Cada vivienda incluyó aproximadamente 232 kilogramos de RESIN8™, lo que permitió el reaprovechamiento circular de 2 toneladas de plástico en total.
“En CRDC Materials estamos convencidos de que la economía circular debe estar al servicio de quienes más la necesitan”, afirmó María Laura Rojas, CEO de CRDC Materials México. “Este proyecto es un paso firme hacia un futuro más justo y sostenible, al que estamos plenamente comprometidos, y nos enorgullece haberlo hecho realidad.”
Con el apoyo de Wesco International y una donación del Fondo de Impacto de Dow, las viviendas fueron construidas bajo un diseño sustentable que obtuvo la certificación EDGE (acrónimo de Excellence in Design for Greater Efficiencies), un sello verde desarrollado por la Corporación Financiera Internacional (IFC), miembro del Grupo Banco Mundial.
Lograr la certificación EDGE para un proyecto de vivienda social representa un hito significativo para quienes impulsan la adaptación climática y la equidad habitacional en México, señaló David Domínguez, Director de 3Lotus Consulting, empresa que donó sus servicios para facilitar y obtener dicha certificación.
“Estamos demostrando que es viable construir con calidad, eficiencia energética y responsabilidad ambiental en todos los segmentos” aseguró Domínguez.
Apoyar a las comunidades con viviendas sociales que cumplan con estándares internacionales de sostenibilidad, eficiencia y bienestar fue un objetivo clave para Hábitat para la Humanidad México (HFHM), destacó Vania Monterrubio, Directora de Desarrollo de Recursos y Alianzas de HFHM.
“En Hábitat para la Humanidad sabemos que una vivienda adecuada es un derecho humano que abre la puerta al acceso a otros derechos, como agua y saneamiento”, señaló Monterrubio. “Lekil’Na refleja nuestra misión de trabajar con y para las comunidades, asegurando que la sostenibilidad y la calidad constructiva sean una realidad accesible para todas las personas, incluidas las familias en situación de desigualdad en nuestro país”.
Reutilizar plásticos para crear materiales de construcción de alta calidad es una estrategia comprobada para reducir la huella climática de la industria de la construcción, responsable de cerca del 40% de las emisiones globales de carbono.
La certificación EDGE contribuye a la lucha contra el cambio climático al promover la eficiencia en el uso de recursos y la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero en el entorno construido. Esto se logra mediante la adopción de prácticas sostenibles centradas en la conservación de energía, agua y el uso de materiales ecológicos. Al minimizar el impacto ambiental de una construcción, los desarrollos con certificación EDGE ayudan a limitar el aumento de la temperatura global y a impulsar un futuro más sostenible.
Este es el segundo proyecto de vivienda de Hábitat para la Humanidad que utiliza RESIN8™ y obtiene certificación EDGE. El primero fue Valle Azul, una comunidad de 102 viviendas construida en Costa Rica en 2021.
“Estamos sumamente emocionados de ver otro proyecto con RESIN8™ obtener la certificación EDGE,” dijo Rojas de CRDC Materials. “Este reconocimiento es una poderosa prueba de cómo RESIN8™ contribuye a una construcción verdaderamente sostenible. Contar con un proyecto certificado por EDGE destaca el papel de RESIN8™ en el impulso de una economía circular y en la construcción de un futuro más responsable con el medio ambiente, para todos”.
3Lotus Consulting donó la asesoría y auditoría para obtener la certificación EDGE, mientras que Green Building Certifications Inc. (GBCI) México apoyó el proceso de certificación.
“Nos enorgullece ser parte de una iniciativa que coloca a las personas y al planeta en el centro,” dijo Rebeca Ortiz, representante de GBCI México. “Este proyecto demuestra que la transformación del sector vivienda hacia modelos más sostenibles es posible hoy.”
Por séptimo año consecutivo, Hikvision, líder mundial en soluciones de videovigilancia e IoT, comparte sus prácticas y compromisos en su Informe Ambiental, Sociedad y de Gobernanza (ESG) 2024. Cabe destacar que se introdujo por primera vez la filosofía de sostenibilidad THRIVE.
Guiada por la filosofía “Tech for Good”, Hikvision define cinco áreas clave de enfoque: Armonía, Fiabilidad, Integridad, Cadena de Valor y Medio Ambiente, construyendo así una base sólida para un futuro seguro, resiliente e inclusivo.
Como profesionales de la seguridad, la firma sabe que cada decisión tecnológica debe generar valor, no solo eficiencia. Por eso, más allá de soluciones, ofrecen un compromiso tangible con un futuro más próspero.
Soluciones para una ciudad más inteligente y segura
Desde Hikvision, utilizan la inteligencia artificial y tecnologías de vanguardia para transformar la gobernanza urbana. En más de mil intersecciones y cientos de ciudades, sus soluciones inteligentes de gestión de tráfico están reduciendo riesgos y mejorando el flujo vehicular. Esto significa una movilidad más eficiente y menos incidentes, lo cual impacta directamente en la seguridad ciudadana.
Tecnología para el Medio Ambiente
A través de sistemas de monitoreo ambiental basados en AIoT, La firma ayuda a conservar la biodiversidad y prevenir desastres naturales. Hasta 2024, las cámaras térmicas han contribuido a la protección forestal en 264 ciudades, reduciendo incendios y protegiendo ecosistemas vulnerables.
Tecnología para la Industria
Las industrias necesitan eficiencia, control y seguridad. Con las soluciones AIoT, la compañía colabora con las empresas a digitalizar procesos, optimizar la operación y mejorar su desempeño ambiental.
Tecnología para la Comunidad
Desde hospitales hasta centros educativos, las tecnología de la marca impactan vidas. En 2024, la tecnología implementada, permitió al Hospital Provincial del Pueblo de Zhejiang mejorar significativamente el cuidado médico a través de una gestión digital avanzada de heridas.
Tecnología para la Cultura
En colaboración con instituciones culturales, Hikvision empleó tecnología para proteger el legado histórico. En 2024, implementó soluciones de prevención de incendios en el Puente Lanxi, joya arquitectónica de China, reforzando su conservación.
Para más información acerca productos de Hikvision, visite nuestra página web: www.hikvision.com/mx.