Solo 1% de los trabajadores tendrá aumentos salariales significativos en 2026

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La remuneración laboral en México atraviesa un panorama complejo. De acuerdo con la Guía Salarial 2026 de Michael Page, el siguiente año no se perfila con grandes noticias para el talento. A diferencia de 2024, las compañías prevén incrementos más bajos y con menor cobertura, lo que genera un ambiente de incertidumbre para millones de trabajadores que esperan ver reflejado en su salario el esfuerzo de sus funciones.

El informe revela que solo 62% de las empresas tiene certeza de otorgar aumentos, una caída significativa frente al 78% reportado en la medición pasada. Además, la mayoría de las proyecciones se ubican apenas dentro de los márgenes inflacionarios, lo que limita el verdadero poder adquisitivo de los colaboradores. En este contexto, hablar de aumentos salariales en 2026 significa hablar más de ajustes de supervivencia que de un crecimiento real en la retribución.

Incertidumbre frente a los aumentos salariales en 2026

De acuerdo con un artículo de El Economista, Oliver Odreman, senior director de Michael Page, advierte que la falta de definiciones por parte de las compañías se traduce en incertidumbre para el talento. Si en años anteriores había picos en los incrementos, ahora las organizaciones optan por estrategias más cautelosas debido a riesgos económicos y a un mercado laboral que se ha vuelto menos dinámico.

La realidad es que seis de cada 10 empresas proyectan incrementos apenas entre 1% y 5%, un ajuste que en términos reales puede significar un retroceso si la inflación se mantiene al alza. En este escenario, los colaboradores se enfrentan a un horizonte con pocos incentivos y con salarios que difícilmente reflejarán su valor en el mercado.

aumentos salariales en 2026

Solo una minoría con incrementos significativos

El dato más revelador de la investigación es que únicamente 1% de los trabajadores tendrá incrementos superiores al 16%. Según Javier Torre, director general de PageGroup para México y Centroamérica, estos casos corresponden a profesionales que asumen nuevas posiciones o lideran proyectos estratégicos.

Las áreas con mejores perspectivas son las de finanzas, que podrían alcanzar ajustes de entre 10% y 15%. Sin embargo, esta cifra representa la mitad de lo que las compañías proyectaban en años anteriores, evidenciando una contracción en la ambición salarial.

Los aumentos salariales en 2026 estarán reservados a perfiles muy específicos, dejando a la mayoría de la plantilla con ajustes mínimos.

El impacto del salario mínimo en la estructura

Un factor que también ha influido en la moderación de incrementos es el ajuste al salario mínimo en México. Las empresas han priorizado cubrir los aumentos de la remuneración básica en las posiciones operativas, lo que genera desbalance frente a los puestos ejecutivos y profesionales.

Esto ha creado un escenario en el que, aunque se cumple con una política pública que beneficia a los sectores más vulnerables, el resto de la plantilla percibe menos beneficios en sus aumentos. Así, la equidad interna y la percepción de justicia salarial se ponen en tela de juicio.

La insatisfacción como un riesgo latente

La Guía Salarial señala que cuatro de cada diez empleados califican su satisfacción con el salario como “regular”. Este dato es crítico porque refleja un nivel de apatía que, si no se atiende, puede transformarse en rotación de talento o falta de compromiso en los próximos años.

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Aunque muchos trabajadores se mantienen en su empleo por la falta de un entorno favorable para cambiar de compañía, esta situación no puede prolongarse. Si las organizaciones no abordan la gestión del salario como un componente estratégico de responsabilidad social, los efectos a mediano plazo podrían impactar en productividad, clima laboral y reputación corporativa.

La responsabilidad social frente a los aumentos salariales en 2026

El escenario de bajos incrementos coloca a las empresas en una posición clave para replantear cómo gestionan la compensación como parte de su compromiso social. La retribución justa no solo es un asunto económico, también es un factor ético y de sostenibilidad empresarial.

Garantizar que los colaboradores perciban un salario que refleje su esfuerzo y les permita cubrir sus necesidades básicas es una dimensión esencial de la RSE.

aumentos salariales en 2026

En un contexto donde los aumentos salariales en 2026 serán limitados, las organizaciones deben buscar alternativas que compensen la falta de incrementos significativos. Estrategias como beneficios adicionales, programas de salud mental, horarios flexibles, planes de carrera y esquemas de capacitación continua pueden marcar la diferencia. De esta manera, las compañías no solo mitigan la insatisfacción laboral, sino que fortalecen su reputación como empleadores responsables y comprometidos con el bienestar de su gente.

Los aumentos salariales en 2026 serán un tema de debate tanto en la agenda empresarial como en el ámbito social. La falta de incrementos reales, más allá de los ajustes inflacionarios, marcará la relación entre empresas y talento en un año donde el equilibrio entre estabilidad económica y satisfacción laboral será clave.

Para quienes lideran estrategias de responsabilidad social, este panorama abre la oportunidad de repensar la compensación no solo en términos monetarios, sino también desde beneficios complementarios, programas de bienestar y esquemas de desarrollo profesional. El reto está en demostrar que, incluso en tiempos de cautela económica, se puede apostar por un modelo laboral más justo y humano.

10 problemas ambientales que son también sociales

En el mundo actual, hablar de medio ambiente no es solo referirse a la naturaleza. Cada impacto ecológico tiene un correlato humano, económico y cultural que lo convierte en un desafío mucho más complejo. En este sentido, los problemas ambientales que son también sociales reflejan la interdependencia entre los ecosistemas y la vida en comunidad, marcando la urgencia de un abordaje integral.

Las empresas, gobiernos y ciudadanía ya no pueden analizar la sostenibilidad como un tema aislado. Hoy, entender cómo un daño al ambiente deriva en desigualdad, migraciones o pobreza, es clave para diseñar soluciones efectivas y responsables. A continuación, exploramos diez ejemplos que muestran por qué los problemas ambientales que son también sociales son el gran reto del presente y del futuro.

10 problemas ambientales que son también sociales

1. Cambio climático y desplazamiento forzado

El cambio climático no solo se manifiesta en huracanes, incendios o sequías, también expulsa a millones de personas de sus hogares. Comunidades enteras pierden sus tierras agrícolas, lo que obliga a migraciones internas y externas en busca de nuevas oportunidades.

Este fenómeno genera presión en las ciudades receptoras, tensiones sociales y desigualdad económica. Atender el cambio climático no es solo mitigar emisiones, sino también diseñar políticas sociales que acompañen a quienes son obligados a dejar atrás su historia.

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2. Escasez de agua y desigualdad

La falta de agua potable es una de las principales expresiones de los problemas ambientales que son también sociales. En comunidades rurales y urbanas, esta carencia limita el desarrollo, incrementa la pobreza y afecta la salud pública.

Además, el acceso inequitativo al agua genera conflictos sociales y territoriales. Resolver este desafío implica no solo cuidar fuentes hídricas, sino garantizar una distribución justa y sostenible que no deje a nadie atrás.

3. Contaminación del aire y salud pública

Respirar aire contaminado es una realidad cotidiana para millones de personas, especialmente en grandes urbes. Esta situación incrementa enfermedades respiratorias y cardiovasculares, impactando directamente en la productividad y la calidad de vida.

El costo social es enorme: familias con altos gastos médicos, sistemas de salud saturados y niños con menor capacidad de aprendizaje. La lucha contra la contaminación del aire es, al mismo tiempo, una defensa del bienestar colectivo.

4. Deforestación y pérdida cultural

La deforestación no solo implica la desaparición de árboles; también significa la pérdida de territorios ancestrales y culturas que dependen del bosque. Pueblos originarios ven amenazada su forma de vida, sus tradiciones y su derecho a existir en armonía con la naturaleza.

Al destruir un bosque, no solo se daña la biodiversidad, también se rompen vínculos sociales y espirituales que sostienen comunidades enteras. La defensa de los bosques es, por lo tanto, una defensa de la diversidad humana.

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5. Residuos plásticos y pobreza

Los plásticos de un solo uso no desaparecen: se convierten en montañas de basura que contaminan mares y ciudades. Sin embargo, también se insertan en la economía informal, donde miles de personas viven del reciclaje en condiciones precarias.

Así, la gestión inadecuada de residuos refleja un problema ambiental con raíz social. La solución pasa por modelos de economía circular que generen empleos dignos y reduzcan la dependencia de materiales contaminantes.

6. Agricultura intensiva y seguridad alimentaria

La producción masiva de alimentos, basada en pesticidas y monocultivos, degrada suelos y contamina ríos. Pero más allá del impacto ambiental, genera desigualdades: pequeños productores quedan fuera del mercado y comunidades pierden acceso a alimentos nutritivos.

El desafío está en promover sistemas agroecológicos que garanticen tanto la sostenibilidad ambiental como la justicia social. Solo así se puede garantizar la seguridad alimentaria de forma equitativa.

7. Contaminación de océanos y empleo costero

Los océanos reciben toneladas de contaminantes y plásticos cada año, afectando la biodiversidad marina. Pero el impacto también golpea a millones de familias que dependen de la pesca y el turismo costero para sobrevivir.

Cuando los recursos marinos se reducen, también lo hace la estabilidad económica de comunidades enteras. Este es un claro ejemplo de los problemas ambientales que son también sociales, donde la degradación de un ecosistema arrastra con ella oportunidades de vida.

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8. Urbanización descontrolada y segregación

El crecimiento urbano sin planificación consume suelos fértiles y áreas verdes. Esto no solo genera contaminación y pérdida de biodiversidad, sino también segregación social: barrios marginales sin acceso a servicios básicos ni espacios públicos de calidad.

La falta de planeación urbana convierte a las ciudades en espacios desiguales y poco sostenibles. Resolver este desafío requiere integrar criterios ambientales y sociales en el desarrollo urbano.

9. Pérdida de biodiversidad y desigualdad económica

Cada especie que desaparece altera el equilibrio natural, pero también limita oportunidades económicas como el turismo responsable o la investigación científica. Esto afecta principalmente a países en desarrollo que dependen de su riqueza natural.

La pérdida de biodiversidad, entonces, no es solo un problema ecológico. Es un obstáculo para el crecimiento inclusivo y sostenible, que profundiza la brecha entre naciones ricas y vulnerables.

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10. Crisis energética y pobreza

La dependencia de energías fósiles incrementa la contaminación y acelera el cambio climático. Sin embargo, también mantiene a millones de personas en la pobreza energética: sin acceso a electricidad o pagando costos elevados por servicios básicos.

La transición hacia energías limpias debe entenderse como una apuesta por la equidad social. Democratizar el acceso a fuentes renovables significa garantizar bienestar y oportunidades para las generaciones futuras.

Los problemas ambientales que son también sociales nos recuerdan que el cuidado del planeta está íntimamente ligado al bienestar humano. No existe desarrollo económico posible en un entorno degradado, ni justicia social en un ecosistema colapsado.

Abordar estos desafíos exige acciones conjuntas: desde políticas públicas robustas hasta estrategias empresariales responsables y ciudadanía activa. Reconocer la conexión entre lo ambiental y lo social no es una opción, es la única vía para construir un futuro más justo y sostenible.

Microplásticos: ¿qué papel juegan las empresas en su reducción?

El mar ya no guarda únicamente vida marina: también contiene rastros de nuestras decisiones de consumo. Los microplásticos, invisibles a simple vista, se han convertido en uno de los contaminantes más persistentes y dañinos para los ecosistemas. Estos fragmentos de menos de cinco milímetros provienen tanto de residuos mal gestionados como de procesos industriales que aún no consideran plenamente sus impactos ambientales.

En este escenario, las empresas no solo forman parte del problema, sino que también tienen la capacidad de ser una pieza clave en la solución. Hoy en día, hablar de sostenibilidad empresarial no puede hacerse sin tocar el tema de la reducción de microplásticos, ya que la presión social, regulatoria y ambiental exige respuestas concretas. ¿Cómo se logra? Con acciones que van desde la innovación en materiales hasta la educación al consumidor.

Innovación en materiales: el primer paso hacia la reducción de microplásticos

Uno de los mayores retos para las compañías es repensar los materiales que ponen en circulación. El plástico tradicional, al fragmentarse, se convierte en microplástico, afectando ríos, mares y hasta nuestra cadena alimenticia. La innovación en bioplásticos, materiales compostables y envases retornables surge como una alternativa necesaria.

Sin embargo, no basta con sustituir un material por otro. La verdadera innovación ocurre cuando se diseña con un enfoque de ciclo de vida completo, es decir, contemplando desde la extracción de materias primas hasta la disposición final. Así, la reducción de microplásticos no depende de una sola solución, sino de un rediseño integral de la cadena de valor.

Casos como los de empresas que apuestan por envases reutilizables o proyectos de refill demuestran que la transición es posible. El reto está en escalar estas prácticas a sectores que aún dependen fuertemente del plástico de un solo uso.

reducción de microplásticos

Economía circular: una estrategia que trasciende modas

La economía circular no es un discurso de moda; es una necesidad para disminuir los impactos ambientales. Su implementación implica diseñar productos que puedan reutilizarse, repararse o reciclarse, evitando que terminen fragmentándose en microplásticos.

En este modelo, las empresas dejan de ser productoras lineales para convertirse en gestoras de recursos. Esto significa replantear empaques, rediseñar procesos productivos y fomentar alianzas con recicladores y gobiernos locales. Con ello, la reducción de microplásticos se convierte en un objetivo alcanzable.

El desafío radica en que aún existe una brecha entre el discurso y la práctica. Muchas compañías promueven iniciativas de reciclaje, pero sin integrar de forma real una estrategia circular, los avances se quedan en esfuerzos aislados.

Regulaciones y estándares: el rol de la política pública y el compliance

La acción empresarial está condicionada por el marco regulatorio. Cada vez más países están creando leyes para limitar el uso de plásticos de un solo uso y exigir reportes de sostenibilidad. Esto ha impulsado a que las compañías integren en sus estrategias la reducción de microplásticos como parte de su cumplimiento normativo.

Los estándares internacionales, como los vinculados al Pacto Mundial de la ONU o las guías de la OCDE, también ejercen presión sobre las prácticas empresariales. Ya no se trata únicamente de reputación, sino de evitar sanciones económicas y legales.

En este sentido, el compliance ambiental se convierte en un aliado estratégico: no solo protege a la empresa frente a riesgos regulatorios, sino que también la posiciona como líder en un mercado cada vez más consciente.

reducción de microplásticos

Innovación social: educar al consumidor para un cambio real

Las empresas no pueden lograr solas la reducción de microplásticos. Es indispensable que sus clientes y comunidades comprendan la magnitud del problema. Campañas de educación ambiental, programas de retorno de envases y alianzas con ONGs son mecanismos efectivos para transformar hábitos de consumo.

El consumidor informado no solo recicla: también exige a las marcas productos responsables. Este círculo virtuoso genera un mercado más competitivo donde la sostenibilidad es un factor de decisión de compra.

De esta manera, las empresas pasan de ser vistas como generadoras de residuos a catalizadoras de cambio. La clave está en comunicar con transparencia y en ofrecer alternativas prácticas que conecten con la vida cotidiana de las personas.

Medición y transparencia: sin datos no hay avances

Un punto crítico en la lucha contra los microplásticos es la falta de datos confiables. Muchas empresas anuncian compromisos, pero pocas reportan métricas claras de impacto. Medir la huella plástica, el volumen de envases recuperados o la reducción de residuos es indispensable para mostrar avances reales.

Los reportes de sostenibilidad y las certificaciones de terceros aportan legitimidad a estas acciones. De lo contrario, las empresas corren el riesgo de ser acusadas de greenwashing, perdiendo credibilidad frente a inversionistas y consumidores.

La reducción de microplásticos necesita ser un proceso verificable, con metas específicas y alcanzables. La transparencia no es solo una exigencia ética, sino también una ventaja competitiva.

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Colaboración empresarial: un reto que nadie puede enfrentar solo

La fragmentación del plástico no entiende de fronteras ni de industrias. Por ello, la colaboración entre empresas, gobiernos y sociedad civil es fundamental. Iniciativas multisectoriales permiten crear soluciones compartidas, como sistemas de gestión colectiva de residuos o plataformas de innovación abierta.

Las cadenas de valor globalizadas requieren un esfuerzo conjunto: lo que una empresa produce en un país puede terminar contaminando mares en otro. Frente a este panorama, las alianzas regionales e internacionales son clave para escalar las soluciones.

Así, la reducción de microplásticos se convierte en una meta común, donde cada empresa aporta desde su experiencia y sector. Solo mediante esta visión colaborativa se puede enfrentar un problema de tal magnitud.

La crisis de los microplásticos es un espejo de nuestra forma de producir y consumir. Aunque el reto parece inmenso, las empresas tienen en sus manos la posibilidad de impulsar un cambio profundo a través de innovación, economía circular, cumplimiento regulatorio, educación, transparencia y colaboración.

La reducción de microplásticos no es una meta lejana, sino una oportunidad presente para redefinir la relación entre negocio y medio ambiente. En este proceso, las compañías que actúen con visión de largo plazo no solo contribuirán a preservar la vida en el planeta, sino que también consolidarán su reputación y resiliencia frente a un futuro más exigente.

¿Adiós a la energía limpia? EE.UU. planea retirar 13 millones de dólares

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En un giro que ha sorprendido a inversionistas, líderes estatales y organizaciones internacionales, el Departamento de Energía de EE.UU. anunció la cancelación de más de 13 mil millones de dólares en fondos previamente destinados a energías renovables y vehículos eléctricos. Esta decisión representa un cambio radical respecto a los compromisos climáticos asumidos por la administración anterior, que había apostado por acelerar la transición hacia tecnologías más sostenibles.

La medida, presentada como una devolución de recursos a los contribuyentes, plantea más preguntas que respuestas. ¿Qué programas quedarán fuera? ¿Qué proyectos quedarán inconclusos? Mientras tanto, gobernadores, líderes empresariales y defensores del medio ambiente advierten que este movimiento no solo implica un retroceso económico y tecnológico, sino que también podría redefinir el papel de Estados Unidos en la competencia global por la energía limpia en EE.UU.

Fricción política y riesgos globales de la energía limpia en EE.UU.

De acuerdo con ESG News, el anuncio reavivó las tensiones entre las políticas federales y las ambiciones estatales. California, por ejemplo, mantiene metas de descarbonización ambiciosas que ahora se ven amenazadas por la falta de respaldo federal. Gavin Newsom, gobernador del estado, criticó la decisión con un mensaje contundente: la medida podría entregar a China una ventaja estratégica en la carrera por el dominio tecnológico de las energías renovables.

En un contexto geopolítico complejo, donde el presidente Trump prepara reuniones con Xi Jinping, el tema energético se convierte en una palanca de negociación internacional. Para los analistas, esta retirada de apoyos representa un mensaje contradictorio que debilita la posición estadounidense frente a otros actores que están apostando fuerte por la energía limpia en EE.UU. y a nivel global.

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Escepticismo climático y señales contradictorias

El cambio de rumbo se hizo aún más evidente tras el discurso de Trump en la Asamblea General de la ONU, donde calificó el cambio climático como “la mayor estafa del mundo”. Esta postura refuerza la narrativa de una administración que privilegia el petróleo y el gas sobre la innovación en tecnologías de bajo carbono.

El secretario de Energía, Chris Wright, sostuvo que los riesgos climáticos han sido “exagerados” y que los subsidios federales no han generado impactos positivos proporcionales a la inversión. Su decisión de no asistir a la próxima cumbre climática de la ONU en Brasil añade un matiz simbólico: Estados Unidos parece querer alejarse de los compromisos multilaterales en materia de sostenibilidad.

Consecuencias económicas y laborales para un sector en expansión

Las repercusiones no son solo ambientales, también afectan la estabilidad del mercado laboral. De acuerdo con la coalición empresarial E2, los empleos en energías renovables crecieron tres veces más rápido que el promedio nacional en 2024. Sin embargo, esta dinámica depende en gran medida de los incentivos federales, que actúan como catalizadores para la inversión privada.

Con el retiro de fondos, miles de empleos en energía solar, eólica y manufactura de vehículos eléctricos podrían verse en riesgo. Además, la volatilidad política introduce un factor de incertidumbre que frena la confianza de los inversionistas, complicando la planeación de largo plazo para proyectos que requieren décadas de financiamiento y desarrollo tecnológico.

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Gobernanza, mercados y la brecha de confianza

Desde la perspectiva de la gobernanza corporativa, esta decisión genera un vacío. Las empresas que habían alineado sus estrategias de sostenibilidad con políticas federales ahora enfrentan escenarios inciertos. La falta de claridad en los recortes incrementa la percepción de riesgo regulatorio, uno de los mayores obstáculos para canalizar capital hacia proyectos de bajas emisiones.

En el plano internacional, la cancelación de fondos erosiona la credibilidad de EE.UU. como líder climático. Mientras China y la Unión Europea redoblan sus esfuerzos para consolidar industrias basadas en tecnologías limpias, Estados Unidos corre el riesgo de rezagarse, debilitando tanto su competitividad económica como su influencia diplomática.

¿Un retroceso o una oportunidad de reinvención?

El retiro de más de 13 mil millones de dólares no solo representa un recorte presupuestal: simboliza una redefinición del papel que Estados Unidos quiere jugar en el futuro de la transición energética. La falta de coherencia entre los compromisos estatales, corporativos y federales deja un vacío que podría ser aprovechado por potencias rivales, debilitando la posición estadounidense en los mercados internacionales de sostenibilidad.

Para especialistas en responsabilidad social, este escenario plantea un reto y una oportunidad. Aunque el camino hacia la energía limpia en EE.UU. parece lleno de incertidumbre, la presión de consumidores, inversionistas y gobiernos locales puede impulsar nuevas formas de colaboración. El futuro dependerá de la capacidad de Estados Unidos para conciliar ambiciones a corto plazo con la urgencia de responder a la mayor crisis ambiental de nuestro tiempo.

Descarbonización para pymes: ¿Por qué el sector de alimentos no pueden ignorarla?

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Del campo a la mesa, el cambio climático amenaza con alterar profundamente la forma en que producimos, distribuimos y consumimos alimentos. Sequías más prolongadas, fenómenos meteorológicos extremos y la escasez de recursos naturales incrementan los costos de operación y ponen en riesgo la seguridad alimentaria global. En este contexto, la descarbonización para pymes se vuelve un tema urgente, especialmente en el sector de alimentos y bebidas, que depende de cadenas de suministro cada vez más frágiles.

Las pequeñas y medianas empresas son un motor económico mundial: representan el 90 % de los negocios y generan siete de cada diez empleos en mercados emergentes. Sin embargo, también son altamente vulnerables ante los efectos climáticos y las exigencias regulatorias. Lejos de ser solo una carga, la acción climática ofrece oportunidades para fortalecer su resiliencia, innovar y ser parte activa de la construcción de un sistema alimentario sostenible.

Descarbonización para pymes: una necesidad impostergable

De acuerdo con un artículo de edie, la agricultura es responsable de hasta el 37 % de las emisiones globales, pero no es el único eslabón crítico. Procesamiento, envasado, transporte y distribución también generan una huella de carbono considerable. En todas estas etapas, las pymes desempeñan un rol protagónico que no puede quedar fuera de la transición climática.

Para el sector de alimentos y bebidas, la descarbonización para pymes significa no solo mitigar riesgos financieros y reputacionales, sino también acceder a nuevas oportunidades de competitividad. Un negocio que reduzca emisiones puede optimizar costos, responder a consumidores más conscientes y garantizar su permanencia en cadenas de suministro que ahora exigen sostenibilidad como estándar.

Descarbonización para pymes

Innovación y liderazgo en acción

Existen casos que demuestran cómo decisiones simples pueden generar impactos positivos. Ejemplo de ello es la Bodega Familiar Clif redujo el peso de sus botellas de vino y logró disminuir en un 40 % la huella de carbono por unidad, mientras reducía costos de transporte. Este tipo de ajustes ejemplifican que las pymes pueden liderar con creatividad.

Por su parte, la cooperativa Suma Wholefoods recortó en casi 50.000 litros su consumo de combustible gracias a la optimización de rutas y capacitación en conducción eficiente. A su vez, Toast Ale encontró en el pan sobrante una fuente para producir cerveza, evitando emisiones y mostrando que la descarbonización también es un catalizador de innovación y modelos de negocio circulares.

Descarbonización para pymes: cerrar la brecha de conocimiento

Uno de los principales retos es la falta de recursos técnicos y financieros. Según encuestas recientes, el 41 % de las pymes admite necesitar herramientas específicas para implementar estrategias efectivas de acción climática. Sin el conocimiento adecuado, la transición hacia cadenas de valor bajas en carbono se vuelve inalcanzable.

Para atender esta necesidad, surgen iniciativas como el Espacio para el Sector de Alimentos y Bebidas del Centro Climático para PYMES, apoyado por Walmart. Allí, los negocios encuentran listas de verificación, capacitaciones y metodologías prácticas para medir emisiones y reducir consumos energéticos. Este acompañamiento resulta clave para que las pymes puedan dar el salto hacia una sostenibilidad real.

Descarbonización para pymes

Colaboración en la cadena de valor

El desafío de la descarbonización no recae únicamente en las pymes, sino en toda la cadena de suministro. Para compañías globales como Heineken, reducir sus emisiones de Alcance 3 depende en gran medida del desempeño ambiental de sus proveedores. Por ello, apoyar a las pequeñas empresas en este proceso es más una estrategia de resiliencia que un gesto de responsabilidad.

Al impulsar a las pymes a adoptar energía renovable, optimizar sus procesos o fijar metas con base científica, las grandes empresas fortalecen su propia competitividad. La acción conjunta permite que el sector de alimentos y bebidas combine la escala de los grandes jugadores con la agilidad de los pequeños, construyendo un ecosistema más robusto frente a la crisis climática.

La descarbonización para pymes en el sector de alimentos y bebidas ya no es opcional, sino una condición para garantizar la seguridad alimentaria, la competitividad y la resiliencia empresarial. Cada decisión cuenta: desde un cambio en el empaque hasta la transformación de procesos logísticos, las pymes pueden convertirse en verdaderos agentes de cambio.

El futuro del sistema alimentario dependerá de la capacidad de sus actores para actuar de manera conjunta. Las empresas grandes tienen la responsabilidad de acompañar, mientras que las pymes deben abrazar la innovación como camino hacia la sostenibilidad. Solo así será posible enfrentar el cambio climático con soluciones que generen beneficios ambientales, sociales y económicos para todos.

Grupo Bimbo, Grupo Modelo y BBVA son las tres empresas con mayor reputación en México

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Este 24 de septiembre ha tenido lugar la presentación de la 13ª edición del ranking Merco Empresas México, en el que se reconoce cuáles son las empresas con mayor reputación del país. Un evento que se ha celebrado en el Salón Gaudí de Grupo Foresta en Ciudad de México y que ha estado dirigido por Itzel Torres, directora general de Merco México; Antonio Lechón, director corporativo de Merco; y como invitado especial, Miguel Pallares, periodista y fundador de Ideas de Negocios TV.

En esta ocasión, Grupo Bimbo (1º), Grupo Modelo (2º) y BBVA (3º) son las tres empresas que lideran el ranking, mientras que Nestlé (4º), Google (5º), Mercado Libre (6º), Pepsico (7º), Walmart de México y Centroamérica (8º), Liverpool (9º) y Cinépolis (10º) completan los diez primeros puestos del ranking general.

Merco Empresas México es una evaluación global de la reputación de las empresas, considerando la opinión de los diferentes targets, y analizándolo comparativamente con todas las grandes compañías.

Top 10 empresas con mayor reputación en México 2025

Top 10 empresas más responsable ESG de México en 2024

Principales conclusiones 13ª edición Merco Empresas México

  • Los consumidores también han evaluado a las empresas según su nivel de ética y responsabilidad para saber si se trata de una compañía con buena reputación y si es una empresa en la que se puede confiar. Bajo estas variables de análisis, las mejores empresas para la población general son Nike (1º), Adidas (2º), Netflix (3º), Farmacias Similares (4º), Samsung (5º), Google (6º), Grupo Danone (7º), Amazon (8º), Liverpool (9º) y Grupo Bimbo (10º).
  • De la misma forma, se ha elaborado un ranking con los mejores equipos de comunicación. El top 5 lo lidera Google (1º), seguido por Grupo Bimbo (2º), Grupo Televisa (3º), Grupo Modelo (4º) y por último BBVA (5º).
  • Respecto a la valoración de los expertos, se les ha preguntado según sus diferentes criterios, por las tres empresas con mejor reputación. Dentro de los expertos en el ámbito económico, los analistas financieros eligen Comex (1º), Nissan (2º) y The Walt Disney (3º). Los periodistas de información económica se decantan por Femsa (1º), Ford Motor Company (2º), y el Tecnológico de Monterrey (3º). Finalmente, los catedráticos del área de empresa consideran que son Nike (1º), Netflix (2º) y Apple (3º).
  • Por otro lado, entre los expertos en el ámbito social, las ONGs prefieren Farmacias Similares (1º), seguido por el Tecnológico de Monterrey (2º), y Alpura (3º). En cuanto a los Sindicatos, apuestan por Femsa (1º), Telmex (2º) y Nike (3º). Por último, las Asociaciones de Consumidores se decantan por Pemex (1º), Telmex (2º) y Grupo La Comer (3º).
  • Entre el resto de los grupos de expertos, los miembros del ‘Gobierno’ destacan a Grupo Modelo (1º), Cemex (2º) y Volkswagen (3º). Mientras que los Social Media Managers optan por Netflix (1º), Nike (2º) y Mercado Libre (3º).
  • También se ha elaborado un ranking sobre las empresas con mejor reputación en el ámbito digital en colaboración con Nethodology. El top10 de Merco Digital lo encabezan Amazon (1º), Walmart de México y Centroamérica (2º), Samsung (3º), Cinépolis (4º), Mercado Libre (5º), Grupo Xcaret (6º), BBVA (7º), Cemex (8º), Coppel (9º) y por último Toyota (10º).

Top 100 empresas con mayor reputación en México 2025

Merco Empresas México
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Emma Watson elige inclusión: se separa de Rowling por defender derechos trans

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Emma Watson ha tomado una postura firme a favor de la inclusión, marcando distancia con J.K. Rowling tras años de colaboración en la saga de Harry Potter. La actriz británica, conocida por su compromiso con causas sociales y derechos humanos, ha dejado claro que su defensa de los derechos trans no está reñida con el respeto hacia la autora. En un mundo donde las figuras públicas pueden polarizar la opinión, Watson busca tender puentes, sin dejar de posicionarse con convicción.

Su mensaje va más allá de un conflicto personal: refleja la importancia de abrir diálogos respetuosos sobre la diversidad y la igualdad. Durante su participación en el podcast de Jay Shetty, Watson habló de manera conciliadora sobre la disputa con Rowling, destacando la necesidad de comprensión mutua y de un espacio donde los derechos de las personas trans sean reconocidos.

Emma Watson defiende derechos trans y lo hace con claridad, demostrando que la inclusión puede coexistir con la empatía.

Emma Watson defiende derechos trans: un acto de valentía social

La actriz no dudó en expresar su desacuerdo con las críticas de Rowling hacia los derechos de las personas trans. Desde 2020, Watson ha sostenido públicamente que “las personas trans son quienes dicen ser y merecen vivir sus vidas sin que las cuestionen constantemente”. Este posicionamiento fue clave para consolidar su reputación como defensora de la inclusión.

La decisión de tomar distancia de Rowling refleja un compromiso ético: priorizar la justicia social y los derechos humanos por encima de la comodidad profesional. No se trata solo de una postura individual, sino de un ejemplo que inspira a empresas y líderes a ser coherentes en sus valores.

Emma Watson defiende derechos trans con la convicción de que cada acción importa, mostrando que el activismo no es incompatible con la reconciliación personal. Su enfoque conciliador permite comprender que las diferencias no tienen por qué derivar en odio o exclusión.

Este acto resalta la importancia de la responsabilidad social individual, recordando que la visibilidad y el posicionamiento de figuras públicas puede generar un cambio real en la percepción social.

Dialogar y construir puentes en lugar de muros

Watson lamentó que no se permitiera un diálogo abierto con Rowling sobre este tema tan sensible. Su mensaje enfatiza que el entendimiento mutuo y la escucha son fundamentales para avanzar en derechos sociales. La ausencia de un canal de comunicación ha complicado la relación, pero no ha disminuido la importancia de la causa.

Al mantener un tono conciliador, Watson ejemplifica cómo el activismo responsable se puede ejercer sin recurrir a la confrontación destructiva. Esto refuerza la idea de que los debates sobre derechos humanos deben centrarse en la educación y el respeto, no en la polarización.

Su experiencia evidencia que incluso en entornos mediáticos y altamente competitivos, es posible mantener la integridad ética. Emma Watson defiende derechos trans y, al mismo tiempo, promueve la empatía como herramienta de cambio social.

El enfoque en la comunicación respetuosa y en el diálogo demuestra que la responsabilidad social no es solo corporativa, sino también individual y cultural.

Más allá de Harry Potter: un aprendizaje de vida

Watson reflexiona sobre sus años en la saga, destacando que el ambiente laboral de Hollywood le enseñó mucho sobre expectativas y relaciones humanas. Reconoce que llegar a espacios donde prima la competitividad fue un choque con la cultura de colaboración que vivió en el set de Harry Potter.

Estos aprendizajes influyen en su activismo: entender que la exclusión y la discriminación no solo ocurren en la sociedad, sino también en entornos laborales. Su enfoque muestra cómo la defensa de derechos sociales también implica reflexionar sobre estructuras internas y dinámicas de poder.

Emma Watson defiende derechos trans con una perspectiva integral, conectando su activismo con experiencias personales y profesionales. Este enfoque refuerza la idea de que la responsabilidad social se practica desde múltiples frentes.

Su historia inspira a profesionales y líderes a cuestionar patrones establecidos y a fomentar ambientes inclusivos, donde la diversidad sea valorada y protegida.

Educación y crecimiento personal como motor de cambio

Actualmente, Watson cursa un posgrado en escritura creativa en la Universidad de Oxford, lo que refleja su compromiso con el desarrollo intelectual y social. La actriz reconoce que el arte y la educación son herramientas para influir en la sociedad y promover valores inclusivos.

Al priorizar su formación y creatividad, envía un mensaje claro: la defensa de derechos y la responsabilidad social requieren preparación y conocimiento. Su enfoque combina acción con reflexión, un modelo a seguir para activistas y líderes corporativos.

Este camino demuestra que la responsabilidad social no es solo reacción ante injusticias, sino también construcción proactiva de soluciones y espacios seguros.

Emma Watson defiende derechos trans y fomenta una cultura de aprendizaje continuo, dejando claro que el activismo sostenible va de la mano con la educación y la conciencia social.

La postura de Emma Watson frente a la disputa con Rowling no solo marca un precedente mediático, sino un ejemplo de responsabilidad social personal. Su compromiso con los derechos de las personas trans se mantiene firme, pero con un enfoque conciliador que busca la comprensión mutua y la empatía. La actriz demuestra que es posible ser coherente con los valores propios sin cerrar puertas al respeto y al diálogo.

Su historia invita a reflexionar sobre cómo las decisiones individuales pueden influir en el bienestar colectivo. Emma Watson defiende derechos trans y, al mismo tiempo, construye un relato de inclusión que sirve de inspiración para empresas, líderes y ciudadanos comprometidos con la justicia social. La combinación de activismo, educación y comunicación ética representa un modelo de responsabilidad social moderna, que trasciende la fama y se centra en el impacto positivo real.

10 formas de reducir la violencia de género desde las empresas

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La violencia de género sigue siendo una de las problemáticas más profundas en nuestra sociedad, y las empresas tienen un papel crucial en su prevención. Más allá de cumplir con normas legales, las organizaciones pueden convertirse en agentes de cambio, transformando sus culturas y prácticas laborales para generar espacios seguros e inclusivos.

Reducir la violencia de género desde las empresas no solo protege a las colaboradoras y colaboradores, sino que también fortalece la reputación corporativa y fomenta la productividad. Cada acción estratégica y consciente puede ser un paso hacia un entorno laboral donde la equidad, el respeto y la seguridad sean la norma, no la excepción.

10 formas de reducir la violencia de género desde las empresas

1. Implementar políticas claras contra la violencia de género

Una política interna explícita establece el marco para prevenir y actuar ante situaciones de violencia de género. Estas políticas deben incluir definiciones claras, canales de denuncia confidenciales y protocolos de actuación inmediatos para proteger a las víctimas.

Comunicar estas políticas de manera constante asegura que todos los miembros de la empresa conozcan sus derechos y responsabilidades. Además, integrar estas políticas con la cultura organizacional refuerza la idea de que la violencia de género no será tolerada bajo ninguna circunstancia.

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2. Capacitación constante para todo el personal

Capacitar al personal en temas de equidad de género, prevención de acoso y violencia permite sensibilizar y generar conciencia. La formación debe ser práctica, continua y adaptada a cada nivel de la organización.

Los talleres y cursos deben incluir ejemplos concretos de situaciones laborales, mostrando cómo actuar ante posibles incidentes. Así, se fortalece la capacidad de los equipos para identificar, denunciar y prevenir comportamientos violentos o discriminatorios.

3. Crear canales seguros de denuncia

Disponer de canales de denuncia confidenciales y accesibles es fundamental para reducir la violencia de género desde las empresas. Estos espacios permiten que las víctimas puedan reportar situaciones de riesgo sin temor a represalias.

Además, es importante garantizar que todas las denuncias sean investigadas con rapidez y transparencia. La existencia de mecanismos confiables fortalece la confianza de las personas en la organización y demuestra un compromiso real con la equidad.

4. Fomentar la igualdad salarial y de oportunidades

La desigualdad de género puede ser un factor que perpetúa la violencia en el entorno laboral. Implementar políticas de igualdad salarial y asegurar que las oportunidades de desarrollo profesional estén abiertas a todos reduce las tensiones y desigualdades que generan conflictos.

La equidad no solo es un derecho, sino un motor de cultura inclusiva. Las empresas que la promueven fortalecen su liderazgo responsable y muestran un compromiso tangible con la reducción de la violencia de género desde las empresas.

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5. Promover una cultura de respeto y diversidad

Fomentar valores de respeto, inclusión y diversidad crea un clima laboral donde la violencia de género tiene menos probabilidades de ocurrir. Esto implica acciones visibles y prácticas, desde el lenguaje inclusivo hasta la visibilización de logros de mujeres y grupos vulnerables.

Organizar campañas internas, foros de discusión y actividades participativas refuerza estos valores. La cultura corporativa se convierte así en un catalizador de cambio, donde la prevención de la violencia no es solo un mandato legal, sino un principio ético compartido.

6. Apoyar la conciliación laboral y personal

Las presiones laborales y domésticas pueden aumentar la vulnerabilidad a situaciones de violencia. Ofrecer esquemas de flexibilidad, teletrabajo y apoyo a cuidadores contribuye a un equilibrio que reduce riesgos y tensiones en la vida de las colaboradoras.

Este enfoque demuestra que la empresa se preocupa por la seguridad y bienestar integral de sus equipos. La conciliación laboral también fortalece la lealtad y compromiso del personal, consolidando un entorno más seguro e igualitario.

7. Contar con liderazgo comprometido

El compromiso visible de la alta dirección es clave para reducir la violencia de género desde las empresas. Los líderes deben actuar como modelos, promoviendo prácticas de equidad, apoyando denuncias y participando activamente en iniciativas de prevención.

Un liderazgo coherente y comprometido envía un mensaje claro a toda la organización: la violencia de género no se tolera, y la equidad es un valor central. Esto impulsa la adopción de comportamientos responsables a todos los niveles de la empresa.

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8. Realizar auditorías y seguimiento

Medir el impacto de las acciones implementadas permite identificar brechas y oportunidades de mejora. Las auditorías internas sobre acoso, desigualdad salarial y cultura organizacional aportan datos clave para la toma de decisiones.

El seguimiento periódico asegura que las políticas y programas sean efectivos y se ajusten a la realidad de la empresa. Así, la prevención de la violencia de género se convierte en un proceso dinámico y basado en resultados.

9. Integrar proveedores y aliados en la agenda de equidad

Reducir la violencia de género desde las empresas implica también involucrar a socios comerciales y proveedores. Establecer criterios de equidad y responsabilidad social en la cadena de valor amplifica el impacto positivo.

Exigir compromisos y buenas prácticas a terceros fortalece la reputación de la empresa y asegura que los valores de equidad y respeto se extiendan más allá de sus propios equipos.

10. Apoyar redes de colaboración y mentoría

Promover redes de apoyo internas y mentorías específicas para mujeres y personas vulnerables fortalece su seguridad y desarrollo profesional. Estas iniciativas permiten compartir experiencias, adquirir herramientas y construir resiliencia.

Fomentar estos espacios de colaboración demuestra un compromiso integral con la equidad y contribuye a un entorno laboral seguro. La prevención de la violencia de género se convierte así en un esfuerzo colectivo y sostenible.

Reducir la violencia de género desde las empresas es un compromiso estratégico que va más allá de la responsabilidad legal: es un imperativo ético y social. Implementar políticas claras, capacitar al personal, promover la equidad y crear una cultura inclusiva son pasos esenciales para generar un impacto real.

Las organizaciones que lideran con conciencia y acción contribuyen no solo al bienestar de sus colaboradores, sino también al fortalecimiento de la sociedad. Cada iniciativa, desde la denuncia segura hasta el liderazgo comprometido, representa un avance tangible hacia entornos laborales más justos, seguros y respetuosos.

¿Por qué los programas de salud mental en las empresas no están funcionando?

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La salud mental de los colaboradores se ha convertido en un tema prioritario en muchas organizaciones; sin embargo, los resultados no siempre reflejan ese interés. Aunque los programas de salud mental en las empresas se multiplican, su efectividad sigue siendo cuestionable. La realidad muestra que la mayoría de estos programas carece de un diagnóstico inicial que considere las necesidades reales de los trabajadores. Sin datos claros, las acciones adoptadas pueden resultar desconectadas de lo que los empleados realmente requieren.

De acuerdo con El Economista, el panorama es más preocupante cuando se observa que menos de la mitad de las empresas en México realiza evaluaciones periódicas sobre la salud mental de sus equipos. Esto provoca que incluso los programas existentes estén diseñados sin evidencia concreta, convirtiéndose en iniciativas aisladas más que en estrategias integrales. La intención está presente, pero la ejecución no siempre logra impactar de manera significativa.

Falta de evaluación: el primer obstáculo

Un estudio reciente de Mercer Marsh Beneficios (MMB) revela que el 45% de las empresas en México no ha realizado ningún estudio en los últimos dos años para medir la salud mental de sus empleados. Sin información precisa, es difícil diseñar programas efectivos que atiendan los riesgos psicosociales presentes en la organización.

Incluso entre las empresas que sí realizan mediciones, solo el 41% desarrolla planes de acción basados en los hallazgos, y apenas el 39% realiza seguimiento de estas acciones. Esto evidencia que contar con datos no es suficiente; se requiere traducirlos en estrategias concretas y sostenibles.

programas de salud mental en las empresas

Programas aislados, impacto limitado

Aunque el 63% de las organizaciones tiene algún tipo de programa de salud mental, la mayoría son esfuerzos aislados. Entre las iniciativas más comunes destacan campañas educativas, programas de apoyo al empleado y telemedicina. Sin embargo, son pocas las empresas que abordan de manera integral el burnout o el estrés laboral.

El 45% de las compañías no tiene acciones para gestionar el estrés, y de aquellas que sí lo hacen, muchas solo comunican la existencia del problema sin brindar herramientas prácticas para mitigarlo. Esto genera una desconexión entre lo que se ofrece y las necesidades reales de los colaboradores.

Motivaciones legales vs. bienestar real

Una de las razones por las que los programas de salud mental en las empresas no funcionan es que, en muchos casos, son impulsados más por obligaciones legales que por un compromiso genuino con los empleados. Según MMB, el 72% de las empresas reconoce que las políticas de riesgo psicosocial responden principalmente a requerimientos regulatorios.

En contraste, solo el 52% de las organizaciones prioriza el compromiso directivo con la salud y bienestar, y apenas el 40% busca mejorar el clima laboral. La intención de cuidar al personal, aunque presente, queda relegada frente a presiones externas.

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El reto de transformar la intención en acción

Para que los programas de salud mental sean verdaderamente efectivos, las empresas deben integrar evaluaciones periódicas, planes de acción basados en datos y seguimiento constante. Esto permitirá diseñar estrategias ajustadas a la realidad de los empleados y maximizar su impacto.

Además, es crucial que la motivación vaya más allá de cumplir con la ley. Abordar de manera genuina la salud mental contribuye a mejorar la productividad, reducir el ausentismo y fortalecer la cultura organizacional. La clave está en pasar de programas aislados a una gestión integral y sostenible.

Los programas de salud mental en las empresas tienen potencial, pero su diseño actual limita sus resultados. La ausencia de diagnósticos, la implementación de acciones aisladas y la motivación legal predominante explican por qué muchos de estos esfuerzos no alcanzan el impacto deseado.

Transformar la salud mental en un eje estratégico requiere compromiso, medición, acción y seguimiento. Solo así las empresas podrán generar entornos laborales más saludables y resilientes, donde los colaboradores no solo se sientan apoyados, sino que puedan desarrollarse plenamente.

La alarmante desaparición de colmenas en México: 300 mil en una década

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La desaparición de colmenas en México se ha convertido en un fenómeno que preocupa tanto a científicos como a agricultores y líderes comunitarios. Durante los últimos diez años, más de 301,000 colonias han desaparecido, según estimaciones de la Alianza Maya por las Abejas, sin que exista un registro oficial consolidado. La mortandad masiva afecta no solo la producción agrícola, sino también la biodiversidad y la cultura de comunidades que dependen de la apicultura.

Los eventos recientes en Campeche, Colima y Yucatán muestran la gravedad de la situación. Solo en 2023, más de 3,300 colmenas murieron en Hopelchén por intoxicación con fipronil, mientras que en Tecomán, Colima, se perdieron 968 colmenas en un solo episodio. En las comunidades mayas, algunos apiarios desaparecieron por completo tras fumigaciones agrícolas. La combinación de plaguicidas, pérdida de hábitat y cambio climático deja a las abejas en riesgo crítico.

Plaguicidas y hábitat: los grandes responsables de la desaparición de colmenas en México

Según El Economista, investigaciones recientes han detectado hasta nueve agroquímicos distintos en abejas muertas, muchos de ellos neurotóxicos. El fipronil y los neonicotinoides, como el imidacloprid y el thiamethoxam, destacan como los principales culpables. Estas sustancias están prohibidas en la Unión Europea, pero se aplican ampliamente en México en cultivos de soya, maíz y cítricos.

A esto se suma la deforestación acelerada, especialmente en la península de Yucatán, y fenómenos climáticos extremos que afectan la floración y el ciclo de los polinizadores. Sequías prolongadas y huracanes más intensos dificultan la supervivencia de las abejas, acelerando la desaparición de colmenas en México y dejando un impacto irreversible en los ecosistemas locales.

colmenas en México

El valor económico y cultural de las abejas

Más del 85% de los cultivos mexicanos dependen de polinizadores. Según la Secretaría de Agricultura (Sader), el servicio que brindan las abejas equivale a 79,441 millones de pesos anuales, casi una quinta parte de la producción agrícola del país. Sin ellas, la seguridad alimentaria y la rentabilidad de los cultivos se ven seriamente comprometidas.

Además, en comunidades mayas, la apicultura y la meliponicultura son herencias culturales y espirituales. La desaparición de colmenas en México no solo amenaza la economía, sino también la identidad y el sustento de estas comunidades, que han cultivado la relación con las abejas durante generaciones.

Colima marca el rumbo: cárcel a quienes maten abejas

Colima se convirtió en pionera al aprobar la Ley de Agroecología, tipificando como delito la muerte masiva de abejas. La reforma al artículo 196 del Código Penal establece penas de dos a ocho años de prisión para quienes ocasionen mortandades con agroquímicos.

El diputado local Alfredo Álvarez Ramírez destaca la importancia de esta medida: “Si ellas desaparecen, desaparecemos nosotros. Son un aviso de que algo está pasando con el ambiente y estamos a tiempo de corregirlo”. La ley se construyó con dos años de foros y consultas ciudadanas, logrando reducir la mortandad en Colima en un 50% en el último año.

colmenas en México

Un problema global, una oportunidad local

La crisis mexicana refleja una tendencia internacional. La ONU estima que el 35% de los polinizadores del planeta está en riesgo de extinción. En Brasil, se documentó la muerte de 500 millones de abejas en solo tres meses tras flexibilizarse el uso de agrotóxicos.

Colima busca convertirse en ejemplo, ofreciendo talleres de cadena de custodia y herramientas legales a apicultores y fiscales para sancionar a los responsables. “No se trata solo de una ley en papel, sino de que tenga efectos reales”, asegura Álvarez Ramírez, subrayando que proteger a las abejas es garantizar el futuro de la producción agrícola y la biodiversidad.

México se encuentra en un punto crítico: la desaparición de colmenas en México amenaza la seguridad alimentaria, la economía y la cultura de sus comunidades.

El ejemplo de Colima demuestra que es posible revertir esta tendencia con legislación, educación y responsabilidad compartida. Proteger a las abejas es proteger la vida, la identidad cultural y la sostenibilidad de los ecosistemas, recordándonos que el equilibrio entre humanidad y naturaleza nunca fue tan frágil ni tan urgente.