Banco Azteca concluyó la entrega de 200 sillas de ruedas como parte de la iniciativa #ApoyarNosToca, un esfuerzo que busca mejorar la movilidad, autonomía y oportunidades de personas con discapacidad y comunidades vulnerables en México.
La cuarta y última entrega del año se llevó a cabo en la Sucursal Santa Úrsula, ubicada en Av. Insurgentes Sur 4207, Tlalpan, Ciudad de México. El evento fue encabezado por Alberto Tanus, Director General de Préstamo y Cobranza de Banco Azteca, quien otorgó 50 sillas de ruedas adicionales a beneficiarios identificados en coordinación con el programa A Quien Corresponda, conducido por Jorge Garralda.
“Con esta entrega cerramos un ciclo de apoyo que refleja el compromiso auténtico de Banco Azteca con la prosperidad incluyente”, expresó Tanus. “Estas 200 sillas de ruedas representan más que un apoyo material: son herramientas que permiten a las personas recuperar movilidad, avanzar con independencia y abrir nuevas posibilidades para sus familias.”
Durante 2025, Banco Azteca realizó cuatro entregas de sillas de ruedas en distintas sucursales, beneficiando a clientes y a integrantes de comunidades vinculadas al programa A Quien Corresponda. Cada jornada, realizada en bloques de 50 unidades, generó momentos significativos para personas que requieren apoyo para mejorar su movilidad en su vida cotidiana.
A través de #ApoyarNosToca, Banco Azteca refuerza su vocación de servicio y su papel como una institución financiera que impulsa soluciones accesibles y acciones concretas para ampliar oportunidades y promover la inclusión en las comunidades donde opera.
Ante las crisis ambientales, los conflictos persistentes y el desplazamiento forzado de comunidades, es natural sentir que nuestras acciones diarias carecen de impacto. Sin embargo, justo donde la incertidumbre parece imponerse, surge la posibilidad de preguntarnos qué sí está en nuestras manos. La manera en que consumimos, qué elegimos comprar, qué causas respaldamos y bajo qué principios vivimos, sigue siendo una forma real de incidir en el mundo. Esta convicción es el motor de la colaboración entre Rayito de Luna y Médicos Sin Fronteras: unir el autocuidado diario con la ayuda humanitaria global, todo ello a través de un elemento tan simple y cotidiano como un jabón.
Rayito de Luna es una empresa mexicana que trabaja con formulaciones 100% naturales y una filosofía muy clara: economía circular, comercio local y procesos que buscan regenerar, no sólo no dañar. Su propósito trasciende el uso inmediato de sus productos; el cuidado de la piel va de la mano del bienestar de las personas productoras, las comunidades y los ecosistemas que nos sostienen. Por eso, cuando surgió la posibilidad de colaborar con Médicos Sin Fronteras (MSF), la idea se sintió natural. Ambas organizaciones, cada una desde su ámbito de acción, comparten la misma raíz: proteger la vida donde sea necesario.
Este encuentro dio como resultado un jabón líquido multifuncional elaborado con una formulación 100% natural y con agua de lluvia captada y tratada en el propio laboratorio. La fórmula prioriza materias primas de regiones cercanas para reducir la huella ambiental del transporte y se envasa en vidrio retornable para evitar residuos que ya no deberíamos generar. No es un producto que busque llamar la atención; de hecho, podría pasar desapercibido. Pero detrás de su aparente sencillez hay una lógica coherente: si algo va a formar parte de nuestro día a día, que lo haga con responsabilidad.
Lo verdaderamente relevante, sin embargo, es la conversación que el proyecto puede abrir. MSF trabaja en más de 70 países, atendiendo emergencias médicas en contextos donde la vida está en constante riesgo: guerras, epidemias, desastres climáticos, desplazamientos masivos. Su tarea es llegar justo a esos lugares donde nadie más está. Y aunque está claro que un jabón no va a resolver problemas globales, también es cierto que estas operaciones necesitan aliados, recursos y visibilidad. La colaboración busca precisamente recordar que el cuidado empieza en la casa, en la piel y en lo inmediato, pero puede continuar mucho más allá.
“Soy Daniela, cirujana mexicana, y conocer MSF cambió mi vida.” ✨ Una charla en un parque la llevó a su primera misión en Yemen. Hoy, tras 8 años en terreno, lo resume así:
Cada jabón vendido contribuye al trabajo de MSF, el 50% de las ganancias se destinarán a la labor médico-humanitaria de la organización en México. Al mismo tiempo, invita a mirar el consumo desde otro ángulo: uno que se aleje de las campañas exageradas y regrese a lo esencial. La frase que acompaña la campaña, “Cuidar la vida no tiene fronteras”, no pretende funcionar como un eslogan grandilocuente. Más bien, intenta nombrar el punto en el que ambas organizaciones se encuentran: Rayito de Luna, desde la responsabilidad ambiental; MSF, desde la atención directa a quienes viven emergencias que rara vez llegan a los titulares.
Tanto para Rayito de Luna como MSF, esta colaboración ha sido un proceso de aprendizaje y reafirmación. Esta alianza representa una oportunidad para ambas partes de acercarse a nuevas personas, de ajustar la comunicación para hablar con claridad del impacto y de explicar su labor sin partir únicamente de la urgencia, sino también de la cotidianidad.
En un momento en que el cansancio ambiental y social es palpable, esta colaboración intenta ofrecer un respiro, una especie de recordatorio sencillo: el cuidado es una práctica compartida. No necesitamos tenerlo todo resuelto para contribuir, basta con elegir con atención, con participar de manera honesta. Y si un jabón puede abrir esa conversación, quizá también puede recordarnos que todavía hay maneras de sumar, por pequeñas que parezcan.
Mientras México avanza hacia un mercado laboral más competitivo y global, enfrenta una realidad innegable: 8.9 millones de personas viven con alguna discapacidad, pero apenas una parte tiene acceso a empleos formales. En un país donde la inclusión aún implica derribar barreras, un grupo de empresas mexicanas está demostrando que innovar también es incluir.
Esa convicción guió la octava edición del Premio Éntrale 2025: Prácticas Innovadoras de Inclusión, donde Éntrale, iniciativa del Consejo Mexicano de Negocios, reconoció a Grupo Profuturo por desarrollar la práctica más innovadora del año en inclusión laboral de Personas con Discapacidad.
El reconocimiento distingue a la empresa cuya iniciativa logró romper paradigmas, atacando la barrera actitudinal y el sesgo inconsciente. Al compartir relatos auténticos de sus colaboradores, su motor es la sensibilización profunda, usando la empatía para impulsar la reflexión y el compromiso colectivo. Este enfoque transforma la cultura interna, derribando barreras físicas y de comunicación.
“El Premio Éntrale celebra la capacidad del sector privado para transformar los desafíos en oportunidades y demostrar que la inclusión laboral es una estrategia de negocio inteligente. Las empresas que hoy reconocimos son la prueba de que el talento no tiene límites cuando existe voluntad para innovar”, destacó Fernando Estrada Franco, director ejecutivo de Éntrale.
El galardón, sustentado en los resultados del Índice de Inclusión Laboral de Personas con Discapacidad, reconoció el papel de las organizaciones que integran la inclusión dentro de su modelo operativo y de innovación. A través de programas de capacitación adaptada, políticas corporativas incluyentes, ajustes razonables y mejoras en accesibilidad, las compañías finalistas demostraron que la diversidad impulsa la competitividad y fortalece la cultura organizacional.
A casi una década de su creación, Éntrale ha acompañado a más de 800 empresas en la implementación de estrategias de inclusión que promueven el desarrollo de talento y la sostenibilidad empresarial. Su objetivo ha sido claro: convertir la inclusión en un motor de transformación económica y social.
“Cada práctica que reconocemos es una inspiración para el ecosistema empresarial. En Éntrale trabajamos con la convicción de que la inclusión laboral no es filantropía: es productividad, innovación y futuro”, afirmó Estrada Franco.
El liderazgo del directivo también ha trascendido fronteras. Este año, Fernando Estrada Franco fue reconocido por el Women Economic Forum (WEF) con el galardón “Iconic Men Creating a Better World for All”, entregado el 27 de octubre de 2025 en Ciudad de México, por su compromiso con la creación de entornos laborales equitativos y diversos.
Este reconocimiento internacional refuerza la visión de Éntrale como plataforma de cambio empresarial, que impulsa políticas, prácticas y modelos de gestión donde la innovación y la inclusión convergen.
En el contexto global, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) recuerda que una de cada seis personas en el mundo, es decir, 1,300 millones, vive con alguna discapacidad. Bajo el lema “Nada sobre nosotros sin nosotros”, la ONU impulsa el liderazgo de las PcD en la vida económica y política. Con esa misma visión, Éntrale continúa fortaleciendo el papel de México como referente en inclusión empresarial.
“La verdadera innovación ocurre cuando entendemos que el crecimiento y la diversidad son parte del mismo camino. Las empresas que incluyen son las que avanzan”, concluyó Estrada Franco.
Durante años, el tema ambiental en México se debatió en clave moral: “hay que cuidar el planeta”, “es responsabilidad de todos”, “pensemos en las futuras generaciones”. Todo eso está bien. Pero no mueve presupuestos ni consejos de administración.
Lo que sí los mueve es esto: México pierde cada año 1 billón 382 mil millones de pesos —el 4.1 % del PIB— por agotamiento de recursos y degradación ambiental (INEGI, Cuentas Económicas y Ecológicas de México 2024). Eso es más del doble del crecimiento económico de todo 2024 (1.9 % estimado). En términos simples: trabajamos un año entero para pagar la factura de haber destruido nuestros propios activos naturales.
El Financiero – 2 dic 2025
Un desglose rápido para que duela más:
833 mil millones por contaminación del aire (2.5 % del PIB solo por respirar aire tóxico).
144 mil millones por agotamiento de agua subterránea, petróleo y madera.
69 mil millones por aguas residuales sin tratar.
133 mil millones por basura mal manejada.
Cuando el daño cruza el umbral del 4 % del PIB, la conversación cambia de raíz y se vuelve brutalmente concreta.
Ya no se discute si el cambio climático “existe”. Ahora se discute:
¿Cuánto va a perder la planta de Querétaro si vuelve la sequía del norte?
¿Por qué la aseguradora subió 38 % la prima en Villahermosa?
¿Por qué el banco rechazó un crédito porque la fábrica está en zona de estrés hídrico según CONAGUA?
¿Por qué Walmart o FEMSA enviaron cartas de “última advertencia” a proveedores sin huella de carbono verificada?
Y todo esto ya está pasando hoy —sin esperar a la próxima COP ni a la próxima administración—:
Aseguradoras como GNP, AXA y Qualitas aplican sobreprimas de 20–50 % o exclusiones en zonas con riesgo climático.
Bancos como BBVA, Banorte y Santander integran indicadores del CEEM y mapas de riesgo de la CRE y CONAGUA en sus modelos crediticios.
Empresas como Cemex, Bimbo, Grupo Modelo o FEMSA descalifican proveedores sin planes de agua o metas de emisiones validadas.
Comités de riesgo de empresas del IPAB y del IPC ya incluyen la “exposición física y de transición climática” junto al dólar y la tasa.
El mercado está haciendo el trabajo que ninguna ley ni discurso logró en 30 años.
Y el impacto no se limita a las finanzas: actúa como un vector que transforma las demás conversaciones organizacionales.Temas como propósito, RSC, cultura o valor compartido —antes impulsados más por convicción o presión reputacional— hoy se alinean a métricas, riesgos y desempeño real. Cuando el riesgo es estructural, reconfigura los sistemas de decisión.
La mayor ironía —y quizá la mejor señal de cambio real— es que ninguna cumbre, GRI, ISO o discurso inspirador logró jamás lo que hoy logra una línea en el estado de resultados.
Por eso, en México, la sostenibilidad ya no avanza por convicción, sino por impacto: está dejando el discurso moral para convertirse en un tema de supervivencia empresarial y macroeconómica. Ya no la empujan los activistas. La empujan los actuarios, los CFO, los gerentes de riesgo y los compradores de las multinacionales.
Y cuando el cambio depende del bolsillo —no de la buena voluntad— se vuelve imparable.
¿Tu empresa ya cuantifica cuánto de esos 1.4 billones de pesos les está pagando en mayores costos, primas, interrupciones, pérdida de productividad, restricciones de crédito o proveedores descalificados?
Si no lo saben, lo estás pagando igual. Y cuando por fin lo sepan, la pregunta ya no será si van a actuar… sino cuánto tiempo más puedes permitirse seguir fingiendo que esto no te afecta.
¡Salud!
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
El panorama corporativo mexicano avanza, pero lo hace con pasos pequeños que contrastan con la urgencia del contexto global. Mientras más empresas hablan abiertamente de diversidad y sostenibilidad, las cifras revelan que la desigualdad en la toma de decisiones sigue profundamente arraigada. En un entorno donde la reputación, la competitividad y el talento dependen cada vez más de políticas incluyentes, los rezagos se vuelven difíciles de ignorar.
El reporte 2025 “Mujeres en empresas”, desarrollado por el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) junto con Kiik Consultores, dibuja con claridad esta dualidad. Aunque cerca de 200 compañías listadas en las bolsas nacionales ya integran mujeres en sus consejos o en posiciones de alta dirección, estos avances apenas mueven la aguja. Según el propio IMCO…
México podría tardar hasta el año 2043 en alcanzar una paridad efectiva en los órganos de decisión.
Persisten las brechas para mujeres en puestos de liderazgo
De acuerdo con Forbes, a pesar de los esfuerzos del sector empresarial por adoptar criterios de equidad, todavía el 19% de las empresas mexicanas no tiene una sola mujer en su consejo de administración. Este dato no solo refleja un problema de representación, sino también de gobernanza y competitividad. La falta de diversidad limita la capacidad de las organizaciones para innovar y enfrentar mercados cada vez más complejos.
El mismo reporte advierte que un 13% de compañías tampoco incluye mujeres en otras direcciones estratégicas. La presencia de consejeras independientes sigue siendo mínima, con apenas 5.5% del total. Estas cifras revelan una estructura corporativa que sigue inclinada hacia modelos tradicionales que frenan la evolución hacia una economía más inclusiva.
Alta dirección: avances visibles, pero aún insuficientes
Las posiciones ejecutivas más altas siguen representando el mayor desafío. Las mujeres ocupan únicamente el 3% de las direcciones generales en México, cifra que evidencia la enorme distancia que aún debe recorrerse. Aunque hay una ligera mejora en áreas como las direcciones financieras, donde alcanzan el 15%, el contraste con la distribución masculina continúa siendo profundo.
En el ámbito jurídico, la representación llega al 26%, uno de los rubros con mayor crecimiento. Sin embargo, este avance de entre 5 y 7 puntos porcentuales respecto a 2024 no es suficiente para revertir décadas de exclusión estructural. Las organizaciones requieren esfuerzos sostenidos para que estos incrementos no sean excepciones, sino parte de una tendencia sostenida en todo el ecosistema empresarial.
El desafío cultural detrás de las mujeres en puestos de liderazgo
La brecha de género no se explica únicamente por números: detrás existe una cultura empresarial que aún privilegia perfiles tradicionales para roles de decisión. Las expectativas sociales, los sesgos inconscientes y la falta de políticas que promuevan trayectorias equitativas continúan frenando la participación femenina. La combinación de estas barreras impide que el talento de miles de profesionales llegue a su máximo potencial.
Además, la falta de referentes en posiciones clave dificulta que nuevas generaciones visualicen un camino posible hacia la alta dirección. Para que las mujeres en puestos de liderazgo avancen, se requieren modelos visibles, procesos claros de sucesión y una cultura que valore no solo la paridad, sino la innovación que surge de equipos diversos.
Innovación, competitividad y talento: lo que México está perdiendo
Las empresas que han integrado mujeres en sus órganos de decisión reportan beneficios sustentados en datos: mayor innovación, análisis de riesgo más completo y mejores prácticas de gobernanza. Sin embargo, estas historias aún no se replican lo suficiente. La lenta integración femenina no solo representa un asunto de justicia social, sino también una pérdida estratégica para la economía mexicana.
El reto también toca a los sectores inversores, que cada vez exigen mayores estándares de sostenibilidad y diversidad. Para consolidar un ecosistema empresarial competitivo, las organizaciones deberán acelerar mecanismos de inclusión. Solo así podrán atraer talento diverso y adaptarse a un entorno global que premia culturas laborales alineadas con los derechos y expectativas de sus colaboradores, especialmente en temas como mujeres en puestos de liderazgo.
El avance hacia la igualdad en el liderazgo corporativo mexicano está en marcha, pero su ritmo actual no es suficiente para transformar el panorama dentro de un plazo razonable. La evidencia señala que las empresas que apuestan por la diversidad obtienen mejores resultados, y sin embargo, una parte importante del sector sigue operando bajo estructuras que perpetúan la desigualdad. Este rezago no solo afecta a las mujeres, sino a la competitividad del país.
Para cerrar estas brechas, será indispensable combinar políticas claras, voluntades firmes y una mirada estratégica hacia el futuro. La inclusión de mujeres en los consejos y direcciones no debe entenderse como una obligación reputacional, sino como un motor de innovación y sostenibilidad. México tiene la oportunidad de acelerar esta transformación, y el momento de hacerlo es ahora.
La violencia estructural suele ser silenciosa, pero define la vida de millones de personas. Se manifiesta en sistemas, instituciones y prácticas que han permanecido intactas durante décadas. Identificar y transformar estos patrones es parte de nuestra labor cotidiana y, al mismo tiempo, un compromiso ético con las comunidades que acompañamos.
La violencia se filtra en procesos administrativos, políticas públicas, cadenas de valor y dinámicas organizacionales. Por ello, reunir ejemplos de violencia estructural y analizarlos con profundidad se vuelve indispensable. Esta nota ofrece una mirada detallada, práctica y estratégica para quienes buscan incidir en soluciones reales que perduren en el tiempo.
10 ejemplos de violencia estructural y cómo solucionarla
1. Brechas educativas persistentes
Las brechas educativas que separan a comunidades urbanas y rurales son uno de los ejemplos de violencia estructural más visibles. Se manifiestan en escuelas sin recursos, programas obsoletos y oportunidades limitadas que perpetúan círculos de pobreza. En muchos casos, estas desigualdades se normalizan como una condición “natural” del territorio.
La solución implica transformar el acceso desigual en un derecho garantizado. Esto requiere alianzas entre sector privado, sociedad civil y gobiernos para fortalecer la infraestructura escolar, integrar tecnología accesible y capacitar docentes con metodologías culturalmente pertinentes.
2. Cadenas de suministro con explotación invisibilizada
La explotación laboral en cadenas globales de producción continúa siendo un fenómeno profundamente enraizado. Jornadas extendidas, pagos insuficientes y ausencia de seguridad laboral afectan principalmente a mujeres y comunidades migrantes, quienes no suelen tener voz para exigir cambios.
Las empresas pueden revertir esta dinámica implementando auditorías sociales robustas, protocolos de debida diligencia y esquemas de trazabilidad que aseguren condiciones dignas. La transparencia y la participación comunitaria son fundamentales para romper los ciclos de abuso normalizado.
3. Acceso desigual a servicios de salud
En muchas regiones, el acceso a salud depende del código postal. Las comunidades indígenas, rurales o periféricas enfrentan barreras históricas, desde la falta de hospitales hasta la carencia de personal capacitado y medicamentos esenciales. Esta exclusión continua afecta generaciones completas.
Para solucionarlo, se requieren modelos interculturales de atención, inversión sostenida en infraestructura y mecanismos que garanticen la presencia de personal médico en zonas vulnerables. Los programas de prevención comunitaria también pueden reducir la dependencia de servicios especializados.
4. Falta de representación política para grupos vulnerables
La ausencia de representación política limita la capacidad de los grupos vulnerables para defender sus derechos. Las mujeres, personas con discapacidad o pueblos originarios suelen tener poca presencia en espacios de toma de decisiones, perpetuando políticas que no reflejan sus necesidades.
Generar reformas que aseguren participación equitativa, cuotas inclusivas y mecanismos de consulta directa es clave para romper este ciclo. La democracia se fortalece cuando quienes han sido marginados ocupan lugares de liderazgo.
5. Sistemas de justicia que discriminan
En muchos países, el sistema de justicia reproduce estigmas raciales, económicos o de género. Esto deriva en condenas desproporcionadas, procesos inaccesibles y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Las víctimas más frecuentes son quienes ya viven en condiciones de marginación.
Las soluciones requieren capacitación con perspectiva de derechos humanos, defensorías públicas fuertes y protocolos que eliminen sesgos históricos. La justicia restaurativa también ofrece una alternativa para reconstruir la confianza.
6. Vivienda inadecuada y desigual
La falta de acceso a una vivienda digna es uno de los ejemplos de violencia estructural que más impacta la calidad de vida. Muchas familias habitan en zonas de riesgo, viviendas precarias o comunidades sin servicios básicos, lo que limita su desarrollo y bienestar.
Impulsar políticas de vivienda inclusiva, proyectos de urbanismo social y programas de financiamiento accesible puede transformar esta realidad. La participación comunitaria en el diseño urbano asegura soluciones culturalmente adecuadas y sostenibles.
7. Brechas digitales que perpetúan desigualdades
La exclusión digital impide a miles de personas acceder a educación, empleo, salud y servicios financieros. En un mundo hiperconectado, no contar con internet o dispositivos adecuados genera nuevas formas de exclusión.
Las iniciativas de conectividad gratuita, alfabetización digital y dispositivos accesibles son claves para cerrar la brecha. Además, las empresas pueden integrar plataformas inclusivas que consideren a quienes presentan limitaciones tecnológicas.
8. Sesgos de género dentro de las organizaciones
La violencia estructural también se manifiesta al interior de las empresas: techos de cristal, brechas salariales, acoso normalizado y poca representación femenina en puestos directivos. Estos patrones afectan tanto el desarrollo económico como la cultura organizacional.
Las soluciones incluyen políticas de igualdad salarial, protocolos de prevención del acoso y programas de liderazgo femenino. Las empresas que lo implementan no solo mejoran su clima laboral, sino que fortalecen su competitividad.
9. Racismo institucional en servicios públicos
En muchas regiones, las personas afrodescendientes e indígenas reciben tratos discriminatorios en instituciones públicas. Esta violencia diaria afecta su acceso a servicios, protección y oportunidades de desarrollo.
El cambio requiere políticas explícitas de antirracismo, capacitación constante y sistemas de quejas accesibles. Incorporar personal de comunidades racializadas en puestos de servicio público también contribuye a reducir sesgos.
10. Economías locales excluidas del desarrollo
Las comunidades rurales o artesanales suelen quedar fuera de los beneficios del desarrollo económico. La falta de inversión, capacitación y acceso a mercados perpetúa su dependencia y vulnerabilidad.
Crear rutas de comercialización justa, impulsar la economía social y generar compras inclusivas desde el sector empresarial puede reactivar estas economías. La formalización acompañada y la capacitación en gestión fortalecen la autonomía comunitaria.
La violencia estructural es un fenómeno que opera silenciosamente, pero sus efectos se sienten en cada dimensión del desarrollo humano. Identificar estos ejemplos de violencia estructural es solo el primer paso; lo verdaderamente transformador es activar soluciones sostenibles y colaborativas. Tenemos la oportunidad —y la obligación— de acompañar a las comunidades en la construcción de sistemas más justos, resilientes y dignos. Esta tarea no termina, pero cada paso informado y consciente nos acerca a un futuro donde la equidad no sea una excepción, sino una norma.
En los últimos años, la tecnología ha avanzado a una velocidad que supera nuestra capacidad para comprender completamente su impacto social. Entre estos avances, la inteligencia artificial ha abierto nuevas posibilidades, pero también ha desatado amenazas silenciosas que afectan a los sectores más vulnerables: niñas y adolescentes. El caso de un estudiante que, sin reparo alguno, manipuló la imagen de una compañera usando una aplicación de “desnudez”, ilustra un fenómeno inquietante: la normalización del daño digital.
De acuerdo con The Guardian, resulta alarmante cómo estas prácticas se realizan a plena vista, como si fueran simples bromas o juegos entre pares. Para quienes trabajamos en responsabilidad social, este episodio evidencia la urgencia de abordar las deepfakes sexuales no solo como un problema tecnológico, sino como un reflejo de dinámicas culturales, educativas y éticas que requieren intervención inmediata. Estamos ante una problemática que trasciende lo digital y se inserta en los espacios que deberían ser más seguros para la infancia.
La escena en el autobús: la normalización del daño
Un director relató con incredulidad cómo un adolescente, camino a casa en un autobús escolar, manipuló la imagen de una niña de una escuela vecina. Lo hizo sin ocultarlo, sin culpas ni dudas, como quien usa un filtro más en redes sociales. Ese nivel de naturalidad provocó una mezcla de sorpresa e inquietud entre quienes lo presenciaron.
El acto se volvió aún más desconcertante al considerarse público y visible para otros estudiantes. Que nadie lo percibiera como grave en el momento habla de un fenómeno superficialmente trivializado. Es esa “normalidad” lo que más alarma: el daño se realizó en segundos, sin conciencia del impacto psicológico y social que podría desencadenar.
De los riesgos del sexting a la era de las deepfakes sexuales
Hace diez años, el principal reto en las escuelas eran las imágenes íntimas compartidas voluntaria o involuntariamente entre estudiantes. Hoy, la situación es distinta y más compleja. Con la IA generativa, la creación de desnudos falsos ya no requiere la participación de la víctima, lo que amplifica el riesgo y elimina cualquier noción de consentimiento.
Las llamadas deepfakes sexuales permiten alterar fotografías comunes para generar contenido manipulador que simula situaciones explícitas. Esto impacta profundamente la seguridad emocional de niñas y adolescentes, quienes pueden ver su imagen transformada en material ofensivo sin haber interactuado jamás con la tecnología involucrada.
Víctimas al azar: cuando cualquiera puede ser seleccionada
Uno de los aspectos más perturbadores del caso es que la niña victimada pudo haber sido elegida al azar. La directora de la escuela reconoció no saber si había un vínculo entre ambos estudiantes o si la selección fue completamente arbitraria. Para la víctima, esto implica vulnerabilidad absoluta: no hay forma de anticipar un ataque cuando no existe relación con el agresor.
Además, la denuncia surgió gracias a que otro estudiante se dio cuenta y decidió actuar. Esto demuestra la importancia de generar entornos escolares donde exista una cultura activa de reporte y acompañamiento. Sin testigos sensibles, este caso habría quedado oculto, como ocurre con miles más alrededor del mundo.
La respuesta institucional: entre el deber y el estigma
Tras conocer los hechos, la escuela actuó con rapidez: contactó a los padres, localizó al adolescente responsable y reportó el caso a la policía. Sin embargo, el proceso estuvo marcado por la vergüenza y el estigma, tanto para la víctima como para quienes intervinieron. Estos sentimientos suelen convertirse en barreras que frenan las denuncias en situaciones similares.
En contextos educativos, el miedo a la exposición pública o a represalias sociales contribuye a que muchos episodios de este tipo nunca se reporten. Para quienes trabajamos en responsabilidad social, esto plantea un desafío evidente: no basta con crear protocolos, es necesario garantizar que las víctimas no serán juzgadas, sino acompañadas.
La cultura digital que permite la violencia invisible
La facilidad con la que pueden crearse imágenes engañosas revela una cultura digital donde el respeto y la empatía parecen desdibujarse. Las aplicaciones que prometen “desnudez instantánea” convierten la violencia simbólica en entretenimiento, promoviendo prácticas que jóvenes usuarios asumen como inofensivas. Pero su impacto es devastador.
Esta cultura también se alimenta de la falta de educación mediática y emocional. Si no enseñamos a niñas, niños y adolescentes a identificar la violencia digital, será difícil enfrentar la expansión de las deepfakes sexuales, que hoy circulan con una velocidad que supera la capacidad de contención de familias, escuelas y autoridades.
Un llamado urgente a la comunidad educativa y a la sociedad
Este fenómeno exige una intervención coordinada: escuelas, familias, instituciones y sociedad civil deben trabajar juntas para crear estrategias preventivas y de acompañamiento. La IA no es el problema en sí; el problema radica en cómo la utilizamos y en la ausencia de límites éticos claros en su aplicación cotidiana.
Para mitigar los riesgos, es indispensable promover la alfabetización digital, fortalecer las rutas de denuncia y establecer políticas escolares que aborden la violencia digital desde una perspectiva restaurativa y protectora. Las deepfakes sexuales no desaparecerán, pero sí podemos reducir sus impactos mediante un enfoque integral.
La historia del autobús es solo un ejemplo de una problemática que crece silenciosamente. Las deepfakes son una expresión moderna de una violencia que lleva años transformándose, adaptándose y expandiéndose junto con la tecnología. La diferencia ahora es que la manipulación de imágenes ya no requiere acceso íntimo ni situaciones privadas, lo que amplifica la vulnerabilidad de niñas y adolescentes en entornos digitales.
Como especialistas en responsabilidad social, debemos insistir en la creación de espacios educativos y comunitarios que promuevan el respeto, la empatía y el uso ético de la tecnología. La prevención no se limita a restringir aplicaciones, sino a formar ciudadanos digitales conscientes, capaces de reconocer y rechazar conductas que atentan contra la dignidad y seguridad de otros.
La reciente polémica en torno a Eleanor the Great ha colocado a Scarlett Johansson como directora en el centro de una discusión ética que resuena profundamente. La actriz, que debuta detrás de la cámara, reveló haber recibido presión directa de uno de los patrocinadores del proyecto para eliminar toda referencia al Holocausto, eje narrativo indispensable de la historia. Esta situación abre un debate relevante sobre los límites de la intervención financiera en narrativas sensibles y la importancia de preservar la integridad de los relatos que buscan honrar memorias colectivas.
De acuerdo con un artículo de The Guardian, el caso revela mucho más que un desacuerdo creativo: pone sobre la mesa la tensión constante entre intereses económicos y la responsabilidad de narrar hechos históricos con rigor y sensibilidad. Para un público cada vez más atento a los compromisos éticos de la industria cinematográfica, la postura firme de Johansson no solo muestra convicción artística, sino también compromiso con la verdad histórica. Su decisión de mantener el corazón de la trama refuerza la necesidad de que los creadores asuman un papel activo en la defensa de las voces que la historia intenta silenciar.
Scarlett Johansson como directora ante la presión de un patrocinador
Durante la fase de preproducción, Johansson relató al Daily Telegraph que uno de los patrocinadores amenazó con retirarse del proyecto si no se eliminaban los elementos vinculados al Holocausto. La solicitud no era menor: implicaba borrar el núcleo moral y emocional de la película, que explora la mentira más dolorosa en la vida de una mujer mayor que finge ser sobreviviente.
La directora respondió con claridad: si el Holocausto no era el marco narrativo, nada podría sustituir su potencia simbólica.
La presión —que se presentó más como una imposición que como una negociación— llevó a un momento crítico para el proyecto. Johansson explicó que le habrían parecido razonables solicitudes logísticas, como cambios de locación o tiempos de rodaje, pero modificar el sentido mismo de la película era inadmisible. Ese fue el punto en que los intereses financieros chocaron frontalmente con la responsabilidad ética y artística.
Un relato que necesita ser contado: ética y memoria histórica
En Eleanor the Great, June Squibb interpreta a una viuda judía jubilada que accidentalmente se integra a un grupo de sobrevivientes del Holocausto. Al percatarse de su error, decide mantener la impostura, desencadenando una reflexión profunda sobre mentira, identidad y memoria. Para quienes trabajan en responsabilidad social, este tipo de narrativa desafía a la audiencia a pensar en la fragilidad del testimonio y en el daño que generan los discursos falseados.
Johansson argumentó que la película debía tratar precisamente sobre “la peor mentira imaginable”, y que el Holocausto no era un recurso narrativo intercambiable. Según relató, el patrocinador no ofreció alternativa alguna, simplemente señaló que el tema “era un problema”. La ausencia de un planteamiento ético por parte del inversor subraya la importancia de que los creadores defiendan el marco moral de sus historias.
Scarlett Johansson como directora y el costo de la integridad
Al negarse a modificar la trama, el patrocinador decidió retirar su apoyo económico. Este movimiento dejó al proyecto sin el presupuesto previamente garantizado, obligando al equipo a asumir un riesgo mayor para mantener la película fiel a su visión original. La decisión, aunque difícil, representa un acto de coherencia que pocas veces se ve en producciones comerciales de gran escala.
La situación pone en evidencia un dilema frecuente: ¿hasta qué punto debe un creador comprometerse para proteger la integridad de una obra? Para Johansson, la respuesta fue clara: la memoria del Holocausto y su representación justa valen más que cualquier apoyo financiero. En un mundo donde las narrativas responsables enfrentan presiones constantes, su postura marca un precedente significativo.
El impacto de una decisión ética en la industria cinematográfica
El gesto de mantener firme el guion no solo afecta al proyecto en sí, sino también al ecosistema audiovisual que observa con atención cómo se equilibran los intereses económicos con la responsabilidad cultural. Quienes trabajan en responsabilidad social podrán ver en esta decisión un ejemplo de liderazgo ético que impulsa a la industria hacia prácticas más conscientes. El mensaje es claro: algunas historias merecen ser contadas sin concesiones.
Además, este caso invita a reflexionar sobre el rol de las audiencias y de las instituciones que apoyan producciones culturales. La preservación de la memoria histórica no es solo un acto artístico, sino un compromiso social. La resistencia de Johansson y su equipo contribuye a mantener viva una conversación que nunca debe cesar.
La experiencia de Scarlett Johansson como directora en Eleanor the Great muestra que, incluso en un entorno creativo, la responsabilidad social tiene un lugar innegociable. Proteger la verdad histórica y la dignidad de las víctimas del Holocausto no es solo un deber moral, sino un recordatorio de que el cine sigue siendo un espacio de expresión que debe honrar la memoria colectiva. Su determinación refuerza el valor de la ética en la producción cultural.
Este caso también plantea una invitación a reflexionar sobre cómo las decisiones individuales pueden influir en el rumbo de toda una industria. Frente a la presión y la censura, Johansson eligió la honestidad narrativa y el respeto por la historia. Y es precisamente esa elección la que resuena hoy, convirtiendo su debut detrás de la cámara en un ejemplo de liderazgo y coherencia ética que inspira más allá de la pantalla.
Presentamos los hallazgos del informe“Género y liderazgo: Navegando sesgos, oportunidades y cambio” del Instituto de Investigación Capgemini, basado en una encuesta a 2,750 líderes de grandes organizaciones en 11 países. El estudio revela que, si bien las mujeres han alcanzado la paridad en autoconfianza, persisten sesgos estructurales y nuevas barreras vinculadas a la percepción de las habilidades tecnológicas que ponen en riesgo la retención del talento femenino.
3 hallazgos clave:
Riesgo de fuga de talento directivo: Aunque el 77% de los líderes reconoce que las mujeres son tan efectivas como los hombres en roles de liderazgo, las barreras estructurales tienen un costo real: el 35% de las mujeres directivas considera abandonar su organización actual debido a obstáculos para avanzar, en comparación con el 26% de los hombres.
El sesgo de género en la tecnología: Existe una desconexión crítica en cómo se perciben las habilidades del futuro. Los hombres tienden a estereotipar competencias como la Inteligencia Artificial (IA), el análisis de datos y la agilidad como “inherentemente masculinas”. Por el contrario, las mujeres perciben estas mismas habilidades mayoritariamente como “no generizadas”, lo que sugiere una mentalidad más abierta hacia la adopción tecnológica inclusiva.
Paridad en autoconfianza: Los datos desafían la narrativa tradicional sobre la inseguridad femenina. Hoy, el 58% de las mujeres identifica la “confianza” como una de sus fortalezas clave, alcanzando una paridad técnica con los hombres (59%). Además, reportan una ventaja competitiva en habilidades humanas, con un 71% destacando su inteligencia emocional frente al 50% de los hombres.
Análisis: la confianza ya no es el problema, el entorno sí
1. La eficacia del liderazgo ya no está en duda
Se observa un consenso generalizado sobre el valor del liderazgo femenino. La mayoría de los encuestados (63% de hombres y 74% de mujeres) coincide en que la presencia de mujeres en el liderazgo impacta positivamente en el rendimiento del negocio. Sin embargo, la percepción de equidad interna no acompaña a este reconocimiento: solo la mitad de los líderes cree que la compensación es justa y equitativa en su organización, y el 53% de las mujeres afirma haber experimentado sesgos negativos en su remuneración.
2. La brecha digital como nueva frontera de desigualdad
A medida que las organizaciones priorizan la IA y la automatización, surge un riesgo de exclusión. Aunque la competencia técnica general es baja (solo el 46% de los líderes cita el uso de IA como fortaleza), el hecho de que los hombres etiqueten estas habilidades como “masculinas” podría influir negativamente en los procesos de contratación y promoción gestionados por hombres. Las mujeres, al ver estas habilidades como neutras, demuestran estar culturalmente listas para la transición digital, pero requieren acceso equitativo a la formación.
3. Un cambio de enfoque: de “arreglar a las mujeres” a “arreglar el sistema”
El informe refuta la creencia de que las mujeres necesitan más capacitación para “creérsela”. Dado que ya demuestran altos niveles de confianza y competencias clave (agilidad, inteligencia emocional), el foco estratégico debe desplazarse hacia la corrección de sesgos en el entorno. Esto incluye:
Transparencia: El 49% de los hombres y el 42% de las mujeres señalan la falta de criterios claros de promoción como una barrera principal.
Flexibilidad: Normalizar el trabajo flexible para todos los géneros, evitando que se estigmatice como un beneficio exclusivo para mujeres cuidadoras.
En febrero de 2026, por primera vez en América Latina, se llevará a cabo el Programa EVE, un innovador seminario de liderazgo interempresarial creado por Danone en 2010, apoyado por L’Oréal Groupe.
Danone y L’Oréal Groupe son aliados clave en esta iniciativa derivada de su compromiso histórico con el empoderamiento femenino y el liderazgo inclusivo. Actualmente, L’Oréal Groupe impulsa programas que abren caminos, fortalecen la autoconfianza y crean oportunidades reales para las mujeres en diferentes contextos. Por su parte, Danone, empresa comprometida con la salud a través de la alimentación, es pionera en el desarrollo del programa a nivel mundial.
La belleza rompe las barreras sociales y fortalece la dignidad. En diversos contextos, las iniciativas sociales de L’Oréal Groupe han demostrado que el cuidado personal y estético puede ser un puente hacia la reintegración social y laboral. Ejemplo de ello es el programa “Mujeres en la Ciencia”, desarrollado junto con la UNESCO, que busca reconocer la excelencia de científicas e inspirar a las jóvenes a seguir carreras relacionadas con Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM por sus siglas en inglés). Actualmente, más de 500 mujeres latinas ya han sido reconocidas.
Asimismo, “Belleza por un Futuro” ha capacitado en estilismo profesional a más de 12,000 mujeres en la región, brindándoles herramientas para su inserción laboral; “Stand Up”, iniciativa de L’Oréal Paris, ha entrenado a más de 240,000 personas en Latinoamérica para intervenir de forma segura ante el acoso callejero; mientras que “L’Oréal por la Juventud” ofrece anualmente 25,000 oportunidades de empleo a jóvenes menores de 30 años.
Al mismo tiempo, Danone reafirma su compromiso con la equidad y la inclusión, reconociendo que la diversidad es una fuente de innovación, crecimiento y cohesión social. A través de políticas inclusivas, alianzas estratégicas y programas transformadores, la compañía promueve un entorno laboral donde cada persona puede desarrollarse plenamente, sin barreras ni prejuicios.
En línea con este propósito, Danone lanzó el Programa EVE, una iniciativa pionera en el empoderamiento femenino y el liderazgo inclusivo. En alianza con L’Oréal Groupe, ambas compañías se enorgullecen de anunciar la primera edición del Programa EVE International en América Latina, que se llevará a cabo en febrero de 2026, consolidándolas como referentes en la promoción de culturas organizacionales más equitativas y humanas.
Creado en 2010, EVE invita a mujeres y hombres a “atreverse a ser ellos mismos” y a transformar sus entornos laborales desde una perspectiva más consciente e inspiradora. Nace de la convicción de que la diversidad de género en los equipos directivos impulsa el rendimiento empresarial. Su objetivo es acompañar a mujeres y hombres en su camino de liderazgo, brindándoles herramientas para superar barreras, inspirar y convertirse en agentes de cambio dentro de sus organizaciones.
Con el lema “Atrévete a ser tú y libera tu potencial”, el seminario propone una dinámica única que combina sesiones plenarias, talleres vivenciales e intercambios interempresariales. Esta metodología permite a los participantes reflexionar sobre su estilo de liderazgo, adquirir confianza y potenciar habilidades interpersonales, todo en un entorno que fomenta el diálogo y la colaboración.
Desde su creación en Francia, el Programa EVE International ha expandido su alcance a Asia, África y, ahora, por primera vez en América Latina desde México. Este año la iniciativa marcará un paso decisivo para fortalecer la cultura de liderazgo inclusivo en la región. El evento contará con la participación de directivos, gerentes y jóvenes talentos, reafirmando su compromiso con la construcción de una comunidad diversa y representativa.
Actualmente, más de 6,800 mujeres y hombres en todo el mundo han sido parte de esta experiencia que promueve un liderazgo auténtico, consciente e inspirador.
Las plenarias y talleres se desarrollan en torno a 3 temas:
Atrévete a ser tú mismo, céntrate, confía en ti y demuestra talentos. (Liderazgo auténtico, Psicología positiva, Equilibrio vital y Resiliencia).
Optimiza tus relaciones con los demás en tu vida profesional y personal. (Comunicación no violenta, estereotipos, Inteligencia Política y Narración de historias).
Inspírate a través de experiencias originales de liderazgo. (Testimonios de mujeres líderes, Sesiones de networking, talleres energizantes para cuerpo y mente).
Además de Danone y L’Oréal Groupe, el programa cuenta con el respaldo de empresas globales y de diferentes nacionalidades como Orange, Caisse des Dépôts, SNCF, Crédit Agricole, KPMG y Société Générale, consolidándose como una red interempresarial que trasciende fronteras y multiplica su impacto.
El Programa EVE América Latina no solo busca inspirar a los líderes de hoy, sino también sembrar las bases para un futuro corporativo más diverso, equitativo y sostenible. ¡Te invitamos a ser parte de esta gran experiencia!