La historia de Murray Dewey no comienza con un delito, sino con una interacción cotidiana en redes sociales. Un adolescente que, como millones en el mundo, buscaba conexión, validación y pertenencia en una plataforma diseñada para fomentar el intercambio constante. Lo que parecía una conversación inocente terminó convirtiéndose en una cadena de amenazas que su entorno nunca alcanzó a dimensionar a tiempo.
En 2023, con apenas 16 años, Murray se quitó la vida tras ser víctima de un esquema de chantaje digital que lo colocó en una situación de miedo extremo. Hoy, sus padres han decidido llevar el caso ante la justicia estadounidense, no solo para buscar reparación, sino para abrir una discusión incómoda: ¿qué responsabilidad tienen las grandes plataformas cuando el diseño de sus servicios facilita daños irreversibles?
Un engaño que escaló rápidamente
De acuerdo con Aristegui Noticias, el adolescente, originario de Dunblane, Escocia, estuvo en contacto con un perfil que se presentaba como el de una joven de su edad. Tras compartir imágenes íntimas, la persona detrás de la cuenta reveló su verdadera intención: exigir dinero bajo la amenaza de difundir el material. El cambio fue abrupto y devastador.
Como ocurre en muchos de estos casos, el agresor operó desde el anonimato y con rapidez, explotando el miedo y la vergüenza. Murray enfrentó la presión en silencio, atrapado entre la humillación pública y la sensación de no tener salida, una carga emocional difícil de procesar incluso para un adulto.
Sextorsión en Instagram: una práctica en expansión
La sextorsión en Instagram no es un fenómeno aislado ni marginal. Organizaciones como Internet Watch Foundation y Childline han documentado un incremento del 72 % en víctimas en Reino Unido en apenas un año, con adolescentes y adultos jóvenes como principales objetivos.
Este tipo de chantaje se apoya en dinámicas propias de las redes sociales: mensajes directos, construcción acelerada de confianza y ausencia de fricción para compartir contenido. Cuando el daño se materializa, la respuesta institucional suele llegar tarde, si es que llega.
El camino legal contra Meta
Tras la muerte de su hijo, la familia Dewey inició un proceso legal contra Meta en el Tribunal Superior de Delaware, jurisdicción donde muchas tecnológicas declaran su sede. La demanda sostiene que la empresa no implementó medidas suficientes para prevenir este tipo de abusos ni para detectar patrones conocidos de depredación digital.
El Social Media Victims Law Center, que representa a los padres, busca una compensación económica, pero también un precedente. Su fundador, Matthew P. Bergman, fue contundente al señalar que la compañía habría priorizado métricas de interacción por encima de la seguridad infantil, pese a conocer los riesgos.
Hablar de sextorsión en Instagram implica también analizar cómo el diseño de la plataforma puede amplificar vulnerabilidades. Algoritmos que favorecen la conexión rápida, sistemas de mensajería privada poco supervisados y procesos de denuncia complejos crean un entorno fértil para el abuso.
Para las víctimas, cada notificación puede convertirse en una amenaza. Para los agresores, el bajo riesgo percibido y la escala global son incentivos claros. En ese desequilibrio, la tecnología deja de ser neutral y pasa a tener un rol activo en la experiencia de daño.
El testimonio de una madre y la dimensión humana
Más allá de los expedientes legales, la voz de la madre de Murray aporta una dimensión humana imposible de ignorar. En declaraciones a la BBC, afirmó que la familia está dispuesta a llegar tan lejos como sea necesario, porque “ya nos ha pasado lo peor que nos podía pasar”.
Sus palabras reflejan una convicción compartida por muchas familias afectadas: cuando la pérdida es absoluta, la lucha se transforma en una forma de protección para otros. El duelo se convierte en motor de exigencia pública.
La responsabilidad social que se espera de Meta
Meta enfrenta un desafío que va más allá del cumplimiento legal. Proteger a menores en entornos digitales implica anticipar riesgos, invertir en sistemas de detección proactiva y asumir que la seguridad debe ser un indicador clave de desempeño, no un costo reputacional.
La compañía también tiene la capacidad —y la obligación ética— de colaborar con organizaciones especializadas, autoridades y comunidades educativas para generar entornos digitales más seguros. La prevención, en estos casos, no es solo una buena práctica: es una forma concreta de salvar vidas.
El caso de Murray Dewey expone con crudeza los límites del discurso tecnológico cuando no se acompaña de responsabilidad. Las plataformas que median la vida social de millones de personas no pueden desentenderse de los impactos que generan, especialmente en poblaciones jóvenes y vulnerables.
Este caso plantea una pregunta central: ¿hasta dónde llega el deber de cuidado de una empresa digital? La respuesta no se resolverá solo en tribunales, sino en la capacidad colectiva de exigir que la innovación avance al mismo ritmo que la protección de la dignidad humana.
Este año confirmó algo que en COMUNAL creemos desde el inicio: el impacto no es un discurso, es una práctica constante. En un contexto retador para las organizaciones, las marcas y la sociedad civil, aprendimos que la colaboración, la claridad estratégica y la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace son más necesarias que nunca.
Hoy quiero compartir algunos aprendizajes del año y un resumen de lo que construimos en conjunto con aliados, empresas y organizaciones que creen en el bien común.
1. El impacto necesita método, no solo intención
Las causas importan, pero sin una teoría de cambio clara, métricas y seguimiento, el impacto se diluye. Este año reafirmamos la importancia de diseñar proyectos con objetivos claros, indicadores realistas y una narrativa honesta. Pero sobre todo pasar de la intención a la acción.
2. Las empresas sí quieren involucrarse, pero necesitan guía
Muchas empresas quieren invertir en impacto social y ambiental, pero no saben por dónde empezar. Cuando se les acompaña con estructura, lenguaje claro y proyectos bien diseñados, el compromiso se vuelve sostenido.
3. La comunicación es una herramienta de transformación
Comunicar impacto no es “presumir”; es visibilizar causas, inspirar a otros y generar efecto multiplicador. Las historias bien contadas abren puertas, recursos y voluntades. En esta época en donde el contenido es el rey es fundamental generar contenido positivo y de valor.
4. El impacto comienza hacia adentro
No hay impacto externo sólido sin coherencia interna. Aprendimos que políticas claras, ética laboral y cuidado del equipo no son un lujo, sino la base para sostener cualquier proyecto social.
5. Colaborar acelera el cambio
Cuando fundaciones, empresas, activistas y comunicadores se sientan en la misma mesa, el impacto crece. Las alianzas bien pensadas generan soluciones más profundas y duraderas.
Lo que hicimos en Comunal este año
Amplificamos voces que construyen país
A través de Comunal Podcast, dimos voz a líderes sociales, activistas y organizaciones que están transformando realidades desde distintos frentes, generando conversaciones necesarias sobre impacto, empatía y responsabilidad social.
Estrategias de comunicación con impacto
Acompañamos a organizaciones y empresas en la construcción de estrategias de comunicación, marketing digital, contenido audiovisual siempre enfocadas demostrar el verdadero impacto que hay en cada esfuerzo realizado, ayudándoles a fortalecer su mensaje, su credibilidad y su alcance.
Impulsamos alianzas con causa
A través de Fundación COMUNAL logramos apoyar distintas causas, desde operaciones de paladar y labio hendido, construcción de una casa para una familia de bajos recursos, un programa anual de educación ambiental en Baja California Sur, apoyo a damnificados de las inundaciones en Veracruz y más.
Experiencias Altruistas y Eventos
Organizamos y gestionamos más de 20 eventos y Experiencias Altruistas en donde siempre consideramos temas de impact social o ambiental, para nosotros es fundamental que la gente que vive estas experiencias se lleve consigo la intención de seguir sumando para mejorar la participación social en nuestro país.
COMUNAL Talent
Lanzamos nuestro propio buró de speakers con impacto en donde buscamos inspirar a las personas a través de historias de vida de agentes de cambio, activistas y personas extraordinarias haciendo cosas a favor de nuestro país y el mundo.
El próximo año queremos seguir demostrando que el impacto social no es una tendencia, sino una responsabilidad compartida. Des de COMUNAL y Fundación Comunal seguiremos trabajando para que más empresas inviertan mejor, más organizaciones comuniquen con claridad y más causas encuentren aliados estratégicos.
Creemos que cuando el impacto se diseña con intención, se comunica con honestidad y se ejecuta con compromiso, el cambio es inevitable.
El valor del altruismo, por Aldo Farrugia
Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.
Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.
Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.
La historia reciente de BP está marcada por decisiones difíciles, cambios acelerados y una pregunta que sigue abierta: ¿cómo equilibrar rentabilidad, transición energética y legitimidad social? En ese contexto, el nombramiento de Meg O’Neill como directora general no es un ajuste menor, sino un hito corporativo. Por primera vez en su historia, la petrolera británica será dirigida por una mujer, rompiendo más de un siglo de liderazgo masculino en una de las industrias más tradicionales del mundo. El momento elegido dice tanto como la persona seleccionada.
De acuerdo con un artículo de Reuters, este cambio ocurre tras una etapa de inestabilidad en la cúpula directiva y en medio de una redefinición estratégica profunda. BP ha optado por recortar ambiciones renovables y reforzar su foco en petróleo y gas, mientras mantiene un discurso público de sostenibilidad y cero emisiones netas. La llegada de O’Neill condensa esa tensión: experiencia operativa, presión del mercado y una narrativa ASG que busca sostenerse. El liderazgo, hoy, se convierte en el principal mensaje.
BP redefine su liderazgo frente a un mercado que exige resultados
La salida abrupta de Murray Auchincloss, el segundo CEO en poco más de dos años, evidenció la urgencia de resultados tangibles. BP arrastra un desempeño bursátil inferior frente a competidores como Exxon, lo que ha incrementado la presión de accionistas e inversores activistas. El nuevo presidente del consejo, Albert Manifold, fue explícito al señalar la necesidad de mayor rigor, disciplina y diligencia para maximizar el valor para los accionistas.
La presión de Elliott Investment Management, uno de los mayores accionistas de la compañía, aceleró el ritmo de las decisiones. Para el mercado, el cambio de CEO fue interpretado como una señal de acción inmediata. BP no solo necesitaba estabilidad, sino credibilidad ejecutiva. En ese contexto…
Apostar por una líder externa rompe con una tradición centenaria y confirma que la compañía está dispuesta a reconfigurar su ADN directivo.
Meg O’Neill: la primera CEO en la historia de BP
El nombramiento de Meg O’Neill marca un antes y un después en la historia corporativa de BP. No solo se trata de su primera contratación externa para el puesto en más de un siglo, sino de la primera vez que una mujer asume la dirección general de la petrolera. Además, O’Neill es la primera mujer abiertamente gay en liderar una empresa del FTSE 100, un hecho que introduce un nuevo referente de diversidad en la alta dirección energética global.
Su perfil, sin embargo, no se construye desde el simbolismo, sino desde la ejecución. Con 23 años en Exxon y desde 2021 al frente de Woodside Energy, O’Neill ha liderado operaciones complejas y transformaciones de gran escala. Bajo su mandato, Woodside se fusionó con el negocio petrolero de BHP, creando uno de los diez mayores productores independientes de petróleo y gas del mundo. Su llegada a BP responde más a su historial operativo que a una narrativa aspiracional.
BP redefine su liderazgo y pone a prueba su marco de sostenibilidad
El giro estratégico de BP ya estaba en marcha antes del relevo en la dirección. A principios de año, la compañía recortó miles de millones de dólares en inversiones renovables y volvió a priorizar el petróleo y el gas tradicionales. Sin embargo, este movimiento convive con un marco de sostenibilidad que la empresa mantiene como pilar de su identidad corporativa. BP afirma que su propósito es suministrar energía al mundo, hoy y mañana, bajo objetivos claros de personas, planeta y cero emisiones netas.
Meg O’Neill has been appointed as bp’s next CEO, effective April next year.
Murray Auchincloss has decided to step down as CEO and will serve in an advisory role until December 2026 to ensure a smooth transition.
Su marco de sostenibilidad establece metas ambiciosas: operaciones con cero emisiones netas de alcance 1 y 2 para 2050 o antes, ventas netas cero en la intensidad de carbono de los productos energéticos que comercializa, apoyo a las personas durante la transición energética y compromisos específicos en biodiversidad y uso responsable del agua. El desafío no es el diseño del marco, sino su ejecución en un contexto de retorno a los combustibles fósiles. Ahí es donde el liderazgo se vuelve determinante.
Rentabilidad, desinversiones y decisiones incómodas
Como parte de su nueva hoja de ruta, BP se comprometió a desinvertir 20.000 millones de dólares en activos hacia 2027, reducir deuda y ajustar costos. La posible venta de su unidad de lubricantes Castrol se ha convertido en el símbolo de esta estrategia, aunque el proceso ha sido más opaco de lo esperado. Durante la última llamada de resultados, la compañía evitó dar actualizaciones, alimentando especulaciones sobre un posible replanteamiento.
Analistas ya anticipan cambios. Desde RBC se cuestiona si BP debería aplazar la venta de Castrol y reducir recompras para fortalecer el balance. La llegada de O’Neill podría inclinar la balanza hacia una visión más conservadora y financiera. Su historial sugiere decisiones pragmáticas, incluso cuando estas chocan con expectativas externas. Para una empresa que busca integrar sostenibilidad en su gobernanza, estas decisiones pondrán a prueba la coherencia entre discurso y acción.
Estados Unidos, transición y grupos de interés
Estados Unidos se consolida como una pieza clave en el futuro de BP. Más del 40% de su presupuesto de inversión se destinó al país el año pasado, con el objetivo de alcanzar una producción de un millón de barriles equivalentes diarios hacia el final de la década. Esta apuesta conecta directamente con la experiencia reciente de O’Neill, quien lideró la expansión de Woodside en ese mercado y el desarrollo de un gran proyecto de gas natural licuado en Luisiana.
Al mismo tiempo, BP insiste en un enfoque colaborativo con sus grupos de interés. Empleados, comunidades locales, gobiernos, reguladores, ONG, inversores y proveedores forman parte de una red de diálogo que la compañía considera esencial para su estrategia. Integrar sostenibilidad en la cultura, las decisiones empresariales y la gobernanza es uno de sus compromisos explícitos.
La pregunta es si este enfoque logrará sostenerse en una etapa marcada por ajustes duros y prioridades financieras.
El nombramiento de Meg O’Neill como la primera CEO en la historia de BP sintetiza el momento que atraviesa la compañía: urgencia por resultados, presión del mercado y una narrativa de sostenibilidad que busca mantenerse vigente. Su llegada representa una apuesta por experiencia, ejecución y liderazgo firme en un entorno de alta complejidad. El simbolismo del nombramiento es potente, pero su impacto real se medirá en decisiones concretas.
Para quienes analizan la responsabilidad social corporativa desde una mirada crítica, BP ofrece hoy un caso de estudio revelador. El marco de sostenibilidad está definido, los compromisos están escritos y los grupos de interés identificados. El reto será demostrar que este liderazgo puede traducir esos principios en acciones consistentes, incluso cuando el camino elegido vuelva a pasar por el petróleo y el gas. El futuro de BP no dependerá solo de su estrategia, sino de la coherencia entre lo que promete y lo que ejecuta.
El invierno, durante siglos sinónimo de frío persistente, hielo y silencio blanco, hoy se enfrenta a una pregunta incómoda. En el Ártico, la región que ha regulado el clima del planeta como un enorme refrigerador natural, los termómetros y la lluvia están contando una historia distinta. Una historia que ya no encaja con las estaciones que creíamos inmutables.
De acuerdo con The Guardian, los datos científicos más recientes muestran que el cambio climático no solo está elevando temperaturas, sino alterando los ritmos básicos de la naturaleza. El calor extremo ya no se limita al verano y sus efectos se filtran en meses que antes eran sinónimo de congelación. Este fenómeno plantea un desafío profundo: entender qué significa hoy el invierno y qué responsabilidades emergen de su transformación.
El Ártico en máximos históricos de temperatura
Entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, el Ártico registró las temperaturas más altas en 125 años de mediciones modernas. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó que los últimos diez años han sido, sin excepción, los más cálidos jamás observados en la región. Esta tendencia ya no es una anomalía: es la nueva normalidad.
El calentamiento del Ártico avanza hasta cuatro veces más rápido que el promedio global, impulsado principalmente por la quema de combustibles fósiles. Este fenómeno está deformando un sistema clave para la estabilidad climática del planeta, debilitando su capacidad de reflejar calor y amplificando los efectos del calentamiento global en otras latitudes.
Menos hielo, más lluvia: una transformación silenciosa
La extensión máxima del hielo marino en 2025 fue la más baja desde que existen registros satelitales, hace 47 años. Más alarmante aún es la pérdida del hielo más antiguo y grueso: más del 95 % ha desaparecido desde la década de 1980. El océano oscuro que queda absorbe más calor, acelerando el círculo vicioso del calentamiento.
A este panorama se suma un récord histórico de precipitaciones. Gran parte de esa humedad ya no cae como nieve, sino como lluvia, incluso en meses tradicionalmente invernales. En junio, la cobertura de nieve en el Ártico era apenas la mitad de la registrada hace seis décadas, una señal clara de un cambio estructural.
Redefinir el “invierno” desde la ciencia
Los científicos han observado con sorpresa cómo el calor de otras estaciones se manifiesta también en pleno invierno. El crecimiento anual del hielo marino se ha visto afectado durante los meses que deberían ser los más fríos, y la extensión del hielo ha marcado mínimos históricos incluso recientemente.
Matthew Langdon Druckenmiller, editor del informe anual del Ártico, advierte que ahora llueve en invierno, algo impensable hace apenas unas décadas. Para la comunidad científica, este fenómeno obliga a replantear conceptos básicos y a redefinir el “invierno” como una estación cada vez más inestable, marcada por temperaturas fluctuantes y precipitaciones líquidas.
Impactos directos en comunidades y ecosistemas
Estos cambios no son abstractos. Para la fauna ártica, la lluvia sobre la nieve puede congelarse y formar capas de hielo que impiden el acceso al alimento. Para las comunidades humanas, estas condiciones generan rutas más peligrosas, mayor riesgo de accidentes y una creciente incertidumbre sobre formas de vida ancestrales.
El retroceso de glaciares también incrementa el riesgo de inundaciones repentinas, como ocurrió recientemente en Juneau, Alaska. Estos eventos muestran cómo la crisis climática ya no es un problema futuro, sino una realidad que afecta la seguridad, la movilidad y la economía local.
Redefinir el “invierno” y sus efectos globales
La pérdida de hielo marino no eleva directamente el nivel del mar, pero la desaparición de glaciares terrestres sí lo hace. Solo en 2025, la capa de hielo de Groenlandia perdió 129 mil millones de toneladas de hielo, una cifra que tendrá consecuencias durante generaciones para las ciudades costeras del mundo.
Zack Labe, climatólogo de Climate Central, señala que los efectos del calentamiento del Ártico se propagan en cascada. La pesca se ve alterada, los precios de los alimentos marinos aumentan y las ciudades costeras enfrentan riesgos para los que no están preparadas. Lo que ocurre en el Ártico no se queda en el Ártico.
Una estación que ya no es la misma
Hablar hoy de invierno implica reconocer que las categorías climáticas tradicionales están quedando obsoletas. El Ártico nos muestra, con datos contundentes, que el planeta está entrando en una fase de transformación acelerada, donde incluso las estaciones más estables pierden su definición histórica.
Para quienes trabajan en responsabilidad social, este escenario refuerza la urgencia de integrar la crisis climática en la toma de decisiones empresariales, sociales y públicas. Comprender que estamos obligados a redefinir el “invierno” es también aceptar que debemos redefinir nuestra relación con el entorno y asumir un compromiso colectivo frente a un clima que ya cambió.
El panorama energético global de 2025 dejó una imagen tan poderosa como inquietante, pues, según información de Eco-Business, mientras las energías renovables aceleraron su crecimiento, la dependencia de los combustibles fósiles se mantuvo prácticamente intacta. Esta contradicción energética expuso la distancia entre los compromisos climáticos asumidos por los gobiernos y las decisiones reales que están marcando el rumbo del sistema energético mundial. El resultado fue un año de avances tecnológicos, pero también de emisiones récord y señales políticas confusas.
Dos años después de que los países acordaran transitar hacia el abandono de los combustibles fósiles, el carbón, el petróleo y el gas siguieron ocupando un lugar central en la matriz energética. De acuerdo con el Proyecto Global de Carbono, las emisiones de dióxido de carbono alcanzaron nuevos máximos, confirmando que la transición avanza, pero no a la velocidad ni en la dirección necesarias. Así, 2025 se consolidó como el año de la contradicción energética, donde el progreso y el retroceso coexistieron.
Cuando las renovables avanzan, pero no desplazan a los fósiles
Uno de los hitos más relevantes de 2025 fue que, por primera vez, la energía solar superó al carbón en la combinación eléctrica global durante la primera mitad del año. Según Ember Energy, este avance estuvo impulsado principalmente por China, seguida de Estados Unidos y la Unión Europea, y permitió cubrir una parte importante del aumento en la demanda energética mundial. Este dato fue celebrado como una señal clara de que la transición energética es técnicamente posible.
Sin embargo, este avance debe leerse con cautela. A pesar de su crecimiento acelerado, la energía solar apenas representó el 8.8 % de la generación eléctrica global, frente al 6.9 % del año anterior. Es decir, aunque el ritmo de expansión es notable, su peso relativo sigue siendo limitado frente a las fuentes tradicionales. Esta tensión es uno de los núcleos de la contradicción energética que marcó el año.
La expansión renovable, lejos de sustituir de forma directa a los combustibles fósiles, convivió con ellos. En lugar de desplazar carbón, petróleo y gas, gran parte de la nueva capacidad limpia se destinó a satisfacer una demanda energética creciente. Esto permitió que las emisiones siguieran aumentando, aun cuando la infraestructura renovable avanzaba a un ritmo histórico.
Contradicción energética: IA, geopolítica y seguridad energética
La inteligencia artificial se convirtió en un nuevo factor de presión sobre los sistemas energéticos. La Agencia Internacional de Energía advirtió que la demanda energética asociada a la IA podría cuadruplicarse hacia 2030, impulsada por centros de datos y servicios digitales. Esta tendencia añadió urgencia a la expansión de la generación eléctrica, pero también complicó los objetivos climáticos.
Al mismo tiempo, la geopolítica volvió a inclinar la balanza hacia la seguridad energética por encima de la acción climática. En un contexto de tensiones internacionales, los países priorizaron garantizar el suministro de energía, incluso si ello implicaba prolongar el uso de combustibles fósiles. Consultoras como McKinsey anticipan que estas fuentes seguirán teniendo un peso significativo en la matriz energética más allá de 2050.
Esta combinación de factores profundizó la contradicción energética: mientras la ciencia insiste en una transición rápida hacia energías limpias, la realidad política y económica empuja en sentido contrario. La IA y la geopolítica se convirtieron así en aceleradores de una demanda que el sistema aún satisface, en gran medida, con fuentes altamente contaminantes.
Retrocesos en Estados Unidos y Europa frente al avance asiático
En 2025, Estados Unidos y Europa se alejaron del liderazgo climático que habían intentado construir en años previos. Tras la llegada de Donald Trump a la presidencia, el gobierno estadounidense revirtió políticas de energía limpia, recortó subsidios a proyectos renovables y facilitó nuevas licencias de petróleo y gas. Además, se impulsó activamente a la industria del carbón para atender la creciente demanda eléctrica de los centros de datos.
Los datos de Ember muestran que, mientras China e India lograron reducir la generación basada en combustibles fósiles durante la primera mitad del año, Estados Unidos y Europa se movieron en la dirección opuesta. Este retroceso tuvo implicaciones globales, pues debilitó la señal política necesaria para acelerar la transición energética a escala internacional.
En otras regiones, la situación no fue más alentadora. La exploración de combustibles fósiles continuó incluso en zonas ambientalmente vulnerables, como la selva amazónica. Estos movimientos confirmaron que la contradicción energética no es solo tecnológica, sino profundamente política y territorial.
La transición energética también es una crisis de talento
Más allá de la generación de energía, 2025 evidenció otro desafío estructural: la falta de trabajadores cualificados para sostener la transición. Según la AIE, el sector energético empleó a 76 millones de personas en 2024, pero enfrenta serias dificultades para cubrir puestos técnicos clave en energías limpias, redes eléctricas y mantenimiento especializado.
El problema se agrava por el envejecimiento de la fuerza laboral. En áreas críticas como las profesiones vinculadas a la red eléctrica, por cada nuevo trabajador que ingresa, 1.4 personas se jubilan. Esta brecha amenaza con frenar la expansión de parques solares y eólicos, incluso cuando existe inversión y voluntad tecnológica.
Sin una estrategia clara de formación y atracción de talento, la transición energética corre el riesgo de quedarse sin manos que la ejecuten. Así, la contradicción energética de 2025 no solo se expresó en megavatios y emisiones, sino también en la capacidad humana para sostener el cambio.
La transición avanza, pero en direcciones opuestas
El balance de 2025 deja una lección incómoda: el crecimiento de las energías renovables no garantiza, por sí solo, la reducción del uso de combustibles fósiles. Mientras la demanda energética global siga aumentando y las decisiones políticas prioricen la seguridad inmediata sobre el clima, la contradicción energética seguirá marcando el rumbo del sector.
Para quienes trabajan en responsabilidad social y sostenibilidad, el mensaje es claro. La transición energética requiere coherencia entre políticas públicas, inversión privada, innovación tecnológica y desarrollo de talento. Sin esa alineación, el mundo seguirá avanzando y retrocediendo al mismo tiempo, atrapado en una contradicción que el clima ya no puede permitirse.
La pobreza suele narrarse a través de cifras de ingreso, líneas de bienestar o porcentajes oficiales. Sin embargo, en la práctica cotidiana de la responsabilidad social, esa mirada resulta limitada para comprender por qué millones de personas, aun con trabajo, permanecen atrapadas en condiciones de vulnerabilidad estructural. La discusión actual exige ir más allá del dinero y observar cómo se acumulan y se refuerzan distintas carencias.
En ese cruce entre datos, experiencias comunitarias y toma de decisiones corporativas surge un enfoque que ha transformado la forma de diagnosticar los problemas sociales. Entender qué es la pobreza multidimensional no solo amplía el análisis técnico, también redefine el papel de empresas, gobiernos y organizaciones en la construcción de soluciones de largo plazo.
Más allá del ingreso: qué es la pobreza multidimensional
Hablar de qué es la pobreza multidimensional implica reconocer que la exclusión social no se manifiesta de una sola forma. Una persona puede generar ingresos, pero carecer de acceso a servicios de salud, educación de calidad o vivienda digna, lo que limita su desarrollo integral.
Este enfoque parte de la idea de que las carencias se superponen y se refuerzan entre sí. No tener seguridad social aumenta la vulnerabilidad ante enfermedades; una educación incompleta reduce oportunidades laborales; la falta de servicios básicos deteriora la calidad de vida cotidiana.
Este marco permite comprender que los programas aislados rara vez generan cambios sostenibles. La intervención debe considerar el conjunto de privaciones que configuran la experiencia real de la pobreza.
El origen del enfoque y su relevancia global
La medición multidimensional surge como respuesta a la insuficiencia de los indicadores tradicionales. Organismos internacionales y centros académicos impulsaron metodologías que integran derechos sociales, bienestar y condiciones de vida, no solo capacidad de consumo.
Este cambio conceptual tuvo un impacto directo en las políticas públicas. Al identificar múltiples dimensiones de la pobreza, los gobiernos comenzaron a diseñar estrategias más focalizadas y a priorizar poblaciones históricamente invisibilizadas.
En el ámbito corporativo, esta evolución abrió la puerta a una gestión social más estratégica. Ya no se trata solo de filantropía, sino de entender cómo las operaciones empresariales inciden —positiva o negativamente— en varias dimensiones del bienestar social.
Dimensiones que revelan desigualdades estructurales
Comprender qué es la pobreza multidimensional implica analizar dimensiones como educación, salud, alimentación, vivienda, acceso a servicios y cohesión social. Cada una representa un derecho cuya ausencia limita las capacidades individuales y colectivas.
Estas dimensiones permiten detectar desigualdades profundas que el ingreso no refleja. Dos hogares con recursos económicos similares pueden enfrentar realidades completamente distintas según su acceso a infraestructura, redes de apoyo o servicios públicos.
Este análisis ofrece una ventaja clave: priorizar intervenciones con base en evidencia y no solo en percepciones, fortaleciendo así la credibilidad y el impacto de las estrategias sociales.
Implicaciones para la estrategia de responsabilidad social
Adoptar una visión multidimensional cambia la forma de diseñar programas sociales. Las empresas pueden identificar qué dimensiones están más relacionadas con su cadena de valor y enfocar ahí sus esfuerzos, generando impactos más coherentes y medibles.
Por ejemplo, una organización con alta demanda de mano de obra puede incidir en educación, salud ocupacional y seguridad social, contribuyendo a romper ciclos de vulnerabilidad laboral que perpetúan la pobreza.
Este enfoque también favorece la alineación con estándares ESG y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, integrando la responsabilidad social al corazón del negocio y no como una acción periférica.
Medición, datos y toma de decisiones informadas
La medición multidimensional aporta una lectura más rica de la realidad social. Al cruzar indicadores, se identifican patrones de exclusión que ayudan a anticipar riesgos sociales, reputacionales y operativos para las organizaciones.
Contar con este tipo de datos permite evaluar el impacto real de las intervenciones sociales. No basta con reportar beneficiarios; es necesario entender si las acciones reducen carencias de manera sostenida en el tiempo.
Para profesionales del sector, esta lógica fortalece la rendición de cuentas y eleva el nivel del diálogo con inversionistas, autoridades y comunidades, al basarse en evidencia sólida y comparable.
Del diagnóstico a la acción colectiva
Reconocer la complejidad de la pobreza exige colaboración. Ningún actor puede abordar por sí solo todas las dimensiones involucradas, lo que hace indispensable el trabajo intersectorial.
Las alianzas entre empresas, gobiernos, academia y sociedad civil permiten articular capacidades y recursos. Cuando cada parte comprende dónde puede generar mayor impacto, las soluciones dejan de ser fragmentadas.
En este punto, la responsabilidad social madura se convierte en un catalizador de cambio sistémico, capaz de incidir en las causas profundas de la exclusión y no solo en sus síntomas visibles.
Entender qué es la pobreza multidimensional transforma la manera en que se conciben los problemas sociales y las soluciones posibles. Para quienes trabajan en responsabilidad social, este enfoque no es solo un marco teórico, sino una herramienta estratégica que orienta decisiones más éticas, efectivas y sostenibles. Al asumir la complejidad de la pobreza, se abre la oportunidad de generar impactos reales que trasciendan el corto plazo y contribuyan a un desarrollo verdaderamente inclusivo.
El mundo se encuentra en una encrucijada humanitaria. A medida que las necesidades mundiales alcanzan máximos históricos y la financiación para la ayuda se desploma, World Vision advierte de un punto de inflexión crítico para los niños y niñas más vulnerables del mundo.
El último informe del Panorama Humanitario Mundial (Global Humanitarian Overview, GHO) presenta una situación muy preocupante: uno de cada cinco niños o niñas en todo el mundo vive en zonas de conflicto o huye de ellas, mientras que 239 millones de personas necesitan asistencia humanitaria. Sin embargo, la respuesta es vacilante. A finales de noviembre, la financiación humanitaria había alcanzado solo los 12.000 millones de dólares, el nivel más bajo en diez años. Si se tiene en cuenta la inflación, el déficit es aún más acusado, lo que erosiona el valor real de la ayuda y limita la capacidad de responder a las crisis cada vez más graves.
“El trabajo humanitario se encuentra bajo una presión sin precedentes. Los conflictos armados, las crisis climáticas y los desplazamientos se están intensificando, mientras que la falta de financiación obliga a tomar decisiones dolorosas. Nuevos recortes podrían poner en peligro a millones de personas, especialmente a la infancia que se enfrenta a una grave inseguridad alimentaria y al desplazamiento”, afirma Isabel Gomes, responsable global de Gestión de Desastres de World Vision. “Sin embargo, nuestro compromiso con los niños y niñas y las comunidades que se encuentran en primera línea de la crisis sigue siendo inquebrantable”.
Déficit de financiación y decisiones difíciles
El resumen del Panorama Humanitario Global subraya la creciente brecha entre las necesidades y los recursos. La financiación humanitaria ha disminuido año tras año, lo que ha obligado a las agencias de ayuda humanitaria a tomar decisiones dolorosas sobre quién recibe ayuda vital.
En 2025, desaparecieron las últimas redes de seguridad para millones de personas. Las clínicas de salud cerraron sus puertas, se recortó la ayuda alimentaria, desaparecieron los programas de nutrición, los servicios de protección dejaron de funcionar, se agotó la ayuda en efectivo, se interrumpió el suministro de agua y los refugios quedaron en ruinas.
En medio de un panorama donante difícil y conflictos arraigados, las profundas raíces locales, la presencia global y las alianzas de World Vision permitieron una respuesta rápida a 104 emergencias este año. Como ejecutora de programas de ayuda en efectivo y alimentos, la organización distribuyó 276 millones de dólares en efectivo y vales y entregó el 85 % de su ayuda alimentaria total en entornos frágiles.
Algunas de las operaciones humanitarias más grandes y de más rápido crecimiento de World Vision se llevan a cabo en países como Sudán, Chad, la República Democrática del Congo, Líbano y Myanmar, que se enfrentan a necesidades de una gravedad sin precedentes y se encuentran entre los más afectados, con millones de personas desplazadas.
La organización sigue prestando ayuda a gran escala, integrando el trabajo humanitario y de desarrollo, al tiempo que invierte en innovación, fortalece el liderazgo local y refuerza la rendición de cuentas, garantizando que la infancia no solo sobreviva, sino que prospere.
Sin embargo, World Vision advierte que el cambio de prioridades de los donantes y la reducción del enfoque en la seguridad amenazan con erosionar los principios humanitarios que protegen a los niños y niñas y las comunidades.
“El coste de la inacción no solo se mide en vidas perdidas, sino en futuros perdidos. Por eso es fundamental dar forma al futuro de la acción humanitaria”, afirma Isabel Gomes.
La organización insta a sus socios, gobiernos, donantes y al público en general a trabajar juntos para construir un mundo en el que todos los niños y niñas puedan prosperar, incluso en los contextos más frágiles.
El Hub de América Latina y el Caribe de GivingTuesday presenta “Generosidad en América Latina y el Caribe 2025: Explorando nuestras identidades filantrópicas”, la segunda edición de su informe anual sobre las prácticas de generosidad en la región. El reporte reúne datos, tendencias y perspectivas sobre cómo dan y donan las personas en cada uno de los países de la región, ofreciendo una visión amplia del ecosistema filantrópico en América Latina y el Caribe.
El panorama más completo de la filantropía regional
Consolidando investigaciones de fuentes como el World Giving Report, el Global Philanthropy Environment Index y estudios nacionales de Brasil, Chile, México y más, esta segunda edición ofrece el análisis más completo disponible hasta ahora sobre cómo, cuánto y por qué las personas dan en América Latina y el Caribe.
En un año en que muchas organizaciones de la sociedad civil enfrentan recortes en cooperación internacional y mayores restricciones al espacio cívico, los datos revelan patrones inesperados que entregan señales alentadoras para el sector.
La generosidad en América Latina y el Carbe es, ante todo, relacional
“El 35% de latinoamericanos dona directamente a personas o familias necesitadas, superando significativamente al 26% que dona a organizaciones benéficas y al 20% que dona a organizaciones religiosas,” señala JP Vergueiro, Director del Hub de América Latina y el Carbie de GivingTuesday. “Este patrón refleja tradiciones comunitarias profundamente arraigadas de solidaridad y reciprocidad. También significa que las métricas tradicionales probablemente han subestimado la verdadera generosidad en nuestra región durante años”.
Los países más ricos de América Latina están entre los menos generosos. En las tres economías más prósperas del cono sur (Chile, Argentina y Uruguay) las personas donan apenas 0.6% de sus ingresos. Mientras tanto, en Centroamérica y el Caribe, a pesar de tener economías más pequeñas las personas donan más. Por ejemplo, en Honduras y República Dominicana, las personas donan 1.38% y 1.17% respectivamente.
¿Qué encontrarás?
Cuatro secciones exploran desde la “identidad filantrópica” regional hasta el panorama comparativo global. La principal innovación del reporte es la incorporación de fichas para los 33 países, que revelan por primera vez la magnitud de las brechas de datos y la invisibilidad casi total del Caribe en la investigación internacional.
Las recomendaciones finales plantean líneas de acción para fundaciones, investigadores, organizaciones sociales y formuladores de políticas: desmitificar la filantropía, visibilizar la generosidad que ya florece en América Latina y el Caribe y construir sistemas que la fortalezcan en la región.
Acceso al reporte: La versión completa está disponible aquí.
La Tierra está entrando en una fase inédita de su historia climática. Al acercarnos —e incluso rozar de forma temporal— el umbral de 1.5 °C de calentamiento global, el planeta comienza a mostrar señales claras de estrés sistémico. Eventos extremos más frecuentes, ecosistemas degradados y una creciente inestabilidad climática ya no son anomalías, sino parte de una nueva normalidad que redefine la relación entre la humanidad y el sistema terrestre.
Este contexto es especialmente preocupante porque no todos los cambios climáticos son reversibles. La ciencia advierte que estamos peligrosamente cerca de activar procesos que, una vez iniciados, no podrían detenerse aunque las emisiones se redujeran drásticamente después. Estos procesos se conocen como puntos de no retorno climático, y su cercanía eleva el riesgo de impactos catastróficos que exceden las capacidades tradicionales de adaptación y gestión del riesgo.
¿Qué son los puntos de no retorno climático y por qué importan ahora?
Los puntos de no retorno climático son umbrales críticos del sistema terrestre que, al ser superados, desencadenan cambios abruptos, autoalimentados y en gran medida irreversibles. A diferencia de los impactos graduales del cambio climático, estos procesos pueden acelerarse de forma no lineal y mantenerse durante siglos o incluso milenios, alterando de manera permanente el equilibrio del planeta.
Principales puntos de no retorno climático identificados por la ciencia
Colapso de la capa de hielo de Groenlandia A partir de cierto nivel de calentamiento, la pérdida de masa de hielo se vuelve irreversible, comprometiendo la estabilidad del nivel del mar a escala global durante siglos.
Inestabilidad de la Antártida Occidental El retroceso de glaciares marinos podría acelerar el aumento del nivel del mar, afectando regiones costeras densamente pobladas y sistemas urbanos críticos.
Degradación irreversible de la Amazonía La combinación de deforestación y aumento de temperatura puede llevar a un cambio de estado del ecosistema, reduciendo drásticamente su capacidad de absorber carbono.
Deshielo del permafrost Libera grandes cantidades de metano y dióxido de carbono, intensificando el calentamiento mediante retroalimentaciones difíciles de controlar.
Colapso de los arrecifes de coral La acidificación y el calentamiento oceánico amenazan con la pérdida casi total de estos ecosistemas, esenciales para la biodiversidad y la seguridad alimentaria.
Estar “cerca” de estos puntos no implica necesariamente que ya se hayan cruzado, sino que el margen de seguridad se ha reducido drásticamente. El Informe Global de Puntos de Inflexión 2025 (GTP), elaborado con la participación de 160 autores de 23 países y 87 instituciones, señala que varios sistemas clave ya muestran signos de inestabilidad a niveles de calentamiento cercanos a 1.5 °C. En este escenario, pequeñas variaciones adicionales de temperatura pueden detonar respuestas desproporcionadas del sistema climático.
Riesgos sistémicos de acercarnos a los puntos de no retorno climático
De acuerdo con el GTP, el primer gran riesgo es perder el control del sistema climático. Al activarse uno o varios puntos de no retorno, se generan retroalimentaciones positivas que refuerzan el calentamiento global, incluso sin un aumento adicional significativo de emisiones humanas. Esto podría empujar al planeta hacia estados climáticos mucho más cálidos y menos habitables.
Desde una perspectiva social, los impactos se multiplican. Aumentan la inseguridad alimentaria, los desplazamientos forzados y la exposición a crisis sanitarias, especialmente en regiones ya vulnerables. Los puntos de no retorno climático no solo representan un desafío ambiental, sino un detonador de crisis humanitarias interconectadas.
En el plano económico y político, estos cambios amenazan la estabilidad global. La pérdida de ecosistemas clave, el estrés sobre los recursos hídricos y alimentarios, y el aumento de eventos extremos pueden intensificar tensiones geopolíticas y profundizar las desigualdades. El informe subraya que estos riesgos no se distribuyen de manera equitativa, planteando un desafío central para la justicia climática y la responsabilidad social.
Qué recomienda el informe para minimizar la crisis climática
Cambiar la estrategia climática global
El informe es contundente: la prioridad debe ser reducir de inmediato y de forma sostenida las emisiones de gases de efecto invernadero. Cada décima de grado cuenta para evitar los puntos de no retorno climático, y retrasar la acción incrementa exponencialmente los riesgos. Apostar por reducciones futuras o compensaciones inciertas ya no es una estrategia viable.
Transformar la gobernanza climática
Se requiere un cambio profundo en la forma en que se gobierna la acción climática. Esto implica pasar de compromisos voluntarios a marcos regulatorios vinculantes, fortalecer la cooperación internacional y garantizar financiamiento suficiente. La gobernanza debe integrar criterios de justicia climática y responsabilidad histórica, reconociendo que los impactos no afectan a todos por igual.
Reformar los sistemas alimentarios
El informe identifica a los sistemas alimentarios como un eje clave de la crisis climática. Reducir la presión sobre ecosistemas críticos, transformar los modelos de producción y consumo, y disminuir el desperdicio de alimentos son acciones esenciales para limitar el calentamiento y evitar puntos de no retorno.
Proteger y restaurar ecosistemas clave
La protección de bosques, océanos, humedales y otros ecosistemas estratégicos es fundamental para mantener la estabilidad climática. Estos sistemas funcionan como amortiguadores naturales y su degradación acerca peligrosamente al planeta a cambios irreversibles. Restaurarlos no es opcional, sino una estrategia climática central.
Acelerar una transición justa
Finalmente, el informe subraya que la acción climática solo será efectiva si es socialmente justa. Esto implica proteger a las comunidades más vulnerables, invertir en capacitación y empleo verde, y asegurar que la transición no profundice desigualdades existentes. Evitar los puntos de no retorno climático requiere un enfoque que combine ambición ambiental con equidad social.
El límite no es abstracto, es ahora
Hablar de puntos de no retorno ya no es una advertencia lejana, sino una descripción precisa del momento histórico que atravesamos. La cercanía a los puntos de no retorno climático redefine la urgencia de la acción y expone los límites de las respuestas incrementales. El margen de maniobra existe, pero se está cerrando rápidamente.
Para quienes trabajan en responsabilidad social, sostenibilidad y toma de decisiones estratégicas, el mensaje es claro: no se trata solo de gestionar impactos, sino de evitar umbrales que harían insuficiente cualquier esfuerzo posterior. La ciencia ha trazado el mapa de los riesgos; ahora, la diferencia entre cruzar o no esos límites depende de las decisiones que se tomen hoy.
El greenwashing en 2025 adquirió una nueva dimensión: ya no se trató únicamente de exagerar atributos ambientales, sino de vaciar de contenido compromisos climáticos previamente anunciados. Según información de Eco- Business, el fenómeno del greenrinsing se volvió especialmente visible cuando empresas multinacionales como Shell, BP, Unilever, Volvo y Coca-Cola, que habían prometido alcanzar emisiones netas cero comenzaron a retrasar plazos, debilitar metas o eliminar silenciosamente objetivos intermedios. Esta práctica no solo confundió a los mercados y a los consumidores, sino que evidenció la fragilidad de las promesas voluntarias en ausencia de mecanismos de rendición de cuentas.
A la par, sectores altamente contaminantes reforzaron narrativas tecnológicas que funcionaron como coartadas para la inacción. En 2025, las tecnologías de captura, uso y almacenamiento de carbono (CCUS) fueron presentadas como soluciones climáticas maduras, pese a su limitada eficacia demostrada a gran escala. Bajo este discurso, el gas natural fue reetiquetado como “combustible de transición” o incluso “energía limpia”, justificando la expansión de infraestructura fósil en un momento en el que la ciencia climática exige reducciones inmediatas y profundas de emisiones.
A su vez, el uso indebido de instrumentos financieros y de mercado profundizó esta tendencia. En regiones como el Sudeste Asiático, los créditos de carbono se consolidaron como la forma más común de lavado de imagen verde, mientras que los préstamos vinculados a la sostenibilidad comenzaron a generar dudas sobre su capacidad real para financiar transformaciones ambientales. Lejos de acelerar la transición, estos mecanismos fueron utilizados para mantener el statu quo, desplazando la atención de las reducciones estructurales de impacto hacia métricas opacas y difíciles de verificar.
El contexto político y regulatorio terminó de vaciar la narrativa verde. Durante la COP30, los gigantes del petróleo y el gas lanzaron campañas publicitarias masivas con mensajes favorables al clima, justo antes de unas negociaciones dominadas por lobbistas de combustibles fósiles y que concluyeron sin un acuerdo para eliminar progresivamente la energía sucia. Al mismo tiempo, el retroceso regulatorio en algunos bloques —como la retirada de la Directiva de Declaraciones Verdes de la Unión Europea— contrastó con el endurecimiento de normas a nivel nacional y con multas millonarias en países como Australia y Corea del Sur.
Es en este contexto de retrocesos, falsas soluciones y pérdida de credibilidad donde se inscriben los casos de empresas que, a lo largo del año, fueron señaladas por engañar al consumidor con afirmaciones de sostenibilidad que no resistieron el análisis. A continuación, se presentan algunos de los ejemplos más representativos de este patrón:
8 marcas acusadas de greenwashing en 2025
1. Toyota: soluciones climáticas que retrasan la transición
Durante la COP30, Toyota fue señalada por Greenpeace por promover prototipos de vehículos impulsados por biocombustibles como una vía viable para la descarbonización del transporte. La organización denunció que esta narrativa desvía la atención de la electrificación, una tecnología clave para reducir emisiones de manera efectiva. Además, advirtió que la expansión de biocombustibles puede afectar bosques tropicales y la seguridad alimentaria. La crítica se agravó al recordar que Toyota va rezagada en la electrificación de su flota. En el contexto del greenwashing en 2025, el caso evidenció el uso de falsas soluciones para mantener modelos tradicionales.
Las implicaciones ambientales son profundas, ya que estudios citados por Greenpeace estiman que los biocombustibles podrían emitir hasta 70 millones de toneladas adicionales de CO₂e anuales para 2030. Para los consumidores, estas narrativas generan confusión sobre qué tecnologías realmente contribuyen a la acción climática. Para las marcas comprometidas con la transición energética, este tipo de prácticas diluye el valor de los esfuerzos genuinos. También debilita la credibilidad del sector automotriz en su conjunto. En suma, refuerza la percepción de que el greenwashing en 2025 sigue siendo una estrategia de retraso.
2. Shein: sostenibilidad diluida en la moda ultrarrápida
Shein fue multada en Italia con un millón de euros por utilizar mensajes de sostenibilidad considerados vagos, emotivos o directamente engañosos. Las autoridades concluyeron que la marca exageró la reciclabilidad de sus productos y sugirió sistemas circulares inexistentes. También se cuestionaron las credenciales ambientales de su línea “evoluSHEIN by design”. Los reguladores señalaron inconsistencias entre sus objetivos climáticos y el aumento real de sus emisiones en 2023 y 2024. El caso se convirtió en uno de los ejemplos más visibles de greenwashing en 2025.
El impacto de este tipo de prácticas va más allá de la sanción económica. La moda ultrarrápida es una de las industrias más contaminantes del mundo, por lo que hacer afirmaciones verdes sin sustento agrava su huella ambiental. Para los consumidores, estas narrativas crean una falsa sensación de consumo responsable. Para las marcas que sí invierten en modelos circulares reales, el daño reputacional es colectivo. Así, Shein ejemplifica cómo el greenwashing en 2025 perpetúa modelos de producción insostenibles.
3. Banana Boat: arrecifes como argumento de marketing
Edgewell Group, propietaria de Banana Boat, enfrentó demandas en Estados Unidos y Australia por promocionar sus bloqueadores solares como “respetuosos con los arrecifes”. Aunque los productos no contenían ciertos químicos ampliamente prohibidos, sí incluían otras sustancias tóxicas para los corales. Las autoridades argumentaron que estas afirmaciones inducían a error al consumidor. El caso expuso cómo etiquetas aparentemente responsables pueden ocultar impactos ambientales reales. En el marco del greenwashing en 2025, el uso de términos absolutos sin respaldo científico fue clave.
Las consecuencias ambientales son especialmente graves al tratarse de ecosistemas altamente vulnerables como los arrecifes de coral. Para los consumidores, confiar en estas afirmaciones implica decisiones de compra basadas en información incompleta o falsa. Para las marcas realmente comprometidas con la protección marina, estas prácticas banalizan los estándares ambientales. Además, el hecho de que Banana Boat mantenga mensajes similares en otros mercados muestra la fragmentación regulatoria. Este caso ilustra cómo el greenwashing en 2025 sigue aprovechando vacíos legales.
4. Nike: cuando “sostenible” no significa nada
En diciembre, el regulador publicitario del Reino Unido prohibió anuncios de Nike por el uso indebido del término “sostenible”. La marca promovía prendas como fabricadas con “materiales sostenibles” sin explicar qué significaba esto ni aportar evidencia clara. La autoridad concluyó que el mensaje podía inducir a error al consumidor promedio. El fallo se dio en una ronda que también afectó a otras marcas de moda. Así, Nike se convirtió en un referente del greenwashing en 2025 dentro del sector textil.
El problema de fondo es la dilución del lenguaje de la sostenibilidad. Cuando marcas globales utilizan términos ambiguos, erosionan la confianza del consumidor y vacían de contenido conceptos clave. Esto dificulta que el público identifique esfuerzos reales de reducción de impacto. Para las empresas comprometidas, competir en un mercado saturado de mensajes vacíos resulta cada vez más complejo. El caso demuestra que el greenwashing en 2025 también opera a través de palabras aparentemente inofensivas.
5. TotalEnergies: descarbonización en el discurso, expansión en la práctica
Un tribunal de París declaró ilegal la publicidad de TotalEnergies por lavado de imagen verde, marcando un precedente histórico. La petrolera se presentaba como “actor clave en la transición energética” mientras continuaba expandiendo proyectos de petróleo y gas. El fallo cuestionó directamente la coherencia entre su discurso y sus operaciones. Se trató de la primera sentencia de este tipo contra la narrativa climática de la industria petrolera. En el contexto del greenwashing en 2025, el caso tuvo un efecto simbólico y jurídico.
Las implicaciones son profundas para el sector energético. Para el medio ambiente, legitimar la expansión fósil bajo un discurso verde retrasa la reducción real de emisiones. Para los consumidores y la opinión pública, se refuerza la desconfianza hacia las promesas corporativas. Además, la sentencia sienta un precedente que podría limitar futuras campañas engañosas. TotalEnergies mostró cómo el greenwashing en 2025 puede convertirse en un riesgo legal de alto impacto.
6. Woolworths: compromisos de no deforestación debilitados
Woolworths fue cuestionada por vaciar su compromiso de no deforestación al clasificar la carne de res como un producto de “bajo riesgo”. Organizaciones ambientales denunciaron que la empresa seleccionó de manera conveniente criterios de la regulación europea EUDR. Esto contrastó con su propio informe de 2024, donde reconocía a la ganadería como un factor clave de deforestación en Australia. El cambio generó dudas sobre la integridad de sus evaluaciones. El caso se inscribe en las formas más sutiles de greenwashing en 2025.
Este tipo de prácticas tiene efectos significativos sobre los bosques y la biodiversidad. Para los consumidores, genera una percepción distorsionada sobre el impacto real de los productos que adquieren. Para las marcas que sí enfrentan de manera transparente los riesgos de deforestación, estas estrategias debilitan los estándares del sector. Además, demuestra cómo los informes de sostenibilidad pueden convertirse en herramientas de maquillaje. Woolworths ejemplifica el greenwashing en 2025 a través de métricas flexibles.
7. Apple: neutralidad de carbono bajo cuestionamiento
Apple enfrentó una demanda colectiva en California por afirmar que ciertos modelos de Apple Watch eran “neutrales en carbono”. La empresa basó esta afirmación en la compra de compensaciones de carbono en proyectos ubicados en Kenia y China. Los demandantes argumentaron que dichos proyectos no generaban reducciones de emisiones reales ni adicionales. En agosto, se prohibió a Apple continuar utilizando este tipo de declaraciones. El caso se volvió emblemático del greenwashing en 2025 ligado a compensaciones.
La controversia puso en evidencia los límites del uso de créditos de carbono como sustituto de reducciones reales. Para el medio ambiente, depender de compensaciones de baja integridad retrasa la acción climática efectiva. Para los consumidores, se erosiona la confianza en marcas percibidas como líderes en innovación. Además, afecta a empresas que sí priorizan la reducción directa de emisiones. Apple mostró cómo el greenwashing en 2025 puede surgir incluso en estrategias climáticas sofisticadas.
8. DWS: sostenibilidad exagerada para atraer inversión
DWS, la división de inversión de Deutsche Bank, fue multada con 25 millones de euros por engañar a los inversionistas sobre sus credenciales de inversión sostenible. Las autoridades concluyeron que la firma exageró el alcance de sus criterios ESG en materiales de marketing. El caso cerró una investigación iniciada años antes y que incluyó allanamientos en Fráncfort. La propia empresa reconoció que su comunicación había sido “exuberante”. Así, DWS se convirtió en uno de los casos financieros más relevantes de greenwashing en 2025.
El impacto de este tipo de prácticas es sistémico. Cuando el greenwashing alcanza al sector financiero, el capital se dirige a proyectos que no generan beneficios ambientales reales. Para los inversionistas, se socava la confianza en los productos ESG. Para el mercado, se distorsiona el propósito de la inversión sostenible. DWS demuestra que el greenwashing en 2025 no solo afecta al consumo, sino a la arquitectura financiera de la sostenibilidad.
Por qué el greenwashing es tan grave
El greenwashing no es solo un problema de marketing; es una amenaza directa a los esfuerzos globales por la sostenibilidad. Cuando grandes marcas engañan, ralentizan la acción climática y normalizan la inacción bajo discursos verdes.
Además, distorsiona la competencia: las empresas que sí invierten en transformación enfrentan desventajas frente a quienes solo invierten en narrativa. Esto desalienta la innovación y perpetúa modelos insostenibles.
Evitar el greenwashing implica transparencia, métricas claras y rendición de cuentas. En un mundo que ya no tiene margen para falsas soluciones, la honestidad corporativa es una condición mínima, no un valor agregado.
Cuando el marketing verde deja de ser creíble
El greenwashing en 2025 dejó una lección contundente: la sostenibilidad sin sustancia tiene consecuencias legales, reputacionales y ambientales. Las multas, demandas y prohibiciones publicitarias muestran que el escrutinio llegó para quedarse.
Para las empresas, el mensaje es claro: o se transforma el modelo de negocio, o se pierde la confianza. En un contexto de crisis climática, el costo de engañar ya no es simbólico, es estructural.