En Grupo Educación creen que la responsabilidad social se construye a partir de acciones que reflejan sus valores y fortalecen el vínculo con las comunidades. A través del voluntariado corporativo, sus colaboradores y colaboradoras participan activamente en iniciativas que generan impacto social y promueven una cultura de solidaridad y compromiso.
Durante 2024, impulsaron distintas acciones de voluntariado enfocadas en el bienestar de la niñez y el fortalecimiento comunitario.
1. Casa Hogar Casa de las Mercedes
En el marco del Día Internacional de la Mujer, 17 colaboradoras y 4 consejeras participaron en actividades recreativas y mensajes de empoderamiento dirigidos a 55 niñas en situación de vulnerabilidad. Además, se realizó una donación en especie con alimentos, productos de limpieza e higiene personal, contribuyendo a cubrir necesidades básicas y apoyar la labor cotidiana de la institución.
2. Brincando por ti
En 2024, 33 colaboradores se sumaron a este voluntariado mediante un reto de brincos de cuerda para recaudar fondos a favor de la Casa Hogar Asilo Primavera. La iniciativa permitió sensibilizar sobre la importancia del esfuerzo colectivo, impactó a 43 niñas y niños y logró recaudar $33,342 pesos destinados a su bienestar.
3. Mochilas con causa
En octubre de 2024, llevaron a cabo este voluntariado en la Casa Hogar Asilo Primavera, donde entregaron mochilas a niñas y niños como apoyo a su desarrollo académico. La jornada incluyó actividades de convivencia que fortalecieron los vínculos emocionales y el sentido de comunidad.
En Grupo Educación están convencidos de que el voluntariado fortalece su cultura organizacional y contribuye a la construcción de entornos más solidarios, justos y comprometidos con el bienestar social.
Las mujeres emprendedoras en México se encuentran incursionando cada vez más dentro del ámbito empresarial. Aun así, es bien sabido que la brecha de género persiste y se requieren esfuerzos de apoyo para que las mujeres no solamente emprendan, sino que sus negocios sean sostenibles en el largo plazo.
Conscientes de la urgencia por hacer equipo con las emprendedoras en el ámbito tecnológico, así como la adopción de herramientas digitales que impulsen la educación, crecimiento y desarrollo e estas compañías en México y Latinoamérica, Aurora Tech, el premio global impulsado por inDrive presentó su lista de las 100 fundadoras más prometedoras de 2026. Esta presea tiene por objetivo impulsar a fundadoras tecnológicas de mercados emergentes.
En esta edición del Aurora Tech, 8 mexicanas se posicionaron entre las 100 fundadoras: Anaís Cisneros con Amela, que brinda tutoría personalizada a través de una plataforma tecnológica; Belén Espinosa con Prueba mi Ride, que impulsa la movilidad sostenible; Jazmín Anouna con La floración, que impulsa el trabajo colaborativo en comunidades a través de la IA; Jeanne Solofrizzo con BuscoRoomies, que promueve la vivienda segura a través de programas creados con IA; Karina Schwartzman con Colectivo SEED, que impulsa la construcción sostenible; María Román con Reserva, que desarrolla herramientas de gestión empresarial digital; Patricia Florencia con Pilou, que impulsa la gestión de riqueza con IA, y Regina Paredes Gorostieta Jiménez con Muevetex, que impulsa la movilidad eficiente con tecnología geoespacial.
La edición 2026 del premio registró un récord de 3.400 postulaciones de 127 países, frente a 2,018 candidaturas de 116 países el año pasado. Las solicitudes provinieron principalmente de Nigeria, Kazajistán, Kenia, Colombia, Egipto, Brasil, India, Chile, Pakistán y México, lo que confirma el crecimiento y alcance global de la innovación liderada por mujeres.
Emprendimientos con enfoque de impacto social
Las fundadoras trabajan en campos muy diversos, desde bienestar y longevidad hasta plataformas médicas digitales y tecnología deportiva, pero todas comparten una misma intención: crear soluciones reales para necesidades cotidianas en sus comunidades. En los países con mayor participación, la IA se ha vuelto una herramienta clave en muchos de estos proyectos, y cada vez más emprendedoras conectan su trabajo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU, mostrando una evolución hacia iniciativas con un impacto social más profundo.
En cuanto a capital, en América Latina el monto promedio solicitado por startups en etapa temprana se mantuvo por debajo de USD 1 millón: Colombia reportó alrededor de USD 620 mil, México cerca de USD 500 mil, Chile casi USD 400 mil y Perú entre USD 300 mil y 340 mil, para escalar sus respectivas empresas.
“De entre más de 3,400 solicitudes, nuestro Top 100 representa al 3% superior, fundadoras verdaderamente excepcionales. Están creando empresas comercialmente potentes y que definen categorías, capaces de resolver problemas reales a los que se enfrentan sus comunidades y mercados. Estamos encantadas de que hayan decidido presentar su candidatura y orgullosas de destacar su impacto”, mencionó Isabella Ghassemi-Smith, Directora del Aurora Tech Award.
Las finalistas se anunciarán en febrero de 2026 y las ganadoras serán reconocidas en una ceremonia global a finales del mismo año. Además del reconocimiento internacional, las emprendedoras seleccionadas podrán acceder a premios en efectivo —incluyendo US $50,000 para el primer lugar, US $20,000 para el segundo y US $15,000 para el tercero— así como a mentorías especializadas, visibilidad global y acceso a una red internacional de inversionistas y aliados estratégicos. Para consultar la lista completa, ingresa al siguiente enlace.
En un contexto de retos globales como el cambio climático, la escasez de recursos y la creciente demanda de productos saludables y accesibles, es fundamental generar conocimiento que permita diseñar alimentos más seguros, nutritivos y sostenibles, y que a la vez respondan a las necesidades sociales, ambientales y de salud. Por ello, la alimentación del futuro requiere soluciones basadas en evidencia científica, innovación tecnológica y colaboración interdisciplinaria, así lo destacaron especialistas durante el VIII Congreso de Ingeniería en Alimentos: FoodTech Evolution, organizado por la Universidad Iberoamericana.
La investigación científica y la innovación en la industria alimentaria impulsan la transformación de los alimentos, desde nuevas técnicas de procesamiento y conservación, hasta la formulación de productos más funcionales y de mayor calidad nutricional. Estos avances contribuyen a reducir desperdicios, prolongar la vida útil de los alimentos y garantizar su disponibilidad, fortaleciendo la seguridad alimentaria y ampliando el acceso a opciones seguras y nutritivas para más personas.
Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), más de un tercio de los alimentos producidos a nivel mundial nunca se consumen, lo que representa una pérdida de recursos naturales, económicos y humanos sin precedente. Además, los recursos del planeta se están utilizando 80% más rápido de lo que pueden regenerarse, lo que subraya la urgencia de transformar los sistemas alimentarios hacia modelos más eficientes y sostenibles, donde la ciencia y la tecnología de alimentos ocupan un papel central.
“Espacios como el FoodTech Evolution cobran una relevancia especial ya que más allá de ser un evento académico, el Congreso representa una plataforma de reflexión y colaboración entre estudiantes, investigadores y líderes del sector comprometidos con transformar los sistemas alimentarios desde una perspectiva sostenible, inclusiva e innovadora”, señaló Alejandra Cantoral, académica de la Ibero, quien participó en la mesa Procesamiento de alimentos y salud: Evidencias y controversias sobre los ultraprocesados, de este octavo congreso.
A lo largo de conferencias, talleres y paneles, se abordaron temas como el procesamiento inteligente de alimentos, reformulación de productos, trazabilidad, economía circular y equidad en la cadena alimentaria, todos ellos esenciales para construir sistemas alimentarios más resilientes. En el caso del procesamiento, por ejemplo, se destacó que, apoyado en la ciencia, es un aliado estratégico del futuro alimentario al permitir optimizar recursos, mantener la calidad nutricional y funcionalidad de los productos, y ofrecer soluciones convenientes sin comprometer la seguridad ni la sostenibilidad.
Además, durante el evento se destacó la importancia de tomar decisiones de consumo basadas en evidencia científica, evitando interpretaciones simplistas o estigmatizantes de ciertos alimentos o ingredientes. Y es que fomentar un consumo informado fortalece la confianza de la sociedad en los procesos, productos y profesionales que conforman el sistema alimentario, y permite que la innovación y la ciencia tengan un impacto real en la vida cotidiana de los consumidores.
“Tenemos que hablar con los alumnos, ellos son el futuro de esta profesión que combatirá el hambre. Debemos olvidar la palabra de ultraprocesados. Los alimentos son crudos, procesados (y todos procesamos nuestros alimentos en nuestras casas, en nuestras cocinas, básicamente todos) o industrializados, porque salen de una fábrica. Lo que debe saber el consumidor es que todos los alimentos disponibles son seguros para su consumo, en lo que debemos enfocarnos en todo caso es en su perfil nutricional”, destacó Márcia Terra, miembro del Consejo de la National Association for Diabetes Care, ANAD por sus siglas en inglés y experta en Nutrición.
Por su parte, Adriana Quintero, nutrióloga especializada en inocuidad y ciencia de alimentos, ex consultora de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aseguró que los aditivos tienen una funcionalidad, sin embargo, el término de ultraprocesados es impreciso, por lo que deberíamos centrarnos en la composición del alimento, independientemente de dónde o cómo fue procesado. “El término ha sido incorrecto, y puede llevar interpretaciones erróneas o estigmatizantes, lo que puede generar confusión en la calidad alimentaria y desalentar el uso de tecnologías que mejoren la calidad de los alimentos”.
Así, la colaboración entre academia, industria y comunidad, junto con espacios de diálogo como el FoodTech Evolution, demuestra que reunir distintas perspectivas es clave para generar debate, aprendizaje y creación de soluciones que impulsen un futuro alimentario más sostenible, saludable y accesible para las próximas generaciones.
Durante este año, la marca de baterías automotrices LTH reafirmó su compromiso con la responsabilidad social y la sostenibilidad a través las Eco Jornadas, programa de educación ambiental que a través de talleres, dinámicas y pláticas interactivas buscan generar conciencia en el cuidado del planeta, registrando uno de los cierres más sólidos desde su creación. A lo largo de 2025, la iniciativa integró educación ambiental, participación comunitaria y fortalecimiento del negocio, consolidándose como una plataforma de impacto integral en México y Centroamérica.
En territorio nacional, las Eco Jornadas superaron los 263 mil participantes, lo que representa un crecimiento del 22% frente al ejercicio anterior. Este avance refleja la expansión constante del programa y una mayor cercanía con comunidades, escuelas y distribuidores, aliados estratégicos clave para amplificar estos resultados.
Uno de los logros más destacados de 2025 fue el fortalecimiento del modelo uno a uno con distribuidores, que amplió su operación de ocho a 12 centros activos y alcanzó a 6 mil participantes, logrando un crecimiento de 50%. A nivel nacional se alcanzó presencia en más de 25 ciudades del país, mientras que la participación en proyectos culturales como el Festival Papirolas y Cumbre Tajín, impactaron a 11 mil asistentes, creciendo un 57% respecto a 2024. Por otro lado, en Centroamérica, las Eco Jornadas alcanzaron a 25 mil personas (un incremento del 37.5%) con operaciones en Costa Rica, Guatemala, Honduras y República Dominicana.
Desde su lanzamiento en 2010, las Eco Jornadas han beneficiado directamente a más de 1.7 millones de personas -principalmente a niños de primaria- y han generado un impacto indirecto superior a los 7 millones. Cabe destacar que, en el periodo comprendido entre octubre de 2024 y septiembre de 2025, el programa alcanzó su máximo registro histórico anual al beneficiar alrededor de 300,000 personas, reafirmando su relevancia como una iniciativa de largo plazo con resultados exponenciales.
Con estas acciones, la marca LTH posiciona a las Eco Jornadas como una iniciativa regional líder que impulsa la educación ambiental, el uso responsable de los recursos y la participación ciudadana activa.
México se encuentra entre los diez países con mayor generación de residuos electrónicos a nivel mundial, un fenómeno derivado del alto consumo de dispositivos por tendencias donde el avance de la tecnología y el contar con dispositivos de última generación son primordiales. Este volumen de desechos, conocido también como el e-waste, presenta serios desafíos ambientales y económicos alrededor del mundo.
La cantidad de residuos electrónicos generados anualmente en el país es significativa. Los datos más recientes de informes como el Observatorio Internacional sobre Residuos Electrónicos de la ONU, indican que en 2022 México produjo aproximadamente 1.5 millones de toneladas de basura electrónica, es decir, el equivalente a llenar cinco o hasta seis veces la capacidad del Estadio Azteca. Por ende, a nivel individual, cada ciudadano mexicano genera cerca de 12 kilogramos de residuos electrónicos anualmente. Mientras que únicamente para la Ciudad de México, esta cifra que se proyecta es de 320 toneladas por día y 12.6 kg por persona de forma anual.
La composición de estos residuos abarca una amplia gama de productos, siendo los más comunes: equipos de cómputo de escritorio y portátiles; smartphones, tabletas, pantallas y monitores; así como electrodomésticos de diferentes tamaños como refrigeradores, lavadoras, hornos de microondas y otros aparatos de cocina.
El manejo de los residuos electrónicos también muestra un amplio margen de mejora en la región de América Latina, donde el porcentaje de residuos electrónicos que se recupera formalmente es muy bajo, llegando a niveles cercanos al 3%. Específicamente en México, la tasa de reciclaje formal oscila entre el 4% y el 10% del total generado. El remanente se dirige a rellenos sanitarios o circuitos informales, donde se extraen materiales de valor, liberando metales pesados altamente tóxicos como plomo y mercurio, lo que representa un riesgo para la salud y el medio ambiente.
De acuerdo con estimaciones del mismo informe, si se mantiene el ritmo acelerado de generación de residuos como hasta ahora, en 2030 se generarán a nivel mundial cerca de 82 mil millones de kilogramos de residuos electrónicos. Por ello, la economía circular ofrece alternativas basadas en la reutilización y reacondicionamiento de los dispositivos para minimizar este impacto.
Empresas como Reducto, startup mexicana de tecnología circular, demuestran que la extensión de la vida útil de los dispositivos puede ser una estrategia efectiva para mitigar el daño medioambiental de la industria, por medio de un modelo de negocio basado en el reacondicionamiento certificado de equipos premium como smartphones y tabletas priorizando la reducción de los desechos electrónicos al ofrecer equipos reacondicionados con garantía y trazabilidad en su plataforma web y aplicación móvil.
El impacto ambiental de la estrategia es tangible. Al año, se producen cerca de 30 millones de smartphones en el mundo que generan emisiones equivalentes a 150 mil automóviles y consumen el agua de 900 mil albercas olímpicas. Reutilizar un dispositivo, por el contrario, genera un ahorro aproximado de 15 mil litros de agua y un 87% del uso de materiales crudos, además de evitar entre el 70% y el 85% de las emisiones de dióxido de carbono que se generarían al fabricar un equipo nuevo.
Estrategias Personales para Reducir el E-Waste
La mitigación de este problema también requiere un cambio en el comportamiento del consumidor. Reducto recomienda la aplicación de hábitos enfocados en prolongar la vida útil de la tecnología y asegurar su disposición final formal:
● Consumo Responsable: Evitar el consumo impulsivo y evaluar si la compra de un nuevo dispositivo es una necesidad real, optando por la calidad y durabilidad
● Priorizar la Reparación: Optar por reemplazar o reparar componentes dañados (como baterías o pantallas) antes de desechar el dispositivo completo
● Cuidado Diario: Implementar acciones para mantener la funcionalidad de los equipos, como evitar el sobrecalentamiento, usar protectores contra sobretensiones, y apagar los equipos regularmente
● Elegir Reutilización o Donación: Dar una segunda vida al equipo, bien sea a través de la venta a empresas de reacondicionamiento como Reducto, o donándolo a escuelas o albergues
● Disposición Adecuada: Cuando el equipo ya no es funcional, debe entregarse en programas oficiales de acopio o en los programas de devolución que ofrecen los fabricantes, en lugar de tirarlos a la basura común.
Para conocer más información acerca de los productos, servicios y procesos de recompra y reacondicionamiento de Reducto, visita su página web reducto.mx, descarga la app de Reducto para iOS, y consulta sus redes sociales en InstagramReducto MX y LinkedInReducto
El 2025 será recordado como un año de contrastes en la agenda climática. Mientras el debate político internacional mostró señales de fatiga —con acuerdos debilitados y una retórica más moderada—, la innovación tecnológica siguió avanzando con una lógica propia, más ligada a la eficiencia, la competitividad y la viabilidad económica que al discurso.
En ese contexto, la conversación sobre sostenibilidad se desplazó del “qué deberíamos hacer” al “qué ya funciona”. Lejos de promesas futuristas, varias soluciones demostraron que la transición puede acelerarse cuando la tecnología madura y encuentra incentivos reales para escalar. Así, las tecnologías limpias en 2025 se convirtieron en un termómetro claro de hacia dónde se está moviendo la acción climática en los hechos.
5 tecnologías limpias en 2025:
1. La inteligencia artificial como aliada energética
De acuerdo con un artículo de edie, la inteligencia artificial dejó de ser solo una promesa digital para convertirse en un factor estructural del sistema energético. El crecimiento acelerado de los centros de datos elevó la preocupación por su consumo eléctrico, que hoy crece varias veces más rápido que la demanda global promedio. Sin embargo, este reto también abrió la puerta a una nueva generación de eficiencias.
Durante 2025, la IA se utilizó para optimizar el diseño, la operación y la gestión energética de estas infraestructuras críticas. Desde plataformas de control inteligente hasta software capaz de reducir picos de consumo, la innovación se enfocó en hacer más con menos energía, no solo en consumir más.
Al mismo tiempo, la presión sobre la red impulsó inversiones en fuentes como la geotermia avanzada y la energía nuclear de nueva generación. La lección fue clara: la digitalización puede tensionar al sistema, pero también ofrecer herramientas clave para descarbonizarlo.
2. El dominio silencioso de la energía solar
La energía solar confirmó su papel como columna vertebral de la transición energética. En 2025, las nuevas instalaciones crecieron a un ritmo sin precedentes, impulsadas principalmente por Asia, mientras Europa consolidó capacidades ya existentes y enfrentó nuevos retos regulatorios y de planeación.
Más allá de los megavatios instalados, la innovación se concentró en destrabar cuellos de botella. Nuevos modelos de financiamiento facilitaron el acceso a sistemas solares para hogares y empresas, mientras herramientas digitales redujeron tiempos y costos en proyectos a escala de red.
En el plano tecnológico, las células solares de perovskita marcaron un hito al mejorar la eficiencia de los paneles tándem. Este avance confirmó que incluso una tecnología madura sigue teniendo margen para evolucionar y aportar más valor climático por cada metro cuadrado instalado.
3. Baterías más baratas: el acelerador de la transición energética
Las baterías protagonizaron uno de los avances más estratégicos del año: la caída sostenida de sus costos. En 2025, los precios de las baterías de ion-litio alcanzaron mínimos históricos, haciendo más accesible tanto la movilidad eléctrica como el almacenamiento de energía renovable.
Este abaratamiento fortaleció la capacidad de integrar fuentes intermitentes como la solar y la eólica, reduciendo la dependencia de respaldos fósiles. Además, permitió el despliegue de sistemas de almacenamiento a gran escala, fundamentales para la estabilidad de la red.
En paralelo, surgieron innovaciones en nuevas químicas y formatos, desde baterías de flujo a base de agua hasta microrredes móviles. El mensaje fue contundente: sin almacenamiento asequible, no hay transición energética viable.
4. Biocarbón: una solución climática subestimada
El biocarbón pasó de ser una tecnología de nicho a ganar mayor legitimidad científica. Estudios recientes demostraron que su capacidad de almacenar carbono de forma estable había sido infravalorada en los modelos climáticos tradicionales, abriendo nuevas oportunidades para su escalamiento.
Producido a partir de residuos orgánicos, el biocarbón no solo evita emisiones asociadas a la descomposición, sino que mejora la salud del suelo y puede integrarse en cadenas productivas existentes. Esta multifuncionalidad lo posicionó como una solución atractiva para sectores agrícolas e industriales.
Durante 2025, la innovación se centró en diversificar sus aplicaciones, desde materiales de construcción hasta empaques sostenibles. Más que una moda, el biocarbón confirmó su papel como tecnología madura con impacto climático tangible.
5. Marcos metalorgánicos: ciencia premiada con potencial climático
El reconocimiento con el Premio Nobel a los marcos metalorgánicos (MOF) puso en el radar público a un material con enorme potencial para la descarbonización. Su estructura altamente porosa permite capturar y liberar moléculas como CO₂ o hidrógeno con gran eficiencia.
Lo relevante en 2025 no fue solo el premio, sino la reducción de costos y el creciente interés industrial. Startups comenzaron a producir MOF en formatos más fáciles de integrar en procesos existentes, acercando esta tecnología del laboratorio al mercado.
BREAKING 🚨🚨🚨🚨
Palestinian chemist and researcher, Omar Yaghi, awarded the 2025 Nobel Prize in Chemistry for his groundbreaking contributions to metal–organic framework science. SHARE THIS. SHOW THE WORLD PALESTINE IS CAPABLE!!! 🇵🇸🇵🇸🇵🇸🇵🇸 pic.twitter.com/0TrjvrnS6h
Las aplicaciones en captura de carbono y almacenamiento energético posicionaron a los MOF como una de las apuestas más prometedoras a mediano plazo. Un recordatorio de que la ciencia básica sigue siendo clave para resolver desafíos sistémicos.
Las historias que marcaron el año muestran que la transición climática no avanza de manera uniforme, pero sí constante. Mientras algunos sectores enfrentan estancamientos políticos o regulatorios, la innovación tecnológica sigue encontrando caminos para escalar soluciones que ya son competitivas.
En conjunto, estas cinco experiencias reflejan el verdadero pulso de las tecnologías limpias en 2025: menos discursos grandilocuentes y más avances concretos. El reto ahora no es imaginar el futuro, sino acelerar la implementación de lo que ya sabemos que funciona.
Lo que revela el nacimiento de Grupo Más Vuelos desde la lupa ESG
El anuncio del 18 de diciembre de 2025 marcó un punto de inflexión en la aviación mexicana. Volaris y VivaAerobus acordaron conformar Grupo Más Vuelos, un holding que concentrará cerca del 70% del mercado doméstico de pasajeros. La operación, descrita como una “fusión entre iguales”, mantiene marcas y operaciones independientes, pero integra estructuras corporativas para ganar escala en un sector presionado por altos costos de flota, combustible y cadena de suministro.
Desde una perspectiva financiera y operativa, la lógica es clara. En un entorno de márgenes estrechos y alta volatilidad, crecer en escala es una estrategia defensiva. La pregunta relevante, desde una óptica de sostenibilidad, responsabilidad social y criterios ESG, no es si la integración tiene sentido económico, sino qué implica ese nuevo tamaño para la forma en que el grupo deberá ser observado y evaluado.
Una nueva escala cambia las reglas del juego
La creación de un holding de esta magnitud no es neutra desde el punto de vista de la gestión responsable. La escala transforma las expectativas. Un actor que concentra una porción tan relevante del mercado deja de ser solo un competidor eficiente y se convierte en un jugador sistémico, con impactos amplificados en lo ambiental, lo social y lo reputacional.
Desde la lupa ESG, la arquitectura corporativa abre posibilidades que antes no existían: un marco único de políticas en ética, anticorrupción, derechos humanos, protección de datos personales y cumplimiento; una gobernanza más robusta mediante comités transversales de riesgos, sostenibilidad, ciberseguridad o auditoría; y una mayor capacidad para ordenar, medir y reportar riesgos no financieros de manera consolidada.
En lo ambiental, la escala permite decisiones coordinadas sobre flota —ambas aerolíneas operan aviones Airbus de nueva generación—, una aproximación más estructurada al uso de combustibles sostenibles de aviación (SAF) y una gestión más consistente de las emisiones. También habilita mejores sistemas de medición, indispensables para avanzar hacia reportes que integren Scopes 1, 2 y, eventualmente, 3.
En la dimensión social y de gobernanza, el nuevo tamaño del grupo amplifica su relación con reguladores, inversionistas, aeropuertos, proveedores y comunidades, al tiempo que eleva las expectativas sobre cómo gestiona información sensible, como los datos personales de millones de pasajeros en un entorno cada vez más digitalizado.
Conviene subrayarlo desde ahora: la estructura lo permite, pero no lo garantiza.
Lo que hoy se comunica… y lo que queda implícito
Las declaraciones públicas de los presidentes de ambas aerolíneas ayudan a entender con claridad el punto de partida del nuevo grupo. El énfasis está puesto en crecimiento, precios bajos, eficiencia operativa y expansión de la conectividad.
Enrique Beltranena, presidente y CEO de Volaris, señaló que la formación del holding permitirá impulsar el crecimiento de la aviación en México “en línea con el modelo de precios bajos y vuelos punto a punto”. En el mismo sentido, Juan Carlos Zuazua, presidente y CEO de VivaAerobus, destacó la posibilidad de ofrecer tarifas ultrabajas y mayor conectividad, con beneficios para pasajeros, economías y comunidades locales.
Leídas desde una óptica ESG, estas declaraciones son consistentes con el momento del sector y con la naturaleza de la decisión. También muestran con claridad lo que hoy no está en el centro del discurso. La sostenibilidad, la gobernanza ASG, los compromisos ambientales consolidados o la gestión de riesgos no financieros aparecen de forma implícita —como condiciones para que la eficiencia funcione—, pero no como ejes estratégicos explícitos del nuevo holding.
La decisión de mantener marcas separadas refuerza esta lectura: sugiere autonomía operativa y una baja urgencia por armonizar políticas sociales, ambientales o de gobernanza en el corto plazo. No es que los criterios de gestión responsable estén ausentes; no ocupan hoy el centro de la narrativa.
El verdadero riesgo: crecer sin elevar el estándar
Aquí es donde el análisis ESG deja de ser narrativo y se vuelve estructural. Un holding que concentra cerca del 70% del mercado doméstico no solo gana escala: asume un rol sistémico dentro del sector. Eso cambia la naturaleza del riesgo.
El primer impacto no es reputacional, sino regulatorio y operativo. A mayor concentración, mayor escrutinio de autoridades, mayor sensibilidad ante fallas de servicio, mayor exigencia en cumplimiento normativo y menor margen de error. Decisiones que antes afectaban a una aerolínea ahora pueden afectar al funcionamiento del mercado completo.
En paralelo, emergen riesgos financieros y de acceso a capital. Inversionistas institucionales y acreedores con criterios ESG no observan solo indicadores ambientales o sociales aislados, sino la capacidad de gobernar riesgos no financieros en organizaciones complejas. Una integración que no eleva su estándar de gobernanza, control interno y gestión de datos puede enfrentar mayores costos de financiamiento, restricciones o exclusiones silenciosas.
En lo ambiental, el riesgo es igualmente estructural. En una industria intensiva en emisiones, la escala amplifica la huella climática y reduce la tolerancia a estrategias fragmentadas. Sin una visión consolidada de flota, combustibles sostenibles y reducción de emisiones, el crecimiento deja de ser ventaja y se convierte en pasivo frente a reguladores, mercados y alianzas internacionales.
Y en la dimensión digital y social, la concentración eleva exponencialmente la exposición. Millones de pasajeros, bases de datos integradas, sistemas interconectados y relaciones laborales más complejas hacen que las brechas de ciberseguridad, los conflictos laborales o las fallas operativas ya no sean incidentes, sino eventos de alto impacto sistémico.
Desde esta óptica, no elevar el estándar de gestión responsable al mismo ritmo que el crecimiento no es una omisión reputacional. Es una decisión que incrementa riesgos estratégicos, operativos y financieros.
Qué habrá que observar a partir de ahora
Para quienes siguen la agenda ESG, el nacimiento de Grupo Más Vuelos obliga a cambiar el marco de observación. A partir de ahora, no bastará con revisar iniciativas aisladas o buenas prácticas por aerolínea; habrá que mirar decisiones estructurales a nivel holding.
Más que discursos, será clave observar si la integración se traduce en instancias reales de gobernanza capaces de gestionar riesgos sistémicos: comités con peso institucional, códigos de ética y políticas de protección de datos armonizadas, y mecanismos efectivos de supervisión. En el plano ambiental, el foco no estará solo en anuncios, sino en si el grupo define metas consolidadas en emisiones, flota y combustibles sostenibles, coherentes con su nueva huella y escala operativa.
La transparencia será otro termómetro crítico. Avanzar hacia reportes integrados y comparables dirá más sobre la madurez del grupo que cualquier mensaje aspiracional. Y, en la dimensión social, habrá que observar cómo se gestionan relaciones laborales, diversidad y experiencia del pasajero en un mercado altamente concentrado, donde el margen de error es cada vez menor.
Estas señales permitirán distinguir si el nuevo grupo entiende su tamaño como una responsabilidad estructural que exige elevar estándares, o simplemente como una ventaja competitiva que maximiza eficiencia sin asumir plenamente sus implicaciones.
Una lectura final desde Expok
Desde la redacción de ExpokNews, la integración entre Volaris y VivaAerobus no puede leerse únicamente como una jugada financiera exitosa. Marca el inicio de una etapa distinta para la aviación mexicana, en la que la escala deja de ser solo una ventaja competitiva y se convierte en una fuente de responsabilidades ampliadas.
El tamaño que hoy hace conveniente esta alianza también eleva el nivel de riesgo, de impacto y de expectativas sobre cómo se gobierna el negocio. En ese contexto, la gestión responsable deja de ser un atributo aspiracional y pasa a formar parte del permiso social para operar. Y ese permiso, a diferencia de las sinergias financieras, no se decreta: se construye —o se pierde— con decisiones consistentes y resultados verificables.
En un sector tan visible, tan regulado y tan expuesto como la aviación, crecer sin elevar el estándar de gestión responsable no es una omisión menor ni un problema de narrativa. Es un riesgo estratégico de primer orden. Y los riesgos que no se gestionan a tiempo, inevitablemente, terminan por materializarse.
Durante años, muchas empresas trataron los temas ambientales, sociales y de gobernanza como un complemento reputacional. Algo deseable, pero no indispensable. Sin embargo, el contexto actual —marcado por crisis climáticas, presión regulatoria y expectativas sociales más altas— ha dejado claro que la sostenibilidad ya no es periférica, sino estructural. No verla así tiene consecuencias profundas.
El problema es que esos impactos no siempre se reflejan de inmediato en el estado de resultados. Son costos silenciosos que se acumulan en forma de riesgos, pérdida de confianza y decisiones mal informadas. Entender ese “costo invisible” es clave para cualquier organización que aspire a ser competitiva y resiliente en el largo plazo.
El riesgo que no aparece en los reportes financieros
Las organizaciones suelen medir lo que es tangible: ingresos, gastos, márgenes. Pero muchos riesgos críticos hoy se mueven fuera de esos indicadores tradicionales. Conflictos socioambientales, malas prácticas laborales o fallas de gobernanza pueden incubarse durante años antes de detonar una crisis.
Cuando estos riesgos se materializan, el impacto es abrupto: sanciones, cierres operativos, boicots o litigios. Lo costoso no es solo la multa o la pérdida puntual, sino el tiempo, la energía y el capital que se destinan a apagar incendios que pudieron prevenirse.
La ausencia de una estrategia ASG deja a la empresa reaccionando, no anticipando. Y en un entorno volátil, reaccionar siempre sale más caro que prevenir.
Decisiones estratégicas tomadas con información incompleta
La alta dirección toma decisiones basadas en datos. El problema surge cuando esos datos no incorporan variables sociales, ambientales o de gobernanza. Entonces, inversiones que parecen rentables en el corto plazo pueden convertirse en pasivos en el mediano.
Por ejemplo, expandirse a una región sin analizar el contexto social o hídrico puede generar conflictos comunitarios que frenen el proyecto. O depender de proveedores sin estándares laborales claros puede romper la cadena de valor ante cualquier auditoría externa.
Sin integrar estos factores, la planeación estratégica se vuelve miope. La empresa avanza, sí, pero sin ver todo el terreno que pisa.
Cuando la estrategia ASG no existe, la reputación paga el precio
La reputación corporativa no se construye con campañas, sino con coherencia. Hoy, stakeholders cada vez más informados —inversionistas, talento, consumidores— contrastan el discurso con la práctica. Y cuando encuentran inconsistencias, la confianza se erosiona rápidamente.
No contar con una narrativa clara y respaldada por acciones medibles deja a la empresa vulnerable a acusaciones de oportunismo o greenwashing. Incluso el silencio puede interpretarse como falta de compromiso o transparencia.
Reconstruir credibilidad es uno de los procesos más costosos que existen. Requiere tiempo, evidencia y, muchas veces, cambios estructurales que pudieron haberse implementado antes y con menor fricción.
Talento que se va y conocimiento que se pierde
Las nuevas generaciones de profesionales no solo buscan salario y prestaciones. Buscan propósito, coherencia y valores compartidos. Cuando una empresa no tiene una hoja de ruta clara en temas ASG, el mensaje implícito es que estos asuntos no son prioritarios.
Esto impacta directamente en la atracción y retención de talento clave. La rotación aumenta, el compromiso disminuye y se pierde conocimiento organizacional que no siempre es fácil de reemplazar.
El costo de volver a contratar, capacitar e integrar equipos es alto. Pero el costo de una cultura desconectada del contexto social es aún mayor.
El acceso al capital se vuelve más caro
El mundo financiero ha cambiado. Bancos, fondos e inversionistas institucionales incorporan criterios ASG en sus evaluaciones de riesgo. No hacerlo ya no es neutral: es una desventaja competitiva.
Las empresas sin una estrategia ASG sólida suelen enfrentar mayores tasas de financiamiento o, directamente, quedar fuera de ciertos portafolios. No por ideología, sino por gestión de riesgos.
Aquí el costo invisible se traduce en oportunidades perdidas: proyectos que no se financian, expansiones que se retrasan, crecimiento que se frena.
La desconexión con el entorno como riesgo sistémico
Ninguna empresa opera en el vacío. Todas dependen de ecosistemas sociales, ambientales e institucionales. Ignorar esa interdependencia es una forma de fragilidad estratégica.
Cuando una organización no entiende su impacto ni su dependencia del entorno, toma decisiones que pueden desestabilizar su propio modelo de negocio. Desde el uso insostenible de recursos hasta relaciones tensas con comunidades o autoridades.
Integrar la estrategia ASG permite leer el contexto, anticipar cambios y construir alianzas. No hacerlo es apostar por la inercia en un mundo que ya cambió.
Lo que no se ve también se paga
El mayor error es pensar que la falta de una estrategia ASG no tiene costo porque no aparece en una línea contable. En realidad, ese costo se distribuye en riesgos acumulados, decisiones deficientes, pérdida de confianza y menor capacidad de adaptación.
Las empresas que entienden esto dejan de ver la sostenibilidad como un “extra” y la integran como un eje estratégico. No por moda, sino por visión de largo plazo. Porque en el mundo actual, lo invisible también impacta… y suele hacerlo cuando ya es demasiado tarde.
ECOCE, A.C. y Aduro Clean Technologies Inc., anunciaron la firma de un convenio de colaboración multianual enfocado en evaluar soluciones de reciclaje químico para empaques plásticos flexibles y mixtos en México, uno de los mayores retos ambientales del país y una prioridad estratégica para avanzar hacia una economía circular.
El acuerdo tiene como eje la evaluación conjunta de la Tecnología Hydrochemolytic™ (HCT), una plataforma química desarrollada por Aduro, empresa canadiense que permite transformar residuos plásticos complejos —difíciles de reciclar mediante procesos mecánicos tradicionales— en hidrocarburos líquidos de valor, aptos para reincorporarse como materia prima en la industria petroquímica y en la fabricación de nuevos plásticos.
Se estima que en México se generan entre seis y siete millones de toneladas de residuos plásticos al año, de los cuales cerca de 1.5 millones de toneladas corresponden a empaques plásticos flexibles, una categoría en rápido crecimiento que supera incluso el volumen de envases de PET. Por su composición multicapa, mixta y delgada, estos materiales suelen terminar en rellenos sanitarios, incineración o en el medio ambiente. La colaboración entre ECOCE y Aduro busca cambiar ese destino.
“ECOCE se encuentra en el centro de la cadena de valor de envases en México, con empresas asociadas que también tienen presencia global, y Aduro está enfocada en desarrollar Hydrochemolytic™ Technology como una nueva ruta de reciclaje químico”, señaló Ofer Vicus, director ejecutivo de Aduro. “Al trabajar juntos con residuos reales de México, queremos explorar cómo esta tecnología puede complementar los sistemas existentes y abrir nuevas oportunidades de circularidad para el país”.
Como parte del convenio, ECOCE identificará, caracterizará y suministrará materiales representativos de empaques plásticos flexibles post-consumo provenientes de sus programas de sensibilización y acopio. Aduro, por su parte, realizará un programa estructurado de pruebas de la tecnología HCT —desde laboratorio hasta escala piloto— en sus instalaciones de desarrollo, evaluando procesabilidad, rendimientos, calidad de productos y posibles aplicaciones de los líquidos obtenidos.
La Tecnología Hydrochemolytic™ opera a temperaturas moderadas con catalizadores patentados que descomponen moléculas hidrocarbonadas complejas. Pruebas piloto independientes han demostrado que los aceites producidos a partir de residuos plásticos pueden utilizarse directamente como insumo en procesos industriales, con rendimientos comparables a materias primas fósiles convencionales, lo que abre la puerta a una verdadera circularidad del plástico.
“ECOCE tiene más de dos décadas de experiencia coordinando la recuperación y el reciclaje de envases post-consumo en México, con avances notables en materiales como el PET”, afirmó Adrián Velasco, director de Empaques Plásticos Flexibles de ECOCE. “Hoy, los empaques flexibles son una de nuestras principales prioridades. Con esta colaboración buscamos evaluar una ruta adicional de reciclaje químico adaptada a las condiciones de México, que permita transformar materiales problemáticos en un recurso valioso para la economía circular”.
La colaboración iniciará formalmente en enero de 2026 y está estructurada como un programa multianual por fases, con evaluaciones periódicas para definir los siguientes pasos, siempre guiados por evidencia técnica y alineados con los objetivos de ambas organizaciones.
Con esta alianza, ECOCE y Aduro refuerzan el mensaje de que la economía circular no es solo una meta ambiental, sino una oportunidad de innovación, colaboración y desarrollo para México, capaz de transformar residuos complejos en nuevos recursos para el siglo XXI.
La ciencia del clima ha avanzado históricamente en un terreno complejo, donde la evidencia empírica convive con debates políticos, económicos y culturales. En ese cruce, los centros de investigación han funcionado como anclas de certidumbre, aportando datos que permiten anticipar riesgos, diseñar políticas públicas y proteger a la población ante fenómenos extremos.
Por ello, el anuncio de la administración Trump de desmantelar una de las instituciones más reconocidas en ciencias atmosféricas no es un hecho menor. Se trata de una decisión que va más allá de una reestructura administrativa y que abre una conversación profunda sobre el papel de la ciencia, la responsabilidad del Estado y las consecuencias de subordinar el conocimiento a la ideología.
Un centro de investigación climática bajo ataque político
El Centro Nacional de Investigación Atmosférica (NCAR), con sede en Boulder, Colorado, fue señalado por la Casa Blanca como una fuente de “alarmismo climático”. Desde la Oficina de Gestión y Presupuesto, su director Russell Vought anunció que la institución sería desmantelada y puesta bajo revisión de la Fundación Nacional de Ciencias.
De acuerdo con The Guardian, el argumento oficial sostiene que algunas de sus actividades no son “vitales” y que ciertos proyectos responden a una agenda ideológica. Sin embargo, expertos han advertido que esta narrativa simplifica de forma peligrosa el trabajo científico que se desarrolla desde hace décadas en el NCAR.
The Trump administration is in the process of dismantling the National Center for Atmospheric Research (NCAR) in Boulder, Colorado. The move has generated enormous alarm in the scientific community, particularly among climate scientists and meteorologists.
La relevancia histórica del NCAR para la ciencia atmosférica
Durante años, el NCAR ha sido reconocido como una auténtica joya de la investigación científica estadounidense. Sus aportaciones han sido clave para comprender patrones climáticos complejos, desde ciclones tropicales hasta dinámicas atmosféricas que influyen en sequías e inundaciones.
Roger Pielke Jr., del American Enterprise Institute, ha sido enfático: cerrar o debilitar esta institución no fortalece la ciencia, la empobrece. Para un país que aspira a liderar la investigación atmosférica global, decisiones basadas en confrontación política resultan, como mínimo, contraproducentes.
Seguridad pública: la advertencia que no puede ignorarse
El gobernador de Colorado, Jared Polis, fue claro al señalar que el desmantelamiento pone en riesgo la seguridad pública. El trabajo del NCAR no se limita al cambio climático; sus datos alimentan sistemas de alerta temprana frente a incendios forestales, inundaciones y tormentas severas.
En un contexto de eventos extremos cada vez más frecuentes, debilitar la infraestructura científica equivale a reducir la capacidad de respuesta del Estado.
No se trata solo de ciencia, sino de vidas humanas, patrimonio y estabilidad social.
Un centro de investigación climática más allá del debate “woke”
La Casa Blanca ha acusado al NCAR de seguir una “dirección woke”, señalando proyectos como el programa Rising Voices, enfocado en ciencias indígenas y de la Tierra. Para la administración, estas iniciativas representan gastos innecesarios y desvíos ideológicos.
No obstante, para amplios sectores académicos, integrar enfoques inclusivos fortalece la ciencia al ampliar perspectivas y mejorar la calidad de los datos. Reducir este debate a etiquetas políticas invisibiliza el valor real de una investigación más diversa y contextualizada.
The Trump administration recently announced plans to dismantle the National Center for Atmospheric Research, reports Benjamin Santer.
"Even if you’re not a scientist, this should be on your radar. You need to understand what it means."
— Bulletin of the Atomic Scientists (@BulletinAtomic) December 20, 2025
Recortes, precedentes y señales de alerta
El desmantelamiento del NCAR no ocurre en el vacío. Se suma a la propuesta de recortar 30% del presupuesto de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica, afectando laboratorios clave para la predicción meteorológica y climática.
Este patrón de decisiones envía una señal clara: el conocimiento científico deja de ser prioridad cuando incomoda al discurso político. Para empresas, gobiernos locales y organizaciones sociales, este precedente incrementa la incertidumbre y complica la gestión de riesgos a largo plazo.
Cuando la ciencia se convierte en rehén
Lo que hoy ocurre con este centro de investigación climática es una advertencia sobre la fragilidad de las instituciones científicas frente a la polarización. Desmantelar capacidades técnicas no elimina los fenómenos que buscan comprenderse; solo deja a la sociedad menos preparada para enfrentarlos.
El caso plantea una reflexión urgente: la sostenibilidad, la prevención de riesgos y la protección de comunidades dependen de decisiones informadas. Defender la ciencia no es una postura ideológica, es un acto de responsabilidad colectiva frente al futuro.