Gobierno

Reprueban programas sociales del gobierno

De acuerdo a la evaluación anual que realiza la empresa Gestión Social y Conformación a petición de la Comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados, de 132 programas públicos de subsidio administrados por el gobierno, 70, es decir más de la mitad, presentan problemas de opacidad para valorar su rentabilidad social, es decir el impacto real sobre la población de escasos recursos.

Del resto, sólo siete presentan un escenario óptimo, en contraste con 35 que se plantean como dispersos y no alcanzan un nivel relevante de cobertura.

En paralelo, cuatro presentan un nivel de rentabilidad social escaso; presentando avances menores en cumplimiento de sus metas y también raquíticos niveles de cobertura.

La evaluación se plantea justo cuando la Cámara de Diputados se dispone a realizar ajustes al presupuesto de gasto planteado por la Secretaría de Hacienda, en un escenario en que la cobija pareciera insuficiente para cubrir las necesidades básicas del país.

En la coyuntura, además, se ubica la confiscación de centenares de bultos de cemento que había enviado la Secretaría de Desarrollo Social a Michoacán para apuntalar con dádivas la campaña de la aspirante panista al gobierno local, Luisa María Calderón Hinojosa.

Al más puro estilo de lo que por años repudió el partido fundado por Manuel Gómez Morín, los regalos se canjeaban por credenciales de elector.

¿Se acuerda usted cuando, en su época de diputado, el presidente Felipe Calderón manoteaba en la tribuna para denostar el uso clientelar de los programas sociales del gobierno?

Lo grave del caso es que, lanzada una agresiva campaña por parte de la cúpula empresarial para cancelar los subsidios, el manejo desordenado y ajeno a la transparencia de la Secretaría de Desarrollo Social, podría inocular en los legisladores la tentación de anular algunos de los programas.

Lo cierto es que la alerta roja la había colocado Geupec desde el año pasado, cuando, menos cautelosa que este año, habría reprobado en su desempeño a la mayoría de éstos.

El tache alcanzó justo a los programas calificados como estelares, es decir los más socorridos en el discurso oficial: Alianza para el campo, administrado por la Secretaría de Agricultura; Adultos Mayores, coordinado por la de Desarrollo Social; Seguro Popular, por la de Salud, y Enciclomedia, por la de Educación Pública. Al primero se le asignó una calificación de 4.3; al segundo de 4.1; al tercero de cuatro, y al cuarto de ¡1.6!
El promedio general para los 10 programas sociales que reclaman el mayor monto de presupuesto en el ramo fue de 5.4.

Todos reprobados, pues.

La evaluación realizada entonces sobre 164 programas federales con reclamo de subsidio apuntaba hacia la calidad del diseño, planteándose tres subíndices: Diseño y Alineación Estratégica; Operación y Orientación, y Resultados y Ciudadanía.

El primero permitía definir objetivos, metas y alcances estratégicos; el segundo integrar la información relacionada con las previsiones institucionales y organizacionales que permitían una correcta operación de los programas, y el tercero a las posibilidades de éstos para medir resultados e impactos, así como la percepción y opinión de la población objetivo.

El resultado, decíamos, fue desastroso. Cuatro de cada 10 programas resultaron reprobados, con la novedad de que el promedio general fue de 6.3, es decir apenas de panzazo.

La calificación reprobatoria alcanzó los programas de asistencia social, agrarios y de urbanización; desarrollo regional y vivienda, es decir la columna vertebral del asistencialismo oficial.

La exposición de motivos señalaba, entre otras causas, el que los funcionarios públicos no tenían las competencias necesarias para diseñar correctamente una política pública, a pesar de que desde hace seis años existe el servicio profesional de carrera, que durante el 2010 exigió una erogación presupuestal de 283.3 millones de pesos.

Funcionarios ineptos, pues.

La historia, así, se repite a la letra.

No son los programas, es su manejo discrecional, clientelar, faccioso.

Fuente: Eluniversal.com.mx
Por: Alberto Barranco.
Publicada: 8 de noviembre de 2011.

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