Alcanzar cero emisiones netas se ha convertido en uno de los objetivos centrales de las estrategias climáticas corporativas, pero para muchas empresas reducir todas sus emisiones dentro de la propia operación sigue siendo un desafío. En ese escenario, los mercados voluntarios de carbono buscan cubrir parte de la brecha mediante proyectos que evitan, reducen o remueven emisiones fuera de los límites directos de una organización.
Un nuevo estudio de Climate Impact Partners (CIP) muestra hasta qué punto esta herramienta está ganando relevancia entre los responsables corporativos de cambio climático, pero también revela una paradoja: las empresas que utilizan créditos de carbono reportan beneficios climáticos y comerciales, mientras cada vez menos se sienten cómodas hablando públicamente de ellos.
¿Qué papel juegan los créditos de carbono en las estrategias de cero emisiones netas?
El informe Setting the Standard: The Civil Society Perspective encuestó a 600 altos responsables de decisiones climáticas en Reino Unido y Estados Unidos. Entre quienes utilizan o planean utilizar créditos de carbono, 81% considera que son esenciales para alcanzar los objetivos de cero emisiones netas de su organización.
La percepción tampoco parece limitarse al corto plazo. 66% considera que los créditos seguirán siendo cruciales para sus planes durante los próximos seis años.
Esto no significa que los créditos sustituyan la reducción de emisiones propia. Su relevancia está en complementar una estrategia climática cuando existen emisiones que todavía no pueden eliminarse mediante cambios operativos, tecnológicos o de cadena de suministro.
Para los líderes ESG, la distinción es fundamental: incorporar créditos de carbono no debería significar reducir la presión por descarbonizar el negocio, sino definir qué emisiones puede eliminar realmente la empresa, cuáles son más difíciles de abatir y qué papel pueden desempeñar mecanismos externos de compensación o contribución climática.

La calidad pesa más que el precio
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el cambio en los criterios de compra. 84% de los compradores actuales afirma que prioriza la calidad de los créditos sobre el precio.
La cifra apunta a una evolución del mercado: para las empresas, adquirir créditos ya no consiste únicamente en encontrar una alternativa relativamente económica para abordar sus emisiones. La integridad ambiental del proyecto, la trazabilidad y la credibilidad de las afirmaciones asociadas al crédito adquieren un peso mayor.
Esto resulta especialmente importante ante el escrutinio que ha acompañado al mercado voluntario de carbono. Una estrategia corporativa que utilice créditos de baja calidad puede generar un riesgo reputacional superior al beneficio climático que busca comunicar.
Por ello, una cartera corporativa debería considerar aspectos como:
- Calidad e integridad ambiental de los proyectos.
- Verificación independiente de los resultados.
- Trazabilidad sobre el destino y uso de los créditos.
- Claridad sobre qué emisiones se están abordando.
- Coherencia entre la compra de créditos y los objetivos internos de reducción.
Los créditos de carbono también están generando valor empresarial
El estudio de CIP plantea otro hallazgo relevante para las áreas de sostenibilidad: los compradores no están reportando únicamente beneficios ambientales.
90% de las empresas que compran créditos afirma que estos contribuyeron al cumplimiento de sus objetivos organizacionales durante los últimos 12 meses. Entre los beneficios reportados se encuentran:
- 38%: mayor confianza en la marca.
- 37%: crecimiento de los ingresos.
- 36%: mejora de la reputación.
- 35%: beneficios en captación de clientes.
- 48% de las empresas B2C: mejoras en retención y fidelización de clientes.
Los resultados también varían según el modelo de negocio. 43% de las empresas B2C reportó incrementos directos en ingresos, mientras que las compañías B2B recurren en mayor medida a los créditos para gestionar riesgos climáticos.
Esto ofrece una lectura relevante para los responsables ESG: la acción climática puede dejar de gestionarse como un presupuesto aislado de sostenibilidad cuando está vinculada con variables del negocio como confianza, adquisición de clientes, reputación e ingresos.
¿Por qué las empresas están dejando de hablar de sus créditos de carbono?
Aquí aparece la paradoja central del estudio.
Aunque los compradores reportan resultados positivos, solo 22% se siente seguro hablando públicamente sobre sus compras de créditos de carbono. Además, 69% afirma haber reducido o detenido sus comunicaciones públicas sobre estas adquisiciones debido al escrutinio de los medios.
La principal barrera interna también es reveladora: 58% de los responsables de decisiones climáticas identifica la ansiedad reputacional como una de las principales preocupaciones antes de comprar créditos de carbono.
El resultado es un mercado en el que las empresas pueden estar actuando más de lo que comunican.
Para CIP, este silencio genera un problema colectivo: si las compañías que compran créditos no comparten sus experiencias, los potenciales compradores disponen de menos casos visibles para evaluar el mercado. La falta de ejemplos públicos puede, a su vez, alimentar la cautela de otras empresas e inversionistas.
Desde una perspectiva ESG, esto plantea una cuestión distinta al tradicional riesgo de greenwashing: el temor a comunicar puede terminar dificultando que las empresas expliquen correctamente estrategias climáticas legítimas.
¿Cómo pueden comunicar los créditos de carbono sin aumentar el riesgo de greenwashing?
La respuesta que plantea CIP está en fortalecer la evidencia detrás de las afirmaciones corporativas. 94% de los altos responsables de decisiones consultados recibiría positivamente una declaración clara y creíble a nivel de producto que demostrara el apoyo voluntario a proyectos de carbono de alta calidad.
La recomendación implícita es pasar de mensajes generales a afirmaciones verificables: explicar qué proyecto se financió, qué estándar utilizó, cómo fue verificado y cuál es exactamente la contribución climática realizada.
También es relevante diferenciar entre reducir emisiones y financiar acción climática mediante créditos. Presentar ambas acciones como equivalentes puede generar confusión sobre el desempeño real de una empresa.
Para un líder ESG, una estrategia sólida requiere que los créditos estén integrados en una jerarquía climática clara:
primero reducir las emisiones propias; después abordar las emisiones residuales difíciles de eliminar; y comunicar por separado las contribuciones climáticas realizadas mediante proyectos externos.
El reto para los líderes ESG: usar créditos sin convertirlos en sustituto de la descarbonización
El estudio de CIP ofrece una señal clara sobre la maduración del mercado: entre quienes ya participan, los créditos de carbono son considerados una herramienta estratégica y la calidad está ganando prioridad frente al precio. Al mismo tiempo, el miedo a las críticas está reduciendo la disposición de las empresas a explicar públicamente sus decisiones.
La oportunidad para los líderes ESG está en resolver ambas cuestiones simultáneamente. Los créditos de carbono pueden formar parte de una estrategia de cero emisiones netas, pero su valor depende de cómo se seleccionan, verifican, integran en la estrategia climática y comunican.
En lugar de tratarlos como una salida rápida para las emisiones corporativas, las empresas pueden utilizarlos como una herramienta complementaria dentro de una estrategia más amplia de descarbonización. Y cuando exista evidencia suficiente para respaldar las afirmaciones, comunicarla con transparencia puede contribuir a que el mercado deje de moverse entre dos extremos: el uso acrítico de créditos y el silencio absoluto sobre ellos.












