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Piden inclusión de adultos con autismo

Adultos en edad productiva que tienen un trastorno del espectro autista suelen toparse con incomprensión y falta de apoyo para continuar su desarrollo de vida independiente.

“(Tras la educación especial básica) se regresan a sus casas con sus padres, que están más viejos y tienen menos posibilidad de darles atención. Muchos adultos con autismo se regresan a casa a hacer nada”, asegura Judith Vaillard Martínez, directora general de Instituto de Autismo Domus.

Los casos de Gloria Cruz y Guillermo Flores han sido algo distinto. A través de la ocupación laboral, ella haciendo manualidades y panadería y él empaques para cosméticos, han desarrollado sus habilidades y, desde el punto de vista de sus respectivas madres, se sienten bien con ellos mismos.

El trabajo de Gloria fue creado en la Clínica Mexicana de Autismo (CLIMA) y el de Guillermo, por iniciativa de Domus Instituto de Autismo, ambas organizaciones de las más antiguas y experimentadas en el tema.

En el ámbito de las políticas públicas y de salud o educación, no existen iniciativas dirigidas a la población adulta con autismo y eso representa una desventaja para sus familias.

“Un chavo muy funcional puede ser integrado a la industria regular en un esquema llamado empleo con apoyo, en el que en una empresa con puertas abiertas a estos casos busca la actividad más adecuada y se entrena a la persona para que desempeñe específicamente ese puesto.

“Ellos (los autistas) tienen una tendencia a cuestiones muy rutinarias, cosas repetitivas, empleos que a muchas personas no les interesan, a ellos les funciona muy bien. Si no tienen que convivir con mucha gente, y están ordenando cosas, para ellos están bien”, comenta Vaillard Martínez.

La inclusión laboral es una puerta de entrada a la inclusión social y a su desarrollo como personas.

“Hay un vacío institucional, porque no hay instancias ni públicas ni privadas que estén dando atención en la transición de los jóvenes con autismo a la vida adulta.

“Los programas que llega a haber llegan hasta los 18 o 21 años, y los mandan al mundo así, las personas con autismo requieren de apoyo constante y en diversos grados, pero a lo largo de toda su vida”, indica la directora de Domus.

“Es difícil proque son chavos vulnerables y en el mundo no estamos capacitados para las diferencias, son crédulos, nosotros vamos a tenerlo en área laboral siempre y cuando esté una persona con él”, comparte Marisela Alcántara, madre de Guillermo.

Inclusión

Theo Peeters, experto calificado en autismo a nivel mundial y fundador del Centro para la Formación de Profesionales en Autismo en Amberes, Bélgica, su país de origen, considera que la sociedad debe satisfacer las necesidades de cada una de las personas con autismo y adaptar lo necesario para que así sea.

El camino para lograr eso, estimo durante una conferencia en la Universidad Iberoamericana, es que los padres de las personas con autismo se involucren en el conocimiento de la enfermedad y en función de eso, sepan que la inclusión laboral para ellos es posible.

“Es muy bueno que los padres tengan conocimiento general del autismo, los especialistas en estos niños son ellos, los padres deberían ser tomados en serio por los especialistas y aprender a trabajar juntos.

La colaboración es muy importante. Los profesionales no podemos dejar de escuchar a los padres”, recomendó.

Esa fórmula la probó Gloria Olivera, madre de Gloria, tras varios años de padecer el desconocimiento de varios profesionales que tuvieron contacto con su hija, quien ahora tiene 28 años.

“Hice un diplomado en terapéutica del autismo en la Universidad Intercontinental. Me capacité, fui a congresos, me documenté sobre el autismo, libro que se ponía enfrente, mismo que leía. Empecé a entender cuál era su comportamiento y su manera de procesar la información. Para entonces Gloria tenía 13 años”, comenta.

“Creo que es muy importante que las familias conozcan el trastorno, que se involucren, porque de alguna manera somos coterapeutas en el desarrollo y la atención de nuestros hijos”, agrega.

Y Marisela Alcántara, madre de Guillermo, ha comprobado cómo la inclusión laboral ha impactado positivamente a su hijo.

“Cuando Memo recibe su pago es una maravilla. Al llegar a una tienda, puede buscar unas pinturas, abrir mi bolsa y sacar su sobre, me dice ‘tu no tienes, pero este es mi dinero’, y se los compra.

“Otra cosa que luego no pensamos es el autoestima, si los tratamos como niños a los 26 años es feo, cuando compra, la cara de mi hijo es diferente, cambia, se ilumina, es su dinero, él lo ganó”, comparte.

Actualmente la Fundación Inclúyeme cuenta con un programa de vida independiente para personas con discapacidad, en el que contempla a adultos con trastorno del espectro autista.

Fuente: Reforma

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