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Sin contrato: así trabajan 17.1 millones de personas en México; ¿las consecuencias?

La fotografía más reciente de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) confirma una de las fracturas más persistentes del mercado laboral mexicano: 17.1 millones de personas subordinadas y remuneradas trabajan sin un contrato por escrito, lo que equivale a 41.4% del total bajo relación de subordinación. La cifra no sólo revela un rezago en la formalización del empleo, sino una falla estructural en la gobernanza laboral de miles de organizaciones que siguen tratando la certeza documental como una formalidad secundaria.

Para quienes observan el fenómeno desde la responsabilidad social, el dato es más que estadístico: millones de trabajadores sin contrato sostienen operaciones, ventas, logística, manufactura y servicios sin una base clara sobre salario, funciones, jornada, causales de rescisión o beneficios adicionales. Aunque la ley protege sus derechos, la ausencia del documento incrementa la opacidad de la relación laboral y erosiona la confianza en el estado de derecho dentro de la empresa.

Más preocupante aún, la tendencia no mejora con la velocidad necesaria. De hecho, de acuerdo con El Economista, al cierre de 2025, la proporción de personal sin contrato repuntó 0.7 puntos porcentuales, y en la última década apenas se ha reducido 4.6 puntos, lo que evidencia que la formalización documental sigue avanzando a un ritmo insuficiente para la escala del problema.

La lectura crítica es contundente: cuando la incertidumbre contractual alcanza a millones de personas, el problema deja de ser administrativo y se convierte en un riesgo material para derechos humanos, reputación corporativa, productividad y cumplimiento.

 trabajadores sin contrato

Precariedad documental y normalización del incumplimiento

El hallazgo más revelador no es sólo el número, sino lo que representa en términos culturales. Como advierte Katia Everardo, especialista en relaciones laborales, la falta de contratos es uno de los incumplimientos más comunes porque “se pasa por alto y se percibe como una formalidad”. Ese punto es clave: la cifra sugiere que en México todavía persiste una cultura empresarial donde la relación laboral se activa operativamente antes que jurídicamente.

Esto genera un entorno donde los trabajadores sin contrato operan con menor claridad sobre su categoría, alcance de funciones, indicadores de desempeño y mecanismos de salida. Vanessa Díaz, directora de Laboral MX, subraya que el contrato no sólo acredita la relación, sino que delimita con precisión qué debe hacer el colaborador y qué ocurre si incumple. Sin ese marco, la gestión del talento queda sujeta a interpretaciones ambiguas, fricciones internas y mayor conflictividad.

Desde una óptica de calidad de vida, esta falta de certeza se traduce en estrés financiero, dificultad para planear patrimonio, obstáculos para acceder a crédito y una sensación constante de vulnerabilidad frente a cambios unilaterales en jornada, salario o beneficios.

¿Por qué ocurre? Entre cultura de informalidad, formatos genéricos y omisión patronal

Las razones detrás del fenómeno son múltiples, pero convergen en una lógica estructural: muchas empresas siguen subestimando el valor estratégico del contrato. En algunos casos, la explicación es operativa: pymes sin área laboral robusta, procesos de contratación acelerados o dependencia de formatos descargados que no reflejan la realidad del puesto. En otros, responde a una visión de corto plazo que privilegia flexibilidad y rapidez sobre certeza jurídica.

Aquí emerge otro hallazgo crítico: el problema no es sólo la ausencia del documento, sino la falta de personalización. Las especialistas coinciden en que copiar formatos genéricos sin adaptarlos a industria, puesto, necesidades del negocio o modalidad de contratación debilita la capacidad probatoria del patrón y la claridad funcional del colaborador. En otras palabras, no basta con “tener contrato”; debe ser un instrumento coherente con la realidad del trabajo.

Para los trabajadores sin contrato, esta omisión abre la puerta a sobrecarga de tareas, redefinición arbitraria del puesto y dificultades para defender límites razonables de responsabilidad, lo que repercute directamente en bienestar, engagement y permanencia.

regreso de los combustibles fósiles

Consecuencias para empresa y trabajador: certeza jurídica rota, litigio y deterioro de vida laboral

La Ley Federal del Trabajo es clara. El artículo 24 establece que las condiciones laborales deben constar por escrito, y el artículo 26 precisa que la falta del contrato no priva al trabajador de sus derechos, sino que la omisión se imputa al patrón. Esto hace que el mayor riesgo recaiga sobre la empresa.

El impacto jurídico es profundo: ante una controversia, el empleador carece del elemento central para acreditar salario, horario, jornada, prestaciones o beneficios supralegales. Como ejemplifica Katia Everardo, si un colaborador acredita razonablemente una jornada extensa, un salario superior o incluso un fondo de ahorro, la ausencia del contrato suele inclinar la interpretación a favor del trabajador. Esto puede derivar en litigios costosos, contingencias laborales y pasivos no previstos.

Para el empleado, la consecuencia más visible es la reducción de calidad de vida. Los trabajadores sin contrato viven con menor certidumbre sobre vacaciones, días de descanso, bonos, crecimiento interno y condiciones de salida. Esta ambigüedad debilita la sensación de justicia organizacional, aumenta ansiedad y reduce la percepción de dignidad laboral, un componente central en cualquier agenda ESG seria.

El papel de las empresas: formalizar como estrategia de responsabilidad social y debida diligencia

El combate a este problema no puede limitarse al cumplimiento normativo. Para las empresas, formalizar contratos debe entenderse como una herramienta de sostenibilidad social, gestión del riesgo y construcción de confianza. La certeza documental protege al colaborador, fortalece la posición jurídica del patrón y mejora la claridad de expectativas, funciones y mecanismos de evaluación.

 trabajadores sin contrato

Desde la RSE, esto implica profesionalizar procesos de contratación, entregar copia del documento antes del inicio de labores, adaptar cada contrato al puesto real y evitar formatos genéricos que no resistan auditoría o juicio. También supone integrar esta práctica en políticas de derechos humanos, compliance laboral y debida diligencia de cadena de suministro, especialmente en proveedores intensivos en mano de obra.

La lección estratégica es clara: reducir el universo de trabajadores sin contrato no sólo fortalece el estado de derecho, también mejora clima laboral, productividad, reputación y resiliencia corporativa. En un mercado donde la legitimidad empresarial depende cada vez más de la calidad del empleo, la formalización ya no es burocracia: es una ventaja competitiva ética.

¿Empaques sostenibles o greenwashing? Señalan a Unilever, Mondelez, Mars, Kraft Heinz

La sostenibilidad se ha convertido en uno de los territorios más disputados dentro de la comunicación corporativa. En particular, los empaques han pasado de ser un elemento funcional a un símbolo visible del compromiso ambiental de las marcas. En los supermercados europeos, frases como “cero residuos plásticos” o “100 % reciclado” no solo informan: seducen, construyen confianza y orientan decisiones de compra.

Sin embargo, en paralelo a este auge narrativo, crece también el escrutinio. Diversas investigaciones han comenzado a cuestionar la veracidad de estas afirmaciones, revelando que detrás de muchas soluciones aparentemente sostenibles existen procesos complejos, poco transparentes y, en algunos casos, contradictorios con los objetivos climáticos. Es en este punto donde el concepto de greenwashing en empaques sostenibles deja de ser una sospecha para convertirse en una conversación urgente.

La promesa verde que conquista supermercados

De acuerdo con Voxeurop, recorrer los pasillos de cualquier supermercado europeo es encontrarse con una narrativa cuidadosamente construida. Productos icónicos de marcas globales destacan sus credenciales ambientales en empaques, etiquetas y campañas digitales. Desde chocolates hasta alimentos procesados, la sostenibilidad se presenta como un atributo casi estándar dentro de la oferta.

Empresas como Unilever, Mondelez, Mars y Kraft Heinz han integrado estos mensajes como parte central de su posicionamiento. En sus sitios web y reportes corporativos, enfatizan el uso de materiales reciclados, la reducción de emisiones y su contribución a la economía circular. Para el consumidor, esto genera la percepción de estar frente a decisiones responsables y alineadas con el cuidado del planeta.

Empaques sostenibles o greenwashing

No obstante, esta narrativa —aunque potente— no siempre refleja la complejidad detrás de los procesos productivos. La distancia entre lo que se comunica y lo que realmente ocurre en la cadena de suministro comienza a abrir una brecha que merece ser analizada con mayor rigor.

El rol oculto de la industria petrolera

Detrás de estos empaques “sostenibles” se encuentra una red industrial mucho más amplia de lo que parece a simple vista. En el centro de esta red está Saudi Aramco, considerada la mayor contribuyente corporativa al calentamiento global, que a través de su filial SABIC suministra materiales plásticos utilizados por grandes marcas de consumo.

Esta relación introduce una paradoja difícil de ignorar: la misma industria que ha impulsado el uso masivo de combustibles fósiles ahora se posiciona como proveedora de soluciones circulares. Aunque el discurso se enfoca en innovación y reciclaje, la base del sistema sigue siendo el petróleo. Para especialistas en sostenibilidad, este vínculo no es menor. Implica que los avances en empaques pueden estar condicionados por intereses económicos que priorizan la continuidad del modelo fósil, más que una transformación real hacia alternativas sostenibles.

Greenwashing en empaques sostenibles: la narrativa vs la realidad

El greenwashing en empaques sostenibles se hace evidente cuando se analizan las herramientas que permiten a las empresas sostener sus afirmaciones. Una de las más utilizadas es el balance de masas, un sistema contable que asigna contenido reciclado a productos finales sin que este esté necesariamente presente de forma física.

En términos prácticos, esto significa que un envase puede comercializarse como reciclado aunque contenga una proporción mínima de material recuperado.

La diferencia entre lo real y lo declarado queda diluida en cálculos técnicos que el consumidor promedio no tiene forma de verificar.

Este mecanismo, aunque legal en ciertos contextos, plantea cuestionamientos éticos relevantes. Especialmente en un momento donde la transparencia y la trazabilidad son pilares fundamentales de la responsabilidad social empresarial.

greenwashing en empaques sostenibles

Reciclaje químico: ¿solución o simulación?

El reciclaje químico ha sido presentado como una de las grandes innovaciones para enfrentar la crisis del plástico. A través de procesos como la pirólisis, los residuos se transforman en materia prima que puede reincorporarse a la producción de nuevos materiales. Sin embargo, la evidencia sugiere que esta tecnología dista de ser una solución definitiva. Diversos estudios muestran que puede generar más emisiones que la producción de plástico virgen, debido a su alta demanda energética y a la complejidad del proceso.

Además, su eficiencia es limitada. Solo una fracción del material procesado logra convertirse en nuevos polímeros, mientras que el resto se pierde o se destina a otros usos. Esto reduce significativamente su impacto positivo en términos ambientales.

greenwashing en empaques sostenibles

La ilusión de la circularidad

La economía circular se ha convertido en uno de los conceptos más utilizados dentro del discurso empresarial. No obstante, en el caso de los plásticos, su implementación real sigue siendo marginal frente a la magnitud del problema.

A nivel global, apenas el 6 % del plástico producido proviene de materiales reciclados, mientras que el 94 % restante sigue dependiendo de resinas vírgenes de origen fósil.

Esta proporción evidencia que la circularidad, en muchos casos, es más aspiracional que operativa. En este contexto, hablar de empaques sostenibles sin abordar la reducción en la producción de plástico puede resultar insuficiente. La circularidad no solo implica reciclar mejor, sino producir menos y diseñar de forma más inteligente.

greenwashing en empaques sostenibles

Greenwashing en empaques sostenibles: métricas bajo sospecha

Otro elemento clave en esta discusión es la forma en que se construyen las métricas ambientales. Muchas empresas basan sus afirmaciones en análisis de ciclo de vida que comparan sus procesos con escenarios hipotéticos, como la incineración de residuos. Este enfoque permite generar cifras de “emisiones evitadas” que no necesariamente reflejan reducciones reales. En algunos casos, incluso procesos más contaminantes pueden parecer positivos bajo estas metodologías.

El resultado es una narrativa respaldada por datos que, aunque técnicamente válidos, pueden inducir a interpretaciones engañosas. Para los expertos, esto subraya la necesidad de estándares más estrictos y comparables.

Regulación europea: avances y contradicciones

La Unión Europea ha dado pasos importantes para regular el uso de plásticos y promover el reciclaje. Normativas como el PPWR buscan incrementar el contenido reciclado en envases y reducir su impacto ambiental. Sin embargo, la inclusión de mecanismos como el balance de masas dentro de este marco regulatorio ha generado controversia. Mientras algunos lo ven como una herramienta pragmática, otros lo consideran una concesión a la industria.

Esta ambigüedad regulatoria refleja la tensión entre avanzar en sostenibilidad y mantener la competitividad económica. Un equilibrio que, hasta ahora, sigue siendo difícil de alcanzar.

El peso del lobby y los incentivos económicos

El desarrollo del reciclaje químico no puede entenderse sin considerar la influencia de la industria petroquímica en la toma de decisiones. A través de inversiones, alianzas y actividades de cabildeo, estas empresas han logrado posicionar sus soluciones como parte de la agenda política. Además, una cantidad significativa de recursos públicos ha sido destinada a financiar estas tecnologías. Esto plantea interrogantes sobre la eficiencia de estas inversiones y su alineación con los objetivos climáticos.

En este escenario, la sostenibilidad deja de ser únicamente una cuestión ambiental para convertirse también en un tema de gobernanza y poder económico.

Alternativas: rediseño y reutilización

Frente a las limitaciones del reciclaje químico, diversas organizaciones y expertos proponen enfoques más estructurales. Entre ellos, destacan el rediseño de envases, la eliminación de materiales innecesarios y la promoción de sistemas de reutilización. El reciclaje mecánico, aunque menos sofisticado, sigue siendo más eficiente y menos intensivo en carbono. Además, avanzar hacia envases monomateriales puede facilitar su procesamiento y aumentar su tasa de recuperación.

Estas soluciones requieren cambios profundos en la forma en que se diseñan y consumen los productos. Pero también representan una oportunidad real para reducir el impacto ambiental.

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El consumidor en medio de la complejidad

En medio de esta discusión, el consumidor enfrenta un entorno cada vez más complejo. La abundancia de etiquetas, certificaciones y mensajes ambientales dificulta distinguir entre prácticas genuinas y estrategias de marketing. Esto no solo afecta la confianza, sino también la capacidad de tomar decisiones informadas. Cuando todo parece sostenible, nada lo es realmente. Por ello, la transparencia se vuelve un elemento clave. No basta con comunicar; es necesario hacerlo de manera clara, verificable y alineada con la realidad operativa.

El debate sobre los empaques sostenibles pone en evidencia las tensiones entre narrativa, regulación e impacto real. Aunque existen avances importantes, también persisten prácticas que pueden caer en el greenwashing en empaques sostenibles, debilitando la credibilidad del sector.

Superar este desafío implica ir más allá de la innovación tecnológica y apostar por una transformación sistémica. Esto incluye repensar los modelos de producción, fortalecer la regulación y, sobre todo, alinear el discurso con acciones verificables. La sostenibilidad, en última instancia, no se construye en las etiquetas, sino en las decisiones estructurales que definen cómo producimos, consumimos y nos relacionamos con el entorno.

¿Por qué los líderes empresariales están dejando de hablar de sostenibilidad?

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Durante el pico de ambición corporativa entre 2021 y 2022, la sostenibilidad ocupó un lugar privilegiado en los discursos de los CEO: compromisos net zero, hojas de ruta ESG, promesas de cadenas limpias y anuncios públicos de transformación dominaron reportes, foros y llamadas con inversionistas. Sin embargo, ese protagonismo comenzó a diluirse cuando las organizaciones pasaron del storytelling a la implementación. Lo que Bain & Company identifica como una “recesión” del tema en la conversación ejecutiva no refleja desinterés, sino un ajuste estratégico frente a la complejidad real de ejecutar objetivos climáticos en contextos de presión financiera, incertidumbre regulatoria y cadenas de suministro fragmentadas.

Tal cómo señala Sustainability Magazine, hoy el panorama muestra que los líderes han vuelto a hablar de sostenibilidad, pero ya no desde la lógica aspiracional de hace unos años. El lenguaje se ha desplazado hacia costos, resiliencia operativa, inversiones de capital, proveedores y competitividad industrial. En otras palabras, la sostenibilidad regresa menos como discurso autónomo y más como infraestructura de desempeño empresarial. Esta transición, lejos de restarle relevancia, la está insertando en decisiones críticas sobre electrificación, emisiones de Alcance 3, abastecimiento de minerales estratégicos e inteligencia artificial aplicada a eficiencia.

¿Por qué los líderes empresariales dejaron de hablar de sostenibilidad?

La aparente reducción en la visibilidad del tema durante un periodo respondió, en gran medida, a un baño de realidad corporativo. Tras una primera fase marcada por metas ambiciosas, muchos CEO descubrieron que hablar de sostenibilidad era mucho más sencillo que traducirla en decisiones operativas consistentes a lo largo de cadenas globales, presupuestos restringidos y métricas auditables. La complejidad de descarbonizar proveedores, rediseñar portafolios y absorber CAPEX verde obligó a un replanteamiento que temporalmente sacó el tema del centro del discurso.

Sin embargo, ese silencio relativo está tocando fondo. La sostenibilidad está regresando con prioridades diferentes, anclada menos en reputación y más en creación de valor, continuidad del negocio y capacidad de respuesta frente a shocks geopolíticos, tecnológicos y de mercado. Para los CEO, volver a hablar de sostenibilidad hoy implica discutir vehículos eléctricos, cadenas de baterías, materiales críticos, presión de clientes B2B y trazabilidad de emisiones, es decir, una agenda más instrumental, menos simbólica y potencialmente más transformadora.

hablar de sostenibilidad

De la narrativa al desempeño: cómo cambian las prioridades al hablar de sostenibilidad

Uno de los hallazgos más reveladores de Bain & Company surge del análisis de más de 35 mil declaraciones de CEO de 150 empresas líderes entre 2018, 2022 y 2024. Mientras en 2018 predominaban referencias al cumplimiento normativo y al beneficio social, hoy las menciones se concentran en variables de negocio: costos, clientes, inversiones de capital y riesgo operativo. El dato es clave porque muestra que hablar de sostenibilidad ya no se articula como una agenda paralela, sino como una lente para gestionar desempeño empresarial y competitividad.

Jean-Charles van den Branden, socio sénior y líder global de sostenibilidad en Bain, lo resume con precisión:

“Puede que los directores ejecutivos hablen menos sobre sostenibilidad, pero lo compensan con hechos”.

Esta “brecha entre lo que se dice y lo que se hace” redefine el papel del liderazgo. La lectura crítica es clara: la madurez del tema no se mide por volumen discursivo, sino por su capacidad de integrarse a decisiones financieras, compras, pricing, resiliencia de cadena y planeación de crecimiento.

hablar de sostenibilidad

Hablar de sostenibilidad desde la transformación industrial: baterías, EV y geopolítica

El segundo gran cambio está en el enfoque. La sostenibilidad ya no se limita a compromisos climáticos abstractos, sino que se expresa en transformaciones industriales concretas. Los vehículos eléctricos y la tecnología de baterías son quizá el mejor ejemplo. La caída global en costos, junto con la política industrial china y la expansión de empresas como CATL y BYD, ha acelerado la adopción mucho más rápido de lo previsto, demostrando que la sostenibilidad se vuelve estratégica cuando converge con escala, eficiencia y ventaja competitiva.

Los datos son contundentes: China hoy refina 70% del litio grado batería y 90% del grafito grado batería del mundo. Esto obliga a los CEO a hablar de sostenibilidad desde una óptica geoeconómica: acceso a materias primas, seguridad de suministro y soberanía industrial. Para las empresas, la transición ya no depende únicamente del consumidor final, sino del control upstream de insumos críticos y de la capacidad para construir ecosistemas productivos resilientes.

La nueva instrumentalización: ejecución, alcance 3 e IA

El tercer desplazamiento ocurre en la forma de ejecutar. Hoy, la conversación se ha desplazado hacia la ejecución fina: cómo traducir esos compromisos en sistemas, procesos, datos y decisiones de negocio que resistan la presión financiera y la complejidad de cadenas globales. En este sentido, volver a hablar de sostenibilidad implica menos énfasis en promesas aspiracionales y más atención a capacidades internas de implementación, monitoreo y corrección.

El punto más crítico de esta instrumentalización está en las emisiones de Alcance 3, precisamente porque representan la parte menos controlable de la huella corporativa. Para muchas industrias, estas emisiones pueden superar ampliamente a las emisiones directas, ya que dependen de proveedores, logística, uso del producto y fin de vida. Esto obliga a las empresas a desarrollar nuevos mecanismos de gobernanza con su cadena de valor: trazabilidad de insumos, cláusulas contractuales de descarbonización, programas de acompañamiento a proveedores, métricas compartidas y esquemas de compras que premien desempeño ambiental. Para especialistas en RSE, aquí se está redefiniendo la frontera entre sostenibilidad y procurement, ya que hablar de sostenibilidad hoy exige intervenir las decisiones de abastecimiento con el mismo rigor con el que se gestionan costos o calidad.

La dificultad está en que esta presión no se distribuye de manera homogénea. Los clientes, especialmente en entornos B2B, están elevando sus expectativas más rápido de lo que muchos proveedores pueden transformar sus operaciones. Bain advierte que en sectores vinculados a energía, electrificación y manufactura, cada vez más ejecutivos prevén que los objetivos net zero llegarán más tarde de lo previsto justamente por la fragilidad de la cadena extendida. Esto genera una tensión estratégica: mientras las empresas líderes endurecen sus exigencias, buena parte de su ecosistema aún carece de capital, tecnología o visibilidad de datos para responder. Por ello, hablar de sostenibilidad se ha vuelto inseparable de la gestión de riesgo sistémico y continuidad operativa.

En paralelo, la inteligencia artificial está emergiendo como la capa tecnológica que vuelve posible esta nueva etapa de ejecución. La IA no sólo ayuda a automatizar reportes ESG; su valor real está en la capacidad para anticipar ineficiencias, modelar escenarios y optimizar decisiones complejas en tiempo real. Desde algoritmos que identifican hotspots de emisiones en redes logísticas, hasta modelos predictivos para consumo energético, mantenimiento de activos, planeación de rutas o simulación de demanda, la IA convierte la sostenibilidad en una disciplina de precisión. Las compañías más avanzadas ya la utilizan para mapear emisiones de proveedores, detectar riesgos de interrupción en minerales críticos y priorizar inversiones con mejor retorno climático-financiero.

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Menos discurso, más arquitectura empresarial

La aparente disminución del protagonismo del tema en la voz de los CEO no significa que la sostenibilidad haya perdido centralidad; significa que ha dejado de ser un discurso ornamental y se ha convertido en una arquitectura de negocio. La verdadera evolución no está en cuántas veces un líder decide hablar de sostenibilidad, sino en cuántas decisiones críticas —desde CAPEX hasta abastecimiento de litio— ya están siendo filtradas por criterios climáticos, de resiliencia y competitividad.

Para quienes lideran algún área de responsabilidad social, esta transición exige una lectura más sofisticada. La sostenibilidad corporativa madura cuando deja de depender de grandes anuncios y empieza a expresarse en cadena de suministro, política industrial, IA, electrificación y gestión del riesgo. En ese sentido, que los CEO vuelvan a hablar de sostenibilidad desde la ejecución puede ser una señal mucho más poderosa que el entusiasmo retórico de años anteriores: menos promesa, más transformación real.

Nueva evidencia muestra que pesticidas y microplásticos podrían acelerar la resistencia de las bacterias a los antibióticos

Los pesticidas y los microplásticos —dos contaminantes que suelen estudiarse de forma independiente— podrían estar interactuando en el medio ambiente de maneras que intensifican el estrés microbiano y aceleran la resistencia de las bacterias a los antibióticos. Esta es la advertencia que surge del proyecto Microcosmic Understanding of Pathway Pollution and Solution on Pesticides, un esfuerzo de investigación internacional en curso en el que el Tecnológico de Monterrey desempeña un papel central a través del trabajo del Prof. Manish Kumar, profesor distinguido de la Escuela de Ingeniería y Ciencias (EIC), bajo el programa Faculty of Excellence del Tecnológico de Monterrey.

Las proliferación de las bacterias resistentes a los antibióticos ya es considerada una “pandemia silenciosa”, que podría ser responsable de más muertes anuales que el VIH/SIDA y la malaria combinados. Esta nueva investigación sugiere que los contaminantes ambientales —y no solo el mal uso clínico de los antibióticos— podrían estar contribuyendo a su propagación.

Los pesticidas están viajando mucho más lejos de lo que se esperaba. Durante décadas, los investigadores se han centrado en la contaminación por pesticidas en los suelos, los residuos de cultivos y la escorrentía de agua. Sin embargo, el consorcio ha descubierto una ruta inquietante y pasada por alto: ahora se están encontrando residuos de pesticidas en muestras de aire a altitudes significativas e incluso en regiones donde no se ha producido un uso reciente de estos químicos.

El consorcio sobre Soluciones a la Contaminación por Pesticidas está emitiendo una fuerte alarma sobre esta vía atmosférica subestimada. Los pesticidas pueden volatilizarse, adherirse a partículas en el aire y ser transportados a grandes distancias, extendiendo la contaminación mucho más allá de los campos donde fueron aplicados originalmente.

“Nuestro objetivo inicial era monitorear la contaminación del suelo y del agua”, explica el Dr. Kumar. “Sin embargo, cuando descubrimos que las concentraciones de pesticidas en el aire eran significativamente más altas que en el agua o el suelo, nuestra investigación tomó un nuevo giro crítico. La atmósfera está emergiendo ahora como un medio de transporte activo para los productos químicos agrícolas, y este desarrollo es profundamente preocupante, con implicaciones de gran alcance que apenas comenzamos a comprender”.

pesticidas y microplásticos

Microplásticos: los “vehículos” que amplifican la amenaza

Uno de los componentes más sorprendentes de la investigación es el papel de los microplásticos. Una vez que se dispersan en el medio ambiente —a través de la degradación de envases, tejidos, residuos industriales o desechos urbanos— estas partículas interactúan tanto con contaminantes químicos como con microorganismos.

Las simulaciones de laboratorio y los análisis de campo sugieren que:

●  Los microplásticos absorben los pesticidas fácilmente, actuando como depósitos móviles.

●  Transportan bacterias en sus superficies, creando microecosistemas llamados “plastiesferas”.

●  Las condiciones abrasivas y de estrés de estas superficies pueden aumentar las tasas de mutación microbiana.

El Dr. Kumar resume el fenómeno con una analogía sencilla: “Los microplásticos actúan como taxis. Transportan pasajeros —metales, pesticidas y microbios— juntos. Y cuando las bacterias experimentan estrés químico, como la exposición a microcontaminantes como pesticidas o metales, comienzan a intercambiar genes de supervivencia. Algunos de esos genes son precisamente los que causan la resistencia a los antibióticos”.

Esta interacción crea lo que los científicos llaman “puntos críticos de desarrollo de RAM (Resistencia a los Antimicrobianos)”, entornos que fomentan el intercambio de genes entre microbios, acelerando la evolución de cepas resistentes que luego pueden llegar a los animales, las plantas y los seres humanos.

Estamos ante un problema complejo en la intersección de la agricultura, la contaminación y la salud global: el proyecto de investigación integra disciplinas que rara vez se combinan en los estudios ambientales tradicionales: rastreo isotópico ambiental, análisis microbiológico y genómico, muestreo atmosférico, química del suelo, ingeniería agrícola y modelado ambiental.

Al reunir estas perspectivas, el consorcio descubrió patrones que no serían visibles a través de estudios aislados.

“Los problemas ambientales no se presentan en categorías separadas. Microplásticos, pesticidas, bacterias: todos coexisten en los mismos ecosistemas. La complejidad de su interacción es exactamente la razón por la que muchos de estos fenómenos han permanecido ocultos”, añade el Dr. Kumar.

pesticidas y microplásticos

Un consorcio global: 8 países, 21 investigadores y una misión científica compartida

El proyecto Microcosmic Understanding of Pathway Pollution and Solution on Pesticide (Comprensión microcósmica de las rutas de contaminación y soluciones para pesticidas) reúne a expertos de: India, Japón, México, Reino Unido, Alemania, Australia y varios países de la Unión Europea, representando diversos campos como la hidrología, la ciencia del suelo, la química atmosférica, la ingeniería química, la ecología microbiana y la toxicología ambiental. La colaboración busca crear datos comparables entre regiones, mejorando la capacidad de rastrear el movimiento global de contaminantes y desarrollar estrategias internacionales de mitigación.

El Tecnológico de Monterrey contribuye mediante herramientas avanzadas de isótopos ambientales e investigación en microbiología ambiental, reforzando su creciente liderazgo en sostenibilidad, transformación de la industria y salud, los tres pilares de la Escuela de Ingeniería y Ciencias.

Perspectivas científicas clave que surgen del estudio:

1.- El transporte de pesticidas por aire está más extendido de lo esperado: Los pesticidas pueden moverse a través de la atmósfera y depositarse en ecosistemas mucho más allá de las fronteras agrícolas.

2.- Los microplásticos están alterando el comportamiento de las bacterias ambientales: La exposición a mezclas de contaminantes cambia las vías metabólicas microbianas, los mecanismos de supervivencia y las respuestas al estrés.

3.- Los contaminantes combinados pueden acelerar la resistencia a los antimicrobianos: El estrés químico aumenta las tasas de transferencia horizontal de genes, el proceso mediante el cual las bacterias intercambian rasgos de resistencia.

4.- Las mezclas de contaminantes se comportan de forma diferente a los contaminantes individuales: Los marcos regulatorios evalúan los químicos mayoritariamente de forma aislada; esta investigación sugiere que las mezclas del mundo real se comportan de maneras que no pueden predecirse estudiando los contaminantes por separado.

5.- Las poblaciones vulnerables están expuestas de manera desproporcionada: Los niños, los trabajadores agrícolas y las comunidades rurales pueden estar experimentando rutas de exposición ocultas.

pesticidas y microplásticos

El Dr. Jürgen Mahlknecht, líder del Núcleo de Investigación en Clima y Sostenibilidad de la Escuela de Ingeniería y Ciencias del Tecnológico de Monterrey, y co-investigador del consorcio, también destaca la urgencia de abordar el tema, que muestra profundas implicaciones globales y regionales en los sistemas de salud, la agricultura y la regulación: “Si los contaminantes ambientales están acelerando la resistencia a los antimicrobianos, entonces esto no es solo un problema agrícola: se convierte en un problema de salud, un problema de seguridad alimentaria y un problema social”.

La investigación subraya la necesidad de fortalecer la regulación de los contaminantes atmosféricos y de microplásticos, actualizar los estándares ambientales para incluir mezclas de contaminantes, adoptar tecnologías de aplicación de pesticidas más controladas e invertir en vigilancia ambiental que vincule la contaminación con las bacterias resistentes a los antibióticos.

En América Latina, donde el uso de pesticidas es elevado y el monitoreo de microplásticos aún es incipiente, los hallazgos son particularmente relevantes. México, debido a sus condiciones climáticas e intensidad agrícola, podría enfrentar una dispersión acelerada de contaminantes suspendidos en el aire.

El consorcio continuará con: experimentos de microcosmos controlados para analizar eventos de transferencia de genes, modelado de transporte atmosférico, huella isotópica de contaminantes a través de los continentes y el desarrollo de recomendaciones de mitigación para los gobiernos y la industria. La siguiente fase también incluye esfuerzos de comunicación más amplios para ayudar al público a comprender la conexión entre la contaminación ambiental y la resistencia a los antimicrobianos.

Cuatro años transformando tapitas en acciones: Moen y Banco de Tapitas consolidan su impacto social y ambiental

Lo que comenzó como un esfuerzo local hace cuatro años, hoy se consolida como un pilar de responsabilidad compartida. Moen, la marca de grifería número 1 en Norteamérica, anuncia el inicio de su cuarta campaña anual de recolección de tapitas, tras cerrar un 2025 donde la participación ciudadana y de sus colaboradores permitió recolectar 162 kilogramos.

Esta iniciativa, realizada en alianza estratégica con Plaza Avanta y a beneficio de Banco de Tapitas A.C., no es solo un programa de reciclaje; es un ecosistema de economía circular que genera recursos directos para tratamientos oncológicos de niños y jóvenes de hasta 21 años en todo el país.

Llegar a nuestro cuarto año consecutivo no es solo una cifra, es la prueba de que la constancia genera cambios reales. En Moen no solo gestionamos el agua de forma inteligente, también gestionamos nuestro impacto en el planeta. Cada kilogramo recolectado es una doble victoria: retiramos plástico del ecosistema y brindamos una oportunidad de vida a un niño, señala May Ann Nadonga, vicepresidente de ventas y marketing para Moen México.

Moen y Banco de Tapitas

La campaña está profundamente arraigada en Mission Moen, la ambiciosa estrategia global de la marca que busca proteger los recursos hídricos y reducir la huella de plástico en los océanos. Al recolectar 162 kg en el último año, Moen ha logrado evitar la emisión de aproximadamente 215 kg de CO2 a la atmósfera, demostrando que el diseño de lujo y la conciencia ecológica pueden y deben coexistir.

El contenedor ubicado en Plaza Avanta, en Monterrey, Nuevo León, se ha convertido en un punto de referencia para la comunidad. Durante este 2026, Moen invita nuevamente a sus colaboradores, aliados y al público en general a depositar sus tapitas de plástico (de alimentos, productos de aseo y cuidado personal).

¿Cómo participar en 2026?

  • Lugar: contenedor oficial Moen en Plaza Avanta, Monterrey.
  • Qué recolectamos: tapas de plástico de cualquier tipo de envase.
  • El objetivo: superar la meta de 2025 y seguir convirtiendo residuos en esperanza de vida.

En Moen, creemos que la innovación debe ser humana. Este cuarto año reforzamos nuestro compromiso con el Banco de Tapitas A.C., porque estamos convencidos de que el futuro se construye con acciones circulares, sociales y sostenibles, concluye Nadonga.

Consulta la página www.moen.com.mx para conocer más sobre la marca.

El agua diseña nuestra vida, ¿quién diseña para el agua?

Moen

El Movimiento Va por Mi Cuenta supera los 62 millones de pesos y fortalece la seguridad alimentaria en México

Fundación Alsea, A.C. anunció que la campaña 2025 del Movimiento Va por Mi Cuenta recaudó $62,337,122 pesos, alcanzando un récord y superando los $51.8 millones obtenidos en la edición anterior.

La campaña, que se llevó a cabo del 1 de octubre al 14 de diciembre de 2025, invitó a clientes, colaboradores y aliados a sumarse a través de distintas formas de participación, como donativos en restaurantes, aportaciones a través de la página oficial y la compra de productos con causa dentro de las marcas de Alsea, en cerca de 2,000 unidades a nivel nacional.

El monto beneficiará en este 2026 a más de 1 millón 400 mil personas en comunidades vulnerables de todo el país, a través de iniciativas enfocadas en seguridad alimentaria, implementadas de manera directa y en colaboración con organizaciones aliadas.

Como parte de este esfuerzo, Fundación Alsea, A.C. informó que integrará a siete nuevas organizaciones beneficiarias durante este 2026 que fueron seleccionadas a través de su convocatoria de inversión social 2025, lo que permitirá ampliar su impacto en distintas comunidades del país apoyando a más de 15 organizaciones que trabajan en pro de la alimentación este año.  

Las instituciones que se suman como aliadas son: Un Kilo de Ayuda, BiFAM, Christel House México, Fundación ¿Sabías Qué…?, Fundación Nutriendo por un Futuro, Fundación para la Asistencia Educativa (FAE) y Patronato Pro Zona Mazahua.

“Este resultado refleja la confianza en el Movimiento y demuestra que, a través de acciones cotidianas, es posible generar un cambio significativo y sostenible en las comunidades donde estamos presentes”, señaló Ivonne Madrid, directora de Fundación Alsea, A.C.

Gracias a esta inversión, durante 2026 Fundación Alsea, A.C. apoyara un total de 22 proyectos relacionados con la alimentación, para contribuir a su misión de generar bienestar en personas y comunidades vulnerables, a través de inversión social sustentable.

El anuncio se realizó en el marco de la mesa de diálogo “Impacto de la RSE en la industria restaurantera para la transformación social de México”, organizada por Fundación Alsea, A.C. en Casa Cemefi, sede del Centro Mexicano para la Filantropía.

El encuentro contó con la participación de Iliana Jiménez, directora de mercadotecnia de Domino’s Pizza; Jaime Vásquez, Director de Restaurantes Alsea; Saraí Jiménez, directora de Construcción y Reputación de Marca de Starbucks México; Valentina Villa Ordorica, directora general de Fundación Santander México; y Ricardo Bucio, presidente ejecutivo del Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi), quienes reflexionaron sobre los retos y oportunidades de la responsabilidad social empresarial en la industria.

El Movimiento Va por Mi Cuenta suma más de una década impulsando la colaboración entre colaboradores de Alsea, sus marcas, clientes y aliados estratégicos para contribuir a la seguridad alimentaria en comunidades vulnerables. A la fecha, la iniciativa ha servido cerca de 10 millones de comidas nutritivas.

En su intervención, Valentina Villa Ordorica destacó la importancia de la coinversión como un mecanismo para potenciar el alcance de este tipo de iniciativas.

“Ser reconocidos como aliado del Movimiento refleja el valor de sumar capacidades entre sectores para atender desafíos complejos como la educación. Desde Fundación Santander México, entendemos que la colaboración permite generar soluciones más integrales y sostenibles. Compartimos con Fundación Alsea una visión clara de impacto social, centrada en ampliar oportunidades y fortalecer el bienestar de las comunidades a las que llegamos de manera conjunta.”, señaló Valentina Villa Ordorica, Directora General de Fundación Santander México.

Por su parte, Ricardo Bucio enfatizó la relevancia de la colaboración entre iniciativa privada y sociedad civil para generar soluciones sostenibles que respondan a los principales retos del país.

“Hablar de hambre hoy no es solo hablar de escasez, sino de desigualdad en el acceso a una alimentación digna y nutritiva. La responsabilidad social empresarial en la industria alimentaria tiene un papel clave en esta transformación: desde cómo se produce, hasta cómo se distribuye y se evita el desperdicio. Si queremos avanzar hacia el cumplimiento del Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, necesitamos empresas que integren la sostenibilidad y los derechos humanos en el centro de sus decisiones, entendiendo que garantizar la alimentación es también garantizar salud, educación y desarrollo para México” comentó el presidente ejecutivo del Cemefi. 

Los resultados de la campaña consolidan al Movimiento Va por Mi Cuenta como una de las iniciativas colaborativas más relevantes en materia de seguridad alimentaria en México, demostrando el impacto que puede lograrse cuando empresas, clientes y sociedad civil trabajan en conjunto.

Guardianas de vida: las biznagas de Terralago

Retratos de la naturaleza

En medio del paisaje natural que rodea a Terralago, miles de biznagas comienzan a florecer, recordando la riqueza biológica de los ecosistemas semiáridos de México. Estas cactáceas, emblemáticas de nuestro país, forman parte de un programa de preservación ambiental impulsado dentro del desarrollo, cuyo objetivo es proteger la vegetación nativa y contribuir al equilibrio ecológico de la zona.

Actualmente, más de 3,600 biznagas se resguardan y cuidan en el vivero del conjunto urbano, donde reciben monitoreo constante y las condiciones adecuadas para su conservación. Muchas de ellas fueron rescatadas durante las primeras etapas del proyecto y hoy continúan su ciclo natural, mostrando en esta temporada sus delicadas y aromáticas flores, un fenómeno que refleja la adaptación y vitalidad de estas especies.

biznagas de Terralago

Joyas mexicanas

En el vivero de Terralago se resguardan cerca de cuatro mil biznagas, cactáceas emblemáticas del paisaje semiárido mexicano que hoy florecen como parte de un programa de preservación ambiental que protege y da continuidad a la vegetación.

biznagas de Terralago
biznagas de Terralago

Flora preservada en Terralago

NOMBRE CIENTÍFICO  NOMBRE COMÚN  NÚMERO DE EJEMPLARES
Agave americanaAgave arroqueño3
Agave angustifoliaAgave espadín3
Agave salmianaAgave pulquero168
Coryphantha elephantidensBiznaga colmillos de elefante21
Opuntia ficus-indicaNopal común2,497
Opuntia streptacanthaNopal Chamacuelo12
Stenocactus crispatusBiznaga ondulada crespada3,720
TOTAL 6,424

Arquitectura natural

Las biznagas que originalmente habitaban esta zona fueron cuidadosamente rescatadas y ubicadas al vivero del desarrollo, donde hoy reciben monitoreo constante y cuidados especializados que favorecen su conservación.

biznagas de Terralago

Un refugio de vida: biodiversidad protegida.

El vivero del conjunto urbano funciona como un espacio dedicado al resguardo y monitoreo de estas especies. Aquí, las biznagas reciben cuidados especializados que permiten observar su crecimiento y adaptación, favoreciendo su conservación y la continuidad de su ciclo natural.

biznagas de Terralago

Herencia que perdura

Las biznagas son una de las especies más representativas de los paisajes áridos de México. Su extraordinaria capacidad de adaptación y resistencia las ha convertido en un símbolo de la biodiversidad local, donde continúan creciendo y floreciendo incluso en condiciones climáticas extremas.

Fotorreportaje realizado con información de Terralago.

www.terralago.com

El tráfico no solo congestiona: también está elevando la temperatura de las ciudades

El tráfico de las ciudades acaba de sumar una externalidad climática que hasta ahora había recibido menos atención en la modelación urbana: su capacidad directa para elevar la temperatura del aire y de los espacios construidos. Un nuevo estudio publicado en la revista Journal of Advances in Modeling Earth Systems incorporó por primera vez un módulo físico de calor vehicular dentro del Community Earth System Model y demostró que la circulación diaria en Manchester y Toulouse incrementa la temperatura del aire en alrededor de 0.16 °C durante verano y 0.35 °C en invierno.

Aunque sobre el papel estas variaciones parecen modestas, su importancia estratégica es enorme. En contextos de olas de calor, sistemas hospitalarios saturados e infraestructura urbana bajo estrés, incluso fracciones de grado pueden prolongar la exposición térmica, intensificar el efecto de isla de calor y aumentar la demanda energética en edificios. El hallazgo reposiciona al tráfico de las ciudades no solo como un problema de movilidad y emisiones, sino como un acelerador local de vulnerabilidad climática y salud pública.

¿Qué analizó el estudio y qué encontró sobre el tráfico de las ciudades?

La investigación desarrolló un nuevo módulo de flujo de calor vehicular capaz de desagregar la energía desperdiciada por motores, escapes, neumáticos y frenado, integrándola al sistema climático urbano. Esto permitió observar cómo el calor no se queda únicamente en la carretera, sino que se redistribuye entre el pavimento, las fachadas, el aire circundante y, en ciertos casos, incluso el interior de edificios. El valor metodológico del estudio es precisamente que deja de “esconder” ese calor dentro del consumo energético general de la ciudad y lo convierte en una variable climática independiente.

tráfico de las ciudades

Los hallazgos muestran que este fenómeno no es lineal. En Manchester, parte del calor del tráfico penetró a inmuebles cercanos y elevó ligeramente la temperatura del aire interior, mientras que en Toulouse el efecto fue aún mayor debido a la densidad urbana. Esto implica que el tráfico de las ciudades no solo afecta la experiencia térmica exterior, sino que también incrementa el esfuerzo de ventiladores y aire acondicionado, creando un círculo de mayor consumo energético, más emisiones indirectas y mayores costos operativos para hogares y empresas.

Además, el modelo mostró que durante la ola de calor de Reino Unido en julio de 2022 este calor adicional elevó indicadores clave de estrés térmico humano. En términos de salud, esto significa noches más difíciles para disipar temperatura corporal, mayor riesgo para adultos mayores, trabajadores de calle y personas con enfermedades cardiovasculares, así como presión extra sobre sistemas de transporte y servicios públicos.

¿Por qué ocurre este fenómeno?

La explicación física es clara: los vehículos de combustión convierten solo una parte de la energía del combustible en movimiento, mientras que una proporción importante se libera como calor residual. Motores, frenos, escapes y la fricción de neumáticos liberan energía directamente a nivel de calle, justo donde edificios altos y superficies impermeables tienden a atraparla. Es decir, el tráfico de las ciudades se convierte en una fuente localizada de calor antropogénico que opera de forma constante.

Este mecanismo se vuelve especialmente problemático en centros urbanos con alta densidad, calles estrechas y baja cobertura vegetal. Toulouse mostró cómo los “cañones urbanos” —calles rodeadas de edificios compactos— ralentizan la liberación de calor, mientras que ciudades con trazados más abiertos, como ciertas zonas de Manchester, permiten una disipación ligeramente mejor.

La relevancia global es evidente. Aunque el estudio analizó solo dos ciudades templadas, el fenómeno podría ser mucho más severo en metrópolis latinoamericanas, asiáticas o de Medio Oriente donde coinciden congestión extrema, altas temperaturas de base y menor infraestructura verde. Para ciudades como Ciudad de México, São Paulo o Delhi, el hallazgo anticipa que la movilidad urbana ya debe leerse también como variable de adaptación climática.

tráfico de las ciudades

Los factores que modificaron los resultados y lo que eso significa

Uno de los hallazgos más relevantes es que no todos los entornos urbanos responden igual al mismo volumen vehicular. La densidad de edificios, el ancho de vialidades, la presencia de vegetación, los materiales del asfalto y la capacidad del suelo para evaporar agua modifican cuánto tiempo persiste el calor. Esto significa que el diseño urbano puede amplificar o mitigar el impacto térmico del tráfico de las ciudades.

Otro factor decisivo fue la composición del parque vehicular. El modelo diferenció entre gasolina, diésel, híbridos y eléctricos, mostrando que los vehículos eléctricos desperdician mucha menos energía en forma de calor a nivel calle. Esto no elimina el problema de la congestión, pero sí demuestra que la transición tecnológica puede reducir una parte importante del estrés térmico urbano.

La lectura estratégica para responsables de ESG es potente: movilidad, urbanismo, eficiencia energética y salud ya no pueden gestionarse como agendas separadas. Un mismo corredor vial puede afectar calidad del aire, emisiones, temperatura, bienestar y consumo eléctrico, obligando a métricas más integradas de desempeño urbano.

¿Cómo gobiernos y sector privado pueden revertir este efecto?

La respuesta más efectiva combina movilidad limpia, rediseño vial y planeación urbana basada en el clima. Los gobiernos deben acelerar la electrificación del transporte público, ampliar carriles exclusivos para autobuses, priorizar infraestructura ciclista, sincronizar semáforos para reducir frenado constante y rediseñar corredores urbanos con vegetación, pavimentos fríos y superficies permeables. Cada mejora reduce no solo emisiones, sino también el calor liberado por el tráfico de las ciudades.

tráfico de las ciudades

El sector privado también tiene un papel decisivo. Empresas de logística, reparto, transporte corporativo y flotillas pueden reducir el impacto mediante electrificación, optimización de rutas, horarios escalonados y teletrabajo parcial para disminuir congestión pico. Para indicadores ESG, estas decisiones impactan directamente en huella climática, bienestar comunitario, eficiencia operativa y resiliencia urbana.

Desde la responsabilidad social, el mensaje es claro: la congestión ya no debe medirse solo en minutos perdidos, sino en salud, energía y adaptación climática. Las alianzas público-privadas serán clave para traducir estos hallazgos en calles más frescas, ciudades más resilientes y menores costos sociales asociados al calentamiento urbano.

Movilidad, clima y responsabilidad compartida

El estudio confirma que el tráfico de las ciudades es también una fuente directa de calentamiento urbano, capaz de agravar olas de calor, elevar temperaturas interiores y aumentar la presión energética de edificios e infraestructura. Lo que antes parecía una externalidad marginal hoy emerge como un componente relevante en la ecuación de salud pública, resiliencia climática y justicia urbana.

Para gobiernos, empresas y especialistas en sostenibilidad, la implicación es inmediata: la política de movilidad debe integrarse a las estrategias de adaptación climática. Reducir congestión, acelerar transporte limpio y rediseñar calles no solo mejora traslados; también puede enfriar ciudades, proteger a las personas más vulnerables y reducir la huella térmica que ya está intensificando el cambio climático desde el nivel de la calle.

No solo en el agua: detectan microplásticos en la bilis y advierten daño celular

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La evidencia científica sobre la invasión silenciosa del plástico en el cuerpo humano suma un nuevo frente crítico. Un estudio publicado en la revista Environmental Science and Ecotechnology detectó microplásticos en la bilis en el 100% de las muestras analizadas durante cirugías de vesícula realizadas en el Décimo Hospital Afiliado de la Universidad Médica del Sur y el Hospital Popular de Dongguan. La investigación es todavía preliminar por el tamaño de la muestra, pero introduce una señal de alarma de alto valor científico: partículas plásticas en un fluido central para la digestión de grasas y la eliminación de desechos.

El hallazgo adquiere especial relevancia porque las concentraciones fueron sustancialmente más altas en pacientes con cálculos biliares, con promedios cercanos a 25.89 microgramos por gramo, frente a 6.98 en el grupo de control. Aunque los autores son cuidadosos al no establecer causalidad, la presencia persistente de microplásticos en la bilis sugiere que estos fragmentos podrían interactuar con procesos bioquímicos delicados del sistema hepatobiliar. Esta evidencia refuerza la necesidad de ampliar la investigación sobre contaminación plástica más allá del agua, el aire y los alimentos.

Microplásticos en la bilis: qué analizó el estudio y por qué preocupa

El estudio se enfocó en la bilis extraída durante procedimientos de colecistectomía de 14 pacientes, con el objetivo de rastrear la presencia de polímeros plásticos en este fluido. La bilis cumple una doble función estratégica: emulsiona grasas y participa en la circulación enterohepática, un sistema de reciclaje entre hígado e intestino que también ayuda a eliminar residuos metabólicos. Precisamente por su composición rica en sales biliares y lípidos, ofrece un entorno donde fragmentos hidrofóbicos o repelentes al agua pueden quedar retenidos durante más tiempo.

Esta permanencia abre hipótesis preocupantes. Cuando la bilis se espesa o pierde equilibrio químico, el colesterol puede cristalizarse y favorecer la formación de cálculos. En ese entorno, los microplásticos en la bilis podrían alterar el flujo, incrementar la retención de partículas, generar estrés celular localizado y modificar la estabilidad del microambiente biliar. Aunque el estudio no demuestra que el plástico cause litiasis, sí rompe la idea de la bilis como un simple canal pasivo y la coloca en el centro del debate toxicológico contemporáneo.

A nivel celular, el equipo expuso colangiocitos —las células que recubren los conductos biliares— a dosis bajas de plástico durante siete días. En lugar de muerte celular masiva, observaron un fenómeno más sutil y potencialmente más peligroso: senescencia, es decir, envejecimiento, pues las células dejaron de dividirse, aumentaron proteínas asociadas al envejecimiento y mostraron signos claros de disfunción mitocondrial, reducción de energía y acumulación de especies reactivas de oxígeno. Este patrón apunta a un deterioro persistente del tejido biliar.

microplásticos en la bilis

¿Qué tipo de microplásticos se encontraron en las muestras?

Uno de los aspectos más robustos del estudio fue la caracterización de polímeros. Entre los seis principales detectados, el tereftalato de polietileno (PET) —ampliamente usado en botellas de agua y envases alimentarios— representó el 68.05% de la carga total. Le siguió el polietileno (PE), común en bolsas, envolturas y empaques, con 27.11%. Esta composición conecta directamente el hallazgo con patrones de consumo cotidiano y con la infraestructura global de empaques plásticos de un solo uso.

Los escaneos láser ampliaron aún más la complejidad del hallazgo al identificar 32 firmas de polímeros, lo que revela una mezcla más diversa que la mostrada por las pruebas de masa. La mayoría de las partículas midió entre 20 y 50 micrómetros, con morfologías irregulares, alargadas y redondeadas. Esta heterogeneidad es clave: fragmentos más pequeños e irregulares tienen mayor capacidad para desplazarse entre fluidos, adherirse a tejidos y desencadenar respuestas biológicas diferenciadas.

microplásticos en la bilis

¿Por qué este hallazgo es importante y qué otras consecuencias puede tener?

Encontrar microplásticos en la bilis no sólo afecta la vesícula biliar. Este fluido es una vía crítica para el transporte de grasas, colesterol y residuos, por lo que la presencia de partículas plásticas sugiere un posible mecanismo de distribución interna hacia otros puntos del sistema hepatobiliar. Además, se suma a evidencia previa en placenta y placa carotídea, consolidando la idea de que el plástico ya no está confinado al tracto digestivo.

Otro punto clave es la relación con el envejecimiento celular. La senescencia de colangiocitos implica que el tejido puede perder funcionalidad sin presentar necrosis evidente, lo que complica el diagnóstico temprano y podría contribuir a procesos inflamatorios crónicos. El estudio incluso exploró el papel de la melatonina como agente protector mitocondrial, con resultados prometedores en laboratorio, aunque insuficientes todavía para trasladarse a recomendaciones clínicas.

Por todo ello, la contaminación plástica debe dejar de abordarse solo como problema de residuos y biodiversidad. Sus implicaciones biomédicas la convierten en un desafío sistémico que conecta salud pública, diseño de materiales, políticas de consumo y gobernanza corporativa.

microplásticos en la bilis

Una alerta para la cadena de valor del plástico

Desde una óptica de responsabilidad social empresarial, este hallazgo preliminar tiene implicaciones estratégicas profundas. La detección de microplásticos en la bilis evidencia que los impactos del plástico no terminan en océanos, rellenos sanitarios o cadenas alimentarias, sino que alcanzan fluidos humanos esenciales. Para las organizaciones que participan en extracción petroquímica, manufactura, empaque, distribución y consumo masivo, esto redefine el concepto de externalidad ambiental: el residuo se convierte en riesgo sanitario potencial.

Las empresas de la cadena de valor del plástico enfrentan una responsabilidad creciente de acelerar la transición hacia materiales más seguros, sistemas de refill, rediseño de empaques, economía circular y trazabilidad de partículas secundarias. No se trata solo de cumplimiento regulatorio, sino de gestión preventiva del riesgo ESG, reputacional y de salud pública. Ignorar señales emergentes como esta puede traducirse en futuras exigencias regulatorias, litigios por toxicidad y pérdida de confianza de inversionistas y consumidores.

Asimismo, el estudio subraya la necesidad de financiar investigación independiente y multicéntrica. Desde la RSE, impulsar alianzas entre academia, hospitales, industria y reguladores puede acelerar protocolos de medición estandarizados y modelos de prevención. La contaminación por microplásticos ya es un asunto de derechos humanos, al vincularse con el derecho a la salud, a un ambiente sano y a información transparente sobre exposición química.

microplásticos en la bilis

Del residuo ambiental al riesgo corporativo y sanitario

La detección de microplásticos en la bilis representa una nueva frontera en la comprensión del impacto del plástico sobre la salud humana. Aunque el estudio se limita a 14 pacientes de un solo hospital y no establece causalidad, la evidencia de acumulación en un fluido tan relevante como la bilis, junto con señales de envejecimiento celular, es suficientemente sólida para justificar investigaciones más amplias, multicéntricas y longitudinales.

Para líderes de sostenibilidad, especialistas en RSE y tomadores de decisiones corporativas, el hallazgo funciona como una advertencia estratégica. Cada nuevo tejido, órgano o fluido en el que aparece plástico reduce el margen para tratar esta crisis como un problema periférico. La conversación ya no gira solo en torno al reciclaje, sino a la responsabilidad compartida de rediseñar materiales, modelos de negocio y cadenas de suministro antes de que el costo sanitario y social sea irreversible.

Calificaciones ESG: por qué la sostenibilidad no siempre se traduce en reconocimiento

Las calificaciones ESG han pasado de ser una referencia técnica para equipos de sostenibilidad a convertirse en una variable crítica de estrategia corporativa. Hoy influyen en costo del capital, elegibilidad para índices, acceso a financiamiento sostenible, percepción de riesgo y credibilidad frente a inversionistas. Sin embargo, una de las paradojas más frustrantes para las empresas con avances reales es comprobar que sus resultados en clima, cadena de suministro o gobernanza no siempre se reflejan en la puntuación que reciben del mercado.

La raíz del problema, según un artículo publicado en ESG News, no suele ser la falta de desempeño, sino una desconexión entre ejecución e inteligibilidad financiera. Muchas compañías están haciendo bien el trabajo ESG, pero no lo están traduciendo al lenguaje exacto que las agencias calificadoras —MSCI, Sustainalytics, S&P Global o LSEG— utilizan para medir riesgo y resiliencia. Para especialistas en responsabilidad social, esta brecha no es menor: representa una falla de arquitectura en disclosure, gobernanza de datos y estrategia de relacionamiento con el ecosistema financiero.

La brecha entre desempeño real y calificaciones ESG

De acuerdo con ESG News, el primer factor detrás de esta desconexión es metodológico. Las agencias privilegian datos estructurados, comparables y legibles por máquina, mientras que muchas organizaciones siguen comunicando avances en formatos narrativos más cercanos a GRI o reportes corporativos tradicionales. El resultado es que iniciativas sólidas en descarbonización, derechos humanos o ética pueden quedar invisibles para los modelos automatizados que procesan la información.

El segundo problema es la asimetría de transparencia. A diferencia de una auditoría financiera, las calificaciones ESG rara vez ofrecen trazabilidad suficiente sobre qué dato fue premiado, qué omisión generó castigo o qué disclosure simplemente no fue leído por no coincidir con la taxonomía esperada. Esto complica la mejora continua y obliga a las áreas ESG a operar casi bajo lógica de ingeniería inversa.

calificaciones ESG

Un tercer elemento es la diferencia entre materialidad corporativa y materialidad de calificación. Una empresa puede priorizar con razón riesgos sociales complejos o transformación cultural interna, pero si la calificadora asigna mayor peso a emisiones Scope 3, composición del consejo o verificación externa, la narrativa estratégica no necesariamente se traduce en puntuación. No es una falla del desempeño, sino una desalineación entre lo que la empresa comunica y lo que el mercado premia.

Finalmente, existe un sesgo operativo: muchas mejoras ESG siguen “enterradas” en anexos PDF, reportes extensos o tablas no estandarizadas. En un entorno donde la automatización gana terreno, la ubicación, formato y taxonomía del dato son tan relevantes como el dato mismo. Para quienes lideran sostenibilidad, esto exige pensar el reporte no solo como transparencia, sino como infraestructura de reconocimiento.

Las consecuencias estratégicas de una mala lectura del desempeño

La brecha entre desempeño y calificaciones ESG tiene consecuencias directas en el costo financiero. Bancos, inversionistas institucionales y fondos temáticos utilizan estas puntuaciones para definir márgenes de préstamos, precios de bonos vinculados a sostenibilidad y elegibilidad en mandatos de inversión responsable. Una calificación por debajo del desempeño real puede traducirse en puntos base adicionales y pérdida de acceso a capital preferencial.

La segunda consecuencia es reputacional y competitiva. Quedar fuera de índices como FTSE4Good o MSCI ESG Leaders limita exposición ante un universo creciente de inversionistas que asignan capital a través de filtros cuantitativos. En la práctica, esto significa menor visibilidad, menor demanda accionaria y una percepción de rezago que no necesariamente corresponde con la realidad operativa.

También hay una implicación interna de gobernanza. Cuando la organización invierte en transición energética, compliance, diversidad o debida diligencia y el mercado no lo reconoce, puede surgir desgaste entre áreas ESG, finanzas, relación con inversionistas y consejo. Esto erosiona confianza en la estrategia de sostenibilidad y dificulta justificar presupuestos futuros.

calificaciones ESG

Desde la óptica regulatoria, la brecha se vuelve aún más sensible con marcos como la CSRD europea, donde la comparabilidad y auditabilidad del dato se convierten en obligación. Una mala alineación entre disclosure regulatorio y lógica de calificación puede exponer a la empresa a doble costo: cumplimiento oneroso sin captura de valor reputacional o financiero.

Cómo mejorar las calificaciones ESG: una hoja de ruta práctica

La primera recomendación es realizar una auditoría de mapeo entre disclosure y criterios de agencias. No basta con reportar bajo GRI, SASB o CSRD; es indispensable identificar cómo cada dato dialoga con MSCI, Sustainalytics o S&P. La pregunta ya no es “qué estamos haciendo”, sino “cómo lo leerá el algoritmo y qué peso tendrá”.

Segundo, las empresas deben migrar hacia una arquitectura de datos legible por máquina. Tablas estructuradas, taxonomías homologadas, etiquetas XBRL, secciones destacadas para métricas materiales y verificación explícita por terceros son ajustes que suelen tener impacto inmediato en calificaciones ESG sin modificar la estrategia sustantiva.

Tercero, conviene priorizar las variables de mayor peso financiero: emisiones Scope 1, 2 y 3, gobernanza del consejo, diversidad, ética de cadena de suministro, seguridad laboral y assurance externa. No todos los disclosures generan el mismo retorno reputacional; por ello, la optimización debe concentrarse donde la metodología de mercado crea mayor sensibilidad.

calificaciones ESG

Finalmente, una práctica de alto valor es establecer engagement proactivo con calificadoras. Solicitar aclaraciones, responder cuestionarios con precisión, corregir ambigüedades y aportar evidencia adicional puede cerrar brechas que, de otro modo, seguirían afectando la percepción del mercado. La sostenibilidad necesita ser visible en el formato correcto para convertirse en ventaja competitiva, por eso, la siguiente lista de acciones puede ayudarte a cerrar esta brecha en tu compañía:

  • Auditar reportes actuales contra MSCI, Sustainalytics, S&P y LSEG
  • Priorizar métricas con mayor peso en costo del capital
  • Estandarizar datos en formatos legibles por máquina
  • Incorporar assurance y trazabilidad externa visible
  • Simular impacto potencial de disclosures antes de publicar
  • Fortalecer diálogo técnico con agencias calificadoras
  • Integrar ESG, finanzas y relación con inversionistas en un solo flujo de datos

De la sostenibilidad real al reconocimiento financiero

La gran lección es que las calificaciones ESG ya no dependen únicamente del desempeño, sino de la capacidad de convertir ese desempeño en información comparable, verificable y estratégicamente presentada. La sostenibilidad sin traducción financiera corre el riesgo de permanecer invisible, incluso cuando la organización está haciendo avances sustantivos.

Para líderes de responsabilidad social, asuntos corporativos y finanzas sostenibles, el desafío no es hacer más, sino hacer visible mejor. Quienes logren cerrar la brecha entre impacto real y lectura de mercado no solo mejorarán sus calificaciones ESG, sino que fortalecerán reputación, acceso a capital y resiliencia competitiva en un entorno donde la narrativa debe hablar el idioma exacto de los datos.

¿Sabías que usas combustibles fósiles a diario? La química quiere reemplazarlos

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Aunque solemos asociar los combustibles fósiles con gasolina, diésel o generación eléctrica, la realidad es mucho más cercana e invisible: están presentes en la ropa deportiva que usamos, en las cremas que aplicamos sobre la piel, en la pasta dental, en envases y hasta en bolsas de basura. Buena parte de estos objetos cotidianos dependen de glicoles, polímeros, alcoholes y otros compuestos petroquímicos que forman parte de la base industrial de miles de marcas. En otras palabras, convivimos diariamente con productos con combustibles fósiles sin advertirlo, porque su presencia se encuentra integrada en formulaciones, texturas y materiales que damos por sentados.

Sin embargo, esta dependencia está comenzando a cambiar gracias al auge de la química verde y de ingredientes de origen vegetal capaces de replicar —e incluso mejorar— el desempeño de sus equivalentes fósiles. La expansión de soluciones como glicerina derivada de biodiésel, sorbitol vegetal, bioetilenglicol y compuestos como Zemea está impulsando una nueva generación de productos de consumo con menor huella de carbono. 

Sin duda, la sustitución de productos con combustibles fósiles por alternativas bio-basadas representa una transformación profunda en cadenas de suministro, innovación y narrativa ESG.

Productos con combustibles fósiles en la vida diaria y sus sustitutos vegetales

Uno de los mejores ejemplos está en cosméticos y cuidado personal. Lociones, protectores solares, champús, geles de baño y tintes para el cabello suelen utilizar glicoles derivados del petróleo para hidratar, estabilizar conservantes y mejorar la textura. Hoy, compuestos como Zemea, elaborado 100% a partir de maíz, están sustituyendo estas formulaciones sin alterar la experiencia del usuario. El cambio es casi imperceptible para el consumidor, pero estratégico para la industria: se conserva desempeño mientras se reduce dependencia fósil.

productos con combustibles fósiles

Otro caso cotidiano está en alimentos, salud y cuidado bucal. El sorbitol, un alcohol de azúcar de origen vegetal, se ha convertido en pieza clave para sustituir ciertos derivados petroquímicos en pastas dentales, jarabes y productos sin azúcar. Su origen renovable y su versatilidad funcional muestran cómo la química de base biológica puede entrar en segmentos altamente regulados sin sacrificar estabilidad ni seguridad.

La transición también avanza en textiles y empaques. Muchos poliésteres y plásticos dependen de etilenglicoles de origen fósil; sin embargo, el bioetilenglicol producido a partir de maíz o residuos agrícolas ya está habilitando plásticos y fibras con menor intensidad de carbono. Esto es particularmente relevante para marcas de moda, consumo masivo y logística que buscan reducir emisiones Scope 3 sin rediseñar completamente el producto final.

El mensaje de fondo es claro: los productos con combustibles fósiles están siendo reemplazados no por versiones “eco” menos eficientes, sino por soluciones capaces de competir en desempeño, estabilidad y escalabilidad industrial.

Por qué estas alternativas son más sostenibles y qué valor generan

La principal ventaja ambiental de los ingredientes bio-basados es su menor huella de carbono. En el caso de Zemea, Primient Covation reporta hasta 40% menos emisiones de gases de efecto invernadero frente a glicoles derivados del petróleo. Esto convierte a la química vegetal en una herramienta directa de descarbonización para empresas que necesitan avanzar en compromisos net-zero sin comprometer calidad de producto.

productos con combustibles fósiles

Además, estas alternativas fortalecen la resiliencia financiera. Muchos productos con combustibles fósiles están sujetos a la volatilidad de precios del petróleo, lo que impacta costos de manufactura, márgenes y planeación. Los compuestos de origen biológico, al depender de materias primas agrícolas o subproductos de otras industrias, pueden ofrecer una estructura de costos más estable y predecible, un factor especialmente valioso para compras estratégicas y planeación de supply chain.

Desde la perspectiva ESG, el valor va más allá de carbono y costos. La trazabilidad de cadenas de suministro, certificaciones de terceros, programas como USDA BioPreferred, EcoVadis o CDP y la validación externa de desempeño ambiental mejoran reputación, acceso a capital y credibilidad frente a clientes corporativos. La sostenibilidad deja de ser promesa y se convierte en dato verificable.

En términos de innovación, la química verde también amplía posibilidades. Ingredientes como Zemea han mostrado beneficios funcionales inesperados —texturas más ligeras, mejor hidratación o nuevas aplicaciones— que generan ventaja competitiva más allá del discurso ambiental.

El papel de consumidores y empresas en acelerar la transición

Para los consumidores, el cambio más poderoso está en la decisión cotidiana. Elegir productos formulados con ingredientes bio-basados, empaques con menor dependencia petroquímica o marcas que transparenten sus insumos permite crear señales de mercado que aceleren la sustitución de productos con combustibles fósiles. Lo relevante es que este consumo ya no exige sacrificar calidad, ya que muchas de estas soluciones igualan o superan la experiencia tradicional.

Las empresas, por su parte, tienen una responsabilidad estructural mayor: integrar criterios de química sostenible en innovación, procurement y diseño de producto. Sustituir insumos fósiles no debe verse como acción aislada del área ESG, sino como una palanca transversal de eficiencia, reputación, cumplimiento regulatorio y diferenciación de marca.

También será clave la colaboración en cadena de valor. Proveedores, fabricantes, retailers y marcas deben compartir trazabilidad, validación científica y métricas de impacto para escalar estas soluciones. La transición no depende únicamente del laboratorio, sino de la capacidad de la cadena para absorber innovación y traducirla en volumen comercial.

Desde la responsabilidad social, esta evolución representa una oportunidad extraordinaria: demostrar que la sostenibilidad puede habitar en los detalles invisibles del producto, justo donde se toman decisiones químicas que definen el impacto real del consumo masivo.

Adicción a drogas es catalogada como enfermedad: empresas deben priorizar rehabilitación

El Segundo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito ha reconocido la adicción a las drogas como una enfermedad que puede generar incapacidad temporal. A partir de este criterio, despedir a una persona trabajadora por ausencias vinculadas con farmacodependencia queda fuera del marco permitido, obligando a los empleadores a privilegiar la rehabilitación y, en su caso, la suspensión temporal antes que cualquier rescisión. La resolución no sólo modifica la lectura jurídica de las faltas, sino que introduce una nueva obligación de actuación para las áreas de recursos humanos, cumplimiento y salud ocupacional.

¿Qué implicaciones tendrá esto para el empleador y cómo deberá proceder si detecta un caso de adicción a las drogas dentro de su plantilla? A continuación, analizamos qué exige realmente este criterio, cómo cambia la gestión del riesgo laboral y qué papel deberán asumir las organizaciones frente a un problema que ya es reconocido como asunto de salud pública.

¿Por qué la adicción a las drogas se cataloga como enfermedad?

La resolución del Segundo Tribunal Colegiado en Materia de Trabajo del Primer Circuito no surge en el vacío de una demanda por despido injustificado promovida contra el IMSS, donde la parte patronal argumentó que la persona trabajadora acumuló más de tres faltas injustificadas en un mes. Sin embargo, al revisarse el expediente, el Tribunal determinó que dichas inasistencias estaban vinculadas con un padecimiento reconocido clínicamente, por lo que no podían analizarse bajo la lógica tradicional del abandono o incumplimiento laboral. Dicho caso llevó a la revisión del criterio que también descansa en una evolución médica y jurídica.

La justificación central del criterio descansa en que la adicción a las drogas ya había sido reconocida desde 2010 por la Suprema Corte de Justicia de la Nación como una enfermedad, alineándose además con la postura de la Organización Mundial de la Salud y de la Secretaría de Salud, que la consideran un trastorno crónico, incapacitante y perteneciente al ámbito de la salud mental y del comportamiento. Bajo esa lógica, el Tribunal concluyó que las ausencias provocadas por farmacodependencia deben recibir un tratamiento equivalente al de cualquier incapacidad temporal, privilegiando la rehabilitación sobre la sanción.

adicción a las drogas

Más allá del plano legal, el criterio responde a una razón social de fondo: combatir la estigmatización. Durante décadas, la dependencia a sustancias ha sido interpretada como una falla moral o disciplinaria, cuando en realidad responde a factores biológicos, psicológicos, sociales e incluso laborales. El fallo busca precisamente corregir ese sesgo y trasladar al entorno de trabajo una visión basada en derechos humanos, salud y no discriminación.

¿Qué obligaciones adquiere el empleador y cómo deberá proceder?

A partir de este criterio, el empleador adquiere la obligación de no rescindir la relación laboral cuando las ausencias deriven de una incapacidad temporal por adicción a las drogas. La vía correcta será, en todo caso, la suspensión temporal del vínculo mientras la persona recibe atención médica y rehabilitación. Esto obliga a las organizaciones a modificar protocolos internos de ausentismo, sanciones y gestión disciplinaria.

Según informa El Economista, el primer paso debe ser una intervención confidencial y directa con la persona trabajadora. La empresa no debe recurrir a familiares, compañeros o terceros, ya que hacerlo puede vulnerar privacidad y protección de datos sensibles. El acercamiento debe centrarse en confirmar si existe diagnóstico, identificar si la persona desea recibir apoyo y orientarla hacia servicios médicos, psicológicos o psiquiátricos, idealmente a través de instituciones de seguridad social.

También será necesario fortalecer los mecanismos de prevención psicosocial, ya que la adicción a las drogas puede estar asociada con burnout, estrés laboral crónico, violencia organizacional o condiciones de riesgo no detectadas, por lo que la empresa debe revisar la aplicación de la NOM-035, los canales de apoyo emocional y los programas de asistencia al empleado. Más que una obligación reactiva, el criterio obliga a construir capacidades preventivas.

Desde la perspectiva operativa, el protocolo ideal incluye: documentación clínica de ausencias, suspensión justificada, plan de seguimiento, reintegración gradual y capacitación a mandos medios para evitar estigmas. Esto no significa tolerar conductas de riesgo, como presentarse bajo el influjo de sustancias, lo cual sigue siendo causal bajo el artículo 47 de la LFT; significa distinguir entre conducta sancionable y enfermedad tratable

adicción a las drogas

Consecuencias para el empleador por no atender la medida

Ignorar este criterio puede colocar al empleador en una posición de alta vulnerabilidad legal y reputacional. La consecuencia más inmediata sería una demanda por despido injustificado, con exposición a reinstalación, pago de salarios caídos, indemnización constitucional y costos procesales. Dado que el criterio ya reconoce la adicción a las drogas como causa de incapacidad temporal, la rescisión automática perdería sustento frente a tribunales laborales.

A ello se suma el riesgo de que el caso sea interpretado como discriminación por condición de salud, particularmente si la persona no incurrió en trabajo bajo el influjo de sustancias ni puso en riesgo a terceros. En estos escenarios, el despido puede entenderse como una sanción basada en estigma y tabú, no en desempeño objetivo, agravando la responsabilidad patronal.

Un tercer frente crítico es la NOM-035-STPS. Si la farmacodependencia está vinculada con burnout, estrés severo, violencia laboral o ausencia de mecanismos de detección de riesgos psicosociales, la autoridad podría interpretar que la empresa falló en su obligación preventiva. Esto abre la puerta a multas, inspecciones y observaciones sobre incumplimiento normativo.

En términos ESG, estas omisiones pueden deteriorar indicadores de bienestar, seguridad, retención de talento, derechos humanos y gobernanza social. Para el empleador, el costo no será solo jurídico: también puede afectar reputación, clima laboral, productividad y confianza de inversionistas que hoy evalúan con rigor la gestión del capital humano.

adicción a las drogas

ESG, salud pública y corresponsabilidad: el nuevo reparto de responsabilidades entre empresas y gobierno

El reconocimiento de la adicción a las drogas como enfermedad incapacitante temporal no solo redefine obligaciones laborales, sino que reconfigura la frontera de responsabilidades entre sector privado y Estado. El mayor impacto se ubica en la dimensión social, donde las empresas deberán fortalecer sistemas de salud ocupacional, prevención de riesgos psicosociales, protocolos de crisis y mecanismos de acompañamiento clínico sin invadir la esfera médica que corresponde a las instituciones públicas. Esto impactará indicadores clave como ausentismo, accidentabilidad, retención, clima laboral, bienestar y derechos humanos, cada vez más observados por inversionistas, auditorías y agencias de rating ESG.

Sin embargo, la medida también abre un debate legítimo sobre la distribución de cargas. La adicción a las drogas es un problema de salud pública cuya raíz rara vez se limita al trabajo: influyen condiciones sociales, violencia, disponibilidad de sustancias, deterioro comunitario, salud mental insuficientemente atendida y campañas preventivas todavía poco eficaces. Bajo esta realidad, sería desproporcionado trasladar a las empresas una responsabilidad total sobre un fenómeno cuya incubación social ocurre, en gran medida, fuera del centro laboral. El papel del gobierno debe ser mucho más robusto en prevención primaria, regulación de propaganda, fortalecimiento de servicios de salud mental, tratamiento accesible y campañas de concientización sostenidas que reduzcan el estigma y frenen el avance de nuevas adicciones.

Para el sector privado, la responsabilidad correcta no es sustituir al sistema de salud, sino convertirse en un actor de detección temprana y contención responsable. Esto implica integrar la prevención de adicción a las drogas dentro de los sistemas de bienestar corporativo, programas de asistencia al empleado, cumplimiento estricto de la NOM-035 y capacitación de liderazgos para identificar señales de alerta sin criminalizar a la persona trabajadora. Las organizaciones con mayor madurez ESG incluso podrán traducir esta medida en mejores resultados de productividad y menor litigiosidad, al reducir accidentes, ausentismo prolongado y rotación derivada de una intervención tardía.

La consecuencia estructural para los empleadores será una evolución de su modelo de gestión humana: pasar de una lógica sancionatoria a una lógica de prevención, tratamiento y reintegración laboral. Esto implicará inversión en protocolos, mayor coordinación con instituciones de seguridad social y métricas más sofisticadas sobre salud mental y riesgos psicosociales. Pero el impacto social más profundo dependerá de que el gobierno haga su parte: prevenir desde el territorio, reducir la exposición a sustancias, evitar cualquier normalización o propaganda que banalice su consumo y garantizar rutas efectivas de rehabilitación. Solo así la adicción a las drogas dejará de ser un problema que estalla en el trabajo para convertirse en un desafío abordado desde la política pública, la comunidad y la empresa de forma articulada.

adicción a las drogas

Un problema de salud que requiere corresponsabilidad

La resolución del Segundo Tribunal transforma la gestión laboral de la adicción a las drogas al desplazar el enfoque del castigo hacia la rehabilitación y la protección del derecho a la salud. Para las empresas, el desafío inmediato será traducir este criterio en protocolos sólidos de prevención, suspensión temporal, acompañamiento y reintegración, evitando riesgos de discriminación, despido injustificado e incumplimiento de la NOM-035.

No obstante, la sostenibilidad real de esta medida dependerá de la corresponsabilidad. Sin un Estado que fortalezca prevención, tratamiento y campañas públicas efectivas, la carga seguirá desplazándose hacia los empleadores. El verdadero cambio estructural ocurrirá cuando sector público y privado asuman roles complementarios frente a una crisis que ya no puede verse solo como problema individual, sino como una prioridad de salud pública y responsabilidad social.

When the President calls Grupo Modelo “socially responsible,” it’s worth paying attention…

By Edgar López

This occurred during the morning press conference (“Mañanera”) on April 10. In the middle of the announcement about the “Social World Cup” ahead of the 2026 FIFA World Cup, President Claudia Sheinbaum said verbatim:

“I want to thank Grupo Modelo… It is a Socially Responsible Company and, in addition, it has been very generous”.

The phrase is not minor.

Not so much because of the praise itself, but because of the context in which it appears… and what it reveals.

Grupo Modelo
April 10 Conference

During Andrés Manuel López Obrador’s administration, the language of corporate social responsibility occupied a secondary place in the public narrative. Many companies opted for a low profile: less visibility, more restrained messaging, and a clear reduction in prominence on social issues that, at other times, they might have embraced more openly.

In that context, the fact that the president now revives that category and explicitly grants it is not insignificant.

It’s a signal.

But even more interesting is understanding why that company… and why at that moment.

The recognition does not arise from a recent campaign or an isolated action. It emerges from a narrative that the president herself constructs out loud: the donation of 100 million pesos during the pandemic to rehabilitate Hospital La Pastora (now a breast cancer treatment center), an electric mobility project when she was Head of Government, and now a visible participation in the “Social World Cup.”

That’s where the first clue appears… And if we analyze what was presented by Daniel Cocenzo, President of Grupo Modelo, the story is broader. The executive recalled last year’s announced investment of 3.6 billion dollars for the 2025–2027 period, the free Shakira concert in the Zócalo for the company’s centennial, and detailed the three concrete actions through which they are contributing to the Social World Cup: 500 tickets for matches in Mexico—to be given to tournament winners—mobile screens to bring the World Cup to all 32 states, and equipping 35,000 neighborhood businesses with free licenses, televisions, furniture, and refrigerators, aiming to generate economic spillover in communities.

What we see, then, is not just social responsibility. It is a strategy of presence.

Grupo Modelo
April 10 Conference

One that operates on multiple levels at the same time: it intervenes at moments of high visibility (pandemic, centennial, World Cup), inserts itself into public space, integrates business with social experience, and—perhaps most importantly—gets part of that narrative recognized and validated by public authority.

During the “Fourth Transformation” (4T), many companies learned that visibility could be a risk. The result was a retreat: less narrative, less exposure, more discreet operations.

What the Grupo Modelo case demonstrates is that there are ways to reoccupy that space, but under new rules.

Not through empty aspirational discourse, but through alignment with current public agendas. Not through self-celebration, but through connection with what the government needs to highlight. Not through isolated social investment, but through integration with business and the political context.

For those of us working in CSR and ESG, what we observe here is not only a strategy of visibility or alignment with the public narrative, but a way of integrating social responsibility into business in a country like Mexico. In Grupo Modelo’s case, the social dimension does not appear as a separate layer of operations, but as a component that articulates reputation, territorial presence, institutional relationships, consumption, distribution, and community within a single logic of action.

The question, then, is no longer just what cause is supported or how much is invested, but how that commitment is effectively integrated into the business model and engages with the political, economic, and social reality of the environment in which the company operates.

Could this type of expression open the door for more companies to reenter that public space?

It’s possible. Although, as often happens, the door tends to open more easily for those who know how to read the context… and move at the pace set by those in charge.

What this episode reveals is that recognition is no longer built solely on what a company does or says about itself. It is built at the intersection of its concrete actions, what the government needs to highlight, and what society is willing to acknowledge at that moment.

In the case of Grupo Modelo—part of a large global corporation—the post-pandemic evolution is illustrative. After the health emergency, the company reduced the public profile of initiatives like the “Modelo Volunteers” program and concentrated much of its CSR positioning within Corporate Affairs.

What is now celebrated with presidential praise does not seem to arise exclusively from long-term structural programs that generate recognition by their own weight, but also from a notable ability to read the context, synchronize with the public narrative, and step precisely onto the passing train.

These are well-executed actions, yes. But also clearly aligned with the rhythm of the circumstances shaped by the public environment.

Grupo Modelo
AB InBev Materiality Assessment & Report Development

In the end, it is what suits the company in achieving its strategic objectives: reinforcing its social license to operate, generating visible economic spillover, and differentiating itself in a complex environment.

Nothing more… and nothing less.

And there is much to learn from this case.

Because, as the president herself pointed out when referring to the deeper meaning of the Social World Cup:

“That football should not only be the day we watch television—having a beer—but that we also take advantage of it for a healthy life throughout the country”.

The irony is almost perfect.

While the generosity of one of the main producers of that beer is celebrated, the official discourse invites us to move beyond the classic “football + beer” pairing toward something more elevated.

And perhaps that is the best synthesis of what we are seeing.

Companies that help construct the moment… while at the same time being part of what the public discourse itself seeks to nuance.

Corporate social responsibility in Mexico today is played out—more than ever—at that intersection: between business, power, and the narrative of the moment.

A space where it is not enough to do things well.

You also have to know when, how… and with whom to make them visible.


Edgar

Edgar López Pimentel is currently a Director at Expok, where he exercises his leadership every day with a strong passion for social responsibility and sustainable development. His work has significantly contributed to positioning leading companies in the field of corporate social responsibility.

His academic background, enriched by executive education programs in Senior Management at IPADE Business School and IE Business School, as well as a master’s degree in Corporate Social Responsibility from Universidad Anáhuac México Norte, supports his leadership.

Solo 1 de cada 3 estudiantes STEM es mujer en México: ¿y la equidad laboral futura?

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México enfrenta una paradoja que debería encender alertas en la agenda de responsabilidad social y competitividad. Aunque, de acuerdo con Forbes, en el ciclo escolar 2024–2025 las mujeres representan 54% de la matrícula universitaria, su presencia en las disciplinas que configurarán la economía del futuro sigue siendo insuficiente. El dato es contundente: solo una de cada tres personas que estudian STEM es mujer, según un análisis del IMCO en colaboración con Movimiento STEM+. Esta desproporción revela que el acceso a la educación superior no se traduce automáticamente en igualdad de oportunidades en las áreas de mayor crecimiento y mejor remuneración.

El problema no es únicamente educativo: es una falla sistémica en la formación del capital humano del país. La baja participación de mujeres mexicanas en STEM anticipa una brecha futura en empleabilidad, liderazgo tecnológico e innovación inclusiva. En un entorno donde la inteligencia artificial, la automatización y la digitalización están redefiniendo la demanda laboral, dejar fuera a una parte sustantiva del talento femenino significa comprometer la resiliencia económica, la movilidad social y la capacidad de México para competir en la economía del conocimiento.

Mujeres mexicanas en STEM: una brecha que nace antes de la universidad

El rezago no comienza en la elección de carrera, sino mucho antes. De acuerdo con el análisis, 69% de las jóvenes en México no alcanza competencias matemáticas fundamentales en niveles básicos, y la distancia se amplía en niveles avanzados. Esto evidencia que la subrepresentación de mujeres mexicanas en STEM no responde a falta de capacidad, sino a una trayectoria educativa marcada por sesgos de socialización, menor estímulo en ciencias y expectativas culturales que siguen asociando ciertas disciplinas con lo masculino. La universidad solo refleja una desigualdad incubada desde la infancia.

mujeres mexicanas en STEM

La falta de orientación vocacional con perspectiva de género profundiza este patrón. Muchas instituciones siguen abordando la elección profesional desde modelos neutros en apariencia, pero ciegos a las barreras específicas que enfrentan las estudiantes. El resultado es una segregación educativa que posteriormente se convierte en segregación ocupacional. Desde la responsabilidad social corporativa, esto obliga a repensar cómo empresas, fundaciones y sistemas educativos pueden intervenir antes del punto de fuga, fortaleciendo mentorías, referentes femeninos y programas de continuidad académica enfocados en ciencia y tecnología.

El crecimiento del mercado STEM y el riesgo de ampliar la desigualdad laboral

Las implicaciones económicas son directas pues, de acuerdo con Forbes, las carreras STEM ofrecen ingresos 7.4% superiores a otras áreas profesionales, así como mayor acceso a empleo formal y estabilidad laboral. Sin embargo, la baja presencia de mujeres limita su entrada a estos beneficios y prolonga desigualdades que después se reflejan en una brecha salarial de 15% entre hombres y mujeres dentro del propio sector STEM. Es decir, incluso cuando logran ingresar, las condiciones no necesariamente garantizan equidad plena.

El desafío es especialmente crítico porque la demanda de estos perfiles continuará creciendo de forma acelerada. Sectores vinculados con datos, automatización, IA, ciberseguridad, manufactura avanzada y transición energética requerirán cada vez más talento especializado. Si la participación de mujeres mexicanas en STEM no aumenta al mismo ritmo, el país enfrentará un doble costo: por un lado, menos mujeres accediendo a empleos de alto valor; por otro, una escasez de talento estratégico para sectores clave. Esta combinación puede profundizar tanto la desigualdad de género como la brecha de competitividad nacional.

mujeres mexicanas en STEM

Lo que debe cambiar: de la inclusión educativa a la corresponsabilidad empresarial

Cerrar la brecha exige una intervención multisectorial sostenida. El IMCO plantea rutas claras: fomentar el interés por la ciencia desde educación básica, robustecer programas de mentoría, visibilizar referentes femeninos y diseñar políticas públicas que favorezcan permanencia y desarrollo. Pero para que estas medidas tengan impacto estructural, deben articularse con compromisos empresariales más ambiciosos. La agenda de talento ya no puede limitarse al reclutamiento; debe comenzar en la formación temprana, en alianzas escuela-empresa y en estrategias de inversión social que construyan vocaciones STEM con enfoque de equidad.

Para las organizaciones, el reto es estratégico y reputacional. Incrementar la presencia de mujeres mexicanas en STEM no solo responde a una lógica de justicia, sino a una necesidad de negocio: innovación más diversa, mejores decisiones, reducción de sesgos tecnológicos y fortalecimiento de la licencia social para operar en industrias de alta transformación digital. Si no se actúa ahora, la expansión del empleo STEM podría terminar ampliando la brecha de género en lugar de reducirla. La verdadera pregunta no es si habrá más trabajos tecnológicos en el futuro, sino quiénes estarán en condiciones reales de ocuparlos.

La IA habla tu idioma, pero interpreta desde Occidente: el sesgo cultural oculto

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La promesa de la inteligencia artificial multilingüe ha seducido a empresas, gobiernos y usuarios con una narrativa poderosa: si una IA puede responder con fluidez en cualquier idioma, entonces también comprende el contexto social de quien pregunta. Sin embargo, una anécdota ocurrida en Indonesia revela la fragilidad de esa premisa. Lo que ocurrió es que un hombre realizó una consulta a ChatGPT sobre cómo resolver una disputa familiar, pero su respuesta le hizo notar que, pese a contestar con un indonesio perfecto, la respuesta no cuadraba ya que se basaba en presupuestos culturales estadounidenses y no en el contexto cultural de quien hizo la pregunta desde otro lado del mundo. 

Tras notarlo, se lo contó a su amigo, quien resultó ser un investigador que más tarde efectuó todo un análisis sobre el sesgo cultural en la IA y que ahora ha dado origen a un artículo publicado en la Revista Internacional de Sociología Moderna, donde se documenta un patrón de enorme relevancia ética: los grandes modelos lingüísticos dominan idiomas locales, pero continúan razonando desde marcos epistemológicos occidentales. 

El hallazgo, definido como persistencia epistemológica, obliga a revisar una creencia ampliamente extendida en el ecosistema tecnológico: la fluidez lingüística no equivale a comprensión cultural. 

sesgo cultural en la IA

Sesgo cultural en la IA: lo que descubrió la investigación bajo la fluidez multilingüe

Los datos duros detrás del estudio son contundentes. El modelo LLaMA 2 de Meta fue entrenado con aproximadamente 89.7 % de texto en inglés, mientras que LLaMA 3 apenas incorpora alrededor de 5 % de datos en otros idiomas. En paralelo, el árabe —quinto idioma más hablado del planeta— representa menos del 1 % de los grandes datasets de entrenamiento, mientras lenguas con decenas de millones de hablantes, como bengalí o hausa, son prácticamente marginales. Esta asimetría no solo limita representación lingüística: moldea qué valores, nociones de responsabilidad y criterios de “buen resultado” se convierten en norma algorítmica.

El estudio añade un hallazgo especialmente inquietante: investigadores de la University of Oxford identificaron que muchos LLM realizan su razonamiento interno en inglés incluso cuando reciben prompts en otros idiomas. Es decir, el idioma local funciona como interfaz de salida, no como estructura de pensamiento. Bajo esa lógica, conceptos profundamente situados en países como Indonesia, como gotong royong (ayuda mutua comunitaria) o malu (conciencia relacional y regulación social), terminan traducidos a equivalentes psicológicos occidentales como “vergüenza”, perdiendo su dimensión colectiva. Aquí el sesgo cultural en la IA no es anecdótico: es estructural, reproducible y medible.

sesgo cultural en la IA

Cuando la IA ignora cosmovisiones: por qué este problema importa más de lo que parece

La relevancia del fenómeno excede la semántica. Cuando la IA privilegia la fluidez idiomática pero no integra cosmovisiones locales, introduce marcos normativos invisibles en decisiones íntimas, educativas, organizacionales, etc. En los experimentos realizados durante el estudio tambipen se preguntó a la IA sobre la educación empleando la palabra pendidikan (educación) en indonesio. Las respuestas de modelos de IA como ChatGPT, Claude y Gemini priorizaron autonomía personal, pensamiento crítico individual y preparación para el mercado laboral. No obstante, desaparecieron dimensiones históricas de la tradición educativa indonesia: disciplina ética, deber comunitario y formación moral relacional. Lo que se erosiona no es solo un matiz cultural, sino una arquitectura de sentido.

Estos resultados evidencian que el sesgo cultural en la IA puede naturalizar formas de individualismo que debilitan la cohesión social, invisibilizan saberes comunitarios y desplazan valores colectivos. A diferencia de los medios tradicionales, donde el origen cultural del mensaje suele ser reconocible, la IA conversacional opera bajo una apariencia de neutralidad empática. Su tono cercano y personalizado dificulta detectar que ciertas recomendaciones responden a una filosofía moral localizada, no universal. El riesgo reputacional, social y humano para las empresas que despliegan estas herramientas en salud, educación, atención a clientes o bienestar laboral es enorme.

sesgo cultural en la IA

Un cambio poco probable a corto plazo: responsabilidad social de las empresas de IA

No parece que esta situación vaya a modificarse pronto, y la razón es menos técnica que económica. Traducir la salida de modelos entrenados principalmente en inglés es mucho más barato que construir arquitecturas genuinamente multiculturales desde origen. La lógica del mercado favorece escalabilidad, velocidad y captura global, no pluralidad epistemológica. Como ha advertido la investigadora Safiya Umoja Noble, lo que solemos llamar “limitación técnica” suele ser en realidad el resultado de decisiones estructurales sobre infraestructura, propiedad y rentabilidad. El sesgo cultural en la IA emerge así como un subproducto de modelos de negocio, no como una falla accidental.

Desde la óptica de la RSE, esto coloca a las empresas creadoras de IA frente a una responsabilidad histórica. No basta con ampliar idiomas; deben diseñar sistemas que incorporen pluralidad de marcos morales, tradiciones relacionales y nociones no occidentales de bienestar, conflicto y comunidad. El desafío es profundamente social: si estos sistemas continúan exportando individualismos que erosionan vínculos colectivos, podrían reforzar dinámicas de fragmentación social, deslegitimación cultural y homogeneización cognitiva a escala global. La responsabilidad corporativa ya no reside solo en evitar daño, sino en asumir que diseñar IA es también diseñar cultura, ciudadanía y futuro social.

¿Ropa deportiva tóxica? Investigan a Lululemon por químicos potencialmente dañinos

La promesa de bienestar, rendimiento y sostenibilidad que ha convertido a Lululemon en una de las marcas más aspiracionales del mercado athleisure enfrenta hoy una prueba crítica de legitimidad. La compañía se encuentra bajo investigación tras la emisión de una Civil Investigative Demand (CID) por parte del fiscal general de Texas, Ken Paxton, para determinar si sus prendas contienen PFAS —los llamados forever chemicals— y, sobre todo, si informó de manera adecuada a sus consumidores sobre posibles riesgos a la salud.

El caso excede la esfera legal. La narrativa de marca de Lululemon se ha construido sobre salud, autocuidado y desempeño consciente; por ello, la sospecha de tóxicos en ropa Lululemon abre una contradicción reputacional de alta materialidad. Si se confirma la presencia de compuestos persistentes asociados con alteraciones endocrinas, infertilidad o ciertos tipos de cáncer, el caso podría convertirse en un referente sobre debida diligencia fallida, publicidad potencialmente engañosa y deficiencias en la gobernanza de la cadena de suministro.

Tóxicos en ropa Lululemon: la acusación, la investigación y las posturas encontradas

La investigación se centra en determinar si algunas prendas deportivas de la marca contienen PFAS (per- and polyfluoroalkyl substances), compuestos usados históricamente por su resistencia al agua y durabilidad en acabados repelentes.

El fiscal Paxton fue especialmente duro al señalar que no permitirá que “ninguna corporación venda materiales nocivos y tóxicos a consumidores a precio premium bajo la bandera del bienestar y la sostenibilidad”.

La oficina revisará la Restricted Substances List, los protocolos de prueba y las prácticas de proveedores para evaluar si la empresa cumplió con sus propios estándares declarados.

La respuesta corporativa introduce un matiz clave. Lululemon sostiene que eliminó PFAS a inicios de 2024, y que su uso se limitaba a una pequeña porción de productos con tratamiento repelente al agua. Además, afirmó que exige a todos sus proveedores pruebas periódicas mediante terceros acreditados para confirmar cumplimiento continuo. El núcleo del conflicto, por tanto, no es únicamente la presencia actual o pasada de tóxicos en ropa Lululemon, sino si la empresa gestionó con suficiente transparencia el riesgo químico y si su narrativa comercial pudo inducir a error a consumidores que asocian la marca con bienestar integral.

Qué químicos están bajo sospecha y cuáles son sus riesgos para la salud

Los PFAS son conocidos como forever chemicals porque se degradan extremadamente lento en el ambiente y pueden acumularse en agua, suelo, fauna y en el organismo humano. La United States Environmental Protection Agency explica que, debido a su persistencia y uso extendido, hoy se detectan en la sangre de personas y animales a escala global, y diversos estudios los vinculan con efectos adversos para la salud.

Entre los riesgos más citados en la acusación aparecen alteraciones endocrinas, infertilidad y ciertos tipos de cáncer, además de potenciales afectaciones metabólicas e inmunológicas. La preocupación no es menor: cuando estos compuestos están en textiles de uso cotidiano y contacto directo con la piel —especialmente en prendas deportivas sometidas a sudor, fricción y uso prolongado— se amplifica la sensibilidad pública frente a los posibles tóxicos en ropa Lululemon. Más allá del debate científico sobre dosis y exposición real por prenda, la sola posibilidad de que una marca wellness comercialice materiales de esta naturaleza erosiona la percepción de seguridad del consumidor.

Riesgo reputacional, costos y debida diligencia fallida

Desde una lectura ESG, este caso representa un riesgo severo en las tres dimensiones, pero especialmente en Governance y Social. En gobernanza, la pregunta central es si la empresa contó con una debida diligencia química robusta, trazabilidad real sobre insumos y mecanismos preventivos capaces de identificar PFAS antes de que se convirtieran en un problema legal. Si una compañía cuyo posicionamiento premium se sustenta en salud y sostenibilidad no logra anticipar riesgos materiales en su propia cadena, la señal para inversionistas y stakeholders es de debilidad estructural en compliance de producto.

En el plano social, el impacto potencial es aún más delicado. La sospecha de tóxicos en ropa Lululemon implica un posible daño directo a consumidores que, precisamente, compran la marca para mejorar su bienestar físico. Aquí la irresponsabilidad corporativa no estaría solo en usar sustancias nocivas, sino en no haber activado principios de prevención, precaución y transparencia radical frente a riesgos emergentes. La omisión en estos tres frentes puede traducirse en litigios colectivos, caída en confianza, afectación a fidelidad de marca y cuestionamientos de fondos ESG con políticas estrictas de salud del consumidor.

Los costos económicos también pueden ser significativos. A corto plazo, la empresa enfrenta gastos de investigación, asesoría legal, revisión de proveedores, nuevas auditorías químicas y potencial rediseño de materiales y de hecho, tras la noticia, las acciones de la marca ya empezaron a caer. A mediano plazo, si la investigación confirma incumplimientos, podrían sumarse sanciones regulatorias, compensaciones, retiros de producto y pérdida de valor de marca. Con ingresos superiores a 11 mil millones de dólares en 2025, el golpe no pondría necesariamente en riesgo la viabilidad financiera de la firma, pero sí puede erosionar múltiplos de valuación y elevar el costo reputacional de seguir vendiendo una promesa de bienestar sin una debida diligencia suficientemente preventiva.

La lección para líderes de responsabilidad social es contundente: en industrias de consumo, la sostenibilidad ya no puede limitarse a storytelling o materiales reciclados. Debe incluir gestión química preventiva, vigilancia científica, transparencia de supply chain y protocolos de sustitución segura. El caso de tóxicos en ropa Lululemon recuerda que, cuando la narrativa de bienestar supera la evidencia de seguridad, el riesgo ESG deja de ser reputacional y se convierte en una amenaza de valor empresarial.

Trump arremete contra León XIV tras sus declaraciones sobre la guerra

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La escalada verbal entre la Casa Blanca y el Vaticano abrió en las últimas horas un frente de alto riesgo reputacional, geopolítico y ético. Lo que comenzó con una condena moral del papa León XIV a la guerra en Oriente Medio —sin aludir a ningún mandatario en particular— derivó en una respuesta frontal del presidente Donald Trump, quien decidió personalizar el mensaje y convertirlo en un conflicto político directo que trasciende la polémica mediática y pone en tensión la relación entre liderazgo, narrativa pública y legitimidad moral.

La disputa Trump vs León XIV evidencia cómo, en escenarios de guerra y alta polarización, la comunicación de líderes globales puede convertirse en un acelerador de riesgos sistémicos. Mientras el pontífice insistió en “promover la paz” y reiteró que la Iglesia tiene la obligación moral de alzar la voz contra la violencia, Trump respondió con descalificaciones personales, acusaciones sobre Irán y una puesta en escena digital que numerosos sectores calificaron de blasfema e irrespetuosa. En clave ESG, no se trata solo de retórica: se trata del efecto que estos mensajes tienen sobre cohesión social, gobernanza internacional y confianza institucional.

Trump vs León XIV: la cronología de un choque que escaló de la paz al agravio

El punto de partida de este enfrentamiento verbal fue la declaración pública de León XIV del sábado, cuando imploró a los líderes globales: “¡Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero! ¡Basta ya de la exhibición de la fuerza! ¡Basta ya de la guerra!”. El mensaje, deliberadamente universal, evitó nombres y países, manteniendo la tradición diplomática vaticana de condenar el conflicto desde principios morales y no desde la confrontación partidista. Sin embargo, la lectura política desde Washington transformó el llamado en un cuestionamiento personal al presidente estadounidense.

La respuesta llegó el domingo. Trump declaró: “No soy un gran seguidor del papa León. Él es una persona muy liberal”, para luego acusarlo de “jugar con un país que quiere un arma nuclear”. Más tarde endureció el tono en Truth Social: “No quiero un papa que critique al presidente de Estados Unidos”, además de calificarlo como “DÉBIL en materia de crimen, y terrible para la política exterior”. La tensión alcanzó un nuevo umbral cuando publicó una imagen generada por IA donde se representaba con iconografía religiosa y, posteriormente, otra en la que aparecía como figura semejante a Jesucristo, ambas ampliamente denunciadas como escandalosas e irrespetuosas.

Lectura ESG: cuando la retórica de alto nivel se convierte en riesgo sistémico

El conflicto Trump vs León XIV debe leerse como un caso de riesgo ESG de alta materialidad, donde la comunicación pública de dos actores con influencia sistémica altera variables de gobernanza, estabilidad geopolítica y cohesión social. La confrontación no ocurre en un vacío simbólico: sucede en medio de la guerra con Irán, con implicaciones sobre energía, cadenas de suministro, volatilidad financiera, percepción de riesgo soberano y seguridad internacional. Cuando el presidente de Estados Unidos acusa al pontífice de “jugar con un país que quiere un arma nuclear”, la retórica trasciende la opinión política y se convierte en una señal que puede afectar decisiones de mercado, posturas diplomáticas y marcos de legitimidad institucional.

Para tomadores de decisiones, la primera capa de análisis está en la G de Governance: la erosión de protocolos mínimos de interlocución responsable entre liderazgos de máxima jerarquía. La buena gobernanza —sea estatal, corporativa o multilateral— exige preservar canales de diálogo con actores que operan como amortiguadores de conflicto. En este caso, León XIV mantuvo una narrativa consistente de paz, multilateralismo y reconciliación, incluso después del ataque directo, insistiendo en que no busca debatir políticamente sino defender un principio moral. Trump, en cambio, desplazó la conversación al terreno del descrédito personal, debilitando el valor institucional del desacuerdo. Para un comité de riesgo, esto equivale a un indicador de deterioro en la gobernanza diplomática, con potencial impacto en negociaciones multilaterales, cooperación internacional y credibilidad de compromisos públicos.

La segunda capa corresponde a la S de Social, donde el riesgo más relevante es la normalización de la polarización moral como herramienta de liderazgo. El uso de imágenes religiosas generadas por IA para amplificar la confrontación —incluida la representación de sí mismo como figura semejante a Jesucristo— introduce un componente de agravio identitario que puede detonar respuestas emocionales en comunidades religiosas, electorados conservadores y grupos de fe transnacionales. Desde la gestión ESG, esto debe traducirse en una alerta de riesgo de fractura de stakeholders, particularmente en audiencias donde religión, nacionalismo y legitimidad política están profundamente entrelazados. La materialidad social no está en la anécdota visual, sino en su capacidad para radicalizar percepciones, erosionar confianza y amplificar discursos de exclusión.

Hay además una tercera dimensión clave para consejos y áreas de sostenibilidad: la materialidad reputacional cruzada. El caso Trump vs León XIV muestra cómo una confrontación entre líderes externos puede modificar el mapa de exposición reputacional de empresas, inversionistas y organizaciones con operaciones en sectores sensibles. Energía, defensa, logística, banca, seguros, tecnología y consumo masivo podrían verse impactados por la volatilidad narrativa derivada del conflicto, especialmente si la escalada retórica afecta la estabilidad en Medio Oriente o las relaciones entre Washington y actores europeos cercanos al Vaticano. Para una organización, esto implica actualizar matrices de stakeholders, escenarios de crisis y mapas de sensibilidad geopolítica.

La lección para liderazgo corporativo es profunda: la comunicación de alto nivel entre jefes de Estado y líderes religiosos debe gestionarse como un factor exógeno de riesgo empresarial, no como ruido político. Hoy, una declaración presidencial o pontificia puede mover mercados, alterar percepciones regulatorias, activar boicots sociales o impactar cadenas globales con la misma rapidez que una sanción económica.La conclusión estratégica es clara: en escenarios de guerra, la retórica pública se convierte en infraestructura de riesgo. Si el lenguaje abre mediación, reduce volatilidad; si humilla, ridiculiza o absolutiza al adversario, amplifica riesgo sistémico. Para quienes evalúan parámetros ESG, el caso Trump vs León XIV es un recordatorio de que la gobernanza responsable también exige medir la calidad ética del discurso que estructura la paz, la diplomacia y la confianza global.

El deber ser: comunicación ética entre jefes de Estado y líderes 

El deber ser de la comunicación responsable entre jefes de Estado, líderes religiosos y actores con influencia global exige distinguir entre desacuerdo y deslegitimación. Criticar una postura es legítimo; reducir al otro a un enemigo simbólico, ridiculizar su investidura o instrumentalizar imágenes religiosas para fines políticos rompe principios básicos de ética pública. En el caso Trump vs León XIV, la frontera se cruzó cuando la narrativa abandonó el debate sobre la guerra para centrarse en ataques identitarios y representaciones visuales que lesionan sensibilidades colectivas.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, este episodio deja una lección estratégica: la ética comunicacional no es un valor accesorio, sino un componente de gobernanza. La palabra de un presidente o de un pontífice tiene externalidades globales sobre paz, cohesión y legitimidad democrática. En tiempos de conflicto, la responsabilidad no está solo en lo que se dice, sino en evitar que la comunicación se convierta en combustible para una espiral de hostilidad política, religiosa y social.

La conclusión estratégica es clara: en escenarios de guerra, la retórica pública se convierte en infraestructura de riesgo. Si el lenguaje abre mediación, reduce volatilidad; si humilla, ridiculiza o absolutiza al adversario, amplifica el riesgo sistémico.

¡ALV, HDTPM! La campaña que usa humor mexicano para combatir el desperdicio de alimentos

Cheaf —plataforma que conecta excedentes de alimentos con consumidores— lanza una nueva campaña Out of Home (OOH) que apuesta por el humor característico de la cultura mexicana para enfrentar un problema serio: el desperdicio de alimentos. Bajo el concepto “No es lo que piensas. Es mejor.”, busca generar conciencia a través de dobles lecturas que provocan una pausa y resignifican expresiones cotidianas. 

En México, más de 30 millones de personas viven en inseguridad alimentaria, mientras cada año se desperdician más de 30 millones de toneladas de alimentos, según la Red de Bancos de Alimentos de México y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El fenómeno no solo tiene implicaciones ambientales, sino que evidencia una oportunidad desaprovechada de redistribución.

El reto no solo está en reducirlo, sino en cómo comunicarlo sin caer en mensajes que el consumidor simplemente ignore. 

“Esto nos motivó a cambiar la conversación alrededor del desperdicio sin recurrir a la culpa o al discurso aspiracional, con un enfoque cercano, cotidiano y culturalmente relevante que conecte con las audiencias desde el humor y la familiaridad”, señaló Brenda Cárdenas, Directora de Marketing y Relaciones Institucionales de Cheaf en México. 

Destacó que la campaña comenzará a partir de abril en espacios de alto flujo, como lo son estaciones y trenes del Metro, Metrobús y camiones en vía pública en Ciudad de México, utilizando siglas comúnmente asociadas a expresiones coloquiales para reinterpretarlas con un giro positivo.

Más allá de la ejecución en exteriores, la campaña está diseñada como un ecosistema de conversión. Las piezas en vía pública funcionan como primer punto de contacto, mientras que en canales digitales se amplifica el mensaje con adaptaciones al lenguaje de cada plataforma. La campaña tiene como objetivo lograr más de 230 millones de impactos, cubriendo algunos de los corredores y ubicaciones estratégicas de mayor afluencia en la Ciudad de México. 

desperdicio de alimentos

Ejemplos como “HDTPM” (Hartos de Tirar Productos Maravillosos) y “ALV” (Alimentos Lejos del Vertedero) juegan con la expectativa del espectador para transformar un mensaje que inicialmente puede parecer irreverente en una invitación a reflexionar.

“Más que apelar a la culpa, la intención es conectar desde lo cotidiano. Queremos hablar de un problema real desde un lugar distinto, más cercano a cómo nos comunicamos en México: el humor tiene un poder enorme para abrir conversaciones incómodas y hacerlas accesibles”, añadió Cárdenas. 

En México, una parte significativa del desperdicio de alimentos ocurre en negocios como supermercados, restaurantes y panaderías, donde productos en perfecto estado dejan de venderse por razones como sobreproducción, estándares estéticos o cercanía a su fecha de consumo. 

Frente a este contexto, Cheaf ofrece una alternativa al conectar estos excedentes con personas dispuestas a comprarlos, dándoles una segunda oportunidad antes de que se pierdan.

La nueva campaña continúa la línea de comunicación de la marca, que ha destacado por su tono irreverente con mensajes como “Wey, no mermes” y “¿Pastel viejo? Viejo tú que aplaudes al bailar”. Con esta activación, Cheaf busca posicionarse no solo como una app funcional, sino como una marca capaz de traducir un problema sistémico en un mensaje culturalmente relevante.“No es lo que piensas. Es mejor” es una invitación a cuestionar, reinterpretar y actuar. “Si logramos que alguien se detenga, sonría y después replantee su forma de consumir, ya dimos un primer paso. La clave es que ese momento se traduzca en acción”, finalizó Cárdenas.

Cómo la logística estandarizada ayuda a mantener la cadena de frío en la industria láctea

La industria láctea depende de una logística altamente especializada para garantizar que productos como leche, yogur y queso lleguen en condiciones óptimas desde su origen hasta el consumidor final. En este sector, mantener una cadena de frío eficiente —un sistema continuo de almacenamiento, transporte y distribución bajo temperatura controlada— es fundamental para preservar la calidad, seguridad y vida útil de los productos perecederos. 

A nivel global, los desafíos para mantener esta infraestructura siguen siendo significativos. De acuerdo con el informe Sustainable Food Cold Chains: Opportunities, Challenges and the Way Forward, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la falta de sistemas de refrigeración eficientes provoca la pérdida de aproximadamente 526 millones de toneladas de alimentos al año, equivalentes al 12% de la producción alimentaria mundial (UNEP & FAO, 2022). 

Diversos estudios sobre logística alimentaria señalan que estas pérdidas están estrechamente relacionadas con fallas en infraestructura, transporte y coordinación dentro de las cadenas de suministro de productos perecederos. En el caso de los lácteos, cuya estabilidad depende de mantener temperaturas controladas desde su producción hasta el consumo, una cadena de frío eficiente se vuelve un elemento clave para garantizar la seguridad alimentaria y reducir desperdicios a lo largo de la cadena logística. 

Logística estandarizada para proteger productos perecederos

Uno de los factores que contribuyen a mejorar la eficiencia de la cadena de frío es la estandarización de las plataformas logísticas, incluyendo los pallets utilizados en transporte y almacenamiento. 

CHEP opera bajo un sistema de pallets compartidos y reutilizables, fabricados con madera proveniente de fuentes sustentables. Este modelo permite extender el ciclo de vida de cada plataforma, minimizar residuos y reducir el uso de madera virgen dentro de las redes logísticas.

Gracias a este sistema de pooling y reutilización, los clientes de CHEP han logrado:

  • reducir 8,227,627 kg de emisiones de CO₂,
  • evitar 10,277,515 kg de residuos
  • ahorrar 37,663,737 dm³ de madera, lo que equivale a preservar más de 36 mil árboles dentro de las cadenas de suministro.
CHEP

En sectores como el lácteo, donde la eficiencia operativa es fundamental para mantener la integridad de la cadena de frío, el uso de pallets certificados facilita el manejo logístico dentro de cámaras de refrigeración y centros de distribución, además de optimizar los tiempos de carga y descarga y reducir el riesgo de daño a producto. 

Circularidad y colaboración en las cadenas de suministro

La adopción de modelos logísticos circulares también está ganando relevancia dentro de la industria alimentaria, donde cada vez más empresas buscan reducir su impacto ambiental sin comprometer la eficiencia operativa. 

En México, esta transición también comienza a reflejarse en el marco regulatorio. En enero de 2026 se publicó en el Diario Oficial de la Federación la Ley General de Economía Circular, cuyo objetivo es impulsar un modelo productivo que incremente la vida útil de los productos, minimice la generación de residuos y promueva el aprovechamiento eficiente de los recursos a lo largo de toda la cadena de valor (DOF, 2026). En este contexto, soluciones logísticas basadas en la reutilización y estandarización de plataformas, como los sistemas de pooling de pallets, adquieren mayor relevancia para industrias que buscan mejorar su eficiencia operativa y reducir su impacto ambiental. 

De acuerdo con Giovanni Mirabent, Country General Manager para México y Key Accounts para América Latina:

“La transición hacia cadenas de suministro más circulares requiere repensar cómo se utilizan y gestionan los recursos dentro de la logística. Modelos como el pooling de pallets permiten extender la vida útil de los materiales, reducir residuos y mejorar la eficiencia operativa, algo especialmente relevante para industrias como la alimentaria, donde la logística es crítica”.

En un contexto donde la demanda de alimentos continúa creciendo y las cadenas logísticas se vuelven cada vez más complejas, fortalecer la infraestructura de la cadena de frío y adoptar soluciones logísticas más eficientes será clave para reducir desperdicios, mejorar la seguridad alimentaria y avanzar hacia redes de suministro más sostenibles.

Laboratoria: los trabajos de mujeres tienen un riesgo de automatización 3 veces mayor que los de los hombres

En un mercado laboral en constante transformación, en Laboratoria, organización social que empodera a mujeres de México y Latinoamérica a través de habilidades humanas cruciales en el mercado laboral actual y conocimientos tecnológicos, presenta su visión sobre el futuro del trabajo ante el auge de la Inteligencia Artificial (IA). En este nuevo paradigma, reafirma su compromiso para discutir la manera en que el contexto global impacta en las posibilidades para que estas mujeres obtengan empleos de calidad y continúa preparándolas para las demandas de la economía digital regional. 

Un punto de partida desigual: la brecha persiste 

A pesar del crecimiento digital en la región, las mujeres continúan enfrentando barreras sistémicas. Según el informe “Un desafío pendiente: la brecha de género en tecnología en Latinoamérica”, realizado por Laboratoria y McKinsey, en 3 de cada 4 empresas las mujeres son minoría en roles tecnológicos. Tras años de avances, en 2023 esta brecha volvió a ampliarse por primera vez desde 2016.

El contexto actual muestra factores críticos de desigualdad:

  • Baja postulación: Solo un tercio de los aplicantes a puestos tecnológicos son mujeres.
  • Segregación de roles: Existe una alta concentración de mujeres en diseño y análisis de datos, pero una presencia casi inexistente en ciberseguridad o desarrollo back-end.
  • Desigualdad salarial: En promedio, las mujeres en el sector ganan un 24% menos que sus pares masculinos.

Y, además, la IA ha cambiado las reglas del juego

En este contexto de disparidad, en donde los trabajos de las mujeres corren el riesgo de automatizarse 3 veces más que los de los hombres, la llegada de la IA ha modificado drásticamente las expectativas de las empresas. De acuerdo con el Foro Económico Mundial (FEM), se espera que el 39% de las habilidades clave cambien para 2030. Aunque se proyecta la creación neta de 78 millones de empleos a nivel global, el mercado demanda perfiles cada vez más especializados en IA, big data, ingenierías fintech y aprendizaje automático. En años recientes, en Laboratoria se ha constatado que, para las empresas, el reto ya no es solo atraer talento que sepa usar herramientas, sino profesionales capaces de orquestarlas estratégicamente.

“Las habilidades técnicas son importantes, pero ya no son suficientes en la era de la IA. Necesitamos preparar a las mujeres en habilidades digitales, sí, pero en igual medida en el desarrollo de pensamiento creativo y crítico, resiliencia, flexibilidad y liderazgo, que van a la alza de acuerdo con el Foro Económico Mundial. Las egresadas de todos nuestros programas se desenvuelven en ambos aspectos, y están preparadas para el panorama laboral actual”, afirma Ursula Quijano, directora para México de Laboratoria.

Laboratoria

Laboratoria: soluciones para un entorno cambiante

Tras 11 años de experiencia capacitando a mujeres en condiciones de subempleo y desempleo en México y 10 países más de Latinoamérica, Laboratoria ha evolucionado sus modelos de formación para responder a estas nuevas necesidades. La organización ha pasado de entrenar exclusivamente programadoras a fortalecer habilidades adyacentes a la tecnología, para que puedan desempeñarse en áreas diversas como ventas, operaciones y marketing, entre otras, reconociendo que todos los trabajos están siendo habilitados por la tecnología, pero sin olvidar el factor humano ni las habilidades de liderazgo y pensamiento crítico indispensables en el mercado laboral hoy.

Para las mujeres, Laboratoria ofrece un enfoque integral que combina:

  • Agencia personal: Desarrollo de la autoconciencia, confianza y resiliencia, factores críticos para el éxito laboral actual.
  • Habilidades técnicas y de IA: Formación continua en análisis de datos y manejo de herramientas de IA generativa.

Para las empresas, que cada vez más están invirtiendo en programas de reskilling y upskilling Laboratoria se convierte en un aliado estratégico que facilita:

  • Conexión con talento diverso: Acceso a una red de mujeres capacitadas que reduce tiempos de contratación y mejora la productividad.
  • Capacitación a la medida: Diseño de programas personalizados para potenciar las habilidades digitales específicas que cada compañía requiere.
  • Servicios de outplacement: Programas de transición profesional con enfoque humano para empleados despedidos, financiados por el empleador.
  • Marca empleadora e impacto social: Posicionamiento como líderes comprometidos con la diversidad y la inclusión en la era digital.

En conjunto, de la mano de empresas aliadas y mujeres de la región, Laboratoria trabaja continuamente para que los puestos laborales en la era de IA sean inclusivos, diversos y cuenten con un talento capacitado con las habilidades que el futuro demanda. Para más información visita https://laboratoria.la/