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Licencia para recibir

Por Edgar López

¿Existe una licencia para recibir?

No hablo de autorizaciones gubernamentales. Hablo de algo mucho más valioso: la confianza.

Esta mañana leo que Warren Buffett decidió excluir a la Fundación Gates —una de las organizaciones filantrópicas más grandes e influyentes del mundo— de su donación anual de casi seis mil millones de dólares. Esta decisión responde a preocupaciones por la reputación y gobernanza de la fundación tras los escrutinios públicos relacionados con los vínculos de Bill Gates con Jeffrey Epstein.

Más allá de la noticia, tendríamos que reflexionar… Veamos…

Las empresas operan bajo una licencia social que se construye con la confianza de clientes, comunidades, colaboradores e inversionistas.

Pero me pregunto: ¿las organizaciones que reciben donativos no deberían ganarse también una licencia para recibir?

Porque cuando una empresa, una fundación o una persona dona, no solo entrega dinero. También pone su nombre y su reputación junto a la organización que decide respaldar.

Por eso, evaluar a quién apoyar no debería limitarse a la nobleza de una causa o a sus indicadores de impacto. También deberíamos observar la calidad de su gobernanza, la transparencia, la forma en que gestionan los riesgos y su capacidad para preservar la confianza cuando llegan los momentos difíciles.

Si incluso quienes administran miles de millones de dólares siguen evaluando cuidadosamente dónde depositan su confianza…

¿No deberíamos hacer lo mismo todos?

Quizá la siguiente conversación sobre inversión social ya no sea solo a quién ayudar, sino quién ha construido la confianza necesaria para recibir esa ayuda.

Porque, al final, la licencia social protege a quien genera impacto. La licencia para recibir protege a quien decide confiar.

¿O no?

Inspirado en la noticia de hoy del Financial Times sobre la decisión de Warren Buffett.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

Proyecto energético de Musk genera contaminación que afecta más a comunidades negras

La carrera por desarrollar inteligencia artificial cada vez más potente ha desencadenado una competencia sin precedentes por infraestructura energética capaz de alimentar enormes centros de datos. Sin embargo, detrás de esa revolución tecnológica comienza a emerger un debate que trasciende la innovación: el costo ambiental y social de sostener el crecimiento de la IA. El más reciente caso involucra a Elon Musk y a xAI, cuya expansión enfrenta cuestionamientos por el impacto de sus operaciones en comunidades vulnerables.

Una investigación de Reuters revela que el proyecto energético de Musk podría estar generando emisiones contaminantes sin contar con los permisos federales requeridos y que dichas emisiones afectarían de manera desproporcionada a comunidades predominantemente afroamericanas en Mississippi y Tennessee. El caso no solo pone bajo escrutinio a una de las compañías más influyentes del sector tecnológico, sino que también reabre la conversación sobre justicia ambiental, gobernanza corporativa y responsabilidad social en la era de la inteligencia artificial.

El proyecto energético de Musk bajo investigación

De acuerdo con documentos obtenidos por Reuters mediante solicitudes de acceso a la información, xAI habría instalado 59 turbinas de gas natural para abastecer de electricidad a su centro de datos Colossus 2, ubicado en Tennessee, sin haber obtenido los permisos federales de emisiones atmosféricas que, según diversos especialistas, serían necesarios debido al volumen potencial de contaminantes.

La investigación señala que la empresa había reconocido previamente la operación de 27 turbinas sin permiso, pero el análisis de Reuters identificó una cifra que prácticamente duplica ese número. Al menos 57 de estas turbinas se encuentran en Southaven, Mississippi, muy cerca del centro de datos que alimenta sistemas de inteligencia artificial como Grok.

El caso ha escalado al terreno judicial. En abril, organizaciones como la NAACP y el Southern Environmental Law Center presentaron una demanda para detener las operaciones de las turbinas, argumentando que estas generan emisiones reguladas por la Ley Federal de Aire Limpio y que no deberían operar sin autorización.

Patrick Anderson, abogado del Southern Environmental Law Center, calificó la situación como “una violación gravísima de la Ley de Aire Limpio que amenaza la salud pública”. Por su parte, las autoridades ambientales de Mississippi sostienen que las turbinas están exentas de permisos porque son consideradas unidades móviles o temporales diseñadas para operar durante menos de un año.

La controversia ocurre en un contexto donde la creciente demanda energética de los centros de datos está impulsando la construcción acelerada de plantas eléctricas fuera de la red, muchas veces mediante procesos regulatorios considerablemente más rápidos que los exigidos para proyectos energéticos tradicionales.

Cuando la innovación tecnológica profundiza la injusticia ambiental

Uno de los aspectos más preocupantes de la investigación no es únicamente el volumen potencial de emisiones, sino quiénes soportan sus consecuencias.

El análisis de Reuters, basado en datos del Censo estadounidense y de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), encontró que las comunidades ubicadas alrededor de las instalaciones presentan una concentración significativamente mayor de población afroamericana y, además, registran tasas elevadas de enfermedades respiratorias.

En el condado de DeSoto, Mississippi, aproximadamente 46% de los habitantes que viven cerca de las turbinas son personas negras, frente al 33% que representan en el conjunto del condado. Del lado de Tennessee, el contraste resulta todavía más marcado: 94% de los residentes ubicados a menos de ocho kilómetros de la instalación son afroamericanos, mientras que en todo el condado de Shelby representan alrededor del 52%.

La situación adquiere mayor relevancia porque estas comunidades ya enfrentaban condiciones de vulnerabilidad sanitaria antes de la llegada del proyecto. Reuters encontró que 27 de los 28 distritos censales cercanos presentan tasas de asma superiores al promedio de sus respectivos condados y que 24 distritos registran mayores niveles de enfermedad pulmonar obstructiva crónica.

proyecto energético de Musk

A ello se suma el potencial impacto de las emisiones. Con base en los datos técnicos del fabricante, Reuters estimó que solo 30 de las turbinas podrían emitir anualmente cerca de 2,500 toneladas de óxidos de nitrógeno, 4,000 toneladas de monóxido de carbono y 22 toneladas de formaldehído, contaminantes asociados con inflamación respiratoria, formación de smog y riesgos cancerígenos.

Como señaló Lara Cushing, profesora de Salud Pública de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), la contaminación atmosférica derivada de instalaciones de combustibles fósiles contribuye a las desigualdades raciales en enfermedades crónicas y, en consecuencia, a una menor esperanza de vida.

Este escenario ejemplifica uno de los principios centrales de la justicia ambiental: los beneficios económicos y tecnológicos suelen distribuirse de manera distinta a los costos ambientales. Mientras los avances de la inteligencia artificial generan valor para mercados globales, las cargas asociadas con su infraestructura recaen, con frecuencia, sobre comunidades históricamente marginadas.

El crecimiento de la IA también debe medirse por su responsabilidad social

Más allá de las resoluciones judiciales, el caso representa una advertencia para todas las empresas que buscan expandir rápidamente infraestructura para inteligencia artificial.

La velocidad con la que evoluciona esta industria no puede justificar procesos de evaluación ambiental menos rigurosos ni reducir los espacios de participación ciudadana. Cuando la urgencia por incrementar la capacidad computacional desplaza la supervisión regulatoria, las organizaciones corren el riesgo de comprometer no solo su cumplimiento legal, sino también su licencia social para operar.

El proyecto energético de Musk también demuestra que la gestión ESG no puede limitarse a reducir emisiones corporativas o invertir en innovación. Resulta igualmente indispensable analizar dónde se ubican las operaciones, qué comunidades resultan afectadas, cómo se distribuyen los riesgos ambientales y qué mecanismos existen para prevenir impactos desproporcionados sobre poblaciones vulnerables.

proyecto energético de Musk

Para las empresas, esto implica fortalecer las evaluaciones de impacto social y ambiental antes de iniciar proyectos de gran escala, transparentar la información sobre emisiones, establecer procesos efectivos de consulta comunitaria y garantizar que las decisiones relacionadas con infraestructura energética incorporen criterios de equidad ambiental.

La inteligencia artificial promete transformar industrias enteras, pero su desarrollo solo será sostenible si la innovación tecnológica avanza de la mano con los derechos humanos, la transparencia y una gobernanza responsable. Ignorar estos elementos puede traducirse en conflictos legales, pérdida de confianza y un deterioro reputacional difícil de revertir.

Innovar sin sacrificar a las comunidades

La transición hacia una economía impulsada por inteligencia artificial exige enormes cantidades de energía, pero también una nueva forma de entender la sostenibilidad. Casos como el del proyecto energético de Musk recuerdan que el verdadero progreso no puede medirse únicamente por la capacidad de procesamiento de un centro de datos, sino también por la forma en que protege la salud, el medio ambiente y los derechos de las personas que viven a su alrededor.

Para las organizaciones comprometidas con la responsabilidad social, la lección es clara: la innovación pierde legitimidad cuando sus beneficios se construyen a costa de comunidades que históricamente han soportado mayores cargas ambientales. En un contexto donde la justicia climática y la equidad forman parte de la agenda ESG, integrar estos principios en cada decisión de inversión ya no es una opción reputacional, sino una condición indispensable para construir empresas verdaderamente sostenibles.

Meta enfrenta acusaciones de usar IA para seleccionar despidos de empleados vulnerables

La inteligencia artificial está transformando la manera en que las empresas reclutan talento, evalúan el desempeño e incluso toman decisiones relacionadas con la gestión de la fuerza laboral. Sin embargo, su adopción también plantea nuevos desafíos éticos y legales cuando los algoritmos intervienen en procesos que pueden afectar los derechos de las personas. El más reciente ejemplo involucra a Meta Platforms, que enfrenta una demanda por presunta discriminación laboral durante su proceso de reducción de personal.

Más allá del desenlace judicial, el caso representa una oportunidad para reflexionar sobre la gobernanza de la inteligencia artificial y la responsabilidad que tienen las empresas de garantizar procesos justos, transparentes y libres de sesgos.

La demanda que pone a Meta bajo la lupa por presunta discriminación laboral

Meta Platforms ha sido demandada por veintiséis exempleados ante el tribunal federal de Oakland, California. Según los demandantes, la empresa es responsable de utilizar un software basado en inteligencia artificial que habría afectado de manera desproporcionada a personas con discapacidad, trabajadores que se encontraban bajo licencia médica y empleadas embarazadas durante los despidos masivos implementados este año.

De acuerdo con la demanda, Meta habría considerado indicadores como la productividad y el uso de “tokens” relacionados con herramientas de inteligencia artificial para determinar qué colaboradores serían despedidos. Los demandantes sostienen que este enfoque terminó perjudicando a quienes, debido a condiciones médicas o licencias autorizadas, registraban una menor actividad laboral, pese a que dicha situación estaba protegida por la legislación.

discriminación laboral

La compañía anunció previamente un plan para reducir aproximadamente el 10% de su plantilla global, equivalente a cerca de 8,000 empleados, como parte de un proceso de reestructuración que comenzó en mayo y que contemplaba nuevas rondas de despidos posteriormente.

Los 26 demandantes —quienes presentaron la acción legal de forma anónima y provienen de seis estados, incluidos California, Nueva York y el Distrito de Columbia— afirman que Meta violó leyes federales y estatales que prohíben la discriminación laboral y las represalias contra personas con discapacidad, trabajadores que ejercen su derecho a una baja médica o mujeres embarazadas.

Meta, por su parte, rechazó las acusaciones. Un portavoz de la empresa aseguró que las denuncias carecen de fundamento y sostuvo que “las decisiones relativas a la gestión de la plantilla y a la organización las tomaban y las siguen tomando personas, no la IA“. Será el proceso judicial el que determine si existió o no una conducta discriminatoria y cuál fue el papel real de las herramientas tecnológicas en la selección de los despidos.

discriminación laboral

IA y discriminación laboral: una advertencia para todas las empresas

Independientemente del resultado del litigio, el caso evidencia uno de los mayores desafíos de la inteligencia artificial aplicada a recursos humanos: los algoritmos pueden reproducir o amplificar sesgos cuando se alimentan de indicadores que no consideran el contexto de cada trabajador.

La productividad, por ejemplo, puede ser un parámetro útil para evaluar resultados, pero deja de ser un indicador objetivo cuando se compara a colaboradores que estuvieron temporalmente fuera por una incapacidad médica, una licencia por maternidad o cualquier otra condición protegida por la ley. Si estos factores no se incorporan al diseño del modelo, el sistema puede generar resultados aparentemente neutrales que, en la práctica, afectan de manera desigual a determinados grupos.

Este tipo de escenarios pone de manifiesto que la inteligencia artificial no debe sustituir el juicio humano en decisiones de alto impacto. La automatización puede ayudar a procesar grandes volúmenes de información, pero corresponde a las organizaciones validar los resultados, identificar posibles sesgos y garantizar que ninguna decisión vulnere derechos fundamentales.

Si las acusaciones contra Meta llegaran a confirmarse, el principal error no habría sido únicamente el uso de herramientas tecnológicas, sino la ausencia de mecanismos suficientes para revisar críticamente sus resultados antes de ejecutar una decisión tan sensible como un despido.

discriminación laboral

Las mejores prácticas internacionales en gobernanza de IA recomiendan que los sistemas utilizados para gestionar talento sean auditados periódicamente, cuenten con supervisión humana, documenten los criterios utilizados y permitan identificar si existen impactos diferenciados sobre grupos protegidos. Además, las organizaciones deben asegurarse de que cualquier criterio automatizado cumpla con la legislación laboral y con sus propios compromisos en materia de diversidad, equidad e inclusión.

Gestionar una reducción de personal con responsabilidad también es una estrategia de sostenibilidad

Las reestructuraciones forman parte de la realidad empresarial, especialmente en industrias sujetas a cambios tecnológicos acelerados. Sin embargo, la manera en que una organización ejecuta esos procesos puede fortalecer o deteriorar su reputación durante años.

Desde la perspectiva de la responsabilidad social, una reducción de personal responsable requiere mucho más que cumplir con las obligaciones legales. También implica comunicar con transparencia los criterios utilizados, garantizar igualdad de oportunidades, ofrecer mecanismos de revisión cuando existan dudas sobre una decisión y evaluar previamente si las herramientas tecnológicas podrían generar efectos adversos sobre grupos vulnerables.

Las áreas de Recursos Humanos, Compliance, Jurídico y Tecnología deben trabajar de manera coordinada para establecer protocolos de gobernanza que definan cuándo puede utilizarse la inteligencia artificial y en qué momentos resulta indispensable la intervención humana. La automatización no puede convertirse en un argumento para diluir la responsabilidad sobre decisiones que afectan directamente el bienestar y los derechos de las personas.

A medida que la IA gana presencia en la gestión del talento, la confianza de los colaboradores dependerá cada vez más de la capacidad de las empresas para demostrar que sus sistemas son transparentes, auditables y respetuosos de los derechos humanos. Evitar la discriminación laboral significa diseñar procesos que coloquen la ética al mismo nivel que la eficiencia. Para las organizaciones comprometidas con la sostenibilidad, ese equilibrio será uno de los principales indicadores de liderazgo en la era de la inteligencia artificial.

7 de cada 10 trabajadores pierde horas de sueño por la tensión en el trabajo

Cada vez más trabajadores terminan su jornada laboral, pero su mente continúa conectada al trabajo durante horas. La incapacidad para desconectarse se ha convertido en una de las expresiones más visibles de una realidad que preocupa tanto a especialistas en salud mental como a líderes empresariales: la tensión en el trabajo ya no es un episodio aislado, sino un estado permanente.

De acuerdo con el informe Estado mental de la fuerza laboral 2026, elaborado por Headspace, el 76% de las personas reporta problemas para dormir debido a la tensión cognitiva y mental generada por las exigencias laborales. En un contexto donde las organizaciones enfrentan transformaciones constantes, nuevas tecnologías y expectativas cada vez mayores, el bienestar de los colaboradores emerge como un tema estratégico para las áreas de recursos humanos, sostenibilidad y responsabilidad social empresarial.

¿Qué revela el estudio de Headspace sobre la tensión en el trabajo?

La investigación de Headspace identifica un fenómeno que va más allá del estrés ocasional. La plataforma explica que la tensión cognitiva y mental “no se trata de agotamiento ni ansiedad, sino del peso persistente del trabajo que nunca se desconecta por completo y que se refleja en cómo se sienten los empleados y en su desempeño”.

El dato más contundente es que el 92% de los trabajadores experimenta algún nivel de tensión mental o cognitiva derivada de su empleo, mientras que casi cuatro de cada diez consideran que esta carga aumentó durante el último año. Esto demuestra que la presión laboral no solo es generalizada, sino que continúa intensificándose.

tensión en el trabajo

Las consecuencias aparecen rápidamente en la vida cotidiana. El 76% reconoce que esta presión afecta directamente su capacidad para dormir, convirtiendo los problemas de sueño en la principal manifestación de la tensión laboral. A ello se suman dificultades para mantener la concentración, disminución de la capacidad de atención y una menor productividad durante la jornada.

El informe también muestra cómo las exigencias laborales están desplazando necesidades básicas. El 55% de los trabajadores afirma haber sacrificado horas de sueño y tiempo de descanso para cumplir con las expectativas de rendimiento, una cifra que refleja hasta qué punto el desempeño profesional está invadiendo los espacios destinados a la recuperación física y mental.

Para Headspace, el problema radica en que la carga cognitiva no desaparece cuando termina la jornada. Las preocupaciones sobre pendientes, resultados, cambios organizacionales y nuevas responsabilidades permanecen activas incluso durante la noche, impidiendo que el cerebro entre en un verdadero proceso de descanso.

La tensión en el trabajo ya no ocurre por temporadas

Durante muchos años, el estrés laboral estuvo asociado con momentos específicos: el cierre de un trimestre, una auditoría, el lanzamiento de un proyecto o una fecha límite importante. Sin embargo, esa lógica ha cambiado profundamente.

El reporte de Headspace sostiene que “el trabajo ha cambiado”. Hoy los colaboradores ya no enfrentan únicamente picos de presión, sino “un zumbido constante de trabajo”. Las prioridades cambian de manera permanente, las demandas se multiplican y la sensación de urgencia rara vez desaparece.

En este nuevo escenario, la tensión crónica “se ha convertido en la condición básica del trabajo”, advierte el informe. Es decir, muchas personas ya no distinguen entre periodos de alta presión y periodos de estabilidad porque la exigencia se mantiene prácticamente todos los días.

tensión en el trabajo

Uno de los factores que acelera esta transformación es la incorporación acelerada de la inteligencia artificial. Si bien la tecnología promete aumentar la productividad y automatizar tareas, también está modificando profundamente las dinámicas laborales y las expectativas sobre los trabajadores.

Headspace identifica a la IA como el factor de cambio de mayor crecimiento dentro de las organizaciones. La necesidad de aprender nuevas herramientas, adaptarse a procesos diferentes y responder a la incertidumbre sobre la evolución de ciertos puestos incrementa la carga mental de los colaboradores.

“Cada ola de cambio, especialmente el cambio impulsado por la IA que afecta la seguridad laboral y la identidad, aumenta la carga mental y cognitiva que los empleados ya soportan. Sin las herramientas para procesarla, esa carga se acumula”, señala el estudio.

Los efectos comienzan a reflejarse en el compromiso organizacional. El 51% de los empleados reconoce sentirse emocionalmente desconectado de su trabajo y muestra menos interés en involucrarse en nuevos proyectos, mientras que otro 45% afirma experimentar una mayor desconfianza hacia sus líderes. Más que indicadores de satisfacción laboral, estas cifras evidencian el desgaste psicológico que generan procesos de cambio continuos cuando no vienen acompañados de estrategias de acompañamiento y bienestar.

tensión en el trabajo

El costo de normalizar la tensión permanente

Quizá uno de los hallazgos más preocupantes del estudio sea que la tensión constante ha dejado de percibirse como una excepción. Para muchos trabajadores, vivir bajo presión simplemente forma parte del empleo.

Headspace resume este fenómeno con una frase contundente: “La mayoría de los empleados están lidiando con un nivel de tensión crónica que habría parecido alarmante hace una década. Ahora, simplemente se siente como un martes cualquiera”.

La normalización, sin embargo, no elimina las consecuencias. Al contrario, cuando los colaboradores se acostumbran a operar bajo una carga mental elevada y dejan de expresar que necesitan apoyo, las organizaciones pueden interpretar erróneamente que todo funciona con normalidad.

Detrás de esa aparente estabilidad aparecen costos importantes: menor capacidad de innovación, pérdida de compromiso, deterioro del clima laboral, dificultades para atraer y retener talento, además de un incremento en los riesgos relacionados con la salud física y mental. Como advierte Headspace:

“La tensión normalizada sigue siendo costosa. Cuando los empleados dejan de reportarlo, significa que han dejado de esperar ayuda. Las organizaciones que intervienen a tiempo son las que ven que esto se refleja positivamente en la productividad, la retención y el compromiso”.

Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, estos hallazgos representan un llamado a replantear la manera en que se diseñan los entornos de trabajo. La conversación ya no debe centrarse únicamente en ofrecer beneficios aislados de bienestar, sino en revisar las dinámicas que generan una presión constante: cargas laborales poco sostenibles, procesos de cambio acelerados, expectativas permanentes de disponibilidad y culturas que premian la hiperproductividad.

Construir organizaciones más resilientes implica crear sistemas que permitan a las personas recuperarse, desconectarse y adaptarse a la transformación tecnológica sin comprometer su salud mental. En un entorno marcado por la inteligencia artificial y el cambio continuo, el bienestar deja de ser un beneficio adicional para convertirse en una condición indispensable para la sostenibilidad del negocio.

tensión en el trabajo

Dormir bien también es una estrategia empresarial

La evidencia demuestra que el descanso de los colaboradores ya no puede considerarse un asunto exclusivamente personal. Cuando siete de cada diez trabajadores pierden horas de sueño por la presión laboral, el problema trasciende la esfera individual y se convierte en un desafío organizacional que impacta la productividad, la innovación y la permanencia del talento.

Para las empresas comprometidas con la responsabilidad social, atender la tensión en el trabajo significa ir más allá de reaccionar cuando aparecen síntomas de agotamiento. Implica construir culturas donde el cambio, la adopción de nuevas tecnologías y el cumplimiento de objetivos convivan con estrategias reales de bienestar. Solo así será posible desarrollar organizaciones capaces de responder a los retos del futuro sin convertir la tensión permanente en el precio inevitable del éxito.

Fundación Gates queda fuera de las donaciones de Warren Buffett; ¿la razón?

La filantropía de Warren Buffett ha sido, durante casi dos décadas, un referente mundial por la magnitud de sus aportaciones y por la consistencia con la que distribuye parte de su fortuna cada año. De hecho, las donaciones de Warren Buffett a mitad de año suelen marcar la agenda del sector social, pues representan miles de millones de dólares destinados a fortalecer organizaciones dedicadas a la salud, la educación y el combate a la pobreza.

Sin embargo, la ronda de donaciones de este año llamó la atención por una ausencia inédita. Por primera vez desde 2006, la Fundación Gates no figura entre las organizaciones beneficiarias de las aportaciones del inversionista. La decisión rompe una relación filantrópica de casi 20 años durante la cual Buffett realizó contribuciones multimillonarias al organismo fundado por Bill Gates y Melinda French Gates.

Las donaciones de Warren Buffett cambian de rumbo

En un comunicado emitido este martes, Warren Buffett anunció una nueva distribución de acciones de Berkshire Hathaway como parte de sus tradicionales aportaciones de mitad de año. En esta ocasión, donará 9 millones de acciones Clase B a la Fundación Susan Thompson Buffett y un millón de acciones a cada una de las siguientes organizaciones: la Fundación Sherwood, fundada por Susie Buffett; la Fundación Howard G. Buffett; y la Fundación Novo, creada por Peter y Jennifer Buffett.

La principal novedad del anuncio fue la exclusión de la Fundación Gates, organización que desde 2006 había recibido aportaciones anuales del llamado “Oráculo de Omaha”. La decisión resulta especialmente significativa porque apenas el verano pasado Buffett destinó a esa fundación una donación récord de 6,000 millones de dólares.

Aunque el empresario mantiene intacto su compromiso con la filantropía, la redistribución de sus recursos muestra que incluso las alianzas más consolidadas pueden modificarse cuando cambian las circunstancias o las prioridades de quienes financian proyectos de alto impacto.

¿Por qué quedaron fuera las donaciones de Warren Buffett para la Fundación Gates?

La decisión no tomó por sorpresa a quienes seguían de cerca la estrategia filantrópica del inversionista. En junio, The Wall Street Journal informó que Buffett estaba posponiendo cualquier decisión sobre futuras aportaciones a la Fundación Gates y que el tema podría resolverse hasta finales de año.

De acuerdo con ese reporte, el presidente de Berkshire Hathaway esperaba los resultados de una investigación relacionada con los vínculos de Bill Gates con Jeffrey Epstein y, además, había mantenido comunicación con integrantes de la dirección de la fundación para abordar el tema.

Es importante señalar que la exclusión de la Fundación Gates de esta ronda de donaciones no estuvo acompañada de una explicación pública por parte de Buffett que confirmara de manera expresa esos reportes como la causa definitiva de su decisión. Sin embargo, la coincidencia entre la suspensión de las aportaciones y las investigaciones periodísticas volvió a colocar el foco sobre una controversia que ha acompañado a Gates en los últimos años.

Entre los elementos que alimentaron el debate se encuentran borradores de correos electrónicos atribuidos a Jeffrey Epstein, en los que se hacen afirmaciones sobre la vida privada de Bill Gates y presuntos encuentros extramaritales. Aunque esos documentos han sido difundidos por diversos medios, no constituyen una determinación judicial sobre la naturaleza de la relación entre ambos ni esclarecen completamente el alcance de sus interacciones. Aun así, el caso ha generado cuestionamientos reputacionales que siguen teniendo repercusiones públicas.

La filantropía continúa, pero la reputación también pesa

La exclusión de la Fundación Gates no significa que Warren Buffett haya reducido su compromiso con las causas sociales. Por el contrario, el inversionista reiteró que continuará destinando prácticamente toda su fortuna a fines filantrópicos.

Mi objetivo es vender todas mis acciones de Berkshire en unos ocho años“, señaló Buffett en su comunicado. Asimismo, afirmó que las acciones que aún conserva “serán donadas a las cuatro fundaciones de una forma u otra antes del 31 de diciembre de 2034”.

El mensaje deja claro que el cambio responde a una reasignación de recursos y no a un retiro de la actividad filantrópica. Sin embargo, también envía una señal relevante para el ecosistema de las organizaciones sociales: la confianza y la credibilidad son activos tan valiosos como el capital económico.

La decisión de Buffet invita a reflexionar sobre la importancia de la gestión reputacional. Las fundaciones, empresas y líderes que las representan operan bajo un nivel creciente de escrutinio público. Sus relaciones personales, alianzas estratégicas, inversiones y decisiones de gobernanza pueden influir directamente en la confianza de donantes, aliados y beneficiarios.

donaciones de Warren Buffett

Cuando existen controversias que aún no han sido plenamente esclarecidas, los grandes filántropos pueden optar por actuar con cautela para evitar que sus aportaciones sean interpretadas como un respaldo implícito o como una muestra de indiferencia frente a cuestionamientos éticos. Esa prudencia no constituye un juicio de culpabilidad, pero sí refleja que, en el ámbito de la filantropía estratégica, la percepción pública también forma parte de la responsabilidad.

En un entorno donde la legitimidad institucional resulta indispensable para generar impacto social, cuidar la reputación ya no es únicamente una estrategia de comunicación. Es un componente esencial de la gobernanza y un requisito para mantener la confianza que hace posible la colaboración entre organizaciones, inversionistas y sociedad.

Reputación e integridad: activos indispensables para la filantropía

La decisión de Warren Buffett marca el cierre de una etapa en una de las alianzas filantrópicas más relevantes de las últimas décadas, pero también pone de relieve una realidad cada vez más evidente: las donaciones de gran escala no dependen únicamente de la capacidad económica de quienes las realizan, sino también de la confianza que inspiran las instituciones que las reciben.

Para el sector de la responsabilidad social, el caso deja una enseñanza clara. La sostenibilidad de una organización no solo se construye con resultados e impacto, sino también con integridad, transparencia y una gestión responsable de los riesgos reputacionales. En un contexto donde el escrutinio público es permanente, preservar la credibilidad puede ser tan determinante como asegurar el financiamiento para cumplir una misión social.

¿Por qué las finanzas globales aún no tratan al cambio climático como una crisis de salud pública?

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Durante años, el cambio climático ha sido abordado principalmente como un desafío ambiental, económico y energético. Sin embargo, conforme aumentan las olas de calor, las enfermedades transmitidas por vectores, la inseguridad alimentaria y los fenómenos meteorológicos extremos, resulta cada vez más evidente que también representa una crisis de salud pública cuyas consecuencias ya afectan a millones de personas en todo el mundo.

De hecho, tal como señala Daniel Nowack, director de innovación social de la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social, mientras la evidencia científica se acumula y organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierten sobre la urgencia del problema, los flujos de financiamiento continúan sin reflejar esa realidad. La brecha entre el discurso y la inversión plantea una pregunta incómoda para gobiernos, inversionistas y empresas: ¿por qué seguimos financiando la adaptación climática sin colocar la salud en el centro de la estrategia?

La crisis de salud pública que las finanzas aún no priorizan

La OMS estima que entre 2030 y 2050 el cambio climático provocará 250,000 muertes adicionales cada año, razón por la que recientemente pidió que la situación sea reconocida como una crisis de salud pública. No se trata únicamente de un incremento en enfermedades relacionadas con el calor extremo; también están en juego la propagación de enfermedades transmitidas por mosquitos, la desnutrición derivada de la pérdida de cosechas y el colapso progresivo de sistemas sanitarios que ya operan bajo presión.

A pesar de ello, la asignación de recursos continúa siendo insuficiente. Actualmente, apenas el 0.5% de la financiación climática mundial se destina al sector salud, una cifra que evidencia el desfase entre la magnitud del riesgo y las prioridades del sistema financiero internacional.

crisis de salud pública

Las consecuencias de esta falta de inversión son especialmente graves para los países de ingresos bajos y medios. Un análisis reciente del Instituto de Recursos Mundiales (WRI) estima que estas naciones podrían enfrentar casi 16 millones de muertes y pérdidas económicas superiores a 20 billones de dólares para 2050 como consecuencia del deterioro de la salud asociado al cambio climático.

La desigualdad también queda reflejada en las necesidades de financiamiento. Adaptar los sistemas de salud al nuevo escenario climático requerirá alrededor de 11,000 millones de dólares anuales hasta 2030, incluyendo aproximadamente 5,500 millones para América Latina y el Caribe y 2,000 millones para Asia, sin considerar otros sectores estrechamente vinculados como la agricultura.

Detrás de estas cifras existen personas que experimentan diariamente los efectos del cambio climático. Trabajadores migrantes, comunidades desplazadas y personas con enfermedades preexistentes enfrentan una vulnerabilidad mucho mayor. Un estudio de People’s Courage International reveló que el 95% de los migrantes encuestados en diversas ciudades asiáticas reportó impactos negativos derivados del calor extremo, desde pérdida de ingresos hasta mayores gastos médicos y energéticos.

crisis de salud pública

La innovación social está cubriendo un vacío que no debería existir

Cuando los sistemas públicos carecen de recursos suficientes, las soluciones suelen surgir desde las propias comunidades. Organizaciones sociales, emprendimientos de impacto y actores locales están desarrollando respuestas innovadoras para atender necesidades que la infraestructura tradicional no alcanza a cubrir.

Uno de los ejemplos más representativos es Tebita Ambulance, el primer proveedor privado de atención médica prehospitalaria en Etiopía. Su modelo complementa la infraestructura sanitaria existente mediante servicios de ambulancias, atención de emergencias y capacitación en primeros auxilios. Hasta ahora ha respondido a más de 100,000 llamadas de auxilio, demostrando que la innovación social puede convertirse en un componente esencial de la resiliencia climática.

La principal fortaleza de estas organizaciones radica en su cercanía con las comunidades. Al conocer de primera mano las necesidades locales, pueden reaccionar con mayor rapidez, adaptar sus soluciones y generar confianza entre la población, especialmente durante situaciones de emergencia.

No obstante, muchas de estas iniciativas enfrentan una limitante recurrente: la falta de acceso a financiamiento y a marcos regulatorios que faciliten su crecimiento. Sin un ecosistema que impulse su escalabilidad, su impacto continuará restringido precisamente en los territorios donde más se necesitan.

crisis de salud pública

Repensar las finanzas para enfrentar una crisis de salud pública

El cambio climático avanza a un ritmo que supera la capacidad de respuesta de los gobiernos por sí solos. En este contexto, adaptar los sistemas de salud requiere transformar la manera en que se moviliza el capital, combinando recursos públicos, privados y filantrópicos bajo una lógica de colaboración.

Las finanzas públicas seguirán siendo fundamentales para construir infraestructura, fortalecer políticas sanitarias y garantizar servicios esenciales. Sin embargo, también existe una oportunidad para que los gobiernos actúen como catalizadores de inversión mediante esquemas que reduzcan riesgos y atraigan capital privado.

Instrumentos como la financiación mixta, los contratos basados en resultados y los mecanismos de pago por desempeño pueden acelerar la implementación de soluciones comunitarias que ya han demostrado su efectividad. Más que diversificar las fuentes de recursos, el reto consiste en estructurar el capital de manera que permita ampliar proyectos exitosos y fortalecer la capacidad de adaptación de los sistemas de salud.

Para las empresas, este cambio de paradigma también representa una oportunidad estratégica. Integrar la salud dentro de las políticas climáticas no solo fortalece la gestión de riesgos, sino que protege la continuidad operativa, la estabilidad de las cadenas de suministro y el bienestar de colaboradores y comunidades.

Como señala Daniel Nowack, director de Innovación Social de la Fundación Schwab para el Emprendimiento Social, “no podemos fomentar la resiliencia climática ignorando los sistemas de salud, ni a los innovadores que los están adaptando”. La afirmación resume uno de los principales desafíos de la agenda ESG: entender que la adaptación climática y la salud son dos caras de una misma estrategia de resiliencia.

Invertir en salud también es invertir en resiliencia

Reconocer el cambio climático como una crisis de salud pública implica mucho más que modificar el lenguaje de los organismos internacionales. Significa transformar las prioridades de inversión para garantizar que los sistemas sanitarios, las comunidades y los innovadores sociales cuenten con los recursos necesarios para responder a un entorno cada vez más complejo.

Para los líderes empresariales y especialistas en responsabilidad social, el mensaje es claro: las finanzas sostenibles no pueden limitarse a reducir emisiones o impulsar infraestructura verde. También deben fortalecer la capacidad de las personas para vivir y prosperar en un planeta cambiante. Mientras la salud permanezca en los márgenes de la financiación climática, la resiliencia seguirá siendo incompleta y las comunidades más vulnerables continuarán pagando el costo más alto de una crisis que ya dejó de ser exclusivamente ambiental.

Sabormex quiere que los jóvenes vuelvan al campo… y este programa podría lograrlo

En México, el café no sólo se cultiva: se hereda. Detrás de cada taza hay familias que, generación tras generación, han aprendido a cuidar la tierra, sembrar, esperar los ciclos de la naturaleza y cosechar uno de los productos más emblemáticos del país. Sin embargo, esta tradición enfrenta un reto creciente: cada vez son menos los jóvenes que deciden permanecer en el campo.

Factores como la migración, la falta de oportunidades, la percepción de baja rentabilidad y los efectos del cambio climático han contribuido a que muchos jóvenes busquen alternativas fuera de sus comunidades. Ante este panorama, el relevo generacional se ha convertido en uno de los desafíos más importantes de la caficultura mexicana.

Para hacer frente esta situación, Sabormex —empresa mexicana detrás de marcas como Café Mexicano, Café Legal y Café Oro—en alianza con AMSA (Agroindustrias Unidas de México empresa del grupo ECOM), el Centro de Investigaciones Económicas, Sociales y Tecnológicas de la Agroindustria y la Agricultura Mundial (CIESTAAM) de la Universidad Autónoma Chapingo y otros aliados estratégicos, crearon el programa “Jóvenes por la Caficultura Sostenible”. Esta iniciativa busca fortalecer las capacidades de las nuevas generaciones mediante capacitación técnica, innovación y herramientas prácticas que les permitan ver en el café una oportunidad real de desarrollo.

El programa tiene un objetivo claro: demostrar que la caficultura puede ser una actividad rentable, moderna y sostenible. Además, promueve prácticas resilientes frente al cambio climático y fomenta una visión en la que la tecnología y el conocimiento técnico se convierten en aliados clave para el productor.

Sabormex ayuda a los jóvenes caficultores a enfrentar los principales retos del campo

El programa “Jóvenes por la Caficultura Sostenible” nació en 2023 como parte de un esfuerzo para fortalecer la educación y el futuro de las comunidades cafetaleras. A través de éste, Sabormex y sus aliados buscan que los hijos y familiares de productores se involucren activamente en las actividades de sus fincas y encuentren nuevas razones para permanecer en el campo, tal como explicó Alejandra Marcin, integrante del área de vinculación y soporte de servicios de manejo sostenible de ECOM:

Lo que queremos ahorita es que el joven se involucre en la finca, en las actividades de la finca, con innovación, nuevas variedades y prácticas que ayuden al medio ambiente, pero también que generen ingresos para las familias”.

Según Marcin, la iniciativa también pretende responder a algunos de los desafíos más complejos que enfrenta actualmente la caficultura mexicana:

Uno de los retos más grandes que tenemos hoy en la caficultura es el relevo generacional. También están las plagas, las enfermedades y, por supuesto, el cambio climático. Tenemos que encontrar maneras de apoyar a las fincas y a las generaciones que vienen”.

jóvenes caficultores

Para muchos jóvenes, quedarse en el campo no es una decisión sencilla. La percepción de que existen más oportunidades fuera de sus comunidades, ha provocado que muchos abandonen la actividad agrícola. Otros consideran que hace falta acercar más información y demostrar que la caficultura sí puede convertirse en una actividad rentable. como es el caso de, Aidalis Cervantes, beneficiaria del programa, quien señaló que:

Lo que se necesita es más información sobre que realmente sí se le saca al café. Muchos creen que deja poco dinero, pero cuando se le da un buen manejo puede aumentar mucho la productividad”.

Precisamente para responder a estos desafíos, es que el programa ofrece sesiones en las que los participantes aprenderán desde técnicas de cultivo hasta herramientas de análisis productivo y sostenibilidad. Los estudiantes reciben formación sobre siembra, nutrición, plagas y enfermedades, renovación de cafetales, adaptación al cambio climático, procesos de beneficio húmedo y seco, así como conocimientos sobre mercado y comercialización.

“Lo que queremos es que el chico pueda tomar decisiones que le ayuden a generar mayores ingresos y una mayor calidad en su producción”, explicó Alejandra Marcin.

jóvenes caficultores

Capacitación, innovación y sostenibilidad para transformar el campo

Como parte de su formación, los participantes iniciaron su proceso con un evento de arranque o “kick off” llevado a cabo en abril, donde tuvieron la oportunidad de visitar una Finca Escuela que les permitió conocer de primera mano distintas innovaciones aplicables a sus propias parcelas. Durante esta experiencial los jóvenes identificaron cómo la adopción de nuevas prácticas —incluso pequeños cambios en el manejo— pueden traducirse en mejoras significativas en la productividad, la calidad del café y los ingresos familiares, además de generar impactos positivos en sus comunidades.

Posteriormente, los participantes visitaron instalaciones clave de AMSA en Veracruz, como es el caso del beneficio húmedo de Ixhuatlán del Café, donde se procesa la cereza de la región mediante tecnologías innovadoras que contribuyen a una operación más eficiente y sostenible.

jóvenes caficultores

Asimismo, conocieron el módulo de Santuario, una instalación especializada en cafés diferenciados y de especialidad, donde se manejan procesos más cuidadosos para preservar la calidad del grano y acceder a mercados de mayor valor. Estas visitas no solo les permitieron comprender mejor la cadena de valor del café, sino también visualizar nuevas oportunidades comerciales y entender el papel de la calidad y la trazabilidad en la caficultura actual.

Para muchos participantes, esta experiencia ha significado una oportunidad única de prepararse para asumir el futuro de las parcelas familiares, como es el caso de Aidalis Cervantes, originaria de Veracruz y perteneciente a una familia caficultora desde tiempos de sus bisabuelos, quien asegura que el diplomado le ha permitido comprender mejor el valor de esta actividad y agregó:

Estoy contenta de pertenecer a una familia de caficultores porque ya es una tradición. Le agradezco a Sabormex por haberme brindado esta oportunidad porque somos jóvenes y nos interesa tener en un futuro una parcela donde nosotros le demos un buen manejo y tengamos buena producción”.

Un programa que ya empieza a dar frutos

A cuatro generaciones de distancia de su creación, “Jóvenes por la Caficultura Sostenible” ya muestra resultados medibles. Hasta 2025, el programa ha beneficiado a 78 familias en cuatro estados cafetaleros: Oaxaca, Chiapas, Veracruz y Puebla. Además, suma 82 graduados, más de 67 horas de sesiones teóricas y más de 56 horas de prácticas de campo.

También han participado 80 fincas y se ha logrado una reducción superior al 6% en costos de producción respecto al ciclo anterior, un dato especialmente relevante para productores que enfrentan condiciones económicas complejas.

jóvenes caficultores

No obstante, más allá de las cifras, los testimonios muestran cómo el programa empieza a generar cambios reales dentro de las comunidades cafetaleras. José Rafael Hernández, encargado del área de evaluación y abordaje de familias productoras en AMSA, asegura que ya es posible observar señales positivas del relevo generacional: “Los jóvenes que se han involucrado sí están adoptando prácticas nuevas en las fincas. Algunos incluso ya convencieron a sus familias de implementar cambios y eso está provocando que otras comunidades también se interesen”, añadió Hernández.

Hernández también considera que el proyecto representa un paso importante para modernizar la caficultura y acercarla a las nuevas generaciones mediante innovación y tecnología:

No había mucha influencia tecnológica en el cultivo del café y eso alejaba a los jóvenes. Hoy buscamos que vean que el café sí puede ser negocio y también una actividad con impacto ambiental positivo”.

Aunque los avances son significativos, los impulsores del programa saben que todavía queda mucho trabajo por hacer. La cuarta generación apenas comienza su proceso de aprendizaje y aún hay muchos frutos por cosechar en esta apuesta por el futuro del campo mexicano.

Un futuro más sostenible comienza con las nuevas generaciones

Así, más allá de preservar una tradición, esta iniciativa abre la puerta a una caficultura más moderna, rentable y resiliente, donde los jóvenes no solo continúan el legado familiar, sino que se convierten en agentes de cambio para el desarrollo del campo mexicano.

“Cultivando sueños, educando futuros” Café Mexicano.

Fundación BBVA México abre la primera convocatoria de las Becas Leonardo en el país

BBVA México, a través de Fundación BBVA México, anunció la apertura de la primera convocatoria nacional de las Becas Leonardo, una iniciativa  de Fundación BBVA orientada a impulsar el talento de investigadores científicos, desarrolladores tecnológicos y creadores culturales en una etapa clave de su trayectoria.

El programa llega por primera vez a México como parte de su expansión a América Latina y busca apoyar proyectos personales e innovadores con potencial para contribuir al avance del conocimiento, la tecnología, las humanidades, la cultura y las artes.

En esta primera edición, Fundación BBVA México otorgará 50 becas individuales de hasta 50,000 dólares cada una, equivalentes aproximadamente a un millón de pesos, para el desarrollo de proyectos en un plazo de entre 12 y 18 meses.

Las Becas Leonardo están dirigidas a personas de entre 30 y 45 años que cuenten con una trayectoria destacada y presenten propuestas de alto impacto en su ámbito de especialización. La convocatoria impulsa perfiles que se encuentran en una etapa intermedia de su carrera profesional, con experiencia comprobada y alto potencial de crecimiento.

En México, la convocatoria contempla proyectos en áreas como Biología y Biomedicina; Ciencias Básicas; Ciencias de la Computación, Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial; Ingenierías; Tecnología Limpia y Biodiversidad; Artes Plásticas; Creación Literaria y Artes Escénicas; Música y Ópera; Ciencias Sociales, y Humanidades.

Becas Leonardo

La selección se realizará mediante un proceso competitivo, con comisiones evaluadoras integradas por expertos e investigadores nacionales e internacionales, en colaboración con instituciones con trayectoria acreditada en los ámbitos científico y cultural. Las propuestas serán valoradas con base en la trayectoria de la persona solicitante, así como en la originalidad, viabilidad e impacto del proyecto presentado.

Además del apoyo económico, las personas seleccionadas se integrarán a la Red Leonardo, una comunidad internacional que reúne a investigadores y creadores beneficiarios del programa, con el objetivo de fortalecer la visibilidad de sus proyectos, promover el intercambio de conocimiento y acompañar el desarrollo de sus trayectorias.

La convocatoria está disponible en el sitio oficial de Fundación BBVA México y en la plataforma de la Red Leonardo donde las personas interesadas podrán consultar los requisitos, las áreas participantes, los formatos de postulación y los criterios de evaluación.

Las solicitudes podrán presentarse hasta el 21 de septiembre de 2026 a través de la plataforma www.programaleonardo.com.

Nestlé Waters impulsa conservación del Izta-Popo con una jornada de reforestación de más 3,000 árboles y alianzas comunitarias

En un esfuerzo continuo por preservar los recursos hídricos y la biodiversidad de la región Izta-Popo, Nestlé Waters llevó a cabo su jornada anual de voluntariado de reforestación bajo el lema #SomosCadaGota. El evento, que reunió a alrededor de 100 voluntarios, incluyendo colaboradores de la compañía, miembros de la comunidad y autoridades ejidales, sirvió como marco para visibilizar el profundo impacto socioambiental del modelo de conservación que la compañía opera en Puebla.

Durante la jornada, que tuvo lugar en el bosque de Santa María en Tlahuapan, los participantes sembraron 3,000 árboles de especies endémicas de la zona, tales como Pinus montezumae, Pinus pseudostrobus y Pinus patula. Con esta siembra voluntaria, Nestlé Waters avanza en una trayectoria de reforestación histórica en la cuenca, la cual acumula, actualmente, un total de 789,904 árboles plantados a lo largo de la zona.

Una alianza sin precedentes por el bosque

Además del voluntariado forestal, el núcleo del éxito en la conservación del manantial de la zona radica en una sólida alianza estratégica de largo plazo con la Comisión Nacional Forestal (CONAFOR). Bajo el esquema de Mecanismos Locales de Pago por Servicios Ambientales (MLPSA) a través de Fondos Concurrentes, la compañía y la dependencia federal han consolidado dos convenios clave que abarcan los periodos 2022-2026 y 2024-2028.

Gracias a este fondo conjunto, se han protegido y conservado más de 4,800 hectáreas y reforestado más de 750 hectáreas de bosque, beneficiando de manera directa a 18 núcleos agrarios y ejidos de la Cuenca Hidrográfica del Alto Atoyac.

Nestlé Waters

Guardianes del bosque: Impacto social y prevención de incendios

La inversión conjunta no solo se limita a mantener la cobertura forestal, sino que funciona como un motor de desarrollo social y resiliencia comunitaria:

  • Brigadas de Protección: Se financia la integración y equipamiento de 18 brigadas forestales integradas por 180 brigadistas locales encargados de la vigilancia y el combate de incendios.
  • Viveros Forestales Comunitarios: Producción local de 504,500 plantas nativas (como ocote chino, pino religioso y encinos), generando empleo local y asegurando que las especies plantadas cuenten con la genética adecuada para sobrevivir.
  • Proyectos Productivos: Se ha impulsado el ecoturismo local mediante la construcción de cabañas, instalación de tirolesas y el desarrollo de senderos interpretativos para el avistamiento de luciérnagas, diversificando los ingresos de las familias de Tlahuapan sin comprometer el suelo.
Nestlé Waters

“La conservación de esta cuenca no es una tarea de un solo día, es una forma de habitar el territorio en armonía”, señaló Miguel García, Business Executive Officer de Nestlé Waters durante el encuentro. “Hoy sembramos 3,000 árboles con nuestra familia de Tlahuapan, pero la verdadera noticia es el ecosistema de apoyo que hemos construido con CONAFOR y los ejidatarios durante décadas. Cada gota de agua que brota de este manantial es el resultado de miles de hectáreas protegidas por manos locales”.

Con actividades de concientización ambiental y un rally de reconocimiento botánico dirigidas a los asistentes, la jornada reafirmó que la sustentabilidad hídrica depende enteramente de la salud del bosque y del bienestar de quienes lo habitan.

Errores que más accidentes provocan en vacaciones: Quálitas

En México, hablar de seguridad vial sigue representando un desafío que va más allá de respetar señales de tránsito o usar el cinturón de seguridad. El verdadero reto, asegura Pancho Name, piloto profesional de automovilismo y vocero de la campaña permanente Conducta Vial Quálitas, es fortalecer una cultura de prevención que acompañe a los conductores todos los días y no solo después de un accidente.

“Hoy existe mayor conciencia sobre algunos hábitos de seguridad vial, pero todavía nos hace falta entender que manejar implica una responsabilidad permanente. Muchas veces reaccionamos hasta que ocurre un incidente”, explicó.

Desde su experiencia dentro y fuera de las pistas, Pancho Name considera que uno de los errores más frecuentes entre los automovilistas es confiarse de más al conducir en carretera, especialmente durante temporadas vacacionales, cuando aumentan los viajes largos, el flujo vehicular y el cansancio acumulado.

Aunque su carrera está ligada a la velocidad y la competencia, el piloto de rallies asegura que conducir en pista y manejar en carretera son escenarios completamente distintos.

“En una competencia todo está diseñado para minimizar riesgos: hay protocolos, condiciones controladas y equipos especializados. En carretera ocurre lo contrario; nunca sabes qué puede pasar más adelante; puedes encontrar lluvia, baches, tráfico inesperado o conductores con poca experiencia, por eso siempre hay que manejar anticipando cualquier escenario”, señaló.

Mientras millones de familias se preparan para salir a carretera durante las vacaciones, autoridades federales advierten que los accidentes viales en México suelen aumentar hasta 20% en temporadas vacacionales, principalmente por exceso de velocidad, fatiga y errores humanos al volante.

Errores que más accidentes provocan

De acuerdo con el campeón mexicano, uno de los factores que más accidentes provoca durante periodos de alta movilidad es la prisa. “La gente quiere llegar rápido y eso hace que tome decisiones impulsivas: rebasar sin visibilidad, exceder la velocidad o manejar cansado. En carretera, la prisa puede convertirse en el mayor riesgo”, advirtió.

Entre los errores más comunes que identifica durante esta temporada destacan exceder los límites de velocidad, utilizar el celular al volante, no mantener una distancia segura, salir a carretera sin revisar el vehículo y conducir fatigado.

A esto se suma un factor que muchas veces pasa desapercibido: el estado físico y emocional del conductor.

“Manejar cansado o bajo estrés disminuye reflejos y capacidad de reacción. A veces creemos que podemos seguir manejando, aunque estemos agotados, y ahí es donde comienzan muchos accidentes”, explicó.

Uno de los aprendizajes más importantes que el automovilismo le ha dejado, asegura, es la capacidad de anticipación. Leer el camino, detectar riesgos antes de que ocurran y entender el comportamiento de otros conductores son habilidades que pueden marcar la diferencia en cualquier trayecto.

“La experiencia ayuda, pero la conciencia salva vidas. La conducción defensiva se desarrolla poniendo atención al entorno y entendiendo que cualquier distracción puede cambiarlo todo”, comentó.

Además de la prevención, Pancho Name destacó la importancia de contar con un seguro vehicular vigente ante cualquier imprevisto en carretera.

“El seguro no debe verse únicamente como un requisito. Es una herramienta de respaldo para ti, tu familia y las personas que te rodean. El verdadero problema no es pagar una póliza; es enfrentar una emergencia sin protección”, afirmó.

De cara a las temporadas vacacionales y periodos de alta movilidad, el mensaje de Pancho Name es claro: “Porque en carretera, llegar unos minutos después siempre será mejor que no llegar. Manejar con paciencia, respetar los límites y tomar decisiones responsables puede hacer toda la diferencia. La mejor meta siempre será llegar seguro”, finalizó.

Los residuos que nadie quiere reciclar: TerraCycle apuesta por darles una segunda vida

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Cada día, millones de productos terminan su vida útil en la basura sin que exista una alternativa viable para recuperarlos. Envolturas de botanas, tubos de pasta dental, colillas de cigarro o residuos médicos suelen quedar fuera de los sistemas tradicionales de reciclaje, alimentando un problema ambiental que crece a la par del consumo. En ese contexto, surge una pregunta clave: ¿realmente existen materiales imposibles de reciclar?

Esa interrogante ha guiado durante más de dos décadas el trabajo de TerraCycle, empresa que decidió enfocarse precisamente en aquellos residuos que la mayoría de las industrias evita procesar. Su historia demuestra que la innovación en economía circular no solo consiste en reciclar más, sino en replantear el valor de aquello que normalmente se considera un desecho, impulsando una verdadera segunda vida a los residuos.

De una inquietud infantil a una empresa global

La relación de Tom Szaky con la basura comenzó mucho antes de fundar una empresa. Como inmigrante húngaro en Canadá, le sorprendía encontrar televisores y otros objetos funcionales abandonados junto a los residuos domésticos. Esa experiencia despertó una reflexión que marcaría su carrera: todos los bienes que poseemos terminan, tarde o temprano, convertidos en propiedad de la industria de los residuos.

Con esa idea en mente, Szaky cofundó TerraCycle en 2001 mientras estudiaba en la Universidad de Princeton. El proyecto inició con la producción de fertilizante orgánico elaborado a partir de excremento de lombriz, un producto que incluso llegó a comercializarse en cadenas como Walmart. Sin embargo, pocos años después la empresa dio un giro estratégico hacia el reciclaje de materiales difíciles de recuperar.

Desde 2007, TerraCycle ha construido un modelo de negocio enfocado en recolectar y transformar residuos que normalmente no tienen cabida en las plantas convencionales. Actualmente genera ingresos anuales superiores a los 47 millones de dólares, demostrando que es posible encontrar oportunidades económicas donde otros solo ven basura.

Segunda vida a los residuos: el desafío de reciclar lo que otros descartan

El principal diferenciador de TerraCycle es su capacidad para ofrecer una segunda vida a los residuos que tradicionalmente terminan en rellenos sanitarios o incineradoras. Entre ellos se encuentran envoltorios flexibles, cepillos de dientes, tubos de pasta dental, asientos para automóvil e incluso colillas de cigarro, materiales cuya composición dificulta su procesamiento.

Este enfoque ha permitido desarrollar programas de recolección junto a grandes empresas de consumo, facilitando que ciertos residuos regresen a cadenas de aprovechamiento. Más allá del reciclaje convencional, la compañía apuesta por ampliar los límites de lo que puede recuperarse mediante procesos especializados y alianzas con diferentes sectores.

No obstante, el reto sigue siendo enorme. Estos materiales representan una fracción pequeña del total de residuos generados, pero concentran un alto nivel de complejidad técnica y logística, lo que explica por qué la mayoría de las empresas del sector evita procesarlos.

Entre la innovación y las críticas por ecoblanqueo

El modelo de TerraCycle también ha despertado cuestionamientos. Algunos especialistas consideran que los programas patrocinados por marcas pueden transmitir la percepción de que estos materiales ya cuentan con sistemas de reciclaje ampliamente disponibles, cuando en realidad dependen de esquemas específicos de recolección.

Investigadores como Calvin Lakhan, de la Universidad de York, señalan que iniciativas como la recuperación de colillas de cigarro podrían generar una falsa sensación de escalabilidad. Desde esta perspectiva, el verdadero desafío consiste en evitar que estas soluciones sean interpretadas como una respuesta masiva cuando aún operan bajo modelos limitados.

Frente a estas críticas, TerraCycle sostiene que realiza auditorías independientes para verificar los resultados de sus programas y que su objetivo nunca ha sido sustituir los sistemas tradicionales, sino atender aquellos flujos de residuos que actualmente carecen de alternativas viables.

Crecer para atender los residuos más complejos

Durante los últimos cinco años, TerraCycle incrementó sus ingresos en 93 %, impulsada tanto por su crecimiento orgánico como por una estrategia de adquisiciones. La empresa ha incorporado compañías especializadas en residuos altamente regulados, fortaleciendo su capacidad para procesar materiales que requieren infraestructura y permisos específicos.

Una de sus adquisiciones más recientes fue NLR, especializada en lámparas, aparatos electrónicos, baterías y dispositivos que contienen mercurio. Gracias a esta integración, TerraCycle amplía su presencia en segmentos donde la infraestructura de reciclaje continúa siendo insuficiente.

La empresa también busca expandirse hacia sectores como paneles solares, baterías, residuos electrónicos y materiales provenientes de laboratorios médicos. Estos últimos representan un desafío creciente debido a las estrictas normas sanitarias y al elevado volumen de empaques y equipos desechables utilizados diariamente.

Segunda vida a los residuos como oportunidad de inversión e innovación

El crecimiento de TerraCycle no solo depende de la tecnología, sino también de una estrategia financiera enfocada en acelerar su expansión. En 2025 obtuvo cinco millones de dólares mediante un esquema de financiamiento colectivo y actualmente busca recaudar otros 75 millones para continuar adquiriendo empresas especializadas.

Alrededor del 80 % del capital obtenido se destinará a nuevas adquisiciones, con el objetivo de fortalecer una red capaz de gestionar residuos que hoy permanecen fuera de los sistemas convencionales. La rentabilidad sostenida durante la última década ha permitido respaldar esta estrategia de crecimiento.

Esta visión parte de una idea sencilla, pero poderosa: prácticamente todos los materiales poseen algún valor si existen la infraestructura, la tecnología y el modelo económico adecuados para recuperarlos. Esa filosofía continúa impulsando el desarrollo de soluciones para dar una segunda vida a los residuos que antes parecían imposibles de aprovechar.

Más allá del reciclaje: el futuro está en la reutilización

Aunque el reciclaje sigue siendo el corazón del negocio, TerraCycle también apuesta por reducir la generación de residuos desde el origen mediante Loop, su plataforma de envases reutilizables. La iniciativa ya ha recibido inversiones cercanas a los 50 millones de dólares y representa una evolución del concepto de economía circular.

Actualmente, Loop concentra su crecimiento en Europa, especialmente en Francia, donde la regulación obliga a los minoristas a incorporar envases rellenables antes de finalizar 2027. La empresa también prepara su expansión al Reino Unido, donde ya ha concretado acuerdos con importantes cadenas comerciales.

La experiencia ha permitido identificar que muchos envases actuales pueden reutilizarse sin modificar significativamente las cadenas de suministro. Botellas de detergente, frascos de pepinillos, envases de vidrio o recipientes de salsas son algunos ejemplos de productos diseñados con un potencial de reutilización mucho mayor del que normalmente se aprovecha.

La historia de TerraCycle refleja que la economía circular necesita mirar más allá de los materiales fáciles de reciclar. Resolver el problema de los residuos más complejos implica innovación tecnológica, inversión constante y la colaboración entre empresas, consumidores y autoridades para desarrollar nuevos modelos de recuperación y reutilización.

Si bien persisten debates sobre el alcance real de estas iniciativas, también es evidente que abrir oportunidades para una segunda vida a los residuos amplía las posibilidades de reducir el impacto ambiental de productos que durante décadas fueron considerados irrecuperables. En un contexto donde la generación de desechos continúa aumentando, explorar soluciones para estos materiales dejará de ser una alternativa para convertirse en una necesidad.

De la estrategia a la acción: este es el nuevo desafío ESG que deben resolver las empresas

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La conversación sobre sostenibilidad empresarial ha evolucionado con rapidez durante la última década. Si antes el foco estaba casi exclusivamente en reducir emisiones de carbono y cumplir metas climáticas, hoy las organizaciones enfrentan una realidad mucho más compleja. La contaminación atmosférica ha dejado de ser un problema ambiental aislado para convertirse en un factor que impacta la salud pública, la competitividad empresarial, la estabilidad económica y las decisiones de inversión.

Este cambio obliga a las compañías a replantear la manera en que gestionan sus riesgos ambientales. La calidad del aire ya no puede tratarse únicamente como un tema de cumplimiento regulatorio, sino como un elemento estratégico que influye en la continuidad del negocio, la confianza de los inversionistas y la creación de valor a largo plazo. En este contexto, el desafío ESG consiste en transformar los compromisos en acciones medibles, transparentes y con resultados tangibles.

El costo invisible que redefine el desafío ESG

De acuerdo con un artículo de Reuters, cada año, la contaminación atmosférica provoca millones de muertes prematuras y se mantiene como el segundo mayor factor de riesgo de mortalidad a nivel mundial. Además de su enorme impacto sanitario, representa pérdidas económicas estimadas en alrededor de 6 billones de dólares anuales, derivadas de menores niveles de productividad, interrupciones en las cadenas de suministro y un crecimiento económico más lento.

Sin embargo, las consecuencias no afectan a todos por igual. Las comunidades de menores ingresos suelen enfrentar una mayor exposición a contaminantes, lo que convierte la calidad del aire en una cuestión de justicia climática y de derechos humanos. Para las empresas, este escenario implica reconocer que sus decisiones ambientales tienen repercusiones sociales mucho más amplias que las tradicionalmente consideradas.

El nuevo desafío ESG exige mirar más allá del carbono

Durante años, gran parte de las estrategias corporativas se concentró en reducir emisiones de gases de efecto invernadero para avanzar hacia objetivos de carbono neutral. Aunque estos esfuerzos siguen siendo indispensables, ya no son suficientes para responder a los riesgos actuales.

desafío ESG

El desafío ESG ahora requiere incorporar otros contaminantes altamente dañinos para la salud, como las partículas finas (PM2.5) y los óxidos de nitrógeno (NOx). Estos contaminantes, responsables de numerosos problemas respiratorios y cardiovasculares, continúan siendo poco medidos y escasamente divulgados por muchas organizaciones, generando vacíos importantes para inversionistas, reguladores y grupos de interés.

Regulaciones más estrictas cambian las reglas del juego

La presión regulatoria está aumentando en distintas regiones del mundo. La Unión Europea, por ejemplo, ha fortalecido sus exigencias mediante la Directiva sobre Informes de Sostenibilidad Corporativa (CSRD), que obliga a las empresas a reportar riesgos, impactos y oportunidades ambientales bajo el enfoque de doble materialidad.

A ello se suman estándares internacionales como GRI y SASB, así como nuevas regulaciones para el sector automotriz, entre ellas la futura norma Euro 7, que amplía el análisis hacia emisiones generadas por neumáticos y frenos. Paralelamente, ciudades como Londres, París y Milán continúan endureciendo las restricciones para tecnologías altamente contaminantes, incrementando el riesgo de obsolescencia para determinados activos empresariales.

Los inversionistas ya consideran la calidad del aire como un riesgo financiero

La contaminación atmosférica está dejando de verse únicamente como un problema ambiental para convertirse en un criterio relevante dentro de las finanzas sostenibles. Cada vez más inversionistas entienden que sus efectos son sistémicos, pues afectan simultáneamente a las comunidades, los ecosistemas y la actividad económica.

Una muestra de esta tendencia es la Iniciativa Aire Limpio de ShareAction, integrada por más de 30 inversionistas que administran más de 1.8 billones de dólares en activos. Su objetivo es impulsar mejores prácticas de gestión de riesgos en sectores como transporte, logística e industrias con altas emisiones, promoviendo una mayor transparencia corporativa y regulaciones más robustas.

El mayor obstáculo sigue siendo la falta de información confiable

Uno de los principales problemas es que muchas organizaciones aún no generan datos consistentes sobre contaminación atmosférica. En numerosos casos, la divulgación depende de las propias evaluaciones de materialidad realizadas por las empresas, lo que provoca reportes incompletos y difíciles de comparar entre sectores.

Esta falta de estandarización limita la capacidad de los mercados para identificar riesgos reales, evaluar el desempeño ambiental de las compañías y dirigir inversiones hacia aquellas que implementan mejores prácticas. Además, muchos informes continúan enfocándose únicamente en emisiones climáticas, dejando fuera indicadores fundamentales relacionados con la calidad del aire y sus efectos sobre la salud.

Integrar salud, derechos humanos y sostenibilidad será la diferencia

Otro de los grandes pendientes consiste en incorporar la contaminación atmosférica dentro de las estrategias corporativas de derechos humanos. A pesar del creciente desarrollo de la debida diligencia empresarial, todavía son pocas las compañías que analizan cómo sus emisiones afectan directamente a las personas y a las comunidades donde operan.

Las empresas que actúen de forma anticipada podrán reducir riesgos regulatorios, fortalecer su eficiencia operativa y construir mayor resiliencia frente a un entorno cada vez más exigente. Esto implica establecer metas claras de reducción de contaminantes, fortalecer la medición a lo largo de toda la cadena de valor e integrar la calidad del aire con las estrategias climáticas, de biodiversidad y de protección de los derechos humanos.

La contaminación atmosférica se encuentra en un momento similar al que vivía el cambio climático hace una década: existe amplio consenso sobre su gravedad, pero todavía falta incorporarla plenamente en las decisiones empresariales y financieras. Mientras los reguladores endurecen las exigencias y los inversionistas elevan sus expectativas, las organizaciones ya no pueden limitarse a cumplir con requisitos mínimos de reporte.

Convertir la calidad del aire en un eje estratégico permitirá a las empresas anticipar riesgos, fortalecer su competitividad y generar mayor confianza entre inversionistas y sociedad. En adelante, el verdadero liderazgo en sostenibilidad no dependerá únicamente de anunciar compromisos climáticos, sino de demostrar con datos, transparencia y resultados que el aire limpio forma parte de la creación de valor empresarial y del bienestar colectivo.

Microsoft y el reto de cumplir sus metas ambientales: su huella aumenta 25%

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La carrera por liderar la inteligencia artificial ha transformado la estrategia de las grandes empresas tecnológicas, pero también ha puesto a prueba sus compromisos climáticos. Microsoft es uno de los ejemplos más representativos de esta nueva realidad: mientras acelera la expansión de su infraestructura digital para responder a la creciente demanda de servicios en la nube e IA, su impacto ambiental también crece a un ritmo significativo.

El más reciente informe de sostenibilidad de la compañía revela un incremento del 25% en sus emisiones durante el año fiscal 2025, un dato que reaviva el debate sobre la viabilidad de las metas ambientales de Microsoft en un contexto donde el desarrollo tecnológico exige enormes cantidades de energía, agua e infraestructura. Lejos de ocultar el desafío, la empresa reconoce las tensiones y plantea nuevas estrategias para equilibrar innovación y sostenibilidad.

Las metas ambientales de Microsoft frente al auge de la inteligencia artificial

La expansión de la inteligencia artificial está redefiniendo la operación de las empresas tecnológicas. En el caso de Microsoft, el crecimiento acelerado de los centros de datos necesarios para alimentar plataformas de IA y servicios en la nube provocó un aumento del 25% en sus emisiones durante el año fiscal 2025.

El incremento no ocurre de forma aislada. Google reportó un aumento del 18% en sus emisiones y Amazon registró un crecimiento del 16%, reflejando que el sector tecnológico enfrenta un desafío compartido: sostener el desarrollo de nuevas capacidades digitales sin comprometer sus compromisos climáticos.

A pesar del panorama, la compañía aseguró que mantiene intacto su objetivo de alcanzar sus compromisos ambientales. Brad Smith, vicepresidente y presidente de Microsoft, y Melanie Nakagawa, directora de sostenibilidad, señalaron que este escenario no representa un motivo para retroceder, sino una oportunidad para replantear la manera en que la organización ejerce el liderazgo climático.

Transparencia para reconocer avances y desafíos

Una de las principales novedades del informe fue el nivel de apertura con el que Microsoft presentó sus indicadores ambientales. Por primera vez, la empresa publicó información detallada sobre el consumo de electricidad y agua de cada una de sus principales instalaciones, una decisión que busca fortalecer la rendición de cuentas.

La compañía reconoce que el desarrollo acelerado de la inteligencia artificial exige una gestión ambiental mucho más rigurosa. De acuerdo con Melanie Nakagawa, el informe ofrece una visión honesta sobre los avances alcanzados, las áreas donde persisten dificultades y los aspectos que requieren nuevas soluciones.

Este enfoque responde también a una creciente presión social. Las comunidades donde se construyen nuevos centros de datos demandan mayor información sobre el consumo de recursos y los posibles impactos ambientales, por lo que la transparencia comienza a convertirse en un elemento estratégico para conservar la confianza pública.

Cómo impactan las metas ambientales de Microsoft el consumo de energía y agua

Uno de los cambios más notorios del reporte corresponde a las emisiones relacionadas con el consumo eléctrico. Estas pasaron de representar el 2% de la huella ambiental total en 2024 al 13% en 2025, debido tanto al incremento de la demanda energética como a modificaciones en la metodología contable utilizada para medir las emisiones de Alcance 2.

Durante 2025, Microsoft consumió alrededor de 37 millones de megavatios-hora de electricidad, un 24% más que el año anterior. Esa cantidad sería suficiente para abastecer durante un año a aproximadamente 3.4 millones de hogares en Estados Unidos, siendo América del Norte la región con mayor participación en ese consumo.

En materia hídrica, la empresa extrajo cerca de 13 millones de metros cúbicos de agua y reportó la reposición de 14 millones como parte de sus programas de gestión hídrica. Asimismo, reveló que su centro de datos ubicado en Boydton, Virginia, fue el de mayor demanda energética dentro de toda su infraestructura global.

metas ambientales de Microsoft

La búsqueda de una matriz energética más limpia

Aunque Microsoft continúa siendo uno de los mayores compradores corporativos de energía renovable del mundo, la realidad operativa ha obligado a la empresa a complementar algunos proyectos con plantas de gas natural para garantizar el suministro eléctrico de nuevos centros de datos.

Actualmente mantiene contratos por hasta 40 gigavatios de energía renovable, de los cuales 19 ya se encuentran en funcionamiento. Sin embargo, la velocidad con la que crece la demanda de procesamiento para inteligencia artificial requiere inversiones adicionales que aseguren capacidad energética constante.

Frente a esta situación, la empresa también explora alternativas de largo plazo como la energía geotérmica, la energía nuclear de nueva generación e incluso proyectos relacionados con fusión nuclear. Paralelamente, impulsa contratos de energía limpia por 1.5 gigavatios distribuidos en más de 100 comunidades cercanas a sus operaciones.

Innovación tecnológica para reducir la huella ambiental

Más allá de incorporar nuevas fuentes de energía, Microsoft trabaja en soluciones tecnológicas que permitan disminuir el consumo energético de sus operaciones. Una de ellas consiste en automatizar la distribución de cargas de trabajo de inteligencia artificial entre centros de datos que operan directamente con electricidad renovable.

La empresa también optimiza el uso energético dentro de sus instalaciones existentes mediante una redistribución inteligente de cargas informáticas, con el objetivo de aprovechar mejor la infraestructura disponible antes de ampliar la capacidad instalada.

Además, Microsoft financia tecnologías emergentes como cables superconductores capaces de transportar mayores volúmenes de electricidad con menores pérdidas. Estas innovaciones podrían convertirse en un componente clave para construir centros de datos más eficientes y compactos durante los próximos años.

La eliminación de carbono sigue siendo una prioridad

A pesar del aumento en sus emisiones, Microsoft mantiene su liderazgo como uno de los principales compradores corporativos de créditos de eliminación de carbono. Durante 2025 firmó acuerdos para 29 proyectos de largo plazo que contribuirán a retirar más de 45 millones de toneladas métricas de emisiones durante las próximas tres décadas.

La empresa también desmintió versiones sobre una supuesta reducción de sus inversiones en este tipo de tecnologías. Según Melanie Nakagawa, no existe ningún cambio en la estrategia para respaldar iniciativas capaces de generar reducciones permanentes de carbono.

Entre los proyectos apoyados destacan soluciones como la captura directa de aire, la mejora de la meteorización de rocas y tecnologías que aumentan la alcalinidad de los océanos, consideradas algunas de las apuestas más prometedoras para enfrentar las emisiones difíciles de eliminar.

El crecimiento de la inteligencia artificial está obligando a las grandes tecnológicas a enfrentar un desafío que parecía lejano: expandir su capacidad digital sin poner en riesgo sus compromisos climáticos. El incremento del 25% en las emisiones demuestra que la transición hacia una economía baja en carbono no siempre avanza en línea recta, especialmente cuando la innovación acelera el consumo de recursos.

Las metas ambientales de Microsoft seguirán siendo observadas de cerca por inversionistas, reguladores, comunidades y especialistas en sostenibilidad. La transparencia mostrada en su más reciente informe, junto con las inversiones en energías limpias, eficiencia y eliminación de carbono, marcarán si la compañía logra convertir este complejo momento en una oportunidad para redefinir el liderazgo climático dentro de la industria tecnológica.

10 casos de éxito en sostenibilidad dentro de la industria automotriz

La industria automotriz atraviesa una de las transformaciones más importantes de su historia. La electrificación, la descarbonización y la economía circular ya no son iniciativas complementarias, sino factores que determinan la competitividad de las empresas y su capacidad para responder a las expectativas de inversionistas, consumidores y reguladores. En este contexto, la innovación tecnológica avanza de la mano de una mayor responsabilidad ambiental y social.

Hoy, hablar de sostenibilidad en la industria automotriz implica mucho más que fabricar vehículos eléctricos. También supone rediseñar cadenas de suministro, utilizar materiales con menor impacto ambiental, impulsar energías renovables, promover condiciones laborales justas y adoptar modelos de negocio más circulares. Estas acciones han convertido a diversos fabricantes en referentes globales de la transición hacia una movilidad más sostenible.

Sostenibilidad en la industria automotriz: empresas que están transformando el sector

1. Tesla: acelerar la transición hacia una movilidad sostenible

Tesla ha construido su estrategia bajo una premisa clara: acelerar la transición mundial hacia la energía sostenible. Más allá de popularizar los vehículos eléctricos, la compañía ha invertido en tecnologías que buscan hacer más eficiente la producción, el almacenamiento y el consumo de energía limpia.

Su visión integra innovación y sostenibilidad como parte de una misma estrategia empresarial. En su Reporte de Sostenibilidad 2025, la empresa destaca que el desarrollo tecnológico es un aliado para ampliar el acceso a soluciones de movilidad con menores emisiones y seguir impulsando la electrificación a gran escala.

2. LTH: economía circular que da una segunda vida a las baterías

LTH, marca de Clarios en México, ha desarrollado uno de los modelos de economía circular más consolidados de la industria automotriz. Su sistema comienza desde el punto de venta: cuando un cliente adquiere una batería, el negocio te permite entregar la batería usada (el “casco”) a cambio de un descuento en el nuevo producto. Esto es un incentivo económico que evita que las baterías terminen en la basura. Gracias a este esquema de logística inversa, las baterías llegan a las plantas de reciclaje de la compañía en Nuevo León, evitando que terminen en tiraderos o sean manejadas de forma inadecuada.

La efectividad del modelo radica en que 99% de los materiales de una batería pueden recuperarse. En sus plantas, las baterías se trituran para separar el plomo, el polipropileno y el electrolito. El plomo se funde y refina para fabricar nuevas placas; el plástico se convierte en pellets que dan origen a nuevas carcasas, mientras que el ácido se neutraliza y se transforma en sulfato de sodio para uso industrial. De esta forma, prácticamente todos los componentes regresan al ciclo productivo, reduciendo la necesidad de extraer materias primas vírgenes.

Eco Jornadas LTH 2025

3. Volkswagen Group: una estrategia que integra naturaleza, personas y negocio

Con su iniciativa regenerate+, Volkswagen busca generar un impacto positivo tanto para el medio ambiente como para la sociedad. La empresa trabaja en proyectos de descarbonización, economía circular, abastecimiento responsable y fortalecimiento del talento humano.

Uno de sus principales diferenciadores es incorporar los criterios ESG en todas las áreas del grupo. Desde el diseño de vehículos hasta las alianzas estratégicas y la transparencia corporativa, la sostenibilidad forma parte de las decisiones de largo plazo.

4. Volvo Group: transporte con menor impacto ambiental

Volvo Group centra sus esfuerzos en desarrollar soluciones de transporte con menores emisiones mediante la electrificación y el uso de energías renovables en sus operaciones. Paralelamente, impulsa modelos de producción más eficientes y responsables con los recursos naturales.

La compañía también trabaja junto con sus proveedores para reducir emisiones en toda la cadena de suministro, reforzando una visión colaborativa de la descarbonización que trasciende las operaciones propias.

5. Ford: innovación eléctrica para distintos segmentos

Ford ha transformado gradualmente su portafolio para priorizar vehículos electrificados, tanto para consumidores como para clientes comerciales. Modelos como la F-150 Lightning representan la apuesta de la empresa por combinar desempeño, funcionalidad y menor impacto ambiental.

La estrategia no se limita al producto final. La marca también desarrolla tecnologías que mejoran la eficiencia energética y facilitan la adopción de soluciones eléctricas en sectores donde tradicionalmente predominaban los motores de combustión.

6. General Motors: una plataforma para acelerar la electrificación

General Motors ha impulsado una transformación profunda mediante el desarrollo de la plataforma Ultium, diseñada para simplificar la fabricación de vehículos eléctricos y facilitar su escalabilidad.

Además de ampliar su oferta de movilidad eléctrica, la compañía busca reducir las emisiones asociadas a la producción y demostrar que la innovación tecnológica puede convertirse en un motor para avanzar hacia una economía baja en carbono.

7. BMW: la economía circular como eje de producción

BMW ha demostrado que la sostenibilidad también comienza dentro de las plantas de manufactura. La empresa reutiliza aproximadamente el 70% de los recortes de aluminio y acero generados durante sus procesos productivos, reduciendo significativamente el desperdicio de materiales.

A ello suma una hoja de ruta hacia 2030 enfocada en disminuir emisiones a lo largo de toda su cadena de valor. Su estrategia combina reciclaje, eficiencia energética, innovación en materiales y reducción de la huella de carbono desde el diseño hasta la fabricación de sus vehículos.

8. Stellantis: descarbonización con una transición justa

Stellantis ha fijado la meta de alcanzar emisiones netas cero para 2050, acompañada de objetivos intermedios que incluyen reducciones en emisiones de Alcance 1, 2 y 3 antes de finalizar esta década.

Su estrategia incorpora electrificación, economía circular y un enfoque de transición justa para trabajadores y comunidades. De esta manera, busca que los beneficios de la transformación industrial también generen valor social y económico.

9. Mercedes-Benz: una visión integral de creación de valor

Para Mercedes-Benz, la sostenibilidad significa crear valor permanente para clientes, colaboradores, inversionistas y demás grupos de interés. Bajo su estrategia Ambition 2039, la empresa pretende que toda su flota de vehículos nuevos sea carbono neutral durante las próximas décadas.

Este compromiso también incluye reducir las emisiones de sus operaciones, fortalecer la gestión responsable de su cadena de suministro y acelerar el desarrollo de modelos completamente eléctricos.

10. Toyota: transparencia y mejora continua

Toyota mantiene una de las estrategias ESG más documentadas del sector mediante su Sustainability Data Book, donde presenta indicadores, políticas y resultados relacionados con su desempeño ambiental y social.

La empresa busca que todas sus operaciones cumplan con estándares nacionales e internacionales mientras continúa impulsando tecnologías de movilidad con menor impacto ambiental. Su enfoque refleja una cultura de mejora continua respaldada por datos y objetivos medibles.

Los casos de estas diez compañías muestran que la sostenibilidad en la industria automotriz ya no depende únicamente del desarrollo de vehículos eléctricos. El liderazgo del sector se construye mediante decisiones que abarcan toda la cadena de valor: desde la selección de materiales y la eficiencia energética hasta la economía circular, la gestión responsable de proveedores y el compromiso con las comunidades.

A medida que aumentan las exigencias regulatorias y las expectativas sociales, la sostenibilidad en la industria automotriz se consolida como un elemento estratégico para la competitividad. Las empresas que integran criterios ambientales, sociales y de gobernanza en sus modelos de negocio no solo reducen su impacto, sino que también fortalecen su capacidad de innovar, generar confianza y liderar la movilidad del futuro.

Más de la mitad de las horas laborales en México ya son automatizables: el reto de una transición responsable

La automatización dejó de ser una posibilidad lejana para convertirse en un proceso que ya está transformando la manera en que las personas trabajan. En México, el 59% de las horas laborales automatizables podría ejecutarse con tecnologías disponibles actualmente, de acuerdo con un análisis del McKinsey Global Institute sobre el futuro del trabajo en América Latina.

Sin embargo, detrás de esta cifra no solo existe una oportunidad económica, sino también un desafío social para las empresas: garantizar que la adopción tecnológica no ocurra a costa de las personas. La pregunta central ya no es únicamente qué tareas pueden hacer las máquinas, sino cómo preparar a los colaboradores para convivir con ellas.

El estudio estima que esta transformación podría generar hasta 204,000 millones de dólares anuales de valor económico en México hacia 2030, impulsada principalmente por sectores como la manufactura. Pero para que ese beneficio sea sostenible, las organizaciones deberán asumir un papel activo en capacitación, reconversión laboral y protección del talento.

La automatización no significa necesariamente la desaparición masiva de empleos. El análisis de McKinsey aclara que la medición corresponde a actividades específicas dentro de los puestos de trabajo y no al número de plazas que podrían eliminarse. El verdadero cambio estará en la forma en que las personas realizan sus funciones.

¿Qué significa que 59% de las horas laborales automatizables puedan transformarse?

Hablar de horas laborales automatizables implica analizar aquellas actividades dentro de una ocupación que una tecnología puede realizar con las capacidades actuales. Esto incluye desde procesos digitales ejecutados por software hasta tareas físicas realizadas mediante robots, sin que esto signifique que un puesto completo pueda sustituirse.

McKinsey analizó cerca de 800 ocupaciones en cada país estudiado para identificar qué actividades tienen mayor potencial de automatización. En México, el resultado muestra una combinación entre herramientas digitales capaces de resolver procesos cognitivos y sistemas físicos aplicados principalmente en operaciones industriales.

A nivel regional, América Latina presenta un promedio de 57% de actividades potencialmente automatizables. México se encuentra por encima de esta cifra, con 59%, una proporción que refleja tanto su capacidad industrial como el peso de sectores donde la tecnología puede integrarse rápidamente.

La diferencia frente a otras economías también revela un reto: mientras algunas regiones automatizan principalmente mediante software, América Latina mantiene una alta presencia de actividades físicas. Cerca de la mitad de las horas laborales de la región requieren capacidades físicas, frente a una tercera parte en Estados Unidos y Europa.

México ante una oportunidad económica de 204,000 millones de dólares

La automatización representa una oportunidad significativa para las organizaciones mexicanas. Bajo un escenario intermedio de adopción tecnológica, McKinsey calcula que el país podría liberar hasta 204,000 millones de dólares anuales hacia 2030, la cifra más alta entre las economías latinoamericanas analizadas.

El potencial económico está relacionado con una mayor productividad, reducción de actividades repetitivas y la posibilidad de que los colaboradores dediquen más tiempo a tareas de mayor valor estratégico. En este escenario, la tecnología no solo sustituye procesos, también puede ampliar las capacidades humanas.

México y Brasil concentrarían cerca de 75% del valor económico regional generado por la automatización. En el caso mexicano, aproximadamente una quinta parte estaría vinculada con la manufactura, debido al tamaño de su industria, su fuerza laboral y la presencia de cadenas globales de producción.

No obstante, este beneficio dependerá de cómo las empresas implementen la transformación. La automatización puede generar eficiencia, pero también profundizar desigualdades si únicamente beneficia a las organizaciones sin considerar el desarrollo profesional de quienes forman parte de ellas.

La brecha entre automatización y talento: el desafío de las habilidades en IA

Aunque la tecnología avanza rápidamente, la preparación de la fuerza laboral mexicana mantiene un ritmo más lento. La demanda de habilidades relacionadas con inteligencia artificial creció entre 2023 y 2025, pero todavía representa una proporción limitada del mercado laboral.

Actualmente, las vacantes que solicitan conocimientos de IA se acercan al 15% de las ocupaciones en México, aunque estas representan apenas 2.4% del empleo nacional. Esto muestra que la adopción de nuevas capacidades todavía no alcanza el ritmo al que avanzan las herramientas tecnológicas.

A nivel regional, la demanda de fluidez en IA aumentó casi 11 veces en ese periodo. Además, este crecimiento ya no se concentra únicamente en perfiles técnicos: cada vez más áreas administrativas, operativas y comerciales requieren personas capaces de utilizar herramientas inteligentes en sus actividades diarias.

La transformación laboral exige cambiar la idea de que aprender tecnología es responsabilidad exclusiva de especialistas. La inteligencia artificial comienza a integrarse en múltiples profesiones, por lo que desarrollar nuevas competencias será una necesidad transversal para trabajadores y organizaciones.

La responsabilidad empresarial frente a la automatización laboral

Ante este escenario, las empresas tienen un papel clave para construir una transición laboral responsable. Si la automatización permite aumentar la productividad, también debe convertirse en una oportunidad para fortalecer el talento humano mediante programas de capacitación, actualización y movilidad interna.

Las organizaciones que incorporen nuevas tecnologías deberán preguntarse qué ocurrirá con las personas cuyas tareas cambien. La respuesta no puede limitarse a reemplazar funciones, sino que debe considerar estrategias para que los colaboradores adquieran nuevas habilidades y puedan participar en los nuevos modelos de trabajo.

La capacitación continua será uno de los principales compromisos empresariales. Preparar a los equipos en competencias digitales, análisis de datos, pensamiento crítico y uso responsable de inteligencia artificial permitirá que la tecnología sea una herramienta de crecimiento y no una fuente de exclusión laboral.

Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, la automatización plantea una nueva dimensión del cuidado hacia los colaboradores. Así como las compañías gestionan impactos ambientales o sociales en sus cadenas de valor, también deberán gestionar el impacto humano de la transformación tecnológica.

Más allá del reemplazo: trabajadores que colaboran con máquinas

Uno de los principales hallazgos del análisis es que la automatización cambiará la distribución de tareas dentro de muchos puestos, más que eliminar completamente las ocupaciones. Los trabajadores podrían asumir nuevas responsabilidades relacionadas con supervisar sistemas, interpretar información y tomar decisiones estratégicas.

De acuerdo con el estudio, 66% de las habilidades solicitadas por empleadores latinoamericanos se utiliza tanto en actividades automatizables como en aquellas que todavía dependen del criterio humano. Esto demuestra que la colaboración entre personas y tecnología será una característica central del futuro laboral.

Las capacidades relacionadas con bases de datos y procesamiento de información financiera tienen mayor exposición a la automatización. En contraste, aquellas vinculadas con interacción humana, empatía y resolución de situaciones inesperadas mantienen una menor posibilidad de sustitución.

El reto para las empresas será identificar qué habilidades humanas deben fortalecerse. La creatividad, comunicación, liderazgo, pensamiento crítico y capacidad de adaptación serán elementos esenciales en equipos donde las máquinas asumirán cada vez más tareas repetitivas.

Construir una transición tecnológica con enfoque social

La automatización no solo es un asunto tecnológico; también es un tema de responsabilidad empresarial. Las decisiones que tomen hoy las organizaciones definirán si esta transformación amplía oportunidades o genera nuevas brechas entre quienes tienen acceso a las habilidades del futuro y quienes quedan rezagados.

Las empresas deberán integrar la capacitación como parte de su estrategia de sostenibilidad y gestión de talento. Invertir en las personas permitirá reducir riesgos laborales, mejorar la adaptación al cambio y generar confianza durante los procesos de transformación digital.

Además, será necesario establecer políticas internas que acompañen la transición: diagnósticos de habilidades, planes de reskilling y upskilling, comunicación transparente y mecanismos para escuchar las inquietudes de los colaboradores.

La tecnología puede convertirse en un motor de progreso cuando está acompañada de una visión humana. La verdadera innovación no consiste únicamente en implementar nuevas herramientas, sino en asegurar que las personas puedan evolucionar junto con ellas.

El avance de las horas laborales automatizables en México representa una de las transformaciones más importantes para el futuro del trabajo. La posibilidad de generar miles de millones de dólares mediante tecnología abre una oportunidad económica relevante, pero también plantea preguntas sobre el papel de las empresas frente a sus colaboradores.

La automatización será inevitable, pero sus impactos no están predeterminados. La diferencia estará en la manera en que las organizaciones decidan implementarla: como un proceso centrado únicamente en eficiencia o como una estrategia responsable que combine innovación, productividad y desarrollo humano.

Preparar a las personas para trabajar junto con las máquinas será una de las principales responsabilidades empresariales de los próximos años. En este nuevo escenario, las compañías que logren equilibrar tecnología y talento estarán mejor posicionadas para construir un futuro laboral más competitivo e inclusivo.

“Negocio social”: cuando el marketing toma prestado un concepto técnico

Por Edgar López

Hace poco más de un año comenté una campaña del Dr. Simi porque me pareció un ejercicio notable de construcción simbólica. Recientemente, otra pieza del mismo grupo me volvió a llamar la atención.

En un spot que se escucha con mucha frecuencia en la radio nacional, Farmacias de Similares presenta la Simi Casa Museo —junto con su kiosco y el Café Simi— bajo una premisa que suena generosa y contundente:

“Es un negocio social porque ganan los que menos tienen”.

El anuncio explica que la Simi Casa Museo tiene tres objetivos: divertir, enseñar y ayudar. Señala que lo obtenido por entradas, kiosco y café se entregará a fundaciones enfocadas en personas con discapacidad, adultos mayores y mejoramiento del medio ambiente. Incluso menciona una primera entrega mínima de $300,000 tras un periodo experimental con entrada gratuita.

Hasta ahí, la iniciativa puede entenderse como una acción positiva: un espacio cultural que busca generar recursos para causas sociales. Sin embargo, el spot va más lejos. No solo comunica una donación o una iniciativa con causa; hace una distinción explícita entre dos tipos de negocios: los comerciales, donde gana el dueño, y los sociales, donde ganan quienes menos tienen.

Esa distinción es muy poderosa desde el punto de vista del marketing. En pocos segundos, la campaña no vende una entrada, un café o una visita al museo, sino una idea sobre la naturaleza del grupo: la existencia de negocios cuyo propósito sería generar beneficio para otros. Es una forma eficaz de convertir una iniciativa específica en un símbolo reputacional más amplio.

Ese es, quizás, el efecto más relevante a observar. Cuando una organización construye un atributo reputacional a partir de una unidad de negocio específica, ese atributo rara vez permanece contenido. Tiende a expandirse hacia el resto de la marca, incluyendo las operaciones comerciales de mayor escala que no comparten esa misma estructura. Es un mecanismo conocido en branding: el halo de una parte pequeña bien comunicada termina iluminando al conjunto.

No hay nada inherentemente indebido en ese efecto. Toda estrategia de marca busca, hasta cierto punto, que sus mejores atributos se generalicen. Pero cuando el atributo en cuestión es un término técnico como “negocio social”, el riesgo cambia de naturaleza: ya no es solo que una buena percepción se extienda, sino que una condición estructural específica —no distribuir dividendos, reinvertir el total de las utilidades— parezca aplicarse, por asociación, a un negocio que en realidad opera bajo una lógica distinta y mucho más grande.

El punto no es cuestionar el valor de la Simi Casa Museo. El punto es la palabra elegida para construir ese posicionamiento.

“Negocio social” no nació como un recurso publicitario. Es un concepto con desarrollo académico y empresarial, popularizado sobre todo por Muhammad Yunus, para referirse a empresas creadas con el propósito central de resolver un problema social, operar de manera financieramente sostenible y reinvertir sus utilidades para ampliar el impacto. No se trata únicamente de donar recursos; se trata de un modelo de negocio con una lógica, una estructura y una expectativa de rendición de cuentas distintas.

Por eso la diferencia importa. Una cosa es una empresa o una unidad de negocio que destina parte de sus ingresos o utilidades a causas sociales. Otra cosa es un negocio social. Ambas pueden ser valiosas, pero no significan lo mismo.

Quizá no necesitaba adoptar ese término para comunicarlo. Pudo llamarse, con la misma calidez y mayor precisión, “un negocio con causa”.

Esta discusión va más allá de un spot. En la comunicación con propósito ocurre algo cada vez más frecuente: conceptos que nacieron en el mundo del emprendimiento social, la sostenibilidad o la responsabilidad corporativa migran al lenguaje publicitario porque comunican bien, no siempre porque describan con exactitud lo que está ocurriendo. Ha pasado con palabras como economía circular, carbono neutral, regenerativo, comercio justo o impacto social.

El problema no suele ser la mala fe. El problema es que, cada vez que un concepto técnico se usa de manera laxa, pierde algo de su capacidad para significar. Y eso afecta especialmente a quienes sí operan bajo esos modelos con rigor.

Quizá esa sea la pregunta que vale la pena dejar sobre la mesa para quienes diseñamos comunicación con propósito: no solo si el mensaje emociona o si la campaña funciona, sino si la palabra que elegimos describe con precisión lo que la organización efectivamente es.

Porque cuando una campaña usa un concepto técnico para construir reputación, la creatividad ya no basta. También necesita precisión.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

¿Cómo podría el cambio climático reducir el tamaño del cerebro de algunas especies?

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Los océanos no solo regulan el clima del planeta, también albergan algunas de las formas de vida más sorprendentes que existen. Entre ellas destacan los calamares, animales capaces de resolver problemas, aprender de la experiencia y comunicarse mediante complejos cambios de color. Sin embargo, nuevas investigaciones advierten que estas extraordinarias capacidades podrían verse comprometidas por el aumento del dióxido de carbono en los mares.

Aunque durante años se ha hablado de la acidificación oceánica y de sus efectos sobre corales o moluscos, ahora la ciencia apunta hacia una consecuencia mucho más inquietante. Un estudio reciente sugiere que la exposición a altos niveles de CO₂ puede reducir significativamente el tamaño del cerebro de ciertas especies de calamar, ampliando el panorama de las consecuencias del cambio climático sobre la biodiversidad y los ecosistemas marinos.

Las sorprendentes habilidades de los calamares frente a las consecuencias del cambio climático

De acuerdo con un artículo de TIME, los calamares son considerados algunos de los invertebrados más inteligentes del planeta. Sus aproximadamente 375 especies habitan todos los océanos y destacan por su capacidad para navegar laberintos, coordinar estrategias de caza en grupo, reconocer personas e incluso recordar soluciones aprendidas para escapar de situaciones complejas.

Su cerebro posee un nivel de complejidad comparable, neurona por neurona, al de algunos mamíferos como los perros. Junto con pulpos y sepias, representan un ejemplo extraordinario de evolución cognitiva entre los invertebrados. Precisamente por ello, cualquier alteración en su sistema nervioso despierta una profunda preocupación entre la comunidad científica.

Un experimento revela una reducción cerebral alarmante

Para comprender cómo influye el aumento del dióxido de carbono en estos animales, investigadores de la Universidad de Acadia, en Canadá, y de la Academia Sinica, en Taiwán, criaron calamares de arrecife de aleta grande recién nacidos en dos ambientes distintos. Un grupo permaneció en agua con niveles actuales de CO₂ y otro fue expuesto a concentraciones proyectadas para el año 2100.

Tras 90 días de desarrollo, los científicos realizaron resonancias magnéticas a los ejemplares. Los resultados mostraron que los calamares expuestos al mayor nivel de dióxido de carbono presentaban un volumen cerebral 49 % menor que el del grupo de control. Las regiones más afectadas fueron los lóbulos ópticos y el tracto óptico, fundamentales para procesar la información visual y coordinar conductas esenciales.

Los investigadores todavía buscan explicar el mecanismo detrás de este fenómeno. Una de las hipótesis plantea que el cerebro no recibe suficiente energía durante el desarrollo, mientras que otra apunta al estrés oxidativo y a una posible atrofia cerebral derivada de las nuevas condiciones ambientales.

Consecuencias del cambio climático en la conducta y supervivencia de los calamares

Este hallazgo se suma a investigaciones previas que ya habían documentado alteraciones importantes en el comportamiento de estos animales. Un estudio publicado en Communications Biology mostró que apenas siete días de exposición a niveles elevados de CO₂ redujeron en un 65 % la actividad de caza de calamares adultos, mientras que los ejemplares expuestos desde el nacimiento cazaron 42 % menos durante sus primeros meses de vida.

Aunque los animales utilizados en el experimento no sobrevivieron para observar directamente sus cambios de conducta, los investigadores consideran probable que la disminución del volumen cerebral afecte su capacidad para tomar decisiones. Más que convertirlos en depredadores menos eficientes, podrían volverlos más indecisos al momento de alimentarse, reaccionar ante amenazas o interactuar con otros individuos.

Las implicaciones también alcanzan aspectos sociales. Los calamares dependen en gran medida de señales visuales para comunicarse y realizar rituales de apareamiento. Si las regiones cerebrales encargadas de interpretar estos estímulos continúan deteriorándose, podrían modificarse tanto la organización de sus poblaciones como sus posibilidades de reproducción.

Un llamado para proteger los océanos y su biodiversidad

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) estima que los océanos absorben cerca del 30 % del dióxido de carbono emitido por las actividades humanas. Como consecuencia, la acidez del agua ha aumentado aproximadamente un 30 %, afectando ya a corales, ostras, caracoles marinos y numerosos organismos esenciales para el equilibrio de los ecosistemas.

Las proyecciones indican que la acidificación oceánica podría incrementarse entre un 100 % y un 150 % antes de finalizar este siglo. Si este escenario se cumple, especies altamente desarrolladas como los calamares podrían enfrentar alteraciones neurológicas similares a las observadas en laboratorio, ampliando aún más las consecuencias del cambio climático sobre la vida marina.

Para las organizaciones comprometidas con la sostenibilidad, estos descubrimientos representan un recordatorio de que la reducción de emisiones no solo busca frenar el aumento de la temperatura global. También significa proteger procesos biológicos invisibles que sostienen la diversidad, la productividad de los océanos y el funcionamiento de cadenas alimentarias completas.

Durante décadas, el impacto del cambio climático sobre la biodiversidad se ha medido principalmente por la pérdida de hábitats o la disminución de poblaciones. Sin embargo, estudios como este muestran que las afectaciones pueden alcanzar incluso el desarrollo cerebral de especies altamente inteligentes, ampliando la comprensión de las consecuencias del cambio climático en niveles antes poco explorados.

La evidencia científica sigue revelando que los océanos responden de manera compleja al incremento del dióxido de carbono. Comprender estos procesos resulta indispensable para impulsar políticas públicas, estrategias empresariales y acciones de conservación que contribuyan a reducir las consecuencias del cambio climático, antes de que sus efectos transformen de forma irreversible la vida marina.

¿Fin del desplazamiento infinito? Exigen a Meta retirar esta función adictiva

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Las redes sociales han transformado la manera en que las personas se informan, se entretienen y se relacionan. Sin embargo, el diseño detrás de estas plataformas también ha despertado cuestionamientos sobre su impacto en la salud mental y el bienestar digital. Hoy, la conversación ya no gira únicamente en torno al contenido, sino a la arquitectura tecnológica que mantiene a millones de usuarios conectados durante horas.

En este contexto, la Unión Europea ha puesto bajo la lupa a Meta, al considerar que varios elementos presentes en Facebook e Instagram incentivan un consumo excesivo de contenido. La investigación abre un nuevo capítulo en el debate sobre la responsabilidad de las grandes tecnológicas y el papel que deben asumir para proteger a usuarios vulnerables, especialmente menores de edad, frente a las funciones adictivas de Meta.

La Unión Europea pone en la mira las funciones adictivas de Meta

El más reciente movimiento regulatorio de la Comisión Europea representa uno de los desafíos más importantes para Meta desde la entrada en vigor de la Ley de Servicios Digitales (DSA). Tras una investigación, el organismo concluyó de manera preliminar que la empresa no evaluó correctamente los riesgos que el diseño de Facebook e Instagram representa para la salud física y mental de millones de personas.

Entre los elementos señalados destacan el desplazamiento infinito, la reproducción automática de videos y los sistemas de recomendaciones altamente personalizadas. Según la Comisión, estas herramientas están diseñadas para mantener la atención del usuario durante más tiempo, incentivando un consumo continuo de contenido casi sin interrupciones.

Para el regulador europeo, estas dinámicas favorecen que las personas entren en una especie de “piloto automático”, donde resulta difícil detener el uso de la plataforma. Este efecto sería especialmente preocupante entre adolescentes y otros grupos considerados vulnerables.

funciones adictivas de Meta

¿Por qué preocupa el diseño de Facebook e Instagram?

Más allá del tiempo que una persona permanece conectada, la Comisión Europea sostiene que el verdadero problema radica en la forma en que estas plataformas moldean el comportamiento de los usuarios. El algoritmo prioriza contenidos con mayor capacidad de generar interacción, alimentando un ciclo constante de consumo digital.

La investigación también señala que Meta habría pasado por alto información disponible sobre los hábitos nocturnos de menores de edad, quienes permanecen consumiendo reels e historias durante largos periodos. Esto ha reavivado el debate sobre la responsabilidad que tienen las plataformas para reducir riesgos asociados con el uso intensivo de redes sociales.

Otro de los puntos cuestionados son las herramientas actuales de bienestar digital. Para la Comisión, las alertas sobre tiempo de pantalla pueden ignorarse fácilmente y los controles parentales solo resultan eficaces cuando madres y padres cuentan con suficientes conocimientos tecnológicos para configurarlos correctamente.

Las funciones adictivas de Meta podrían cambiar por obligación legal

Como parte de sus exigencias, la Unión Europea pidió a Meta modificar aspectos centrales del funcionamiento de sus plataformas. La propuesta contempla que la reproducción automática y el desplazamiento infinito dejen de estar activados por defecto, permitiendo que el usuario tenga un mayor control sobre su experiencia.

Asimismo, el organismo plantea incorporar pausas realmente efectivas durante el uso continuo de las aplicaciones, así como revisar el algoritmo de recomendaciones para que deje de estar tan enfocado en maximizar el nivel de interacción y permanencia dentro de la plataforma.

Estas medidas reflejan un cambio de paradigma en la regulación tecnológica. Ya no solo se busca controlar el contenido que circula en internet, sino también cuestionar los mecanismos de diseño capaces de influir en la conducta de millones de personas de manera casi imperceptible.

Meta responde y enfrenta posibles sanciones millonarias

La compañía aún tiene la posibilidad de impugnar las conclusiones preliminares presentadas por la Comisión Europea. De acuerdo con declaraciones realizadas al The New York Times, Meta manifestó su desacuerdo con el informe y aseguró que este no refleja adecuadamente las acciones implementadas para proteger a los adolescentes.

No obstante, si la investigación concluye que existe un incumplimiento de la Ley de Servicios Digitales, la empresa podría enfrentar una sanción de hasta el 6% de su facturación anual global. Se trataría de una de las multas más significativas contempladas por la legislación europea para plataformas digitales.

Más allá del impacto económico, el caso podría sentar un precedente para otras compañías tecnológicas que utilizan estrategias similares de retención de usuarios. La discusión sobre las funciones adictivas de Meta podría extenderse rápidamente al resto de la industria digital.

El caso abierto por la Unión Europea marca un momento decisivo para el futuro de las plataformas digitales. La discusión ya no se limita a la moderación de contenidos o la privacidad de los datos, sino que pone el foco en la responsabilidad ética del diseño tecnológico y en cómo determinadas decisiones de producto pueden influir directamente en la salud y el bienestar de las personas.

Si las conclusiones de la investigación prosperan, las funciones adictivas de Meta podrían convertirse en el primer gran ejemplo de cómo la regulación obliga a replantear la experiencia digital desde una perspectiva de responsabilidad social. Más que restringir la innovación, el objetivo parece ser construir entornos tecnológicos donde captar la atención no implique comprometer el bienestar de quienes los utilizan.

Brecha de género en la religión: Generación Z podría reducirla

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Durante décadas, la religión ha reflejado una diferencia constante entre hombres y mujeres. Diversos estudios mostraban que ellas tendían a otorgar mayor importancia a la fe, asistir con más frecuencia a los servicios religiosos y participar activamente en la vida de sus congregaciones. Sin embargo, las generaciones más jóvenes están comenzando a modificar un patrón que parecía inamovible.

Hoy, la conversación ya no gira únicamente en torno a quién es más religioso, sino a las razones detrás de un cambio que despierta el interés de investigadores, líderes religiosos y especialistas en ciencias sociales. La Generación Z está transformando las dinámicas tradicionales y obligando a replantear cómo la religión dialoga con temas como la igualdad, la identidad y los valores contemporáneos.

La brecha de género en la religión comienza a cambiar

De acuerdo con un artículo de TIME, la brecha de género en la religión ha sido una constante en las encuestas durante décadas. Históricamente, las mujeres declaraban con mayor frecuencia que la religión ocupaba un lugar central en sus vidas, mientras que los hombres mostraban niveles menores de compromiso religioso. Sin embargo, los datos más recientes sugieren que esa distancia podría estar reduciéndose entre quienes hoy tienen entre 18 y 29 años.

Una encuesta de Gallup reveló que, durante 2024-2025, el 42% de los hombres jóvenes afirmó que la religión era “muy importante” en su vida, un incremento considerable respecto al 28% registrado apenas dos años antes. En contraste, únicamente el 29% de las mujeres del mismo grupo de edad expresó el mismo nivel de importancia, invirtiendo una tendencia que había predominado durante años.

Para Frank Newport, científico sénior de Gallup, este cambio representa un hallazgo relevante porque, por primera vez en mucho tiempo, hombres y mujeres jóvenes presentan niveles estadísticamente similares en varias mediciones de religiosidad. Incluso, en algunos indicadores, los hombres aparecen ligeramente por encima.

¿Los hombres jóvenes realmente son más religiosos?

Aunque los resultados de Gallup han llamado la atención, no todos los especialistas coinciden en que exista un verdadero resurgimiento religioso entre los hombres jóvenes. Instituciones como el Instituto de Investigación de Religión Pública (PRRI) y el Centro de Investigación Pew no han encontrado evidencias igual de contundentes que respalden ese crecimiento.

Los expertos señalan que existe una diferencia importante entre considerar que la religión es relevante y participar activamente en una comunidad religiosa. Asistir regularmente a ceremonias, involucrarse en actividades de la congregación o mantener prácticas espirituales constantes son indicadores distintos que no muestran el mismo incremento observado en las respuestas sobre identidad religiosa.

Brecha de género en la religión

Por ello, algunos investigadores consideran que el fenómeno podría reflejar un cambio en la percepción o en la identidad cultural de los jóvenes, más que un aumento real de la práctica religiosa cotidiana.

Política, identidad y redes sociales: factores que influyen

Otra explicación que ha cobrado fuerza relaciona este fenómeno con la transformación del panorama político estadounidense. Diversos especialistas sostienen que parte del aumento observado entre los hombres jóvenes se concentra particularmente entre quienes se identifican con posiciones conservadoras.

Para algunos politólogos, la religión podría estar funcionando también como una expresión de identidad política. En ese contexto, el crecimiento de comunidades digitales vinculadas a discursos conservadores e incluso espacios conocidos como la “manosfera” podría estar reforzando el interés de algunos hombres por determinadas expresiones religiosas.

Sin embargo, varios líderes religiosos consultados sobre el tema aseguran que, desde la experiencia de sus congregaciones, no perciben un aumento motivado principalmente por afinidades partidistas. En cambio, consideran que algunos jóvenes buscan respuestas espirituales frente a la incertidumbre social y personal que caracteriza a esta generación.

La brecha de género en la religión también refleja el alejamiento de las mujeres

Mientras continúa el debate sobre el comportamiento de los hombres jóvenes, muchos investigadores consideran que la brecha de género en la religión se está reduciendo principalmente porque cada vez más mujeres se alejan de las instituciones religiosas.

Los datos respaldan esta hipótesis. Según PRRI, el porcentaje de mujeres jóvenes sin afiliación religiosa pasó del 29% en 2013 al 43% en 2025. De manera similar, Pew ha identificado que la disminución de la religiosidad femenina explica buena parte del cierre de la diferencia histórica entre ambos géneros.

Gallup también muestra una tendencia de largo plazo significativa. Si hace poco más de una década el 51% de las mujeres jóvenes afirmaba que la religión era muy importante en su vida, actualmente esa cifra se ha reducido hasta el 29%, reflejando un cambio generacional profundo.

El peso del sexismo dentro de algunas comunidades religiosas

Entre las razones que podrían explicar este alejamiento aparece con frecuencia la percepción de desigualdad de género dentro de algunas tradiciones religiosas. Diversas investigadoras sostienen que muchas mujeres cuestionan estructuras donde continúan predominando los liderazgos masculinos y los roles tradicionales.

Especialistas como Gina Zurlo, profesora de Cristianismo Mundial en Harvard, destacan que históricamente las mujeres han sostenido gran parte del trabajo cotidiano de las iglesias: enseñan, organizan actividades, acompañan comunidades y transmiten la fe entre generaciones. Sin embargo, su participación no siempre se traduce en espacios de liderazgo o toma de decisiones.

A ello se suma la permanencia de discursos que enfatizan la subordinación femenina o limitan el acceso de las mujeres a determinados cargos religiosos. Para muchas jóvenes, estas dinámicas resultan incompatibles con los valores de igualdad que hoy defienden en otros ámbitos de su vida.

Experiencias personales que impulsan nuevas decisiones

Más allá de las estadísticas, numerosas mujeres han compartido experiencias que explican por qué decidieron alejarse de sus comunidades religiosas. Historias relacionadas con relaciones abusivas, discriminación o interpretaciones rígidas de los roles de género aparecen con frecuencia en testimonios públicos y redes sociales.

La creadora de contenido Jubilee Dawn Huerta ha explicado que comenzó a cuestionar sus creencias después de vivir un matrimonio donde las enseñanzas religiosas eran utilizadas para justificar conductas abusivas y exigir sumisión. Su historia se ha convertido en un punto de encuentro para miles de mujeres que narran vivencias similares.

Estos relatos muestran que el debate ya no se limita a la práctica religiosa, sino que también involucra temas como los derechos de las mujeres, la autonomía personal y la construcción de relaciones igualitarias dentro de los espacios de fe.

Una transformación con implicaciones para la responsabilidad social

Los cambios que experimenta la Generación Z representan un desafío para las organizaciones religiosas, pero también ofrecen aprendizajes para cualquier institución interesada en fortalecer la inclusión y la equidad. Comprender por qué ciertos grupos se sienten representados mientras otros se distancian resulta clave para construir espacios más diversos.

Desde la perspectiva de la responsabilidad social, escuchar las inquietudes de las nuevas generaciones implica revisar prácticas, reconocer desigualdades y promover ambientes donde todas las personas puedan participar en condiciones de respeto e igualdad. La confianza institucional depende, cada vez más, de la capacidad para responder a esas expectativas.

La evolución de la religiosidad entre los jóvenes demuestra que las transformaciones sociales rara vez obedecen a una sola causa. Mientras algunas encuestas apuntan a un mayor interés religioso entre los hombres, otras evidencias indican que el cambio responde principalmente al alejamiento de las mujeres de instituciones que consideran poco alineadas con sus valores y expectativas.

Más allá de cuál explicación termine consolidándose, la discusión sobre la brecha de género en la religión refleja un fenómeno más amplio: las nuevas generaciones buscan coherencia entre sus convicciones y las organizaciones de las que forman parte. Para las comunidades religiosas, así como para cualquier institución comprometida con la responsabilidad social, el reto será construir espacios verdaderamente inclusivos, donde la igualdad deje de ser un ideal y se convierta en una práctica cotidiana.

¿Es posible tomar decisiones objetivas? El desafío de los sesgos en las empresas

Todos creemos que las mejores decisiones dentro de una organización se toman con base en datos, resultados y competencias. Sin embargo, la realidad es más compleja. Detrás de una contratación, una promoción o la asignación de un proyecto estratégico pueden intervenir factores invisibles que alteran la percepción de quienes toman decisiones, incluso cuando existe la intención de ser imparcial.

Estos mecanismos, conocidos como sesgos en las empresas, representan uno de los desafíos más importantes para construir culturas organizacionales más inclusivas, innovadoras y competitivas. Aunque forman parte del funcionamiento natural del cerebro humano, identificarlos y reducir su impacto se ha convertido en una prioridad para aquellas organizaciones que buscan colocar a las personas en el centro de sus decisiones.

¿Qué son los sesgos en las empresas y por qué afectan las decisiones?

Cuando un líder entrevista a un candidato, evalúa el desempeño de un colaborador o decide quién asumirá un nuevo reto, rara vez piensa que su criterio puede estar influenciado por prejuicios inconscientes. Sin embargo, esto ocurre con mucha más frecuencia de la que se imagina.

De acuerdo con el Economista, la especialista en liderazgo, comunicación y manejo de emociones, Tania Plasencia, explica que los sesgos son atajos mentales que utiliza el cerebro para procesar información con mayor rapidez. De acuerdo con el Códice de Sesgos Cognitivos, existen entre 180 y 200 tipos identificados. Entre los más frecuentes se encuentran el sesgo de confirmación, que impulsa a buscar información que respalde las propias creencias, y el efecto halo, donde una característica positiva o negativa termina definiendo la percepción completa sobre una persona.

Aunque estos procesos son naturales, cuando predominan sobre la evidencia pueden conducir a contrataciones poco objetivas, promociones basadas en afinidades personales o evaluaciones que dejan de lado las competencias reales del talento.

Cuando la afinidad pesa más que el talento

En muchas organizaciones existe una tendencia silenciosa a rodearse de personas que piensan igual. Sin proponérselo, algunos líderes terminan privilegiando perfiles que confirman sus ideas antes que aquellos capaces de cuestionarlas o aportar nuevas perspectivas.

Para Tania Plasencia, este comportamiento también responde a factores culturales. En contextos donde predomina una baja autoestima organizacional, es común que algunos mandos medios busquen colaboradores que no representen una amenaza para su posición, sino que validen constantemente sus decisiones. El problema es que esta práctica limita el desarrollo del talento sin importar su género, edad, religión o experiencia.

Las consecuencias van mucho más allá del clima laboral. Cuando las empresas favorecen la afinidad sobre las capacidades, disminuye la diversidad de pensamiento, se reducen las posibilidades de innovación y se desaprovechan perfiles que podrían fortalecer la competitividad del negocio.

Cómo reducir los sesgos en las empresas desde el liderazgo

Reconocer que los prejuicios existen es el primer paso para disminuir su influencia. Ningún líder está completamente libre de ellos, pero sí puede desarrollar herramientas que le permitan tomar decisiones más objetivas y justas.

Una de las estrategias más efectivas consiste en fortalecer la capacitación de quienes ocupan puestos de liderazgo y establecer procesos de evaluación sustentados en habilidades, competencias y resultados medibles, en lugar de percepciones personales. Esto permite disminuir la influencia de factores subjetivos durante la contratación, evaluación o promoción del talento.

Cada vez más organizaciones incorporan prácticas como los currículums sin fotografía o sin datos personales, así como matrices estandarizadas para evaluar candidatos. Si bien las grandes empresas han mostrado avances importantes en este ámbito, todavía existe una amplia oportunidad para que las pequeñas y medianas empresas profesionalicen sus procesos de gestión del talento.

Una cultura organizacional que aprende a cuestionarse

Construir organizaciones más equitativas no depende únicamente del área de Recursos Humanos. El cambio comienza cuando el liderazgo entiende que cada decisión impacta directamente en la experiencia de las personas y en la cultura de la empresa.

Esto implica definir criterios claros para reconocer el desempeño, ofrecer esquemas de flexibilidad cuando las circunstancias personales lo requieran y generar ambientes donde cada colaborador pueda desarrollarse sin temor a ser juzgado por aspectos ajenos a su trabajo. La corresponsabilidad en los cuidados familiares, por ejemplo, debe entenderse como una necesidad humana y no como una condición asociada al género.

Además, la creación de comités de ética fortalece los mecanismos para reportar situaciones que afecten el ambiente laboral, mientras que herramientas como la inteligencia artificial pueden ayudar a identificar patrones en las evaluaciones de desempeño y detectar posibles áreas de mejora antes de que se conviertan en problemas estructurales.

Eliminar por completo los sesgos probablemente sea imposible, porque forman parte de la manera en que funciona el cerebro humano. Sin embargo, aceptar su existencia permite diseñar procesos más transparentes, fortalecer la objetividad y construir organizaciones donde el talento tenga mayores oportunidades de desarrollarse por sus capacidades y no por percepciones subjetivas.

En un entorno donde la responsabilidad social también se refleja en la forma de liderar, revisar los criterios con los que se toman las decisiones representa una ventaja competitiva. Las empresas que cuestionan sus propios procesos no solo impulsan una cultura más justa, sino que también crean equipos diversos, innovadores y preparados para responder a los desafíos del futuro.