La informalidad laboral en México alcanzó en julio un máximo histórico, afectando a 34.1 millones de personas. Este repunte mensual, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), es el más alto en cuatro años, resultado de la incorporación de 1.1 millones de trabajadores a esquemas sin seguridad social ni prestaciones.
El problema no es solo de empleo, sino de calidad: aunque la población ocupada creció por sexto mes consecutivo, la mayor parte de estas plazas carecen de condiciones dignas. Expertos advierten que la informalidad erosiona la estabilidad de los hogares y expone a millones de trabajadores a riesgos financieros y sociales severos.
Un incremento histórico en la ocupación informal
La informalidad laboral en México registró en julio un aumento de 1.3 puntos porcentuales, alcanzando el 56.1% de la población ocupada, su nivel más alto desde diciembre de 2021. Este comportamiento revela que la creación de empleo se concentró casi por completo en el trabajo informal. Gabriela Siller, directora de Análisis Económico de Banco Base, subrayó que:
“Aunque pueda tenerse alta generación de empleo, estos no son de la mejor calidad y representan un punto vulnerable para los hogares. El hecho de que aumentó el empleo, pero se observó un incremento elevado en la informalidad sugiere que los nuevos empleos son de mala calidad en materia de formalidad, prestaciones, y seguridad social”.
Esto coloca a millones de hogares en situación de vulnerabilidad.
La debilidad en el empleo formal es evidente: solo en el segundo semestre, se perdieron más de 530,000 plazas con prestaciones, mientras que en lo que va del año la cifra asciende a 812,519 puestos eliminados.
Desplazamiento hacia ocupaciones precarias
El balance laboral en julio muestra un crecimiento total de 632,592 plazas, la mejor cifra de los últimos 12 meses. Sin embargo, el incremento se concentró en trabajos por cuenta propia, no remunerados o de microemprendimiento.
El trabajo no remunerado lideró la creación de empleos con 345,387 plazas, seguido del autoempleo con 298,623 y los pequeños empleadores con 225,286. En contraste, el trabajo subordinado perdió 236,704 plazas, sumando dos meses consecutivos a la baja.
Por sector, la industria incorporó 586,940 personas, con la manufactura como motor principal. Agricultura, pesca y ganadería sumaron 256,206 nuevos trabajadores, mientras que los servicios registraron una pérdida de 254,767 plazas, especialmente en transporte, servicios profesionales y sociales.
Este desplazamiento refleja que los nuevos empleos no ofrecen estabilidad ni acceso a beneficios laborales, acentuando el peso de la informalidad laboral en México sobre la fuerza de trabajo.
Subocupación y desempleo: señales de fragilidad
La subocupación —personas que requieren más horas de trabajo de las que tienen— alcanzó 4.4 millones de ocupados, equivalente al 7.3% de la población laboral. Aunque descendió ligeramente respecto a junio, sigue por encima del nivel observado a inicios de año.
En paralelo, la tasa de desempleo llegó al 2.8%, la más alta en 14 meses, tras la incorporación de 72,542 personas a la población desocupada. El desempleo extendido también aumentó levemente, pasando de 10.2% a 10.3% de la fuerza laboral potencial.
Janneth Quiroz, directora de Análisis Económico de Monex, señaló que “el repunte en la informalidad refleja fragilidad, incluso si la tasa de desempleo se mantiene relativamente baja”.
Estos indicadores combinados evidencian un deterioro en la calidad del empleo, donde el crecimiento de la ocupación no implica mejores condiciones de vida.
Un reto estructural para el país
El avance sostenido de la informalidad laboral en México plantea un desafío para políticas públicas y estrategias empresariales. La generación de empleos sin formalidad limita la productividad, frena la recaudación fiscal y compromete la cobertura de seguridad social.
Si bien algunos sectores —como la industria manufacturera— muestran fortaleza, la absorción laboral ocurre mayormente en actividades con baja regulación y escasa protección para los trabajadores.
Expertos coinciden en que la informalidad responde a la falta de incentivos para contratar formalmente, los costos regulatorios y la rigidez del mercado laboral. Abordar estas causas estructurales requiere coordinación entre gobierno, empresas y sociedad civil.
Sin reformas profundas, el país podría enfrentar un círculo vicioso: mayor generación de empleo precario, menor bienestar y creciente desigualdad.
Un problema urgente y sistémico
La informalidad laboral en México ya no es un fenómeno temporal, sino un componente persistente del mercado de trabajo. El crecimiento del empleo sin prestaciones, salarios dignos ni seguridad social representa una amenaza directa para la estabilidad económica de millones de familias.
Atender este problema exige políticas integrales que combinen incentivos fiscales, fortalecimiento de instituciones laborales y programas de capacitación productiva. Sin estas acciones, la recuperación económica seguirá sustentándose sobre cimientos frágiles, donde el empleo crece… pero la calidad se desvanece.
Hoy, Reforma y El Economista destacan cómo La Comer, la cadena de supermercados, se adapta a los recientes cambios legislativos en México: la jornada laboral de 40 horas, la Ley Silla y el aumento al salario mínimo.
Su respuesta incluye esquemas de trabajo por horas y medios turnos, asegurando seguridad social para los empleados. Esta estrategia, según Rogelio Garza, CFO de la empresa, busca enfrentar la presión sobre los costos operativos, que ya han reducido los márgenes en un 10%.
A primera vista, podría interpretarse como una maniobra audaz para eludir el espíritu de la regulación, diseñada para mejorar condiciones laborales sin comprometer la viabilidad del negocio. Sin embargo, también revela una faceta “innovadora”: formalizar empleos parciales, ofrecer flexibilidad a segmentos específicos del mercado laboral y adaptar la operación a una nueva realidad normativa.
Este doble enfoque refleja una tensión natural:
Pragmatismo financiero, orientado a proteger márgenes en un contexto de costos crecientes.
Regulación laboral, impulsada para elevar el bienestar de los trabajadores y responder a demandas sociales.
Bajo esta lógica, surge una oportunidad de innovación en la planeación laboral.
Para algunos, la regulación —lejos de ser solo una carga— funciona como catalizador para repensar modelos de negocio. Como recordó Paul Clements-Hunt al acuñar el término ESG en 2004: “ESG no es ética ni moral; es materialidad y deber fiduciario.”
Desde esta lente, el ajuste de La Comer se entiende como una respuesta fiduciaria a un riesgo material: la erosión de márgenes ante normativas más estrictas.
Ahora bien, ¿qué señala el Desarrollo Sustentable?
La formalización con seguridad social representa un paso positivo. No obstante, si la flexibilidad laboral termina priorizando la eficiencia por encima de la calidad de vida, su impacto social corre el riesgo de diluirse. Aquí es donde indicadores ESG —como la retención de talento o el bienestar percibido— serán determinantes para medir resultados.
La clave está en el equilibrio. Si el pragmatismo transforma la regulación en una innovación que integre rentabilidad y bienestar, podría marcar un precedente. De lo contrario, sin un enfoque ESG integral, el ajuste podría quedarse corto.
La gran incógnita es si esta estrategia convertirá la presión regulatoria en un modelo sostenible. Vale la pena seguir su evolución en los próximos meses.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Como parte de las Eco Jornadas LTH, iniciativa de educación ambiental que promueve la conciencia ecológica y la acción comunitaria en favor de los ecosistemas más vulnerables de México, durante este mes de agosto se han realizado sesiones en la Ciudad de México, las cuales han reunido a más de 6,500 personas en el Bosque de San Juan de Aragón, uno de los pulmones más importantes del norte de la Ciudad de México.
A lo largo del año, las Eco Jornadas LTH se realizan en más de 20 ciudades de la República Mexicana, llevando su mensaje de educación ambiental a distintos rincones del país. Mérida, Chiapas, Veracruz, León, Puebla y Aguascalientes son solo algunos de los lugares donde miles de familias, niñas, niños y jóvenes participan en actividades diseñadas para despertar conciencia ecológica y promover el cuidado del planeta.
En lo que va del año, las jornadas ecológicas se han impartido a alrededor de 190 mil niñas y niños, impactando de manera indirecta también a sus familias y amigos.
Las sesiones en el Bosque de San Juan de Aragón en la CDMX, consisten en pláticas educativas que son impartidas por Preservamb, Asociación Civil sin fines de lucro, dedicada a la educación ambiental, la sostenibilidad y cultura. Estas charlas promueven el cuidado de las plantas y el medio ambiente en general, así como algunas prácticas sostenibles para generar un cambio de conciencia ambiental en la vida cotidiana.
Además, como parte de la experiencia en las Eco Jornadas, a los asistentes se les entrega una maceta con semillas de alguna planta, reforzando con ello la importancia de sembrar vida desde casa. Las macetas, además de ser biodegradables, en lugar de tierra común para plantas, contienen polvillo de coco, un eco sustrato 100% orgánico que evita la extracción de suelo de los cerros y aporta múltiples beneficios al desarrollo de las plantas: mejora la retención de humedad y la aireación del suelo, lo que hace que las semillas entregadas pueden germinar en apenas cinco días, favoreciendo un crecimiento vigoroso en huertos, jardines o macetas.
Desde hace 14 años, las Eco Jornadas LTH se han consolidado como uno de los programas de educación ambiental más importantes de México. Solo en 2024 lograron impactar a más de 187,500 niños en diferentes ciudades y festivales, como la Cumbre Tajín en Papantla, Veracruz, y el Festival de Papirolas en Guadalajara, Jalisco. Desde su puesta en marcha, estas jornadas han beneficiado a más de 1 millón 190 mil niñas, niños y jóvenes, alcanzando de manera indirecta a más de 4 millones de mexicanos.
Con iniciativas como ésta, la marca reafirma su compromiso con la responsabilidad social y el cuidado del medio ambiente, buscando llevar este mensaje a cada rincón del país. De hecho, a finales de este mes llegarán al Parque Fundidora, en Monterrey, Nuevo León, reforzando su impacto y consolidando a LTH® como una marca firmemente comprometida con la educación ambiental y la sostenibilidad. El objetivo es despertar conciencia ecológica desde temprana edad y motivar a las familias a convertirse en agentes de cambio. Cada semilla entregada representa esperanza para el planeta y para las nuevas generaciones.
Nestlé, la mayor empresa alimentaria del mundo, enfrenta una coyuntura que trasciende lo noticioso: el despido del CEO de Nestlé no es solo un cambio de liderazgo, sino un mensaje contundente sobre ética corporativa. La destitución de Laurent Freixe, tras confirmarse una relación no revelada con una subordinada directa, obliga a reflexionar sobre cómo las compañías deben aplicar con rigor sus códigos de conducta, sin importar el nivel jerárquico.
Este episodio revela la tensión entre resultados empresariales y valores corporativos. ¿Es posible priorizar el crecimiento financiero sin comprometer los principios éticos? Nestlé parece responder que no. La investigación supervisada por el consejo de administración y la sustitución inmediata por Philipp Navratil muestran que la gobernanza interna no puede ser un mero adorno, sino un pilar estratégico.
Despido del CEO de Nestlé: un mensaje que va más allá del caso individual
El despido del CEO de Nestlé no obedece a un escándalo financiero ni a un fracaso en la estrategia de negocio, sino a un incumplimiento ético. La decisión envía una señal clara: los códigos de conducta no son negociables, incluso para quienes ocupan el máximo cargo ejecutivo. Esto refuerza la idea de que la integridad corporativa debe situarse al mismo nivel que la rentabilidad o el crecimiento.
El caso Freixe subraya la importancia de la transparencia y la coherencia. Cuando los líderes violan normas internas, las compañías enfrentan un dilema: encubrir para proteger la reputación inmediata o actuar con firmeza para salvaguardar su credibilidad a largo plazo. Nestlé eligió lo segundo, dejando claro que su compromiso con la ética no se limita al papel.
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Esta acción ofrece un ejemplo práctico de cómo la gobernanza puede ser más que un formalismo. El mensaje es simple: ningún cargo está por encima de los valores de la organización. La decisión también protege la cultura interna, evitando que el silencio o la permisividad se conviertan en precedentes peligrosos.
Además, este episodio genera un debate más amplio: ¿están las empresas preparadas para sostener este tipo de decisiones cuando afectan a figuras estratégicas? Nestlé parece haber demostrado que sí, aunque el reto será mantener la misma coherencia en situaciones futuras y en todos los niveles de la compañía.
Ética y gobernanza: ¿moda o convicción real?
Durante años, la ética empresarial fue percibida como un accesorio reputacional. Sin embargo, casos como el despido del CEO de Nestlé prueban que las empresas globales empiezan a tratarla como un factor central de su sostenibilidad. La gobernanza corporativa ya no se limita a informes anuales o discursos institucionales, sino que exige decisiones visibles, aunque resulten incómodas.
Este cambio responde a la presión de los inversionistas, consumidores y empleados, quienes demandan que los valores no se queden en declaraciones vacías. Para Nestlé, actuar con rapidez y transparencia fue una manera de proteger no solo su reputación, sino también la confianza interna: cada colaborador percibe que las reglas son las mismas para todos.
La decisión también marca un contraste con épocas anteriores, en las que las empresas podían manejar estos asuntos de forma discreta o incluso encubierta. Hoy, la sociedad y los medios exigen respuestas inmediatas y coherentes. Los consejos de administración ya no pueden permitirse la pasividad sin poner en riesgo el valor de la marca.
Más allá del caso específico, surge una lección clave: las políticas éticas deben ser reforzadas con mecanismos reales de vigilancia y consecuencias tangibles. Sin estos elementos, los códigos de conducta pierden fuerza y se convierten en documentos decorativos.
Lecciones para la alta dirección y los consejos de administración
El despido del CEO de Nestlé invita a replantear el papel de los consejos de administración en la supervisión de los líderes. No se trata solo de evaluar resultados financieros, sino de vigilar que la conducta de quienes toman decisiones estratégicas refleje los valores institucionales.
Una gobernanza robusta requiere procesos claros para detectar y atender conflictos de interés. Las investigaciones internas deben ser rápidas, transparentes y apoyadas por asesoría externa, como ocurrió en este caso. Esto evita percepciones de favoritismo y garantiza que las conclusiones se basen en hechos y no en jerarquías.
Los líderes empresariales también deben ser conscientes de que su conducta personal impacta la reputación corporativa tanto como sus decisiones de negocio. La línea entre lo privado y lo profesional es cada vez más delgada cuando se ocupa la dirección de una multinacional.
Finalmente, este caso es un recordatorio para las empresas: el compromiso ético no se delega, se vive en todos los niveles. Un CEO no solo gestiona resultados; también encarna la cultura de la organización ante empleados, inversionistas y la sociedad.
¿Estamos ante un nuevo estándar global?
El despido del CEO de Nestlé podría marcar un punto de inflexión en la forma en que se evalúa el liderazgo empresarial. La decisión refuerza la idea de que el poder no debe blindar a nadie frente a las reglas internas, y que las empresas que actúan con coherencia ganan legitimidad en un entorno donde la confianza es un activo crítico.
Si este tipo de acciones se convierte en práctica común, las empresas podrían avanzar hacia un modelo de liderazgo más ético y menos tolerante con conductas inapropiadas. Sin embargo, aún queda por ver si otras compañías seguirán el ejemplo o si se tratará de un caso aislado impulsado por la presión mediática.
Para las organizaciones, adoptar este estándar implica revisar sus códigos de conducta, asegurarse de que son conocidos y aplicados, y reforzar sus canales de denuncia. También supone enviar un mensaje claro a los equipos: la ética es una prioridad estratégica, no un discurso de relaciones públicas.
En última instancia, el verdadero reto no es despedir a un CEO por incumplir las normas, sino construir culturas corporativas donde estas situaciones no ocurran, porque todos —desde la base hasta la cima— entienden y respetan los valores de la organización.
El caso Nestlé demuestra que el liderazgo moderno no puede separarse de la ética. Cuando los valores corporativos son vulnerados por quienes encabezan la organización, las decisiones firmes se vuelven inevitables, incluso si implican sacrificar estabilidad directiva.
Este episodio refuerza la idea de que la gobernanza responsable no es opcional. Al actuar con coherencia, Nestlé no solo protege su reputación, sino que sienta un precedente para el resto del sector: la ética debe ser el eje central del liderazgo, sin importar cuán alto sea el cargo comprometido.
Hablar de salud mental en el ámbito laboral sigue siendo un tema rodeado de estigmas, silencios y pendientes. Aunque cada vez más organizaciones incluyen el bienestar psicológico en su agenda de responsabilidad social, pocas veces se ha logrado que este compromiso trascienda hacia el marco legal. En México, un nuevo debate abre la puerta a repensar cómo las empresas y el Estado pueden garantizar un derecho que va más allá de la productividad: el derecho a la salud integral.
De acuerdo con El economista, en la Cámara de Diputados se discute una iniciativa que propone incorporar los permisos laborales por salud mental en la Ley Federal del Trabajo. Este cambio no solo colocaría a México en la vanguardia regional en materia de bienestar, también reconocería que las personas necesitan espacios de recuperación emocional y psicológica para poder continuar con sus proyectos de vida. Pero, ¿es posible que esta prestación deje de ser un ideal y se convierta en una realidad?
El nacimiento de una propuesta que rompe silencios
La iniciativa presentada por el Grupo Parlamentario de Movimiento Ciudadano busca que los permisos laborales por salud mental se reconozcan como un derecho. Estos consistirían en hasta siete días remunerados, continuos o no, a los que las y los trabajadores podrían acceder dos veces al año.
El acceso estaría respaldado por un justificante médico expedido por instituciones públicas o privadas registradas ante la Secretaría de Salud, asegurando formalidad y credibilidad en el proceso. Con ello, se evitaría que este beneficio se preste a malos usos, al tiempo que se fortalece la confianza entre empresa, empleado y sistema de salud.
La propuesta reconoce algo fundamental: cada proceso de recuperación es distinto. Por ello, contempla la posibilidad de extender estos permisos hasta 180 días en casos justificados, siempre bajo supervisión médica. Una medida que humaniza la ley y rompe con la rigidez tradicional del marco laboral.
Una apuesta por la responsabilidad social empresarial
Más allá del aspecto jurídico, esta iniciativa interpela directamente a las empresas. “Obligar” a otorgar estos permisos no debe leerse como una carga, sino como un acto de responsabilidad social que fomenta culturas de apoyo y cuidado dentro de los espacios de trabajo.
La salud mental no es un asunto individual, sino colectivo. Cuando un trabajador puede tomarse un respiro, el beneficio trasciende a todo el equipo: mejora la confianza, se fortalece la productividad y se construye una organización más resiliente. En este sentido, los permisos laborales por salud mental no son un costo, sino una inversión en capital humano.
Este giro responde a una tendencia global: la empresa como un actor con responsabilidades sociales y éticas frente a sus colaboradores. Incorporar este tipo de medidas es, al mismo tiempo, un paso hacia la construcción de reputaciones más sólidas y congruentes.
México frente al espejo internacional
Aunque para México la iniciativa es novedosa, no es un terreno inexplorado en el mundo. Países como Reino Unido e Irlanda reconocen este derecho con licencias de hasta siete días, mientras que en Chile y Brasil alcanzan los 15 días. España incluso distingue los plazos según el tipo de trastorno, con licencias que pueden llegar a los 60 días.
La comparación muestra que reconocer los permisos laborales por salud mental no es una utopía, sino una práctica consolidada en diversos sistemas legales. Lo que está en juego es si México podrá adaptar sus marcos normativos a una realidad que otras naciones ya transitan.
El reto es doble: avanzar en la legislación y, al mismo tiempo, transformar la cultura organizacional para que pedir un permiso por salud mental no sea motivo de estigma ni de discriminación.
Los obstáculos: entre la norma y la práctica
Uno de los mayores desafíos radica en que, actualmente, la Ley Federal del Trabajo establece que los trastornos deben estar ligados a la actividad laboral para ser reconocidos como enfermedades profesionales. Esto complica que los trabajadores accedan a beneficios de tratamiento o indemnizaciones.
La iniciativa de MC busca abrir un resquicio en esta lógica, al reconocer que la salud mental no depende únicamente de las condiciones de trabajo, sino también de contextos sociales y personales. Este enfoque más integral representa un cambio de paradigma en el entendimiento del bienestar.
Sin embargo, la implementación requerirá ajustes en recursos humanos, presupuestos y sistemas de salud. Un camino que no será sencillo, pero que puede marcar la diferencia en la vida de millones de personas.
La urgencia de un cambio cultural
El verdadero impacto de esta iniciativa no está solo en la ley, sino en el cambio cultural que exige. Reconocer la importancia de la salud mental implica dejar atrás los prejuicios que ven la ansiedad, la depresión o el estrés como signos de debilidad.
El mensaje que envía la legislación es poderoso:
Todas y todos podemos necesitar un respiro en algún momento, y pedirlo no debería avergonzarnos. Al contrario, debería ser una señal de madurez y de responsabilidad consigo mismo.
En este sentido, los permisos laborales por salud mental pueden convertirse en una herramienta para normalizar la conversación sobre bienestar emocional en el ámbito laboral, un tema que hasta ahora se ha mantenido en la penumbra.
De la iniciativa a la acción
Que la propuesta llegue a la Comisión de Trabajo y Previsión Social es apenas el primer paso de un largo camino legislativo. Pero el hecho de que esté en la agenda abre una oportunidad histórica para colocar la salud mental como prioridad en la política pública y laboral de México.
Si se aprueba, el reto será doble: garantizar que las instituciones de salud tengan la capacidad de emitir los justificantes de manera oportuna y que las empresas adopten la medida con apertura y sin prácticas de discriminación.
El papel de las y los especialistas en responsabilidad social será clave para acompañar esta transición, asegurando que el derecho se traduzca en una práctica cotidiana que genere bienestar real.
La propuesta de reconocer los permisos laborales por salud mental en la Ley Federal del Trabajo representa mucho más que una modificación legal: es una declaración de principios sobre el país que queremos construir. Uno en el que la productividad no esté peleada con la dignidad, y donde las empresas entiendan que cuidar a sus trabajadores es cuidar su futuro.
Tal vez hace unos años hablar de este derecho parecía utópico. Hoy, México tiene la oportunidad de dar un paso firme hacia un cambio cercano y necesario. Porque sin salud mental, no hay bienestar posible, y sin bienestar, no hay verdadera sostenibilidad social ni empresarial.
En un momento en el que la crisis ambiental exige compromisos firmes, la coalición climática del sector bancario global se encuentra frente a una encrucijada. El grupo que alguna vez prometió liderar la transformación hacia un futuro neto cero ahora enfrenta dudas sobre su capacidad de mantenerse unido tras la salida de algunos de sus miembros más influyentes.
Segun un artículo de Reuters, la pregunta que hoy resuena en la comunidad financiera y en los foros de responsabilidad social es clara: ¿puede la coalición climática sostener su credibilidad y avanzar en sus objetivos con recursos limitados y bajo presión política? La votación que se llevará a cabo a finales de septiembre podría marcar un antes y un después en el rumbo de esta iniciativa.
El origen de una alianza con grandes ambiciones
Cuando se creó en 2021, la Net-Zero Banking Alliance se presentó como la columna vertebral de los compromisos financieros frente al cambio climático. Su promesa era sencilla pero poderosa: alinear a los bancos con el Acuerdo de París y generar un movimiento global hacia las emisiones netas cero.
Los objetivos incluían establecer metas claras para sectores intensivos en carbono y garantizar informes anuales de avance. Esta estructura buscaba no solo la transparencia, sino también el compromiso público de instituciones que históricamente han sido motor de la economía global.
En su momento, la coalición climática representó un parteaguas en la forma en que la banca entendía la sostenibilidad: ya no se trataba solo de responsabilidad corporativa, sino de replantear el modelo financiero hacia la resiliencia climática.
Salidas que sacuden la confianza
El retiro de bancos como UBS, Barclays y HSBC marcó un punto de inflexión en la narrativa. Estos movimientos no fueron aislados; respondieron a presiones políticas y regulatorias que colocaron a las instituciones en una posición incómoda frente a los mercados y los gobiernos.
La deserción de grandes jugadores debilitó la percepción de unidad dentro de la alianza, y generó cuestionamientos sobre si sus compromisos eran sostenibles o solo gestos simbólicos. Para un público especializado, el mensaje fue claro: el voluntarismo tiene límites frente a los intereses económicos y políticos.
Cada salida no solo resta músculo financiero, sino también legitimidad. Y cuando hablamos de una coalición climática, la legitimidad es tan crucial como los recursos mismos.
El dilema de cambiar de estructura
Ante la crisis de confianza, la propuesta de evolucionar de una “alianza basada en membresía” a una “iniciativa marco” busca ofrecer mayor flexibilidad. El objetivo es mantener a los bancos vinculados, aunque sin la rigidez que podría alejarlos frente a presiones externas.
El cambio implicaría que las instituciones financieras no tendrían la misma carga de obligaciones, pero sí seguirían recibiendo lineamientos, herramientas y acompañamiento para acelerar la transición. Una apuesta pragmática que intenta salvar lo que queda de la iniciativa.
Sin embargo, para críticos, la pregunta es si esta transformación fortalece a la coalición climática o si, por el contrario, diluye su esencia. ¿Se trata de resiliencia adaptativa o de un retroceso en los compromisos?
La presión política y el fantasma del greenwashing
Los ataques de legisladores estadounidenses, que alegaron riesgos antimonopolio, han sido determinantes en el abandono de varios bancos. Esta dinámica refleja un dilema global: la sostenibilidad aún se percibe como una bandera ideológica en lugar de un consenso técnico.
En este terreno, las empresas enfrentan un doble riesgo. Por un lado, ser acusadas de ceder ante presiones políticas; por otro, ser señaladas de incurrir en greenwashing si suavizan sus compromisos.
El resultado es una coalición que camina en la cuerda floja, tratando de mantener relevancia mientras evita convertirse en un símbolo de compromisos incumplidos.
La mirada crítica de la sociedad civil
Organizaciones como Reclaim Finance han señalado que los cambios propuestos son, en el fondo, una estrategia para disimular la pérdida de fuerza de la alianza. Para ellas, el voluntarismo corporativo nunca será suficiente sin el respaldo de regulaciones vinculantes.
El argumento es contundente: si los compromisos climáticos no se acompañan de mecanismos obligatorios, siempre estarán en riesgo de diluirse ante intereses económicos. Y el retiro de bancos emblemáticos confirma esa fragilidad.
La sociedad civil, más que nunca, exige pasar de la narrativa a la acción. Y en ese sentido, la coalición climática tiene un reto mayúsculo: demostrar que aún puede ser un referente de transformación y no solo un experimento fallido.
¿Qué significa realmente este momento?
La votación de septiembre no es solo un trámite administrativo, sino una señal sobre la capacidad del sector financiero para adaptarse a la complejidad de la transición climática. Lo que está en juego es la confianza de la comunidad internacional en un modelo de autorregulación que parece tambalear.
Si la alianza logra reinventarse y consolidar un esquema flexible pero útil, podría convertirse en un laboratorio de aprendizajes sobre cómo gestionar compromisos colectivos en un contexto adverso.
Por el contrario, si los cambios terminan en una pérdida de exigencia, el sector financiero quedará bajo mayor escrutinio y aumentará la demanda de regulaciones obligatorias que sustituyan los acuerdos voluntarios.
La historia de la coalición climática refleja las tensiones entre la ambición global y los límites de los compromisos voluntarios. Lo que ocurra en la votación marcará si esta iniciativa se consolida como un actor clave en la transición energética o si pasa a ser recordada como una oportunidad perdida.
El aprendizaje es claro: el cambio climático exige más que declaraciones; requiere coherencia, valentía y un compromiso real que trascienda coyunturas políticas y económicas.
La sostenibilidad ya no es solo un concepto aspiracional; se ha convertido en un imperativo estratégico para las empresas que buscan perdurar en un entorno competitivo y consciente. Integrar la economía circular en tu empresa no solo implica minimizar residuos, sino repensar procesos, productos y relaciones con proveedores y clientes
Este enfoque permite a las organizaciones crear valor de manera sostenible, reducir costos y fortalecer su reputación corporativa. Además, fomenta la innovación y promueve una cultura interna donde la responsabilidad social se traduce en acciones concretas y medibles.
10 maneras de integrar la economía circular en tu empresa
1. Rediseñar productos para prolongar su vida útil
Uno de los pilares para integrar la economía circular en tu empresa es el rediseño de productos, priorizando durabilidad y facilidad de reparación. Esto no solo reduce el desperdicio, sino que también genera lealtad entre los clientes al ofrecer soluciones sostenibles y confiables.
Al aplicar estrategias de diseño modular o materiales reciclables, las empresas pueden disminuir significativamente el impacto ambiental de sus productos. Esta práctica convierte a la sostenibilidad en un diferenciador competitivo que fortalece la percepción de la marca.
2. Implementar programas de reciclaje interno
Crear un sistema de reciclaje dentro de la empresa ayuda a cerrar el ciclo de los materiales utilizados. Separar, clasificar y reutilizar desechos internos no solo contribuye al medio ambiente, sino que también optimiza recursos y reduce costos operativos.
Además, involucrar a los colaboradores en estos programas fortalece la cultura organizacional y sensibiliza a los equipos sobre la importancia de adoptar hábitos sostenibles en todos los niveles de la empresa.
3. Establecer alianzas con proveedores sostenibles
Para integrar la economía circular en tu empresa, es crucial trabajar con proveedores que compartan la visión de sostenibilidad. La colaboración con socios estratégicos permite cerrar el ciclo de materiales desde la cadena de suministro y generar impacto positivo en toda la industria.
Estas alianzas pueden incluir acuerdos para el retorno de envases, uso de materiales reciclados o soluciones logísticas sostenibles, transformando la cadena de valor en un ecosistema más responsable y resiliente.
4. Fomentar la reutilización de materiales
La reutilización es un elemento clave de la economía circular. Al encontrar nuevos usos para materiales y componentes que normalmente se desecharían, las empresas pueden reducir el consumo de recursos y los costos asociados con la adquisición de nuevos insumos.
Incorporar esta práctica no solo genera beneficios ambientales, sino que también impulsa la creatividad interna y puede abrir oportunidades de innovación en productos y procesos, reforzando el valor de la empresa.
5. Optimizar los procesos de producción
Revisar y optimizar los procesos de fabricación permite disminuir desperdicios, energía y emisiones de gases contaminantes. Integrar la economía circular en tu empresa requiere identificar oportunidades para cerrar ciclos dentro de cada etapa de producción.
El uso de tecnologías limpias, la automatización de residuos y la planificación eficiente de recursos son estrategias que aumentan la rentabilidad y consolidan la sostenibilidad como un eje estratégico de la organización.
6. Diseñar estrategias de logística inversa
La logística inversa consiste en recuperar productos al final de su vida útil para reincorporarlos al ciclo productivo. Esta estrategia no solo reduce la generación de residuos, sino que también puede convertirse en un nuevo canal de negocio.
Implementar la logística inversa permite a la empresa medir su impacto ambiental de manera tangible y fortalecer su reputación frente a clientes, inversionistas y la comunidad, evidenciando un compromiso real con la responsabilidad social.
7. Crear incentivos para la devolución de productos
Incentivar a los clientes a devolver productos usados es una estrategia efectiva para integrar la economía circular en tu empresa. Programas de recompra, descuentos o puntos de fidelidad facilitan la recuperación de materiales valiosos y fomentan la participación activa del consumidor.
Estos programas fortalecen la relación con los clientes y generan un ciclo de retroalimentación que impulsa mejoras en diseño, producción y sostenibilidad, consolidando un modelo de negocio responsable y rentable.
8. Adoptar modelos de negocio basados en servicios
Transformar productos en servicios, como el alquiler o la suscripción, es otra forma de integrar la economía circular en tu empresa. Este enfoque permite maximizar el uso de los bienes y reducir el desperdicio asociado con la producción masiva.
Además, el modelo basado en servicios fomenta la innovación constante y fortalece la relación con los clientes, quienes perciben valor añadido y se involucran en un consumo más consciente y responsable.
9. Implementar indicadores de desempeño circular
Medir y reportar avances en economía circular es esencial para garantizar que las iniciativas sean efectivas. La definición de indicadores claros permite identificar áreas de mejora, optimizar recursos y comunicar resultados a stakeholders internos y externos.
Estos indicadores no solo facilitan la toma de decisiones estratégicas, sino que también fortalecen la transparencia corporativa y la credibilidad de la empresa en materia de responsabilidad social y ambiental.
10. Capacitar y sensibilizar a los colaboradores
El éxito de cualquier estrategia circular depende de la cultura interna. Capacitar a los colaboradores en economía circular y responsabilidad social garantiza que todos los niveles de la organización comprendan y adopten prácticas sostenibles.
Involucrar a los equipos mediante talleres, campañas internas y reconocimiento de iniciativas individuales genera un efecto multiplicador, asegurando que la sostenibilidad sea un valor vivido y compartido dentro de la empresa.
Integrar la economía circular en tu empresa no es una tendencia pasajera; es una estrategia que genera valor económico, ambiental y social. Desde el rediseño de productos hasta la sensibilización de los colaboradores, cada acción contribuye a cerrar ciclos y fortalecer la reputación corporativa.
Las organizaciones que adoptan este enfoque logran no solo minimizar su impacto ambiental, sino también diferenciarse en el mercado, fomentar la innovación y consolidar una cultura de responsabilidad social que trasciende generaciones. La economía circular es, en esencia, una inversión en sostenibilidad, resiliencia y éxito a largo plazo.
Imagina entrar a una oficina donde la luz natural guía tus pasos, el aire fluye de manera limpia y fresca, y los espacios están diseñados para invitar a la colaboración sin perder la privacidad. Ese no es un sueño futurista, sino el resultado de aplicar una visión consciente sobre cómo se construyen y se habitan los espacios de trabajo. Hoy, más que nunca, las empresas entienden que la forma en que diseñan sus instalaciones impacta directamente en el bienestar de quienes las ocupan.
En este contexto surge una pregunta clave: ¿qué es la arquitectura corporativa sostenible y cómo puede transformar el día a día en las organizaciones? Más allá de un tema estético, este enfoque propone un cambio profundo en la manera de concebir el lugar de trabajo: uno que se preocupa por el planeta, pero también por la salud física y emocional de las personas. La sostenibilidad ya no es un lujo, sino un estándar necesario para mantener la competitividad y la responsabilidad social empresarial.
Qué es la arquitectura corporativa sostenible: un concepto integral
Cuando nos preguntamos qué es la arquitectura corporativa sostenible, no hablamos solo de edificios con certificaciones verdes o del uso de materiales reciclados. Este concepto se refiere a una visión holística en la que el diseño, la construcción y el mantenimiento de un espacio corporativo buscan reducir la huella ambiental al mismo tiempo que potencian el bienestar de las personas.
La clave está en integrar criterios de sostenibilidad desde la planeación: elegir materiales de bajo impacto, optimizar el uso de recursos naturales como agua y energía, y priorizar la durabilidad sobre el consumo desechable. Todo esto se conecta directamente con la responsabilidad social, pues una empresa que apuesta por estos entornos está mostrando coherencia entre su discurso y su práctica.
Además, esta arquitectura no solo responde al “qué”, sino también al “para quién”. Se trata de crear espacios que favorezcan la productividad, reduzcan el estrés y motiven a los colaboradores a sentirse parte de una cultura que cuida tanto a las personas como al entorno.
Bienestar laboral: el corazón del diseño
Un edificio sostenible puede ser innovador, pero si no impacta en la vida de las personas, se queda a medio camino. El bienestar laboral se ha convertido en el principal motor detrás de este tipo de arquitectura, porque los espacios influyen directamente en el ánimo, la concentración y la creatividad de los equipos.
Estudios recientes muestran que el acceso a la luz natural mejora hasta en un 40% los niveles de productividad, mientras que los entornos con ventilación adecuada reducen significativamente las bajas por enfermedad. Estos beneficios tangibles son parte de lo que impulsa a las empresas a replantear sus instalaciones desde una visión sostenible.
Al final, no se trata solo de construir un edificio eficiente, sino de diseñar un lugar donde las personas quieran estar, crecer y aportar. La arquitectura corporativa sostenible tiene el poder de transformar un centro de trabajo en un ecosistema vivo.
Materiales sostenibles: mucho más que una tendencia
Los materiales que se eligen para un espacio corporativo dicen mucho sobre la filosofía de una empresa. Hoy en día, optar por maderas certificadas, pinturas libres de compuestos tóxicos o revestimientos reciclados es parte de la respuesta a la pregunta: qué es la arquitectura corporativa sostenible en la práctica cotidiana.
Más allá de lo estético, la selección de materiales define la salud del entorno laboral. Un mobiliario libre de contaminantes, por ejemplo, puede reducir riesgos de alergias y mejorar la calidad del aire. Así, las decisiones aparentemente pequeñas se convierten en acciones de gran impacto.
Estos materiales también refuerzan el mensaje de compromiso hacia clientes y colaboradores: la empresa no solo declara preocuparse por el medio ambiente, sino que lo demuestra en la forma en que construye y equipa sus oficinas.
Tecnología y eficiencia energética
Otro pilar fundamental de esta visión es el uso de la tecnología para optimizar recursos. Los edificios inteligentes con sensores de iluminación, control de temperatura y sistemas de ahorro de agua son parte de la respuesta moderna a los retos ambientales y económicos.
Al reducir el consumo energético, las organizaciones no solo disminuyen costos operativos, sino que también reducen su huella de carbono. Esto conecta con un consumidor cada vez más consciente que exige transparencia y responsabilidad a las marcas.
La eficiencia tecnológica, aplicada a la arquitectura corporativa sostenible, no se limita a la reducción de gastos, sino que se traduce en entornos más cómodos y personalizados para los colaboradores.
Espacios que promueven la colaboración y la diversidad
Un aspecto poco discutido, pero crucial, es cómo el diseño sostenible también puede fomentar culturas más inclusivas y colaborativas. Espacios abiertos combinados con áreas de concentración personal, salas de lactancia, zonas de descanso y accesibilidad universal reflejan un compromiso real con la diversidad.
Al plantearnos qué es la arquitectura corporativa sostenible, no podemos quedarnos únicamente en el aspecto ambiental. La sostenibilidad incluye el tejido humano, la capacidad de un edificio para adaptarse a las diferentes necesidades de quienes lo habitan.
Estos entornos flexibles generan un sentido de pertenencia y demuestran que la empresa entiende la diversidad como un valor, no solo como un requisito.
El impacto reputacional para las empresas
Adoptar la arquitectura corporativa sostenible no solo trae beneficios internos; también fortalece la reputación externa de la compañía. En un contexto donde los consumidores y los inversionistas evalúan a las empresas más allá de sus productos, los espacios físicos se convierten en una vitrina de coherencia.
Una oficina sostenible comunica compromiso, innovación y visión de futuro. Incluso puede ser un factor clave en la atracción y retención de talento, pues los colaboradores buscan empleadores que reflejen sus propios valores.
Por eso, invertir en este tipo de proyectos no es un gasto, sino una estrategia que suma valor a largo plazo. Las empresas que entienden esto posicionan su marca como líder en responsabilidad social.
Retos y oportunidades hacia el futuro
Implementar este tipo de arquitectura no está exento de desafíos. Requiere inversiones iniciales, cambios en la cultura organizacional y una visión a largo plazo que no todas las compañías están dispuestas a asumir.
Sin embargo, cada vez más gobiernos, organismos internacionales y certificaciones facilitan este proceso, ofreciendo incentivos y guías para acelerar la transición. La presión social también está marcando el rumbo: las nuevas generaciones no conciben espacios laborales sin criterios de sostenibilidad.
Esto convierte a la arquitectura corporativa sostenible en una oportunidad ineludible: las empresas que la abracen estarán preparadas para enfrentar los desafíos del futuro con resiliencia y coherencia.
La pregunta qué es la arquitectura corporativa sostenible no tiene una única respuesta, sino múltiples dimensiones que abarcan lo ambiental, lo social y lo económico. Se trata de una visión transformadora que convierte a los edificios en aliados del bienestar humano y del planeta.
Las empresas que adoptan este enfoque no solo reducen su impacto ambiental, sino que también construyen una cultura organizacional más fuerte, saludable y comprometida con el futuro.
En un mundo que exige responsabilidad y coherencia, la arquitectura sostenible se posiciona como una de las herramientas más poderosas para demostrar que el éxito corporativo y el cuidado del entorno pueden ir de la mano.
Los residuos sólidos urbanos representan uno de los mayores desafíos ambientales y de salud pública en la actualidad. Ante este panorama, Terralago, un complejo urbano ubicado en Naucalpan, Estado de México, ha decidido urbanizar con una premisa audaz: ningún residuo generado debe terminar en rellenos sanitarios.
Desde el inicio de cada obra, Terralago aplica principios de economía circular y gestión responsable de materiales. Su estrategia contempla la clasificación y separación de residuos en sitio, la reutilización y donación de insumos como concreto, madera y acero, así como acuerdos con recicladoras certificadas para garantizar que todo desecho tenga una segunda vida útil.
Además, el conjunto urbano fomenta el uso de materiales reciclados y reciclables desde la etapa de diseño, reduciendo el volumen de desechos.
Según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, más del 50% de los residuos en América Latina terminan en rellenos sanitarios, muchos de ellos sin tratamiento adecuado. En contraste, iniciativas como la de Terralago marcan una ruptura con esa lógica, demostrando que una correcta planeación y compromiso empresarial es posible evitar ese destino final.
Colaboración y trazabilidad como pilares
Terralago colabora con cooperativas de reciclaje y empresas especializadas en logística inversa para garantizar la trazabilidad en cada flujo de residuos. Esto no solo refuerza la transparencia del proceso, sino que también impulsa empleos verdes y economías locales.
Asimismo, ha desarrollado programas de concientización dirigidos tanto a trabajadores de obra como a residentes, para fomentar una cultura de separación de residuos desde la fuente y reducir el volumen de desechos mezclados.
Pero la estrategia del conjunto urbano ubicado en Naucalpan no se detiene en la construcción. En sus complejos habitacionales se promueve una cultura ambiental activa a través de puntos limpios, compostaje comunitario y talleres de educación ambiental, en línea con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, en particular el ODS 11 (Ciudades y comunidades sostenibles) y el ODS 12 (Producción y consumo responsables).
Un modelo que podría transformar la industria
Lo que Terralago está haciendo no es solo una buena práctica empresarial: es un llamado a toda la industria inmobiliaria y a cumplir necesidades de la Zona Conurbada del Valle de México (ZCVM). Si más desarrolladoras adoptaran estas estrategias, el volumen de residuos enviados a vertederos —y que afecta suelos, cuerpos de agua y comunidades cercanas— podría reducirse de manera sustancial.
Como señala el informe de 2023 del World Green Building Council, los edificios generan cerca del 40% de los residuos sólidos del planeta. Terralago, al revertir esa lógica desde su origen, se posiciona como un ejemplo de lo que significa construir con visión de futuro.
En el año 1999 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) designó el 12 de agosto como el Día Internacional de la Juventud, como una forma de visibilizar los problemas que impactan a los jóvenes e impulsar el desarrollo de habilidades y oportunidades que faciliten su desarrollo y preparación.
En el marco de esta celebración, World Vision México, una organización que cuenta con más de 40 años de trabajo en favor del bienestar de la niñez y el desarrollo integral de comunidades en situación de vulnerabilidad a nivel mundial, en el 2017 lanzó su programa Visión Joven, que brinda capacitación a jóvenes de entre 15 y 29 años con el objetivo de impulsar su incorporación al mercado laboral y el desarrollo de su carrera profesional dentro de la industria de la hospitalidad.
Rita Andrea Gómez, coordinadora del programa Visión Joven, destaca que “más allá de buscar cubrir una vacante, nuestro objetivo es lograr que nuestros jóvenes construyan su futuro profesional en una industria que requiere precisamente el talento y la visión que los jóvenes pueden aportar. Por ello, durante seis meses los capacitamos con habilidades que les permitirán crecer profesionalmente y dar respuesta a los desafíos laborales que se les presenten dentro de la hospitalidad”.
Tras siete años de haber lanzado esta iniciativa, World Vision México ha formado a 17 generaciones y ha concretado la contratación de más de 1,000 jóvenes, con el respaldo de cadenas como Marriott, Hyatt, Grupo Diestra y Grupo Hotelero Santa Fe, así como de donantes estratégicos como Nacional Monte de Piedad, Fundación Coppel y Fomento Social Banamex.
“Hoy nos enorgullecemos de anunciar que 41 jóvenes concluyen este programa de capacitación. Agradecemos a quienes confiaron en World Vision para hacer esto posible y tender la mano a nuestros jóvenes, cuya historia de vida no es nada sencilla, pues entre los participantes se encuentran refugiados de Haití, Salvador, Venezuela, Somalia y Honduras, jóvenes en rehabilitación por consumo de sustancias, algunos de escasos recursos y también quienes se encuentran en transición a la vida independiente. Saber que este tipo de iniciativas les abre la oportunidad de transformar su vida, es la razón de ser de nuestra organización”, destacó Gómez.
En cuanto a los resultados de este programa, la coordinadora indicó que las dos generaciones realizadas el año pasado fueron en CDMX; actualmente el programa se encuentra activo en Guadalajara, beneficiando a más de 65 participantes, de los cuales el 80% obtuvo un empleo formal.
De acuerdo con datos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), si bien el sector hotelero abrió más de 400,000 nuevas plazas en el primer trimestre de 2023, una de sus principales dificultades es lograr la retención del talento. La rotación del sector puede llegar hasta un 10% según el Estudio Nacional de Indicadores de la Cadena de Suministro de 2022.
Es por ello que el programa Visión Joven buscó dotar a sus participantes de conocimiento en áreas clave al tiempo en que desarrollaron competencias personales como liderazgo, comunicación asertiva y trabajo en equipo. De manera adicional, como parte de un modelo integral, no sólo se les capacitó técnicamente, sino que también se buscó fortalecer su autoestima, habilidades socioemocionales y el sentido de propósito de los jóvenes.
Grupo Cotemar recibió el Certificado de Calidad Ambiental nivel 1 para las instalaciones de sus Oficinas Administrativas en Calle 26 y el Almacén de Abastecimiento, ubicadas en Ciudad del Carmen. Este reconocimiento fue otorgado por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) como parte del Programa Nacional de Auditoría Ambiental (PNAA), reafirmando el compromiso de la empresa con prácticas ambientales ejemplares en sus operaciones.
El PNAA está dirigido a empresas en operación que, por su ubicación, dimensiones, características y alcances, puedan causar efectos o impactos negativos al ambiente o rebasar los límites establecidos en las disposiciones aplicables en materia de protección, prevención y restauración ambiental.
Este certificado de Calidad Ambiental, se suma al obtenido en 2024, en nivel 2, para sus instalaciones de almacenamiento e infraestructura de suministro, convirtiéndose en la primera empresa en el estado de Campeche en recibir el certificado en dicho nivel.
“En Cotemar, nuestro enfoque ambiental se traduce en acciones concretas que generan mejoras tangibles, respaldadas por una documentación rigurosa que garantiza transparencia y participación. Por ello, aplicamos una estrategia preventiva en todos los procesos para minimizar riesgos e impactos, y nos comprometemos a reportar indicadores específicos que reflejan nuestro desempeño ambiental”, indicó una fuente de Cotemar.
El Certificado de Calidad Ambiental representa una oportunidad de tomar las cargas ambientales y conducirlas de manera voluntaria hacia la Autorregulación Ambiental-Sistema de Gestión Ambiental, la mejora continua, inclusión del medio ambiente en el eje de la actividad empresarial y, en general, mayor certeza para los involucrados. Este logro subraya nuestro compromiso con la sostenibilidad y la responsabilidad ambiental en nuestras operaciones, con acciones continuas a favor del cuidado del entorno, para beneficio propio, de la comunidad y de nuestro país.
Cuando hablamos de sostenibilidad, solemos pensar en lo ambiental y lo social. Sin embargo, la verdadera base está en la gobernanza corporativa, y dentro de ella las políticas, procedimientos y controles de prevención de lavado de dinero (PLD) se han convertido en un pilar fundamental.
En México, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) trabaja en la actualización de reglas siguiendo las recomendaciones del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI). Pero más allá del marco regulatorio, la lección es clara: la sostenibilidad de cualquier empresa depende de integrar, de forma proactiva, sus políticas, procedimientos y controles de PLD en la estrategia general de la organización. No es un área aislada ni un requisito administrativo: es un elemento central de la planeación y dirección empresarial.
Los guardianes invisibles como arquitectos de confianza
Oficiales de cumplimiento, áreas de riesgos y comités especializados, los llamados guardianes invisibles, convierten la regulación en acción cotidiana. Diseñan sistemas de monitoreo, aplican debida diligencia (KYC/AML), reportan operaciones sospechosas y capacitan a sus organizaciones.
Hoy su rol va más allá del cumplimiento. Son los arquitectos que alinean estas políticas y controles con la estrategia empresarial de largo plazo, fortaleciendo la reputación, la resiliencia y la competitividad.
Qué hacen y cómo lo hacen
Estos equipos no se limitan a cumplir con reportes. Diseñan sistemas que detectan operaciones inusuales, aplican controles desde la apertura de cuentas hasta la gestión de portafolios e incorporan tecnologías como inteligencia artificial, machine learning y big data para anticipar riesgos.
La conclusión es clara: el cumplimiento mínimo ya no basta. Integrar proactivamente las políticas y controles de PLD dentro de la estrategia empresarial es hoy una condición obligatoria para asegurar permanencia.
Por qué importa
El incumplimiento no solo implica sanciones millonarias; también significa pérdida de contratos, acceso limitado a financiamiento y deterioro de confianza.
Las políticas, procedimientos y controles de PLD no son un requisito accesorio: son una obligación estratégica. Una empresa que los ignora compromete su capacidad de crecer, atraer inversión y permanecer en mercados cada vez más exigentes.
Casos que dejaron huella
Los ejemplos abundan:
· HSBC (2012): multa récord de 1,900 millones de dólares en EE.UU. por operaciones vinculadas a cárteles.
· Danske Bank (2018): 200,000 millones de euros blanqueados desde Rusia en Estonia.
· Deutsche Bank: múltiples sanciones por deficiencias en controles.
En México, la CNBV sancionó a Banco Azteca y Banco del Bajío por deficiencias en reportes a la UIF. Y tras el caso global de HSBC, su filial mexicana debió rediseñar a fondo sus sistemas de PLD.
Más recientemente, instituciones mexicanas con transaccionalidad vía Instituciones financieras de EE.UU. enfrentan bloqueos de corresponsalías y pérdida de reputación por fallas en estos procesos. La enseñanza es contundente: ser reactivo destruye valor; integrar de manera estratégica estos controles en la gestión empresarial es la única vía sostenible.
La última vez que supimos de un banco que estaba ayudando a los malos (HSBC, 2012) la multa fue de 1,900 millones de dólares. Aquí suman, más o menos, 10 milloncitos.@El_Universal_Mxhttps://t.co/rvsaixOgFE
Durante años, estas políticas se percibieron como un gasto regulatorio. Hoy se entienden como un activo estratégico: protegen la confianza, previenen crisis, atraen inversión y garantizan continuidad.
En la estrategia corporativa, los cimientos importan. Las políticas, procedimientos y controles de PLD son gobernanza aplicada. Y sin gobernanza no hay sostenibilidad ni permanencia real.
Un futuro estratégico
El futuro no está en reaccionar, sino en anticiparse. La tecnología puede potenciar la eficacia de los controles, pero lo verdaderamente decisivo es que la alta dirección los integre como un componente central de la estrategia empresarial.
Las compañías que lo hagan permanecerán. Las que lo sigan viendo como un trámite estarán siempre en riesgo.
Porque al final, la confianza es el activo más difícil de construir y el más fácil de perder.
La contaminación invisible es uno de los problemas ambientales más peligrosos porque no siempre se percibe a simple vista, pero sus efectos se sienten en la salud, el bienestar y la calidad de vida de las personas. Desde partículas en el aire hasta químicos en el agua y los alimentos, esta contaminación afecta a millones de individuos sin que ellos lo noten.
Aunque muchos creen que la contaminación se limita a plásticos y basura visible, la realidad es que los elementos invisibles pueden tener impactos más graves y prolongados. Conocer cómo la contaminación invisible se manifiesta en la vida cotidiana es clave para tomar decisiones informadas y exigir políticas ambientales más efectivas.
¿Qué es la contaminación invisible?
La contaminación invisible se refiere a la presencia de sustancias nocivas en el aire, el agua, el suelo y los alimentos que no se pueden percibir directamente a simple vista. Estas partículas o compuestos químicos suelen ser microscópicos, como metales pesados, gases tóxicos o microplásticos, pero su impacto en la salud es significativo.
A diferencia de la contaminación evidente, como montañas de basura o vertederos abiertos, la contaminación invisible suele pasar desapercibida durante años. Sin embargo, puede acumularse en organismos vivos y ecosistemas, generando daños que van desde enfermedades respiratorias hasta alteraciones hormonales y neurológicas.
Detectarla y medirla requiere tecnología especializada y estudios científicos, lo que hace que su control dependa tanto de políticas públicas como de la concienciación individual. La exposición constante a este tipo de contaminación hace que sea un problema silencioso pero omnipresente, afectando a hogares, escuelas, centros de trabajo y comunidades.
10 formas en que la contaminación invisible afecta tu vida diaria
1. Afecta tu salud respiratoria
La inhalación de partículas finas como PM2.5 y PM10, invisibles al ojo humano, puede provocar enfermedades respiratorias crónicas, ataques de asma y alergias. Estas partículas atraviesan los pulmones y llegan al torrente sanguíneo, afectando también al corazón y al sistema circulatorio. Incluso en interiores, el polvo, los gases de cocina y los contaminantes urbanos contribuyen a esta exposición. La contaminación invisible afecta especialmente a niños, adultos mayores y personas con condiciones respiratorias preexistentes, aumentando la vulnerabilidad a infecciones.
La exposición prolongada reduce la capacidad pulmonar y genera fatiga constante. Además, puede incrementar la incidencia de hospitalizaciones y visitas médicas por problemas respiratorios. Por ello, la calidad del aire, aunque no se vea, tiene un impacto directo en la salud diaria y el bienestar general.
2. Influye en tu bienestar neurológico
Algunos contaminantes invisibles, como metales pesados y pesticidas, afectan directamente el sistema nervioso. La exposición crónica puede disminuir la concentración, generar irritabilidad y afectar el desarrollo cognitivo en niños, con efectos que persisten en la adultez.Además, estos químicos interactúan con neurotransmisores esenciales, alterando el equilibrio emocional. Personas expuestas a entornos contaminados pueden experimentar mayor ansiedad, depresión y cambios en el estado de ánimo, incluso sin identificar la causa inmediata.
Con el tiempo, la contaminación invisible puede provocar deterioro cognitivo y afectar la memoria. Su efecto acumulativo es silencioso y muchas veces se detecta solo cuando los síntomas ya son evidentes. Esto demuestra que los riesgos neurológicos no siempre son visibles pero son reales y persistentes.
3. Contamina el agua que consumes
Sustancias químicas invisibles como plomo, arsénico y microplásticos pueden encontrarse en ríos, lagos y sistemas de agua potable. Su ingesta prolongada provoca daños renales, hepáticos y cardiovasculares, afectando directamente la salud diaria de quienes consumen agua sin filtrarla. La contaminación invisible en el agua también impacta la cadena alimentaria. Peces, vegetales y otros alimentos pueden acumular estos compuestos, afectando a quienes los consumen, incluso sin que puedan percibir el riesgo a simple vista.
Esta exposición indirecta aumenta el riesgo de enfermedades crónicas. Además, la presencia de contaminantes invisibles en el agua reduce la seguridad sanitaria de comunidades enteras. Detectarlos y mitigarlos requiere tecnología avanzada y políticas públicas efectivas.
4. Afecta la alimentación diaria
Los alimentos cultivados en suelos contaminados o procesados con pesticidas contienen químicos invisibles que se acumulan en el cuerpo. Aunque los productos luzcan frescos y limpios, estas sustancias afectan el metabolismo y la función celular, incrementando el riesgo de enfermedades crónicas. La contaminación invisible en la dieta cotidiana puede contribuir a diabetes, hipertensión y ciertos tipos de cáncer. Su efecto acumulativo demuestra que la alimentación es una vía directa de exposición, incluso cuando todo parece seguro.
Reducir el consumo de productos altamente procesados y conocer la procedencia de los alimentos es esencial. Adoptar hábitos de alimentación más sostenibles ayuda a minimizar el impacto de esta contaminación invisible en la salud diaria.
5. Genera problemas en la piel y los ojos
Gases invisibles como el ozono troposférico y compuestos orgánicos volátiles pueden irritar la piel, los ojos y las mucosas. Aunque los efectos no sean evidentes de inmediato, la exposición prolongada provoca inflamación, enrojecimiento y alergias persistentes. Además, la contaminación invisible acelera el envejecimiento cutáneo y puede agravar condiciones preexistentes como dermatitis y conjuntivitis. Su efecto acumulativo hace que la protección diaria de la piel y los ojos sea fundamental.
El contacto constante con estos contaminantes afecta la comodidad y el bienestar general. Incluso en ambientes interiores, productos de limpieza y mobiliario pueden liberar químicos invisibles que impactan la salud dermatológica y ocular de manera silenciosa.
6. Impacta la salud cardiovascular
La exposición prolongada a partículas finas y gases contaminantes incrementa el riesgo de hipertensión, arteriosclerosis y accidentes cerebrovasculares. Aunque estos elementos sean invisibles, afectan directamente los vasos sanguíneos y la circulación. El contacto constante con la contaminación invisible genera inflamación crónica y estrés oxidativo en el cuerpo. Esto aumenta la probabilidad de enfermedades del corazón incluso en personas jóvenes y aparentemente saludables.
Incluso niveles bajos de exposición diaria tienen efectos acumulativos sobre la salud cardiovascular. Por ello, monitorear la calidad del aire y reducir la exposición en zonas urbanas se vuelve esencial para proteger el corazón y la circulación sanguínea.
7. Daña los ecosistemas urbanos y rurales
La contaminación invisible no solo afecta a los humanos, sino también a plantas, animales y suelos. Gases, partículas y microplásticos alteran la biodiversidad y disminuyen la productividad agrícola, afectando la disponibilidad de alimentos y recursos naturales.La degradación de los ecosistemas repercute en la calidad del aire, el agua y el suelo, lo que genera un círculo de impactos negativos que termina afectando la vida diaria de millones de personas.
Además, los ecosistemas debilitados aumentan la vulnerabilidad frente a desastres naturales. La contaminación invisible contribuye al cambio climático, erosión del suelo y pérdida de especies, problemas que se traducen en impactos tangibles para la vida cotidiana.
8. Reduce la calidad del aire interior
Muchos hogares y oficinas contienen compuestos invisibles provenientes de pinturas, muebles, productos de limpieza y aparatos electrónicos. Estos contaminantes pueden provocar mareos, fatiga y disminución de la concentración sin ser perceptibles de inmediato. El aire interior suele estar más contaminado que el exterior, especialmente en espacios cerrados y poco ventilados. La contaminación invisible afecta la productividad, el confort y la salud de quienes pasan largas horas dentro de edificios.
La acumulación de partículas y gases invisibles en interiores puede generar problemas respiratorios y alergias. Mejorar la ventilación, reducir productos químicos y monitorear la calidad del aire son medidas esenciales para minimizar su impacto diario.
9. Aumenta riesgos en la vida laboral
Trabajar en ambientes con presencia de contaminantes invisibles, como polvo fino, gases industriales o compuestos químicos, incrementa accidentes y enfermedades ocupacionales. Estos riesgos no siempre se perciben, pero son reales y constantes. La exposición silenciosa genera ausentismo, pérdida de productividad y costos médicos elevados. Además, la falta de protocolos de prevención aumenta la vulnerabilidad de los trabajadores frente a riesgos invisibles pero significativos.
Las empresas deben implementar monitoreo y medidas de mitigación para proteger la salud de sus empleados. La conciencia sobre la contaminación invisible en el lugar de trabajo es clave para garantizar seguridad y bienestar laboral sostenibles.
10. Impacta la calidad de vida y el bienestar general
La contaminación invisible afecta el sueño, la energía, la concentración y la salud mental. Sus efectos acumulativos generan un deterioro silencioso del bienestar personal y familiar sin que muchas veces se identifique la causa. Aunque no se perciba directamente, la contaminación invisible afecta la vida diaria: disminuye la calidad del aire, el agua y los alimentos, y aumenta la incidencia de enfermedades crónicas que afectan a individuos y comunidades.
Comprender y actuar frente a estos impactos permite adoptar hábitos que reduzcan la exposición. Medidas simples, como elegir productos más sostenibles, filtrar el aire y el agua, o exigir políticas ambientales más estrictas, ayudan a proteger la salud y el bienestar general.
Educación y conciencia para enfrentar la contaminación invisible
El control de la contaminación invisible requiere tecnología avanzada y regulación efectiva. Sensores de aire, análisis de agua y estudios de suelo son herramientas esenciales para identificar riesgos que de otro modo pasarían desapercibidos.
La educación y la conciencia ciudadana son fundamentales para mitigar estos efectos. Pequeñas acciones como filtrar agua, ventilar espacios interiores, elegir productos con menor impacto ambiental y exigir transparencia en la industria pueden reducir significativamente la exposición diaria.
Además, la contaminación invisible es un problema global que trasciende fronteras. Lo que se produce o desecha en un país puede afectar ecosistemas y comunidades en otros, por lo que la cooperación internacional y los estándares globales son cruciales para enfrentar este desafío.
Reconocer y actuar frente a lo que no se ve
La contaminación invisible es un enemigo silencioso que impacta la salud, el bienestar y los ecosistemas, muchas veces sin que las personas lo perciban. Comprender cómo se manifiesta y sus efectos diarios es el primer paso para tomar decisiones conscientes y proteger la calidad de vida.
Actuar frente a este fenómeno requiere colaboración entre gobiernos, empresas y ciudadanos. Implementar políticas de control, mejorar la regulación industrial y fomentar hábitos sostenibles puede reducir la exposición, demostrando que aunque la contaminación invisible sea difícil de ver, sus soluciones están al alcance de todos.
El debate sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas frente a los riesgos de la inteligencia artificial (IA) ha alcanzado un nuevo punto crítico. Matt y Maria Raine, padres de un joven de 16 años que se quitó la vida tras interactuar con ChatGPT durante varios meses, presentaron una demanda a OpenAI y a su director ejecutivo, Sam Altman. Alegan que la compañía priorizó la comercialización del modelo GPT-4 sobre la seguridad de los usuarios más vulnerables.
La querella, presentada en el Tribunal Superior de California, acusa a la empresa de homicidio culposo por no impedir que el chatbot ayudara activamente a su hijo, Adam Raine, a explorar métodos de suicidio. Este caso podría sentar un precedente en la regulación de herramientas de IA, ya que pone en tela de juicio los protocolos de seguridad implementados por OpenAI y la velocidad con la que se lanzan al mercado modelos avanzados como GPT-4.
Demanda a OpenAI: el caso Adam Raine
La querella presentada por los padres de Adam Raine, de casi 40 páginas, detalla cómo ChatGPT mantuvo conversaciones con el menor sobre métodos de suicidio sin interrumpirlas ni activar alertas de emergencia. Según el abogado Jay Edelson, la empresa ignoró señales claras de riesgo, pese a que el sistema estaba diseñado para reconocer conductas autodestructivas.
Los padres sostienen que OpenAI priorizó la valoración económica de la compañía, que pasó de 86,000 millones a 300,000 millones de dólares, acelerando el lanzamiento de GPT-4 a pesar de los problemas de seguridad. Edelson afirmó que el objetivo de la demanda a OpenAI es evitar que otros menores sufran una tragedia similar:
“La IA nunca debería decirle a un niño que no le debe su supervivencia a sus padres”.
El caso plantea interrogantes éticos sobre el papel de la IA en situaciones sensibles y hasta dónde llegan las responsabilidades legales de los desarrolladores. El lanzamiento apresurado de GPT-4 habría dejado expuestos a los usuarios a errores de diseño y carencias de supervisión humana.
Este episodio se suma al escrutinio público hacia OpenAI, en un momento en que su modelo GPT-5 enfrenta críticas por fallos técnicos y respuestas erráticas, lo que agrava la percepción de que la innovación ha superado a las salvaguardas.
Tras conocerse la querella, OpenAI publicó un comunicado titulado “Ayudar a la gente cuando más lo necesitan”. Sin mencionar directamente la demanda a OpenAI, la empresa admitió que ChatGPT falla en casos “sensibles” y que sus mecanismos de seguridad no siempre funcionan de manera efectiva en conversaciones largas.
La compañía explicó que los sistemas actuales están mejor diseñados para interacciones cortas, pero tienden a degradarse con intercambios prolongados, como los que sostuvo Adam Raine. Además, reconoció que no se comportaron como debían en situaciones de riesgo suicida, y anunció que reforzará la detección de usuarios menores de edad con nuevas funciones de control parental.
OpenAI informó que actualizará sus sistemas de mitigación para abarcar no solo intentos de autolesión, sino también episodios de angustia emocional. En paralelo, desarrolla una red de profesionales certificados para que los usuarios puedan acceder directamente a ayuda psicológica a través del chatbot.
Aunque la empresa aseguró que GPT-5 incorporará mecanismos de “desescalada” y conectará a los usuarios con recursos de emergencia, estas mejoras aún están en fase de estudio y podrían tardar en implementarse.
Impacto legal y ético de la demanda
Expertos en tecnología y derecho señalan que esta demanda a OpenAI podría convertirse en un caso emblemático para definir la responsabilidad de las empresas de IA ante daños reales. La acusación de homicidio culposo pone sobre la mesa si la falta de intervención automática constituye negligencia corporativa.
Los críticos sostienen que la rápida expansión comercial de OpenAI dejó en segundo plano la protección de usuarios vulnerables. Si la justicia califica esta omisión como un incumplimiento de deber de cuidado, la industria tecnológica podría enfrentar regulaciones más estrictas.
Este caso también reactiva la discusión sobre si los chatbots deben contar con supervisión humana obligatoria o sistemas de apagado forzoso ante señales claras de riesgo. Para los padres de Adam, no se trata solo de compensación económica, sino de sentar un precedente para proteger a otros adolescentes.
La controversia podría acelerar la creación de estándares internacionales para la seguridad en IA, en los que las medidas proactivas y la transparencia sean requisitos legales y no simples compromisos voluntarios.
La confianza en la IA, bajo escrutinio
La tragedia de Adam Raine ha profundizado las dudas sobre el uso cotidiano de chatbots avanzados. Aunque OpenAI los promociona como herramientas para estudiar, trabajar o simplemente conversar, el caso demuestra que estos modelos pueden interactuar de forma peligrosa si carecen de supervisión adecuada.
Desde su lanzamiento en 2022, millones de usuarios han utilizado ChatGPT para resolver dudas personales y recibir consejos informales. Sin embargo, la demanda a OpenAI subraya que la IA no siempre distingue entre un intercambio trivial y una crisis emocional severa.
El retiro de modelos anteriores como GPT-4o, utilizado por Adam, ha generado críticas sobre la transparencia de la empresa. Al eliminar versiones previas, se dificulta la evaluación independiente de sus fallos y se limita la capacidad de aprender de los errores cometidos.
Para los especialistas en responsabilidad social corporativa, este caso revela la urgencia de que las empresas tecnológicas desarrollen políticas éticas más sólidas, donde la seguridad y la integridad humana sean tan prioritarias como la innovación.
La urgencia de regular la inteligencia artificial
El caso Raine no solo plantea preguntas sobre la ética empresarial, sino que marca un punto de inflexión para el desarrollo de la inteligencia artificial. La demanda a OpenAI podría impulsar leyes que obliguen a las compañías a garantizar que sus productos no representen riesgos críticos para los menores de edad ni para otros usuarios vulnerables.
La tragedia recuerda que la IA no es neutral: está diseñada, entrenada y comercializada por personas que toman decisiones con consecuencias reales. Regular su desarrollo no significa frenar la innovación, sino asegurar que avance de forma responsable, protegiendo vidas humanas en el proceso.
En México, las mujeres trabajan más horas que los hombres, pero gran parte de ese esfuerzo no se refleja en ingresos económicos. De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre el Uso del Tiempo (ENUT) 2024 del Inegi, las mujeres de 12 años y más destinan 64.8% de su tiempo semanal a trabajo no remunerado, principalmente en labores domésticas, de cuidado, voluntariado y apoyo comunitario.
Este desequilibrio evidencia una profunda brecha de género: mientras ellas dedican solo un tercio de su tiempo a actividades remuneradas, los hombres lo hacen en dos tercios. Las cifras no solo describen un problema económico, sino también social, que impacta en el bienestar, la autonomía financiera y el desarrollo profesional de millones de mexicanas.
Brechas persistentes: el doble de carga para las mujeres
La ENUT 2024 confirma que las mujeres dedican 39.5 horas semanales a trabajo no remunerado, 21.5 horas más que los hombres, quienes apenas invierten 18.2 horas en las mismas tareas. El contraste es aún más marcado en el trabajo doméstico, donde ellas laboran 28.2 horas frente a 11.5 de ellos.
Los cuidados representan otra carga invisible: las mujeres invierten 13.6 horas por semana, frente a 8.7 horas de los hombres. Incluso en actividades comunitarias y de voluntariado, la balanza se inclina hacia ellas: ocho horas contra 5.5.
Este patrón no es solo un asunto privado. Limita la participación de las mujeres en el mercado laboral y perpetúa un círculo de desigualdad. En estados como Oaxaca, Guerrero y Nayarit, la brecha de género supera las siete horas semanales.
El resultado es un impacto directo en el ingreso potencial: si estas tareas se pagaran, el valor estimado sería de 7,248 pesos mensuales para las mujeres y 3,040 para los hombres, según cálculos del Inegi.
Impacto económico del trabajo no remunerado en México
El trabajo del hogar y de cuidados no remunerado equivale a 8.4 billones de pesos anuales, de los cuales el 71.5% es aportado por las mujeres. Esta contribución supera ampliamente a sectores económicos completos, pero no se reconoce ni en salarios ni en prestaciones.
El costo de esta desigualdad es múltiple: reduce el tiempo disponible para la educación, limita el acceso a empleos formales y frena la acumulación de ahorro y pensiones. En otras palabras, compromete la seguridad económica de las mujeres a largo plazo.
El fenómeno se acentúa porque la electrificación, el acceso digital y el consumo moderno aumentan las exigencias domésticas sin redistribuir la carga entre géneros. Las mujeres soportan más tareas sin contar con infraestructura o apoyos adecuados.
Hoy presentamos los resultados de la Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo #ENUT 2024.
Ese año, las mujeres destinaron en promedio dos veces más horas semanales al trabajo no remunerado doméstico, de cuidados y comunitario que los hombres.
Graciela Márquez, presidenta del Inegi, subraya que esta problemática debe dejar de tratarse como un tema privado y abordarse como un reto público y económico. “El uso de estadísticas es clave para reducir brechas y rediseñar políticas”, señaló.
Menos empleo formal y más tareas invisibles
En el segundo trimestre de 2025, el Inegi reportó una disminución en el número de personas dedicadas al trabajo doméstico remunerado. Este retroceso, combinado con el incremento del trabajo no remunerado, profundiza la desigualdad de género.
Mientras las mujeres laboran en promedio 61.1 horas semanales frente a 58 horas de los hombres, gran parte de ese tiempo no genera ingresos ni derechos laborales. Esto refuerza la dependencia económica y limita su desarrollo profesional.
Mauricio Rodríguez, titular de la Unidad de Estadísticas Sociodemográficas, explicó que la concentración de estas tareas en mujeres refleja “una economía que se sostiene sobre el tiempo gratuito de la mitad de la población”.
Sin políticas de conciliación laboral, servicios de cuidado accesibles y corresponsabilidad masculina, las cifras difícilmente se reducirán. La carga no solo recae sobre los hogares, sino que condiciona la productividad nacional.
Insatisfacción y necesidad de cambio cultural
La ENUT también midió la satisfacción respecto al tiempo dedicado a cada actividad. Un 62.4% de las mujeres expresó querer dedicar más tiempo a cuidados y convivencia familiar, mientras que entre los hombres la cifra fue de 68.2%.
Esto muestra que el problema no solo es económico, sino también personal: hombres y mujeres quieren reorganizar su tiempo, pero las desigualdades estructurales lo impiden. La redistribución del trabajo no remunerado se vuelve indispensable para equilibrar la carga y mejorar la calidad de vida.
Especialistas proponen programas que incluyan incentivos fiscales para empresas que ofrezcan horarios flexibles, además de políticas públicas para profesionalizar y remunerar el cuidado.
La meta es clara: transformar un esfuerzo invisible en un derecho reconocido y compartido, evitando que la desigualdad siga transmitiéndose de generación en generación.
Reconocer, redistribuir y remunerar
El trabajo no remunerado sostiene buena parte de la economía mexicana, pero sigue siendo invisibilizado y desproporcionadamente asignado a las mujeres. Las cifras de la ENUT 2024 evidencian que sin políticas públicas contundentes, la brecha de género no se cerrará.
Reconocer el valor económico de estas labores, redistribuirlas equitativamente entre hombres y mujeres y, cuando sea posible, remunerarlas, no es solo un asunto de justicia social: es una estrategia para fortalecer el desarrollo económico del país y garantizar igualdad real para las próximas generaciones.
La Alianza por la Equidad Energética ha arrojado luz sobre un problema que pocos imaginan, pero que muchas mexicana y mexicanos padecen actualmente: aunque el 99% de los hogares mexicanos tienen conexión eléctrica, el 37% de las familias vive sin la energía suficiente para cubrir necesidades esenciales como refrigeración, calefacción o conectividad digital. Este fenómeno, conocido como pobreza energética en México, pone en evidencia que el problema no radica únicamente en la cobertura de la red eléctrica, sino en la calidad, el costo y la disponibilidad efectiva de la energía para los sectores más vulnerables.
Organizaciones civiles y expertos en sostenibilidad advierten que la transición energética debe ser incluyente para evitar profundizar las desigualdades sociales. Iniciativas como la generación distribuida, el reciclaje de paneles solares y el fortalecimiento comunitario buscan llevar soluciones reales a quienes más las necesitan. No se trata solo de modernizar la infraestructura eléctrica, sino de crear un ecosistema de colaboración entre gobierno, empresas y comunidades que permita reducir de forma tangible la pobreza energética en México.
Pobreza energética en México: un problema estructural
Isabel Struder, presidenta de Sostenibilidad Global, subraya que la electrificación de la vida moderna y el crecimiento industrial han acelerado la demanda de energía. Sin embargo, muchas familias, aun con conexión eléctrica, no cuentan con los recursos para cubrir sus necesidades básicas. Esta situación refleja un fenómeno estructural: tener electricidad no es sinónimo de contar con energía suficiente, confiable y asequible.
La Alianza por la Equidad Energética busca revertir esta tendencia a través de 100 proyectos locales que beneficiarán a 5,000 familias en los próximos tres años. El objetivo es impulsar soluciones de “abajo hacia arriba”, fortaleciendo las comunidades desde la raíz y reduciendo su dependencia de grandes proveedores eléctricos.
Entre las estrategias destacan la generación distribuida, las microredes y el autoabasto, además de la promoción de una economía circular mediante la reutilización de materiales de paneles solares. Estas medidas buscan abaratar costos y democratizar el acceso a energía renovable.
Struder señala que el esfuerzo no puede recaer únicamente en el gobierno: es necesaria una articulación entre empresas, organizaciones civiles y comunidades para crear un ecosistema energético que priorice la equidad social.
Reciclaje de paneles solares: recurso desaprovechado
El auge de la energía solar distribuida en México, con más de medio millón de contratos de interconexión al cierre de 2024, ha beneficiado principalmente a hogares con mayor poder adquisitivo. Sin embargo, existe un problema emergente: la acumulación de paneles solares en desuso que todavía conservan un alto nivel de eficiencia.
Ximena Cantú, líder de Rafiqui —la primera iniciativa mexicana dedicada al reciclaje de paneles solares— advierte que muchos equipos son reemplazados después de solo cinco años debido a la rápida innovación tecnológica, pese a que su vida útil puede llegar a 25 años. Para 2030, se estima que habrá 30,000 toneladas de paneles retirados anticipadamente.
Esta situación representa una oportunidad para atender la pobreza energética en México. Cantú propone reutilizar estos paneles para proveer energía a comunidades que aún carecen de suministro suficiente, reduciendo costos y evitando un impacto ambiental innecesario.
La combinación de reciclaje y generación distribuida puede transformar residuos tecnológicos en recursos estratégicos para impulsar la equidad energética.
Empoderamiento femenino en la transición energética
Un ejemplo destacado de enfoque comunitario es el proyecto “Mujeres mayas promotoras de la energía solar”, que capacita a mujeres en la instalación de sistemas fotovoltaicos. Dulce Milagros, integrante de la cooperativa Túumben K’óoben en Quintana Roo, explica que ya se han formado 400 mujeres para instalar desde sistemas básicos de iluminación hasta equipos capaces de alimentar electrodomésticos esenciales.
Con apenas tres prácticas, las participantes aprenden a montar sistemas adaptados a las necesidades locales. Para familias que vivían con velas, poder encender focos o cargar un teléfono móvil representa un cambio sustancial en su calidad de vida.
Este proyecto no solo proporciona energía limpia y asequible, sino que también rompe estereotipos en un sector históricamente masculinizado. Las mujeres capacitadas se convierten en agentes de cambio y generan ingresos al ofrecer servicios técnicos en sus comunidades.
El programa demuestra cómo las soluciones basadas en liderazgo femenino pueden reducir la pobreza energética en México, fortaleciendo al mismo tiempo la cohesión social y el desarrollo económico local.
Una transición energética que no deje a nadie atrás
La Alianza por la Equidad Energética promueve un modelo de transición que prioriza la reducción de desigualdades sociales. Este enfoque busca asegurar que el acceso a tecnologías limpias no quede limitado a sectores privilegiados y llegue a quienes más lo necesitan.
Para lograrlo, se impulsan esquemas de financiamiento flexibles, apoyo técnico y proyectos diseñados con participación activa de las comunidades. De esta forma, se crea un ecosistema donde las soluciones son sostenibles y socialmente responsables.
Struder insiste en que se requieren nuevos valores de colaboración: el Estado, la iniciativa privada y la sociedad civil deben trabajar juntos para resolver problemas estructurales de acceso a energía.
Estas acciones no solo combaten la pobreza energética en México, sino que también generan empleo, impulsan economías locales y fortalecen la resiliencia frente a los retos del cambio climático.
Energía limpia con justicia social
La pobreza energética en México es un desafío que trasciende la mera conexión eléctrica. Resolverlo exige políticas públicas más integrales, proyectos comunitarios sólidos y un compromiso real por parte de todos los sectores para democratizar el acceso a la energía.
La transición energética será justa únicamente si combina innovación tecnológica con inclusión social. Garantizar energía limpia y asequible no es solo un objetivo ambiental: es un paso esencial para mejorar la calidad de vida y construir un futuro equitativo.
El auge de la tecnología ha transformado nuestra vida diaria, pero detrás de cada smartphone, laptop o tableta se esconde un precio poco visible: el costo humano de los dispositivos electrónicos. Desde la extracción de minerales en condiciones peligrosas hasta las largas jornadas en fábricas de ensamblaje, millones de personas soportan riesgos significativos para que podamos disfrutar de la conectividad.
Aunque muchos consumidores desconocen estos procesos, la producción y disposición de dispositivos tiene un impacto directo en la vida de trabajadores y comunidades. Conocer este costo humano es clave para impulsar una cadena de suministro más ética y responsable, donde la innovación tecnológica no se construya sobre la explotación ni el sufrimiento.
Minerales y minería: la primera etapa del costo humano
Gran parte del costo humano de los dispositivos electrónicos se concentra en la extracción de minerales como el coltán, el litio y el cobalto. Países como República Democrática del Congo y Bolivia concentran minas donde los trabajadores enfrentan jornadas extenuantes, falta de protección laboral y riesgo constante de accidentes.
Organizaciones internacionales alertan que muchos de estos trabajadores son menores de edad o carecen de acceso a servicios básicos. Además, la minería artesanal expone a comunidades enteras a enfermedades relacionadas con metales pesados y contaminación del agua.
Aunque empresas tecnológicas han implementado iniciativas de “minerales responsables”, los controles aún son insuficientes para garantizar condiciones de trabajo seguras. Esto evidencia la necesidad de transparencia en la cadena de suministro y responsabilidad corporativa efectiva.
Finalmente, el impacto ambiental y social se traduce en desplazamiento de comunidades y pérdida de biodiversidad, acentuando el costo humano de los dispositivos electrónicos más allá de los propios trabajadores.
Fabricación y ensamblaje: riesgos invisibles
Después de la extracción de minerales, los componentes se ensamblan en fábricas donde los trabajadores enfrentan largas jornadas y presión constante por cumplir objetivos de producción. En países como China, Vietnam y México, se han documentado casos de estrés extremo, accidentes y exposición a químicos peligrosos.
El trabajo en estas plantas suele ser mal remunerado y con escasa seguridad social. La presión por la productividad aumenta la vulnerabilidad de los empleados, quienes a menudo carecen de recursos para denunciar irregularidades.
El consumo masivo de dispositivos genera que millones de personas se involucren en esta cadena de manera indirecta, sin que se visibilice el costo humano de los dispositivos electrónicos en cada etapa.
Por ello, expertos en responsabilidad social recomiendan que las empresas adopten auditorías periódicas y programas de bienestar para proteger a sus trabajadores, así como certificaciones que garanticen estándares laborales adecuados.
Desecho y reciclaje: otra cara del costo humano
El ciclo de vida de los dispositivos electrónicos no termina con su uso; el desecho plantea riesgos adicionales. En muchos países, los residuos electrónicos se procesan en condiciones peligrosas, exponiendo a trabajadores y comunidades a metales tóxicos y sustancias químicas.
Niños y adultos en talleres informales manipulan cables, placas y baterías sin protección, sufriendo enfermedades respiratorias, intoxicaciones y efectos neurológicos. Este escenario representa una extensión invisible del costo humano de los dispositivos electrónicos.
Aunque existen programas de reciclaje responsable, la mayoría de los e-waste termina en vertederos no regulados, lo que multiplica los riesgos. La concienciación del consumidor y la responsabilidad corporativa son esenciales para mitigar estos impactos.
Además, la economía circular se presenta como una oportunidad para reducir la explotación y contaminación, a través de la reutilización de componentes y la valorización de materiales de manera ética.
Consumidor y responsabilidad ética
El consumo masivo impulsa la producción rápida de dispositivos, pero rara vez incluye la reflexión sobre quién paga el precio humano. Cada compra puede implicar jornadas extenuantes, exposición a químicos peligrosos y comunidades afectadas por la minería o el desecho.
Empresas y consumidores pueden transformar esta dinámica adoptando estándares éticos, certificaciones de comercio justo y programas de recompra o reciclaje responsable. Esto no solo protege vidas, sino que fortalece la reputación corporativa y la sostenibilidad del mercado.
Educación, transparencia y compromiso social son clave para que la industria tecnológica reduzca su impacto. Comprender el costo humano de los dispositivos electrónicos permite que la innovación se traduzca en desarrollo humano, y no solo en beneficios económicos.
Finalmente, al conocer la historia detrás de cada dispositivo, los consumidores pueden tomar decisiones informadas que fomenten cadenas de suministro más seguras y justas.
El precio que no se ve
El costo humano de los dispositivos electrónicos es un desafío silencioso pero crítico: afecta a millones de trabajadores, comunidades y al medio ambiente. Desde la extracción de minerales hasta el desecho de dispositivos, cada etapa revela vulnerabilidad, riesgo y desigualdad.
Abordar este problema requiere un compromiso compartido entre empresas, gobiernos y consumidores. Solo con transparencia, regulación efectiva y conciencia social será posible que la tecnología no solo conecte al mundo, sino que también respete la vida y dignidad de quienes la hacen posible.
Cuidar la salud integral de los colaboradores no es únicamente una estrategia empresarial para mejorar el rendimiento, sino una manera de aportar al bienestar personal y familiar de quienes sostienen la operación diaria. Una persona saludable no sólo realiza mejor sus funciones, también se siente más motivada y, lo que es aún más importante, cuenta con una mayor calidad de vida.
Por todo ello, invertir en salud es también invertir en productividad. Las empresas que priorizan la prevención y el acceso a servicios médicos logran contar con equipos más enfocados y resilientes, a la par que logran retener talento, ya que las personas desean quedarse en lugares donde perciben que su bienestar es importante.
En ODESSA, compañía experta en servicios financieros como cajas de ahorro, fondos de pensiones y seguros, esta visión está más viva que nunca. Su compromiso ha trascendido las finanzas saludables, pues, ahora, también busca impactar en la salud física y mental de sus colaboradores y clientes mediante el lanzamiento de una plataforma médica que democratiza el acceso a la salud digna y de calidad.
ODESSA impulsa la salud integral de los colaboradores
ODESSA entiende que la productividad y el bienestar se potencian cuando las personas tienen cubiertas sus necesidades más esenciales y es por eso que, desde sus inicios, la empresa ha impulsado herramientas para mejorar la salud financiera de sus clientes y empleados, ayudándoles a cumplir metas y construir estabilidad económica.
Sin embargo, la compañía sabe que el bienestar no se limita al plano económico, sino que debe abarcar cada aspecto de la vida, entre ellos, la salud, ya que un colaborador saludable, física y mentalmente, vive con mayor plenitud y aporta más a la organización.
Consciente de ello, ODESSA decidió invertir en un proyecto disruptivo: Famedic, una plataforma de salud diseñada para acercar a las personas los servicios médicos de calidad a precios accesibles. Aunque esta iniciativa fue pensada, inicialmente, para sus colaboradores, la iniciativa evolucionó para beneficiar también a clientes y público en general, tal como lo cuenta Leobardo Lozano, jefe de relaciones corporativas en ODESSA:
“Famedic empezó enfocado en los colaboradores y en las empresas a las que les brindamos el servicio de caja de ahorro de trabajadores. Sin embargo, ya en el camino y en el espíritu de nuestra alta dirección lo hemos abierto para poder ofrecerlo a otras empresas e, inclusive, al público en general. Hoy en día ya están corriendo publicaciones dentro de las redes sociales de Famedi en donde invitamos a la comunidad en general a conocer los beneficios que hoy tenemos”.
Famedic: la plataforma que está transformando el acceso a la salud
Famedic actúa como un recurso que concentra en un solo portal diversos beneficios, que van desde teleconsultas médicas 24/7, asesoría psicológica y nutricional ilimitada, hasta descuentos en laboratorios y farmacias, todo esto mediante membresías familiares desde $25 pesos al mes, o $300 pesos anuales, las cuales incluyen al cónyuge e hijos menores de 24 años.
Además, este modelo ofrece una alternativa segura y de calidad para las personas frente a la saturación del sistema de salud público, tal como explica Lozano:
“Hemos establecido alianzas que nos han permitido lograr tarifas que van entre un 40 o 50% por debajo de lo que cualquier colaborador gastaría directamente en un laboratorio y contamos con un servicio de farmacia en línea donde se manejan medicamentos de patente y genéricos para que el usuario pueda tomar una decisión en base a toda la oferta que existe dentro del portal y cuidar su economía, mientras cuida su salud sin sacrificar la calidad”.
Los beneficios que esta plataforma pone al alcance de sus usuarios son amplios:
Teleconsultas y acceso ilimitado a médicos generales
Descuentos en consultas con especialistas
Emisión de recetas electrónicas
Asesoría legal y psicológica
Servicio de farmacia en línea que entrega a domicilio en toda la República
Estudios de laboratorio y check-ups preventivos con convenios exclusivos.
Por si fuera poco, Famedic no solo resuelve emergencias, sino que fomenta la prevención y la adquisición de hábitos saludables mediante la organización de webinars abiertos a colaboradores, clientes y público en general, mismos que ofrecen información sobre nutrición, salud mental y consumo responsable, fortaleciendo así la cultura del autocuidado. Todo ello, refuerza el compromiso de la compañía con impulsar el bienestar de las familias mexicanas y ofrecer alternativas ya no solo financieras, sino, ahora también, médicas que permitan a todos acceder a este tipo de servicios:
“Tenemos que generar herramientas que faciliten al colaborador encontrar servicios de salud cuando los necesite, porque la enfermedad no avisa. Además, esta es otra manera de combatir la cultura de la automedicación, que se ha propagado tanto”.
Leobardo Lozano, jefe de relaciones corporativas en ODESSA.
Aunque el portal ya cuenta con un ecosistema que aporta grandes beneficios a los usuarios en tan solo algunos pasos, la compañía, acorde con su visión de constante mejora, planea incorporar más funcionalidades en un futuro cercano, tales como el uso de inteligencia artificial para asistencia personalizada vía WhatsApp y otras innovaciones que consoliden a Famedic como un hub integral de salud accesible, confiable y práctico.
El impacto en colaboradores, clientes y comunidad
El lanzamiento de Famedic es una prueba sólida del compromiso socialmente responsable de ODESSA. Sin duda, la compañía entiende que promover la salud integral de los colaboradores genera entornos laborales más sanos y productivos, pero, además, responde a una necesidad creciente de ofrecer alternativas de salud de calidad y valor agregado para ellos:
“Ofrecer este tipo de servicios de salud no es solo una decisión estratégica, también es una decisión moral. Entonces yo les diría a las empresas que hay alternativas como esta para que su gente tenga acceso a la salud y que estos beneficios se convierten en valores agregados que tendrán que tener las compañías no solamente porque lidian con todo este tema de las carencias en el sistema de salud pública, sino también porque tienen que lidiar con el choque generacional, satisfacer lo que los jóvenes necesitan y ellos son cada vez más más digitales”.
Famedic es una iniciativa que surge de un compromiso corporativo con el bienestar y que fortalece la lealtad de los colaboradores y la satisfacción de los clientes, al mismo tiempo que abre la puerta a que cualquier persona acceda a servicios médicos de calidad. Con ello, ODESSA amplía su alcance y consolida su papel como agente de cambio social.
Al extender el servicio al público en general, ODESSA asume un liderazgo social que va más allá de lo económico, impactando en la vida de miles de familias mexicanas. “Queremos ser un aliado real en la salud de las personas, no solo en sus finanzas”, enfatiza Lozano.
Salud y bienestar, una apuesta que transforma
La iniciativa Famedic de ODESSA demuestra que invertir en la salud integral de los colaboradores y en la comunidad no solo es una tendencia, es una necesidad. Apostar por la salud es apostar por la calidad de vida y la productividad..
Al ofrecer servicios médicos accesibles y de calidad, la compañía reafirma su compromiso con el bienestar de quienes la conforman y con la sociedad en general. Este proyecto, nacido del cuidado interno, hoy trasciende fronteras y marca una pauta en materia responsabilidad social empresarial.
Con Famedic, ODESSA confirma que las empresas pueden ser catalizadoras de un cambio positivo, pues al impulsar la salud, contribuye al desarrollo humano y a elevar la calidad de vida de las familias mexicanas y, con ello, el estándar de lo que significa ser una organización responsable.
En un contexto de transformación acelerada, impulsado por la inteligencia artificial (IA), Experis presenta su más reciente reporte “Construyendo y Sosteniendo una Carrera Significativa en la Era de la IA”, que analiza cómo las organizaciones y los profesionales están adaptándose a esta nueva realidad, y cuáles son las claves para construir carreras duraderas en la era digital.
El estudio, basado en datos del Estudio de Expectativas de Empleo 2025 de ManpowerGroup y del informe CIO Outlook de Experis, ofrece una visión integral sobre la percepción de la IA en el mundo del trabajo, las oportunidades de reconversión profesional y las estrategias más efectivas para aprovechar el potencial humano en conjunto con la tecnología.
“La inteligencia artificial no es una amenaza, sino una aliada estratégica para las personas y las organizaciones. La clave está en desarrollar carreras resilientes que combinen capacidades humanas con el uso inteligente de la tecnología”, afirmó Tania Arita, directora de Reclutamiento de ManpowerGroup
IA en el lugar de trabajo: entre la percepción y la realidad
Según el informe, el 53% de los empleadores ya utilizan herramientas de IA para procesos de reclutamiento y selección, y el 85% acepta que los candidatos recurran a IA en sus postulaciones. Sin embargo, solo el 10% de los CIOs y líderes tecnológicos afirma haber integrado completamente estas tecnologías en sus operaciones.
“Estamos frente a una brecha entre lo que se espera de la IA y lo que efectivamente se está aplicando. Esto representa una gran oportunidad para que los profesionales lideren desde sus roles, proponiendo soluciones basadas en IA que impulsen eficiencia y valor agregado”, explicó Tania Arita.
Las habilidades humanas siguen siendo insustituibles
Lejos de desplazar a las personas, la IA está reconfigurando los roles y destacando aquellas competencias que no pueden ser replicadas tecnológicamente. El estudio identifica cinco habilidades críticas que los empleadores consideran esenciales y no reemplazables por IA:
Juicio ético (33%)
Atención personalizada al cliente (31%)
Gestión de equipos (30%)
Comunicación efectiva (27%)
Pensamiento estratégico (27%)
“Los profesionales que marcan la diferencia son aquellos que entienden cómo colaborar con la IA sin perder de vista el componente humano. El juicio, la empatía y la creatividad seguirán siendo diferenciales clave en el mercado laboral del futuro”, añadió la directora de reclutamiento de ManpowerGroup.
La confianza de los empleados en su propia capacidad es alta, pero aún hay desafíos
El informe destaca que el 87% de los trabajadores confía moderada o altamente en su capacidad para desempeñar sus funciones, y el 78% considera contar con la tecnología adecuada. Sin embargo, quienes poseen menor alfabetización digital muestran mayor resistencia y ansiedad ante la adopción de IA, lo que subraya la necesidad de impulsar la capacitación continua.
Cinco acciones para construir una carrera resiliente
El informe propone un plan de acción concreto para los profesionales que buscan fortalecer su empleabilidad y crecimiento en esta nueva era:
Desarrollar habilidades técnicas, blandas, institucionales, tecnológicas y de mentalidad de crecimiento.
Entender cómo se aplica la IA en el propio entorno laboral.
Investigar casos de uso en su industria.
Capacitarse en habilidades emergentes, como ingeniería de prompts.
Proponer pilotos con IA para demostrar impacto tangible.
El rol de las organizaciones: acompañar y potenciar
El estudio concluye con un llamado a las empresas a asumir un rol activo en la transformación digital de su fuerza laboral:
Implementar IA como herramienta de apoyo, no de reemplazo.
Invertir en formación práctica y continua.
Asegurar supervisión humana en toda adopción tecnológica.
Priorizar la integración tecnológica interna antes de escalar.
“Las compañías que deseen mantenerse competitivas deberán enfocarse en empoderar a sus talentos, combinando innovación tecnológica con desarrollo humano. Solo así podrán construir equipos resilientes, preparados para un futuro que ya llegó”, concluyó Tania Arita.
Fieles a la filosofía de “Pensar Global y Actuar Local”, Toyota México y su red de distribuidores continúan impulsando acciones que generan impacto positivo en las comunidades donde tienen presencia.
En esta ocasión, Toyota Coacalco realizó la entrega de una Toyota Hilux doble cabina al corporativo de Teletón en el CRIT Estado de México, unidad que facilitará la movilidad del equipo médico y de rehabilitación, acercándolo a las niñas, niños y sus familias en todo el estado.
Desde 2015, Toyota México ha otorgado más de 100 vehículos a los CRIT en todo el país, contribuyendo al fortalecimiento de sus operaciones y al bienestar de miles de niñas, niños y adolescentes con discapacidad, autismo o cáncer.
“En Fundación Toyota de México, celebramos con orgullo 10 años de alianza con Fundación Teletón, una colaboración que refleja el compromiso con la niñez de México. Gracias al trabajo conjunto con nuestra red de distribuidores, hemos donado más de 100 vehículos a CRITs en todo el país. Hoy, con la entrega al corporativo de Teletón, reafirmamos que la movilidad puede transformar vidas”, señaló Gerardo Romero, vicepresidente de operaciones de Toyota Motor Sales de México.
Durante diez años consecutivos, Toyota ha sido un aliado estratégico de Teletón, apoyando no solo con donaciones de vehículos, sino también con diversas acciones de impacto social, alineadas con su visión de contribuir a una sociedad más inclusiva y justa. A lo largo de este tiempo, más de 1,600 niñas y niños se han beneficiado del programa, de los cuales 158 recibieron apoyo durante 2024, fortaleciendo el compromiso continuo de Toyota con la inclusión y el bienestar de las comunidades.
“Este donativo es muestra de nuestro compromiso con el desarrollo de la comunidad. Nos enorgullece contribuir a una causa que genera un impacto real en la vida de niñas, niños y sus familias en el Estado de México”, afirmó Edgar Francisco Díaz, director de marca de Toyota Coacalco.
Fundación Teletón, con más de 25 años de historia, ha rehabilitado a miles de niñas y niños en todo México. El lema de este año, “Teletón lo Cambia Todo”, invita a toda la sociedad a sumarse y a hacer posible un país con más oportunidades para la niñez.