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Perspectivas del sector eléctrico mexicano para 2026

Tras la publicación del nuevo Reglamento de la Ley del Sector Eléctrico el pasado 3 de octubre y las regulaciones que desde entonces ha emitido la autoridad federal en materia eléctrica, se concretan cambios en este nuevo sector, como la prevalencia del gobierno en la generación eléctrica, la planeación de la generación y un incremento en el rol de la CFE.

A pesar de las posibles limitaciones para la inversión privada, el sector presenta un enfoque de oportunidades. La supervisión estatal se alinea con el impulso a la transición energética, el desarrollo económico y la accesibilidad de la electricidad para toda la población.

Al respecto, Valeria Amezcua, Maestra en Energía y Sustentabilidad y socia fundadora de la consultora Regenerative, y Lilia Alonzo, Maestra y abogada experta en sector eléctrico y socia fundadora de Áurea Partners, analizan los puntos clave del nuevo marco:

Las nuevas Convocatorias que emita el gobierno al menos cada año, permitirán al sector privado acceder a una tramitación ágil y con mayor certeza, ya que desarrollarán ‘Proyectos Estratégicos’ para el país”, señala Alonzo, “los interesados en instalar centrales eléctricas pueden presentar sus proyectos desde hoy para ser considerados en la planeación vinculante y que la SENER pueda evaluar su pertinencia bajo el estado actual de la oferta y demanda”.

La nueva regulación emitida en materia de otorgamiento de permisos de generación, aporta mayor claridad sobre las condiciones para solicitar ya un permiso de generación en modalidad de autoconsumo, complementa Alonzo:

“Ya comenzó su proceso de consulta pública la regulación específica para el Autoconsumo, con lo que se completa el marco regulatorio  necesario para el impulso del Autoconsumo.”

sector eléctrico

Este nuevo marco entra en vigor a pesar de que hay elementos pendientes. “El reglamento ya entró en vigor, y ya se emitieron algunas regulaciones como la relacionada con la planeación vinculante, permisos y la de impacto social”, advierte Valeria Amezcua. “Pero aún hay al menos 20 regulaciones que son necesarias para aclarar las reglas del juego en temas tan importantes como generación distribuida, almacenamiento, demanda controlable y electromovilidad”.

Las empresas del sector deben considerar los nuevos ajustes, ya que varias inversiones previamente detenidas están siendo reactivadas. La inversión privada busca contribuir al sector eléctrico en México y ampliar la capacidad de generación para cubrir la demanda de industrias, comercios y la sociedad en general. Además, el aumento de planes de transición y eficiencia energética en gobiernos municipales y estatales sugiere que las nuevas reglas facilitan su implementación.

“El 2026 se proyecta como un año de mucho movimiento, una ola de nuevas reglas en el sector eléctrico, acompañadas de inversiones públicas y privadas. Es el momento ideal para que las empresas, gobiernos y organizaciones se anticipen y revisen sus proyectos y planes de inversión, para atender necesidades faltantes como la transición energética y condiciones más eficientes y económicas de adquirir su electricidad”, finalizó Amezcua.

¿Por qué EE. UU. financia la justicia laboral en México con 23 millones de dólares?

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El anuncio de que EE. UU. financiará la justicia laboral en México fue dado a conocer este martes mediante un comunicado oficial del Departamento de Trabajo de Estados Unidos y difundida públicamente por la Embajada estadounidense en México a través de sus canales institucionales. El anuncio formalizó una asignación de 23.4 millones de dólares destinada a reforzar la consolidación del Sistema de Justicia Laboral mexicano, en un momento de creciente atención internacional al cumplimiento de los compromisos laborales del T-MEC.

La medida responde a la preocupación de la administración estadounidense por prácticas laborales en México que, de acuerdo con su diagnóstico, distorsionan la competencia regional al suprimir salarios y otorgar ventajas injustas a determinados actores económicos. En ese contexto, el financiamiento se concibe como una herramienta preventiva y correctiva para asegurar que la reforma laboral mexicana —impulsada desde 2019— se aplique de forma efectiva en sectores estratégicos que compiten directamente con empresas y trabajadores de Estados Unidos.

EE. UU. financia la justicia laboral en México como parte del T-MEC

Que EE. UU. financia la justicia laboral en México no es una decisión improvisada, sino una acción formalizada a través del Departamento de Trabajo estadounidense. En esta ocasión, se asignaron 23.4 millones de dólares para fortalecer la aplicación de la ley laboral mexicana, canalizados mediante dos organizaciones: Partners of the Americas y Creative Associates International.

Del total, 15.4 millones de dólares fueron entregados a Partners of the Americas y 8 millones a Creative Associates International. Ambos proyectos serán administrados por la Oficina de Asuntos Laborales Internacionales (ILAB), con el objetivo explícito de garantizar que el comercio bilateral beneficie a trabajadores y empresas de Estados Unidos.

Según el comunicado oficial, el financiamiento busca combatir prácticas anti-laborales que “suprimen salarios y crean un campo de juego desigual”. En otras palabras, se trata de evitar que empresas se beneficien de una aplicación laxa de la ley laboral en México para reducir costos y obtener ventajas competitivas frente a compañías estadounidenses.

Este enfoque refleja una visión ampliada del comercio internacional, donde los derechos laborales dejan de ser un asunto interno para convertirse en un componente central de la competitividad regional. Así, EE. UU. financia la justicia laboral en México como una herramienta para proteger su propio mercado laboral.

Sectores estratégicos, cumplimiento y control transfronterizo

Uno de los elementos clave del financiamiento es su focalización en sectores prioritarios del T-MEC que compiten directamente con empresas estadounidenses. El Departamento de Trabajo subrayó que una aplicación débil de la ley laboral en estos sectores puede “socavar” el empleo y los salarios en Estados Unidos.

Los proyectos financiados buscan fortalecer la fiscalización, mejorar las capacidades institucionales y empoderar a los trabajadores para denunciar violaciones laborales. Esto incluye el uso del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida del T-MEC, una herramienta inédita que permite activar revisiones directas a empresas específicas sin pasar por procesos estatales largos.

Desde la perspectiva estadounidense, estas acciones corrigen distorsiones de competencia generadas por “malos actores” que incumplen la ley laboral. Desde México, representan una presión constante para consolidar la reforma laboral iniciada en 2019 y asegurar que los nuevos tribunales y centros de conciliación funcionen de manera efectiva.

No es menor que EE. UU. financia la justicia laboral en México mientras refuerza su capacidad de supervisión indirecta. El modelo combina cooperación técnica con mecanismos de control que trascienden las fronteras nacionales y redefinen la gobernanza laboral en América del Norte.

EE. UU. financia la justicia laboral en México

Cooperación, intereses y gobernanza laboral

El hecho de que EE. UU. financia la justicia laboral en México con 23 millones de dólares revela que los derechos laborales se han convertido en un eje estratégico del comercio internacional. La inversión no responde únicamente a una preocupación social, sino a la necesidad de proteger salarios, empleo y competitividad en el mercado estadounidense.

Para México, este financiamiento representa tanto una oportunidad como un desafío. Si bien aporta recursos y capacidades para consolidar su reforma laboral, también implica un escrutinio permanente sobre el cumplimiento de sus compromisos. En un entorno donde la responsabilidad social, la gobernanza y el comercio están cada vez más entrelazados, la justicia laboral se confirma como un terreno clave de disputa y cooperación regional.

Explotar petróleo venezolano: el plan de EE.UU. que amenaza el límite climático de 1,5 °C

La crisis climática se encuentra en un punto crítico en el que cada decisión energética tiene consecuencias globales. En este contexto, la reciente intervención de Estados Unidos en Venezuela y el llamado del expresidente Donald Trump para que empresas estadounidenses inviertan masivamente en la industria petrolera del país sudamericano han encendido las alarmas de la comunidad climática internacional. Más allá de las implicaciones geopolíticas, el debate se centra en el impacto ambiental que tendría reactivar y expandir una de las reservas de crudo más grandes —y más contaminantes— del mundo.

Un análisis realizado para The Guardian por ClimatePartner advierte que explotar petróleo venezolano no es una decisión neutral desde el punto de vista climático. Por el contrario, podría consumir una porción significativa del presupuesto de carbono restante del planeta, poniendo en jaque el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5 °C. 

El análisis de ClimatePartner: datos que encienden las alertas

El estudio elaborado por ClimatePartner modeló un escenario de crecimiento progresivo de la producción petrolera venezolana impulsado por la inversión estadounidense. En concreto, se analizó un aumento de la producción de +0,5 millones de barriles diarios para 2028, escalando hasta +1,58 millones de barriles por día entre 2035 y 2050. Aunque estas cifras estarían aún por debajo del pico histórico de 3,5 millones de barriles diarios alcanzado en la década de 1990, su impacto climático sería descomunal.

De acuerdo con el análisis, un escenario de este tipo consumiría gran parte del presupuesto global de carbono restante necesario para mantener el calentamiento por debajo de 1,5 °C. Hollie Parry, analista sénior de ClimatePartner, fue contundente al respecto:

“La decisión de aumentar la producción de uno de los crudos con mayor intensidad de carbono del mundo a niveles históricos consumiría aproximadamente el 13 % del presupuesto global de carbono restante“.

https://twitter.com/Juan_OrtizMX/status/2007505509163679976?s=20

Este dato es particularmente alarmante si se considera que se trata de la expansión de un solo país productor. ClimatePartner subraya que explotar petróleo venezolano a esta escala equivaldría a casi una década de emisiones de toda la Unión Europea concentradas en una única decisión de política energética.

En un momento en el que la ciencia climática exige reducciones rápidas y sostenidas de emisiones, este escenario consolidaría décadas adicionales de dependencia a los combustibles fósiles.

Un crudo extremo en un mundo con presupuestos de carbono limitados

Uno de los factores que agrava el impacto de explotar petróleo venezolano es la naturaleza del propio recurso. El crudo del país, particularmente el extraído de la Faja del Orinoco, es clasificado como pesado y ácido, con una consistencia densa y un alto contenido de azufre. Estas características hacen que su extracción y procesamiento requieran enormes cantidades de energía, elevando de forma significativa su huella de carbono.

Un estudio de S&P Global Platts Analytics concluyó que los yacimientos de la Faja del Orinoco presentan, con diferencia, la mayor intensidad de carbono entre las principales regiones petroleras del mundo. Para dimensionar el problema, la intensidad de carbono del crudo venezolano alcanza los 1.460 kg de CO₂e por barril de petróleo equivalente, frente a los apenas 1,6 kg de CO₂e/bpe del crudo producido en el campo Johan Sverdrup de Noruega. La diferencia es tan extrema que el propio informe califica el caso venezolano como “incompatible” con un escenario de presupuestos de carbono ajustados.

Desde una perspectiva de responsabilidad social, este dato cuestiona cualquier narrativa que intente justificar la expansión petrolera como una transición ordenada. Explotar petróleo venezolano implica apostar por uno de los combustibles más intensivos en carbono del planeta justo cuando la ventana para actuar se está cerrando rápidamente.

explotar petróleo venezolano

Implicaciones climáticas, éticas y de gobernanza global

Más allá de las cifras, la propuesta de reactivar masivamente la industria petrolera venezolana plantea interrogantes profundos sobre coherencia climática y gobernanza internacional. Mientras muchos países refuerzan sus compromisos de reducción de emisiones y transición energética, impulsar una expansión fósil de esta magnitud envía una señal contradictoria a los mercados, a los inversionistas y a la sociedad civil.

Organizaciones ambientalistas han calificado la estrategia como imprudente y peligrosa. Mads Christensen, director ejecutivo de Greenpeace Internacional, advirtió:

 “El único camino seguro hacia adelante es una transición justa que nos aleje de los combustibles fósiles, que proteja la salud, salvaguarde los ecosistemas y apoye a las comunidades en lugar de sacrificarlas por ganancias a corto plazo”

Desde esta óptica, explotar petróleo venezolano no solo amenaza el límite climático de 1,5 °C, sino que también profundiza las desigualdades y los riesgos asociados a un modelo energético obsoleto.

Para las empresas que operan bajo criterios ESG, involucrarse en proyectos de este tipo también conlleva riesgos reputacionales y financieros. En un entorno donde inversionistas y reguladores exigen alineación con los objetivos climáticos, apostar por uno de los crudos más contaminantes del mundo puede convertirse en un pasivo difícil de justificar a largo plazo.

explotar petróleo venezolano

Una decisión que pone a prueba los compromisos climáticos

Explotar petróleo venezolano representa mucho más que una oportunidad energética o económica para Estados Unidos: significa un desafío a los compromisos climáticos globales y las decisiones geopolíticas reales. Los datos de ClimatePartner muestran con claridad que esta expansión consumiría una fracción desproporcionada del presupuesto de carbono restante, acercando peligrosamente al planeta a un escenario de calentamiento irreversible.

Para quienes trabajan en responsabilidad social y sostenibilidad, este caso subraya una lección incómoda pero necesaria: no todas las reservas fósiles pueden ni deben ser explotadas. En un mundo que necesita limitar el calentamiento a 1,5 °C, insistir en crudos de intensidad extrema no solo es ambientalmente inviable, sino éticamente cuestionable. La transición energética exige decisiones difíciles, y este plan pone en evidencia cuán lejos aún estamos de asumirlas plenamente.

¿Alarma exagerada? Científicos cuestionan el hallazgo de microplásticos en el cuerpo humano

Durante los últimos años, las investigaciones sobre microplásticos han captado la atención de la comunidad científica, los responsables de políticas públicas y los medios de comunicación internacionales. Estudios de alto perfil han afirmado detectar microplásticos y nanoplásticos en órganos humanos como el cerebro, la sangre, la placenta, los testículos y las arterias, generando preocupación por sus posibles impactos en la salud. Sin embargo, a medida que el volumen de publicaciones aumenta, también lo hacen las dudas sobre la solidez metodológica de muchos de estos hallazgos.

Si bien nadie cuestiona que la contaminación plástica es omnipresente —la producción de plástico se ha multiplicado por 200 desde la década de 1950 y menos del 10 % se recicla—, lo que hoy se debate es la calidad de la evidencia que sustenta algunas conclusiones alarmantes. Según información de The Guardian, científicos especializados en química analítica han advertido que varias investigaciones sobre microplásticos podrían estar reportando falsos positivos, lo que plantea riesgos tanto para la credibilidad científica como para el diseño de regulaciones basadas en evidencia débil.

Investigaciones sobre microplásticos bajo la lupa científica

Las investigaciones sobre microplásticos en tejidos humanos enfrentan un desafío central: la detección de partículas extremadamente pequeñas se encuentra al límite de las capacidades analíticas actuales. Técnicas como la pirólisis acoplada a cromatografía de gases y espectrometría de masas (Py-GC-MS) se utilizan ampliamente, pero presentan limitaciones importantes cuando se aplican a muestras biológicas complejas.

Un análisis reciente identificó al menos 18 estudios que no consideraron adecuadamente que ciertos tejidos humanos, especialmente los ricos en grasa, pueden generar señales químicas fácilmente confundibles con plásticos comunes. Esto es especialmente relevante en órganos como el cerebro, que contiene aproximadamente un 60 % de lípidos, lo que incrementa el riesgo de falsos positivos en los resultados.

El caso más emblemático fue un estudio que afirmaba que los niveles de microplásticos en el cerebro humano habían aumentado de forma acelerada entre 1997 y 2024. Aunque el artículo fue publicado en una revista de alto impacto, posteriormente recibió una carta de “Asuntos pendientes” señalando “controles de contaminación limitados y falta de pasos de validación”, lo que podría afectar la fiabilidad de las concentraciones reportadas.

investigaciones sobre microplásticos

El químico ambiental Dušan Materić, del Centro Helmholtz de Investigación Ambiental, fue contundente al respecto: “Se sabe que la grasa produce falsos positivos en la prueba del polietileno. El cerebro es mayoritariamente grasa”. Para él, más de la mitad de los artículos de alto impacto que reportan microplásticos en tejidos biológicos presentan serias dudas metodológicas.

Argumentos a favor y en contra: entre la alarma y la cautela

Quienes defienden estas investigaciones sobre microplásticos argumentan que el campo se encuentra en una fase temprana de desarrollo y que no existe aún un “manual” estandarizado para medir partículas tan pequeñas en el cuerpo humano. El profesor Matthew Campen, autor principal de varios estudios cuestionados, sostuvo que muchas críticas “son conjeturales y no están respaldadas por datos reales”, y reconoció que el objetivo es mejorar continuamente los métodos disponibles.

Desde esta perspectiva, los estudios pioneros cumplen una función exploratoria fundamental: poner el tema sobre la mesa y acelerar el desarrollo de mejores técnicas analíticas. Además, publicaciones como The Lancet han advertido que los plásticos representan un “peligro grave, creciente y poco reconocido” para la salud humana, considerando todo su ciclo de vida, desde la extracción de combustibles fósiles hasta su eliminación.

En contraste, los críticos señalan que publicar resultados poco robustos puede generar alarmismo injustificado. Cassandra Rauert, química ambiental de la Universidad de Queensland, afirmó que “muchas de las concentraciones de microplásticos que se informan son completamente irreales” y subrayó que no es biológicamente plausible que grandes partículas de entre 3 y 30 micrómetros atraviesen barreras biológicas y se acumulen en órganos vitales.

investigaciones sobre microplásticos

Además, existe el riesgo de que evidencia errónea derive en políticas públicas mal diseñadas. Regulaciones basadas en datos débiles no solo pueden ser ineficaces, sino que también pueden ser utilizadas por los grupos de presión de la industria del plástico para desacreditar preocupaciones legítimas sobre la contaminación ambiental y sus impactos reales.

Riesgos regulatorios y efectos colaterales de la evidencia científica débil

La publicación de estudios metodológicamente débiles puede erosionar la confianza en la ciencia y alimentar narrativas negacionistas. Roger Kuhlman, exquímico de Dow Chemical, calificó esta situación como “una bomba”, al obligar a reevaluar “todo lo que creemos saber sobre los microplásticos en el cuerpo, que al parecer no es mucho”.

Desde el ámbito regulatorio, la falta de estándares específicos para el análisis de microplásticos y nanoplásticos complica la toma de decisiones. A diferencia de otros contaminantes, aún no existen guías ampliamente aceptadas que establezcan controles de calidad mínimos, blancos analíticos obligatorios o validaciones cruzadas entre técnicas.

No obstante, hay señales positivas. Expertos como Frederic Béen, de la Vrije Universiteit Amsterdam, destacan que el uso de múltiples técnicas analíticas está mejorando rápidamente y que cada vez se reduce la incertidumbre sobre la presencia de microplásticos. El verdadero reto, subrayan, es determinar con precisión cuántos hay y qué implicaciones reales tienen para la salud humana.

investigaciones sobre microplásticos

Rigor científico antes que titulares

El debate en torno a las investigaciones sobre microplásticos revela una tensión clave entre la urgencia de comprender un problema emergente y la necesidad de mantener los estándares científicos más altos. Si bien es altamente probable que los seres humanos estén expuestos a microplásticos de forma cotidiana, la evidencia actual sobre su distribución y concentración en el cuerpo sigue siendo limitada y, en algunos casos, poco fiable.

Para la comunidad científica, las empresas y los responsables de políticas públicas, el camino a seguir exige mayor colaboración, transparencia metodológica y cautela en la comunicación de resultados. Como advirtieron varios expertos, generar alarma sin datos sólidos no solo es irresponsable, sino que puede socavar los esfuerzos reales por reducir la contaminación plástica. En un contexto donde la producción de plástico sigue en aumento, avanzar con rigor y evidencia robusta es tan importante como actuar con urgencia.

¿Qué es la educación no formal y por qué se continúa subestimando?

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En un mundo marcado por la transformación tecnológica acelerada, la crisis de los sistemas educativos tradicionales y la urgencia de cerrar brechas sociales, la forma en la que aprendemos está cambiando más rápido que las instituciones que históricamente han definido la educación. Hoy, el aprendizaje ocurre fuera del aula, más allá de los planes de estudio oficiales y sin necesariamente otorgar títulos reconocidos por el Estado, aunque con impactos tangibles en la vida de las personas.

En este contexto, la pregunta sobre qué es la educación no formal cobra especial relevancia. A pesar de su papel clave en el desarrollo de habilidades, la inclusión social y la empleabilidad, este tipo de educación sigue siendo subestimado, invisibilizado o considerado complementario. Entender su valor no solo es un ejercicio académico, sino una necesidad en un mundo cambiante y que necesita cerrar brechas sociales.

¿Qué es la educación no formal y en qué se diferencia de la educación formal?

Para comprender qué es la educación no formal, es necesario partir de una definición clara: se trata de todas aquellas actividades educativas organizadas, intencionales y sistemáticas que ocurren fuera del sistema educativo formal y que no conducen, necesariamente, a un título oficial. Sin embargo, esto no significa que carezcan de estructura, objetivos o impacto.

A diferencia de la educación formal —regulada por el Estado, con planes de estudio obligatorios, evaluaciones estandarizadas y certificaciones oficiales—, la educación no formal se caracteriza por su flexibilidad. Sus contenidos se adaptan a contextos específicos, necesidades locales y perfiles diversos, lo que le permite responder con mayor rapidez a los cambios sociales, económicos y tecnológicos.

Mientras la educación formal suele centrarse en trayectorias largas y homogéneas, la educación no formal privilegia el aprendizaje práctico, continuo y contextual. Esto la convierte en una herramienta clave para poblaciones que han quedado fuera del sistema tradicional o que requieren actualización constante de conocimientos.

Entre sus principales características destacan:

  • Flexibilidad en contenidos, duración y metodologías.
  • Enfoque práctico y orientado a habilidades específicas.
  • Accesibilidad para distintos grupos etarios y sociales.
  • Vinculación directa con problemáticas reales y territoriales.
  • Evaluación basada en competencias y resultados, no solo en acreditaciones.
qué es la educación no formal

Ejemplos de educación no formal y sus principales ventajas

Para entender de forma concreta qué es la educación no formal, resulta útil observar cómo se manifiesta en la práctica a través de iniciativas muy diversas que responden a necesidades educativas específicas. A continuación, algunos de los ejemplos más representativos de educación no formal:

  • Programas de capacitación laboral y técnica, enfocados en habilidades específicas como oficios, manufactura, logística, tecnologías digitales o servicios, generalmente de corta duración y con orientación práctica.
  • Talleres comunitarios y educativos, dirigidos a niñas, niños, jóvenes o personas adultas, que abordan temas como alfabetización, salud, nutrición, derechos humanos o prevención de violencias.
  • Cursos de formación digital y tecnológica, incluyendo programación básica, uso de herramientas digitales, análisis de datos o ciberseguridad, muchas veces impartidos por organizaciones civiles, empresas o plataformas independientes.
  • Escuelas de liderazgo social y participación ciudadana, orientadas a fortalecer capacidades de incidencia, organización comunitaria y toma de decisiones colectivas.
  • Programas de educación ambiental y para la sostenibilidad, que promueven el cuidado del entorno, el consumo responsable y la adaptación al cambio climático desde un enfoque práctico y territorial.
  • Iniciativas de educación financiera y emprendimiento, enfocadas en la gestión de recursos, ahorro, acceso al crédito y desarrollo de proyectos productivos.
  • Formación en habilidades socioemocionales, como comunicación, trabajo en equipo, resolución de conflictos y pensamiento crítico, competencias cada vez más valoradas en el ámbito laboral.
qué es la educación no formal

Una de las principales ventajas de estos modelos es su flexibilidad, ya que pueden adaptarse rápidamente a cambios en el entorno económico y social. Además, su enfoque práctico facilita la transferencia inmediata del aprendizaje a contextos reales, aumentando su impacto en la empleabilidad y el desarrollo personal.

Asimismo, la educación no formal reduce barreras de acceso al aprendizaje al no exigir trayectorias académicas previas ni largos periodos de estudio. Esta característica la convierte en una herramienta clave para la inclusión social, la formación continua y el fortalecimiento de capacidades en contextos donde la educación formal no logra cubrir todas las necesidades existentes.

¿Por qué se sigue subestimando la educación no formal?

A pesar de su impacto comprobable, la educación no formal sigue siendo una pregunta poco presente en la agenda pública. Una de las principales razones de su subestimación es la centralidad histórica que se ha otorgado a los títulos oficiales como principal indicador de valor educativo, dejando en segundo plano el aprendizaje real y las competencias adquiridas.

Otra causa es la dificultad para medir sus resultados con indicadores tradicionales. Mientras la educación formal se evalúa mediante certificaciones y grados académicos, la educación no formal suele generar impactos cualitativos —empoderamiento, habilidades sociales, resiliencia— que no siempre se reflejan en métricas inmediatas.

También persiste una percepción errónea de informalidad o falta de rigor. En muchos casos, se confunde educación no formal con educación improvisada, cuando en realidad numerosos programas cuentan con metodologías sólidas, facilitadores especializados y procesos de evaluación rigurosos.

Finalmente, la falta de marcos normativos claros y de reconocimiento institucional contribuye a su invisibilización. Aunque organismos internacionales como la UNESCO han destacado su importancia, su integración en políticas públicas sigue siendo fragmentada y desigual entre países.

qué es la educación no formal

El papel de las organizaciones en el reconocimiento de la educación no formal

En un contexto donde las trayectorias educativas son cada vez menos lineales, las organizaciones tienen un papel clave en legitimar y aprovechar la educación no formal como una fuente válida de conocimiento y competencias. Empresas, fundaciones, organizaciones civiles e instituciones públicas influyen directamente en qué tipos de aprendizaje se consideran valiosos cuando definen criterios de contratación, promoción y desarrollo de talento.

Aceptar la educación no formal implica ir más allá del énfasis exclusivo en títulos académicos y comenzar a evaluar habilidades, experiencia práctica y capacidades demostrables. Modelos de contratación basados en competencias, microcredenciales y portafolios de proyectos permiten reconocer aprendizajes adquiridos en programas comunitarios, cursos especializados, formación técnica o iniciativas de aprendizaje autónomo.

Además, las organizaciones pueden actuar como impulsoras activas de este modelo educativo al invertir en programas propios de formación no formal, especialmente en comunidades donde el acceso a la educación formal es limitado. Estas iniciativas no solo fortalecen el capital humano, sino que generan impacto social, reducen brechas de empleabilidad y contribuyen a ecosistemas locales más resilientes.

Finalmente, integrar la educación no formal en las estrategias de responsabilidad social y sostenibilidad envía una señal clara sobre el compromiso organizacional con el aprendizaje a lo largo de la vida. Reconocer este tipo de educación no es solo una decisión operativa, sino una postura ética frente a los desafíos educativos, laborales y sociales del presente.

Cuando la RSE se traduce en Hambre Cero: la contribución de Corporativo Kosmos

La falta de alimento es una de las realidades más duras que viven millones de personas alrededor del mundo. No se trata únicamente de la ausencia de comida en la mesa, sino también de cómo la falta de acceso a este derecho tiene impactos profundos en la salud, el desarrollo, la educación y las oportunidades de vida de quienes la padecen. El hambre limita el potencial de las personas desde la infancia y perpetúa ciclos de pobreza y exclusión que resultan difíciles de romper.

De acuerdo con El Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo 2025 (SOFI 2025), durante 2024 alrededor de 673 millones de personas pasaron hambre, un dato que debe recordarnos la urgencia de seguir implementando acciones decididas que nos permitan avanzar hacia el cumplimiento del ODS 2: el Hambre Cero, un compromiso global que no admite retrocesos, ni dilaciones y en el que la participación del sector privado resulta primordial debido a su potencial de impulsar cambios positivos desde sus acciones de responsabilidad social.

Así lo ha demostrado Corporativo Kosmos, el conglomerado de empresas de servicios de alimentación más grande de México, que se ha consolidado como un referente en materia gracias a las acciones que impulsa su brazo social, la Fundación Pablo Landsmanas (FPL), las cuales están contribuyendo a que más personas puedan alcanzar la seguridad alimentaria en nuestro país.

cumplimiento del ODS 2

Avanzar hacia el Hambre Cero: la estrategia de desarrollo y bienestar de Corporativo Kosmos

El hambre es una consecuencia de la pobreza y, al mismo tiempo, una de sus causas más profundas. Garantizar que todas las personas puedan ejercer su derecho a una alimentación suficiente, nutritiva y de calidad, es un paso esencial para reducir desigualdades estructurales y crear condiciones que permitan a niñas, niños y adultos desarrollarse y participar activamente en la vida social y económica.

Consciente del papel central que desempeña la alimentación en el bienestar de las personas, Corporativo Kosmos se ha enfocado en impulsar la alimentación saludable de personas en situación de vulnerabilidad, con especial énfasis en las infancias. Esta visión se materializa a través de su Fundación Pablo Landsmanas, que ha hecho de las alianzas estratégicas un pilar de su actuación.

Con la convicción de que el trabajo colaborativo permite generar impactos más profundos y llegar a más personas, la fundación ha construido sinergias con diversas organizaciones sociales para fortalecer sus programas de apoyo alimentario. Tan solo durante 2025, estas colaboraciones permitieron apoyar de manera directa la alimentación de diversos grupos en situaciones vulnerables, entre los cuales se encuentran los que se presentan a continuación.

5 grupos que recibieron el apoyo alimenticio de Corporativo Kosmos

1. Niñez en contextos de riesgo o desintegración familiar

Desde hace años, Corporativo Kosmos y la Fundación Pablo Landsmanas mantienen una colaboración constante con Casa Hogar Santa Inés, una institución dirigida por las Hermanas Franciscanas que atiende a niñas de entre 3 y 12 años en contextos de riesgo, desnutrición o desintegración familiar. Esta alianza responde a la necesidad de brindar condiciones básicas de bienestar a menores que enfrentan realidades adversas desde edades tempranas.

Por ello, la FPL entrega insumos alimentarios cada quince días para contribuir a cubrir las necesidades nutrimentales de las niñas atendidas por la casa hogar. Este apoyo es fundamental, ya que una alimentación suficiente y saludable incide directamente en su desarrollo físico, emocional y educativo, ayudando a reducir desigualdades desde la infancia y a sentar bases más sólidas para su futuro.

2. Personas con dificultades económicas

La Fundación Pablo Landsmanas se ha aliado con el banco de alimentos AMA (Alimentos de México a Compartir, A.C.), una organización dedicada al rescate de alimentos no comercializables pero aptos para el consumo, provenientes de empresas, centrales de abasto y supermercados. Esta colaboración permite canalizar alimentos hacia comunidades con altos niveles de marginación social.

Gracias a esta alianza, se han distribuido más de 990 toneladas de alimentos a nivel nacional, beneficiando a miles de personas en situación de vulnerabilidad. Además de combatir el hambre, esta acción contribuye a reducir el desperdicio de alimentos en la cadena de suministro, generando un impacto social y ambiental positivo que fortalece la lucha contra las desigualdades alimentarias.

3. Niñez con enfermedades renales

Como parte de su compromiso con la niñez vulnerable, Corporativo Kosmos y la FPL colaboraron con DAR, organización dedicada a brindar momentos de esperanza y alegría a menores con enfermedades graves. Las organizaciones prepararon un evento diseñado para que las niñas y niños con insuficiencia renal atendidos en el Hospital Infantil Federico Gómez y sus familias pudieran vivir un momento de diversión y esparcimiento.

Además, la Fundación Pablo Landsmanas donó despensas a las familias de los menores, un apoyo que no solo alivia la carga económica de los hogares, sino que asegura el acceso de los infantes a alimentos saludables, los cuales resultan esenciales para que respondan de manera positiva a los tratamientos.

4. Menores con padres privados de la libertad

Desde hace ya varios años, Corporativo Kosmos dona los alimentos necesarios para cubrir las necesidades de los menores acogidos por FUNFAI, una organización que trabaja para mejorar la calidad de vida de los hijos e hijas de personas privadas de la libertad.

Este apoyo garantiza una nutrición adecuada, indispensable para su desarrollo, y se complementa con acciones de acompañamiento emocional que fortalecen su bienestar integral y reducen brechas de desigualdad, como lo fue la visita de Jack Landsmanas, director general de la compañía, a los menores de esta fundación, los cuales pudieron disfrutar de un día de juego con el CEO de la compañía y recibir un presente por parte de la FPL.

5. Infantes con enfermedades graves

Otra de las colaboraciones de la FPL fue la llevada a cabo con la Fundación Dr. Sonrisas, la cual consistió en la organización de un evento recreativo para más de 600 niñas, niños y familiares con enfermedades graves. La celebración ofreció un espacio de alegría, convivencia y esparcimiento para los infantes, elementos fundamentales para el bienestar emocional de quienes, como ellos, enfrentan tratamientos médicos complejos.

Para complementar la experiencia, la Fundación Pablo Landsmanas aportó 600 box lunches diseñados para cubrir necesidades nutricionales específicas, considerando las condiciones de salud de los asistentes. Esta acción demuestra cómo la alimentación adecuada también puede ser una herramienta de cuidado y dignidad en contextos de alta vulnerabilidad.

El sector privado como aliado clave del Hambre Cero

El reto de erradicar el hambre requiere acciones coordinadas y sostenidas en las que el sector privado juega un papel activo como aliado estratégico. Más allá de complementar los esfuerzos públicos, las empresas pueden aportar capacidades operativas, experiencia y recursos que se traduzcan en soluciones concretas para garantizar el derecho a la alimentación. Cuando la responsabilidad social empresarial se orienta a atender problemáticas estructurales, su impacto trasciende la asistencia inmediata y contribuye a reducir desigualdades de manera sostenida.

En este sentido, la labor de Corporativo Kosmos, a través de la Fundación Pablo Landsmanas, demuestra cómo el cumplimiento del ODS 2 puede fortalecerse desde el ámbito empresarial mediante alianzas estratégicas y una visión de largo plazo,  posicionándose como un referente en México en la lucha por la seguridad alimentaria.

Compromiso que suma: Moctezuma impulsa educación, salud y participación comunitaria

Consciente de su papel como motor de desarrollo en México, Moctezuma  —empresa 100% mexicana dedicada a la producción, distribución y comercialización de cemento, concreto y agregados— materializa su compromiso social a través de proyectos enfocados en la educación, la salud, el empleo y la calidad de vida de las comunidades donde opera.

En línea con su Roadmap 2030, la compañía ha definido cinco pilares estratégicos que guían su desempeño social, ambiental y económico. Uno de ellos es la Responsabilidad Social, el cual está orientado a generar un impacto positivo tanto en su personal como en las comunidades aledañas a sus operaciones. Entre sus principales ejes de acción destacan:

· Educación: la base del progreso

Convencidos de que la educación es un factor clave para el desarrollo, en Moctezuma se otorgan becas a estudiantes de comunidades cercanas a sus plantas en Apazapan, Cerritos y Tepetzingo, beneficiando cada año a más de 300 alumnas y alumnos y contribuyendo a la reducción de la deserción escolar.

Asimismo, mediante programas en los que se entregan útiles escolares y se mejora la infraestructura educativa, la empresa ha beneficiado a más de 22,000 estudiantes, además de organizar recorridos guiados por sus plantas para que las y los jóvenes conozcan de primera mano los procesos productivos del cemento.

· Salud: bienestar para todos

En coordinación con autoridades locales, Moctezuma realiza anualmente Ferias de la Salud en las comunidades aledañas a sus plantas cementeras, ofreciendo servicios médicos gratuitos enfocados en la prevención y detección oportuna de enfermedades como cáncer cervicouterino y de mama, así como chequeos visuales, dentales y nutricionales, entre otros.

Estas jornadas de atención integral benefician cada año a más de 2,250 personas, contribuyendo a mejorar su bienestar y calidad de vida.

· Jornadas de Puertas Abiertas: la comunidad dentro de las plantas

La transparencia y el diálogo permanente con la comunidad son valores fundamentales para Moctezuma. A través de las Jornadas de Puertas Abiertas, más de 4,000 personas participan cada año en recorridos donde conocen los procesos productivos, viveros y laboratorios, así como iniciativas vinculadas con sostenibilidad, seguridad vial y economía circular. En estas jornadas participan instituciones gubernamentales.

· Escuela de Fútbol Tepetzingo: formación integral a través del deporte

Desde hace más de 25 años, Moctezuma impulsa la Escuela de Fútbol Tepetzingo, un programa dirigido a niñas, niños y jóvenes de entre 10 y 18 años, que fomenta la educación, la salud y valores como la disciplina, el trabajo en equipo y la dedicación.

La iniciativa ofrece entrenamientos gratuitos, uniformes y apoyo para la inscripción a torneos, consolidándose como un espacio de formación integral y desarrollo social.

“Nuestro compromiso es consolidar el diálogo con nuestros grupos de interés, impulsar proyectos de gestión social, promover la inclusión y la equidad de género, y mejorar las condiciones de vida de las comunidades donde operamos”, destacó José María Barroso Ramírez, director general de Moctezuma.

Con cada uno de sus programas y acciones, Moctezuma reafirma su propósito de construir un México mejor, impulsando el desarrollo sostenible para las familias de hoy y las generaciones del mañana.

¿Qué es la brecha de habilidades ESG?

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Durante los últimos años, el discurso en torno a la sostenibilidad ha estado marcado por una idea aparentemente optimista: el campo de trabajo en ESG está creciendo de forma acelerada y se ha convertido en una de las áreas con mayor proyección dentro del mundo corporativo. Sin embargo, detrás de este auge se esconde una tensión poco visible pero cada vez más crítica. Mientras las exigencias regulatorias, financieras y sociales se multiplican, las organizaciones comienzan a enfrentar una limitación estructural: la falta de personas con las capacidades necesarias para liderar y ejecutar los cambios que la sostenibilidad exige.

Esta contradicción ha dado lugar a lo que hoy se conoce como la brecha de habilidades ESG. No se trata de una escasez de interés ni de compromisos declarativos, sino de una desconexión profunda entre las nuevas responsabilidades que imponen marcos como la CSRD, la AASB S2 o las normas ISSB, y las competencias reales disponibles dentro de las empresas. En muchos casos, quienes deben responder por el desempeño ESG ni siquiera forman parte de los equipos de sostenibilidad, lo que expone un problema transversal que afecta a finanzas, operaciones, compras, auditoría y gobernanza.

¿En qué consiste la brecha de habilidades ESG?

La brecha de habilidades ESG no se explica por la falta de profesionales dedicados exclusivamente a la sostenibilidad, sino por la concentración de estas capacidades en silos organizacionales. Durante más de una década, la experiencia ESG se desarrolló en equipos especializados encargados de reportes, políticas y estrategias de alto nivel. Hoy, ese modelo resulta insuficiente. La sostenibilidad dejó de ser un ejercicio narrativo y se ha convertido en una cuestión de cumplimiento, gestión de riesgos y garantía de información.

El cambio es profundo. El riesgo climático ya forma parte del riesgo empresarial, las emisiones se integran en los estados financieros y los impactos en derechos humanos se incorporan a contratos y procesos de compra. Esto exige que perfiles tradicionalmente ajenos al lenguaje ESG —contadores, ingenieros, responsables de adquisiciones o auditores— comprendan métricas ambientales, sociales y de gobernanza con el mismo rigor que cualquier indicador financiero. Sin embargo, según el Foro Económico Mundial, aunque estas competencias son de las que más crecen a nivel global, solo uno de cada ocho trabajadores las posee.

El caso de Australia ilustra bien este fenómeno. A medida que la norma AASB S2 entra en vigor, muchas empresas descubren que sus equipos financieros no cuentan con la formación técnica necesaria para cumplir con los estándares de divulgación alineados con la ISSB. No se trata de falta de voluntad, sino de una carencia formativa que evidencia cómo la brecha de habilidades ESG se ha convertido en uno de los principales cuellos de botella de la transición sostenible.

brecha de habilidades ESG

¿Dónde se manifiesta la brecha de habilidades ESG?

La brecha de habilidades ESG se expresa de manera clara en al menos cuatro áreas clave dentro de las organizaciones. La primera es la fluidez financiera en los equipos de sostenibilidad. Muchos profesionales ESG dominan la formulación de políticas, la relación con stakeholders y la definición de objetivos, pero carecen de formación en auditoría, controles internos, materialidad financiera o asignación de capital, competencias hoy indispensables.

La segunda área es la alfabetización en sostenibilidad dentro de los equipos financieros. Contadores y directores financieros entienden el aseguramiento y la disciplina del dato, pero suelen tener poca familiaridad con contabilidad de carbono, métricas de biodiversidad o evaluación de impactos en derechos humanos. Esta desconexión dificulta la integración real de la sostenibilidad en la información financiera.

Una tercera manifestación aparece en la integración operativa. Ingenieros, responsables de logística y equipos de compras enfrentan crecientes responsabilidades ESG, como la gestión de emisiones de Alcance 3 o la identificación de riesgos de esclavitud moderna, sin haber recibido capacitación específica. 

Finalmente, la brecha también se observa en el liderazgo y la gobernanza: muchos directorios apoyan compromisos de cero emisiones netas, pero tienen dificultades para traducirlos en indicadores de desempeño, incentivos y estructuras de rendición de cuentas.

brecha de habilidades ESG

Las consecuencias de no cerrar la brecha

Las implicaciones de la brecha de habilidades ESG ya son visibles. A medida que se acercan los plazos de presentación de informes obligatorios, numerosas empresas se ven obligadas a recopilar datos dispersos —desde facturas energéticas hasta auditorías de la cadena de suministro— sin contar con personal capacitado para medirlos, verificarlos o interpretarlos correctamente. Esto incrementa el riesgo de errores, inconsistencias y decisiones mal fundamentadas.

A nivel global, una encuesta de EY reveló que solo el 29 % de los líderes financieros considera que sus equipos cuentan actualmente con las habilidades necesarias para gestionar informes de sostenibilidad. En Australia, muchas empresas han tenido que recurrir a consultores externos para traducir métricas climáticas al lenguaje financiero y construir controles internos desde cero. El resultado es un entorno corporativo de dos velocidades: un grupo reducido de expertos altamente demandados y una mayoría de trabajadores que aún no logra ponerse al día.

Más allá del costo operativo, la brecha expone a las organizaciones a riesgos reputacionales y legales. Fallos de cumplimiento, acusaciones de greenwashing o pérdida de confianza por parte de inversionistas son consecuencias cada vez más probables si la capacidad interna no acompaña el ritmo regulatorio. En este contexto, la brecha de habilidades ESG deja de ser un problema técnico para convertirse en un riesgo estratégico.

brecha de habilidades ESG

Cerrar la brecha como prioridad corporativa

Cerrar la brecha de habilidades ESG es hoy una condición indispensable para avanzar hacia modelos de negocio verdaderamente sostenibles. No basta con definir metas ambiciosas o adoptar marcos internacionales; sin capacidades distribuidas en toda la organización, la sostenibilidad seguirá siendo un ejercicio periférico, desconectado de la ejecución real del negocio.

Las corporaciones tienen un papel clave en esta transformación. Invertir en academias internas de ESG, desarrollar módulos de capacitación obligatorios y fomentar equipos interdisciplinarios permite acelerar la transferencia de conocimiento y romper los silos tradicionales. Algunas empresas líderes ya tratan la formación en sostenibilidad como capacitación en cumplimiento: un requisito innegociable para operar en un entorno regulado y cada vez más exigente.

Finalmente, el liderazgo es determinante. Cuando los directorios y la alta dirección demuestran fluidez en criterios ESG, envían una señal clara de que la sostenibilidad forma parte del núcleo del negocio. Vincular la remuneración ejecutiva no solo a resultados ESG, sino también al desarrollo de capacidades internas, es una tendencia emergente que apunta en la dirección correcta. Atender la brecha de habilidades ESG no es solo una inversión en talento, sino una apuesta estratégica por la resiliencia y la credibilidad a largo plazo.

¿Por qué la retirada de EE. UU. del tratado climático genera debate jurídico?

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La retirada de EE. UU. del tratado climático no es un gesto aislado ni meramente simbólico: representa una fractura profunda en el andamiaje jurídico y político que sostiene la cooperación internacional frente a la crisis climática. A diferencia de salidas previas del Acuerdo de París, esta decisión apunta al núcleo legal que legitima la acción climática global, cuestionando la estabilidad de los compromisos multilaterales en un momento de máxima urgencia ambiental.

Más allá del impacto ambiental, la retirada ha encendido alarmas en el ámbito jurídico porque revela una zona gris peligrosa en el derecho constitucional estadounidense. El hecho de que un presidente pueda deshacer, de forma unilateral, un tratado ratificado por el Senado abre un precedente que debilita la separación de poderes y erosiona la credibilidad de Estados Unidos como socio internacional confiable.

Retirada de EE. UU. del tratado climático: una fisura constitucional deliberadamente explotada

La retirada de EE. UU. del tratado climático pone de manifiesto una omisión histórica en la Constitución: establece con claridad cómo se ratifican los tratados, pero no cómo se abandonan. Esta ambigüedad ha sido utilizada estratégicamente por el Poder Ejecutivo para ampliar su margen de maniobra, aun cuando se trata de compromisos aprobados por el Senado.

Juristas como Jean Galbraith han advertido que esta práctica normaliza una lectura expansiva del poder presidencial que no ha sido validada por la Suprema Corte. En ausencia de un fallo definitivo, la retirada se sostiene más por costumbre política que por una base jurídica sólida, lo que convierte la decisión en legalmente vulnerable y democráticamente cuestionable.

El precedente de Goldwater vs. Carter —frecuentemente citado para justificar estas acciones— evitó pronunciarse sobre el fondo del asunto, clasificándolo como una “cuestión política”. Esta evasión judicial ha permitido que la controversia se perpetúe, dejando sin resolver si el Ejecutivo puede anular, por sí solo, un tratado aprobado por el Legislativo.

retirada de EE. UU. del tratado climático

El problema de fondo no es solo quién puede retirar a Estados Unidos de un tratado, sino qué implica aceptar que un solo actor pueda deshacer compromisos multilaterales de largo plazo sin contrapesos institucionales.

Impacto jurídico y político sobre el Acuerdo de París y la estabilidad de los compromisos climáticos

La retirada de EE. UU. del tratado climático tiene consecuencias directas sobre el Acuerdo de París, ya que este depende jurídicamente de la Convención Marco de la ONU sobre Cambio Climático (CMNUCC). Al abandonar la convención, Estados Unidos pierde la base legal para participar en el principal acuerdo climático del mundo.

Esto introduce una paradoja jurídica: mientras retirarse puede hacerse de forma unilateral y relativamente rápida, reincorporarse podría requerir un proceso legislativo complejo o incluso políticamente inviable. Como advierte Sue Biniaz, exfuncionaria del Departamento de Estado, esta asimetría crea un incentivo perverso: salir es fácil, volver es incierto.

La consecuencia es una erosión de la previsibilidad jurídica internacional. Si los compromisos climáticos pueden revertirse con cada cambio de administración, los acuerdos dejan de ser instrumentos de largo plazo y se convierten en declaraciones políticas frágiles, sujetas a vaivenes electorales.

Este escenario afecta directamente a otros países, a inversionistas, a organismos multilaterales y al sector privado, que dependen de marcos regulatorios estables para planear inversiones, estrategias de mitigación y políticas de transición energética.

Un golpe estructural a la gobernanza climática global

Desde una perspectiva crítica, la retirada de EE. UU. del tratado climático no solo reduce la ambición climática global, sino que debilita el principio mismo de cooperación internacional. Estados Unidos no es un actor marginal: es uno de los mayores emisores históricos y una potencia económica cuyo compromiso tiene efectos sistémicos.

Galbraith ha señalado que esta decisión refleja “un fracaso profundo para abordar los bienes comunes globales” y normaliza una lógica de evasión de responsabilidades. Al retirarse, Estados Unidos no solo deja de liderar, sino que legitima el inmovilismo climático en otros países que pueden usar este precedente para justificar su propia inacción.

Además, esta postura refuerza una tendencia preocupante: la politización extrema del derecho ambiental internacional. Cuando los tratados se perciben como reversibles y opcionales, se debilita su capacidad de generar obligaciones reales y se vacía de contenido el principio de responsabilidad compartida.

Si bien existen iniciativas subnacionales y alianzas fuera del marco de la ONU, estas no sustituyen el peso político, financiero y normativo de un compromiso federal claro y sostenido.

retirada de EE. UU. del tratado climático

Una retirada que redefine los límites del derecho y la responsabilidad climática

La retirada de EE. UU. del tratado climático expone una vulnerabilidad estructural tanto del sistema constitucional estadounidense como del orden climático internacional. La ausencia de reglas claras sobre la salida de tratados permite decisiones unilaterales que socavan décadas de diplomacia ambiental y debilitan la confianza global.

Para el campo de la responsabilidad social y la sostenibilidad, este episodio deja una advertencia contundente: sin marcos jurídicos sólidos, los compromisos climáticos se vuelven frágiles y reversibles. En un contexto de crisis climática acelerada, la incertidumbre legal no es solo un problema técnico, sino un riesgo sistémico que amenaza la viabilidad misma de la acción colectiva global.

¿Qué es la pobreza de tiempo y por qué las empresas están empezando a reconocerla?

En los últimos años, las empresas han comprendido que la salud mental, el equilibrio entre la vida personal y laboral, y la percepción de control sobre el propio trabajo influyen directamente en la productividad, la retención de talento y la reputación corporativa. Sin embargo, en medio de esta conversación, ha emergido un problema menos visible, pero profundamente estructural.

Se trata de una forma de carencia que no siempre aparece en los diagnósticos tradicionales de clima laboral: la falta crónica de tiempo. Jornadas extendidas, cargas de trabajo mal distribuidas y la imposibilidad de desconectarse han dado lugar a lo que hoy se identifica como pobreza de tiempo, un fenómeno que erosiona el bienestar incluso en organizaciones con salarios competitivos y beneficios atractivos. Comprender qué es la pobreza de tiempo resulta clave para explicar por qué muchas iniciativas de bienestar fracasan o se quedan en la superficie.

¿Qué es la pobreza de tiempo?

Hablar de qué es la pobreza de tiempo implica reconocer que el bienestar no depende únicamente del ingreso económico. La pobreza de tiempo se refiere a la situación en la que una persona no dispone de suficiente tiempo libre o discrecional para descansar, cuidar su salud, atender responsabilidades personales o simplemente recuperarse del trabajo cotidiano. No es una percepción subjetiva aislada, sino una condición sostenida que afecta la calidad de vida.

Este fenómeno suele surgir cuando las exigencias laborales se combinan con responsabilidades domésticas y de cuidado, generando jornadas que exceden la capacidad física y emocional de las personas. A diferencia del estrés ocasional, la pobreza de tiempo es persistente y estructural: no se resuelve con un día libre o una actividad de integración, porque responde a la forma en que el trabajo está organizado.

Desde una perspectiva de responsabilidad social, qué es la pobreza de tiempo también está vinculada a desigualdades de género y de rol. Las mujeres, por ejemplo, suelen experimentar mayores niveles de pobreza de tiempo debido a la carga desproporcionada de trabajo no remunerado. Esto explica por qué el fenómeno se cruza con debates sobre equidad, inclusión y derechos laborales, ampliando su relevancia para las organizaciones.

qué es la pobreza de tiempo

¿Por qué las empresas están empezando a reconocer la importancia de combatir la pobreza de tiempo?

A medida que las organizaciones observan los efectos negativos de la pobreza de tiempo en el bienestar de sus colaboradores, también comienzan a identificar su impacto directo en la productividad, la innovación y la sostenibilidad del negocio. La falta de tiempo no solo agota a las personas; reduce su capacidad de concentración, aumenta el ausentismo y eleva los riesgos psicosociales. Por ello, cada vez más empresas están reconociendo que atender este fenómeno no es un gesto de buena voluntad, sino una decisión estratégica que permite combatir cuestiones como:

1. Deterioro de la salud física y mental

La pobreza de tiempo está estrechamente relacionada con el agotamiento crónico. Cuando los colaboradores no tienen espacio para descansar o atender su salud, aumentan los niveles de estrés, ansiedad y fatiga. Esto se traduce en mayores incapacidades, rotación de personal y costos asociados a la atención médica, afectando tanto a las personas como a la organización.

2. Disminución sostenida de la productividad

Contrario a la creencia de que más horas implican más resultados, la pobreza de tiempo reduce la eficiencia. El trabajo prolongado sin pausas adecuadas incrementa los errores, dificulta la toma de decisiones y limita la creatividad. Las empresas terminan pagando más por menos resultados, atrapadas en una lógica de sobrecarga improductiva.

3. Impacto negativo en la retención de talento

Los colaboradores que viven en pobreza de tiempo suelen buscar alternativas laborales que les permitan recuperar el control sobre su agenda. Esto afecta especialmente a perfiles altamente calificados, que priorizan la flexibilidad y el equilibrio. La rotación constante genera pérdidas de conocimiento y costos adicionales de reclutamiento y capacitación.

4. Profundización de desigualdades internas

La pobreza de tiempo no afecta a todos por igual. Roles operativos, puestos con menor autonomía o personas con responsabilidades de cuidado suelen verse más impactadas. Esto amplía brechas de género y jerarquía, debilitando los esfuerzos de diversidad, equidad e inclusión que muchas empresas dicen impulsar.

5. Desconexión entre bienestar declarado y bienestar real

Cuando una organización promueve programas de bienestar sin abordar la pobreza de tiempo, el mensaje pierde credibilidad. Talleres de mindfulness o campañas de autocuidado resultan insuficientes si las cargas de trabajo siguen siendo excesivas. Esta incoherencia puede generar cinismo organizacional y erosionar la confianza interna.

qué es la pobreza de tiempo

¡Sostenibilidad es poner el bienestar de las personas en el centro!

Reconocer qué es la pobreza de tiempo implica aceptar que el bienestar laboral no se resuelve únicamente con beneficios adicionales, sino con cambios estructurales en la forma de trabajar. Para las empresas, esto supone revisar cargas laborales, modelos de liderazgo, expectativas de disponibilidad y sistemas de medición del desempeño que privilegian la presencia constante sobre los resultados reales.

En un contexto donde la sostenibilidad corporativa exige poner a las personas al centro, atender la pobreza de tiempo se vuelve una condición indispensable. Las organizaciones que logren hacerlo no solo mejorarán la calidad de vida de sus colaboradores, sino que construirán culturas laborales más resilientes, productivas y coherentes con los principios de la responsabilidad social empresarial.

Metano: ¿por qué es el supercontaminante más urgente de combatir?

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No todos los gases de efecto invernadero contribuyen de la misma manera al calentamiento global. Aunque el dióxido de carbono suele ser uno de los más populares cuando se habla de la crisis climática, existen otros gases cuya influencia es desproporcionadamente mayor en el corto plazo. El metano, un gas de vida atmosférica relativamente corta pero con un poder de calentamiento extraordinario, ha sido responsable de una parte sustantiva del aumento de la temperatura global observado hasta ahora. Ignorar su impacto implica perder una de las palancas más eficaces para frenar la crisis climática en el tiempo disponible.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) ha sido claro: reducir de manera rápida y sostenida las emisiones de metano es vital para limitar el calentamiento global en las próximas décadas. A diferencia del CO₂, cuyos efectos se acumulan durante siglos, combatir el metano ofrece resultados casi inmediatos. En un contexto donde cada décima de grado cuenta, este gas se ha convertido en un factor decisivo para mantener abiertos los escenarios climáticos más seguros.

¿Por qué combatir el metano es una prioridad climática inmediata?

El metano es considerado un supercontaminante porque, en un periodo de 20 años, tiene un potencial de calentamiento hasta 80 veces mayor que el del CO₂. De acuerdo con estimaciones científicas, este gas ha contribuido aproximadamente con 0,5 °C al aumento de la temperatura global, casi la mitad del calentamiento observado. Esta cifra por sí sola explica por qué reducir sus emisiones es una de las estrategias más eficaces para desacelerar el calentamiento a corto plazo.

Otra razón clave es su comportamiento atmosférico. El metano se descompone relativamente rápido, lo que significa que disminuir sus emisiones hoy puede traducirse en una reducción tangible del calentamiento en apenas una o dos décadas. Para los especialistas en responsabilidad social y sostenibilidad, esto convierte al metano en un “freno de emergencia” climático: una oportunidad única para ganar tiempo mientras se avanza en la descarbonización estructural de la economía.

combatir el metano

Además, gran parte de las emisiones de metano provienen de fuentes identificables y, en muchos casos, evitables. Sectores como el petróleo y el gas, la agricultura intensiva y la gestión de residuos concentran emisiones que pueden mitigarse con tecnologías y prácticas ya disponibles. En este sentido, combatir el metano no es una apuesta futurista, sino una decisión basada en soluciones existentes y con alto retorno climático.

El metano como supercontaminante: fuentes, riesgos y oportunidades

Uno de los aspectos menos visibles del problema del metano es la existencia de superemisores ocultos, como los pozos de petróleo y gas huérfanos y abandonados. Aunque ya no producen energía, muchos de estos pozos continúan filtrando metano durante décadas. Mediciones de campo han demostrado que algunos emiten volúmenes mínimos, mientras que otros superan los umbrales que las autoridades ambientales consideran eventos críticos de superemisión.

El riesgo de estas fugas va más allá del clima. La liberación constante de metano representa una amenaza para la seguridad de las comunidades cercanas y para los ecosistemas locales. Al no estar documentados ni monitoreados, estos pozos suelen quedar fuera de las estrategias climáticas corporativas y gubernamentales, a pesar de su impacto acumulado en el calentamiento global.

Frente a este desafío, han surgido enfoques basados en la ciencia que priorizan la medición rigurosa, el taponamiento permanente y el monitoreo continuo. Identificar con precisión las emisiones, aplicar marcos conservadores de estimación y garantizar la permanencia de las reducciones son elementos clave para asegurar la integridad ambiental de los proyectos de mitigación. Este tipo de intervenciones demuestra que combatir el metano puede hacerse con altos estándares de credibilidad y transparencia.

combatir el metano

Desde la perspectiva corporativa, la reducción del metano también representa una oportunidad estratégica. La demanda de proyectos de mitigación de supercontaminantes está creciendo, especialmente entre empresas que buscan resultados climáticos de corto plazo que complementen sus compromisos de largo alcance. Integrar la mitigación del metano en las estrategias ESG permite generar beneficios climáticos inmediatos y reforzar la solidez de las metas de sostenibilidad.

El metano como palanca crítica de acción climática

Combatir el metano ya no es una opción secundaria dentro de la agenda climática, sino una prioridad respaldada por la ciencia. Su capacidad de acelerar el calentamiento global y, al mismo tiempo, ofrecer beneficios rápidos cuando se reduce, lo convierte en un eje estratégico para cualquier enfoque serio de acción climática. Ignorarlo implica renunciar a una de las herramientas más eficaces disponibles para limitar los impactos en el corto plazo.

combatir el metano

Hoy, el desafío es claro: incorporar la mitigación del metano como parte integral de sus estrategias climáticas, especialmente abordando fuentes históricamente desatendidas como los pozos abandonados. Apostar por soluciones de alta integridad, con medición robusta y resultados verificables, no solo fortalece la credibilidad ESG, sino que contribuye de manera tangible a contener la crisis climática en el momento en que más importa.

En solo 10 días, el 1% más rico agota el presupuesto anual de carbono del planeta

La crisis climática suele abordarse como un problema colectivo, difuso y, en ocasiones, abstracto. Sin embargo, un nuevo análisis de Oxfam revela una realidad mucho más concreta y profundamente desigual: una fracción mínima de la población mundial consume en cuestión de días lo que al resto del planeta le tomaría un año entero emitir sin rebasar los límites climáticos.

La crisis climática es, cada vez con mayor claridad, una crisis de desigualdad y de gobernanza. Mientras una minoría agota el presupuesto anual de carbono en tiempo récord, las consecuencias recaen sobre quienes menos han contribuido al problema: comunidades empobrecidas, países de ingresos bajos y grupos históricamente marginados. Este dato no es solo alarmante; es una llamada directa a cuestionar los límites éticos del modelo económico actual y el papel que juegan la riqueza extrema y el poder corporativo en la profundización de la emergencia climática.

El presupuesto anual de carbono y la desigualdad climática extrema

El concepto de presupuesto de carbono se refiere a la cantidad máxima de dióxido de carbono que la humanidad puede emitir sin superar el límite de 1,5 °C de calentamiento global establecido en el Acuerdo de París. Dicho límite no es arbitrario: representa el umbral a partir del cual los impactos climáticos se vuelven cada vez más irreversibles, afectando de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables. En este contexto, el presupuesto anual de carbono funciona como una medida clara de justicia intergeneracional y global.

De acuerdo con Oxfam, el 1 % más rico de la población mundial agota este presupuesto en tan solo diez días. Más aún, el 0,1 % más rico lo consume incluso antes, hacia el 3 de enero de cada año, una fecha que la organización ha denominado el “Día del Contaminante”. Este dato no es solo simbólico: evidencia cómo una élite extremadamente reducida concentra un nivel de emisiones incompatible con cualquier escenario de transición climática justa. En términos prácticos, mientras millones de personas reducen su consumo energético por necesidad, otros lo incrementan por elección.

presupuesto anual de carbono

El análisis resulta todavía más contundente cuando se observan las comparaciones individuales. En el Reino Unido, una persona perteneciente al 0,1 % más rico genera en solo ocho días más emisiones que alguien del 50 % más pobre en todo un año. Esta disparidad pone en entredicho la narrativa que responsabiliza de forma homogénea a la ciudadanía y refuerza la urgencia de abordar la crisis climática desde una perspectiva de desigualdad estructural y responsabilidad diferenciada.

Emisiones financiadas, poder político y costos humanos del exceso

El impacto climático del 1 % más rico no se limita a su consumo personal. Oxfam advierte que una parte significativa de sus emisiones proviene de las llamadas “emisiones financiadas”, es decir, aquellas asociadas a sus inversiones. En promedio, cada multimillonario posee carteras vinculadas a empresas que generan alrededor de 1,9 millones de toneladas de CO₂ al año. Este dato revela cómo el capital continúa apuntalando industrias altamente contaminantes, retrasando la descarbonización de la economía global y erosionando cualquier avance logrado en otros sectores.

A esta dimensión económica se suma el peso político. El informe destaca que, durante la COP celebrada en Brasil, las empresas de combustibles fósiles enviaron 1.600 cabilderos, superando a casi todas las delegaciones nacionales. Esta presencia masiva no es anecdótica: refleja la capacidad de los grandes intereses económicos para influir en las decisiones climáticas, diluir compromisos y proteger modelos de negocio incompatibles con el respeto al presupuesto anual de carbono.

Las consecuencias de esta concentración de emisiones no son hipotéticas. A escala global, se estima que las emisiones generadas por el 1 % más rico en un solo año provocarán alrededor de 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor hacia finales de siglo. Además, Oxfam calcula que los daños económicos asociados a décadas de emisiones excesivas de los superricos podrían alcanzar los 44 billones de dólares para 2050, afectando principalmente a países de ingresos bajos y medio-bajos. Se trata de un costo humano y económico que no está siendo asumido por quienes más contribuyen al problema.

presupuesto anual de carbono

Responsabilidad climática, riqueza extrema y RSE

La evidencia es clara: el desafío climático no puede resolverse sin confrontar el papel de la riqueza extrema en el agotamiento del presupuesto anual de carbono. Para mantenerse dentro del objetivo de 1,5 °C, Oxfam señala que el 1 % más rico debería reducir sus emisiones en un 97 % para 2030. Este dato plantea una pregunta incómoda pero inevitable para el sector empresarial y financiero: ¿es posible hablar de sostenibilidad sin cuestionar los niveles actuales de acumulación y consumo?

Desde una perspectiva de responsabilidad social, el debate va más allá de la eficiencia energética o los compromisos voluntarios. Implica reconocer que quienes menos han contribuido al cambio climático —comunidades de bajos ingresos, pueblos indígenas, mujeres y niñas— son quienes enfrentan los impactos más severos. La justicia climática, por tanto, exige redistribuir no solo recursos, sino también responsabilidades, y reorientar el capital hacia actividades compatibles con los límites planetarios.

presupuesto anual de carbono

Finalmente, las propuestas de Oxfam, como gravar formas de riqueza altamente contaminantes —aviones privados, superyates o inversiones en combustibles fósiles—, abren una discusión relevante para las políticas públicas y la RSE corporativa. Colocar una mayor carga sobre quienes más contaminan no es una medida punitiva, sino una condición necesaria para preservar el presupuesto anual de carbono y garantizar que la transición climática sea, además de urgente, socialmente justa.

¿Qué estamos bebiendo? Detectan sustancias tóxicas en botellas PET

El impulso regulatorio y corporativo para incrementar el uso de plástico reciclado ha colocado al PET en el centro de las estrategias de economía circular. Sin embargo, conforme crece la demanda de contenido reciclado, también se intensifica el escrutinio científico sobre sus impactos reales en la salud y el medio ambiente. En este contexto, la discusión ya no se limita a cuánto se recicla, sino a qué tan seguros son los materiales que permanecen dentro del sistema productivo.

Ante este escenario, un estudio publicado a finales de 2025 en la revista Environmental Science: Processes and Impacts de la Royal Society of Chemistry reveló la presencia de sustancias tóxicas en PET, tanto virgen como reciclado. La investigación fue realizada por especialistas de la Universidad Metropolitana de Toronto, el Centro de Ecología y la Universidad Estatal de Wayne, y codiseñada con la Alianza para el Reciclaje Basado en Misiones (AMBR) y la organización Defend Our Health. Sus hallazgos reavivan el debate sobre los límites del reciclaje cuando los materiales contienen mezclas químicas potencialmente peligrosas.

sustancias tóxicas en PET

Sustancias tóxicas en PET: qué analizó el estudio y qué encontró

El análisis comparó las diferencias químicas entre PET virgen y reciclado en 26 productos, entre ellos botellas de agua y refresco adquiridas en California y Michigan, así como textiles infantiles y artículos de uso doméstico. En todas las muestras se detectaron alrededor de 30 contaminantes, incluidos 12 aditivos plásticos tóxicos y seis organofosfatos, utilizados comúnmente como plastificantes. Además, se identificaron al menos 15 sustancias químicas añadidas involuntariamente, como el dietilenglicol, presente en el 96 % de las muestras analizadas.

Entre los hallazgos más relevantes, el estudio identificó benceno de forma constante en botellas de PET recicladas, mientras que el etilenglicol y el 2-metil-1,3-dioxolano aparecieron con mayor frecuencia en el PET virgen. Asimismo, los organofosfatos fueron más comunes en el material reciclado, lo que sugiere contaminación durante el proceso de reciclaje. Las concentraciones también variaron por región: las botellas de Michigan presentaron niveles promedio de benzaldehído de 2.9 mg/kg, mientras que las de California registraron mayores concentraciones de dietilenglicol, con un promedio de 27 mg/kg.

sustancias tóxicas en PET

Roxane Sühring, química ambiental de la Universidad Metropolitana de Toronto, subrayó que la variabilidad de resultados evidencia un problema estructural:

Existe una falta de estandarización en el uso de productos químicos, y eso genera una mezcla de contaminantes difícil de predecir”. 

Aunque el estudio es preliminar por el tamaño de la muestra, los autores coinciden en que la presencia recurrente de sustancias tóxicas en PET amerita un seguimiento más amplio y sistemático.

Riesgos para la salud y principales conclusiones de los expertos

Las sustancias identificadas en el PET están asociadas, según la literatura científica, con riesgos como cáncer, alteraciones endocrinas y problemas reproductivos. Informes previos, como el publicado en 2023 por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, advierten que casi la mitad de las más de 7,000 sustancias químicas asociadas a los plásticos presentan propiedades peligrosas para la salud humana. Durante el reciclaje, los polímeros y aditivos se degradan, lo que obliga a incorporar nuevos compuestos que se suman a los ya existentes.

Si bien representantes de la industria señalan que la presencia de estos compuestos no implica necesariamente un riesgo inmediato —al ubicarse, en algunos casos, por debajo de los umbrales establecidos por organismos como la EFSA o la FDA—, los expertos en salud ambiental advierten que el problema radica en la exposición acumulativa y en la combinación de sustancias. Para Katie Drews, directora nacional de AMBR, la toxicidad de los plásticos debe abordarse desde la etapa de diseño y fabricación, no únicamente en el reciclaje. De lo contrario, el sistema seguirá recirculando sustancias tóxicas en PET sin una solución de fondo.

sustancias tóxicas en PET

Investigación, diseño seguro y responsabilidad compartida

La creciente evidencia sobre sustancias tóxicas en PET demuestra que el reciclaje, por sí solo, no garantiza materiales seguros ni sostenibles. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de impulsar investigación independiente, con mayor alcance y estandarización, que permita comprender los riesgos reales asociados al uso de plásticos vírgenes y reciclados en distintos contextos.

Más allá de cumplir con metas de contenido reciclado, el reto está en repensar el diseño de los materiales, reducir la complejidad química y eliminar aditivos peligrosos desde el origen. Solo así será posible avanzar hacia un modelo de economía circular que no comprometa la salud humana y que responda de manera integral a las expectativas sociales, regulatorias y ambientales que hoy enfrentan las empresas y los tomadores de decisión.

¿Qué es el greenwashing silencioso? 6 ejemplos

Durante la última década, la sostenibilidad se ha convertido en un elemento central del discurso corporativo. Cada vez más empresas aseguran estar comprometidas con el medio ambiente, ya sea a través de reportes ESG, campañas de comunicación o promesas públicas de reducción de impacto. Sin embargo, este auge también ha traído consigo prácticas más sutiles que buscan aparentar responsabilidad sin generar cambios reales.

En este contexto surge una pregunta clave para especialistas y consumidores informados: qué es el greenwashing silencioso y por qué representa un riesgo tan serio. A diferencia del greenwashing tradicional —más evidente y fácilmente cuestionable—, esta práctica opera desde la omisión, la ambigüedad o el lenguaje técnico, afectando la credibilidad corporativa y debilitando los avances genuinos en sostenibilidad.

¿Qué es el greenwashing silencioso y por qué es tan dañino?

Para entender qué es el greenwashing silencioso, es necesario partir de su principal característica: no exagera ni miente de forma explícita, sino que calla información relevante. Se trata de una estrategia en la que las empresas comunican solo una parte de la historia ambiental, ocultando impactos negativos, retrasos en metas o prácticas que contradicen su narrativa verde.

Este tipo de greenwashing es especialmente dañino porque resulta difícil de detectar. Al no hacer afirmaciones falsas directas, las organizaciones evitan sanciones regulatorias y escrutinio público, mientras construyen una percepción positiva incompleta. A largo plazo, el greenwashing silencioso erosiona la confianza de inversionistas, consumidores y colaboradores, y frena la transformación real hacia modelos de negocio sostenibles.

6 ejemplos de greenwashing silencioso

1. Reportar solo los avances y omitir los impactos negativos

Uno de los ejemplos más comunes de greenwashing silencioso ocurre cuando las empresas publican reportes de sostenibilidad que destacan logros ambientales, pero evitan mencionar emisiones crecientes, incumplimientos o áreas críticas. La narrativa se construye desde el éxito, no desde la realidad completa.

Esta práctica impide una evaluación honesta del desempeño ambiental y limita la toma de decisiones informadas. Al no reconocer los retos pendientes, la organización pierde la oportunidad de mejorar y transmite una imagen de sostenibilidad que no refleja su impacto real.

qué es el greenwashing silencioso

2. Metas climáticas sin plazos claros ni planes de acción

Anunciar compromisos como “ser carbono neutral” o “reducir nuestra huella ambiental” sin fechas específicas ni estrategias verificables es otra forma frecuente de greenwashing silencioso. Las promesas existen, pero no los mecanismos para cumplirlas.

Este enfoque genera una ilusión de avance sin rendición de cuentas. Para los especialistas en RSE, la ausencia de hojas de ruta, indicadores y responsables es una señal clara de que la sostenibilidad se está utilizando más como narrativa que como estrategia.

3. Uso de lenguaje técnico que confunde en lugar de aclarar

El abuso de términos complejos, acrónimos o métricas poco explicadas puede funcionar como una barrera informativa. Aunque la empresa “informa”, lo hace de tal manera que solo un público muy especializado puede interpretar el alcance real de sus acciones.

En este caso, el greenwashing silencioso no oculta datos, pero los presenta de forma inaccesible. Esto limita la transparencia y refuerza asimetrías de información entre la empresa y sus grupos de interés.

4. Enfocarse en iniciativas marginales y no en el impacto central

Otra práctica habitual consiste en comunicar acciones ambientales de bajo impacto —como campañas internas de reciclaje— mientras se evita hablar del impacto ambiental del core del negocio. La atención se desvía hacia lo accesorio.

Este tipo de qué es el greenwashing silencioso se manifiesta cuando las iniciativas comunicadas no guardan proporción con el daño ambiental generado. El resultado es una percepción inflada de responsabilidad que no corresponde con la realidad operativa.

qué es el greenwashing silencioso

5. Falta de verificación externa o auditorías independientes

Publicar datos ambientales sin respaldo de terceros independientes es una señal de alerta. Aunque la información no sea falsa, la ausencia de verificación limita su credibilidad y dificulta evaluar su veracidad.

El greenwashing silencioso se fortalece cuando las empresas controlan completamente el relato sin permitir revisión externa. Para una sostenibilidad genuina, la transparencia debe incluir validación independiente y comparabilidad.

6. Silencio frente a controversias ambientales relevantes

Finalmente, guardar silencio ante crisis ambientales, denuncias o impactos negativos documentados es una de las formas más claras de greenwashing silencioso. No se niega el problema, simplemente se ignora en la comunicación oficial.

Esta omisión estratégica daña profundamente la cultura de rendición de cuentas. Las empresas que evitan abordar públicamente sus controversias pierden legitimidad y credibilidad, especialmente ante audiencias informadas y críticas.

qué es el greenwashing silencioso

Por qué el silencio también comunica

Entender qué es el greenwashing silencioso es fundamental para avanzar hacia una sostenibilidad auténtica. En un entorno donde la información es abundante, lo que las empresas deciden no decir puede ser tan revelador como lo que comunican. El silencio selectivo no protege la reputación a largo plazo; por el contrario, la pone en riesgo.

Para las organizaciones que buscan posicionarse como responsables, la clave está en adoptar una transparencia radical: reconocer avances, pero también límites, errores y desafíos. Solo así será posible construir confianza, diferenciarse de discursos vacíos y demostrar que la sostenibilidad no es una estrategia de comunicación, sino una convicción integrada al negocio.

¿Diversidad sin inclusión?: el error que más daña la cultura organizacional

En los últimos años, la diversidad se ha convertido en una de las banderas más visibles del discurso corporativo. Reportes ESG, campañas de comunicación interna y externa, y compromisos públicos suelen destacar la presencia de equipos diversos como un logro en sí mismo. Sin embargo, contar con personas de distintos orígenes, identidades o trayectorias no garantiza automáticamente entornos laborales justos, seguros ni equitativos.

Cuando la diversidad no va acompañada de prácticas reales de inclusión, el resultado puede ser contraproducente. La diversidad sin inclusión genera frustración, silencia voces y erosiona la confianza dentro de los equipos, afectando directamente la cultura organizacional. Lejos de fortalecerla, esta brecha entre discurso y realidad puede convertirse en uno de los errores más costosos para las empresas, tanto a nivel humano como estratégico.

Diversidad sin inclusión: cómo afecta la cultura organizacional

En la práctica, muchas empresas logran proyectarse como diversas porque se enfocan en lo visible y medible: cifras de contratación, fotografías de equipos heterogéneos o campañas que celebran fechas conmemorativas. Estas acciones, aunque relevantes, suelen centrarse en la representación y no necesariamente en las condiciones reales de participación. Así, es posible cumplir objetivos de diversidad sin cuestionar las reglas informales, los sesgos cotidianos o las estructuras de poder que determinan quién toma decisiones y quién es escuchado.

diversidad sin inclusión

Este desfase entre apariencia y experiencia es el terreno donde se instala la diversidad sin inclusión. Cuando las organizaciones no crean espacios psicológicamente seguros, no adaptan sus procesos ni forman a sus liderazgos para gestionar la diferencia, la diversidad se vuelve superficial. Lejos de fortalecer la cultura organizacional, esta incongruencia genera tensiones internas que se manifiestan en desmotivación, desconfianza y pérdida de talento. A partir de aquí, los efectos dejan de ser individuales y comienzan a impactar de manera estructural, dañando profundamente la cultura de las organizaciones de maneras como las que se exponen a continuación:

Presencia sin voz: cuando las personas no influyen en las decisiones

Uno de los efectos más comunes de la diversidad sin inclusión es la participación simbólica. Las personas diversas están presentes en la organización, pero no tienen un espacio real para influir en la toma de decisiones, proponer ideas o cuestionar procesos establecidos. Esto genera una sensación de invisibilidad que impacta directamente en el compromiso laboral.

Cuando los colaboradores perciben que su experiencia no es valorada, se reduce la confianza en el liderazgo y se fortalece una cultura de silencio. Con el tiempo, la organización pierde perspectivas clave para innovar y resolver problemas complejos, reforzando dinámicas tradicionales que excluyen, aunque en apariencia se promueva la diversidad.

diversidad sin inclusión

Desgaste emocional y aumento del burnout

Trabajar en un entorno que presume ser diverso, pero no inclusivo, implica una carga emocional adicional para muchos colaboradores. Tener que adaptarse constantemente, explicar la propia identidad o tolerar microagresiones normalizadas desgasta psicológicamente y afecta el bienestar laboral.

La diversidad sin inclusión suele traducirse en mayores niveles de estrés, desmotivación y burnout, especialmente en grupos históricamente excluidos. Esto no solo impacta a nivel individual, sino que deteriora el clima laboral y eleva los costos asociados a ausentismo y rotación de talento.

Pérdida de talento y alta rotación

Las empresas que no logran construir entornos inclusivos suelen enfrentar una paradoja: atraen talento diverso, pero no consiguen retenerlo. La falta de oportunidades reales de crecimiento, mentoría y reconocimiento provoca que las personas busquen espacios donde puedan desarrollarse plenamente.

En este contexto, la diversidad sin inclusión se convierte en un factor directo de rotación. Cada salida representa una pérdida de conocimiento, inversión y reputación, además de enviar un mensaje interno claro: la organización no es un lugar donde todos pueden prosperar.

Doble discurso y crisis de credibilidad interna

Cuando el discurso institucional habla de diversidad, pero la experiencia cotidiana refleja exclusión, se genera una brecha de credibilidad. Los colaboradores detectan rápidamente la incongruencia entre lo que la empresa comunica y lo que realmente practica.

Este doble discurso debilita la cultura organizacional porque mina la confianza en los valores corporativos. La diversidad sin inclusión deja de ser solo un problema de gestión de personas y se convierte en una crisis ética que afecta la coherencia del liderazgo y la legitimidad de la empresa ante su propio equipo.

diversidad sin inclusión

Innovación limitada y pensamiento homogéneo

Aunque pueda parecer contradictorio, una empresa diversa pero no inclusiva suele innovar menos. Si las ideas de ciertos grupos no son escuchadas o tomadas en cuenta, la diversidad pierde su valor estratégico y se impone una lógica de pensamiento homogéneo.

La diversidad sin inclusión bloquea el potencial creativo de los equipos, reduce la capacidad de anticipar riesgos y limita la adaptación a entornos cambiantes. Sin inclusión, la diversidad se queda en la superficie y no se traduce en mejores decisiones ni en ventajas competitivas reales.

De la diversidad declarativa a la inclusión real

Superar la diversidad sin inclusión requiere ir más allá de indicadores visibles y compromisos públicos. Implica revisar estructuras de poder, prácticas de liderazgo, procesos de evaluación y dinámicas cotidianas que determinan quién es escuchado, quién progresa y quién queda al margen dentro de la organización.

Para construir una cultura organizacional sólida, las empresas deben entender que la inclusión no es un complemento, sino la condición que permite que la diversidad funcione. Solo cuando las personas se sienten seguras, valoradas y con capacidad real de incidencia, la diversidad deja de ser un discurso aspiracional y se convierte en un motor auténtico de bienestar, innovación y sostenibilidad empresarial.

Amazon pide “pruebas de productividad” a su plantilla: ¿control o presión laboral?

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El diario Fortune ha informado que, según documentos internos e información obtenida por Business Insider, Amazon está solicitando a sus empleados corporativos que presenten evidencias claras de su desempeño, en un proceso que exige enumerar entre tres y cinco logros concretos que reflejen su mejor trabajo. Estas pruebas de productividad en Amazon forman parte de un nuevo enfoque en la evaluación del desempeño que, según se dice, prioriza resultados medibles, impacto individual y contribuciones directas al negocio.

Lejos de ser un hecho aislado, esta práctica se inserta en una tendencia más amplia dentro de las grandes corporaciones tecnológicas, donde la presión por demostrar valor y productividad se ha intensificado. Un antecedente claro ocurrió en X (antes Twitter), cuando Elon Musk asumió la dirección y exigió a los empleados justificar semanalmente sus logros, marcando un cambio cultural que hoy se replica, con matices, en otras compañías líderes del sector.

¿En qué consisten las pruebas de productividad en Amazon?

Las pruebas de productividad en Amazon se integran al proceso interno de evaluación del desempeño conocido como Forte, que sirve como base para definir la remuneración futura de los empleados. Según la guía interna, los trabajadores deben describir proyectos, objetivos, iniciativas o mejoras de procesos que demuestren el impacto tangible de su labor dentro de la empresa.

Además de enumerar logros, se solicita a los empleados explicar qué acciones tomarán para seguir creciendo profesionalmente dentro de Amazon. La directriz incluso invita a considerar situaciones en las que se asumieron riesgos o se innovó, aun cuando los resultados no hayan sido los esperados, lo que sugiere un discurso orientado al aprendizaje y la mejora continua.

Amazon cuenta con alrededor de 350.000 empleados corporativos y una plantilla total de aproximadamente 1,56 millones de personas a nivel mundial. La mayoría de los trabajadores corporativos están sujetos a este proceso, lo que da cuenta de la magnitud del cambio cultural que implica este nuevo estándar de evaluación.

Desde la postura oficial, la compañía sostiene que estas evaluaciones no deben interpretarse como un preludio de despidos. La productividad, argumenta Amazon, es una métrica habitual en el mundo corporativo y su actualización responde a la necesidad de alinear desempeño, compensación y objetivos estratégicos, no a una intención inmediata de reducir personal.

pruebas de productividad en Amazon

¿Evaluación o sentencia laboral en un contexto de despidos e IA?

Pese al discurso corporativo, resulta inevitable cuestionar si las pruebas de productividad en Amazon no se perciben, en la práctica, como una forma de presión adicional para los trabajadores. La exigencia de demostrar valor constante puede convertirse en una sentencia implícita para quienes no logren cumplir con estándares cada vez más elevados, en un entorno donde el margen de error se reduce.

Este cuestionamiento cobra mayor fuerza al considerar que Amazon ha llevado a cabo despidos masivos de manera paralela. En octubre, la empresa recortó 14.000 puestos corporativos, en un contexto marcado por una fuerte reestructuración interna y una apuesta decidida por la eficiencia operativa. Aunque Andy Jassy, CEO de la compañía, ha insistido en que estos recortes no están motivados por la IA ni por razones financieras inmediatas, el impacto en la percepción de los empleados es innegable.

Al mismo tiempo, Amazon está invirtiendo de manera agresiva en inteligencia artificial. La compañía anunció una inversión adicional de 100 millones de dólares en IA generativa a través de AWS y hasta 50 mil millones de dólares para expandir infraestructura de IA y supercomputación. Este contraste —mayor exigencia humana y creciente automatización— alimenta la sensación de que los trabajadores compiten no solo entre sí, sino también contra las máquinas.

En este escenario, la narrativa de “mejorar la productividad” puede interpretarse como una carrera constante por no quedar rezagado ni ser sustituido, especialmente en una empresa que define la IA como un futuro “compañero de equipo” capaz de transformar radicalmente la plantilla.

El diario Fortune ha informado que, según documentos internos e información obtenida por Business Insider, Amazon está solicitando a sus empleados corporativos que presenten evidencias claras de su desempeño, en un proceso que exige enumerar entre tres y cinco logros concretos que reflejen su mejor trabajo. Estas pruebas de productividad en Amazon forman parte de un nuevo enfoque en la evaluación del desempeño que, según se dice, prioriza resultados medibles, impacto individual y contribuciones directas al negocio.
Lejos de ser un hecho aislado, esta práctica se inserta en una tendencia más amplia dentro de las grandes corporaciones tecnológicas, donde la presión por demostrar valor y productividad se ha intensificado. Un antecedente claro ocurrió en X (antes Twitter), cuando Elon Musk asumió la dirección y exigió a los empleados justificar semanalmente sus logros, marcando un cambio cultural que hoy se replica, con matices, en otras compañías líderes del sector.
¿En qué consisten las pruebas de productividad en Amazon?
Las pruebas de productividad en Amazon se integran al proceso interno de evaluación del desempeño conocido como Forte, que sirve como base para definir la remuneración futura de los empleados. Según la guía interna, los trabajadores deben describir proyectos, objetivos, iniciativas o mejoras de procesos que demuestren el impacto tangible de su labor dentro de la empresa.
Además de enumerar logros, se solicita a los empleados explicar qué acciones tomarán para seguir creciendo profesionalmente dentro de Amazon. La directriz incluso invita a considerar situaciones en las que se asumieron riesgos o se innovó, aun cuando los resultados no hayan sido los esperados, lo que sugiere un discurso orientado al aprendizaje y la mejora continua.
Amazon cuenta con alrededor de 350.000 empleados corporativos y una plantilla total de aproximadamente 1,56 millones de personas a nivel mundial. La mayoría de los trabajadores corporativos están sujetos a este proceso, lo que da cuenta de la magnitud del cambio cultural que implica este nuevo estándar de evaluación.
Desde la postura oficial, la compañía sostiene que estas evaluaciones no deben interpretarse como un preludio de despidos. La productividad, argumenta Amazon, es una métrica habitual en el mundo corporativo y su actualización responde a la necesidad de alinear desempeño, compensación y objetivos estratégicos, no a una intención inmediata de reducir personal.
¿Evaluación o sentencia laboral en un contexto de despidos e IA?
Pese al discurso corporativo, resulta inevitable cuestionar si las pruebas de productividad en Amazon no se perciben, en la práctica, como una forma de presión adicional para los trabajadores. La exigencia de demostrar valor constante puede convertirse en una sentencia implícita para quienes no logren cumplir con estándares cada vez más elevados, en un entorno donde el margen de error se reduce.
Este cuestionamiento cobra mayor fuerza al considerar que Amazon ha llevado a cabo despidos masivos de manera paralela. En octubre, la empresa recortó 14.000 puestos corporativos, en un contexto marcado por una fuerte reestructuración interna y una apuesta decidida por la eficiencia operativa. Aunque Andy Jassy, CEO de la compañía, ha insistido en que estos recortes no están motivados por la IA ni por razones financieras inmediatas, el impacto en la percepción de los empleados es innegable.
Al mismo tiempo, Amazon está invirtiendo de manera agresiva en inteligencia artificial. La compañía anunció una inversión adicional de 100 millones de dólares en IA generativa a través de AWS y hasta 50 mil millones de dólares para expandir infraestructura de IA y supercomputación. Este contraste —mayor exigencia humana y creciente automatización— alimenta la sensación de que los trabajadores compiten no solo entre sí, sino también contra las máquinas.
En este escenario, la narrativa de “mejorar la productividad” puede interpretarse como una carrera constante por no quedar rezagado ni ser sustituido, especialmente en una empresa que define la IA como un futuro “compañero de equipo” capaz de transformar radicalmente la plantilla.
Presión por la productividad y riesgos para la salud laboral
Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, el aumento de estas prácticas plantea serias preocupaciones sobre la salud física y mental de los colaboradores. La presión constante por rendir más, documentar cada logro y justificar el propio valor puede derivar en estrés crónico, ansiedad laboral y desgaste profesional.
Las industrias tecnológicas, en particular, han normalizado estándares de disciplina laboral que priorizan la eficiencia por encima del bienestar. La exigencia de resultados medibles, combinada con evaluaciones frecuentes y comparativas, puede erosionar la motivación intrínseca y fomentar una cultura de miedo al bajo desempeño.
Además, cuando la productividad se convierte en el principal indicador de valor, se invisibilizan aportaciones menos cuantificables pero igualmente relevantes, como el trabajo colaborativo, el acompañamiento a equipos o la construcción de cultura organizacional. Este sesgo puede afectar de manera desproporcionada a ciertos perfiles y profundizar desigualdades internas.
Para las empresas que aspiran a liderar en ESG, el desafío está en equilibrar eficiencia y cuidado. La productividad sostenible no puede sostenerse a costa de la salud de las personas, especialmente en un contexto donde la tecnología ya acelera los ritmos de trabajo de forma constante.
Productividad en la era de la automatización
Las pruebas de productividad en Amazon reflejan una tendencia más amplia: en un mundo hiperconectado y tecnológicamente acelerado, a los trabajadores se les exige rendir como máquinas, con la esperanza de no ser reemplazados por ellas. Aunque las empresas defienden estas medidas como herramientas de mejora, el riesgo es que se transformen en mecanismos de control y presión permanente.
pruebas de productividad en Amazon

Presión por la productividad y riesgos para la salud laboral

Desde una perspectiva de responsabilidad social empresarial, el aumento de estas prácticas plantea serias preocupaciones sobre la salud física y mental de los colaboradores. La presión constante por rendir más, documentar cada logro y justificar el propio valor puede derivar en estrés crónico, ansiedad laboral y desgaste profesional.

Las industrias tecnológicas, en particular, han normalizado estándares de disciplina laboral que priorizan la eficiencia por encima del bienestar. La exigencia de resultados medibles, combinada con evaluaciones frecuentes y comparativas, puede erosionar la motivación intrínseca y fomentar una cultura de miedo al bajo desempeño.

Además, cuando la productividad se convierte en el principal indicador de valor, se invisibilizan aportaciones menos cuantificables pero igualmente relevantes, como el trabajo colaborativo, el acompañamiento a equipos o la construcción de cultura organizacional. Este sesgo puede afectar de manera desproporcionada a ciertos perfiles y profundizar desigualdades internas.

Para las empresas que aspiran a liderar en ESG, el desafío está en equilibrar eficiencia y cuidado. La productividad sostenible no puede sostenerse a costa de la salud de las personas, especialmente en un contexto donde la tecnología ya acelera los ritmos de trabajo de forma constante.

pruebas de productividad en Amazon

Productividad en la era de la automatización

Las pruebas de productividad en Amazon reflejan una tendencia más amplia: en un mundo hiperconectado y tecnológicamente acelerado, a los trabajadores se les exige rendir como máquinas, con la esperanza de no ser reemplazados por ellas. Aunque las empresas defienden estas medidas como herramientas de mejora, el riesgo es que se transformen en mecanismos de control y presión permanente.

Para quienes analizan estos fenómenos desde la responsabilidad social, el caso de Amazon invita a una reflexión profunda sobre el futuro del trabajo. La verdadera innovación no debería centrarse solo en hacer más con menos, sino en construir modelos laborales donde la tecnología potencie a las personas sin deshumanizarlas. En la era de la IA, la productividad no puede ser el único parámetro del valor humano dentro de las organizaciones.

Mattel lanza una Barbie autista y refuerza su apuesta por la inclusión

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La industria del juguete ha comenzado a reconocer su papel en la construcción de imaginarios sociales y en la representación de la diversidad desde edades tempranas. Las marcas enfrentan el reto de traducir sus compromisos en productos concretos que reflejen la pluralidad de experiencias humanas, sin caer en estereotipos ni narrativas simplistas.

En este contexto, Mattel anunció el lanzamiento de una Barbie autista, una incorporación clave a su línea Barbie Fashionistas, concebida para visibilizar la diversidad neurológica. El desarrollo de esta muñeca tomó más de 18 meses y se realizó en colaboración con la Red de Autodefensa del Autismo (Autistic Self Advocacy Network), con el objetivo de crear una representación respetuosa y realista de cómo algunas personas autistas experimentan e interactúan con el mundo.

Barbie autista: diseño inclusivo basado en la experiencia real

El diseño de la Barbie autista partió de un principio fundamental: el autismo no es una condición homogénea. “Como muchas discapacidades, el autismo no se manifiesta de una sola manera”, explicó Noor Pervez, gerente de participación comunitaria de la Autistic Self Advocacy Network, quien trabajó estrechamente con Mattel en el prototipo. Este enfoque llevó a priorizar rasgos que evocan experiencias comunes, sin pretender representar a toda la comunidad.

Entre los elementos más visibles se encuentra la mirada ligeramente desviada de la muñeca, que alude a que algunas personas autistas evitan el contacto visual directo. Asimismo, los codos y muñecas articulados reconocen gestos como el aleteo de manos o la estimulación repetitiva, prácticas que pueden ayudar a procesar la información sensorial o expresar emociones.

La vestimenta también fue objeto de un análisis cuidadoso. El equipo debatió entre ropa ajustada y holgada, considerando la sensibilidad sensorial que experimentan muchas personas autistas. Finalmente, se optó por un vestido de corte A con mangas cortas y falda vaporosa, diseñado para minimizar el roce con la piel y ofrecer comodidad.

La muñeca se complementa con accesorios funcionales: un fidget spinner con clip para el dedo, auriculares con cancelación de ruido y una tableta inspirada en dispositivos de comunicación aumentativa. Estos elementos refuerzan el mensaje de que la inclusión también implica reconocer apoyos y herramientas que facilitan la autonomía.

Representación, diversidad y valor social de la inclusión

La incorporación de la Barbie autista no solo amplía la representación de la diversidad funcional, sino que también aborda la intersección entre neurodiversidad y diversidad étnica. Mattel señaló que los rasgos faciales de la muñeca se inspiraron en empleados de la compañía en India, así como en paneles visuales que reflejan a mujeres de origen indio, un grupo subrepresentado dentro de la comunidad autista.

Este enfoque responde a datos contundentes. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la prevalencia estimada de autismo en Estados Unidos es de 1 en cada 31 niños de 8 años.

Además, los niños negros, hispanos, asiáticos e isleños del Pacífico tienen mayores probabilidades de recibir un diagnóstico que los niños blancos, y la prevalencia es más de tres veces mayor en niños que en niñas.

Para Mattel, esta muñeca se inserta en una estrategia de largo plazo. Desde 2023, la línea Fashionistas ha incorporado una Barbie con síndrome de Down, una Barbie con diabetes tipo 1, figuras con prótesis, audífonos, vitíligo y diferentes tipos de cuerpo. Cada lanzamiento busca normalizar la diferencia y ampliar el espectro de identificación infantil.

Jamie Cygielman, director global de muñecas de Mattel, lo resumió así: “Barbie siempre se ha esforzado por reflejar el mundo que ven los niños y las posibilidades que imaginan, y estamos orgullosos de presentar nuestra primera Barbie autista como parte de ese trabajo continuo”.

Barbie autista

Inclusión que genera valor: cuando la RSE se integra al negocio

El lanzamiento de la Barbie autista representa un ejemplo de cómo la inclusión puede integrarse al core del negocio y no limitarse a campañas de comunicación. El producto es accesible —con un precio sugerido de 11.87 dólares— y se distribuirá en canales masivos como Target y Walmart, lo que amplía su impacto potencial.

Para las empresas, este tipo de iniciativas demuestra que la inclusión bien ejecutada requiere tiempo, diálogo con expertos y participación directa de las comunidades representadas. La colaboración con organizaciones especializadas, como la Red de Autodefensa del Autismo, fortalece la legitimidad del mensaje y reduce el riesgo de representaciones superficiales.

Además, el caso Mattel evidencia cómo la inclusión puede generar valor reputacional y social al mismo tiempo. Al ofrecer referentes positivos y diversos, la marca contribuye a la sensibilización social, fomenta la empatía desde la infancia y responde a una demanda creciente de consumidores que esperan coherencia entre valores y acciones.

Finalmente, este lanzamiento refuerza la idea de que los productos culturales —como los juguetes— tienen un impacto que trasciende lo comercial. En un entorno donde la diversidad es cada vez más visible, las empresas que lideran con responsabilidad pueden influir de manera significativa en la construcción de sociedades más inclusivas.

Barbie autista

Inclusión que trasciende el juguete

La llegada de la Barbie autista marca un paso relevante en la evolución de la industria del juguete hacia modelos más conscientes e inclusivos. Más allá de la muñeca en sí, el valor reside en el proceso: investigación, colaboración con expertos y una intención clara de representar sin simplificar una condición compleja como el autismo.

Para los especialistas en responsabilidad social, este caso subraya que la inclusión auténtica no es un gesto simbólico, sino una estrategia que exige coherencia, inversión y escucha activa. Iniciativas como esta demuestran que las marcas pueden desempeñar un papel transformador cuando entienden su influencia cultural y la utilizan para ampliar las posibilidades de representación y pertenencia.

EY lanza concurso que busca mejorar la calidad del agua a través de la IA

La nueva edición del EY AI & Data Challenge, realizada anualmente por la consultora y auditora EY, busca reunir a personas talentosas para crear soluciones innovadoras a los desafíos climáticos mundiales a través del uso de Inteligencia Artificial, datos satelitales y otras herramientas tecnológicas.

En 2026, el acceso al agua de buena calidad sigue siendo un ítem de preocupación alrededor del mundo. Cifras del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) revelan que solo un 56% de los cuerpos de agua de 120 países pueden considerarse “de buena calidad”. La organización también ha advertido que el cambio climático podría causar un aumento en los niveles de contaminación del agua a nivel mundial, haciendo énfasis en la necesidad de un monitoreo adecuado.

¿Cómo pueden la IA y los datos hacer del agua potable una realidad universal? 

Esa es la pregunta que plantea la edición 2026 del EY AI & Data Challenge, iniciativa que comienza el 20 de enero y que busca reunir el talento de jóvenes universitarios y recién egresados de todo el mundo.

El desafío consiste en el desarrollo de modelos de aprendizaje automático e Inteligencia Artificial que correlacionen los parámetros de calidad del agua con las condiciones ambientales y meteorológicas locales utilizando datos recolectados en ríos de Sudáfrica entre los años 2011 y 2015.

“Es de suma relevancia, dado el contexto que estamos viviendo como planeta, que existan iniciativas como esta. Vamos a un paso acelerado a un calentamiento global y nuestra mejor herramienta es la tecnología, y en especial la IA. Y quién mejor para crear estas soluciones que las nuevas generaciones, que serán quienes estarán a cargo de resolver estas problemáticas en el futuro”, comenta Patricio Cofré, Socio Líder de IA & Data, EY Latinoamérica.

calidad del agua

El desafío está abierto a personas estudiantes y profesionales en inicio de carrera con menos de cinco años de experiencia, y pueden participar de manera individual o en equipos de hasta tres personas. El desafío finaliza el 13 de marzo de 2026, fecha en la que comienzan las evaluaciones.

Los finalistas globales se anunciarán el 1 de abril y los ganadores el 6 de mayo de 2026. Las mejores propuestas no sólo tendrán el potencial de generar cambios significativos para la población mundial, sino que podrán optar a premios globales en efectivo de hasta USD $5.000 y la oportunidad de asistir a una celebración de reconocimiento en el extranjero.

A nivel de Latinoamérica, las personas participantes podrán ganar premios hasta USD 2.500 por medio de gift cards.Quienes deseen inscribirse en el desafío pueden hacerlo en https://challenge.ey.com/register y para más información @eylatamcareers.

Los océanos baten récord de temperatura: amplifican el caos climático

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En 2025, los océanos del mundo absorbieron cantidades colosales de calor, marcando un nuevo máximo histórico y confirmando una tendencia que preocupa cada vez más a la comunidad científica. Que los océanos baten récord de temperatura no es una anomalía aislada, sino una señal persistente de que la crisis climática avanza con una inercia difícil de revertir mientras las emisiones globales continúen en aumento.

Más del 90 % del calor generado por la contaminación de carbono que produce la humanidad es absorbido por los océanos, lo que los convierte en el termómetro más fiable del calentamiento global y en un factor determinante del riesgo climático que enfrentan comunidades, ecosistemas y economías enteras.

¿Por qué los océanos baten récord de temperatura año tras año?

Que los océanos baten récord de temperatura casi de forma consecutiva desde el inicio del milenio responde a su papel como principal sumidero de calor del planeta. A diferencia de la atmósfera, que es más volátil y sensible a fenómenos naturales como El Niño o La Niña, el océano acumula energía de manera sostenida y silenciosa.

Las mediciones científicas, basadas en datos recopilados por diversos instrumentos y analizadas por equipos independientes, muestran que el contenido de calor de los primeros 2.000 metros del océano —donde se absorbe la mayor parte del exceso térmico— alcanzó en 2025 su nivel más alto registrado. Los investigadores advierten que probablemente los océanos estén más calientes que en cualquier otro momento de los últimos 1.000 años.

Este proceso está directamente vinculado a la quema de combustibles fósiles. Mientras las emisiones no se reduzcan a cero, el sistema climático seguirá acumulando energía, y los océanos continuarán actuando como amortiguadores temporales del calentamiento, aunque con costos crecientes.

océanos baten récord de temperatura

“El calentamiento global es el calentamiento de los océanos”, afirmó el profesor John Abraham, de la Universidad de St. Thomas, y agregó:

“Si quieres saber cuánto se ha calentado la Tierra o a qué velocidad se calentará en el futuro, la respuesta está en los océanos”.

El calor oceánico como detonante de desastres climáticos

El hecho de que los océanos baten récord de temperatura tiene consecuencias directas sobre la intensidad y frecuencia de los fenómenos extremos. El calor adicional actúa como combustible para huracanes y tifones más poderosos, capaces de causar daños sin precedentes en comunidades costeras.

Además, los océanos más cálidos intensifican las lluvias torrenciales y las inundaciones, al aumentar la cantidad de vapor de agua disponible en la atmósfera. Esto se traduce en eventos más destructivos y difíciles de predecir, con impactos sociales y económicos cada vez mayores.

Otro efecto crítico son las olas de calor marinas, que se prolongan por más tiempo y devastan ecosistemas enteros. Arrecifes de coral, pesquerías y cadenas alimentarias marinas están siendo alterados, comprometiendo la seguridad alimentaria de millones de personas.

A ello se suma la expansión térmica del agua de mar, uno de los principales factores del aumento del nivel del mar. Este fenómeno, impulsado por el exceso de calor, amenaza directamente a miles de millones de personas que viven en zonas costeras y deltas vulnerables.

océanos baten récord de temperatura

Un calentamiento desigual que fragiliza los océanos

El calentamiento de los océanos no ocurre de manera uniforme. En 2025, las regiones con temperaturas más elevadas incluyeron los océanos tropicales, el Atlántico Sur, el Pacífico Norte y el océano Antártico, una zona que genera especial alarma entre los científicos.

En el océano Antártico, el colapso del hielo marino invernal observado en los últimos años es una señal de alerta temprana sobre cambios profundos en el sistema climático. La pérdida de hielo no solo acelera el calentamiento regional, sino que altera corrientes y patrones climáticos globales.

Por su parte, el Atlántico Norte y el mar Mediterráneo no solo se están calentando, sino que también se están volviendo más salinos, más ácidos y menos oxigenados. Este cóctel de presiones está provocando, según los investigadores, “un profundo cambio en el estado de los océanos”.

La consecuencia es una fragilización acelerada de los ecosistemas marinos y de la vida que sustentan. Desde una perspectiva de sostenibilidad, esto implica riesgos crecientes para sectores como la pesca, el turismo y la protección costera.

océanos baten récord de temperatura

Una señal inequívoca de urgencia climática

Que los océanos baten récord de temperatura no es solo un dato científico, sino una advertencia contundente sobre la trayectoria actual del planeta. La cantidad de calor absorbida es tan colosal que equivale a más de 200 veces el consumo anual de electricidad de toda la humanidad, una magnitud que ilustra la escala del desafío al que nos enfrentamos.

Como señaló John Abraham, “mientras el calor de la Tierra siga aumentando, el contenido de calor del océano seguirá aumentando y los récords seguirán cayendo”. La mayor incertidumbre, concluyen los científicos, no está en la física del clima, sino en las decisiones humanas. Reducir emisiones y transformar los modelos de producción y consumo no es solo una meta ambiental, sino una responsabilidad ética para proteger un futuro en el que las sociedades puedan prosperar.

Fundación Gigante, Juguetón y Natura: diferencia entre inversión social, filantropía y RSE

En el ecosistema de la sostenibilidad corporativa existe un debate recurrente: ¿todas las acciones sociales de las empresas son responsabilidad social? La respuesta es no. Aunque con frecuencia se usan como sinónimos, conceptos como inversión social, filantropía y responsabilidad social empresarial (RSE) representan enfoques distintos de cómo las organizaciones se relacionan con la sociedad.

Comprender la diferencia entre inversión social, filantropía y RSE es clave para analizar con mayor precisión el impacto real de las empresas en su entorno. Mientras algunas iniciativas se centran en donaciones o campañas solidarias, otras forman parte de estrategias integradas al modelo de negocio. Para ilustrarlo, tres casos ampliamente conocidos —Fundación Gigante, Juguetón y Natura— permiten observar cómo estas tres aproximaciones se materializan en la práctica.

La diferencia entre inversión social, filantropía y RSE: tres enfoques para generar impacto

La diferencia entre inversión social, filantropía y RSE radica principalmente en el nivel de integración con la estrategia empresarial. La filantropía suele ser la forma más tradicional: donaciones o campañas solidarias que de forma completamente desinteresada, buscan atender necesidades inmediatas de la sociedad. Estas ejecuciones pueden realizarse una sola vez o de forma continuada pero no se busca un retorno o una medición de impacto.

inversión social, filantropía y RSE

La inversión social, en cambio, busca generar cambios más estructurales mediante programas diseñados para fortalecer comunidades y generar desarrollo a mediano o largo plazo. Aunque puede estar vinculada a la empresa, no siempre está integrada a la operación central del negocio.

La responsabilidad social empresarial, por su parte, implica una transformación más profunda. En este enfoque, las decisiones económicas, ambientales y sociales se incorporan a toda la estrategia corporativa, impactando desde la cadena de suministro hasta el diseño de productos.

Veamos en la práctica los tres ejemplos.

Juguetón: la filantropía como movilización social

El Juguetón representa uno de los ejemplos más emblemáticos de filantropía en América Latina. Esta campaña impulsada por TV Azteca y Grupo Salinas se dedica a recolectar juguetes para niñas y niños que viven en situación vulnerable.

Desde su creación en 1995, la iniciativa ha convocado a empresas, instituciones y ciudadanos para donar juguetes nuevos que se entregan cada Día de Reyes a comunidades de todo el país.

El éxito de la campaña es notable: en su edición más reciente se reunieron más de 19 millones de juguetes destinados a niñas y niños en situación vulnerable. 

La esencia del Juguetón radica en movilizar la solidaridad colectiva. La campaña logra convocar a miles de voluntarios, empresas y familias para contribuir con donativos que generan momentos de alegría para la infancia.

Este tipo de iniciativas cumplen un rol importante en la sociedad: sensibilizan sobre problemáticas sociales y fomentan la participación ciudadana.

Sin embargo, desde el punto de vista conceptual, siguen perteneciendo al ámbito de la filantropía, ya que su impacto se centra en la donación directa más que en cambios estructurales de largo plazo.

Las empresas que donan 100 o 1000 juguetes no esperan que se les de un informe de cómo estos cambiaron la vida de la niñez a quien se les entregaron. Y estas donaciones pueden ser cada año con la misma mecánica. Es filantropía pura.

Programas que generan resultados medibles: Fundación Gigante

En contraste, la inversión social se traduce en acciones concretas que buscan generar resultados tangibles en las comunidades. En el caso de Fundación Gigante, el brazo social de Grupo Gigante, sus iniciativas buscan no solo atender necesidades inmediatas, sino también fortalecer capacidades productivas, acceso a recursos básicos y autonomía económica en poblaciones vulnerables.

Uno de los programas más representativos de Fundación Gigante se desarrolla en la región Chontal de Oaxaca, donde trabaja en alianza con Fundación Obras Educativas para impulsar proyectos que fortalezcan la economía local y generen oportunidades sostenibles para comunidades rurales.

Actualmente, la fundación impulsa 19 proyectos productivos comunitarios, que incluyen actividades como invernaderos, producción de alimentos y pequeños emprendimientos locales. Estos proyectos se complementan con la creación de 30 huertos de traspatio y el desarrollo de 15 invernaderos, iniciativas que contribuyen a fortalecer la seguridad alimentaria y a generar ingresos adicionales para las familias participantes.

El programa también promueve la participación económica de las mujeres en la comunidad. A través de iniciativas de capacitación y acompañamiento, 63 mujeres han desarrollado oficios como cocineras y panaderas, fortaleciendo sus habilidades productivas y ampliando sus oportunidades de ingreso.

Otro componente clave es la dinamización de la economía local. Para ello se han impulsado 29 ediciones del Tianguis Chontal, un espacio que permite a productores y emprendedores de la región comercializar sus productos, fortalecer redes comunitarias y fomentar el consumo local.

El acceso al agua potable y su manejo sustentable también forma parte central de la intervención. A través del Modelo de Uso Sustentable del Agua (MUSA) se han implementado 65 sistemas y acciones relacionadas con el aprovechamiento y gestión del agua, beneficiando tanto a hogares como a espacios educativos. En este ámbito destacan los proyectos de agua instalados en escuelas de la región, que han beneficiado a 102 personas en la escuela de San Pedro y 243 personas en la escuela de El Coyul.

inversión social, filantropía y RSE

A estas acciones se suma la recuperación del entorno natural mediante 16 iniciativas de reforestación, así como el impulso a la educación con 40 becas de bachillerato en colaboración con SURA, que contribuyen a ampliar las oportunidades educativas de jóvenes de la región.

En conjunto, estas iniciativas han beneficiado a 632 personas y representan una inversión social de 1,200,000 pesos, demostrando cómo la inversión social estratégica puede generar impactos medibles al combinar desarrollo económico, acceso a recursos básicos, educación y fortalecimiento del tejido comunitario.

Natura: cuando la sostenibilidad forma parte del negocio

Un tercer modelo lo representa Natura, una de las empresas más reconocidas a nivel mundial por su enfoque en sostenibilidad. A diferencia de los ejemplos anteriores, su aproximación corresponde a la responsabilidad social empresarial.

En Natura, la sostenibilidad está integrada en el corazón del negocio: desde la obtención de ingredientes en la Amazonía hasta la gestión de la cadena de valor y el diseño de productos con menor impacto ambiental.

Este enfoque implica trabajar con comunidades proveedoras, promover prácticas de comercio justo y reducir la huella ambiental de la empresa, integrando criterios sociales y ambientales en todas las decisiones corporativas.

La estrategia de Natura demuestra cómo la responsabilidad social puede convertirse en la parte central del negocio y en una ventaja competitiva. En lugar de limitarse a donaciones o programas sociales aislados, la empresa integra el impacto social y ambiental en su modelo de negocio.

Esto incluye innovación en productos, economía circular, relación con comunidades amazónicas y medición constante de impactos ambientales y sociales.

De esta forma, Natura ejemplifica un modelo donde la sostenibilidad deja de ser externa para convertirse en parte central de la estrategia empresarial.

Tres modelos, un mismo objetivo: generar valor para la sociedad

La discusión sobre sostenibilidad empresarial suele mezclar conceptos que, aunque relacionados, representan enfoques distintos de acción social corporativa. Entender la diferencia entre inversión social, filantropía y RSE permite analizar con mayor claridad el alcance real de cada iniciativa.

Mientras campañas como el Juguetón movilizan solidaridad y generan beneficios inmediatos, organizaciones como Fundación Gigante impulsan proyectos de desarrollo social más estructurados. Por su parte, empresas como Natura muestran cómo la sostenibilidad puede integrarse completamente en el modelo de negocio.

En un contexto donde consumidores, inversionistas y sociedad exigen mayor transparencia y compromiso, distinguir estos tres enfoques se vuelve fundamental para evaluar el verdadero impacto de las empresas en la construcción de un desarrollo más justo y sostenible.