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¿A ellas no les suben el sueldo?: la realidad de las trabajadoras en México

Hablar de igualdad salarial en México implica reconocer que, para miles de mujeres, el aumento de sueldo sigue siendo una promesa lejana. Aunque las leyes establecen el principio de salario igual por trabajo igual, en la práctica las brechas de género continúan marcando la trayectoria laboral de las trabajadoras en México, especialmente cuando se trata de negociar incrementos salariales.

Este problema no se limita a una sola causa. Estereotipos de género, sesgos en la evaluación del desempeño y dinámicas organizacionales poco transparentes confluyen para generar un escenario donde ellas tienen menos probabilidades de pedir un aumento y, cuando lo hacen, menos posibilidades de conseguirlo. Esta realidad plantea un reto estructural y de equidad laboral.

Pedir un aumento: una barrera invisible para las trabajadoras en México

Solicitar un aumento salarial sigue siendo una conversación incómoda. El estudio Work in Progress de Buk revela que solo una de cada cuatro personas en Latinoamérica negoció su sueldo al recibir una oferta laboral; en México lo hizo poco más del 27%, de las cuales casi seis de cada diez tuvieron éxito.

Más allá del desconocimiento sobre cuándo o cómo pedir un incremento, los estereotipos juegan un papel determinante. De acuerdo con la Radiografía de las Mujeres en el Trabajo de Buk, ellas son menos propensas a solicitar un aumento, una diferencia que comienza a manifestarse desde edades tempranas y que se profundiza con el paso del tiempo.

“El estudio detalla que las diferencias en crianza y expectativas sociales influyen en la confianza al momento de negociar el salario”, señala el informe. Mientras el 35% de los hombres pide un aumento, solo el 33% de las mujeres lo hace, una brecha que se amplía entre la población más joven.

trabajadoras en México

La situación es aún más crítica cuando se considera la maternidad. Según Buk, las mujeres con hijos son el grupo con menor probabilidad de obtener un aumento una vez solicitado, debido a sesgos que asocian la maternidad con menor disponibilidad o compromiso laboral, afectando directamente a las trabajadoras en México.

Brecha salarial: el problema estructural detrás de los aumentos

Las dificultades para acceder a incrementos salariales no pueden analizarse sin considerar la brecha de género. Datos de la Total Remuneration Survey de Mercer muestran que la diferencia salarial entre hombres y mujeres en puestos directivos alcanza el 20%, mientras que en niveles profesionales y operativos llega hasta el 22%.

Aunque la Ley Federal del Trabajo establece la obligación de garantizar un salario igualitario, la realidad dista de lo que marca la normativa.

No importa lo que diga la ley, la realidad económica es otra”, afirma Fátima Masse, cofundadora de Noubi Advisors, al referirse a las disparidades persistentes en el mercado laboral.

trabajadoras en México

Desde una perspectiva académica, Gina Aran, experta en economía y empresas de la Universidad Abierta de Cataluña, señala que muchas mujeres no negocian aumentos porque consideran que aún no “merecen” más, temen al rechazo o a ser percibidas como “ingratas”. Esta percepción está profundamente arraigada en las normas sociales.

El resultado es un círculo vicioso: las mujeres suelen ingresar al mercado laboral con salarios más bajos, solicitan menos aumentos y, cuando lo hacen, tienen menores tasas de éxito. Así, su trayectoria salarial se distancia progresivamente de la de los hombres, reproduciendo la desigualdad que enfrentan las trabajadoras en México.

El papel de las empresas en la desigualdad salarial

La experta también ejemplifica cómo, desde el reclutamiento, se reproducen desigualdades: ofrecer salarios más bajos a mujeres basándose en su ingreso previo refuerza una desventaja que se arrastra a lo largo de toda la carrera profesional. Estas prácticas afectan directamente las posibilidades de aumento para las trabajadoras en México.

Si bien la confianza y el llamado síndrome del impostor influyen, el problema no recae únicamente en las mujeres, pues, como Masse advierte, las decisiones empresariales también perpetúan las brechas:

“El reto es más profundo, tiene que ver con el ecosistema, la estructura y el ambiente laboral”.

trabajadoras en México

Ante este panorama, especialistas recomiendan implementar tabuladores salariales claros y rangos definidos por puesto. La transparencia en las estructuras de compensación no solo reduce la discrecionalidad, sino que brinda a las personas trabajadoras mejores herramientas para negociar.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) también subraya la importancia de medir y estandarizar la brecha salarial dentro de las organizaciones. Con datos claros, las empresas pueden identificar sus áreas de riesgo y diseñar estrategias efectivas para avanzar hacia una mayor equidad.

Cerrar la brecha también es responsabilidad social

La dificultad de las mujeres para acceder a aumentos salariales no es un problema individual, sino un reflejo de desigualdades estructurales profundamente arraigadas. Los datos muestran que las trabajadoras en México enfrentan barreras sistemáticas que limitan su crecimiento económico y profesional, a pesar de contar con las capacidades y el desempeño necesarios.

Cerrar esta brecha exige un compromiso real por parte de las empresas, más allá del cumplimiento legal. Diseñar políticas salariales transparentes, eliminar sesgos en la evaluación del desempeño y promover una cultura de equidad no solo es una cuestión de justicia social, sino un pilar fundamental de la responsabilidad social empresarial y del desarrollo económico sostenible del país.

La huella invisible del alimento para perros: ¿más alta que la humana?

Cuando se habla de cambio climático, la conversación suele centrarse en lo que comemos las personas: carne, lácteos o alimentos ultraprocesados. Sin embargo, hay un factor que rara vez se menciona y que está presente en millones de hogares: la alimentación de las mascotas. En particular, la comida para perros comienza a mostrar un impacto ambiental mucho mayor del que imaginamos.

En un contexto donde cada vez más familias conviven con uno o más perros, entender el impacto climático de la comida de perros se vuelve clave. Las decisiones que tomamos al llenar el plato de nuestras mascotas también influyen en la huella ambiental, incluso en niveles comparables —y en algunos casos superiores— a la alimentación humana.

Cuando el impacto climático de la comida de perros pasa desapercibido

Un estudio reciente publicado en Journal of Cleaner Production analizó casi mil alimentos comerciales para perros disponibles en el Reino Unido. Se trata de la investigación más amplia realizada hasta ahora sobre este tema y pone sobre la mesa una realidad poco conocida: algunas dietas caninas generan más emisiones de gases de efecto invernadero que la alimentación de sus propios dueños.

Los científicos, de las universidades de Edimburgo y Exeter, evaluaron la huella de carbono asociada a los ingredientes utilizados en la comida para perros. Es decir, midieron las emisiones generadas para producir carne, cereales y vegetales, antes de que el alimento llegue a las fábricas.

El análisis comparó distintos tipos de productos: comida seca, húmeda, cruda, opciones “premium”, dietas sin cereales y alternativas de origen vegetal. Esto permitió observar grandes diferencias en el impacto climático de la comida de perros, dependiendo de su composición.

Uno de los hallazgos más llamativos es que, entre los productos con mayor y menor huella ambiental, puede existir una diferencia de hasta 65 veces más emisiones. En otras palabras, no todas las croquetas o alimentos húmedos afectan al planeta de la misma forma.

impacto climático de la comida de perros

El papel de la carne y las dietas “premium”

El estudio identificó que los alimentos ricos en carne, especialmente los húmedos y crudos de gama alta, son los que presentan mayor impacto ambiental. Esto se debe a que muchos utilizan cortes de carne “aptos para humanos”, cuya producción genera altas emisiones de gases de efecto invernadero.

Por el contrario, los productos que emplean partes del animal con menor demanda humana, pero igualmente nutritivas para los perros, tienden a tener una huella climática menor. Esto demuestra que no se trata solo de cuánta carne contiene un alimento, sino de qué tipo de carne se utiliza.

Según los investigadores, este fenómeno explica por qué algunos perros alimentados con dietas de alta gama pueden tener una “huella de carbono dietaria” mayor que la de sus propios dueños, sobre todo si estos siguen una alimentación moderada en carne.

A nivel nacional, la producción de ingredientes para comida de perros representa alrededor del 1% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del Reino Unido. Puede parecer poco, pero el dato cobra otra dimensión cuando se observa el crecimiento global de la población de mascotas.

¿Por qué la comida para perros también importa en la crisis climática?

Los científicos estiman que producir comida del tipo que consumen los perros en el Reino Unido para alimentar a todos los perros del mundo generaría emisiones equivalentes a más de la mitad de las producidas anualmente por el combustible de la aviación comercial. Este cálculo ayuda a dimensionar el verdadero impacto climático de la comida de perros.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores utilizaron la información que aparece en las etiquetas de los productos y la cruzaron con bases de datos de emisiones asociadas a cada ingrediente. El estudio también encontró que productos etiquetados como “naturales” o “premium” pueden tener impactos ambientales muy distintos entre sí.

impacto climático de la comida de perros

Esto plantea un reto importante para los consumidores, ya que hoy no resulta sencillo identificar qué alimentos para mascotas son más sostenibles. La falta de información clara sobre el origen y tipo de carne utilizada dificulta tomar decisiones más responsables.

Además, aunque existen alternativas de origen vegetal con menor impacto ambiental, los expertos advierten que todavía son pocas y no permiten sacar conclusiones definitivas sobre su viabilidad a gran escala.Alimentar con conciencia también es cuidar el planeta

El mensaje central del estudio es claro: alimentar a nuestros perros no es un acto neutral para el medio ambiente. El impacto climático de la comida de perros es real y puede ser considerable, especialmente cuando se opta por dietas altas en carne de alta calidad sin conocer su huella ambiental.

Concientizar sobre este tema no implica dejar de cuidar la salud de las mascotas, sino entender que existen formas de hacerlo con menor impacto ambiental. Informarse, leer etiquetas y cuestionar ciertas tendencias de consumo es un primer paso para que la relación con nuestras mascotas también sea más responsable con el planeta.

¿Qué significa realmente “poner a las personas al centro”?

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En los últimos años, poner a las personas al centro se ha convertido en una de las frases más repetidas en discursos empresariales, informes de sostenibilidad y estrategias ESG. Se menciona en planes de cultura organizacional, campañas de marca empleadora y narrativas de propósito corporativo. Sin embargo, su uso constante también ha diluido su significado, convirtiéndola en un concepto atractivo, pero muchas veces vacío.

Entender qué implica realmente poner a las personas al centro es clave para diferenciar entre una declaración aspiracional y una transformación genuina. No se trata de beneficios aislados ni de iniciativas cosméticas, sino de un cambio profundo en la forma en que las organizaciones toman decisiones, gestionan riesgos y miden el éxito. Para empresas y organizaciones sociales, este enfoque ya no es opcional: es un factor crítico de sostenibilidad y legitimidad.

¿Qué implica en la práctica poner a las personas al centro?

Diseñar decisiones desde el impacto humano, no solo desde la eficiencia

Poner a las personas al centro significa evaluar cada decisión estratégica considerando cómo afecta la vida, la salud y la dignidad de quienes forman parte de la organización. Esto incluye a colaboradores, proveedores, comunidades y clientes, no únicamente a los accionistas. La eficiencia operativa deja de ser el único criterio de éxito.

En la práctica, este enfoque obliga a anticipar riesgos sociales: sobrecargas de trabajo, estrés crónico, rotación no deseada o impactos negativos en comunidades locales. Las empresas que adoptan esta visión entienden que los costos humanos ignorados tarde o temprano se traducen en costos financieros, reputacionales y legales.

poner a las personas al centro

Reconocer a las personas como titulares de derechos, no como recursos

Uno de los cambios más profundos es dejar atrás la lógica de “capital humano” entendido solo como un insumo productivo. Poner a las personas al centro implica reconocerlas como sujetos de derechos, con expectativas legítimas de condiciones laborales dignas, equidad, seguridad y bienestar.

Este enfoque está alineado con los Principios Rectores de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos. No se trata de filantropía, sino de responsabilidad. Las organizaciones que lo comprenden integran el respeto a los derechos humanos en sus políticas internas, procesos de debida diligencia y cadenas de suministro.

Escuchar activamente y tomar decisiones informadas por la experiencia real

Escuchar no es aplicar encuestas anuales que terminan archivadas. Poner a las personas al centro requiere crear canales reales de diálogo, donde las voces internas y externas influyan en la toma de decisiones. Esto implica aceptar retroalimentación incómoda y actuar en consecuencia.

Las empresas más avanzadas incorporan mecanismos de consulta continua, análisis cualitativos y espacios seguros para expresar preocupaciones. La experiencia cotidiana de las personas se convierte en una fuente estratégica de información, no en un dato secundario.

Medir el éxito más allá de los indicadores financieros

Cuando las personas están al centro, el desempeño no se mide únicamente en utilidades, crecimiento o productividad. Se incorporan indicadores de bienestar, seguridad, desarrollo profesional, equidad salarial y clima organizacional. Lo que no se mide, no se gestiona.

Este cambio es clave para la agenda ESG. Las organizaciones que avanzan en este camino vinculan métricas sociales con resultados de negocio, demostrando que el bienestar y la rentabilidad no son objetivos opuestos, sino interdependientes.

Asumir que el liderazgo también es corresponsable del bienestar

Poner a las personas al centro redefine el rol del liderazgo. Ya no basta con dirigir resultados; se espera que quienes toman decisiones comprendan su impacto humano y asuman responsabilidad sobre él. La cultura organizacional deja de ser un discurso y se refleja en comportamientos concretos.

Esto implica formar líderes con capacidades de empatía, gestión ética y toma de decisiones conscientes. Las organizaciones que ignoran este punto suelen enfrentar crisis internas que erosionan la confianza y el compromiso de sus equipos.

poner a las personas al centro

Integrar el bienestar como parte del modelo de negocio, no como un beneficio extra

Finalmente, poner a las personas al centro significa que el bienestar no es un “plus” ni una iniciativa aislada de recursos humanos. Forma parte del modelo de negocio, de la planeación estratégica y de la gestión de riesgos.

Las empresas que lo entienden diseñan procesos más sostenibles, reducen la rotación, fortalecen su reputación y mejoran su capacidad de adaptación en contextos de crisis. No es una concesión: es una ventaja competitiva de largo plazo.

¿Por qué este enfoque es cada vez más relevante?

Personas, riesgos y sostenibilidad

El creciente foco en factores sociales responde a una realidad clara: los riesgos más costosos para las organizaciones ya no son solo financieros o ambientales. El desgaste del talento, los conflictos laborales y la pérdida de confianza social tienen impactos directos en la continuidad del negocio.

De la narrativa al escrutinio público

Hoy, clientes, inversionistas y reguladores observan con mayor atención si las empresas hacen lo que dicen. La coherencia entre discurso y práctica se ha vuelto un factor crítico de reputación. Poner a las personas al centro sin evidencia concreta puede convertirse rápidamente en un riesgo reputacional.

Un puente entre ESG y cultura organizacional

Este enfoque funciona como un punto de conexión entre las estrategias ESG y la vida cotidiana dentro de las organizaciones. Permite que conceptos abstractos como sostenibilidad, propósito o impacto social se traduzcan en acciones tangibles y medibles.

poner a las personas al centro

Poner a las personas al centro no es una moda

Poner a las personas al centro no es una tendencia pasajera ni una consigna de comunicación. Es una redefinición profunda de cómo se entiende el éxito organizacional en un contexto de crisis sociales, económicas y ambientales cada vez más complejas. Las empresas que lo asumen con seriedad están mejor preparadas para enfrentar la incertidumbre.

Más que una promesa, este enfoque exige coherencia, medición y voluntad de cambio. Cuando se implementa de forma auténtica, poner a las personas al centro deja de ser una frase atractiva y se convierte en una estrategia sólida para construir organizaciones más justas, resilientes y sostenibles en el tiempo.

Este país podría quedar inhabitable por sequía extrema: millones de personas en riesgo

Irán se aproxima peligrosamente a un escenario que hasta hace poco parecía impensable: convertirse en un país incapaz de sostener a su propia población debido a la falta de agua. La combinación de años de precipitaciones por debajo de la media, embalses al límite y una gestión ambiental negligente ha colocado al país al borde del llamado Día Cero, el momento en que el agua deja de salir del grifo. Hoy, esta amenaza ya no es una advertencia de científicos, sino una posibilidad reconocida públicamente por el propio gobierno.

El presidente Masoud Pezeshkian lo dijo sin rodeos: si no llueve, Teherán —una megalópolis de más de 10 millones de habitantes— podría tener que ser evacuada. Las presas que abastecen a la capital están en mínimos históricos, una de ellas completamente seca y otra por debajo del 8 % de su capacidad. Los recortes de presión nocturnos ya no bastan y, para millones de personas, el acceso al agua potable se ha vuelto intermitente, desigual y profundamente injusto.

Este país en sequía extrema enfrenta una tormenta perfecta en la que la crisis hídrica se entrelaza con el colapso económico, la inflación descontrolada, la escasez energética y una creciente ira social. Más allá de las amenazas externas, las sanciones o la presión militar de Estados Unidos e Israel, el golpe más severo para el régimen puede venir de algo mucho más básico: la imposibilidad de sostener la vida cotidiana sin agua.

Irán, un país en sequía extrema y al borde del Día Cero

A finales de 2025 y comienzos de 2026, las protestas que estallaron en el Gran Bazar de Teherán por la caída de la moneda y el aumento de los precios se extendieron rápidamente a más de veinte provincias. El rial iraní perdió cerca del 60 % de su valor desde mediados de 2025, mientras que la inflación alimentaria ronda el 64 %, empujando a millones de hogares a la pobreza extrema y la inseguridad alimentaria.

A este deterioro se suma una crisis energética crónica. A pesar de sus vastas reservas de petróleo y gas, Irán sufre apagones en verano y escasez de gas en invierno debido a décadas de subinversión, subsidios mal diseñados, corrupción y sanciones. Esta fragilidad energética afecta directamente al suministro de agua: sin electricidad estable, los sistemas de bombeo fallan y las ciudades quedan aún más expuestas.

En este contexto, Teherán se ha convertido en el símbolo más inquietante del colapso ambiental. Que un gobierno admita la posibilidad de evacuar su capital revela hasta qué punto el país en sequía extrema ha agotado sus márgenes de maniobra. 

Negligencia climática: cómo Irán agotó su propia agua

Aunque el cambio climático ha intensificado las sequías, la crisis hídrica iraní es, ante todo, una crisis política. Durante décadas, el Estado trató el agua como un recurso ilimitado y el cuidado ambiental como una variable negociable. La escasez actual es el resultado previsible de esa visión.

Entre los principales errores de la administración iraní destacan:

  • Promover agricultura intensiva en zonas áridas, en nombre de la autosuficiencia alimentaria, con cultivos altamente demandantes de agua.
  • Apoyar industrias con enorme huella hídrica, sin evaluar su viabilidad ecológica a largo plazo.
  • Construcción masiva de presas y trasvases, que secaron ríos, lagos y humedales en lugar de restaurarlos.
  • Sobreexplotación de acuíferos, mediante perforación legal e ilegal de pozos, agotando reservas estratégicas.
  • Subsidios al agua y la energía, que incentivaron el despilfarro y desincentivaron la eficiencia.
  • Infraestructura obsoleta, con redes de distribución plagadas de fugas.
  • Desprotección de los ecosistemas, considerados un lujo prescindible frente a la “economía de resistencia”.

Las sanciones internacionales y la presión externa reforzaron esta lógica. Bajo el asedio económico, el régimen justificó la extracción insostenible como un acto patriótico. Así, el sacrificio de los recursos naturales se convirtió en parte del proyecto político. El resultado es un país en sequía extrema que ha entrado en bancarrota hídrica.

país en sequía extrema

El costo social de quedarse sin agua

La escasez de agua no hace más que profundizar la crisis económica. La agricultura —fuente de ingresos para millones— se vuelve inviable; la industria reduce su actividad; los precios de los alimentos suben aún más. En provincias como Juzestán, Chaharmahal y Bakhtiari, agricultores y comunidades enteras han salido a las calles para protestar por el desvío del agua hacia megaproyectos asociados a intereses políticos y militares.

El agua actúa como un “multiplicador de riesgos”: convierte el malestar económico en indignación social y la frustración en movilización política. Las protestas recientes han unido a campesinos, trabajadores, estudiantes y familias empobrecidas bajo consignas que exigen servicios básicos y denuncian la incompetencia gubernamental. El costo humano de la negligencia climática se mide en migraciones forzadas, pobreza, enfermedades y una creciente sensación de abandono estatal.

Paradójicamente, mientras Washington reactiva su doctrina de “máxima presión” y el Consejo de Seguridad endurece sanciones, el golpe más devastador no proviene del exterior. Proviene de los ríos y acuíferos agotados. La sequía amenaza con hacer lo que ni las sanciones ni las bombas lograron: poner en jaque la continuidad del régimen.

https://twitter.com/Javanmardi75/status/2009001685746860341?s=20

De la economía de resistencia a la sostenibilidad

Si Irán quiere evitar el colapso, debe cambiar de rumbo de manera radical. Enfrentar esta crisis exige abandonar la lógica de la resistencia a cualquier precio y transitar hacia una estrategia de sostenibilidad y resiliencia.

Entre las medidas que este país debería impulsar con urgencia destacan:

  • Eliminar gradualmente cultivos altamente demandantes de agua en regiones áridas.
  • Reducir la dependencia de industrias intensivas en consumo hídrico, reorientando la economía.
  • Reformar los subsidios al agua y la energía, protegiendo a los más pobres pero incentivando la eficiencia.
  • Invertir en infraestructura, para reducir fugas y modernizar la distribución.
  • Restaurar ecosistemas como ríos, lagos y humedales, en lugar de seguir expandiendo presas.
  • Gestionar el agua como un recurso estratégico y finito, no como un botín político.

La experiencia iraní es una advertencia para el mundo. Lo que hoy vive este país en sequía extrema anticipa el futuro de otros Estados que siguen posponiendo la inversión ambiental y la transición hacia modelos sostenibles. Cuidar el medioambiente y los recursos naturales no es una opción ideológica ni un lujo para tiempos de bonanza: es una condición básica de estabilidad social, económica y política. Ignorarla puede terminar poniendo en jaque no solo a un régimen, sino a toda una nación.

Beisbol para ciegos, una realidad en México 

La National Beep Baseball Association (NBBA) otorgó la autorización oficial a BBAT México, para fungir como promotor y organizador nacional del beep baseball en nuestro país, marcando un paso histórico para el desarrollo del deporte adaptado en tierras aztecas.

Con esta autorización, se podrá organizar, desarrollar y promover el beep baseball a nivel nacional, en apego a los valores de inclusión, accesibilidad, seguridad y respeto que rigen a la NBBA, con el objetivo de generar oportunidades deportivas reales para personas con ciegas y con discapacidad visual.

¿Qué es el beep baseball?

El beep baseball es una modalidad adaptada del béisbol diseñada específicamente para personas ciegas. En este deporte, la pelota emite un sonido (beep) que permite a los jugadores localizarla al momento del bateo, mientras que las bases también cuentan con señales auditivas. Los equipos están conformados por jugadores con ciegos o con discapacidad visual y guías videntes, lo que convierte al beep baseball en una disciplina altamente competitiva, estratégica e inclusiva.

Se juega con una pelota especial que emite sonido. Dos equipos de 6 jugadores cada uno deben estar con los ojos vendados en todo momento sin importar la discapacidad que tengan para estar en igualdad de situaciones. Se lanza la pelota y se sigue el sonido distintivo de la base para anotar antes que la defensa atrape la bola que tiene su sonido distinto. Existen solo dos bases: una en la línea de primera base y otra en la de tercera, cada una a 30 metros del home. Un operador de base activa una base aleatoriamente cuando se batea la pelota. El objetivo es anotar la mayor cantidad de carreras.

El bateador anota un punto si llega a la base activada antes de que el fildeador atrape la pelota. Si el fildeador atrapa la pelota primero, el bateador queda out y no se anota ningún punto. Esto crea una competencia acelerada entre el bateador y la defensa.

La iniciativa contempla la creación de programas de entrenamiento, el desarrollo de ligas locales, la realización de campañas de concientización y el impulso de un esquema de crecimiento a largo plazo que permita consolidar esta modalidad de beisbol en el país y proyectarlo hacia competencias internacionales.

Beisbol para ciegos

Esta autorización representa un antes y un después para el deporte adaptado en México. El beep baseball no solo es competencia y alto rendimiento, es una herramienta de inclusión, autonomía y trabajo en equipo. Nuestro objetivo es llevar este deporte a diferentes estados del país, formar jugadores y sentar las bases para que México tenga, en el futuro, sus propios equipos nacionales compitiendo a nivel internacional”, afirmó Aleksei Báez Cestelos, director general de BBAT México.

Esta autorización abre caminos para impulsar la difusión y el crecimiento de este deporte en México, con miras a que el país se integre al circuito competitivo internacional bajo los lineamientos de la NBBA.

Con este paso, México se suma a una disciplina que combina pasión deportiva, innovación y compromiso social, abriendo nuevas oportunidades para atletas con discapacidad visual y fortaleciendo el panorama del deporte inclusivo en el país.

Actualmente el beisbol parra ciegos tiene presencia en países como Estados Unidos, Canadá, Puerto Rico, Japón y ahora en México. 

Gestión inteligente del agua de lluvia en México: de la inundación a la oportunidad

México enfrenta un escenario climático cada vez más extremo: lluvias torrenciales seguidas de sequías prolongadas. Este vaivén ha evidenciado un reto estructural que ya no puede ignorarse: ¿cómo manejar el agua de lluvia de forma inteligente, evitando inundaciones y aprovechando cada gota en beneficio de nuestras ciudades?

Las urbes mexicanas, cubiertas de asfalto y concreto, bloquean la infiltración natural del agua. Cada tormenta se convierte en un desafío para un drenaje saturado, calles anegadas y millones de litros desperdiciados. Según fuentes de gobierno, solo este año, la Ciudad de México vivió una temporada de lluvias histórica: en junio se duplicaron los promedios con 220 millones de m³, en agosto cayó la precipitación más intensa en 70 años; y en septiembre más de 60 millones de m³ volvieron a poner a prueba la infraestructura1,2. Avenidas convertidas en ríos y transporte colapsado son ya imágenes familiares de una ciudad que necesita repensar su relación con el agua.

El cambio de paradigma pasa por transformar el agua pluvial en un recurso útil. Las Soluciones Urbanas de Drenaje Sostenible (SUDS) ya están presentes en México y permiten mitigar, infiltrar y reutilizar el agua de lluvia. En este campo, Amanco Wavin desarrolla sistemas integrales e híbridos de gestión pluvial que ayudan a las ciudades a optimizar sus recursos y reducir el impacto de los fenómenos extremos. Entre sus principales innovaciones se encuentran los sistemas AquaCell 400, 160 y 85, junto con cámaras de sedimentación, filtros hidrodinámicos y sumideros, que forman parte de un portafolio diseñado para crear tanques de tormenta, alcorques, jardines de lluvia y cubiertas verdes y azules. Estas soluciones no solo controlan el flujo del agua: la almacenan, infiltran y reutilizan, promoviendo biodiversidad y reduciendo los costos sociales y económicos de las inundaciones.

AquaCell, en sus distintas versiones, permite retener grandes volúmenes de agua de lluvia bajo tierra mediante módulos plásticos modulares que evitan inundaciones y facilitan la recarga de los mantos acuíferos, adicional, los jardines de lluvia permiten la captación del agua de lluvia y su riego por capilaridad. Los alcorques (TreeTank) canalizan el agua directamente hacia los árboles urbanos, fortaleciendo las áreas verdes, ayudando a mitigar el calor urbano. Wavin Tree Tank permite que las raíces de los árboles tengan acceso al agua y nutrientes, dándoles el espacio que necesitan para crecer y ramificarse sin afectar el entorno urbano.

Gestión inteligente del agua de lluvia

Las cubiertas verdes y azules, además de embellecer la ciudad, retienen parte de la lluvia, mejoran la calidad del aire y reducen la temperatura en las zonas más densamente urbanizadas. Este sistema combina los beneficios de los techos verdes tradicionales con una gestión avanzada del agua de lluvia, permitiendo capturar y retener entre el 70% y el 97% del agua de lluvia. Funciona como una capa adicional de aislante, lo que ayuda a regular la temperatura interior de los edificios, reduciendo el consumo energético. No menos importante, estas cubiertas amortiguan el impacto de lluvias intensas, previniendo inundaciones en las ciudades al retener el agua en origen. 

Integradas, estas soluciones convierten el caos en resiliencia: menos inundaciones, más agua disponible y ciudades más frescas y habitables. La gestión inteligente del agua no es un lujo tecnológico, sino una necesidad urgente para adaptarnos al cambio climático. Estas tecnologías representan un cambio hacia una gestión más natural e inteligente del ciclo del agua.

México tiene la oportunidad de pasar de la reacción al diseño. Adoptar infraestructura verde y sistemas como AquaCell, Tree Tank y las cubiertas verdes, son ejemplos claros de cómo podemos construir ciudades más resilientes, capaces de enfrentar los retos del agua y aprovechar cada gota para un futuro más equilibrado y sustentable. No solo protegen frente a lluvias extremas, también redefine cómo habitamos nuestras ciudades. Transformar el agua de lluvia de amenaza en aliado es, hoy, la verdadera medida del progreso urbano.

Retiro masivo de EE. UU: sale de 66 organismos globales, incluido el tratado climático de la ONU

La relación de Estados Unidos con los organismos multilaterales atraviesa uno de sus momentos más tensos en décadas. La decisión de la administración Trump de suspender el apoyo a decenas de instituciones internacionales marca un punto de inflexión en la forma en que el país concibe la cooperación global y el papel de los organismos internacionales en la gobernanza mundial.

Este giro, formalizado mediante una orden ejecutiva, implica que EE. UU. se retira de organismos globales clave vinculados a temas como cambio climático, derechos humanos, salud, trabajo y desarrollo. Este movimiento plantea preguntas profundas sobre el futuro del multilateralismo y la corresponsabilidad frente a los grandes retos globales.

EE. UU. se retira de organismos globales: un replanteamiento del multilateralismo

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump suspende el apoyo estadounidense a 66 organizaciones, agencias y comisiones internacionales, muchas de ellas afiliadas a la ONU. Según el Departamento de Estado, estas instituciones han sido calificadas como redundantes, mal administradas o contrarias a los intereses y la soberanía nacional de Estados Unidos.

Este argumento refleja una visión utilitaria del multilateralismo, en la que la cooperación internacional solo es válida si se ajusta estrictamente a la agenda política de Washington. Desde esta lógica, EE. UU. se retira de organismos globales que no considera estratégicos, incluso si históricamente han sido plataformas clave para la coordinación internacional.

Para especialistas en RSE, este enfoque resulta relevante porque debilita los marcos comunes que han permitido avances en estándares laborales, ambientales y sociales. Sin estos espacios, la alineación entre gobiernos, empresas y sociedad civil se vuelve más fragmentada y desigual.

La salida del tratado climático de la ONU y sus implicaciones globales

Uno de los movimientos más significativos es la retirada de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), tratado base del Acuerdo de París. Este paso consolida la postura negacionista de la administración Trump frente al cambio climático, al que ha calificado reiteradamente como un engaño.

La CMNUCC ha sido durante décadas el eje de las negociaciones internacionales para reducir emisiones y financiar acciones climáticas en países en desarrollo. Que EE. UU. se retire de organismos globales enfocados en clima no solo reduce la capacidad financiera del sistema, sino que envía una señal política que puede debilitar los compromisos de otras naciones.

Expertos advierten que esta decisión ofrece una “excusa” a otros países para retrasar sus propias acciones climáticas. Para el sector empresarial comprometido con ESG, esto genera un entorno más incierto, donde la acción climática dependerá menos de acuerdos globales y más de liderazgos locales, corporativos o regionales.

Impactos en derechos humanos, salud y cooperación internacional

La retirada no se limita al ámbito climático. También incluye agencias como la UNFPA, dedicada a la salud sexual y reproductiva, así como organismos culturales, académicos y técnicos. En varios casos, estas salidas revierten decisiones de administraciones anteriores y afectan directamente a programas en países vulnerables.

El hecho de que EE. UU. se retire de organismos globales ha obligado a la ONU a implementar recortes internos y ha provocado el cierre de proyectos ejecutados por organizaciones aliadas, muchas de ellas dependientes de fondos estadounidenses. Esto evidencia hasta qué punto la arquitectura de la cooperación internacional sigue siendo frágil y altamente dependiente de las decisiones de unos pocos actores.

EE.UU. se retira de organismos globales

Paradójicamente, la administración Trump ha señalado que mantendrá su participación en ciertos espacios donde compite directamente con China, como telecomunicaciones o comercio marítimo. Esto sugiere que no se trata de un rechazo total al multilateralismo, sino de una versión selectiva y estratégica del mismo.

¿Qué significa este retiro para el futuro global?

El hecho de que EE. UU. se retire de organismos globales redefine el equilibrio de poder en la gobernanza internacional y deja vacíos difíciles de llenar en temas críticos como clima, derechos humanos y desarrollo sostenible. Más allá de la coyuntura política, este movimiento plantea un desafío estructural al sistema multilateral tal como lo conocemos.

Para las empresas y líderes en responsabilidad social, este contexto refuerza la importancia de asumir un rol más activo. Cuando los gobiernos se repliegan, el sector privado, la sociedad civil y las alianzas transnacionales pueden convertirse en actores clave para sostener agendas globales, proteger avances logrados y construir nuevas formas de cooperación frente a un mundo cada vez más fragmentado.

Juntos por México: Kellogg’s y OXXO entregan más de 56,000 kg para combatir la inseguridad alimentaria

En un firme compromiso por combatir la inseguridad alimentaria y reducir el desperdicio de alimentos en México, Kellogg’s® y OXXO anuncian la más reciente fase de su alianza, bajo la iniciativa “OrgullOXXOs de brindar Mejores Días contigo”. Esta colaboración, cuenta con el apoyo de la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), generando un impacto significativo en comunidades a nivel nacional.

Como parte de esta unión, Kellogg’s® y OXXO han realizado una donación de más de 2 millones de porciones de alimento (equivalentes a más de 56,000 kg), que están siendo distribuidas a través de más de 40 Bancos de Alimentos de la Red BAMX en todo el país.

“En Kellogg’s®, estamos profundamente comprometidos con la visión de un México donde nadie se quede sin alimento. Estamos ‘OrgullOXXOs’ de esta colaboración, que no solo nos permite realizar donaciones masivas, sino también invitar a nuestros consumidores a ser parte activa de esta solución, generando un círculo de apoyo y solidaridad” afirmó Jessica Daniel, Ejecutiva de Asuntos Corporativos de Kellogg’s.

La iniciativa aborda dos realidades interconectadas en México: millones de personas luchan por acceder a alimentos nutritivos, mientras que grandes volúmenes de comida son desperdiciados. Lo que se pierde podría alimentar a quienes más lo necesitan, y esta alianza se enfoca precisamente en cerrar esa brecha.

“Desde OXXO, nuestra sólida cercanía con las comunidades nos permite ser un puente vital entre marcas como Kellogg’s® y las necesidades de las familias mexicanas. Ver el impacto de esta alianza nos llena de orgullo y nos motiva a seguir fortaleciendo nuestras acciones para construir un futuro mejor” comentó Laura González, Gerente de Sostenibilidad de OXXO México.

Desde 2024, entre Kellogg’s® y OXXO, a través de la Red BAMX, han logrado resultados contundentes:

  • Beneficiado alrededor de 187,900 personas a nivel nacional.
  • Donado más de 3,000,000 kg de alimento, marcando una diferencia tangible en la vida de miles.
  • Evitado la emisión de más de 1,920 toneladas de gases de efecto invernadero, gracias al rescate de alimentos que de otra forma se hubieran desperdiciado.
  • Colaborado activamente con más de 50 Bancos de Alimentos en todo el país, maximizando el alcance de las donaciones.
Kellogg’s y OXXO

La Red BAMX juega un papel crucial en este ecosistema de apoyo. Con sus 60 bancos de alimentos distribuidos en todo México, rescata alimento excedente o en donación para llevarlo directamente a quienes más lo necesitan. Apoya de forma recurrente a más de 2.4 millones de mexicanos, promoviendo un modelo que reduce el desperdicio y redistribuye alimentos a comunidades, comedores y programas sociales.

“Para BAMX, esta alianza con Kellogg’s® y OXXO es más que una colaboración; es una demostración que la unión de esfuerzos puede transformar realidades. Somos el puente que asegura que millones de kilogramos de alimento lleguen a quienes más lo necesitan, combatiendo simultáneamente el desperdicio y la inseguridad alimentaria” comentó Mariana Jiménez, Directora General de la Red BAMX.

La iniciativa invita a todos los ciudadanos a unirse a este esfuerzo colaborativo para combatir la inseguridad alimentaria y el desperdicio de alimentos a través de tres vías principales:

  • Compra con Impacto: Adquiriendo los cereales Kellogg’s® con empaque especial en las tiendas OXXO. Por cada compra de Zucaritas® 300g, Corn Flakes® 370g o Choco Krispis® 540 g con empaque especial, se donará una porción adicional de alimento.
  • Dona Directamente a BAMX: Apoyar la labor de la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX) realizando una donación directa en su sitio web: https://bamx.org.mx/formas-de-donar/
  • Reduce el Desperdicio en Casa: Aprovechar mejor los alimentos en el hogar y recuperar en lugar de  desechar.  Encuentra  tips  prácticos  y  sencillos  para  reducir  el  desperdicio aquí: https://www.kelloggs.com.mx/es_MX/mejores-dias-kelloggs.html

Kellogg’s®, OXXO y la Red BAMX, están construyendo ‘Mejores Días’ para miles de familias mexicanas, demostrando que la colaboración y el compromiso pueden transformar realidades.

Cuidarlos también es un propósito: humanos responsables, mascotas felices

La llegada de un nuevo año trae consigo un impulso renovado: nuevas metas, pequeños cambios cotidianos y, para algunos afortunados, después de mucho reflexionar, la llegada de un compañero de cuatro patas que transformará su vida por completo. En un país en donde el 57.1% de la población tiene un perro y el 25.8% un gato[1], el interés por dar la bienvenida a una mascota no pasa desapercibido. El amor por ellas se hace notar cuando vemos que cada vez más personas tienden a considerarlas como miembros importantes de la familia, acompañantes ideales o incluso mejores amigos. 

Desde los momentos de calma que compartimos hasta los viajes en los que hacemos lo posible por llevarlas con nosotros, las mascotas cada día están más presentes en nuestras vidas. Por esta razón, ya sea que lleves años disfrutando de su compañía o estés por recibir a un integrante peludo, este es el momento ideal para preguntarte: ¿cómo puedo mejorar su vida… y la mía? 

Hoy sabemos que el bienestar de una mascota es integral. Una alimentación completa y balanceada, actividad física, estimulación mental, visitas regulares al veterinario y tiempo de calidad son elementos que construyen una vida más feliz, no sólo para ellos, sino también para nosotros. Según el Programa de Estudio sobre Mascotas y Bienestar (PAWS) de Mars, 6 de cada 10 tutores de mascotas prefieren pasar tiempo con su perro o gato cuando se sienten estresados, antes que con su pareja o su familia. 

Mars Petcare, en su 90 aniversario a nivel global, reconoce que este enfoque integral es justamente el corazón de todo lo que han construido en nueve décadas de nutrición especialmente diseñada para las mascotas, de innovación en ingredientes y tecnologías, así como de cumplimiento de altos estándares de calidad. Desde el desarrollo de alimentos guiados por la ciencia del Instituto Waltham, hasta la creación de experiencias y herramientas que ayudan a los tutores a tomar mejores decisiones, su convicción sigue siendo clara: su felicidad es nuestro legado

Hoy, este legado también se vive en los hogares mexicanos, a través de hitos que han transformado a generaciones enteras de tutores de mascota en la forma en que alimentan y cuidan a sus animales de compañía.

Marcas como PEDIGREE®, que en 35 años se ha consolidado en México como una de las que promueven una alimentación completa y balanceada a millones de perros con su portafolio de productos, ésta se produce para el consumo local, mayormente en la planta de alimento para mascotas de El Marqués Querétaro, que este 2025 cumplió 30 años de operación. Royal Canin cumpliendo 25 años en México y ofreciendo nutrición precisa para las necesidades únicas de gatos y perros, así como el Hospital Veterinario UNAM-Banfield cuya alianza estratégica con una de las universidades más destacadas en nuestro país, ha sido clave en la formación de los futuros médicos veterinarios de México y que cumple 20 años de brindar atención médica de calidad. 

Inspirados por nuestro propósito: Un Mundo Mejor para las Mascotas y guiados por el compromiso permanente con la salud y el bienestar animal, la llegada de un nuevo año es una invitación a marcar una diferencia en la vida de nuestras mascotas a través de propósitos que se vivan en el día a día, con hábitos como:

  • Nutrirlas adecuadamente según su edad y necesidades. Según la Encuesta de Tutores de Mascotas (POS) realizada por Mars, la salud, el bienestar y la nutrición son los factores más relevantes para el 97% de los tutores al elegir una marca para sus mascotas. Priorizar alimentos balanceados y respaldados científicamente, es uno de los actos de amor más importantes y visibles para su vitalidad diaria.
  • Actividad física y estimulación mental. Los paseos constantes, juegos de olfato, rutinas de entrenamiento y el tiempo de exploración fortalecen tanto su cuerpo como su bienestar emocional. De hecho, este punto puede convertirse en un beneficio mutuo; según el Estudio PAWS, el 73% de los tutores se sienten animados a ejercitarse o a pasar tiempo al aire libre con su mascota.
  • Salud preventiva siempre al día. Revisiones veterinarias, vacunación, desparasitación, salud dental y monitoreo del peso son esenciales para prevenir complicaciones futuras.
  • Presencia y vínculo. El 83% de los tutores afirma que la convivencia con su mascota ha impactado positivamente en su bienestar mental. Dedicar momentos de conexión auténtica, sin pantallas, sin prisas, es la base de una seguridad emocional tan importante como cualquier suplemento.

A través de iniciativas como PEDIGREE® Adóptame, Ciudad Para las Mascotas, los Seminarios de Bienestar Animal y las jornadas de esterilización y vacunación, Mars Petcare continúa apoyando, de la mano de aliados estratégicos, para que tanto tutores actuales como futuros tengan cada vez más información y recursos para nutrir y cuidar de sus mascotas con educación y responsabilidad.

Así, mientras Mars Petcare celebra 90 años de historia, innovación y Propósito a nivel global, millones de hogares comienzan un nuevo capítulo con un bienestar compartido: hacer que cada ladrido y maullido venga de una mascota saludable, protegida y feliz por estar en el hogar que merece.

[1] Encuesta de Tutoría de Mascotas (POS) de Mars Pet Nutrition 2024. 

Qué pasa cuando una empresa abandona una causa social que apoyó durante años

En un entorno donde la responsabilidad social corporativa forma parte del escrutinio público permanente, la coherencia entre lo que una empresa comunica y lo que hace se ha convertido en un activo estratégico. Las causas sociales que una compañía decide apoyar no solo reflejan sus valores, sino que también construyen confianza con colaboradores, consumidores, inversionistas y comunidades. Por ello, el compromiso sostenido importa tanto como la causa en sí.

Cuando una empresa abandona una causa social, las implicaciones suelen ir más allá de una decisión presupuestal o de un cambio de prioridades. Este tipo de rupturas puede generar percepciones de oportunismo, debilitar la credibilidad de la marca y poner en entredicho toda su narrativa de sostenibilidad. En un contexto donde la legitimidad se construye con consistencia, abandonar una causa puede convertirse en un riesgo reputacional significativo.

5 cosas que pueden ocurrir cuando una empresa abandona una causa social

1. Pérdida de credibilidad y confianza

La primera consecuencia suele ser la erosión de la confianza. Si una compañía apoyó una causa durante años, la audiencia asume que existe un compromiso genuino y de largo plazo. Cuando ese respaldo desaparece sin una explicación sólida, la percepción de incoherencia es casi inmediata.

Esta pérdida de credibilidad no se limita a la causa abandonada. Muchas veces, se extiende a todas las iniciativas de responsabilidad social de la empresa, generando dudas sobre si su compromiso con otros temas es real o meramente estratégico. Así, una empresa abandona una causa social y, con ello, debilita la narrativa completa de su propósito corporativo.

empresa abandona una causa social

2. Daño reputacional difícil de revertir

El abandono de una causa social puede ser interpretado como una falta de ética o sensibilidad social, especialmente cuando la causa está vinculada a derechos humanos, medio ambiente o grupos en situación de vulnerabilidad. En la era digital, estas decisiones suelen amplificarse rápidamente en redes sociales y medios.

Una vez que el daño reputacional se instala, revertirlo requiere tiempo, inversión y acciones contundentes. Para muchas organizaciones, este impacto resulta más costoso que haber mantenido el apoyo a la causa, aun en contextos económicos complejos. Por ello, cuando una empresa abandona una causa social, el riesgo reputacional suele ser mayor de lo previsto.

3. Desvinculación emocional de consumidores y colaboradores

Las causas sociales también cumplen una función emocional: conectan a las personas con la marca desde valores compartidos. Consumidores y empleados que se identifican con esas causas pueden sentirse traicionados cuando la empresa decide retirarse de ellas.

Esta desvinculación afecta directamente a la lealtad, el compromiso interno y la atracción de talento. En particular, las generaciones más jóvenes valoran que las empresas mantengan posiciones claras y consistentes. Cuando una empresa abandona una causa social, puede perder a quienes veían en ella algo más que un proveedor de productos o servicios.

4. Cuestionamientos de inversionistas y otros grupos de interés

Los inversionistas con enfoque ESG observan con atención la estabilidad y coherencia de las estrategias sociales de las empresas. Abandonar una causa sin una transición clara puede generar dudas sobre la gobernanza, la visión de largo plazo y la gestión de riesgos no financieros.

Además, otros grupos de interés —ONG, comunidades locales, aliados estratégicos— pueden replantearse su relación con la empresa. Esto limita futuras alianzas y reduce la capacidad de la organización para generar impacto social creíble. Así, cuando una empresa abandona una causa social, también puede afectar su posicionamiento ante actores clave.

empresa abandona una causa social

5. Riesgo de ser percibida como oportunista o incongruente

Finalmente, uno de los riesgos más delicados es que la empresa sea vista como oportunista: alguien que se suma a causas solo mientras son convenientes o rentables. Esta percepción es especialmente dañina cuando la causa fue utilizada durante años como parte central del discurso de marca.

El problema no es solo abandonar una causa, sino hacerlo sin asumir responsabilidad por el impacto que esa decisión genera. En estos casos, la audiencia puede interpretar que la responsabilidad social era solo una herramienta de marketing. De nuevo, cuando una empresa abandona una causa social, pone en juego la autenticidad de todo su compromiso corporativo.

Alternativas cuando una empresa considera dejar de apoyar una causa

No todas las empresas pueden mantener indefinidamente los mismos compromisos sociales, y reconocerlo también forma parte de una gestión responsable. Una alternativa clave es planear salidas responsables y graduales, comunicando con transparencia las razones del cambio y el impacto esperado.

Otra opción es transformar el apoyo en lugar de eliminarlo: reducir el alcance, cambiar el enfoque o integrar la causa dentro de una estrategia más amplia. Asimismo, transferir el liderazgo a aliados, fundaciones o comunidades puede ayudar a asegurar la continuidad del impacto. Estas decisiones, bien gestionadas, permiten que una empresa abandona una causa social sin provocar una ruptura total con sus grupos de interés.

Coherencia como pilar de la responsabilidad social

Abandonar una causa social no es una decisión neutral. Cuando una empresa abandona una causa social, se enfrenta a riesgos reputacionales, emocionales y estratégicos que pueden afectar su legitimidad a largo plazo. La coherencia entre discurso y acción es uno de los activos más valiosos en materia de responsabilidad social.

Para las empresas, el reto no es solo elegir bien las causas que apoyan, sino comprometerse con ellas de forma responsable y honesta. Y cuando el cambio es inevitable, gestionarlo con transparencia, sensibilidad y visión de largo plazo. En un entorno donde la confianza se construye lentamente y se pierde rápido, la forma de retirarse importa tanto como la forma de llegar.

4 causas detrás de las temperaturas globales récord

En los últimos años, el planeta ha registrado un aumento de temperaturas que no solo ha superado los promedios históricos, sino también las proyecciones científicas más conservadoras. De acuerdo con un análisis de Carbon Brief publicado en Eco-Business, 2023 marcó un punto de inflexión, 2024 rompió el umbral de 1,5 °C y 2025 perfila otro año excepcionalmente cálido. Este escenario ha encendido alertas en la comunidad científica y en los espacios de toma de decisiones vinculados a la responsabilidad social y climática.

El análisis identifica que el récord térmico no responde a una sola causa, sino a la convergencia de múltiples factores naturales y antropogénicos. En lugar de atribuir el calentamiento extremo únicamente al cambio climático inducido por el ser humano, Carbon Brief propone una lectura más compleja, donde distintos fenómenos amplifican el aumento de temperaturas en periodos cortos de tiempo.

Comprender estas causas de las temperaturas globales récord resulta clave para anticipar riesgos, ajustar políticas climáticas y fortalecer estrategias de adaptación y mitigación. A continuación, se analizan los cuatro factores principales que, según Carbon Brief, explican el calor excepcional observado entre 2023 y 2025, así como sus implicaciones para el futuro climático del planeta.

4 causas de las temperaturas globales récord

1. Un evento de El Niño inusualmente intenso y atípico

El fenómeno de El Niño es un patrón climático natural que se caracteriza por el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico tropical y que suele elevar las temperaturas globales de manera temporal. El evento desarrollado en la segunda mitad de 2023 fue uno de los más intensos jamás registrados, aunque no superó a los de 1998 o 2016 en términos absolutos. Sin embargo, su comportamiento fue particularmente inusual.

Carbon Brief señala que el calor asociado a este El Niño llegó antes de lo esperado y se mantuvo durante más tiempo, incluso después de que el fenómeno alcanzara su punto máximo y el Pacífico regresara a condiciones neutrales. Históricamente, El Niño incrementa las temperaturas globales entre 0,1 y 0,2 °C, pero en este caso el aumento fue cercano a 0,4 °C por encima de lo previsto, lo que lo convierte en un factor clave entre las causas de las temperaturas globales récord recientes.

causas de las temperaturas globales récord

2. La rápida disminución de las emisiones de dióxido de azufre (SO₂)

Aunque pueda parecer contradictorio, la reducción de contaminantes atmosféricos también ha contribuido al aumento de temperaturas. El dióxido de azufre, emitido principalmente por la quema de carbón y petróleo, actúa como un aerosol con efecto de enfriamiento climático, al reflejar parte de la radiación solar.

En las últimas dos décadas, las emisiones globales de SO₂ han disminuido alrededor de un 40 %, con reducciones particularmente pronunciadas en China y en el transporte marítimo internacional tras las regulaciones de la Organización Marítima Internacional en 2020. Carbon Brief estima que esta caída ha eliminado parte del “enmascaramiento” del calentamiento global, contribuyendo entre 0,04 y 0,05 °C al aumento reciente de temperaturas. Así, la limpieza del aire, necesaria para la salud pública, emerge como una de las causas de las temperaturas globales récord a corto plazo.

3. La erupción volcánica de Hunga Tonga-Hunga Haʻapai

La erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Haʻapai en 2022 fue un evento sin precedentes en la era moderna. A diferencia de otras grandes erupciones volcánicas, esta liberó enormes cantidades de vapor de agua directamente a la estratosfera, un potente gas de efecto invernadero que puede permanecer allí durante años.

Aunque los primeros estudios sugirieron un posible efecto de calentamiento, el análisis de Carbon Brief indica que el impacto neto de esta erupción sobre las temperaturas superficiales globales fue limitado e incluso ligeramente enfriador, debido a la presencia de aerosoles de sulfato. Su contribución directa al calor récord fue marginal, pero su carácter inusual la mantiene dentro del conjunto de causas de las temperaturas globales récord analizadas.

4. Un ciclo solar más fuerte de lo esperado

El Sol es la principal fuente de energía del sistema climático terrestre y, aunque su variabilidad suele ser moderada, los ciclos solares pueden influir en la temperatura global. El ciclo solar 25, iniciado alrededor de 2020, ha resultado más intenso de lo que anticipaban los modelos climáticos.

Según Carbon Brief, este ciclo pudo haber contribuido con aproximadamente 0,04 °C al calentamiento global en 2023 y hasta 0,07 °C en 2024. Si bien estas cifras son pequeñas en comparación con el calentamiento inducido por las emisiones humanas, su efecto acumulativo refuerza el papel del ciclo solar entre las causas de las temperaturas globales récord observadas recientemente.

¿Qué concluye el análisis de Carbon Brief?

El principal hallazgo de Carbon Brief es que la combinación de estos cuatro factores explica gran parte del calor excepcional registrado en 2023 y casi la totalidad del observado en 2024. Sin embargo, el análisis también subraya el papel de la variabilidad climática natural y la posible disminución de la cobertura nubosa, un fenómeno que podría estar reduciendo el albedo del planeta y amplificando el calentamiento.

Más allá de explicar el pasado reciente, las conclusiones plantean preguntas clave sobre el futuro: si estas temperaturas récord son un fenómeno transitorio o una señal de que el calentamiento global se está acelerando más rápido de lo previsto. Hoy, entender las causas de las temperaturas globales récord no es solo un ejercicio científico, sino una base indispensable para diseñar respuestas más ambiciosas frente a una crisis climática que ya está redefiniendo los límites del sistema terrestre.

Del campo al plato: cómo el clima está transformando nuestra alimentación

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La crisis climática ha dejado de ser una amenaza futura para convertirse en una fuerza que redefine nuestras decisiones cotidianas. Desde la energía que consumimos hasta la forma en que nos movemos, el clima obliga a replantear hábitos profundamente arraigados, y la alimentación no es la excepción. Hoy, lo que llega a nuestro plato está cada vez más condicionado por fenómenos como sequías, olas de calor, inundaciones y alteraciones en los ciclos agrícolas.

Durante años ha existido resistencia a modificar patrones alimentarios, en especial en sociedades donde el consumo de carne o de ciertos productos se asocia con bienestar y desarrollo. Sin embargo, la evidencia es clara: el clima transforma la alimentación no solo por razones ambientales, sino por sus impactos directos en la disponibilidad, el precio y la calidad de los alimentos. En muchos casos, los cambios ya no son una elección, sino una adaptación forzada a nuevas condiciones.

Este escenario ha detonado debates globales sobre qué comemos y cómo lo producimos. Informes como el de la Comisión Eat-Lancet 2.0 plantean que la transición hacia dietas más sostenibles es clave para cumplir objetivos climáticos y de salud. No obstante, el cambio climático introduce nuevas complejidades que obligan a mirar más allá del consumo y a analizar qué está ocurriendo desde el campo hasta el plato.

¿Cómo la crisis climática puede cambiar nuestra forma de alimentarnos?

La creciente presión climática ha impulsado con fuerza la discusión sobre la reducción del consumo de proteína animal. La ganadería intensiva es una de las principales fuentes de emisiones de gases de efecto invernadero, por lo que una transición hacia dietas basadas en plantas podría reducir dichas emisiones hasta en dos tercios. Este argumento ha sido central en las recomendaciones de organismos científicos y multilaterales.

Sin embargo, adoptar una dieta basada en plantas no está exenta de retos. El cambio climático afecta directamente el rendimiento de los cultivos, provocando pérdidas de cosechas y una mayor volatilidad en la oferta de alimentos vegetales. A medida que más personas dependen de granos, legumbres y hortalizas como base de su alimentación, surge una pregunta crítica: ¿podrán estos sistemas agrícolas garantizar volumen, acceso y estabilidad en un contexto climático cada vez más adverso?

Por otro lado, mantener dietas altamente dependientes de carne también presenta riesgos crecientes. El aumento de temperaturas y el estrés hídrico encarecen la producción ganadera y la hacen más vulnerable a crisis sanitarias y ambientales. Así, el clima transforma la alimentación al tensionar ambos modelos —animal y vegetal— y obligar a encontrar equilibrios que consideren sostenibilidad ambiental, seguridad nutricional y justicia social.

clima transforma la alimentación

Clima transforma la alimentación: impactos directos en lo que comemos

Uno de los efectos más visibles del cambio climático es la reducción del rendimiento de los cultivos. En regiones como el Sudeste Asiático, ampliamente documentadas por organismos regionales, el aumento de temperaturas y los cambios en los patrones de lluvia ya están afectando la productividad de alimentos básicos como arroz, maíz y legumbres, pilares de la seguridad alimentaria.

Menos evidente, pero igualmente preocupante, es el deterioro de la calidad nutricional de los alimentos. El incremento de dióxido de carbono en la atmósfera puede reducir el contenido de proteínas, minerales y micronutrientes en los cultivos, lo que agrava fenómenos como el “hambre oculta”. Así, aunque se produzcan suficientes calorías, la calidad de los alimentos puede no ser suficiente para garantizar una nutrición adecuada.

A ello se suma el impacto de otros gases de efecto invernadero, como el metano y el óxido nitroso, que intensifican el estrés térmico y la escasez de agua en los sistemas agrícolas. Estos factores no solo afectan el tamaño o la apariencia de los cultivos, sino también su composición interna. En este contexto, el clima transforma la alimentación al comprometer tanto la cantidad como la calidad de lo que consumimos, elevando precios y profundizando desigualdades.

clima transforma la alimentación

Alimentarnos en un mundo climáticamente incierto

La evidencia es contundente: la crisis climática está redefiniendo nuestra relación con los alimentos. Escasez, pérdida de cultivos, alza de precios y disminución del valor nutricional son señales de un sistema alimentario bajo presión. Entender cómo el clima transforma la alimentación es esencial para anticipar riesgos y diseñar respuestas que protejan a las poblaciones más vulnerables.

Hoy el reto es impulsar soluciones que integren producción sostenible, calidad nutricional y adaptación climática. Apostar por una agricultura climáticamente inteligente, políticas públicas coordinadas y cadenas de valor responsables será clave para asegurar que, incluso en un escenario climático adverso, el derecho a una alimentación suficiente y de calidad siga siendo una prioridad global.

5 estrategias clave para adaptarse al cambio climático en 2026

La intensificación de fenómenos meteorológicos extremos ha dejado claro que la mitigación, por sí sola, ya no es suficiente. Inundaciones, olas de calor, sequías y tormentas están alterando la vida cotidiana de millones de personas, especialmente en comunidades de primera línea que enfrentan mayores riesgos y menor capacidad de respuesta. En este contexto, adaptarse al cambio climático se ha convertido en una prioridad estratégica para salvaguardar la seguridad y el bienestar de la población.

La adaptación climática no solo implica infraestructura o tecnología, sino también decisiones comunitarias, gobernanza local y modelos de desarrollo que fortalezcan la resiliencia social, económica y ambiental. Desde la protección de ecosistemas naturales hasta la transformación de los sistemas educativos y productivos, las soluciones de adaptación bien diseñadas pueden reducir vulnerabilidades y prevenir pérdidas humanas y materiales.

Pensando en el corto y mediano plazo, 2026 representa una ventana crítica para escalar estrategias que ya han demostrado resultados positivos en distintas regiones del mundo. A continuación, se presentan cinco enfoques clave que, de acuerdo con Eco-Business, podrían servir a las comunidades para adaptarse al cambio climático, fortalecer su resiliencia y responder de forma efectiva a una crisis que ya está en curso.

Cinco estrategias clave para adaptarse al cambio climático en 2026

1. Soluciones basadas en la naturaleza para la protección comunitaria

Las soluciones basadas en la naturaleza se han consolidado como una de las estrategias más efectivas para adaptarse al cambio climático, al tiempo que generan beneficios ambientales y sociales. Ecosistemas como los manglares funcionan como barreras naturales frente a tormentas, marejadas e inundaciones, además de actuar como sumideros de carbono que contribuyen a la estabilidad climática.

En países altamente vulnerables como Filipinas e Indonesia, la restauración de manglares ha demostrado resultados tangibles. En Filipinas, la creación de “cinturones verdes costeros” de hasta 100 metros de ancho ha permitido proteger comunidades enteras y recuperar más de 1.000 hectáreas de ecosistemas desde 2022. Estas iniciativas no solo reducen el impacto de tifones y el aumento del nivel del mar, sino que también se han convertido en modelos replicables de adaptación costera a nivel nacional.

adaptarse al cambio climático

2. Infraestructura educativa resistente al clima extremo

El cambio climático también amenaza derechos fundamentales como la educación. El aumento de temperaturas y la frecuencia de eventos extremos están interrumpiendo el aprendizaje de millones de estudiantes, lo que obliga a repensar la infraestructura escolar desde una perspectiva de adaptación climática y equidad social.

En países como Burkina Faso, Kenia e India, se están implementando escuelas con diseños de refrigeración pasiva que utilizan materiales locales como arcilla o barro, ventilación cruzada y techos elevados. Estas soluciones mantienen las aulas más frescas sin recurrir a sistemas de aire acondicionado intensivos en energía, demostrando que es posible adaptarse al cambio climático con infraestructuras de bajo costo, bajas emisiones y alto impacto social.

3. Ecoturismo y conservación como motores de resiliencia local

La protección de los ecosistemas y la generación de medios de vida sostenibles pueden avanzar de forma conjunta cuando se adoptan modelos comunitarios de conservación. El ecoturismo y las iniciativas productivas basadas en el uso responsable de los recursos naturales se han convertido en una vía efectiva para adaptarse al cambio climático sin profundizar la degradación ambiental.

En Indonesia, proyectos liderados por mujeres, como la ecoimpresión con pigmentos naturales de plantas locales, han permitido reducir la dependencia de actividades destructivas como la tala ilegal. De manera similar, en Siargao, Filipinas, antiguos pescadores ilegales y cortadores de manglares fueron capacitados como operadores de ecoturismo, transformando una práctica dañina en una fuente de ingresos alineada con la conservación y la resiliencia climática.

4. Seguro climático y adaptación laboral para poblaciones vulnerables

La protección financiera frente a riesgos climáticos es una herramienta clave, pero aún subutilizada, para fortalecer la resiliencia de trabajadores y pequeños productores. Los esquemas de seguro climático permiten amortiguar las pérdidas económicas derivadas de eventos extremos y facilitan una recuperación más rápida.

Países como Nicaragua y Guatemala han implementado microseguros y seguros paramétricos que protegen a agricultores familiares frente a sequías o lluvias intensas, cubriendo incluso el costo total del seguro. En contextos urbanos, como en Bangladesh, la adaptación laboral —mediante mejoras en ventilación, aislamiento térmico y condiciones de trabajo— se vuelve esencial para proteger a trabajadores expuestos al estrés térmico y a inundaciones, integrando la justicia social en las estrategias para adaptarse al cambio climático.

adaptarse al cambio climático

5. Seguridad alimentaria y agricultura climáticamente inteligente

Los sistemas alimentarios son de los más vulnerables al cambio climático, ya que dependen directamente de condiciones ambientales estables. Sequías, inundaciones y olas de calor están afectando la producción agrícola y pesquera, incrementando el riesgo de hambre y desnutrición a escala global.

Frente a este escenario, la agricultura climáticamente inteligente ofrece soluciones concretas para adaptarse al cambio climático. En países como Etiopía, la adopción de cultivos de trigo tolerantes al calor ha fortalecido la producción local y reducido la dependencia de importaciones. A ello se suman prácticas como la agricultura regenerativa y el uso de tecnologías —desde riego solar hasta inteligencia artificial para detectar plagas— que mejoran la resiliencia de los sistemas alimentarios y la seguridad de las comunidades.

Adaptación climática como estrategia de futuro

Adaptarse al cambio climático ya no es una opción reactiva, sino una estrategia de desarrollo indispensable para las comunidades que buscan proteger a su población y asegurar su viabilidad a largo plazo. Las experiencias locales demuestran que la adaptación efectiva combina soluciones ambientales, innovación social, protección económica y participación comunitaria.

De cara a 2026, el reto para gobiernos, empresas y organizaciones de la sociedad civil será escalar estas estrategias, garantizar financiamiento adecuado y asegurar que los beneficios lleguen a las poblaciones más vulnerables. Invertir hoy en adaptación no solo reduce riesgos, sino que fortalece la resiliencia, promueve la justicia social y sienta las bases para comunidades capaces de enfrentar un clima cada vez más desafiante.

Vuelos más verdes: ¿Cómo recortar emisiones sin recortar viajes?

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Un estudio reciente liderado por el profesor Stefan Gössling, de la Universidad de Linnaeus en Suecia, pone en entredicho uno de los grandes supuestos de la industria aérea: que volar ya es suficientemente eficiente desde el punto de vista ambiental. Publicada en la revista Communications Earth & Environment, la investigación analizó más de 27 millones de vuelos comerciales realizados en 2023, lo que la convierte en uno de los estudios más amplios sobre eficiencia operativa de la aviación a escala global.

El análisis se basa en un indicador clave: la cantidad de dióxido de carbono emitida por pasajero y por kilómetro recorrido. A partir de esta métrica, los investigadores evaluaron vuelos entre más de 26 mil pares de ciudades, considerando variables como el tipo de aeronave, el factor de ocupación y la configuración de asientos. Los resultados revelan que existen múltiples vías —desde las más simples hasta cambios estructurales profundos— para avanzar hacia vuelos más verdes sin necesidad de reducir la demanda de viajes.

Lo más relevante es que el estudio demuestra que las mejoras operativas podrían ser mucho más efectivas que las estrategias que hoy concentran la atención del sector, como el uso de combustibles sostenibles o los esquemas de compensación de carbono. En un contexto en el que, según los expertos, las emisiones de la aviación podrían duplicarse o triplicarse hacia 2050, el análisis invita a repensar el modelo de negocio del sector y a explorar soluciones inmediatas para reducir su huella climática.

La aviación comercial y su ineficiencia ambiental

Aunque los aviones son cada vez más eficientes en consumo de combustible, el crecimiento acelerado del número de vuelos ha superado con creces estas mejoras tecnológicas. El estudio estima que en 2023 la aviación comercial generó alrededor de 577 millones de toneladas de CO₂, una cifra comparable con las emisiones anuales de países como Alemania. Esto confirma que, en términos absolutos, el impacto climático del sector sigue aumentando.

Los datos muestran además grandes diferencias entre regiones y aeropuertos. Estados Unidos, responsable de una cuarta parte de las emisiones globales de la aviación, registró vuelos 14 % más contaminantes que el promedio mundial. Aeropuertos como Atlanta y Nueva York se ubicaron entre los menos eficientes, con desempeños casi 50 % peores que terminales como Abu Dhabi o Madrid. En contraste, India, Brasil y el Sudeste Asiático presentaron vuelos relativamente menos intensivos en carbono.

vuelos más verdes

A nivel de rutas específicas, la disparidad es aún más evidente. Mientras el trayecto Milán–Incheon registró apenas 31,6 gramos de CO₂ por pasajero-kilómetro, algunas rutas en Papúa Nueva Guinea o entre aeropuertos pequeños de Estados Unidos superaron los 800 gramos. La diferencia, concluye el estudio, no radica en la distancia, sino en factores operativos como aviones antiguos, baja ocupación y un alto número de asientos premium, lo que evidencia cuán lejos está el sector de operar bajo un modelo de vuelos más verdes.

Vuelos más verdes: medidas clave para reducir emisiones sin volar menos

El estudio identifica tres palancas principales para reducir de manera drástica las emisiones de la aviación sin disminuir el número de pasajeros. La primera es eliminar o reducir significativamente los asientos premium. De acuerdo con Gössling, los pasajeros de primera clase y clase ejecutiva generan más del triple de emisiones que los de clase económica, y hasta 13 veces más en cabinas especialmente espaciosas.

La segunda medida es aumentar el factor de ocupación de los vuelos. En 2023, el promedio global fue de alrededor del 80 %, lo que implica que muchos aviones despegan con asientos vacíos. Elevar esta cifra al 95 % permitiría una reducción sustancial del consumo de combustible por pasajero, sin necesidad de incorporar nuevas tecnologías ni combustibles alternativos.

La tercera recomendación es acelerar el retiro de aeronaves antiguas y operar exclusivamente con los modelos más eficientes disponibles. Según el análisis, la combinación de aviones modernos, alta ocupación y configuraciones de cabina más densas podría reducir el consumo de combustible —y, por ende, las emisiones— entre un 50 % y un 75 %. Este hallazgo redefine el debate sobre vuelos más verdes, al demostrar que gran parte de la solución ya existe y depende de decisiones operativas.

vuelos más verdes

Más allá del estudio: implicaciones para la industria y la RSE

Uno de los elementos más críticos que expone la investigación es la limitada eficacia de los mecanismos actuales de gobernanza climática en la aviación. Programas como Corsia, impulsado por la Organización de Aviación Civil Internacional, se basan en compensaciones de carbono poco ambiciosas y, hasta ahora, no han exigido de manera obligatoria la compra de créditos a las aerolíneas, lo que reduce su impacto real.

A ello se suma la apuesta por los combustibles de aviación sostenibles (SAF), que, si bien son una pieza importante de la transición, enfrentan problemas de disponibilidad, costos elevados y escalabilidad limitada. Incluso la Unión Europea, con su meta de 6 % de SAF para 2030, reconoce que el suministro actual es insuficiente para cubrir la demanda del sector.

El estudio también pone sobre la mesa el tema de la equidad. A nivel global, solo el 1 % de la población es responsable de cerca del 50 % de las emisiones de la aviación, lo que evidencia que los impactos climáticos de volar recaen de forma desproporcionada sobre comunidades que rara vez utilizan este medio de transporte.

Finalmente, el análisis cuestiona el modelo de crecimiento basado en boletos cada vez más baratos y vuelos cada vez más frecuentes. Gössling plantea que operar menos vuelos, pero más llenos y con precios que reflejen su verdadero costo ambiental, podría reducir la demanda inducida y abrir la puerta a un sector más responsable, alineado con los principios de sostenibilidad y vuelos más verdes.

vuelos más verdes

Repensar la aviación para un futuro bajo en carbono

El estudio deja claro que reducir las emisiones de la aviación no es un desafío exclusivamente tecnológico, sino principalmente estratégico y operativo. Existen márgenes de mejora inmediatos que podrían transformar al sector sin sacrificar la conectividad global ni el derecho a viajar, siempre que las aerolíneas estén dispuestas a replantear sus prioridades.

Para avanzar hacia vuelos más verdes, será indispensable combinar regulación, transparencia y cambios en el modelo de negocio, integrando la eficiencia operativa como un eje central de la responsabilidad climática. En un escenario de crisis ambiental creciente, la aviación tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar que es posible volar distinto sin dejar de volar.

5 libros que cambiaron mi vida

Por Aldo Farrugia

A lo largo de mi camino personal y profesional, especialmente en el trabajo de impacto social he descubierto que los libros no solo informan: nos confrontan, nos incomodan y, cuando llegan en el momento correcto, nos transforman. Nunca he sido un gran lector pero es algo que trato de mejorar constantemente y que sin duda ha tenido una transformación en mi vida.

Hoy quiero compartir con ustedes estos cinco títulos marcaron decisiones, redefinieron prioridades y reforzaron una convicción profunda: el propósito, la resiliencia y el servicio a los demás pueden convertirse en una forma de vida, una herramienta de autoconicimiento y un propósito.

Aquí comparto por qué cada uno dejó una huella en mi:

1. Una vida sin límites — Nick Vujicic

Nick Vujicic narra su vida naciendo sin brazos ni piernas y cómo transformó la adversidad en una plataforma de inspiración. Más allá del asombro, el libro es un recordatorio poderoso de que las limitaciones físicas no definen el alcance del espíritu humano. Me enseñó que la actitud y el sentido de propósito pueden convertir cualquier circunstancia en un mensaje de esperanza.

2. El monje que vendió su Ferrari — Robin Sharma

A través de una fábula sencilla, el autor propone un cambio radical de prioridades: del éxito material a la plenitud interior. Este libro me ayudó a cuestionar el ritmo acelerado y a replantear qué significa realmente “vivir bien”. Su mensaje sobre disciplina, equilibrio y sentido sigue siendo una brújula personal.

3. Thirst — Scott Harrison

Scott Harrison cuenta cómo pasó de una vida de excesos a fundar Charity: water, una de las organizaciones más innovadoras en acceso a agua potable. Es un testimonio honesto sobre redención, propósito y liderazgo con causa. Para mí, fue una confirmación de que los modelos de impacto pueden ser transparentes, eficientes y profundamente humanos.

4. Finding Ultra — Rich Roll

Este libro relata la transformación de Rich Roll de un estilo de vida autodestructivo a convertirse en un atleta de ultra resistencia. Más que deporte, es una historia sobre coherencia, hábitos y disciplina a largo plazo. Me dejó claro que el cambio verdadero es posible cuando alineamos cuerpo, mente y valores.

5. El hombre en busca de sentido — Viktor Frankl

Desde la experiencia extrema de los campos de concentración, Frankl reflexiona sobre el sentido de la vida incluso en el sufrimiento. Es, quizá, el libro más profundo de esta lista. Me recordó que la libertad última del ser humano es elegir su actitud ante cualquier circunstancia y que el sentido es un motor más fuerte que cualquier adversidad.

Estos libros no me dieron respuestas definitivas, pero sí mejores preguntas. Cada uno, desde su propia voz, reafirma que una vida con sentido se construye con propósito, empatía y acción. Volver a ellos, una y otra vez, es una forma de recalibrar el rumbo y recordar por qué vale la pena seguir intentando dejar una huella positiva en el mundo.

Haz de este año lo mejor para vivir en plenitud.

1. Una vida sin límites — Nick Vujicic

Nick Vujicic narra su vida naciendo sin brazos ni piernas y cómo transformó la adversidad en una plataforma de inspiración. Más allá del asombro, el libro es un recordatorio poderoso de que las limitaciones físicas no definen el alcance del espíritu humano. Me enseñó que la actitud y el sentido de propósito pueden convertir cualquier circunstancia en un mensaje de esperanza.

2. El monje que vendió su Ferrari — Robin Sharma

A través de una fábula sencilla, el autor propone un cambio radical de prioridades: del éxito material a la plenitud interior. Este libro me ayudó a cuestionar el ritmo acelerado y a replantear qué significa realmente “vivir bien”. Su mensaje sobre disciplina, equilibrio y sentido sigue siendo una brújula personal.

libros

3. Thirst — Scott Harrison

Scott Harrison cuenta cómo pasó de una vida de excesos a fundar Charity: water, una de las organizaciones más innovadoras en acceso a agua potable. Es un testimonio honesto sobre redención, propósito y liderazgo con causa. Para mí, fue una confirmación de que los modelos de impacto pueden ser transparentes, eficientes y profundamente humanos.

4. Finding Ultra — Rich Roll

Este libro relata la transformación de Rich Roll de un estilo de vida autodestructivo a convertirse en un atleta de ultra resistencia. Más que deporte, es una historia sobre coherencia, hábitos y disciplina a largo plazo. Me dejó claro que el cambio verdadero es posible cuando alineamos cuerpo, mente y valores.

5. El hombre en busca de sentido — Viktor Frankl

Desde la experiencia extrema de los campos de concentración, Frankl reflexiona sobre el sentido de la vida incluso en el sufrimiento. Es, quizá, el libro más profundo de esta lista. Me recordó que la libertad última del ser humano es elegir su actitud ante cualquier circunstancia y que el sentido es un motor más fuerte que cualquier adversidad.

Estos libros no me dieron respuestas definitivas, pero sí mejores preguntas. Cada uno, desde su propia voz, reafirma que una vida con sentido se construye con propósito, empatía y acción. Volver a ellos, una y otra vez, es una forma de recalibrar el rumbo y recordar por qué vale la pena seguir intentando dejar una huella positiva en el mundo.

Haz de este año lo mejor para vivir en plenitud.


Aldo-Farrugia

El valor del altruismo, por Aldo Farrugia

Aldo Farrugia es un mexicano comprometido con el altruismo y la RS. Fundador y Director de Comunal, una agencia que promueve el impacto social mediante consultoría, marketing con causa y conferencias. También preside la Fundación Comunal, dedicada al fortalecimiento de organizaciones sin fines de lucro.

Con una formación en Mercadotecnia y certificaciones en Estrategia Comercial y Sostenibilidad, ha colaborado con más de 50 ONGs, enfocándose en ayudar a diversos grupos vulnerables, desde personas con discapacidad hasta pacientes con cáncer.

Busca transformar el individualismo en activismo, fomentando la empatía y la participación social entre los mexicanos. En 2023, desafió sus propios límites al correr el maratón de la CDMX a ciegas para apoyar a niños con retinoblastoma, logrando recaudar más de $500,000 mxn y obteniendo un Récord Guinness.

Más de 120 mil MDD: la factura global de los desastres climáticos en 2025

La cifra impresiona, pero no alcanza a dimensionar el impacto real. Más de 120 mil millones de dólares en pérdidas económicas es el saldo visible de un año marcado por fenómenos meteorológicos extremos que afectaron a millones de personas en todos los continentes. Detrás de ese número hay hogares destruidos, comunidades desplazadas y sistemas productivos interrumpidos durante meses o incluso años.

De acuerdo con un artículo de edie, hablar de los desastres climáticos en 2025 implica ir más allá del recuento financiero. El año dejó claro que la crisis climática ya no es un escenario futuro, sino una constante que redefine prioridades para gobiernos, empresas y organizaciones sociales, al tiempo que pone a prueba la capacidad de respuesta colectiva frente a eventos cada vez más frecuentes y severos.

El costo humano de los desastres climáticos en 2025

Las pérdidas económicas no siempre reflejan la magnitud del daño social. En California, los incendios forestales de Palisades y Eaton se convirtieron en el evento más costoso del año, con daños superiores a los 60 mil millones de dólares. A ello se sumaron 31 muertes directas y cientos de fallecimientos indirectos asociados a problemas de salud derivados del desastre.

Estos incendios evidenciaron cómo incluso economías robustas son vulnerables cuando confluyen altas temperaturas, sequía prolongada y una urbanización que no siempre considera el riesgo climático.

La reconstrucción, además de costosa, ha sido desigual, dejando al descubierto brechas sociales preexistentes.

desastres climáticos en 2025

Asia bajo el agua: ciclones, inundaciones y desplazamientos

Entre noviembre y finales de año, el sur y sudeste asiático enfrentaron ciclones e inundaciones que afectaron a países como Tailandia, Indonesia, Sri Lanka, Vietnam y Malasia. Más de 1,750 personas perdieron la vida y los daños económicos se estimaron en 25 mil millones de dólares.

A estos eventos se sumaron las inundaciones en China entre junio y agosto, que desplazaron a miles de personas y provocaron pérdidas por 11,700 millones de dólares. En ambos casos, la rapidez de los eventos superó la capacidad de respuesta local, subrayando la urgencia de fortalecer sistemas de alerta temprana y planeación territorial.

Huracanes, tifones y sequías: un año de extremos

El huracán Melissa dejó una huella significativa en el Caribe, con daños cercanos a los 8 mil millones de dólares en Jamaica, Cuba y las Bahamas. Aunque las cifras finales de víctimas aún se evalúan, el impacto económico ya compromete la recuperación de la región.

En paralelo, Filipinas enfrentó una sucesión de tifones que provocaron desplazamientos y pérdidas por más de 5 mil millones de dólares. Al mismo tiempo, la sequía en Brasil entre enero y junio afectó al sector agrícola y energético, con pérdidas estimadas en 4,750 millones de dólares, mostrando que los extremos no siempre llegan en forma de tormenta.

desastres climáticos en 2025

África, Medio Oriente y Oceanía: crisis menos visibles, impactos profundos

En África, las inundaciones en Nigeria y en la República Democrática del Congo afectaron a miles de personas, con hasta 700 fallecimientos solo en Nigeria. Estos eventos, aunque menos cubiertos mediáticamente, tuvieron consecuencias devastadoras en regiones con menor infraestructura y capacidad de respuesta.

Australia y territorios cercanos también enfrentaron eventos severos. El ex ciclón tropical Alfred y el ciclón Garance dejaron daños superiores a los 2,000 millones de dólares en conjunto. A ello se sumaron impactos ambientales como el blanqueamiento de corales en Australia Occidental, una señal clara del estrés acumulado en los ecosistemas.

La adaptación y la resiliencia como eje estratégico

El informe de Christian Aid subraya que el costo de no actuar seguirá aumentando. La mitigación de emisiones de gases de efecto invernadero es indispensable, pero insuficiente si no se acompaña de estrategias sólidas de adaptación y resiliencia, especialmente en comunidades vulnerables.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que los países en desarrollo necesitarán hasta 365 mil millones de dólares anuales para 2035 solo para adaptarse. Sin embargo, la financiación internacional actual está muy por debajo de ese umbral, lo que limita la capacidad de preparación frente a futuros eventos extremos.

desastres climáticos en 2025

Aprendizajes que dejan los desastres climáticos en 2025

Las decisiones tomadas en foros multilaterales reflejan avances, pero también tensiones. La COP30 acordó triplicar la financiación para la adaptación hasta alcanzar 120 mil millones de dólares anuales, una señal política relevante que, no obstante, sigue sin cubrir las necesidades reales de los países más expuestos.

Además, la adopción de 59 indicadores globales de adaptación plantea un marco común, aunque su implementación efectiva dependerá de la voluntad política y de la alineación con estrategias locales.

Los desastres climáticos en 2025 dejaron claro que medir no basta: es necesario actuar con rapidez y coherencia.

El saldo de más de 120 mil millones de dólares no es solo una cifra récord; es un recordatorio de que la crisis climática tiene consecuencias económicas, sociales y ambientales profundamente interconectadas. Cada incendio, inundación o sequía amplifica desigualdades existentes y pone a prueba la resiliencia de comunidades enteras.

Mirar hacia adelante implica asumir que los desastres climáticos en 2025 no fueron una anomalía, sino parte de una tendencia que exige nuevas formas de colaboración. Para gobiernos, empresas y sociedad civil, el reto ya no es reconocer el problema, sino traducir ese reconocimiento en acciones sostenidas que reduzcan riesgos, fortalezcan capacidades locales y prioricen a las personas en el centro de la respuesta climática.

10 formas en que los ODS impactan la vida cotidiana (aunque no lo notemos)

Cuando se habla de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, suele pensarse en agendas multilaterales, compromisos de alto nivel o estrategias corporativas de largo plazo. Sin embargo, esa narrativa muchas veces invisibiliza el verdadero alcance de la Agenda 2030: su capacidad para permear la vida diaria de las personas a través de decisiones públicas y privadas que moldean hábitos, oportunidades y bienestar.

Entender cómo ODS impactan la vida cotidiana no es un ejercicio retórico, sino estratégico. Traducir lo global en experiencias concretas permite diseñar programas más relevantes, comunicar con mayor claridad y fortalecer la legitimidad de las acciones de sostenibilidad frente a distintos grupos de interés.

10 formas en que los ODS impactan la vida cotidiana

1. Acceso al agua

El acceso cotidiano al agua potable y al saneamiento adecuado responde directamente al ODS 6, pero su impacto va mucho más allá de la infraestructura básica. La calidad del agua, la continuidad del servicio y la gestión eficiente de cuencas influyen en la salud pública, la productividad y la cohesión social, especialmente en contextos urbanos en expansión.

En la vida diaria, esto se traduce en prácticas cada vez más normalizadas: sistemas de captación de agua pluvial en viviendas, monitoreo del consumo en empresas o campañas para reducir fugas.

Son acciones aparentemente simples que reflejan una transformación estructural en la manera en que se concibe un recurso finito.

ODS impactan la vida cotidiana

2. Alimentación más consciente y cadenas de suministro responsables

La forma en que elegimos qué comer está profundamente atravesada por el ODS 2 y el ODS 12. Hoy, conceptos como seguridad alimentaria, nutrición adecuada y producción responsable se integran en políticas públicas, estándares corporativos y decisiones de consumo cotidiano.

En la práctica, esto se refleja en una mayor trazabilidad de los alimentos, el impulso a productores locales y la reducción del desperdicio.

Comer deja de ser un acto meramente individual para convertirse en una decisión que conecta al consumidor con sistemas agrícolas, laborales y ambientales más amplios.

3. Ciudades que se sienten más habitables

El ODS 11 propone ciudades inclusivas, seguras y resilientes, y su impacto se percibe en la manera en que habitamos el espacio urbano. La planeación de movilidad, el acceso a áreas verdes y la recuperación del espacio público influyen directamente en la calidad de vida de las personas.

Estas transformaciones modifican rutinas diarias: trayectos más cortos, opciones de transporte sostenible y mayor interacción comunitaria.

La ciudad deja de ser solo un lugar de tránsito para convertirse en un entorno que promueve bienestar y pertenencia.

ODS impactan la vida cotidiana

4. Empleo digno: otra forma en que los ODS impactan la vida cotidiana

El ODS 8 redefine la noción de trabajo al incorporar variables como dignidad, estabilidad y desarrollo humano. Las políticas laborales responsables influyen en cómo las personas experimentan su jornada, su seguridad económica y sus posibilidades de crecimiento profesional.

En lo cotidiano, esto se refleja en esquemas de flexibilidad laboral, programas de capacitación y entornos más seguros e inclusivos.

El empleo deja de ser solo una fuente de ingreso para convertirse en un factor clave de bienestar integral.

5. Educación que trasciende el aula

El ODS 4 impulsa una visión de la educación como un proceso continuo, relevante y adaptable. Más allá de la escolarización formal, este objetivo ha influido en la expansión del aprendizaje digital, la formación técnica y el desarrollo de habilidades socioemocionales.

En la vida diaria, esto se traduce en plataformas de capacitación, certificaciones profesionales y programas de upskilling dentro de las organizaciones.

Aprender ya no es una etapa, sino una constante que acompaña las trayectorias personales y laborales.

ODS impactan la vida cotidiana

6. Salud preventiva y bienestar integral

El ODS 3 amplía la noción de salud al incorporar la prevención, el bienestar emocional y los determinantes sociales. Este enfoque ha transformado la manera en que se diseñan políticas públicas, programas corporativos y servicios comunitarios.

Hoy, la vida cotidiana incorpora chequeos preventivos, promoción de hábitos saludables y una conversación más abierta sobre salud mental.

El bienestar deja de ser reactivo y se convierte en una práctica constante y compartida.

7. Igualdad que se vive en lo cotidiano

Los ODS 5 y 10 impulsan cambios estructurales en torno a la igualdad de género y la reducción de desigualdades. Estos objetivos se materializan en políticas de inclusión, equidad salarial y representación diversa en espacios de decisión.

En el día a día, esto impacta en oportunidades reales: acceso a puestos de liderazgo, corresponsabilidad en los cuidados y entornos laborales más justos.

La igualdad deja de ser un ideal abstracto para convertirse en una experiencia tangible.

8. Consumo responsable que redefine elecciones diarias

El ODS 12 ha transformado la relación entre consumidores y marcas. Hoy, elegir un producto implica evaluar su impacto ambiental, social y ético, incluso de forma inconsciente. Así, ODS impactan la vida cotidiana al influir en qué compramos, cuánto consumimos y cómo gestionamos residuos.

Cada elección cotidiana se convierte en un mensaje que impulsa —o frena— modelos de producción más sostenibles.

ODS impactan la vida cotidiana

9. Energía más limpia en casa y en la ciudad

El ODS 7 ha acelerado la transición hacia fuentes de energía más limpias y accesibles. Este cambio se refleja tanto en grandes proyectos como en soluciones domésticas que optimizan el consumo energético. En la rutina diaria, esto se manifiesta en electrodomésticos eficientes, iluminación LED y energías renovables distribuidas.

La sostenibilidad energética se integra al hogar sin necesidad de grandes discursos.

10. Comunidades más resilientes y colaborativas

El ODS 17 subraya la importancia de las alianzas para lograr un desarrollo sostenible. En la práctica, esto se traduce en colaboraciones entre empresas, gobiernos, academia y sociedad civil a nivel local. Participar en redes comunitarias, voluntariados o iniciativas colectivas fortalece la resiliencia social.

La sostenibilidad deja de ser individual para convertirse en un esfuerzo compartido.

Entender cómo ODS impactan la vida cotidiana permite a las personas expertas en responsabilidad social conectar estrategia, operación y narrativa. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible no viven únicamente en planes maestros o reportes de impacto, sino en decisiones diarias que moldean el presente.

Reconocer esta dimensión cotidiana no solo fortalece la implementación de la Agenda 2030, sino que también abre nuevas oportunidades para comunicar, innovar y generar valor social desde lo cercano. Ahí, precisamente, radica su verdadero poder transformador.

Por qué las empresas pierden legitimidad cuando hablan de diversidad solo en fechas clave

Cada año, el calendario corporativo se llena de colores, consignas y comunicados alineados con el Día del Orgullo, el 8M o el Día Internacional de las Personas con Discapacidad. En esos momentos, los mensajes sobre inclusión y diversidad se multiplican, pero también crece el escepticismo. No es casualidad: cuando el discurso aparece solo en fechas emblemáticas, las empresas pierden legitimidad frente a audiencias cada vez más informadas y críticas.

Para quienes trabajan en responsabilidad social, este fenómeno no es nuevo. Sin embargo, sigue siendo un reto vigente porque toca el corazón de la reputación corporativa: la coherencia. La diversidad no es una campaña ni un recurso narrativo estacional; es una práctica continua que se refleja —o se contradice— en decisiones, políticas y cultura organizacional a lo largo del año.

La raíz del problema: cuando las empresas pierden legitimidad desde el calendario

La narrativa corporativa basada en efemérides suele partir de una buena intención: visibilizar causas relevantes. El problema surge cuando estas acciones no están respaldadas por una estrategia integral ni por cambios estructurales dentro de la organización. El mensaje se percibe entonces como oportunista. Para los públicos especializados, el calendario no es el problema, sino su uso como sustituto de una política sólida. Cuando la conversación sobre diversidad se limita a ciertos días, se vuelve predecible y superficial, lo que debilita su impacto real.

En este punto, las audiencias ya no preguntan “¿qué publicaste?”, sino “¿qué hiciste el resto del año?”. Esa diferencia marca el inicio de la pérdida de confianza.

empresas pierden legitimidad

Diversidad como discurso reactivo: por qué las empresas pierden legitimidad ante audiencias expertas

Un discurso reactivo responde a la presión social del momento, no a una convicción interna. En diversidad, esto se traduce en mensajes bien diseñados que no dialogan con la realidad cotidiana de la empresa. Las personas expertas en responsabilidad social identifican rápidamente esta disonancia. Revisan indicadores, composición de equipos directivos, brechas salariales y políticas internas, no solo campañas externas.

Cuando el relato no coincide con los datos, las empresas pierden legitimidad porque el storytelling se rompe: la historia que cuentan no coincide con la que viven sus grupos de interés.

El efecto boomerang en la reputación corporativa

Hablar de diversidad solo en fechas clave puede generar el efecto contrario al esperado. En lugar de fortalecer la reputación, expone inconsistencias que antes pasaban desapercibidas. Las redes sociales y los espacios especializados amplifican estas contradicciones. Una campaña puede detonar conversaciones incómodas sobre prácticas internas que la empresa no está lista para sostener públicamente.

Así, la diversidad deja de ser un activo reputacional y se convierte en un riesgo, especialmente cuando no hay una base sólida que la respalde.

empresas pierden legitimidad

La brecha entre comunicación y cultura organizacional

La legitimidad se construye desde adentro hacia afuera. Si la cultura organizacional no integra la diversidad como un valor transversal, cualquier mensaje externo se percibe vacío. Esto implica revisar procesos de contratación, desarrollo de talento, liderazgo inclusivo y toma de decisiones. Sin estos elementos, la comunicación se queda en la superficie. En este contexto, no sorprende que las empresas pierden legitimidad cuando el discurso no refleja la experiencia real de quienes trabajan dentro de la organización.

Los stakeholders no esperan silencio en fechas clave; esperan continuidad el resto del año. La diferencia está en usar esos momentos como hitos de una narrativa más amplia, no como únicos espacios de acción. Una estrategia madura integra metas claras, indicadores públicos y rendición de cuentas. La comunicación acompaña el proceso, no lo sustituye. Cuando esto ocurre, la diversidad deja de ser un tema estacional y se convierte en parte del ADN corporativo, reduciendo el riesgo de desgaste reputacional.

Medir, rendir cuentas y sostener el relato en el tiempo

La medición es clave para sostener la credibilidad. Reportar avances y desafíos con transparencia fortalece el vínculo con audiencias especializadas. No se trata de mostrar perfección, sino progreso. Reconocer lo que falta por hacer también construye confianza y humaniza a la organización. Sin estos elementos, incluso los mensajes mejor intencionados terminan erosionando la percepción pública y alimentando la idea de incoherencia.

En un entorno donde la responsabilidad social exige profundidad y consistencia, hablar de diversidad solo en fechas clave ya no es suficiente. Cuando el discurso no está alineado con la práctica, las empresas pierden legitimidad porque su historia se percibe incompleta. El verdadero desafío —y la gran oportunidad— está en convertir la diversidad en una práctica cotidiana, medible y sostenida, capaz de trascender el calendario y consolidar una reputación basada en hechos, no solo en mensajes.

Crece la preocupación por imágenes falsas de mujeres y niñas generadas por Grok AI, ¿y la RSE?

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La conversación sobre inteligencia artificial suele avanzar al ritmo del asombro tecnológico, pero pocas veces se detiene a mirar el impacto social que dejan sus errores —o sus omisiones—. En los últimos días, Grok, el chatbot de IA de la plataforma X, ha puesto en el centro del debate un tema incómodo: la facilidad con la que una herramienta de gran alcance puede ser usada para denigrar, sexualizar y vulnerar derechos, especialmente de mujeres y niñas.

Lo ocurrido no es un desliz aislado ni un “mal uso” anecdótico. Revela una tensión profunda entre innovación, libertad de expresión y responsabilidad empresarial. Cuando la tecnología escala más rápido que las salvaguardas éticas, la pregunta deja de ser técnica y se vuelve social: ¿quién responde por el daño y qué papel juega la responsabilidad social empresarial en este nuevo escenario digital?

Imágenes falsas de mujeres y el viejo patrón de la explotación digital

De acuerdo con The Guardian, existe una regla no escrita —y profundamente preocupante— en internet: cada nueva herramienta termina siendo utilizada, antes que nada, para desnudar a mujeres. Grok no fue la excepción. En cuestión de minutos, usuarios solicitaron ediciones para eliminar ropa de imágenes reales, muchas de ellas de mujeres jóvenes y, en algunos casos, de menores.

El problema no es solo la existencia de estas solicitudes, sino que una parte de ellas fue atendida por el sistema. Esto confirma que los filtros, pruebas y límites éticos no fueron suficientemente robustos antes del lanzamiento, pese a tratarse de una empresa con recursos financieros y tecnológicos de sobra para anticipar estos riesgos.

 imágenes falsas de mujeres

Imágenes falsas de mujeres y niñas: una falla que no es técnica, sino de RSE

Cuando un sistema permite la generación de contenido sexualizado no consensuado, la discusión no puede reducirse a errores de programación. Aquí hablamos de decisiones de diseño, prioridades empresariales y una cultura organizacional que no consideró el daño como una variable crítica.

Otras plataformas con IA generativa han demostrado que sí es posible bloquear este tipo de contenido desde el origen. La diferencia no está en la capacidad tecnológica, sino en el compromiso con estándares mínimos de protección, especialmente hacia grupos históricamente vulnerados.

Uno de los argumentos esgrimidos por Grok para justificar ciertas imágenes fue la “sátira”.

Sin embargo, la sátira requiere contexto, intención crítica y conciencia social; no basta con invocarla para legitimar la humillación o la sexualización de personas reales.

Cuando la IA argumenta que “equilibra diversión con ética”, queda claro que los parámetros que definen ese equilibrio no han sido puestos a prueba con rigor. En entornos digitales, el humor sin responsabilidad se convierte rápidamente en una forma de violencia simbólica con consecuencias reales.

Deepfakes no consensuados: ilegalidad y normalización del daño

En múltiples jurisdicciones, compartir o crear imágenes íntimas no consensuadas —incluidas las generadas por IA— ya es ilegal. Aun así, la facilidad con la que estas imágenes circulan contribuye a su normalización, diluyendo la percepción del daño que causan.

Para las víctimas, el impacto no es abstracto: afecta su reputación, su salud mental y su sensación de seguridad. La tecnología amplifica el alcance del daño y reduce el control que las personas tienen sobre su propia imagen.

RSE en entornos digitales: cuando la omisión también es una decisión

La responsabilidad social empresarial no se limita a reportes de sostenibilidad o iniciativas filantrópicas. En el caso de plataformas tecnológicas, se expresa —sobre todo— en cómo diseñan, prueban y despliegan productos que afectan la vida pública.

Reducir equipos de confianza y seguridad, delegar la detección del daño a denuncias de usuarios y trasladar la responsabilidad a las autoridades no es neutral. Es una forma de gestionar el riesgo reputacional a corto plazo, aunque el costo social sea alto.

Ante la lentitud de algunas respuestas gubernamentales, la presión empieza a desplazarse hacia reguladores e inversores. Multas, investigaciones y exigencias de cumplimiento pueden convertirse en incentivos reales para modificar prácticas empresariales.

La experiencia demuestra que cuando el daño afecta la confianza del mercado y la reputación corporativa, las empresas reaccionan con mayor rapidez. En este contexto, la ética deja de ser solo un valor y se convierte en un factor de viabilidad del negocio.

 imágenes falsas de mujeres

El daño persiste, incluso si abandonamos la plataforma

Aunque muchas personas opten por alejarse de X, el problema no desaparece. Las imágenes siguen circulando, se replican en otros espacios y continúan afectando a quienes fueron objeto de estas manipulaciones. La violencia digital no reconoce fronteras de plataforma. Normalizarla en un entorno activo termina permeando todo el ecosistema digital, reforzando dinámicas de agresión que trascienden la experiencia individual de uso.

El caso de Grok no es solo una polémica más en la industria tecnológica; es un síntoma de cómo la innovación sin responsabilidad puede amplificar desigualdades y vulneraciones ya existentes. La discusión sobre imágenes falsas de mujeres y niñas obliga a replantear qué entendemos por progreso cuando el costo lo pagan siempre los mismos cuerpos.

Desde la óptica de la responsabilidad social, la pregunta clave no es si la tecnología puede hacer algo, sino si las empresas están dispuestas a asumir las consecuencias de lo que permiten. En un entorno donde la IA seguirá expandiéndose, la verdadera línea roja no es la regulación, sino la ausencia de ética en las decisiones corporativas.

La estrategia de Trump en Venezuela es un retroceso grave para el clima, ¿por qué?

La escena es potente y deliberadamente simbólica: un cambio de poder forzado, un discurso de recuperación económica y la promesa de “hacer rentable” uno de los territorios con mayores reservas petroleras del planeta. En el centro de esa narrativa aparece una idea que Donald Trump ha repetido como mantra durante años: perforar más, producir más y depender menos —al menos en el discurso— de acuerdos multilaterales y transiciones energéticas.

Pero cuando esa lógica se traslada fuera de las fronteras estadounidenses, las consecuencias se amplifican. La apuesta por reactivar masivamente la extracción petrolera en Venezuela no solo reconfigura la geopolítica regional, sino que reabre una herida profunda en la agenda climática global. En un momento en el que el mundo ya muestra señales claras de agotamiento ambiental, esta estrategia parece mirar al pasado en lugar de responder a los desafíos del presente.

Trump en Venezuela y el regreso del “perforar, perforar, perforar”

De acuerdo con The Guardian, la estrategia que impulsa Trump en Venezuela replica, a escala internacional, su política energética doméstica. Tras años de promover la expansión del petróleo y el gas en Estados Unidos, el foco se desplaza ahora hacia un país con las mayores reservas probadas de crudo del mundo, estimadas en unos 300 mil millones de barriles.

El mensaje es claro: abrir la puerta a empresas estadounidenses para invertir miles de millones de dólares, rehabilitar infraestructura deteriorada y aumentar rápidamente la producción.

Para Trump, se trata de una oportunidad económica largamente desaprovechada; para la agenda climática, es una señal alarmante de retroceso.

Trump en Venezuela

Un aumento de producción con impacto climático inmediato

La producción petrolera venezolana se encuentra hoy muy por debajo de sus máximos históricos. Sin embargo, incluso un incremento moderado tendría efectos significativos en las emisiones globales. Pasar de alrededor de un millón de barriles diarios a 1.5 millones implicaría la liberación de aproximadamente 550 millones de toneladas de CO₂ al año al quemar ese combustible.

Esa cifra supera las emisiones anuales de países enteros como el Reino Unido o Brasil. No se trata de un impacto marginal: es una carga adicional para una atmósfera que ya se encuentra cerca —o más allá— de los límites acordados para evitar un calentamiento peligroso.

El problema del crudo venezolano: más sucio, más costoso

No todo el petróleo es igual, y en este caso esa diferencia importa. Venezuela produce uno de los crudos con mayor intensidad de carbono del mundo. Sus reservas de crudo extrapesado, particularmente en la Faja del Orinoco, requieren procesos más complejos, mayor consumo energético y generan más emisiones de carbono y metano.

Esto significa que cada barril extraído y refinado tiene un impacto ambiental mayor que el promedio global. En un contexto donde muchas economías buscan descarbonizar sus cadenas de valor, apostar por este tipo de petróleo va a contracorriente de los compromisos climáticos y de las expectativas de inversionistas cada vez más atentos al riesgo ESG.

Trump en Venezuela como freno a la transición energética

Más allá de las emisiones directas, existe un efecto sistémico. Aumentar la oferta global de petróleo tiende a reducir los precios, lo que desincentiva la adopción de energías renovables y retrasa la electrificación del transporte. Es un golpe indirecto, pero profundo, al impulso que muchos países han logrado construir hacia una transición energética más limpia.

En otras palabras, no solo se suma carbono a la atmósfera: se resta velocidad al cambio estructural que el planeta necesita. El resultado es un círculo vicioso en el que la dependencia de los combustibles fósiles se prolonga, incluso cuando sus costos ambientales ya superan con creces los beneficios económicos de corto plazo.

Venezuela, clima y una paradoja social

La narrativa de crecimiento económico suele omitir un dato clave:

Venezuela es también altamente vulnerable a los impactos del cambio climático.

Sequías más severas, eventos climáticos extremos y afectaciones a sistemas alimentarios ya forman parte de su realidad.

Desde esta perspectiva, el aumento de la producción petrolera es una paradoja. Los beneficios económicos potenciales podrían verse rápidamente anulados por los costos climáticos y sociales que recaerán, en primer lugar, sobre la población local. El daño ambiental no reconoce fronteras, pero sus efectos suelen ser más duros en los países con menor capacidad de adaptación.

Trump en Venezuela

Riesgos económicos y promesas difíciles de cumplir

Incluso desde una lógica puramente financiera, la estrategia enfrenta obstáculos considerables. Reactivar la industria petrolera venezolana requiere inversiones multimillonarias, años de trabajo y una estabilidad política que hoy no está garantizada. Reparar infraestructura, modernizar instalaciones y desarrollar nuevos campos implica riesgos que muchas empresas no están dispuestas a asumir en plazos tan cortos.

Además, el crudo pesado venezolano compite directamente con productores estadounidenses. Esto genera tensiones internas en el propio sector energético de Estados Unidos, que durante años apoyó sanciones precisamente para limitar esa competencia.

Un debate que trasciende a las petroleras

Lo que está en juego va más allá de si Exxon, Chevron u otras compañías deciden invertir o no. La discusión de fondo es qué modelo de desarrollo se está promoviendo y a costa de qué. La idea de que el crecimiento económico debe sostenerse sobre una mayor extracción de combustibles fósiles ignora décadas de evidencia científica y compromisos internacionales.

Para muchas organizaciones y especialistas, este enfoque se asemeja a un nuevo tipo de imperialismo energético, donde los territorios se conciben como reservas a explotar y no como sociedades con derecho a decidir su propio futuro energético y ambiental.

Un camino que mira hacia atrás

La estrategia impulsada por Trump en Venezuela representa una visión anclada en el pasado. En un momento histórico que exige innovación, cooperación y una reducción drástica de emisiones, apostar por la expansión de uno de los petróleos más contaminantes del mundo resulta difícil de justificar.

Más que una solución económica, se perfila como un riesgo climático global y un precedente político preocupante. Si algo deja claro este escenario es que las decisiones energéticas ya no pueden evaluarse solo en términos de rentabilidad inmediata: su impacto ambiental, social y reputacional define, cada vez más, el verdadero costo de “perforar, perforar, perforar”.