Colaboraciones

Ojos que no ven…

Forma y Fondo CLIII

Silenciosos, vigilantes y aumentando exageradamente, ahí están, contribuyendo a degradar la imagen urbana y aumentar la contaminación visual. Son todos aquellos elementos no arquitectónicos que alteran la supuesta estética, la imagen del paisaje rural y urbano y que generan un sobre estímulo visual agresivo, invasivo y silencioso.

Transitar por la calle se ha convertido en presenciar una grotesca exposición de carteles, si son muy grandes los mal llaman espectaculares, pegotes de todo tipo y en todo lugar, cables, chimeneas, antenas, postes y muchos elementos más que en sí no provocan contaminación, pero por la manipulación indiscriminada del hombre en sus dimensiones, orden y distribución, en conjunto forman la contaminación visual. Pocos se salvan de ser monumentos al mal gusto.

El fenómeno tiene una repercusión social, porque hay quienes están a favor de este mal entendido modernismo y progreso y la contraparte que pide un orden y equilibrio en el uso y abuso de tales medios. La proliferación puede enmarcarse en el término “kitsch” del slang austríaco, empleado como sinónimo de algo de muy mal gusto, un desperdicio de cultura. En otras palabras enmarca lo que coloquialmente se conoce como naco, macuarro o de mal gusto.

Aunque la academia lo considera un estilo de expresión artística, para muchos se convirtió en una condición de vida, un estado mental en el que se intenta dar nuevos valores a lo que otros califican de basura.

Sin embargo, esta publicidad convertida en contaminación visual, se encuentra, lo mismo en lugares de asentamientos irregulares, colonias de clase media o alta, zonas industriales, escuelas, vías rápidas y cualquier lugar público; y tal exceso de información, impide a nuestro cerebro procesarla.

Estos miles de estímulos se convierten en algo habitual y al pasar desapercibidos afectan negativamente el entorno y la conducta provocando problemas como déficit de atención, disminución en la eficiencia laboral, mal humor, pérdida de identidad, incremento de depresión, enajenación y muchas otras alteraciones, que incapacitan al individuo para concentrarse. El habitante de las ciudades acaba viendo con normalidad un problema al que no se presta atención.

Hay quien considera que la proliferación de publicidad es indispensable para completar la cadena de mercadotecnia, pero lo que realmente se necesita es planear campañas inteligentes y aprovechar la eficacia de los medios electrónicos e impresos.

Lo que inició como ingeniosa novedad para promover servicios y productos llegó al abuso, al grado que como distractores visuales, requieren mayor atención porque la saturación hace que los mismos pierdan su valor, al ser ignorados por el sistema sensorial. Colocados anárquicamente, aumentan riesgo y vulnerabilidad ya que la experiencia confirma que propician accidentes de todo tipo.

Los señalamiento viales están frecuentemente sobrepuestos, encimados, tapándose unos a otros, las telarañas de cables corriendo a lo largo y ancho de las calles y banquetas, los postes tapizados con anuncios de bailes, ofertas de trabajos, las cabinas telefónicas con avisos inverosímiles, las bardas pueden ser las de moda, unas marcadas por el paso a la modernidad que les dan las llamadas vallas publicitarias que por supuesto evaden el pago de licencias y luz que consumen, otras, las más modestas únicamente con pintura, anunciando el baile, el festival , la feria, la tocada, el concierto, la conferencia, el encuentro redentor y todo lo que el ingenio puede ofertar.

Pero estamos en el umbral de que todo lo anterior quede opacado con la llegada de las épocas electorales, porque los tonos carnavalescos y tropicales de las diferentes propuestas opacan lo visto hasta el momento.

La ambiciosa oferta política arrasa cualquier espacio libre, no pudiendo ocultar su pobreza imaginativa. En el momento en que los diferentes colores políticos asuman que la ecología es parte de su responsabilidad ante la ciudadanía, su imagen e influencia aumentarán.

Vale la pena que reconsideren el capital que continúan desaprovechado en materia ambiental; aunque la contaminación no vota, sus reclamos son palpables y ya los vivimos. A pesar de la reglamentación que no exenta a la instituciones gubernamentales, incluidas las de salud, hay grandes intereses económicos que complican aún más la situación.

El exceso en el ofrecimiento de la oferta publicitaria va de la mano con el rápido crecimiento urbano que al sobrepasar la capacidad de los gobiernos, los encamina a la ineficiencia para enfrentar los retos del siglo XXI.

Cuando las necesidades sociales requieren que las tendencias urbanas vayan hacia ciudades planeadas responsablemente y con una sustentabilidad ambiental urbana, aquí la idea no es entendida como visión a futuro sino que evidencia la falta de voluntad en las políticas de desarrollo urbano y su desconocimiento, que se traduce en la nula respuesta al apremiante problema de la convivencia armónica urbana.

La forma: la actitud de los actores. Los publicistas asumiendo su responsabilidad social y las autoridades cumpliendo y haciendo cumplir las leyes. El fondo: la decisión de recuperar un paisaje urbano amable y sustentable. Y no lo olvidemos: TODOS SOMOS NATURALEZA.

NOTA: continúa la cuenta regresiva para La Hora del Planeta, el próximo sábado 26 de marzo.

Fuente: ACACIA FUNDACIÓN AMBIENTAL A. C.

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ExpokNews

1 comentario

  • DE ACUERDISIMO!!!! Y ya ni mencionar el tema de la discriminación sexual de la mujer con todos esos anuncios de mujeres casi desnudas en el periferico. Yo diría que además de ser de mal gusto, son discriminatorios y un mal ejemplo para nuestros niños y niñas que lo ven SIN TENER OPCIÓN!!!!!

    De plano por Dios, tengamos educación, dignidad y conciencia socialmente responsable.

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