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¡No lo necesito! ¡No lo compro!

Volvemos a la escuela para ¡aprender a consumir! En Asturias desde hace 12 años los centros de formación del consumidor enseñan a consumir de manera responsable y crítica. Ahora empiezan a multiplicarse en el Estado.

“¿Por qué comemos atún de Somalia si somos de Luarca y vivimos frente al puerto?”. Es una de las preguntas que se lanzan a los visitantes del Centro de Formación de Consumidores (CFC) de Ribadesella y que pocas personas saben responder.

Vivimos en una sociedad de consumo en la que no paramos de adquirir y contratar bienes y servicios. Con estos productos no sólo cubrimos nuestras necesidades diarias, sino que también consumimos un buen número de productos simplemente por el hecho de diferenciarnos de los demás o “sentirnos mejor” aunque no los necesitemos.

Además, las deslocalizaciones y las lógias de mercado actuales nos llevan a situaciones tan tremenadas como la que planteábamos antes: comemos pescado traído de miles de kilómetros cuando vivimos enfrente de la rula.

Estas prácticas descompensan el mercado entre oferta y demanda de productos. De ahí, que el propio mercado, haya desarrollado estrategias con el fin de incentivar al consumidor a aumentar la demanda de productos, como la publicidad.

¿Por qué es importante aprender a consumir?

La publicidad y el merchandising, son técnicas que incitan a la compra innecesaria de productos y conllevan un agravio económico para el consumidor. Por eso, debemos aprender a valorar las necesidades y a controlar el consumo desde temprana edad.

Con esta idea nacieron en 1997 los cinco Centros de Formación al Consumidor que funcionan en diferentes poblaciones asturianas. Fueron los primeros espacios de este tipo que se abrieron en Europa.

En sus instalaciones se recrean situaciones habituales de consumo en las que el visitante desarrolla actividades que le enseñan a consumir de manera responsable. Los talleres giran, por ejemplo, en torno a la soberanía alimentaria de los pueblos, a la importancia del consumo de productos locales o a descubrir cómo funciona la banca ética.

“Además de explicarles la importancia de hacer compras responsables, les enseñaron a leer el etiquetado de los productos o separar selectivamente las basuras. Ahora tienen más armas para no dejarse engañar, especialmente con la publicidad”, señala Marta Puentes, profesora asturiana que ha visitado recientemente el CFC de Ribadesella con sus alumnos.

“Me gusto la actividad porque el objetivo es preparar a los escolares a la hora de asumir sus responsabilidades y defender sus derechos, y así convertirlos enconsumidores conscientes, críticos, responsables, libres y comprometidos con su entorno. Cualidades que creo fundamentales de la educación para la vida”, añade la profesora.

Pero no sólo estudiantes pueden visitar estos espacios. Las actividades están abiertas a centros de educación para personas adultas, asociaciones, empresarios y, por supuesto, consumidores en general.

De la misma forma funcionan los CFC que en los últimos años se han abierto en Tenerife, Azuqueca de Henares, Cuenca o Ciudad Real.

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