Ambiental

México en la encrucijada: Desastres Naturales Cambio Climático

La República Mexicana es vulnerable a distintos desastres naturales; en particular, aquellos que tienen que ver con sismos, volcanes, ciclones y huracanes. Aparte de los peligros que esos fenómenos representan para la población civil, los daños que los desastres naturales ocasionan en la economía del país son muy elevados.

Entre 1980 y 1999 hubo una pérdida total de 10 mil 400 millones de dólares producidos por diferentes catástrofes naturales.

En 2005, año en que se registró la peor temporada de huracanes de la historia reciente de México, los costos económicos directos asociados alcanzaron 0.6% del Producto Interno Bruto (PIB).

Se estima que 15% del territorio nacional de México, 68.2% de su población y 71% de su PIB se encuentran altamente expuestos al riesgo de impactos adversos asociados con el cambio climático. México presenta también una situación de alta vulnerabilidad a los efectos del cambio climático por estar situado en varias zonas climáticas.

En el noroeste tienen lugar sequías que afectan el acceso al agua de la población civil, mientras en el sureste se producen inundaciones que llegan a dañar ciudades y tierras de cultivo. Durante los últimos años estos fenómenos tienden a repetirse cada vez con más frecuencia.

La infancia, en términos generales, enfrenta una vulnerabilidad particular frente al cambio climático, que se traduce en el aumento de enfermedades diarreicas y paludismo, entre otras, asociadas con fenómenos meteorológicos.

Además, se enfrenta a la escasez de agua y alimentos y a los efectos de los desastres naturales que se presentan en los países en desarrollo y que pueden orillar a los niños y niñas a abandonar sus hogares, ser separados de sus familias o quedar huérfanos, convirtiéndose así en víctimas potenciales de abusos por parte de otros adultos.

La vulnerabilidad de México ante el cambio climático, aunada a la alta proporción de su población que es menor de edad, hace que el impacto de los fenómenos meteorológicos se intensifique en este grupo de edad, considerando que se trata también de una población fuertemente afectada por la pobreza y la desigualdad.

Un ejemplo de cómo repercuten en los niños y adolescentes los fenómenos meteorológicos se observó durante las intensas lluvias e inundaciones de octubre de 2007 en Tabasco, donde aproximadamente 70% de la población fue directamente afectada por la contingencia y, de este porcentaje, aproximadamente 45% (unas 520 mil personas) eran menores de 15 años de edad.

Fuente: La Crónica – crónica especial, p. 13
Publicada: 23 de agosto 2010

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