Comunicados de Prensa

México carece de reglamentación sobre efectos ambientales de empresas manufactureras

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• Existe una dependencia tecnológica de las firmas globales, a las que no les interesa innovar en nuestro país
• En la República Mexicana las empresas extranjeras encuentran una mano de obra dócil y barata

México carece de una reglamentación que vigile los efectos que puede traer la instalación de empresas manufactureras que utilizan materiales tóxicos que contaminan el suelo y los mantos acuíferos, dijo la doctora Carmen Bueno Castellanos, académica del Departamento de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Iberoamericana.

El daño ambiental es una de las consecuencias de la política industrial mexicana, que se ha caracterizado por “abrirle las puertas incondicionalmente al capital mundial”, para que venga a establecer plantas en México, agregó la antropóloga especializada en temas de globalización, agrupamientos industriales, cultura y tecnología.

Al estar inserto en una economía global, a México vienen capitales de empresas transnacionales que al transferir su tecnología hacen que sean muy tangenciales las posibilidades de innovación en nuestro país, lo que abona a que persista nuestra dependencia tecnológica del extranjero.

En materia de salarios, aunque estos son muy buenos para los obreros, comparados con los sueldos regionales, no lo son respecto a las percepciones que recibirían en los países de origen de las compañías (entre ellas estadounidenses, alemanas y japonesas).

Además de barata, la mano de obra mexicana es muy dócil, por lo que las transnacionales “han moldeado la cultura laboral” en México, afirmó la investigadora de la Universidad Iberoamericana.

Añadió que incluso en alguna ocasión los asesores de las uniones sindicales más fuertes de Estados Unidos vinieron a México a enseñarles prácticas de negociación a los obreros mexicanos, pero nada pasó, pues desde que los gobiernos estatales invitan a las corporaciones a invertir en su entidad les aseguran que no tendrán huelgas, y eso se cumple.

Como es una práctica común que los políticos quieran ver resultados inmediatos, priorizando sus intereses políticos sobre los sociales, los gobiernos estatales han lanzado campañas mediáticas para atraer capitales extranjeros con la apuesta de que habrá una derrama del conocimiento tecnológico.

Sin embargo, las vinculaciones con el entorno local son débiles, por lo que sus plantas manufactureras en México se convierten en “escaparates de la modernidad, pero para el ensamble nada más”.

La política industrial mexicana, altamente relacionada con la inversión extranjera directa, es un tema al que la doctora Bueno Castellanos dedicará un capitulado de su libro próximo a publicar, Configuraciones productivas en la globalización: trayectorias a la mexicana, que editará la Universidad Iberoamericana.

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