En un contexto global donde la pérdida de bosques supera las 10 millones de hectáreas anuales y las olas de calor se intensifican, la educación ambiental ha dejado de ser una opción para convertirse en una urgencia. Bajo esta premisa, Eco Jornadas LTH anuncia su participación en la Feria Nacional de San Marcos (FNSM) 2026, transformando el recinto ferial en un espacio de aprendizaje y acción por el planeta.
A través de actividades interactivas y experiencias didácticas, el programa busca que niñas, niños y padres de familia adopten hábitos responsables que frenen la degradación de los ecosistemas. Según datos del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), la construcción de una cultura ambiental desde edades tempranas es clave para mitigar riesgos a la salud y mejorar la calidad de vida en las próximas décadas.
Desde su lanzamiento en 2010, Eco Jornadas LTH se ha consolidado como una iniciativa con impacto medible y crecimiento sostenido. Tan solo en el último año, en México superó los 263 mil participantes, con presencia en más de 25 ciudades, además de fortalecer su modelo con distribuidores, alcanzando 12 centros activos y 6 mil participantes. A nivel regional, su alcance en Centroamérica llegó a 25 mil personas. El programa ha beneficiado desde su inicio hasta hoy a más de 1.7 millones de personas y generado un impacto indirecto superior a 7 millones, alcanzando cerca de 300 mil beneficiarios en su máximo histórico anual reciente.
Durante su participación en la Feria Nacional de San Marcos, el programa ofrecerá experiencias diseñadas para explicar de forma sencilla la importancia de la preservación de los recursos naturales, el impacto de los hábitos diarios en el entorno y la relevancia de adoptar prácticas más sustentables en el hogar, la escuela y la comunidad.
Las actividades se llevarán a cabo dentro del recinto de la feria el miércoles 22 y 29 de abril, y del miércoles 6 al sábado 9 de mayo, en un horario de 12:00 a 19:00 horas, en el stand al inicio de la expo, ingresando por el área de juegos, entre la rueda de la fortuna y la zona de velaria.
La iniciativa cuenta con la colaboración de la Fundación Miguel Ángel Barberena – Los Cuartos, lo que refuerza el compromiso social con la comunidad hidrocálida.
Con estas acciones, Eco Jornadas LTH reafirma que la transformación hacia un mundo resiliente no solo depende de grandes acuerdos internacionales, sino de las decisiones cotidianas que se toman en el hogar, la escuela y la comunidad. Sembrar conciencia hoy es la única vía para proteger el mañana.
En México, ocho de cada 10 niños viajan sin la protección adecuada en el automóvil, de acuerdo con datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), retomados por Caminos y Puentes Federales (Capufe). Menos del 20% de los menores utiliza Sistemas de Retención Infantil (SRI) en las edades recomendadas, lo que incrementa significativamente el riesgo de lesiones graves o fatales en caso de un siniestro.
La magnitud del problema es relevante si se considera que los accidentes automovilísticos son la tercera causa de decesos en menores de uno a cuatro años y la segunda en niños de cinco a 14 años en el país. A ello se suma un factor adicional: incluso cuando se utilizan sillas infantiles, no siempre se emplean correctamente.
“Un sistema de retención infantil bien instalado puede marcar la diferencia entre un susto y una tragedia”, señaló Pancho Name, piloto profesional y vocero de la campaña permanente ConductaVial Quálitas (CVQ).
Los sistemas de retención infantil deben utilizarse desde que el bebé sale del hospital. Su uso debe adecuarse a la edad y etapa de desarrollo del menor, con características como:
● Hasta los dos años: sillas orientadas hacia atrás
● Etapa preescolar: asientos convertibles
● Edad escolar: asientos elevadores
Más allá de contar con el dispositivo correcto, su instalación y uso adecuado son factores determinantes para garantizar su efectividad. “El problema no es solo no usar la silla, sino usarla mal. Ahí es donde está el mayor riesgo”, añadió Name.
Quálitas, aseguradora vehicular líder en México desde 2007, a través de su campaña permanente Cultura Vial Quálitas, impulsa acciones de concientización orientadas a promover una mayor cultura de seguridad vial, con el objetivo de reducir riesgos y fomentar decisiones informadas entre los conductores.
Tres claves para proteger a niñas y niños en el automóvil
● Elegir la silla adecuada: Debe corresponder a la edad, peso y estatura del menor, además de contar con certificación vigente.
● Instalar correctamente: Priorizar la posición a contramarcha el mayor tiempo posible y utilizar sistemas con arnés de cinco puntos.
● Verificar estabilidad: El asiento no debe moverse más de dos centímetros hacia los lados.
La seguridad infantil no es opcional ni depende de la distancia del trayecto. En un país donde los accidentes viales se mantienen entre las principales causas de fallecimiento en menores, el uso correcto de sistemas de retención infantil no solo reduce riesgos: puede salvar vidas.
“Ningún padre permitiría que su hijo nade sin protección. Entonces, ¿por qué, siendo los accidentes viales una de las principales causas de lesiones y defunciones en niños, seguimos sin usar sistemas de retención infantil?”, finalizó el piloto.
Moctezuma dio a conocer los resultados de su Informe Anual Integrado 2025, en el que destaca un sólido desempeño financiero, avances significativos en sostenibilidad y una firme contribución al desarrollo social, consolidando su posición como una de las compañías más rentables de la Bolsa Mexicana de Valores (BMV).
Sólido desempeño financiero y creación de valor
Gracias a una estricta disciplina en costos, la excelencia operativa y la optimización de procesos, la empresa logró mantener el crecimiento y robustecer su rentabilidad. En 2025 reportó ingresos por 20,379 millones de pesos, lo que representa un incremento del 2.9% respecto a 2024.
La generación de valor se sustentó en mejoras de eficiencia operativa y un riguroso control de gastos, permitiendo el incremento en los márgenes de rentabilidad y la generación de flujos de efectivo saludables. Esta solidez financiera hizo posible el pago de dividendos y la continuidad de inversiones estratégicas en CAPEX con recursos propios, sin recurrir a financiamiento externo.
Inversión estratégica y compromiso con la sostenibilidad
Durante 2025, Moctezuma destinó el 91% de su inversión a la modernización del proceso productivo del cemento, al uso de combustibles alternos y al fortalecimiento de su infraestructura logística, en línea con su Estrategia de Sostenibilidad: Roadmap 2030. Entre los principales avances destacan:
Reducción del factor clínker de 64.3% por tonelada de cemento producido, superando, cinco años antes, la meta de 66% prevista para 2030.
Se registraron 522 kg de CO₂ por tonelada de cemento equivalente, lo que implica una reducción de 4.9% respecto a 2024, ubicándose a sólo 23 kg de la meta para 2030.
Se mantuvo el liderazgo sectorial en eficiencia energética, con un consumo de 76.0 kWh por tonelada de cemento, superando la meta establecida de 77 kWh/t.
Se generaron más de 921,000 kWh de energía fotovoltaica, evitando la emisión de 409 toneladas de CO₂, equivalente a la carga de más de 46 millones de smartphones.
“Somos prueba de que es posible alcanzar prosperidad financiera y mantener un ritmo sostenido de crecimiento, sin comprometer nuestra responsabilidad con el medio ambiente y las personas”, declaró José María Barroso Ramírez, director general de Moctezuma.
Impulso a la economía circular y la innovación
La organización avanzó en la sustitución de combustibles fósiles mediante el uso de residuos y biomasa, alcanzando una tasa de 8.4% en 2025, superior al 5.8% registrado en 2024. Desde el arranque de esta iniciativa, la empresa ha invertido más de 459 millones de pesos.
Entre los proyectos más relevantes destacan:
La puesta en marcha de una trituradora de llantas en la Planta Cerritos.
La consolidación de sistemas automatizados en las Plantas Cerritos y Tepetzingo.
La operación del Sistema de Combustibles Alternos en la Planta Tepetzingo, con una inversión de 240 millones de pesos y capacidad para transformar más de 150,000 toneladas de residuos al año.
Al respecto, Maribel Leyte Jiménez, directora de Sostenibilidad, Medio Ambiente y Mejora Continua explicó: “cuando los residuos encuentran un nuevo propósito, se abre una vía de solución para el país; así entendemos en Moctezuma la economía circular: transformar desafíos ambientales en recursos y oportunidades”.
Gestión responsable del agua y protección ambiental
Como parte de su compromiso ambiental, Moctezuma redujo su consumo de agua a 99 litros por tonelada de cemento, 9.2% menos que en 2024.
Además:
El 92% de sus plantas de concreto cuenta con infraestructura para reciclar y reutilizar agua.
Se reutilizaron más de 86,000 m³ de agua en las operaciones, lo que equivale a 4.3 millones de garrafones de agua.
Se implementaron sistemas duales – agua potable y tratada – para garantizar la resiliencia operativa ante el desabasto hídrico.
En materia de biodiversidad, el proyecto Reef Balls que consistió en la instalación de 500 arrecifes artificiales en Yucatán, ha contribuido a la captura de 2,225.1 kg de CO₂ y al incremento de hasta 300% en la presencia de más de 15 especies de fauna marina. Por ello, Moctezuma anunció que prepara una segunda etapa de este proyecto.
Compromiso con el desarrollo social
En 2025, la empresa invirtió más de 11.5 millones de pesos en programas sociales, beneficiando con becas a 299 estudiantes y con útiles escolares a más de 22,000.
Asimismo, un total de 2,400 personas participaron en las Ferias de la Salud y más de 3,500 estuvieron presentes en las Jornadas de Puertas Abiertas realizadas a lo largo del año.
Desde hace más de 25 años, Moctezuma impulsa una escuela de futbol que integra educación y salud para jóvenes de comunidades cercanas a la Planta Tepetzingo, en donde niñas, niños y jóvenes son beneficiados cada año.
Inclusión y desarrollo del talento femenino
La empresa promueve la equidad de género en la industria a través de iniciativas como Casco Rosa, que busca visibilizar el talento de las mujeres, ampliar su presencia e impulsar un entorno más equitativo e incluyente; y la Escuela de Operadoras, un programa de formación que profesionaliza a mujeres en la conducción de unidades revolvedoras de concreto. En 2025 egresaron nueve operadoras, sumando 27 desde el inicio del programa.
“Nuestro compromiso es permanente: construir un México mejor a partir de lo que hacemos todos los días. A través de estas acciones, queremos dejar huella de progreso y desarrollo en escuelas, hospitales, caminos y comunidades enteras. Ese es nuestro propósito, nuestra identidad y nuestro orgullo; es el legado que queremos dejar a las próximas generaciones”, concluyó José María Barroso.
Con estos resultados, Moctezuma consolida un modelo de negocio resiliente y sostenible, alineando su desempeño financiero con la innovación, el desarrollo social y la protección del medio ambiente.
La transición energética global está atravesando un momento decisivo. Durante años, la conversación giró en torno a si las energías renovables podrían ser lo suficientemente confiables para sustituir a los combustibles fósiles. Hoy, la pregunta ha cambiado: ¿qué tan rápido podemos escalar su adopción? Un reciente informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) confirma que la energía solar y eólica, combinadas con sistemas de almacenamiento, ya no solo son viables, sino más económicas incluso bajo esquemas de suministro continuo.
Este cambio no es menor. Implica que el modelo energético dominante está perdiendo competitividad frente a alternativas más limpias, resilientes y accesibles. En este nuevo contexto, el crecimiento de la energía limpia deja de ser una aspiración ambiental para consolidarse como una decisión estratégica que impacta directamente en la rentabilidad, la seguridad energética y la sostenibilidad de largo plazo.
El crecimiento de la energía limpia redefine el mercado energético
El informe “Energías renovables 24/7: La economía de la energía solar y eólica estable” introduce un concepto clave: la energía limpia gestionable. A diferencia de la generación intermitente, este modelo integra almacenamiento en baterías para garantizar suministro continuo, lo que permite comparar directamente con fuentes fósiles en términos de confiabilidad.
Los datos son contundentes. Los costos de la energía solar con almacenamiento se sitúan entre 54 y 82 dólares por MWh, por debajo del carbón nuevo en mercados como China (70-85 dólares) y muy por debajo del gas, que supera los 100 dólares por MWh a nivel global. Este escenario posiciona al crecimiento de la energía limpia como un factor determinante en la reconfiguración del sistema energético.
De la eficiencia a la competitividad estructural
Uno de los motores más relevantes de este cambio ha sido la reducción acelerada de costos. Desde 2010, la energía solar fotovoltaica ha disminuido sus costos en un 87 %, mientras que la eólica terrestre ha logrado una reducción del 55 %. En paralelo, las baterías han experimentado una caída del 93 % en sus costos.
Este descenso no solo mejora la accesibilidad, sino que transforma la lógica de inversión. Las energías renovables ya no dependen exclusivamente de incentivos o marcos regulatorios favorables: hoy compiten por mérito propio. En este sentido, el crecimiento de la energía limpia responde a una ventaja económica estructural difícil de revertir.
Energía 24/7: el fin del mito de la intermitencia
Durante décadas, la principal crítica hacia las energías renovables fue su incapacidad para garantizar suministro constante. Sin embargo, la evolución de los sistemas de almacenamiento ha cambiado radicalmente este panorama. Las soluciones híbridas permiten almacenar energía y liberarla de forma estratégica, asegurando disponibilidad continua.
Este avance desarticula uno de los argumentos más persistentes a favor de los combustibles fósiles. Hoy, la energía renovable puede operar las 24 horas del día, los 7 días de la semana, con niveles de confiabilidad comparables —e incluso superiores— a los sistemas tradicionales.
Seguridad energética en un contexto de incertidumbre
Más allá de los costos, la energía limpia ofrece una ventaja estratégica clave: reduce la exposición a riesgos geopolíticos. La volatilidad en los mercados de petróleo y gas, así como las tensiones en rutas clave de suministro, han evidenciado la fragilidad del modelo fósil.
En palabras del secretario general de la ONU, António Guterres, la crisis energética reciente ha dejado claro el verdadero costo de esta dependencia. Frente a ello, el crecimiento de la energía limpia se posiciona como una vía para fortalecer la resiliencia, garantizar estabilidad y avanzar hacia sistemas energéticos más autónomos.
Otro elemento que está inclinando la balanza es el tiempo de desarrollo. Mientras que los proyectos de gas pueden tardar varios años en entrar en operación, las instalaciones solares y eólicas con almacenamiento suelen completarse en uno o dos años.
Esta rapidez es especialmente relevante en un entorno donde la demanda eléctrica crece de forma acelerada, impulsada por sectores como la inteligencia artificial y los centros de datos. La capacidad de responder con agilidad se convierte, así, en una ventaja competitiva clave para las energías renovables.
El flujo de capital hacia el sector confirma esta tendencia. En el primer trimestre de 2026, la financiación corporativa para energía solar superó los 11 mil millones de dólares, con un incremento del 131 % interanual. Aunque el capital de riesgo registró una ligera caída, el volumen total de inversión sigue siendo sólido.
Estos datos reflejan una confianza creciente en el sector y evidencian que el crecimiento de la energía limpia está respaldado por un ecosistema financiero robusto, donde participan tanto actores públicos como privados.
Crecimiento de la energía limpia: proyecciones que aceleran la transición
Las proyecciones de IRENA apuntan a una reducción adicional de costos en los próximos años. Se estima que para 2030 los costos podrían disminuir hasta en un 30 %, y hasta un 40 % para 2035, alcanzando niveles por debajo de los 50 dólares por MWh en los sistemas más eficientes.
Este escenario no solo consolidará la competitividad de las energías renovables, sino que acelerará su adopción a gran escala. La transición energética ya no depende únicamente de la voluntad política, sino de una lógica de mercado que favorece cada vez más a las soluciones limpias.
La narrativa energética global está cambiando de forma irreversible. Las energías renovables han dejado de ser una alternativa complementaria para convertirse en el eje central de los sistemas energéticos del futuro. Su capacidad para ofrecer energía limpia, confiable y competitiva marca un antes y un después en la forma en que producimos y consumimos electricidad.
En este contexto, la discusión ya no gira en torno a si la transición es posible, sino a cómo acelerar su implementación. Para empresas, gobiernos y sociedad, el crecimiento de la energía limpia representa una oportunidad estratégica para construir un modelo más resiliente, sostenible y alineado con los desafíos del siglo XXI.
Durante años, la conversación ambiental ha colocado al individuo como protagonista del cambio: usar bolsas reutilizables, evitar plásticos, consumir local o modificar la dieta. Estas acciones, sin duda valiosas, han construido una narrativa poderosa: que el cambio climático puede enfrentarse desde decisiones cotidianas. Pero en medio de una crisis ambiental sistémica, esta idea comienza a mostrar sus límites.
Hoy, cuestionar si basta con ser ecofriendly no implica desestimar la responsabilidad personal, sino ampliar la conversación. Diversas voces desde la academia y la sostenibilidad coinciden en que este enfoque, aunque bien intencionado, puede ser insuficiente e incluso contraproducente si desplaza la atención de los verdaderos motores del deterioro ambiental: los sistemas productivos, energéticos y regulatorios.
¿Es suficiente ser ecofriendly para cambiar el sistema?
La premisa de que basta con ser ecofriendly para transformar el planeta se ha instalado con fuerza en el imaginario colectivo. Desde etiquetas verdes hasta campañas publicitarias, el mensaje es claro: cada pequeña acción cuenta. Sin embargo, la evidencia muestra que estos esfuerzos, aunque positivos, no logran generar cambios estructurales por sí solos.
De acuerdo con eco-business, el problema no está en las acciones individuales, sino en la expectativa que se construye alrededor de ellas. Reducir el impacto ambiental requiere transformaciones profundas en la forma en que producimos, distribuimos y consumimos recursos. Sin estos cambios, las decisiones personales quedan limitadas frente a la magnitud del desafío.
Del ciudadano al consumidor: un cambio de rol
Uno de los efectos menos visibles del discurso ambiental dominante es la transformación del ciudadano en consumidor. La sostenibilidad se ha traducido en elecciones de compra, donde el compromiso ambiental se mide en productos adquiridos y no en participación colectiva.
Este cambio de enfoque tiene implicaciones importantes. Al centrar la solución en el mercado, se reduce la presión hacia gobiernos y empresas para implementar cambios estructurales. Además, se genera una sensación de cumplimiento individual que puede disminuir la participación en iniciativas más amplias, como la incidencia pública o la colaboración comunitaria.
Hablar de crisis ambiental en términos de “todos somos responsables” puede parecer justo, pero también invisibiliza las diferencias de impacto y poder. No todos los actores contribuyen de la misma manera al problema ni tienen la misma capacidad de transformarlo.
Mientras millones de personas buscan ser ecofriendly en su día a día, las decisiones más relevantes —como la transición energética, la regulación industrial o el diseño urbano— siguen concentradas en manos de actores con mayor influencia. Esta narrativa colectiva, aunque inclusiva, puede diluir responsabilidades clave.
Los límites invisibles de la acción individual
Un dato revelador es que la mayor parte del impacto ambiental de los productos ocurre antes de que lleguen al consumidor. Procesos industriales, cadenas de suministro y decisiones logísticas concentran entre el 90 % y el 95 % de la huella ambiental.
Además, muchas decisiones relevantes están fuera del alcance individual. El acceso al transporte público, la disponibilidad de energías limpias o la infraestructura urbana condicionan las posibilidades de adoptar estilos de vida sostenibles. En este contexto, incluso los esfuerzos más conscientes enfrentan barreras estructurales.
Esto no significa que las acciones individuales carezcan de valor. Adoptar hábitos sostenibles puede fomentar coherencia, generar conciencia y fortalecer comunidades. Sin embargo, su impacto sistémico es limitado si no se articula con esfuerzos colectivos.
Históricamente, la acción individual estaba más vinculada a la participación social: organizarse, incidir, proponer. Recuperar esta dimensión es clave para que el compromiso ambiental trascienda el ámbito personal y contribuya a cambios más amplios.
Más allá de ser ecofriendly: activar el cambio colectivo
Ir más allá de ser ecofriendly implica repensar el papel del individuo en la sostenibilidad. No se trata solo de consumir mejor, sino de participar activamente en la construcción de soluciones: apoyar políticas públicas, impulsar cambios en las organizaciones y colaborar en iniciativas colectivas.
El cambio sistémico rara vez surge de decisiones aisladas. Se construye a partir de acciones coordinadas que inciden en puntos estratégicos. En este sentido, la sostenibilidad requiere pasar de la lógica del consumo a la lógica de la ciudadanía activa.
La pregunta no es si vale la pena ser ecofriendly, sino hasta dónde puede llegar ese enfoque. Las acciones individuales son un punto de partida, pero no el destino final. Reconocer sus límites permite enfocar los esfuerzos en estrategias más efectivas y evitar la ilusión de cambio sin transformación real.
En un contexto de crisis climática, el verdadero reto es colectivo. La sostenibilidad se construye desde la articulación entre individuos, empresas y gobiernos, con una ciudadanía informada y participativa en el centro. Solo así será posible avanzar hacia soluciones que estén a la altura del desafío global.
En muchas conversaciones corporativas, el debate sobre sostenibilidad vs rentabilidad suele simplificarse hasta volverse engañoso. Cuando una iniciativa no arroja los resultados financieros esperados, la conclusión inmediata suele ser que “la sostenibilidad no compensa”. Sin embargo, esa afirmación casi siempre nace de una visión limitada: evaluar toda una estrategia a partir de un único intento fallido, generalmente basado en la sustitución de materiales.
Este enfoque no solo reduce la complejidad del desafío, también invisibiliza oportunidades reales de creación de valor. Cambiar un insumo más barato por uno más sostenible puede afectar los márgenes en el corto plazo, sí, pero asumir que ese resultado define toda la relación entre sostenibilidad y negocio es ignorar el potencial estratégico de la innovación. El problema no es la sostenibilidad, sino la forma en que se está intentando implementar.
Sostenibilidad vs rentabilidad: cuando la sustitución no es suficiente
De acuerdo con Sustainable Brands, la sustitución es, probablemente, la técnica más utilizada por las empresas que buscan avanzar en sostenibilidad. Reemplazar plástico virgen por reciclado o elegir materiales con menor huella ambiental parece un paso lógico. Sin embargo, este enfoque suele venir acompañado de un incremento en costos que, si no se compensa con otros factores, impacta directamente en la rentabilidad por unidad.
Lo relevante aquí no es negar esa realidad, sino entender su alcance. La sustitución es solo una herramienta dentro de un abanico mucho más amplio de estrategias. Cuando las organizaciones la prueban una vez y la descartan tras un resultado negativo, en realidad están abandonando el 97% de las posibilidades disponibles. Es como evaluar toda una disciplina con base en un solo experimento.
El sesgo de las decisiones empresariales
Las decisiones corporativas suelen estar influenciadas por resultados inmediatos. Si una iniciativa no genera retornos claros en el corto plazo, se percibe como un error. Este sesgo limita la exploración de modelos más complejos, donde el valor no siempre es directo ni inmediato, pero sí sostenible en el tiempo.
En este contexto, la conversación sobre sostenibilidad vs rentabilidad se vuelve reduccionista. Se mide el impacto únicamente en términos de costos directos, sin considerar beneficios como la fidelización del talento, la reputación, la innovación o la apertura de nuevas fuentes de ingreso. Es una mirada parcial que termina condicionando la estrategia.
El excedente estratégico: una lógica diferente
Frente a este escenario, surge una alternativa poderosa: el excedente estratégico. En lugar de limitarse a optimizar costos, esta técnica propone desarrollar capacidades internas más allá de lo necesario y luego monetizarlas externamente. Es un cambio de mentalidad que transforma la sostenibilidad en una plataforma de crecimiento.
La lógica es simple pero potente. Si una empresa invierte en desarrollar algo valioso —como talento, procesos o conocimiento— puede convertir ese excedente en un activo comercializable. Así, lo que inicialmente era un costo se convierte en una nueva fuente de ingresos, alineando impacto social con resultados financieros.
Un caso que redefine el valor
Una cadena de restaurantes emergente enfrentaba un desafío común: atraer y retener talento calificado en un mercado competitivo. Para resolverlo, diseñó un programa de capacitación de alto nivel enfocado en personas que buscaban reincorporarse al mercado laboral. El resultado fue un equipo más leal, productivo y comprometido.
El programa, además de mejorar la operación, generaba un impacto social significativo. Sin embargo, también planteaba un reto: la alta retención reducía la necesidad de nuevas contrataciones, limitando el alcance del impacto y dejando capacidad de formación sin utilizar. Lo que parecía una fortaleza comenzaba a mostrar una ineficiencia.
De centro de costos a motor de ingresos
La solución fue replantear el enfoque. En lugar de ver la capacitación como un gasto necesario, la empresa la convirtió en un servicio. Comenzó a ofrecer a otras compañías del sector acceso a los egresados del programa, altamente capacitados y con bajas tasas de rotación.
Este modelo permitió generar ingresos a través de comisiones por colocación, al mismo tiempo que fortalecía el ecosistema laboral local. La empresa no solo recuperó la inversión en capacitación, sino que la transformó en un activo estratégico que diversificaba sus fuentes de ingreso y amplificaba su impacto social.
Más allá de una sola técnica
El excedente estratégico es solo una de las múltiples formas en que la sostenibilidad puede integrarse al modelo de negocio. Existen otras técnicas como la adaptación —utilizar recursos de forma precisa y eficiente— o el cambio de tiempo —optimizar la relación entre inversión y retorno— que también ofrecen oportunidades valiosas.
Esto evidencia que el debate sobre sostenibilidad vs rentabilidad no debería centrarse en si una acción específica funciona o no, sino en la capacidad de las empresas para explorar diferentes enfoques. Limitarse a una sola estrategia es, en esencia, limitar el potencial de innovación.
Sostenibilidad vs rentabilidad: ampliar el manual estratégico
Cuando una organización basa toda su estrategia en una única técnica, está operando con una visión incompleta. La sostenibilidad no es un bloque monolítico, sino un sistema compuesto por múltiples palancas que pueden activarse según el contexto y los objetivos del negocio.
Ampliar el “manual” implica adoptar una mentalidad experimental, donde el aprendizaje continuo sustituye al juicio inmediato. En lugar de descartar iniciativas tras un primer intento, se trata de iterar, combinar estrategias y construir modelos más robustos que integren impacto y rentabilidad.
El verdadero error no está en intentar ser sostenible, sino en hacerlo de forma limitada. Reducir la sostenibilidad a un simple cambio de materiales es ignorar su dimensión estratégica y su capacidad de generar valor. La rentabilidad no desaparece cuando se incorpora el impacto social; simplemente requiere nuevas formas de ser entendida y gestionada.
Replantear la relación entre sostenibilidad vs rentabilidad implica dejar de verlas como fuerzas opuestas y empezar a tratarlas como variables interdependientes. Las empresas que logren hacerlo no solo serán más resilientes, sino también más relevantes en un entorno donde el valor ya no se mide únicamente en términos financieros, sino en la capacidad de generar impacto sostenible en el tiempo.
En México, trabajar más no necesariamente significa producir mejor. Durante años, el país ha encabezado las listas de sobrecarga laboral, mientras mantiene niveles de productividad por debajo de economías desarrolladas. Hoy, en medio de este contraste, la reducción de la jornada laboral emerge como una de las transformaciones más relevantes del mundo del trabajo, con implicaciones que van mucho más allá del tiempo en oficina.
La llegada de la jornada de 40 hrs abre una conversación de fondo sobre eficiencia, bienestar y competitividad. No se trata únicamente de acortar la semana laboral, sino de cuestionar un modelo que ha normalizado jornadas extensas con resultados limitados. La evidencia más reciente apunta a que, si se gestiona correctamente, este cambio podría convertirse en una palanca para mejorar salarios, reducir el desempleo y construir entornos laborales más sostenibles.
Jornada de 40 hrs: ¿una oportunidad para dinamizar el mercado laboral?
El escenario más optimista plantea un cambio estructural en la dinámica económica. De acuerdo con estimaciones de Deloitte, si la transición a la jornada de 40 hrs viene acompañada de un aumento en la productividad, los salarios reales podrían crecer hasta 9.2% entre 2027 y 2030, mientras que la tasa de desempleo se reduciría a 2.9%.
Este panorama sugiere un círculo virtuoso: empresas más eficientes, talento mejor remunerado y un mercado laboral más estable.
La clave está en entender que la reducción de horas no es el objetivo final, sino el punto de partida para replantear cómo se genera valor dentro de las organizaciones.
Productividad: el verdadero eje de la transformación
Hablar de menos horas sin hablar de productividad es quedarse a la mitad de la conversación. El éxito de esta reforma dependerá, en gran medida, de la capacidad de empresas y colaboradores para hacer más eficiente el tiempo de trabajo.
Esto implica desde la digitalización de procesos hasta una gestión más estratégica del tiempo: reuniones más cortas, menos tareas operativas y mayor enfoque en actividades de alto impacto. En este sentido, la reforma actúa como un catalizador que obliga a las organizaciones a evolucionar, dejando atrás prácticas que ya no responden a las exigencias actuales.
Entre lo posible y lo probable: escenarios de implementación
No todos los caminos conducen al mismo resultado. En un escenario intermedio, el costo laboral aumentaría alrededor de 0.5% en 2027, distribuido entre empresas y trabajadores. Aquí, el crecimiento salarial sería más moderado, cercano al 3.7%, y el desempleo podría incrementarse ligeramente a 3.4%.
Este escenario refleja una transición más cercana a la realidad: avances graduales, ajustes operativos y decisiones estratégicas que definirán el rumbo. La forma en que se gestione este proceso será determinante para evitar que los beneficios se diluyan en el corto plazo.
Cuando el cambio se queda corto: riesgos de una mala implementación
El mayor riesgo no está en la reforma, sino en cómo se implemente. Si la reducción de horas se compensa únicamente con el pago de tiempo extra, sin mejoras en productividad, los efectos pueden ser adversos.
En un escenario pesimista, los salarios reales podrían caer 0.8% y el desempleo aumentar a 3.7%. Este resultado pone sobre la mesa una advertencia clara:
Reducir la jornada sin transformar el modelo de trabajo puede generar más presión que beneficios, tanto para empresas como para colaboradores.
Aprendizajes globales: eficiencia como ventaja competitiva
La experiencia internacional ofrece señales alentadoras. En países como Chile, la reducción de la jornada impulsó a las empresas a modernizarse, adoptando tecnología y mejores prácticas que, con el tiempo, elevaron su desempeño.
Islandia refuerza esta narrativa. Tras implementar jornadas más cortas entre 2015 y 2019, el país logró incrementar su productividad en 1.5% en cuatro años, apoyado por políticas públicas y negociación colectiva. El mensaje es contundente: no se trata de trabajar menos, sino de trabajar con mayor inteligencia.
Jornada de 40 hrs: bienestar como eje de la sostenibilidad laboral
Más allá de los indicadores económicos, la jornada de 40 hrs responde a una deuda histórica con el bienestar de las personas trabajadoras. México concentra a millones de personas con jornadas superiores a 60 horas semanales, una realidad que impacta directamente en su salud física y mental.
El estrés laboral, asociado a enfermedades cardiovasculares, evidencia que el modelo actual no es sostenible. Reducir la jornada representa una oportunidad para equilibrar la vida personal y profesional, disminuir el burnout y avanzar hacia entornos laborales más humanos, alineados con las agendas de responsabilidad social.
Una transición en marcha: del decreto a la acción
La reforma ya no es una posibilidad, es una realidad en construcción. Desde mayo de 2026, se establecieron las bases legales para la transición hacia una semana laboral de 40 horas, con una implementación gradual que se extenderá hasta 2030.
Este periodo será clave para que las empresas rediseñen sus operaciones, ajusten turnos y fortalezcan su gestión del talento. Más que cumplir con una obligación normativa, el reto está en capitalizar esta transformación como una ventaja competitiva.
La reducción de la jornada laboral marca un punto de inflexión en el futuro del trabajo en México. Sin embargo, su éxito no dependerá únicamente de la legislación, sino de la capacidad de adaptación de las organizaciones y del compromiso por construir modelos más eficientes.
La pregunta ya no es si es posible trabajar menos, sino cómo hacerlo mejor. En esa respuesta se juega no solo el impacto económico de la reforma, sino la posibilidad de redefinir la relación entre productividad, bienestar y desarrollo sostenible en el país.
La conversación sobre inteligencia artificial dejó de centrarse en el “qué puede hacer” para enfocarse en el “cómo lo está haciendo” y, sobre todo, en sus implicaciones. A tres años del auge de herramientas como ChatGPT, las empresas enfrentan un nuevo punto de inflexión: integrar la IA en su operación sin comprometer sus compromisos ambientales, sociales y de gobernanza. En este escenario, el liderazgo en sostenibilidad se posiciona como una pieza clave para equilibrar innovación y responsabilidad.
Hoy, la IA no solo acelera procesos, también redefine prioridades. Desde el análisis de riesgos climáticos hasta la trazabilidad en cadenas de suministro, su impacto es innegable. Pero junto con las oportunidades emergen tensiones: mayor consumo energético, sesgos en los datos y riesgos en la toma de decisiones automatizadas. Esta “frontera accidentada” obliga a replantear el liderazgo en sostenibilidad como una capacidad que combine tecnología, pensamiento crítico y visión sistémica.
IA y liderazgo en sostenibilidad: navegar una frontera irregular
De acuerdo con Eco-business, la inteligencia artificial ha demostrado ser altamente eficiente en tareas específicas, pero inconsistente en otras. Esta dualidad, descrita como una “frontera irregular”, marca el nuevo terreno que deben recorrer las organizaciones. Para el liderazgo en sostenibilidad, esto implica reconocer que no todas las soluciones tecnológicas generan valor sostenible por sí mismas.
El entusiasmo por la IA ha llevado a muchas empresas a adoptarla rápidamente, incluso sin una estrategia clara. En paralelo, los marcos de gobernanza, regulación y ética avanzan a un ritmo mucho más lento. Esta brecha incrementa los riesgos y evidencia la necesidad de liderazgos más conscientes y estratégicos.
En este contexto, liderar ya no significa solo implementar herramientas, sino entender sus implicaciones. La sostenibilidad exige una mirada más amplia, capaz de anticipar impactos y evitar soluciones que, aunque eficientes, resulten insostenibles en el largo plazo.
Pensamiento sistémico: la base del liderazgo en sostenibilidad
Uno de los principales desafíos al utilizar IA es la falta de contexto en los datos. Los algoritmos pueden procesar grandes volúmenes de información, pero no necesariamente comprenden las dinámicas sociales, ambientales y económicas que la rodean. Aquí es donde el liderazgo en sostenibilidad cobra relevancia.
El pensamiento sistémico permite entender cómo una decisión impacta múltiples dimensiones al mismo tiempo. Por ejemplo, una estrategia eficiente en costos podría generar consecuencias negativas en comunidades o ecosistemas si no se evalúa de forma integral.
Desarrollar esta capacidad no es opcional. En un entorno donde la IA amplifica el alcance de las decisiones, también amplifica sus efectos. Por ello, los líderes deben ser capaces de conectar datos con realidades y traducir información en acciones responsables.
Automatización sí, pero con criterio
El uso de inteligencia artificial en la toma de decisiones plantea una pregunta clave: ¿hasta qué punto delegar el juicio humano? En sostenibilidad, donde las decisiones tienen implicaciones éticas y de largo plazo, esta cuestión es especialmente crítica.
La automatización puede mejorar la eficiencia, pero no sustituye la responsabilidad. Delegar decisiones a sistemas cuyo funcionamiento no es completamente transparente puede debilitar la rendición de cuentas dentro de las organizaciones.
Además, existe el riesgo de confiar ciegamente en resultados que parecen correctos, pero carecen de profundidad. Por ello, el liderazgo en sostenibilidad debe garantizar que la IA funcione como una herramienta de apoyo y no como un sustituto del criterio profesional.
El “batido conceptual”: cuando la IA pierde el sentido
Uno de los fenómenos más preocupantes en el uso de IA generativa es la producción de contenidos que, aunque bien estructurados, carecen de sustancia. Este efecto, conocido como “batido conceptual”, puede generar una falsa sensación de claridad.
En el ámbito de la sostenibilidad, donde los matices son esenciales, este tipo de contenido representa un riesgo. Las decisiones basadas en análisis superficiales pueden derivar en estrategias poco efectivas o incluso contraproducentes.
Frente a esto, los líderes deben desarrollar habilidades para identificar inconsistencias, cuestionar resultados y profundizar en los análisis. La calidad de las decisiones dependerá, en gran medida, de la calidad del pensamiento detrás de ellas.
Talento en transformación: del reporte a la estrategia
La IA está modificando la estructura de los equipos de sostenibilidad. Muchas organizaciones están automatizando tareas como la elaboración de reportes, lo que reduce la carga operativa, pero también redefine los perfiles profesionales.
Esto abre una oportunidad importante: pasar de roles centrados en la recopilación de información a funciones estratégicas. Sin embargo, también plantea un riesgo si no se desarrollan adecuadamente las nuevas capacidades.
El liderazgo en sostenibilidad debe impulsar esta evolución, apostando por habilidades como análisis prospectivo, inteligencia sistémica y comprensión del negocio. La sostenibilidad deja de ser un área operativa para convertirse en un eje estratégico.
¿Optimizar o transformar?
La IA es, en esencia, una herramienta de optimización. Pero optimizar procesos existentes no siempre equivale a generar impacto positivo. De hecho, puede perpetuar modelos insostenibles si no se cuestionan sus bases.
Muchas empresas adoptan IA con un enfoque de eficiencia, sin reflexionar sobre el propósito de su implementación.
Esto puede traducirse en beneficios a corto plazo, pero con consecuencias negativas a largo plazo.
Aquí es donde el liderazgo en sostenibilidad juega un papel determinante: asegurar que la tecnología se utilice para transformar, no solo para acelerar. La clave no está en la capacidad de la IA, sino en la intención con la que se utiliza.
Pensamiento crítico: la nueva ventaja competitiva
En un entorno donde la IA genera información de manera constante, el pensamiento crítico se convierte en una habilidad indispensable. Saber cuestionar, validar y contextualizar la información es clave para tomar decisiones responsables.
Las preguntas correctas marcan la diferencia: ¿de dónde provienen los datos?, ¿qué sesgos pueden existir?, ¿qué perspectivas están ausentes? Estas interrogantes permiten ir más allá de lo evidente. El liderazgo en sostenibilidad debe fomentar una cultura organizacional donde el análisis riguroso sea la norma. La tecnología puede facilitar el acceso a la información, pero solo el pensamiento crítico garantiza su uso adecuado.
Narrativa y conexión en la era de la IA
El liderazgo no se limita a los datos; también implica generar conexión. En sostenibilidad, esto se traduce en la capacidad de movilizar a personas y organizaciones hacia objetivos comunes.
La IA puede amplificar mensajes, pero también polarizar audiencias.
En un contexto donde las “cámaras de eco” son cada vez más frecuentes, construir narrativas inclusivas se vuelve fundamental. Contar historias relevantes, cercanas y basadas en evidencia permite generar empatía y compromiso. El liderazgo en sostenibilidad debe integrar esta dimensión para impulsar cambios reales y duraderos.
La inteligencia artificial está redefiniendo las reglas del juego, pero no sustituye los principios que guían la sostenibilidad. Más bien, los pone a prueba. La capacidad de integrar tecnología con ética, contexto y visión estratégica será determinante en los próximos años.
El verdadero reto no es adoptar IA, sino hacerlo con intención. El liderazgo en sostenibilidad tiene la oportunidad —y la responsabilidad— de guiar este proceso, asegurando que la innovación tecnológica contribuya a construir un futuro más equitativo y resiliente.
El deporte siempre ha sido sinónimo de resistencia, estrategia y adaptación. Sin embargo, hoy enfrenta un desafío que rebasa cualquier preparación física: el cambio climático. Las condiciones extremas ya no son eventos aislados, sino una constante que comienza a modificar la forma en que se planifican, ejecutan y evalúan los grandes torneos a nivel global.
En este contexto, los eventos deportivos en riesgo dejan de ser una proyección futura para convertirse en una realidad operativa. La creciente incertidumbre climática no solo compromete la seguridad de atletas y espectadores, también cuestiona la vigencia de modelos de inversión diseñados para un entorno que ya no existe. La industria deportiva se encuentra así en un punto de inflexión donde cada decisión importa más allá del silbatazo final.
Eventos deportivos en riesgo: cuando el calor redefine las reglas
De acuerdo con Sustainable Brands, el Mundial de 2026 será un caso emblemático. Proyecciones indican que partidos en ciudades como Miami podrían alcanzar temperaturas de bulbo húmedo superiores a los 33 °C, rebasando los límites recomendados para la práctica deportiva profesional. Este escenario no solo implica ajustes logísticos, sino riesgos directos para la salud.
A pesar de ello, gran parte de la conversación se ha enfocado en medidas inmediatas: pausas de hidratación, ventiladores o cambios de horario. Si bien son necesarias, estas acciones responden a una lógica de corto plazo que no atiende la raíz del problema: la creciente exposición climática que enfrentan los torneos internacionales.
Infraestructura bajo presión climática
El debate sobre sostenibilidad en el deporte ha evolucionado. Lo que antes se centraba en emisiones y cumplimiento normativo, hoy exige una visión mucho más amplia. Estadios diseñados hace apenas cinco años ya operan en condiciones distintas a las previstas, evidenciando una brecha entre planeación e implementación.
Estudios recientes muestran que recintos icónicos enfrentan riesgos específicos: desde olas de calor hasta inundaciones o tormentas eléctricas. Este panorama confirma que los eventos deportivos en riesgo también dependen de la capacidad de adaptación de su infraestructura, no solo de la logística del evento.
El impacto económico de no anticiparse
Más allá de lo ambiental, el cambio climático representa un desafío financiero significativo. Se estima que las pérdidas potenciales en estadios podrían alcanzar miles de millones de dólares en las próximas décadas si no se incorporan criterios de resiliencia desde su diseño.
Esto plantea una pregunta crítica: ¿se está invirtiendo en infraestructura preparada para el futuro o simplemente en soluciones que responden al presente? La respuesta definirá no solo la rentabilidad de estos recintos, sino su viabilidad a largo plazo.
La organización de megaeventos continúa priorizando la operación inmediata. Ejemplo de ello son torneos recientes donde las condiciones climáticas ya han obligado a modificar dinámicas dentro y fuera del campo.
Sin embargo, la mayor parte de la inversión sigue enfocada en infraestructura temporal. Este enfoque limita el potencial transformador de los eventos y deja sin resolver la pregunta más relevante: ¿qué beneficio tangible permanece para las ciudades anfitrionas una vez que termina la competencia?
Adaptación: más allá de lo operativo
Hablar de adaptación implica distinguir entre lo urgente y lo estratégico. Por un lado, están las medidas que garantizan la viabilidad del evento: protocolos de salud, ajustes de calendario y sistemas de enfriamiento. Por otro, existe una oportunidad más profunda: diseñar espacios que aporten valor a largo plazo.
En este sentido, los eventos deportivos en riesgo pueden convertirse en catalizadores de infraestructura resiliente. Estadios que funcionen como refugios climáticos, sistemas de captación de agua o espacios que reduzcan el calor urbano son ejemplos de cómo el deporte puede integrarse en la solución.
Algunas iniciativas comienzan a marcar el camino. La habilitación de estadios como centros de emergencia demuestra el potencial de estas infraestructuras más allá del entretenimiento. Su escala y capacidad los posicionan como activos clave en contextos de crisis.
Asimismo, la inversión en espacios deportivos comunitarios refuerza la idea de legado. Cuando el enfoque se traslada de lo temporal a lo permanente, el impacto social se amplifica y el deporte adquiere un nuevo rol dentro de las ciudades.
Aprendizajes que no pueden ignorarse
Casos recientes han demostrado que los megaeventos pueden generar beneficios duraderos si se alinean con una visión estratégica. La clave está en entender que cada inversión puede responder a una necesidad inmediata o convertirse en una solución estructural.
Este cambio de enfoque será determinante para futuros eventos en regiones con mayor exposición climática. Lo que hoy se defina como estándar marcará la pauta para las próximas décadas.
El cambio climático está redefiniendo las reglas del juego para la industria deportiva. Los eventos deportivos en riesgo no solo evidencian la vulnerabilidad del sector, también abren una oportunidad para replantear su impacto.
Integrar la resiliencia climática en la planificación no es una opción, sino una necesidad estratégica. El verdadero legado de los grandes torneos no estará en la infraestructura construida, sino en la capacidad de las ciudades para enfrentar un futuro incierto con soluciones sostenibles y de largo plazo.
En el Centro Histórico de la de la ciudad de Guadalajara, se llevó a cabo la inauguración de la Exposición de Arte “Ruta de las Empresas” conformada por esculturas en forma de mundo, que muestran las principales acciones de responsabilidad social que realizan 17 destacadas empresas de diversos sectores.
Cada empresa cuenta con una pieza artística única, que plasma iniciativas que normalmente no son visibles, pero que impactan de manera positiva en la vida cotidiana de millones de personas, resaltando que, además de generar 8 de cada 10 empleos en el país, el sector empresarial contribuye de manera significativa al desarrollo social y económico de México.
Las empresas que participan en esta iniciativa son: 3M, Alpura, Bausen, Coppel, Cotemar, Cinépolis, Danone, Devlyn, Fundación Aleatica, Gayosso, Grupo Modelo, Liverpool, Natura, Quálitas, Unilever, Whirlpool, Xignux; así como una pieza representativa del Consejo de la Comunicación, Voz de las Empresas.
En su primera etapa, del 28 de abril al 31 de mayo, la exposición estará ubicada en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Posteriormente, del 01 al 15 de junio, los mundos podrán ser visitados en Av. Chapultepec.
Se estima que la exposición tenga un impacto aproximado de casi 3 millones de personas que podrán conocer que las empresas no solo generan empleo, además tienen un gran compromiso con el país y la sociedad, impulsando mediante programas y proyectos en temas como medioambiente, salud, educación y desarrollo de sus colaboradores.