Leí hace días un trabajo sobre la reciente crisis financiera y sus causas. Y encontré unas ideas que me hicieron pensar. El autor hablaba de los modelos de gestión del riesgo que habían puesto en marcha todo tipo de instituciones, desde bancos comerciales, cajas de ahorros y bancos de inversión hasta compañías de seguros y hedge funds.
Detrás de esos modelos había teorías aparentemente muy sólidas, con un amplio reconocimiento de los expertos y con la aceptación del sector, porque “proporcionaban resultados precisos y seductores” –la traducción es demasiado literal, pero fueron esas palabras las que llamaron mi atención, sobre todo la invocación a la precisión-.
Y seguía el autor: “como las flores que estallan en primavera, estos modelos parecían iguales y actuaban de la misma manera. Y, como las flores, han mostrado ser también efímeros. El terreno de juego se igualó de tal manera que todos jugaban al mismo juego, al mismo tiempo y a menudo con el mismo balón”. Los balances de todas las entidades financieras parecían copiados unos de otros, el sector financiero se convirtió en un monocultivo.