Lenguaje inclusivo en la empresa: ¿moda o herramienta real de transformación?

En los últimos años, el debate sobre el lenguaje inclusivo en la empresa ha cobrado fuerza. Para algunos, se trata de una estrategia superficial guiada por las tendencias del momento. Para otros, es una herramienta potente que abre espacios de reconocimiento y equidad en los entornos laborales. Lo cierto es que el lenguaje no es neutro, y lo que decimos —o callamos— también estructura las relaciones de poder.

Adoptar o no prácticas de lenguaje inclusivo puede parecer una decisión menor, pero tiene implicaciones profundas. Las palabras reflejan y, al mismo tiempo, moldean la cultura corporativa. En un mundo empresarial que busca ser más diverso y justo, vale la pena preguntarse: ¿el lenguaje inclusivo en la empresa es una moda pasajera o un pilar real de transformación?

¿Qué es el lenguaje inclusivo en la empresa y por qué genera tanto debate?

El lenguaje inclusivo busca nombrar, visibilizar y no excluir a personas por su género, identidad, discapacidad u otras condiciones. En el contexto laboral, se trata de revisar y adaptar las formas de comunicación —verbales y escritas— para que todas las personas se sientan reconocidas y respetadas. Desde evitar expresiones sexistas hasta sustituir genéricos masculinos, el objetivo es claro: abrir la conversación a la pluralidad.

Algunas críticas apuntan a que esta tendencia responde más a una presión social o reputacional que a un convencimiento auténtico. En este sentido, implementar lenguaje inclusivo en la empresa puede parecer una estrategia de marketing con poco impacto real. Sin embargo, su aplicación coherente y sostenida puede tener efectos transformadores, sobre todo en ambientes con alta diversidad.

El dilema, entonces, no está en el lenguaje en sí, sino en cómo se implementa. Cuando es parte de una cultura organizacional comprometida con la inclusión, va más allá de lo simbólico. Pero si se limita a un manual de estilo sin cambios estructurales, pierde fuerza y se convierte en un gesto vacío.

lenguaje inclusivo en la empresa

En definitiva, el lenguaje inclusivo en la empresa es tanto un espejo como un motor: refleja los valores institucionales y puede impulsar nuevas formas de convivencia. Su impacto no depende solo de su uso, sino del contexto, del compromiso detrás y de la escucha activa a las personas que históricamente han sido invisibilizadas.

5 casos en los que el lenguaje inclusivo puede transformar el entorno corporativo

1. Fomentar una cultura de respeto desde el primer contacto

El lenguaje que se utiliza en procesos de reclutamiento y bienvenida puede ser decisivo para que las personas se sientan aceptadas desde el inicio. Formular convocatorias con términos neutros como “persona candidata” o “quien postule” evita suposiciones sobre género, origen o situación personal. También permite que personas de grupos históricamente excluidos se reconozcan en las vacantes y se animen a participar.

Este enfoque transmite un mensaje claro de inclusión desde el primer contacto: todos y todas son bienvenidos en igualdad de condiciones. Aplicar lenguaje inclusivo en la empresa en estas etapas iniciales favorece la atracción de talento diverso, mejora la reputación corporativa y fortalece los principios de equidad. Así, las palabras se convierten en el primer puente hacia una cultura verdaderamente transformadora.

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2. Visibilización equitativa de mujeres y minorías

Modificar el lenguaje para referirse a todos los géneros en cargos, convocatorias o comunicados ayuda a corregir una invisibilización histórica. Al hablar de “las gerentas y los gerentes” o de “las personas líderes”, se valida que hay mujeres, personas no binarias y otros grupos ocupando esos roles. Esta visibilidad lingüística tiene un efecto simbólico potente y genera referentes positivos.

El lenguaje inclusivo en la empresa también contribuye a que más personas se sientan legitimadas para aspirar a posiciones de liderazgo. Al nombrar a quienes antes se excluía por omisión, se impulsa una cultura organizacional más equitativa. Además, se envía un mensaje claro: el talento no tiene género ni pertenece a un grupo exclusivo.

3. Inclusión de personas con discapacidad

Usar un lenguaje respetuoso y no capacitista en las comunicaciones internas y externas ayuda a eliminar barreras simbólicas que muchas veces pasan desapercibidas. Evitar expresiones como “no ve” o “no escucha” cuando no son necesarias, y priorizar términos consensuados como “personas con discapacidad” en lugar de eufemismos, es un paso básico. También es clave adaptar materiales a formatos accesibles para todos.

El lenguaje inclusivo en la empresa en este ámbito permite que las personas con discapacidad participen en igualdad de condiciones. Más allá de las palabras, promueve una conciencia organizacional más empática y reduce la estigmatización. Así, se fortalece el compromiso con la diversidad funcional y se construyen espacios de trabajo verdaderamente incluyentes.

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4. Desestigmatización de condiciones de salud mental

El lenguaje tiene un papel crucial en cómo se perciben y se viven las condiciones de salud mental dentro del entorno laboral. Frases como “está loco” o “es bipolar” dichas sin cuidado pueden reforzar prejuicios y crear climas hostiles. Sustituir estas expresiones por términos neutros y respetuosos ayuda a crear una cultura organizacional basada en la empatía y el respeto.

Cuando se usa lenguaje inclusivo en la empresa para hablar de salud mental, se fomenta un ambiente de seguridad psicológica. Las personas se sienten más dispuestas a compartir sus experiencias o pedir apoyo sin temor al juicio. Esto mejora la comunicación, disminuye el estigma y contribuye al bienestar general del equipo.

5. Integración en contextos multiculturales

En organizaciones con equipos diversos a nivel cultural o lingüístico, el lenguaje puede ser una herramienta de inclusión o una barrera. Evitar localismos, usar expresiones claras y neutras, y facilitar traducciones accesibles puede marcar la diferencia en la participación de todas las personas. A su vez, adaptar los mensajes para que no supongan una carga cultural o lingüística refuerza el respeto por las diferencias.

El lenguaje inclusivo en la empresa, entendido también como culturalmente sensible, permite que todas las personas comprendan, participen y se sientan parte de la dinámica organizacional. Esto fortalece la colaboración, reduce errores por malentendidos y promueve un entorno donde cada quien puede aportar desde su identidad sin sentirse excluido por la forma en que se comunica el resto.

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Más allá de lo simbólico: claves para una implementación efectiva

El lenguaje inclusivo debe ir más allá de los manuales de redacción o las publicaciones en redes sociales. Su implementación implica procesos continuos de formación, escucha activa y revisión de políticas internas. No basta con cambiar palabras: es necesario transformar las estructuras que perpetúan la exclusión.

Uno de los mayores errores es usar lenguaje inclusivo en la empresa de forma inconsistente. Por ejemplo, aplicarlo solo en días conmemorativos o restringirlo al área de comunicación. Integrarlo en toda la cultura organizacional, desde recursos humanos hasta operaciones, hace la diferencia.

También es clave abrir canales de retroalimentación con personas trabajadoras que pertenecen a grupos históricamente excluidos. Ellas pueden ofrecer perspectivas valiosas sobre cómo ciertas expresiones o prácticas afectan su experiencia laboral, más allá de lo visible o medible.

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Nombrar es transformar

El debate sobre el lenguaje inclusivo en la empresa no es solo gramatical: es ético, político y cultural. Elegir nombrar a todas las personas no implica renunciar a la claridad, sino ampliar los márgenes de lo que se considera legítimo, visible y digno en los espacios laborales

Más que una moda, el lenguaje inclusivo puede ser una herramienta poderosa cuando se conecta con acciones reales. Si se adopta con coherencia y escucha, puede transformar entornos, reparar ausencias históricas y dar forma a culturas organizacionales más equitativas.

En un mundo en el que la responsabilidad social corporativa va más allá del marketing, incorporar el lenguaje inclusivo en la empresa no es un gesto menor. Es una forma concreta de demostrar que las palabras importan, y que las empresas que escuchan y nombran con respeto construyen un futuro más justo.

Consumir menos carne no es cuestión de lógica, sino de emociones: estudio

Reducir el consumo de carne es una de las acciones más urgentes para mitigar el cambio climático, dado el papel que juega la industria cárnica en las emisiones de gases de efecto invernadero, la deforestación y el uso intensivo del agua. Aunque las dietas basadas en plantas presentan múltiples beneficios ambientales, los esfuerzos por modificar los hábitos alimenticios han tenido resultados limitados a nivel global.

Un nuevo estudio del PsyLab de la Universidad Católica de Milán sugiere que consumir menos carne no es una decisión que dependa solamente de la lógica o los datos científicos, sino de factores emocionales y morales. Dichos hallazgos redefinen las estrategias necesarias para impulsar dietas más sostenibles y apuntan hacia nuevos marcos de comunicación centrados en el asco, el placer y las justificaciones morales.

Consumir menos carne se logra mediante emociones, no argumentos

El estudio reveló que los mensajes que apelan al disgusto físico o moral pueden ser más eficaces para motivar a las personas a consumir menos carne. Los investigadores probaron distintos tipos de mensajes: uno mostraba heridas e imágenes insalubres en granjas industriales, otro apelaba a la injusticia del sufrimiento animal, y un tercero era neutral.

Los resultados indicaron que el mensaje con imágenes físicas provocó una reducción en el disfrute al comer carne. Esta disminución del placer no cambió directamente la conducta alimentaria, pero sí afectó las emociones asociadas al consumo. Como resultado, los participantes se mostraron más propensos a elegir alimentos de origen vegetal.

El asco no convenció mediante razonamientos, sino debilitando el atractivo emocional de la carne. Esta vía indirecta puede ser más efectiva que los argumentos tradicionales centrados en salud o impacto ambiental, que a menudo no logran modificar comportamientos profundamente arraigados.

consumir menos carne

El papel del asco físico y moral en la dieta

El estudio encontró que las imágenes de condiciones antihigiénicas en la producción animal reducían la respuesta hedonista al consumo de carne. Aunque no generaban una decisión inmediata de cambio, abrían una ventana para adoptar una dieta vegetal a través del debilitamiento del placer alimenticio.

Por otro lado, el mensaje de disgusto moral —centrado en el sufrimiento animal— no tuvo efectos universales. Sin embargo, entre quienes creían firmemente en la superioridad humana, sí redujo la desconexión moral que permite justificar el consumo de carne pese al conocimiento del daño que provoca.

Este hallazgo muestra que quienes mantienen una postura antropocéntrica pueden ser más sensibles a argumentos que cuestionen su derecho moral a dominar a los animales. Así, consumir menos carne puede surgir no por salud o ecología, sino por el derrumbe de una narrativa de poder.

Justificación, placer y hábitos arraigados

Una de las barreras más resistentes para consumir menos carne es el hedonismo carnívoro. El estudio muestra que muchas personas siguen consumiendo carne no porque ignoren sus consecuencias, sino porque encuentran un alto nivel de satisfacción emocional en ella.

Incluso quienes no creen en la supremacía humana y poseen conciencia ética, mantienen el hábito debido al placer, no por desconexión moral. Por eso, el mensaje de disgusto moral tuvo menos efecto en ellos: ya están convencidos, pero no necesariamente listos para cambiar.

consumir menos carne

Esto revela una dualidad en las motivaciones alimentarias: por un lado, la racionalización moral; por otro, la fuerza del hábito emocional. Cambiar la dieta, por tanto, no depende solo de la lógica, sino de intervenir en el sistema de gratificaciones y narrativas que sostienen nuestras elecciones cotidianas.

Nuevas herramientas para el cambio: más allá de la razón

Los hallazgos del PsyLab apoyan un cambio en la forma de comunicar temas ambientales y de salud pública. Las emociones, valores y normas sociales están demostrando ser más eficaces que los datos en sí mismos. En este contexto, el asco aparece como una herramienta de transformación cultural, pues según Patrizia Catellani, directora del estudio:

“El asco es más que una reacción visceral: puede ser una herramienta poderosa para desafiar creencias y hábitos arraigados”.

Por eso, enmarcar el consumo de carne como emocional y moralmente inaceptable podría ser más efectivo que insistir únicamente en los impactos ambientales.

Los responsables políticos y activistas que buscan que la gente consuma menos carne pueden integrar estos hallazgos en campañas más creativas y emocionalmente resonantes. Aunque los mensajes basados en el asco pueden generar reacciones adversas, también alcanzan a públicos resistentes o indiferentes a los argumentos racionales.

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Cambiar la dieta desde el corazón

El estudio demuestra que para lograr que las personas consuman menos carne, no basta con explicar los daños ecológicos o sanitarios. Es necesario apelar a emociones profundas como el asco, la culpa o la compasión, que conectan con dimensiones personales y morales. En este nuevo paradigma, los argumentos racionales se complementan con recursos narrativos más eficaces.

De cara a los desafíos del siglo XXI, los comunicadores sociales y responsables de políticas deben considerar el papel central de la emoción en el comportamiento humano. Solo así podrán diseñar intervenciones que no solo informen, sino que realmente transformen los hábitos alimentarios y, con ello, el futuro del planeta.

Las marcas de moda posponen la sostenibilidad que prometieron

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La industria de la moda, responsable de hasta el 8 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, enfrenta una creciente presión para cumplir sus compromisos ambientales. Diversas marcas se han fijado metas de cero neto para 2050 o incluso antes, respaldadas por objetivos basados en ciencia y promesas de transformación profunda de sus cadenas de suministro.

Sin embargo, un nuevo estudio de Stand.earth revela que muchas de estas metas no solo están lejos de cumplirse, sino que podrían estar retrocediendo. A través del análisis de 42 marcas globales, el informe muestra que la mayoría está avanzando demasiado lento —cuando no retrocediendo— en su camino hacia la descarbonización.

Marcas de moda posponen la sostenibilidad: hallazgos clave del estudio

El estudio de Stand.earth expone una realidad preocupante: para 2025, solo un tercio de las marcas evaluadas habrá logrado una reducción del 10 % en sus emisiones, mientras que un 40 % incluso habrá aumentado su huella climática. Esta evidencia contradice los discursos corporativos sobre liderazgo climático y sostenibilidad. Todd Paglia, director de la organización, fue tajante:

“Las marcas se están moviendo demasiado lento”. En lugar de avanzar hacia sus metas de neutralidad de carbono, muchas empresas están generando una desconexión entre lo que prometen públicamente y lo que implementan en sus cadenas de producción.

El informe también muestra que apenas una fracción de las marcas analizadas está financiando iniciativas reales para reducir emisiones. La carga recae, en cambio, sobre los proveedores de países como Bangladesh, India o Camboya, que no cuentan con el músculo financiero para costear la transición.

El rezago estructural en los países productores

Uno de los puntos más críticos del informe es el retraso de acciones climáticas en los centros de manufactura. En Bangladesh, por ejemplo, el 83 % de las emisiones de la industria provienen de la quema de gas natural para producir energía térmica. Este patrón se repite en India y Vietnam, donde los procesos de lavado, teñido y acabado dependen de combustibles fósiles.

Reducir estas emisiones requiere inversiones sustanciales en tecnologías limpias, como bombas de calor o fuentes renovables. Sin embargo, el Apparel Impact Institute (AII) estima que en Bangladesh existe una brecha de inversión de 4,800 millones de dólares para cumplir con las metas climáticas hacia 2030.

Pese a este panorama, las marcas de moda posponen la sostenibilidad al no destinar fondos suficientes para transformar sus cadenas de valor. De las 42 marcas estudiadas, solo seis han financiado proyectos de descarbonización directamente, y muchas limitan su apoyo a evaluaciones o pilotos de pequeña escala.

Casos aislados de acción frente a un sistema rezagado

Entre las pocas marcas que han actuado con mayor decisión se encuentra H&M, que ha financiado iniciativas de baja emisión en 23 fábricas y planea expandir sus pruebas de tecnologías energéticamente eficientes en Asia. “La tecnología ya está aquí; no se trata de innovar, sino de implementarla”, explicó Kim Hellström, gerente de sostenibilidad del grupo sueco.

Aun así, los casos como H&M son la excepción, no la norma. Kristina Elinder Liljas, del AII, subraya que los presupuestos corporativos deben alinearse con los objetivos climáticos para que las alianzas con proveedores sean sostenibles:

“Todos tienen algo en juego: las marcas deben asegurar su futuro, y los proveedores, su relevancia”.

El estudio advierte que sin acuerdos de compra a largo plazo, precios justos e incentivos financieros, los proveedores no podrán asumir los costos de esta transformación. La transición energética, lejos de ser solo una cuestión tecnológica, es una cuestión de corresponsabilidad económica.

La urgencia de acelerar: promesas vs. realidad

Más allá del caso a caso, el estudio apunta a una tendencia general: muchas marcas de moda posponen la sostenibilidad que prometieron públicamente hace años. Aunque aproximadamente la mitad ha establecido metas basadas en ciencia, estas no se traducen en planes operativos reales ni en inversión efectiva.

Mohiuddin Rubel, exdirector de la Asociación de Fabricantes de Prendas de Bangladesh, lo resume con claridad: “Las marcas están transformando sus objetivos en mandatos sin financiamiento”. El resultado es un sistema donde los proveedores son responsables del cambio, pero no cuentan con los medios para lograrlo.

Esto plantea un escenario peligroso: si las marcas no transforman sus estructuras de colaboración y financiamiento, el avance hacia la neutralidad de carbono se detendrá. Y con ello, no solo estarán incumpliendo sus promesas, sino comprometiendo su propia sostenibilidad empresarial en un mundo cada vez más regulado y exigente.

marcas de moda posponen la sostenibilidad

Del compromiso a la coherencia

La sostenibilidad no puede seguir siendo postergada
El estudio de Stand.earth no deja lugar a dudas: las marcas de moda posponen la sostenibilidad en detrimento de sus propios compromisos y del bienestar del planeta. Si bien algunas empresas comienzan a financiar la transición energética, el avance es insuficiente frente a la magnitud de la crisis climática y la urgencia de descarbonizar la industria.

Cumplir con los objetivos de cero neto implica actuar ahora, con inversión, planificación y responsabilidad compartida. No se trata solo de mantener una buena imagen corporativa, sino de asegurar un modelo de negocio viable en un futuro bajo en carbono. Las marcas tienen en sus manos la posibilidad de liderar, pero el tiempo para actuar se está agotando.

8 de cada 10 créditos de carbono no garantizan una compensación real: Informe

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Un nuevo informe publicado por la organización Corporate Accountability revela un dato preocupante: el 80 % de los 100 proyectos de compensación de carbono más grandes del mundo no cumplen con los estándares necesarios para asegurar una compensación real de los créditos de carbono. Esta conclusión pone en entredicho la validez ambiental de millones de créditos retirados por empresas para compensar sus emisiones.

Aunque el mercado voluntario de carbono (VCM) sigue creciendo, el estudio advierte que muchos proyectos sobrevaloran sus beneficios o causan daños sociales en comunidades vulnerables. Estas prácticas socavan la confianza en un mecanismo que, en teoría, debería ayudar a mitigar el cambio climático de forma creíble y medible.

Compensación real de los créditos de carbono: entre la promesa y la falla sistémica

El análisis de Corporate Accountability revisó los créditos retirados en 2024, evaluando los beneficios climáticos reales de los proyectos más influyentes en el VCM. El hallazgo más destacado del informe es que ocho de cada diez proyectos eran “problemáticos” debido a beneficios inflados o impactos negativos en las comunidades.

La sobrevaloración de emisiones, la falta de adicionalidad (beneficios climáticos que no habrían ocurrido sin el proyecto) y la escasa permanencia fueron algunos de los problemas detectados. De hecho, casi una cuarta parte de los proyectos analizados no generó beneficios adicionales de carbono.

Erika Lennon, del Centro de Derecho Ambiental Internacional, sintetizó el hallazgo clave: “El problema no reside solo en un mal actor; es una característica inherente al sistema”. Esto confirma que los riesgos para una compensación real de los créditos de carbono son estructurales y no meras excepciones.

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Impacto desigual y desregulación: el Sur Global en el centro del debate

El informe denuncia también que más del 90 % de los proyectos problemáticos se desarrollan en países del Sur Global. La falta de regulación efectiva y las metodologías obsoletas han convertido a estas regiones en un terreno fértil para prácticas opacas o ineficientes.

Algunos de los proyectos evaluados incluyen iniciativas forestales, plantas de energía renovable y programas de electrodomésticos de bajo carbono. En todos los casos, se detectaron brechas significativas entre lo que se promete y lo que realmente se entrega.

Ante las críticas, Mandy Rambharos, directora de Verra, rechazó los resultados del informe, alegando que la metodología “no considera la complejidad de los proyectos ni los avances recientes”. Sin embargo, el estudio subraya que el VCM actual no puede asegurar consistentemente una compensación real de los créditos de carbono si no se aplican estándares rigurosos y universales.

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Reformas lentas frente a un crecimiento acelerado

Mientras tanto, el mercado sigue creciendo. Según Wood Mackenzie, se prevé que el mercado voluntario alcance las 500 millones de toneladas de CO₂ en 2025 y hasta 3 mil millones en 2050. Esto representa una expansión significativa, pero plantea dudas si la credibilidad no mejora al mismo ritmo.

Las reformas, hasta ahora, avanzan de forma desigual. Aunque países como Reino Unido, Japón y Kenia han comenzado a establecer principios de calidad y transparencia, la mayoría de las jurisdicciones aún carece de regulaciones robustas.

Corporate Accountability insta a las empresas a redirigir sus recursos hacia soluciones más comprobadas, como la reducción directa de emisiones y la inversión en energías limpias. “¿Quién es responsable de los repetidos fallos de los controles y equilibrios?”, pregunta la organización, aludiendo a la falta de mecanismos de vigilancia efectivos.

Precios, demanda y expectativas: un mercado en tensión

Actualmente, los precios promedio de los créditos de carbono rondan los 10 dólares por tonelada, pero se espera que aumenten más de cinco veces para 2050, impulsados por una mayor demanda y estándares más estrictos.

Sectores como la aviación, con emisiones difíciles de eliminar, podrían liderar esta nueva demanda. Pero el informe advierte que sin una mejora sustancial en la integridad de los proyectos, esta presión de mercado no garantizará una compensación real de los créditos de carbono.

compensación real de los créditos de carbono

Peter Albin, analista de Wood Mackenzie, lo resume así: “El mercado de compensación está entrando en una fase decisiva. Si bien la presión de la demanda por compensaciones de mayor calidad puede moderar el crecimiento a corto plazo, sienta bases para su expansión futura”.

El mercado de carbono en la cuerda floja

El informe de Corporate Accountability marca un antes y un después en la percepción pública del mercado voluntario de carbono. Si ocho de cada diez créditos no cumplen con su promesa, se requiere una reestructuración profunda del sistema. Sin reglas claras ni monitoreo efectivo, no puede haber confianza ni legitimidad.

Asegurar una compensación real de los créditos de carbono es hoy una necesidad crítica, no una aspiración a futuro. Para ello, se necesita más transparencia, financiamiento ético y una mayor rendición de cuentas. La próxima década será crucial para definir si este mercado se convierte en una herramienta real contra el cambio climático o en otra promesa vacía.

Industria farmacéutica mexicana se fortalece con inversión, innovación y visión sustentable

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En su ya tradicional espacio de los jueves, la presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la presentación de nuevas inversiones como parte del “Plan México”, esta vez en el sector farmacéutico. Junto a su equipo económico, destacó el compromiso por generar desarrollo con impacto social, innovación nacional y beneficios ambientales tangibles.

En la conferencia matutina del jueves 3 de julio de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó, junto con los secretarios de Economía y Salud, nuevos anuncios de inversión que consolidan el perfil del “Plan México” como una política industrial activa con enfoque social, ambiental y de innovación.

En esta ocasión, el turno fue para la industria farmacéutica nacional. Empresas como Laboratorios Kener, Genbio y Grupo Neolpharma anunciaron una inversión conjunta superior a los 15 mil millones de pesos en proyectos que apuntan a la producción nacional de medicamentos estratégicos, ingredientes activos, terapias avanzadas y plataformas biotecnológicas.

Autosuficiencia, innovación y acceso

“El Plan México quiere decir producir más en México”, sentenció la presidenta. “Queremos que se fortalezca la producción nacional frente a situaciones de riesgo, pero también para el fortalecimiento de nuestra economía”, explicó.

Marcelo Ebrard, secretario de Economía, destacó que la producción local de tratamientos avanzados como las células Car-T cells permitirá hacer accesibles terapias que hoy cuestan 250 mil dólares, reduciendo hasta en 80% su precio y acercándolas al sistema público de salud.

Inversión con impacto social

Cada empresa participante presentó proyectos con una dimensión económica, pero también con promesas de salud pública, innovación científica y bienestar social.

Federico Prince, de Laboratorios Kener, anunció una inversión de más de 5 mil 180 millones de pesos, incluyendo una planta de células Car-T cells “única en Latinoamérica”, que generará cerca de 800 empleos directos especializados. “Nuestros planes están totalmente alineados al Plan México. La soberanía farmacéutica es fundamental para reducir la dependencia del exterior”, afirmó.

José Miguel Ramos, de Genbio, compartió que su planta en Chalco es “la única en su tipo en Latinoamérica” para fraccionamiento de plasma humano, y que ya ha invertido más de 2,400 millones de pesos. “Estamos generando empleos altamente especializados, con talento mexicano y operando a los más altos estándares de calidad”, dijo.

Por su parte, Luz Astrea Ocampo, de Neolpharma, anunció ocho proyectos con una inversión estimada en 6 mil millones de pesos. La empresa se comprometió a impulsar la innovación nacional a través de alianzas con universidades públicas para desarrollar biofármacos, vacunas y medicamentos biotecnológicos.

Compromisos ambientales

Además del impacto económico y social, algunas de las empresas hicieron referencias al componente ambiental de sus proyectos.

Neolpharma destacó la incorporación de energías renovables, en particular energía solar fotovoltaica en sus instalaciones, así como el uso de procesos de química verde para reducir residuos tóxicos. También se mencionaron acciones relacionadas con eficiencia energética y sostenibilidad en procesos industriales.

Producción para exportación

Otro componente reiterado en la presentación fue la vocación exportadora de los nuevos proyectos. Directivos empresariales señalaron que México tiene potencial para convertirse en proveedor regional y global de ingredientes activos, medicamentos biotecnológicos y soluciones terapéuticas avanzadas.

Se mencionaron ya acuerdos con organizaciones internacionales para exportar a Medio Oriente, África y Asia, además de planes de vinculación con instituciones multilaterales y ONG para reubicar cadenas de suministro hacia México.

Alianzas y perspectiva global

La presidenta informó que su gobierno mantiene conversaciones con países como India, Alemania y Brasil para fortalecer la colaboración en producción farmacéutica, biotecnología e innovación. También se destacó el papel de Birmex como eje de futuras alianzas estratégicas para producir vacunas en territorio nacional.

¿El fin de la publicidad petrolera? Agencias piden prohibir anuncios de combustibles fósiles

El debate sobre el futuro de la publicidad petrolera ha llegado al Parlamento del Reino Unido, pues según información del portal edie, el próximo lunes 7 de julio, Westminster Hall será el escenario donde se discutirá la posibilidad de prohibir los anuncios de combustibles fósiles, una medida impulsada por más de 110,000 ciudadanos que firmaron una petición liderada por el locutor ambiental Chris Packham. La creciente preocupación por el impacto climático y sanitario de esta industria ha reavivado un debate que toca tanto a gobiernos como a agencias creativas.

Actualmente, la promoción de combustibles fósiles está prácticamente desregulada en el Reino Unido. Sin embargo, los compromisos legales del país en materia climática y de salud pública han intensificado las demandas por una regulación más estricta. Muchas voces coinciden en que se trata de un vacío ético urgente de atender, sobre todo cuando las emisiones de carbono continúan aumentando y las campañas publicitarias mantienen una narrativa engañosa sobre sostenibilidad.

Publicidad petrolera y responsabilidad creativa

Más de 60 agencias de publicidad con más de 1,000 empleados firmaron recientemente una carta abierta para exigir al gobierno que trate la publicidad petrolera como en su momento se trató la del tabaco. La petición fue impulsada por Purpose Disruptors, Clean Creatives y Creatives for Climate, quienes han liderado el movimiento de transformación dentro de la industria creativa. El argumento es claro: las técnicas de promoción de los combustibles fósiles son similares a las del tabaco y producen un daño público comparable.

Caroline Davison, directora general de Elvis, destacó que muchas agencias ya han optado por no colaborar con clientes vinculados a combustibles fósiles. Pero considera que la acción voluntaria ya no basta. «Necesitamos que el gobierno tome la iniciativa, genere más impulso e introduzca legislación que prohíba esta forma de publicidad», declaró. La comparación con el tabaco no solo es retórica, sino que tiene respaldo estadístico: tras prohibir su promoción, el consumo cayó un 37%.

Las agencias que apoyan esta medida también destacan el potencial de las industrias creativas para contribuir activamente a un futuro más sostenible. Redirigir su talento hacia la promoción de soluciones limpias, dicen, es una “victoria para todos”. En un contexto de crisis climática, seguir promocionando productos con alto contenido de carbono no solo resulta inmoral, sino contraproducente para la propia reputación de las marcas y sus aliados creativos.

Precedentes y posturas internacionales

Aunque la propuesta pueda parecer radical para algunos sectores, ya existen ciudades que han adoptado restricciones similares. Glasgow, por ejemplo, ha prohibido los anuncios de combustibles fósiles en espacios públicos. Estas acciones locales comienzan a marcar una tendencia que podría extenderse en otros países comprometidos con la descarbonización. La publicidad petrolera, en este contexto, se percibe cada vez más como un anacronismo.

A nivel internacional, las críticas también han escalado. El secretario general de la ONU, António Guterres, fue tajante en su discurso de 2023: «Insto a todos los países a prohibir la publicidad de las empresas de combustibles fósiles». Su llamado se extendió también a medios de comunicación y empresas tecnológicas, a quienes pidió dejar de aceptar este tipo de anuncios. Su denuncia es clara: esta publicidad contribuye a sostener el poder de los “padrinos del caos climático”.

Estas declaraciones no son aisladas. Reflejan una creciente conciencia global sobre el poder que tiene la comunicación para influir en comportamientos y percepciones. Y también, sobre cómo ese mismo poder puede perpetuar la inacción frente a problemas urgentes como la crisis climática. La publicidad petrolera, en ese sentido, ya no puede ser vista como neutra o inofensiva.

¿Puede una prohibición cambiar el comportamiento?

Una de las preguntas clave es si realmente la prohibición de la publicidad petrolera puede cambiar hábitos de consumo o acelerar la transición energética. La evidencia del tabaco sugiere que sí: limitar el acceso a mensajes normalizadores tuvo un efecto significativo en la disminución del uso. Aplicar esa lógica al sector energético implica desincentivar indirectamente la dependencia de los combustibles fósiles, sin necesidad de medidas punitivas directas sobre los consumidores.

Además, esta estrategia genera un efecto cultural importante: transforma la narrativa pública sobre lo que es deseable o aceptable. Si hace una década se celebraba la “innovación” petrolera, hoy se pone en entredicho su legitimidad ética y su sostenibilidad. Prohibir su publicidad puede ayudar a reconfigurar imaginarios sociales en torno al progreso, el confort y el desarrollo. Y es ahí donde la labor comunicativa tiene un papel decisivo.

Por supuesto, no se trata de una medida mágica. Los cambios estructurales requieren decisiones políticas, inversión en energías limpias y nuevas formas de producción y consumo. Pero detener la promoción activa de lo que el mismo planeta ya no puede sostener, es al menos un primer paso. Un paso coherente con los compromisos climáticos globales y con el sentido común.

publicidad petrolera

¿Qué sigue para la publicidad y la ética?

La presión para poner fin a la publicidad petrolera no es un capricho ideológico, sino un reflejo del momento crítico que vive la humanidad frente al colapso climático. La responsabilidad no solo recae en los gobiernos o las empresas de combustibles fósiles, sino también en las agencias creativas y los medios que han dado voz y legitimidad a esta industria durante décadas. Cambiar el rumbo implica reconocer el rol que ha jugado la comunicación en la crisis actual.

Prohibir los anuncios de combustibles fósiles puede marcar un punto de inflexión ético y cultural para el sector publicitario. Dejar atrás mensajes que perpetúan la dependencia del carbono es también abrir camino a nuevas formas de inspirar, informar y conectar con las audiencias. En tiempos de emergencia climática, seguir promoviendo lo insostenible no es una estrategia: es una omisión ética. Y como toda omisión, también comunica.

Inversión social vs ESG: Del dicho al hecho

Por Edgar López

Hace unos días compartí este artículo: ¿Ya es ESG igual a inversión responsable? Ahí comentaba que, para muchas entidades financieras, el ESG —o más bien, la inversión responsable— se traduce en gestionar riesgos con consistencia.

Hoy, dos notas publicadas en Reforma parecen ejemplificar esa idea con claridad:

Afore XXI Banorte, dirigida por David Razú Aznar, es reconocida como el mejor fondo de pensiones del país por su capacidad de mantener rendimientos competitivos ajustados por riesgo, considerando criterios ASG en sus decisiones de inversión.

Por otro lado, varias fibras han decidido remover a CIBANCO como fiduciario. Más allá del aspecto noticioso o legal, este caso muestra lo que ocurre cuando los riesgos reputacionales, operativos y de gobernanza no se atienden adecuadamente. Hoy, se estima que los accionistas han perdido una parte significativa del valor del negocio; algunos cálculos hablan de hasta un 80%.

Eso también es ESG.
No se trata de etiquetas, ni de informes, ni de rankings. Se trata de decisiones estratégicas que priorizan la continuidad y rentabilidad del negocio… o sea, su sostenibilidad.

Porque en el mundo financiero, proteger a los shareholders es el punto de partida de cualquier estrategia sostenible.
Al final, sostenibilidad es lograr que el negocio permanezca… y hacerlo de manera sustentable es la forma más sólida de conseguirlo.

Ahora sí, a desayunar. 🍳


Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

LATAM incorpora software europeo de monitoreo en toda su flota que podría reducir casi 8 mil toneladas de CO2 al año

El grupo LATAM ha integrado a toda su flota el software Aircraft Performance Monitoring (APM), desarrollado por la empresa europea Storkjet, con el objetivo de continuar avanzando en la eficiencia operacional y reducción del uso de combustible.

La herramienta permite comparar el desempeño real de vuelo de cada aeronave con su rendimiento original de fábrica, ajustando la planificación y ejecución del vuelo para reflejar el comportamiento actual del avión. Esto es clave, porque el avión, a lo largo del tiempo, va perdiendo eficiencia y su rendimiento real cambia. El computador del avión hace todos los cálculos pensando en su modelo de rendimiento de fábrica, pero el APM permite hacer ajustes tanto en la planificación como en la ejecución del vuelo, para que todas las estimaciones y decisiones se tomen de manera más precisa, lo que reduce el consumo de combustible y por lo tanto las emisiones de gases de efecto invernadero. En palabras simples: esto permite que el avión vuele de forma más precisa y eficiente, según su estado real, y no como si fuera nuevo.

Una funcionalidad importante del sistema es la de analizar y controlar el rendimiento real de cada aeronave, lo que permite cuantificar con gran precisión cuánto más combustible necesita en comparación con cuando era nueva. Este monitoreo del rendimiento permite mejorar e identificar tareas de mantenimiento que mejoran la eficiencia del avión, como el lavado de motores o del fuselaje, o el alineamiento de distintas superficies de control.

Otra función que genera un impacto importante en la eficiencia es el Idle Factor, que aplica exclusivamente a la flota Airbus, y permite ajustar el punto óptimo para iniciar el descenso del avión. El software compara el empuje actual con el de fábrica, y ajusta los cálculos del computador del avión para que esa fase se realice con la menor resistencia aerodinámica y el mínimo uso de motores. Este ajuste permite que el descenso se haga de forma más suave y eficiente, usando menos motor y combustible.

software Aircraft Performance Monitoring

La implementación de este sistema permite a LATAM un ahorro estimado de US$2.5 millones en combustible al año, equivalente a evitar la emisión de aproximadamente 7,900 toneladas de CO2 anuales. Además, entrega nueva información que permitirá identificar nuevas oportunidades de eficiencia

“Sabemos que la sostenibilidad se construye desde la operación diaria, con acciones concretas. La incorporación de este software es una muestra de cómo la tecnología e innovación puede ayudarnos a ser más eficientes en cada vuelo, optimizando recursos y reduciendo nuestras emisiones de gases efecto invernadero. Este tipo de herramientas nos permiten seguir avanzando con responsabilidad hacia una aviación más sostenible”, dice Stephano Gachet, Gerente de abastecimiento y combustible del grupo LATAM y líder del programa Fuel Efficiency.

Esta iniciativa refuerza el programa Fuel Efficiency, que el grupo LATAM lanzó en 2010 y que ha permitido mejorar su eficiencia en un 6.5%, evitando el consumo de más de 2 millones de barriles de Jet Fuel al año y la emisión de más de 5.6 millones de toneladas de CO2. Esta cifra equivale a lo que genera LATAM en sus operaciones aéreas en Ecuador, Colombia y Chile en un año aproximadamente, o casi la mitad de las emisiones alcance 1 del grupo LATAM en el mismo período.

La IA podría multiplicar 5 veces el riesgo de pandemias

En los últimos meses, una preocupación ha comenzado a tomar fuerza entre expertos en bioseguridad, inteligencia artificial y responsabilidad social: la IA podría aumentar riesgo de pandemias de forma significativa. Según un reciente estudio difundido por TIME, los avances en esta tecnología podrían haber quintuplicado la posibilidad de una pandemia causada por humanos, todo en tan solo un año.

Detrás de esta predicción se encuentran advertencias de empresas como OpenAI y Anthropic, que han alertado sobre el potencial mal uso de herramientas avanzadas de IA. Lo preocupante no es únicamente lo que la tecnología puede hacer, sino lo accesible que se ha vuelto para actores sin experiencia previa en biotecnología. Un riesgo latente que toca tanto al sector privado como al público, y que interpela directamente a quienes trabajamos por un futuro más ético y seguro.

El dato que encendió las alarmas: ¿una IA más peligrosa que útil?

El estudio realizado entre diciembre de 2024 y febrero de 2025 encuestó a 68 expertos en bioseguridad y pronosticadores especializados. En promedio, calcularon un 0.3 % de riesgo anual de una pandemia de origen humano. Sin embargo, si la IA igualara la capacidad de un equipo de virólogos, esa cifra aumentaría a un 1.5 %.

 IA podría aumentar riesgo de pandemias

Es decir, la IA podría aumentar riesgo de pandemias hasta cinco veces. Esta conclusión surge del cruce entre predicciones y capacidades reales de modelos actuales, como ChatGPT o Claude, que ya superan a expertos humanos en pruebas de resolución de problemas complejos de virología.

El dato no es menor. Históricamente, la barrera técnica para crear armas biológicas había sido un factor de contención. Hoy, esa barrera podría desaparecer gracias a la IA.

¿Qué hace que este riesgo sea tan diferente?

El problema no es únicamente la existencia de la tecnología, sino su capacidad para democratizar conocimientos peligrosos. Chatbots avanzados pueden guiar a usuarios sin formación previa a través de pasos técnicos complejos para modificar virus.

Seth Donoughe, investigador de SecureBio, fue uno de los primeros en demostrar empíricamente que los mejores sistemas de IA ya rebasan las capacidades humanas en pruebas virológicas. La implicación es clara: el conocimiento letal ya no está restringido a laboratorios gubernamentales.

En este nuevo panorama, la IA podría aumentar riesgo de pandemias al permitir que personas con intenciones maliciosas accedan a procedimientos antes reservados a especialistas.

Una predicción que llegó antes de lo esperado

Uno de los hallazgos más perturbadores del estudio es la desconexión entre la percepción de los expertos y la realidad tecnológica. La mayoría creía que la IA no alcanzaría capacidades virológicas avanzadas hasta después de 2030. Pero las pruebas revelaron que eso ya ocurrió.

Esto muestra no solo lo rápido que evoluciona la IA, sino también lo difícil que es predecir sus implicaciones sociales. Aun con márgenes de error, los datos sugieren que la IA podría aumentar riesgo de pandemias mucho antes de lo que imaginábamos. Este desajuste entre expectativa y realidad debe impulsar una nueva ética anticipatoria.

 IA podría aumentar riesgo de pandemias

Medidas urgentes: salvaguardas a nivel de modelo

El informe identifica dos categorías clave de mitigación. La primera incluye medidas a nivel de diseño de los modelos, como limitar respuestas a prompts maliciosos o restringir el acceso a modelos de “pesos abiertos”.

Empresas como OpenAI y Anthropic ya están tomando cartas en el asunto, pero los expertos afirman que estas acciones deben acelerarse y estandarizarse. La protección contra el jailbreaking de los modelos es una medida concreta y urgente.

Para contener el hecho de que la IA podría aumentar riesgo de pandemias, es necesario tratar estos riesgos como amenazas globales, con una gobernanza colaborativa y transparente.

Control en la cadena de suministro biotecnológica

El segundo tipo de salvaguardas implica regular a las empresas que sintetizan ácidos nucleicos. Actualmente, no están obligadas a verificar los códigos genéticos que reciben antes de producir materiales biológicos.

Esto abre la puerta a que un actor con acceso a IA envíe un código peligroso y reciba en casa componentes para crear un patógeno. Una regulación que imponga controles como “conozca a su cliente” podría marcar la diferencia.

Aquí, la responsabilidad social empresarial se vuelve vital: las empresas biotecnológicas no pueden seguir operando sin protocolos éticos robustos.

¿Cómo se puede reducir el riesgo?

A pesar de las cifras alarmantes, el estudio también traza una ruta de mitigación. Si se aplican las medidas sugeridas, el riesgo anual podría reducirse al 0.4 %, apenas por encima del 0.3 % original.

La clave está en actuar ahora. Esperar una regulación posterior a un incidente sería irresponsable y costoso. Si la IA podría aumentar riesgo de pandemias, entonces también puede ser parte de la solución.

 IA podría aumentar riesgo de pandemias

La responsabilidad recae no solo en los desarrolladores de IA, sino en gobiernos, laboratorios, universidades y organizaciones de la sociedad civil.

¿Dónde queda la responsabilidad social?

Desde la perspectiva de responsabilidad social, este tema exige una respuesta ética multisectorial. Las empresas tecnológicas deben adoptar políticas de IA segura, con principios claros de no maleficencia.

Al mismo tiempo, los organismos públicos deben colaborar para crear marcos regulatorios que combinen innovación con prevención. La transparencia y la auditoría de algoritmos se vuelven imprescindibles.

Debemos incorporar esta conversación a nuestra agenda: si la IA podría aumentar riesgo de pandemias, también estamos frente a una deuda moral con las generaciones futuras.

Una nueva frontera para la ética y la prevención

La posibilidad de que la inteligencia artificial facilite la creación de pandemias no es ciencia ficción: es una advertencia basada en datos actuales. La velocidad de avance tecnológico requiere una ética que no reaccione tarde, sino que se anticipe.

La IA podría aumentar riesgo de pandemias si no se toman medidas preventivas inmediatas. Pero también puede impulsarnos a diseñar un sistema de gobernanza global más justo, transparente y resiliente.

En tiempos de disrupción, la responsabilidad social ya no es una opción: es la única vía para proteger lo más valioso que tenemos en común, nuestra salud y nuestro futuro colectivo.

¿Por qué Google pagará más de 300 MDD a usuarios de Android?

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Un jurado en San José, California, determinó esta semana que Google debe pagar más de 314.6 millones de dólares a los usuarios de teléfonos Android en ese estado por haber recolectado datos sin consentimiento. La decisión se basa en una demanda colectiva que acusó a la empresa de obtener información personal de dispositivos inactivos para beneficio corporativo, violando la privacidad de más de 14 millones de personas. Es un precedente importante en la lucha por los derechos digitales.

Este caso revela no solo una conducta inadecuada, sino una estructura de negocio basada en prácticas opacas que comprometen a los consumidores. El fallo dejó claro que los usuarios asumieron “cargas obligatorias e inevitables” para que Google capitalizara su información personal sin autorización. El problema no es solo técnico, sino ético. Y deja en evidencia una vez más la débil relación de la empresa con los principios de responsabilidad social.

Google pagará a usuarios de Android: ¿por qué?

Según la demanda presentada, Google transmitía y recibía datos desde dispositivos Android incluso cuando estos estaban inactivos. La información era usada para publicidad dirigida, una práctica que consumía datos móviles sin el consentimiento claro de los usuarios. A pesar de haber sido presentado como un intercambio voluntario mediante los términos y condiciones, el jurado determinó que en realidad se trataba de una práctica forzada e injusta.

La defensa de Google insistió en que los servicios implicados eran “críticos para la seguridad, el rendimiento y la confiabilidad del sistema”, y que los usuarios habían aceptado estas condiciones. Sin embargo, esta postura ignora que la mayoría de las personas no comprende completamente los extensos textos legales a los que deben aceptar si quieren usar sus dispositivos. En la práctica, no hay opción: si quieres un teléfono funcional, debes ceder tu privacidad.

Google pagará a usuarios de Android

Que Google pague a usuarios de Android es una forma de reparación, pero no necesariamente de justicia. El verdadero problema persiste: las grandes tecnológicas construyen sus modelos de negocio sobre prácticas abusivas que disfrazan de inevitables. En este caso, no solo hubo un abuso de confianza, sino una falta flagrante de RSE, al privilegiar el beneficio comercial por encima del bienestar y los derechos de sus usuarios.

¿RSE ausente?: cuando aceptar términos no es consentir, sino no tener opción

El caso evidencia una falla sistémica en la ética empresarial de Google. El hecho de que la empresa intente justificar la recolección masiva de datos bajo el amparo de políticas de privacidad es una señal alarmante. Cuando una corporación fuerza al usuario a entregar el control de su dispositivo como condición para utilizarlo, hablar de consentimiento es un eufemismo. Esto va en contra de los principios básicos de la responsabilidad social corporativa.

Aún más preocupante es que Google continúe defendiendo estas prácticas, apelando al fallo y sin mostrar señales de replantear su modelo de obtención de datos. La transparencia no puede reducirse a un enlace al final de una página. La confianza se construye con decisiones conscientes, ni con cláusulas impenetrables. El comportamiento revelado por este juicio sugiere una brecha profunda entre la reputación pública de Google y su conducta operativa.

En lugar de liderar con ética, la empresa optó por estrategias de recopilación que colocan la carga en los usuarios. Y si bien Google pagará a usuarios de Android por esta mala práctica, no ha ofrecido garantías de que la situación no volverá a repetirse. Esta omisión de responsabilidad es lo que más debe preocupar a quienes promueven la ética digital y la RSE en el sector tecnológico.

Google pagará a usuarios de Android

Recolección de datos forzada

Este caso también invita a reflexionar sobre la falta de regulaciones que impidan la recolección forzada de datos. Las cookies, los sistemas de rastreo y los permisos predeterminados forman parte de un ecosistema donde el usuario nunca es el centro. Se trata de una industria que ha hecho del seguimiento de nuestros movimientos una práctica normalizada, sin consultar ni informar de forma clara y suficiente.

¿Por qué debemos pagar con nuestra privacidad para acceder a herramientas básicas? ¿Por qué se permite que los servicios gratuitos se financien con vigilancia, y no con opciones más transparentes? Si Google paga a usuarios de Android es porque su modelo dependía de una práctica que jamás debió ser impuesta. Lo justo sería que el consentimiento fuera real, no una trampa legal.

Exigir leyes más estrictas ya no es una exageración: es una necesidad. Las tecnologías deben funcionar al servicio de las personas, no a expensas de ellas. Si las corporaciones no se autorregulan, corresponde a los gobiernos intervenir. Porque la privacidad no debería ser una moneda de cambio. Y si lo es, los ciudadanos tienen derecho a exigir: ¿por qué tengo que pagar para que no usen mis datos?

Google pagará a usuarios de Android

¿Qué pasará ahora con el resto de los usuarios?

El juicio resuelto en California podría ser solo el principio. Un segundo proceso legal, esta vez a nivel federal, busca extender las compensaciones al resto de los usuarios de Android en Estados Unidos. El juicio está programado para abril de 2026 y apunta a los mismos cargos: uso no consentido de datos personales mediante transferencias ocultas de información desde dispositivos inactivos. El fallo en California sin duda servirá como referencia.

Esta situación debería encender alertas también en otras partes del mundo, donde aún no se han presentado demandas similares. Si los usuarios californianos merecen compensación, ¿por qué no también los millones de usuarios de Android en Europa, América Latina o Asia? Esta doble vara no solo es injusta, sino insostenible para una empresa que se presenta como líder en innovación responsable.

Finalmente, más allá de las multas o compensaciones económicas, lo que está en juego es el futuro de la confianza digital. Que Google pague a usuarios de Android es un síntoma de un problema más profundo: una cultura empresarial donde el usuario es un producto y no un agente con derechos. Mientras esa lógica no cambie, ningún veredicto será suficiente.

Google pagará a usuarios de Android

¿Reparación o advertencia?

La decisión judicial que obliga a Google a pagar a usuarios de Android marca un momento clave para la ética tecnológica y la responsabilidad corporativa. No se trata solo de un fallo legal, sino de un mensaje a las empresas que construyen su éxito sobre prácticas opacas. La ciudadanía exige más que compensaciones: exige respeto, transparencia y control sobre sus datos. Exige poder elegir sin ser obligada a renunciar a su privacidad.

Las corporaciones tecnológicas tienen una deuda urgente con la sociedad. Mientras insistan en protegerse detrás de contratos abusivos disfrazados de consentimiento, seguirán profundizando la desconfianza. Este veredicto no cierra el caso: lo abre a una conversación global sobre regulación, derechos digitales y responsabilidad social. Porque si el precio de usar tecnología es perder el control de nuestra vida digital, entonces no estamos hablando de progreso, sino de imposición.