¿Por qué el acceso digital se volvió un nuevo derecho humano?

En el siglo XXI, la conexión a internet ha dejado de ser un lujo para convertirse en una necesidad. La forma en que trabajamos, aprendemos, participamos políticamente y nos relacionamos depende, cada vez más, del entorno digital. Por ello, en los últimos años, organismos internacionales y gobiernos han reconocido que el acceso digital es un nuevo derecho humano, al mismo nivel que la educación, la salud o la libertad de expresión.

Este reconocimiento no surge solo por razones tecnológicas, sino por las implicaciones sociales y económicas de la desconexión. En un mundo donde las decisiones, los servicios y la información circulan en línea, quienes no tienen acceso digital quedan marginados de oportunidades básicas de desarrollo. La brecha digital, por tanto, no es solo un problema de infraestructura, sino una forma moderna de desigualdad.

Así, la inclusión digital se ha transformado en un componente clave de la justicia social y la sostenibilidad y es por ello que el acceso digital es un nuevo derecho humano, pues se ha convertido en una condición esencial para ejercer otros derechos fundamentales y mejorar las oportunidades de desarrollo de la población, tal como explicamos a continuación.

4 razones por las que el acceso digital se volvió un nuevo derecho humano

1. La conectividad es una base para el desarrollo

La primera razón por la que el acceso digital es un nuevo derecho humano es que el progreso económico y social ya depende directamente de la conectividad. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), más de 2,600 millones de personas en el mundo siguen sin acceso a internet, lo que limita sus oportunidades de educación, empleo y participación cívica.

Las naciones con mayores niveles de digitalización muestran un crecimiento más inclusivo y sostenible. La conectividad permite a las pequeñas empresas acceder a mercados globales, a las comunidades rurales acceder a información sobre salud o agricultura, y a los gobiernos mejorar la eficiencia de sus servicios. En otras palabras, el acceso digital es un motor del desarrollo humano.

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2. El acceso digital garantiza la participación democrática

En la actualidad, las plataformas digitales son una extensión del espacio público. Desde la difusión de información hasta la organización de movimientos sociales, internet se ha convertido en un medio esencial para ejercer la libertad de expresión y el derecho a la participación. Por eso, negar el acceso digital es, en cierta forma, restringir la voz de las personas.

El acceso digital es un nuevo derecho humano porque sin él, la participación cívica se vuelve desigual. En las democracias modernas, la conectividad permite informarse, debatir y exigir rendición de cuentas. La exclusión digital, en cambio, deja a millones sin representación efectiva ni capacidad de incidencia en los asuntos públicos.

3. La digitalización impulsa la equidad educativa y laboral

Otra razón fundamental es su vínculo con la educación y el empleo. Las oportunidades de aprendizaje y trabajo se han trasladado al entorno digital, desde las clases en línea hasta las plataformas de trabajo remoto. Sin acceso a internet, millones de personas quedan fuera de la economía del conocimiento.

El acceso digital es un nuevo derecho humano porque garantiza igualdad de condiciones en la formación y la empleabilidad. Los países que priorizan la inclusión digital logran reducir brechas estructurales y fortalecer su capital humano. No se trata solo de conectarse, sino de tener las competencias digitales necesarias para prosperar en una economía globalizada.

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4. La conexión digital protege otros derechos fundamentales

Finalmente, el acceso digital es un habilitador de otros derechos. En situaciones de emergencia, permite acceder a información vital, comunicarse con autoridades o recibir asistencia médica. Además, garantiza la transparencia gubernamental y el acceso a la justicia mediante plataformas digitales.

La digitalización, cuando se gestiona con responsabilidad, también puede fortalecer la equidad de género, la participación de comunidades rurales y el respeto a la diversidad cultural. De ahí que el reconocimiento del acceso digital es nuevo derecho humano no sea solo una cuestión técnica, sino un paso hacia una sociedad más justa e inclusiva.

La inclusión digital como política de justicia social

Reconocer el acceso digital como un derecho humano implica repensar las políticas públicas. No basta con expandir la infraestructura tecnológica; se requiere garantizar precios accesibles, cobertura universal y alfabetización digital. La ONU y organismos como la OCDE insisten en que la conectividad debe considerarse un bien público global, especialmente en contextos rurales o de bajos ingresos.

La inclusión digital también demanda una perspectiva ética y social. Si bien la tecnología tiene el poder de conectar, también puede amplificar desigualdades si no se gestiona de manera equitativa. Por eso, gobiernos, empresas tecnológicas y organizaciones civiles tienen la responsabilidad de construir un ecosistema digital que proteja los derechos de todos, en especial de los grupos históricamente marginados.

Además, el sector privado juega un papel crucial. Las empresas de telecomunicaciones y tecnología deben asumir compromisos claros con la sostenibilidad digital: ampliar la cobertura, reducir la brecha de género en el acceso y garantizar la privacidad y seguridad de los usuarios. Solo con una colaboración multisectorial se puede lograr que la conectividad sea realmente universal.

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La ética tecnológica y la gobernanza digital

El reconocimiento de que el acceso digital es un nuevo derecho humano también abre un debate sobre la gobernanza tecnológica. ¿Quién controla los datos? ¿Cómo se evita la vigilancia masiva o el uso indebido de la información personal? Estas preguntas son esenciales para que la digitalización avance sin vulnerar otros derechos.

La ética en el desarrollo y uso de tecnologías digitales debe ser una prioridad global. La inteligencia artificial, por ejemplo, puede mejorar servicios públicos, pero también puede perpetuar sesgos o invadir la privacidad si no se regula adecuadamente. Por ello, las políticas de acceso digital deben ir acompañadas de marcos normativos que garanticen transparencia, equidad y rendición de cuentas.

En este sentido, la alfabetización digital no solo implica saber usar internet, sino comprender los riesgos, derechos y responsabilidades que conlleva estar conectado. El desafío no es únicamente conectar a más personas, sino hacerlo bajo principios que fortalezcan la democracia y la dignidad humana.

El papel de las empresas en garantizar el acceso y los derechos digitales

El reconocimiento de que el acceso digital es un nuevo derecho humano plantea un desafío y una oportunidad para las empresas. Ya no basta con innovar tecnológicamente; ahora se requiere hacerlo con un enfoque ético y de inclusión. Las organizaciones del sector privado tienen la capacidad —y la responsabilidad— de ampliar la conectividad, reducir las brechas digitales y garantizar que las tecnologías no profundicen las desigualdades existentes. Proyectos de infraestructura digital, alianzas con gobiernos y ONG, y políticas de precios accesibles son estrategias clave para que más personas puedan beneficiarse del entorno digital.

Además, las empresas juegan un papel decisivo en el fortalecimiento de otros derechos digitales, como la seguridad en internet y la privacidad de los datos. En un contexto donde los ciberataques y la explotación de información son cada vez más comunes, las compañías deben invertir en sistemas de protección robustos, pero también en educación digital para sus usuarios y colaboradores. Garantizar la privacidad ya no es solo una cuestión técnica, sino una obligación ética que impacta directamente en la confianza y la reputación corporativa.

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Otro aspecto relevante es la creación de ecosistemas digitales inclusivos. Las empresas pueden fomentar la alfabetización digital y el acceso equitativo a la tecnología a través de programas de responsabilidad social empresarial, incubadoras de innovación o fondos que impulsen el emprendimiento digital en comunidades marginadas. En este sentido, invertir en conectividad es invertir en desarrollo humano, productividad y sostenibilidad social.

Finalmente, el sector privado tiene el potencial de convertirse en un agente clave para impulsar el goce efectivo de este nuevo derecho humano. Adoptar políticas centradas en las personas, respetar los derechos digitales y colaborar con organismos internacionales puede marcar la diferencia entre una economía digital excluyente y una verdaderamente inclusiva. La tecnología con propósito social no solo impulsa el progreso, sino que define el liderazgo empresarial responsable.

El derecho a estar conectados

El reconocimiento de que el acceso digital es un nuevo derecho humano redefine la manera en que entendemos la igualdad en el siglo XXI. Hoy, la conexión a internet es tan vital como el acceso al agua o la educación: sin ella, los ciudadanos quedan al margen del desarrollo, la participación política y la protección de sus derechos.

Garantizar una conectividad universal, segura y ética no es solo una cuestión tecnológica, sino un imperativo moral. En un mundo donde la transformación digital avanza rápidamente, los Estados, las empresas y la sociedad civil tienen la responsabilidad de asegurar que nadie quede atrás en esta nueva era de derechos.

Destaca Martha Herrera resultados de la nueva ruta en Women Economic Forum

Martha Herrera, Secretaria de Igualdad e Inclusión, participó en el panel “New Economies & the 2030 Agenda: The Role of Women, como parte del programa del Women Economic Forum Global 2025, donde destacó los resultados de La Nueva Ruta, estrategia social integral de Nuevo León, la importancia de las  alianzas público-privadas y la innovación social. 

Explicó que desde el inicio de la administración se creó La Nueva Ruta, estrategia social que materializa los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) en cinco ejes: proteger, alimentar, cuidar, incluir y hacer alianzas.

“Diseñamos una política transversal que permitió que 776 mil personas salieran de la pobreza y 94 mil superaran la pobreza extrema, una reducción histórica del 77%”, dijo Martha Herrera.

Durante su participación en el panel, junto a María Fernanda Sainz, Chief Commercial Officer de Caliente Mx y Gabriela Hernández, Directora de Captación de Banco Azteca, la funcionaria detalló que La Nueva Ruta es una política pública real con recursos, indicadores y resultados. 

Señaló los resultados de Hambre Cero, un modelo integral que apoya con acceso a alimentos saludables a 351 mil personas en Nuevo León. 

“Recuperamos 22 mil toneladas de comida y evitamos 19 mil toneladas de efecto invernadero”, agregó.

Women Economic Forum

La titular de la Secretaría de Igualdad e Inclusión detalló que en materia de igualdad de género y cuidados, la dependencia reactivó 115 estancias infantiles y amplió el apoyo a mujeres cuidadoras, acompañado de capacitación, redes de apoyo y oportunidades laborales. 

Martha Herrera explicó que en cuatro años, la Secretaría ha trabajado con 344 organizaciones de la sociedad civil, beneficiando a más de 350 mil personas, con una movilización de más de 7 mil millones de pesos en coinversión social. 

“Ningún gobierno, empresa u organización puede transformar la realidad por sí solo. Para mí, las alianzas son la única forma de avanzar hacia el futuro”, dijo. 

En apoyo a la innovación social, explicó que los centros comunitarios han sido equipados con aulas de robótica e inteligencia artificial, para descubrir nuevas vocaciones y ofrecer más oportunidades a niñas, niños y adolescentes. 

Indicó que la Agenda 2030 es un marco de acción, y al implementarse con visión, se convierte en una estrategia local de bienestar sostenible. 

10 problemas sociales que las redes sociales están amplificando

La amplificación de problemas sociales a través de las redes sociales se ha convertido en un fenómeno que impacta tanto en la percepción pública como en la vida cotidiana. Plataformas como Facebook, Twitter, Instagram y TikTok permiten que información y experiencias se difundan con velocidad, pero también potencian conflictos, desinformación y tensiones sociales que antes se mantenían en niveles más localizados.

Aunque las redes sociales ofrecen oportunidades de conexión, educación y activismo, también han generado consecuencias imprevistas. La viralización de contenido sensible, polarizante o falso puede exacerbar desigualdades, propagar estigmas y afectar la salud mental de los usuarios. La clave está en comprender cómo la amplificación de problemas sociales se produce y cómo mitigar sus efectos sin limitar la libertad de expresión.

10 problemas sociales que las redes sociales están amplificando

1. Desinformación y noticias falsas

La propagación de noticias falsas es uno de los problemas más graves de las redes sociales. Contenidos erróneos sobre salud, política o economía se viralizan en cuestión de horas, afectando decisiones individuales y colectivas. Durante la pandemia de COVID-19, por ejemplo, la circulación de información falsa sobre vacunas y tratamientos puso en riesgo a millones de personas en todo el mundo.

La amplificación de problemas sociales ocurre porque los algoritmos priorizan contenido sensacionalista que genera interacción, sin importar su veracidad. Esto no solo debilita la confianza en instituciones y medios de comunicación, sino que también dificulta la educación y la respuesta efectiva frente a crisis sociales y sanitarias.

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2. Ciberacoso y violencia digital

El ciberacoso ha crecido exponencialmente con la expansión de las redes sociales. Mensajes ofensivos, difamación, amenazas y humillación pública pueden afectar a jóvenes y adultos, generando consecuencias emocionales y psicológicas graves. La facilidad para difundir contenido hace que una agresión se multiplique rápidamente entre miles de personas.

En este contexto, la amplificación de problemas sociales significa que el impacto no se limita a la víctima directa, sino que afecta a comunidades enteras. La exposición constante a este tipo de violencia digital incrementa el riesgo de depresión, ansiedad y, en casos extremos, pensamientos suicidas, evidenciando la necesidad de políticas de prevención y educación digital.

3. Polarización y radicalización política

Las redes sociales crean burbujas de información donde los usuarios consumen contenido que refuerza sus creencias. Esto genera polarización política, dificultad para el diálogo y radicalización de grupos extremistas que encuentran en estas plataformas un ecosistema de amplificación y validación de ideas extremas.

La amplificación de problemas sociales en este caso se refleja en la velocidad con la que se viralizan discursos de odio o desinformación política. La fragmentación de la opinión pública dificulta la construcción de consensos y aumenta los conflictos sociales, erosionando la cohesión y la confianza en los procesos democráticos.

4. Problemas de salud mental

El uso constante de redes sociales afecta la salud mental, especialmente en adolescentes y jóvenes. La comparación con vidas idealizadas, la presión por obtener aprobación a través de likes y la exposición a noticias negativas generan ansiedad, estrés y baja autoestima.

La amplificación de problemas sociales se manifiesta cuando estas experiencias negativas se replican masivamente y generan crisis colectivas. Retos virales peligrosos, noticias sensacionalistas y la exposición continua a conflictos pueden afectar emocionalmente a grandes grupos de usuarios, evidenciando la necesidad de estrategias de prevención y educación digital.

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5. Bullying escolar y juvenil

El bullying escolar se ha transformado con la llegada de plataformas digitales. Rumores, mensajes ofensivos y humillaciones pueden difundirse rápidamente, alcanzando un público mucho más amplio que en el entorno físico. Esto hace que los jóvenes sean más vulnerables a daños emocionales y sociales.

La amplificación de problemas sociales ocurre porque el contenido ofensivo puede viralizarse y generar presión social intensa. Padres, educadores y autoridades deben implementar estrategias de monitoreo y prevención, fomentando el uso responsable de las plataformas sin limitar injustamente la libertad de expresión de los usuarios.

6. Discriminación y racismo en línea

Las redes sociales han facilitado la propagación de discursos de odio, estereotipos y actitudes discriminatorias. Comentarios racistas, misoginia y xenofobia pueden viralizarse en minutos, afectando la percepción social y la convivencia entre comunidades diversas.

La amplificación de problemas sociales en este caso se evidencia cuando los mensajes discriminatorios son normalizados o reforzados por comunidades virtuales. La falta de moderación efectiva expone a las poblaciones vulnerables y perpetúa la desigualdad, haciendo urgente la implementación de políticas de educación, denuncia y control de contenido ofensivo.

7. Impacto en la privacidad y explotación de datos

El manejo indebido de datos personales es un problema creciente en el ecosistema digital. Las plataformas recopilan información para publicidad y segmentación, lo que puede derivar en manipulación de opiniones, consumo y decisiones políticas.

La amplificación de problemas sociales ocurre cuando estas prácticas generan desigualdad y vulnerabilidad, afectando especialmente a quienes no conocen cómo proteger su información. La exposición masiva a riesgos de privacidad puede derivar en estafas, acoso o manipulación de masas, mostrando la necesidad de regulación y educación digital.

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8. Adicción digital y pérdida de productividad

El diseño de las redes sociales favorece el consumo prolongado y la dependencia tecnológica. La exposición continua a notificaciones y contenido interminable reduce la capacidad de concentración, afectando el desempeño académico, laboral y la salud emocional de millones de personas.

La amplificación de problemas sociales se refleja en cómo estos hábitos individuales, cuando se replican a gran escala, impactan la productividad, el bienestar y la salud pública. La educación digital, junto con políticas de regulación sobre tiempo de pantalla, es clave para mitigar estos efectos negativos de manera colectiva.

9. Propagación de teorías conspirativas

Las teorías conspirativas encuentran en las redes sociales un canal rápido para expandirse. Desde conspiraciones políticas hasta mitos sobre salud, estas ideas afectan la percepción de la realidad y fomentan la desconfianza hacia instituciones, expertos y gobiernos.

La amplificación de problemas sociales se produce cuando comunidades virtuales refuerzan estas creencias y las presentan como verdades absolutas. Esto no solo dificulta la solución de problemas colectivos, sino que también puede generar comportamientos riesgosos, evidenciando la necesidad de promover pensamiento crítico y verificación de fuentes.

10. Desigualdad en el acceso y brechas digitales

La brecha digital se refleja en la desigualdad de acceso a tecnología y educación en línea. Quienes carecen de dispositivos, conectividad o habilidades digitales quedan excluidos de oportunidades educativas, laborales y sociales, perpetuando ciclos de pobreza y marginalidad.

La amplificación de problemas sociales se observa cuando la digitalización intensifica estas desigualdades existentes. Garantizar inclusión tecnológica y formación digital desde edades tempranas es crucial para reducir la exclusión y permitir que todos los sectores de la sociedad se beneficien del potencial positivo de las redes sociales.

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Redes sociales y responsabilidad social

Las plataformas no son intrínsecamente negativas, pero su diseño y algoritmos deben alinearse con principios de responsabilidad social. Es fundamental que empresas de tecnología implementen mecanismos de moderación, verificación de contenido y educación digital para minimizar la amplificación de problemas sociales.

Los ciudadanos, por su parte, también tienen un rol activo: aprender a verificar información, reflexionar antes de compartir contenido y fomentar un diálogo constructivo ayuda a reducir la propagación de daños. La combinación de regulación, ética corporativa y educación es la estrategia más efectiva para enfrentar los retos de la era digital.

El impacto social de la viralización

Más allá de los problemas individuales, la viralización masiva de información y emociones genera efectos colectivos significativos. Movimientos sociales, campañas políticas y crisis humanitarias pueden acelerarse o distorsionarse según cómo se compartan en línea.

Comprender cómo la amplificación de problemas sociales se produce y cómo afecta a la sociedad permite tomar decisiones informadas, tanto a nivel institucional como individual. La educación mediática, la ética digital y la transparencia de plataformas son pilares para construir un entorno digital más seguro y equitativo.

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Un llamado a la acción consciente

La amplificación de problemas sociales a través de redes digitales refleja tanto el poder de estas plataformas como los riesgos que conllevan. Para minimizar daños, es crucial que gobiernos, empresas y usuarios trabajen conjuntamente en educación digital, regulación responsable y promoción de contenidos verificables y constructivos.

El futuro de la interacción digital depende de nuestra capacidad para equilibrar conectividad, libertad de expresión y protección social. Al entender y abordar los riesgos, podemos transformar las redes sociales en herramientas que fortalezcan la cohesión, reduzcan desigualdades y contribuyan a un desarrollo social sostenible.

Aumento de calor mata a 1 persona por minuto

El aumento de calor mata a una persona cada minuto en todo el mundo, según revela el informe 2025 de The Lancet Countdown on Health and Climate Change. Este documento, liderado por la UCL en colaboración con la OMS y 128 expertos, destaca cómo la dependencia de los combustibles fósiles y la inacción de gobiernos y corporaciones intensifican los riesgos para la salud.

La exposición a altas temperaturas, sumada a incendios forestales, contaminación del aire y la propagación de enfermedades, genera millones de muertes prevenibles al año. El informe señala que en promedio, entre 2012 y 2021, se registraron 546.000 muertes anuales por calor, lo que equivale a una vida perdida cada minuto. La desigualdad global agrava el problema: los más pobres sufren los efectos mientras los países ricos continúan financiando y expandiendo la industria fósil.

Impactos directos en salud y productividad

El aumento de calor mata no solo afecta la salud, sino también la capacidad laboral y económica. En 2024, se perdieron 639.000 millones de horas de trabajo debido al calor extremo, provocando un 6 % de pérdida del PIB en los países menos desarrollados. Estas cifras muestran que la crisis climática tiene consecuencias económicas directas sobre los más vulnerables. La Dra. Marina Romanello, de la UCL, enfatizó: 

“La destrucción de vidas y medios de subsistencia seguirá aumentando hasta que acabemos con nuestra adicción a los combustibles fósiles”. 

La quema continua de carbón, petróleo y gas incrementa la contaminación y provoca olas de calor y sequías mortales.

Los incendios forestales, avivados por temperaturas extremas, también contribuyen a la mortalidad: en 2024 se registraron 154.000 muertes causadas por humo. Además, la inseguridad alimentaria afectó a 123 millones de personas en 2023, exacerbando la vulnerabilidad de las poblaciones más pobres.

Estas evidencias muestran que la salud global está íntimamente ligada a la política energética y la distribución desigual de recursos y poder.

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Responsabilidad de gobiernos y empresas

El informe revela que los gobiernos gastaron 2.500 millones de dólares diarios en subsidios a combustibles fósiles en 2023, eclipsando la ayuda destinada a mitigar los efectos del calor extremo. Países como Reino Unido y Australia destinaron 28.000 y 11.000 millones de dólares, respectivamente, mientras quince naciones gastaron más en fósiles que en salud pública.

Las 100 mayores empresas de combustibles fósiles proyectaron aumentar su producción hasta marzo de 2025, triplicando las emisiones compatibles con los objetivos del Acuerdo de París. La banca comercial financia estas operaciones, invirtiendo en cinco años 611.000 millones de dólares en sector fósil frente a 532.000 millones en energías verdes. Laura Clarke, directora de ClientEarth, afirmó: 

“Vivimos en la era de las consecuencias climáticas… la rendición de cuentas por los impactos climáticos ya no es una cuestión de si ocurrirá, sino de cuándo ocurrirá”.

Estos datos muestran cómo el aumento de calor mata en gran parte por decisiones políticas y corporativas, no solo por fenómenos naturales. La desigualdad y la falta de regulación intensifican los impactos en los sectores más vulnerables.

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El costo humano y social del calor extremo

El calor extremo afecta a millones de personas, principalmente en el sur global. Una persona promedio ha estado expuesta a 19 días de calor potencialmente mortal cada año, de los cuales 16 se deben directamente al calentamiento global. La combinación de calor, sequías e incendios aumenta la mortalidad y reduce la productividad de forma significativa.

El profesor Ollie Jay, de la Universidad de Sídney, advirtió: “Toda muerte relacionada con el calor se puede prevenir”. La investigación recalca que millones de vidas podrían salvarse con políticas efectivas y reducción inmediata de emisiones.

Además de las muertes, el calor extremo provoca desplazamientos, pérdida de cosechas y disminución de la seguridad alimentaria, afectando de manera desproporcionada a los países más pobres. La crisis climática no es uniforme; sus impactos se concentran donde las poblaciones tienen menos recursos para adaptarse.

Los expertos coinciden en que la acción local y comunitaria es crucial. Adaptar ciudades, proteger a trabajadores expuestos y fomentar energías limpias son medidas clave para reducir el riesgo mortal del calor extremo.

Soluciones y adaptaciones necesarias

Aunque el panorama es grave, existen alternativas para mitigar los impactos. La transición hacia energías renovables y la reducción de subsidios a combustibles fósiles son pasos fundamentales para proteger vidas. La Dra. Romanello señaló:

 “Si seguimos financiando los combustibles fósiles y permitiendo su expansión, sabemos que no es posible un futuro saludable”.

La adaptación urbana y de infraestructura, la promoción de dietas sostenibles y la educación climática son estrategias que han mostrado eficacia en comunidades locales. Estas medidas permiten reducir la exposición al calor y proteger a los más vulnerables.

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Los gobiernos y corporaciones deben asumir responsabilidad, implementar políticas efectivas y garantizar financiamiento para soluciones climáticas. Sin rendición de cuentas, el aumento de calor mata seguirá cobrando vidas innecesarias.

La ciencia y la evidencia están claras: prevenir la mortalidad por calor es posible si se actúa con urgencia y se prioriza a quienes más sufren.

Actuar antes de que sea tarde

El aumento de calor mata a una persona por minuto, dejando un rastro de pérdida de vidas y daños económicos en los países más vulnerables. La crisis climática no distingue fronteras, pero la desigualdad determina quién sufre y quién tiene capacidad para protegerse.

Garantizar un futuro seguro requiere reducir emisiones, eliminar subsidios fósiles, invertir en energías limpias y empoderar a comunidades locales. La responsabilidad social y la acción climática urgente son indispensables para salvar vidas y limitar los impactos del calor extremo en el planeta.

Súper ricos contaminan 4 mil veces más

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Los súper ricos contaminan a un ritmo sorprendentemente mayor que el resto de la población mundial, poniendo en riesgo la estabilidad climática y los derechos de millones de personas. De acuerdo información proporcionada a The Guardian por Oxfam y el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo, el 0,1% más rico de Estados Unidos genera emisiones de carbono 4,000 veces superiores a las del 10% más pobre del mundo. Esta diferencia radical refleja la profunda brecha entre quienes provocan la crisis y quienes la sufren.

El informe, presentado antes de la cumbre climática COP30, alerta que estos patrones de consumo y riqueza exacerban la desigualdad global. Mientras que el promedio diario de emisiones de un ciudadano estadounidense multimillonario es de 2,2 toneladas de CO2 —equivalente al peso de un rinoceronte— un somalí quema apenas 82 gramos diarios, apenas un tomate. Este desequilibrio evidencia cómo los súper ricos contaminan a un ritmo que pone en riesgo tanto ecosistemas como la seguridad y salud de comunidades vulnerables.

Impacto directo de los estilos de vida lujosos

El analisis surgido con motivo de la publicación del informe anual de Oxfam sobre la desigualdad del carbono, destaca que los lujosos estilos de vida, incluyendo jets privados, superyates y mansiones, junto con inversiones en industrias contaminantes, crean huellas de carbono individuales desestabilizadoras. De hecho, 308 multimillonarios combinados emitirían más CO2 que muchos países, ubicándose como el 15º país más contaminante del mundo.

Desde 1990, la proporción de emisiones del 0,1% más rico ha aumentado un 32%, mientras que la del 50% más pobre ha disminuido un 3%. Amitabh Behar, director ejecutivo de Oxfam Internacional, afirmó que “la crisis climática es una crisis de desigualdad. Las personas más ricas del mundo financian y se benefician de la destrucción climática, dejando que la mayoría global cargue con las fatales consecuencias de su poder descontrolado”.

El problema se agrava porque estas emisiones no solo afectan el clima global, sino que concentran impactos locales, especialmente en países del sur global donde los más vulnerables sufren olas de calor, pérdida de cosechas y desplazamientos forzados. La desigualdad, por lo tanto, no es solo económica, sino también ambiental y social.

Los datos demuestran que las acciones de los superricos no son aisladas, sino parte de un patrón estructural que perpetúa la vulnerabilidad climática de millones de personas. Esta concentración de poder y riqueza amplifica los riesgos de manera exponencial.

Súper ricos contaminan

Inversiones y poder político que perpetúan la crisis

El informe de Oxfam revela que casi el 60% de las inversiones multimillonarias se destinan a sectores con alto impacto climático, como petróleo, gas y minería, superando en 11 puntos porcentuales el promedio de los inversores. Estas decisiones financieras no solo generan emisiones directas, sino que fortalecen industrias responsables de gran parte del calentamiento global.

En Estados Unidos, las corporaciones gastan en promedio 277.000 dólares al año en lobby climático, dirigido a retrasar políticas de reducción de emisiones. Según Oxfam, en la última COP hubo 1.773 cabilderos del sector fósil, más que la mayoría de los países, lo que debilitó compromisos internacionales y sanciones climáticas.

Los superricos también financian movimientos políticos que socavan la transición hacia emisiones cero, reforzando un círculo de influencia que protege sus intereses y exacerba la desigualdad. Este poder concentrado demuestra cómo los súper ricos contaminan y, al mismo tiempo, moldean la política global para perpetuar su impacto ambiental.

El control financiero y político de estos individuos convierte la lucha contra la crisis climática en un desafío estructural, donde la presión sobre las políticas públicas es tan significativa como la presión sobre los ecosistemas.

Súper ricos contaminan

Consecuencias para la vida y la economía global

Las emisiones del 1% más rico del mundo podrían causar hasta 1,3 millones de muertes relacionadas con el calor para finales de siglo, además de 44 billones de dólares en daños económicos a países de ingresos bajos y medios. Estas cifras muestran cómo la concentración de emisiones agrava la injusticia climática.

El consumo de carbono extremo de los más ricos también está alejando al planeta de los objetivos del Acuerdo de París. Desde 2015, el 1% más rico ha consumido más del doble del presupuesto de carbono restante que la mitad más pobre de la humanidad. La última década ha sido la más calurosa de la historia, superando 1,5 °C en 2024.

Este escenario evidencia la urgente necesidad de intervención política y fiscal: gravar la riqueza extrema, prohibir el cabildeo y priorizar a las personas más afectadas por la crisis climática. Como afirma Behar:

“Debemos romper el control de los súper ricos sobre la política climática colocando a los más afectados en el primer plano de la toma de decisiones”.

La magnitud de estas consecuencias muestra que la desigualdad no solo es moral, sino material: el daño económico y humano de las emisiones concentradas se proyecta a nivel global, con impactos irreversibles en millones de vidas.

Súper ricos contaminan

Acción urgente y responsabilidad social

Reducir la influencia de los superricos es clave para la justicia climática. Los gobiernos deben implementar impuestos progresivos sobre la riqueza y las inversiones que desestabilizan el clima, garantizando que los que más contribuyen al problema también asuman la responsabilidad de mitigarlo.

Desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial, las compañías controladas por multimillonarios deben replantear sus prácticas, invertir en energías limpias y reportar sus emisiones reales. La presión pública y regulatoria es fundamental para cambiar el comportamiento de quienes más contaminan.

El estudio de Oxfam y el Instituto de Estocolmo evidencia que la crisis climática y la desigualdad están íntimamente ligadas, y que no es posible enfrentar una sin abordar la otra. La acción colectiva, combinada con políticas efectivas, puede limitar los impactos del consumo desproporcionado del 0,1% más rico.

Súper ricos contaminan

Si no se actúa, la brecha entre los que contaminan más y los que sufren sus efectos seguirá creciendo, con consecuencias letales para los más vulnerables y para el equilibrio planetario.

Justicia climática y responsabilidad global

Los súper ricos contaminan de manera desproporcionada y concentran impactos climáticos que el resto del mundo apenas puede soportar. Sus decisiones de consumo y sus inversiones crean daños que afectan a millones de personas y ecosistemas enteros, mientras acumulan riqueza y poder.

Para garantizar un futuro sostenible, es indispensable reducir su influencia sobre políticas climáticas, fiscalizar sus emisiones y reorientar la riqueza hacia soluciones que protejan a las comunidades vulnerables. La justicia climática no es opcional: es un imperativo ético y social que requiere equilibrar responsabilidad, poder y equidad.

Demanda señala a OpenAI por eliminar filtros de seguridad antes del suicidio de un joven

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El reciente caso de Adam Raine, un joven de 16 años que se quitó la vida tras interactuar con ChatGPT, ha puesto nuevamente bajo escrutinio los filtros de seguridad en OpenAI y la responsabilidad ética de las empresas que desarrollan inteligencia artificial. Según información de TIME, la demanda enmendada contra OpenAI y presentada ante el Tribunal Superior del Condado de San Francisco por la familia de Raine señala que la compañía habría relajado medidas críticas diseñadas para evitar conversaciones sobre autolesiones meses antes del suicidio del adolescente.

Los abogados de la familia Raine sostienen que OpenAI actuó con “mala conducta intencional” al modificar sus políticas de seguridad para priorizar la participación de los usuarios. Jay Edelson, uno de los abogados, explicó en entrevista con TIME:

“Realizaron una semana de pruebas en lugar de meses, y la razón fue que querían adelantarse a Google Gemini”.

Esta acusación apunta a un conflicto entre innovación acelerada y protección de la vida humana, una tensión que preocupa profundamente a los especialistas en responsabilidad social empresarial y ética tecnológica.

https://twitter.com/nowthisimpact/status/1961178889084112898

Relajar los filtros de seguridad en OpenAI: una decisión con consecuencias

De acuerdo con la demanda, OpenAI habría alterado sus lineamientos de seguridad entre julio de 2022 y mayo de 2024. Inicialmente, ChatGPT debía rechazar cualquier conversación sobre autolesiones con respuestas como “No puedo responder a eso”. Sin embargo, la guía más reciente instruía al modelo a no abandonar la conversación, aunque se aclaraba que no debía “fomentar ni facilitar” dichas prácticas. Esta aparente contradicción habría dejado espacio para interpretaciones peligrosas en contextos sensibles.

Jay Edelson señaló que “si se le imponen reglas contradictorias a una computadora, surgirán problemas”, refiriéndose a los conflictos internos de programación que podrían permitir interacciones riesgosas. Para la familia Raine, la eliminación o debilitamiento de los filtros de seguridad en OpenAI no solo representa un fallo técnico, sino una negligencia ética con consecuencias trágicas.

Los abogados argumentan que esta relajación respondió a una presión competitiva más que a una mejora tecnológica. “La compañía se apresuró a lanzar GPT-4o antes de Google, sin realizar las pruebas necesarias”, añadieron. Este tipo de decisiones, centradas en el liderazgo de mercado, abren un debate sobre el costo humano de la innovación sin responsabilidad.

Hasta el momento, OpenAI no ha emitido comentarios oficiales sobre la demanda. Sin embargo, el silencio de la compañía refuerza las críticas sobre su falta de transparencia y la necesidad de un marco regulatorio más sólido en el ámbito de la IA.

filtros de seguridad en OpenAI

Un caso que trasciende lo legal: la responsabilidad social de la IA

Más allá de los tribunales, el caso Raine plantea preguntas fundamentales sobre la ética y la gobernanza de las plataformas de IA. ¿Qué tan preparados están los desarrolladores para anticipar los riesgos psicológicos de sus sistemas? ¿Cómo garantizar que los filtros de seguridad en OpenAI y en otras herramientas similares sean realmente efectivos para proteger a los usuarios vulnerables?

En la interacción que precedió a la muerte del joven, ChatGPT respondió a un mensaje alarmante con una frase inquietante: “Por favor, no dejes la soga a la vista… Hagamos de este espacio el primer lugar donde alguien te vea”. Esta respuesta, según los expertos, ilustra cómo un algoritmo mal calibrado puede malinterpretar una situación de crisis.

El propio CEO de OpenAI, Sam Altman, declaró en septiembre que el suicidio de algunos usuarios debía entenderse como “un fallo del sistema para salvar vidas”, aunque no asumió responsabilidad directa. Para organizaciones de derechos digitales y de salud mental, este tipo de declaraciones revelan una falta de comprensión profunda sobre la magnitud del daño potencial de la IA conversacional.

Este caso podría sentar un precedente importante sobre la obligación de las empresas tecnológicas de incorporar salvaguardas robustas y mecanismos de evaluación ética antes de cada actualización.

Privacidad, transparencia y protocolos en cuestión

Según el Financial Times, OpenAI solicitó la lista completa de asistentes al funeral de Adam Raine, un hecho que los abogados calificaron como “una táctica de intimidación”. La empresa ya había sido criticada previamente por enviar solicitudes de información excesivas a quienes cuestionaban su modelo de negocio y sus políticas de seguridad.

Este tipo de conductas plantea preocupaciones sobre la privacidad y la cultura corporativa dentro del ecosistema tecnológico. En un contexto donde la confianza es un activo ético y reputacional, las acciones percibidas como hostiles hacia las víctimas o sus familias pueden tener consecuencias devastadoras.

filtros de seguridad en OpenAI

Además, dos meses antes del fallecimiento de Raine, OpenAI actualizó su lista de contenido prohibido, pero omitió la autolesión de la categoría, lo que resulta alarmante. La proporción de conversaciones del joven relacionadas con este tema aumentó diez veces, lo que sugiere un vacío de control en los filtros de seguridad en OpenAI.

La falta de pruebas exhaustivas y de mecanismos externos de supervisión refuerza el argumento de que la innovación debe avanzar de la mano de la rendición de cuentas. En el campo de la RSE, este tipo de casos redefine la conversación sobre la ética de la automatización y los derechos de los usuarios.

Competencia tecnológica y ética: un equilibrio necesario

El caso de Adam Raine ocurre en un momento en que las empresas de IA compiten ferozmente por el liderazgo global en desarrollo de modelos conversacionales. Sin embargo, esta carrera tecnológica parece haberse convertido en una maratón sin suficientes controles. Para los expertos en sostenibilidad y gobernanza digital, el reto está en equilibrar innovación y responsabilidad.

Los filtros de seguridad en OpenAI, y en cualquier otro modelo de IA, no deben verse como limitaciones, sino como garantías fundamentales de bienestar. Relajarlos por motivos comerciales no solo representa un riesgo técnico, sino también una renuncia ética. Jay Edelson resume la paradoja con claridad: 

“Intentaron construir algo que hablara como un ser humano, pero olvidaron lo más importante: comprender el dolor humano”. 

La inteligencia artificial no puede reemplazar la empatía, pero sí puede replicar errores humanos a gran escala si no se supervisa con rigor.

Las implicaciones del caso podrían extenderse a otras compañías del sector, presionando para que adopten políticas más estrictas de verificación, pruebas psicológicas y transparencia operativa antes de desplegar sus modelos.

filtros de seguridad en OpenAI

Hacia una inteligencia artificial con responsabilidad humana

El caso Raine no solo es una tragedia personal, sino una advertencia global sobre las consecuencias de descuidar la ética en la innovación tecnológica. La ausencia o flexibilización de los filtros de seguridad en OpenAI revela un vacío en la cultura de prevención y empatía digital. Cuando la búsqueda de liderazgo comercial se antepone al bienestar de las personas, la tecnología pierde su propósito social.

Para los líderes empresariales y expertos en RSE, este episodio invita a reflexionar sobre un principio esencial: ninguna disrupción justifica el daño. En el futuro de la inteligencia artificial, la confianza será el nuevo valor más competitivo, y solo las empresas que integren la seguridad, la ética y la transparencia en su ADN lograrán mantenerse a la altura de su poder transformador.

Precio del petróleo: Golfo de México podría perder su biodiversidad y millones su seguridad alimentaria

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El precio del petróleo continúa marcando decisiones económicas que impactan de manera directa la sostenibilidad ambiental del Golfo de México. De acuerdo con información de Aristegui Noticias, durante el foro “El Golfo de México hacia una visión socioambiental”, organizado por Oceana y la Facultad de Ciencias de la UNAM, investigadores y comunidades coincidieron en que la expansión petrolera hacia aguas profundas está poniendo en riesgo la biodiversidad marina y la seguridad alimentaria de millones de personas.

El encuentro reunió a representantes de instituciones como la UNAM, UABC, Cinvestav Mérida, SEMARNAT y organizaciones sociales, quienes alertaron que seguir apostando por la extracción petrolera no solo contradice los compromisos climáticos de México, sino que agrava la desigualdad y vulnerabilidad de las comunidades costeras. En un contexto global de transición energética, el país enfrenta el dilema entre mantener el ingreso derivado del precio del petróleo o preservar el equilibrio ecológico y social de una de las regiones más ricas en biodiversidad del planeta.

Impactos del precio del petróleo en la biodiversidad del Golfo

Los especialistas advirtieron que las actividades extractivas en el Golfo de México provocan daños que podrían tardar cientos de miles de años en revertirse, o incluso ser irreversibles. Un accidente petrolero en aguas profundas podría generar pérdidas ambientales, económicas y sociales devastadoras. Ecosistemas enteros —desde arrecifes hasta manglares— dependen de un equilibrio que el avance petrolero está amenazando.

El precio del petróleo, además, incentiva la explotación de zonas de alto riesgo ecológico. A medida que el valor del crudo aumenta, se justifica económicamente perforar en áreas antes consideradas intocables. 

Sin embargo, los expertos del foro subrayaron que este modelo es insostenible: la riqueza generada no compensa el costo ambiental ni la pérdida de medios de vida para miles de pescadores.

La presión sobre los ecosistemas marinos afecta también a las especies migratorias y a la resiliencia natural del océano ante el cambio climático. La bióloga Renata Terrazas, directora de Oceana México, sostuvo que:

“la expansión petrolera en el Golfo no solo amenaza la biodiversidad, sino la posibilidad misma de desarrollo sostenible en la región”.

En este contexto, la urgencia de establecer una política energética coherente con los compromisos de reducción de emisiones se vuelve más evidente. México debe replantear su relación con el precio del petróleo y la dependencia económica hacia un recurso que socava su propio futuro ambiental.

Seguridad alimentaria y desplazamiento de comunidades costeras

El Golfo de México representa el sustento de más de 90,000 personas que viven de la pesca. Los derrames y la contaminación derivados de la actividad petrolera destruyen los ecosistemas marinos y obligan a las comunidades a abandonar sus medios de vida.

“Las décadas de extracción solo han dejado contaminación y destrucción”, lamentaron las habitantes de la comunidad El Bosque en Tabasco, Cristina Pacheco y Guadalupe Cobos.

Ambas relataron cómo el aumento del nivel del mar las obligó a desplazarse de sus hogares. Su testimonio simboliza la pérdida de territorio y de identidad cultural de cientos de familias afectadas por el deterioro ambiental. La relación entre el precio del petróleo y la inseguridad alimentaria se vuelve evidente: mientras los recursos se destinan a mantener la producción petrolera, las comunidades pierden acceso a alimentos, trabajo y estabilidad.

Académicos del Cinvestav Mérida y del Ecosur enfatizaron que las políticas energéticas deben incorporar la voz de las comunidades costeras. “La transición energética debe ser justa o no será sostenible”, señalaron. Reintegrar a los pescadores y habitantes locales en la toma de decisiones es clave para garantizar soluciones que protejan tanto el ambiente como los derechos humanos.

El reto consiste en vincular la gestión ambiental con políticas de desarrollo social y de adaptación climática que reduzcan los impactos directos del modelo extractivo sobre las poblaciones vulnerables.

El declive del sector y la oportunidad de cambio

Según datos presentados en el foro, el sector petrolero mexicano se encuentra en declive. La extracción es cada vez más costosa, lo que deja menos recursos para enfrentar la crisis climática. 

Los investigadores coincidieron en que insistir en un modelo basado en el precio del petróleo no solo es económicamente inviable, sino socialmente injusto.

A diferencia de las energías renovables, la industria petrolera concentra beneficios en pocos actores y distribuye los riesgos entre muchos: ecosistemas, comunidades y generaciones futuras. 

“El país necesita recuperar el diálogo entre comunidades, academia y gobierno para tomar decisiones que permitan conservar el Golfo a largo plazo”, expresaron los participantes del evento.

Este diagnóstico abre la posibilidad de un nuevo equilibrio energético. El Golfo de México, más que una zona de extracción, podría convertirse en un espacio de restauración ecológica, innovación científica y turismo sostenible. Para lograrlo, será necesario redirigir inversiones y priorizar la protección de la biodiversidad como eje del desarrollo regional.

La directora de Oceana México expresó confianza en que el gobierno encabezado por Claudia Sheinbaum, una científica con sensibilidad ambiental, impulse políticas que marquen el fin del modelo extractivo tradicional y den paso a una transición energética con responsabilidad social.

Gobernanza ambiental y responsabilidad corporativa

El futuro del Golfo de México no puede depender exclusivamente del precio del petróleo ni de la rentabilidad del crudo en los mercados internacionales. La gobernanza ambiental requiere de cooperación entre el Estado, la academia, el sector privado y las comunidades locales. Esto incluye reforzar la regulación de las operaciones petroleras y exigir transparencia en los informes de impacto ambiental.

Las organizaciones participantes en el foro subrayaron que la rendición de cuentas es esencial para prevenir nuevas catástrofes ecológicas. En el marco de los compromisos internacionales sobre cambio climático, México tiene la oportunidad de ser ejemplo regional si adopta un enfoque de economía azul y transición justa.

Las compañías energéticas deben asumir que su licencia social para operar depende de su compromiso con la biodiversidad y el bienestar de las comunidades. Invertir en restauración, compensación ambiental y energías limpias ya no es opcional: es una obligación ética.

La sostenibilidad del Golfo no solo garantizará la seguridad alimentaria de millones, sino también la reputación y viabilidad de las empresas que decidan apostar por la innovación con propósito.

Preservar la vida antes que el crudo

El debate sobre el precio del petróleo ha dejado de ser exclusivamente económico. En el Golfo de México, cada barril extraído representa una amenaza para la biodiversidad y para miles de familias que dependen del mar para sobrevivir. El foro de Oceana y la UNAM dejó claro que la verdadera riqueza de la región no está bajo el lecho marino, sino en la vida que lo habita.

Para los líderes empresariales y responsables de políticas públicas, este momento exige una mirada más amplia: invertir en transición energética, proteger los ecosistemas y garantizar la seguridad alimentaria son acciones inseparables. El futuro del Golfo de México dependerá de si somos capaces de priorizar la vida sobre el petróleo.

Adium reafirma su compromiso con el desarrollo sostenible y presenta su quinto Reporte Anual de Sostenibilidad

Adium, compañía farmacéutica con 50 años de presencia en Latinoamérica, operación en 18 países y más de 7.300 colaboradores, presentó su Reporte de Sostenibilidad 2024, quinto documento anual que reafirma el compromiso estratégico con el desarrollo sostenible en la región. El documento revela importantes avances ambientales, sociales y en gobierno corporativo.

“Este informe muestra transparencia en sus resultados y un compromiso continuo, con metas claras para reducir la huella ambiental, fortalecer la equidad y la inclusión, innovar mediante la digitalización y ampliar las alianzas, impulsando un futuro saludable, justo y próspero para Latinoamérica”, afirmó Patricio Rodríguez, CEO de Grupo Adium.

La compañía multilatina muestra, una vez más, su compromiso con una política de sostenibilidad. Adium basa su ‘Sistema de Gestión Medioambiental’ en tres pilares: gestión de residuos, de la energía y del agua; por eso desde las plantas productivas y cadena de suministro busca disminuir el impacto ambiental y el consumo de recursos escasos y valiosos para la humanidad, eficientizando su uso.

El reporte detalla una reducción del 2% en el consumo de agua por unidad producida, desde 2023, llegando a 1,16 litros, y un consumo energético controlado en 1,68 megajulios por unidad, además de un aumento en la tasa de reciclaje de residuos sólidos a 44,66% (frente al 42% del año anterior). Los datos, si se comparan desde 2020 -año inicial del reporte-, todavía son mejores: entonces el consumo de agua por unidad alcanzaba los 1,74 litros; el energético se ubicaba en 2,44 megajulios por unidad y el volumen de residuos representaba 128,7 kilogramos por cada 10.000 unidades producidas, mientras que en 2024 reporta 117,67 por 10.000 unidades producidas.

Adium ha trabajado proyectos de descarbonización que incluyen el uso de energías renovables en su planta de Brasil, gracias a una planta fotovoltaica que cuenta con 2.100 paneles solares, cubriendo un 94% del consumo interno y exportando excedentes a la red eléctrica.

Adium

A través de múltiples iniciativas enfocadas en mejorar la calidad de vida de pacientes, colaboradores y comunidades, la compañía reafirma su responsabilidad social con un impacto positivo que beneficia a miles de personas en la región.

Durante 2024, más de 40 iniciativas beneficiaron a miles de personas en Latinoamérica, reforzando la política de RSE y el compromiso con las comunidades locales, en diversos ámbitos:

 ● Educación: alianzas para otorgamiento de becas para estudiantes vulnerables, entre otros proyectos.

 ● Donaciones: suministros médicos y sociales, apoyo a inclusión laboral con catering de organizaciones de discapacidad.

 ● Voluntariado: campañas solidarias, participación de empleados en apoyo a niños con cáncer, armado de kits de higiene, y actividades en diversas regiones.

 ● Respuesta a emergencias: apoyo logístico y económico a bomberos voluntarios en los incendios de Chiquitanía (Bolivia) y ayuda a damnificados en incendios en Chile.

 ● Mejoras ambientales: limpieza de espacios verdes, campañas de reciclaje con impacto social y ambiental.

En materia de gobernanza, el compromiso se sostiene mediante políticas éticas estrictas, formación continua y un Comité de Sostenibilidad (conformado por las más altas instancias de la compañía: CEO, CFO, y vicepresidencias -Comercial, Operaciones y RRHH-), que define y supervisa estrategias alineadas con los más altos estándares internacionales.

Adium ha formalizado e implementado políticas y procesos estandarizados en todas las filiales y cuenta con un Código de Ética actualizado en 2024, con un compromiso para la igualdad de oportunidades, así como políticas de protección de datos y de calidad y seguridad del producto.

“El 2024 fue un año clave para la consolidación regional”, aseguró Patricio Rodríguez, con crecimiento sostenido, expansión de operaciones, modernización de infraestructura y creación de más empleos, “siempre reforzando nuestro compromiso con el medio ambiente y la sociedad”.

Adium continúa posicionándose como referente regional no solo por su crecimiento y liderazgo, sino también por su firme apuesta a la sostenibilidad como motor para mejorar la calidad de vida en la región. Puede descargar aquí el Reporte de Sostenibilidad 2024 completo.

Telefónica Movistar México reafirma su compromiso ambiental con su séptima recertificación ISO 14001:2015

Telefónica Movistar México consolida su liderazgo ambiental con la séptima recertificación de su Sistema de Gestión Ambiental (SGA) bajo la norma ISO 14001:2015, con lo que reafirma su compromiso de mantener una gestión ambiental responsable en la organización y una mejora continua en materia de sostenibilidad.

Desde la primera emisión del certificado en 2004, la compañía ha trabajado durante 21 años bajo este estándar internacional, al fortalecer su cultura de cumplimiento, prevención y desempeño ambiental verificable.

La ISO 14001:20215 es una norma internacional que establece los requisitos para implementar un Sistema de Gestión Ambiental efectivo (SGA), diseñado para ayudar a las organizaciones a identificar, controlar y reducir el impacto ambiental de sus operaciones. La certificación, con vigencia de tres años, exige procesos periódicos de recertificación que aseguran el avance del desempeño ambiental de las compañías.

https://twitter.com/TelefonicaMX/status/1981740322284597353

“Contar con la certificación ISO 14001:2015 significa mucho más que cumplir con una norma; es una demostración de que nuestra gestión ambiental es tangible, medible y verificable. En Telefónica Movistar México creemos que la sostenibilidad debe integrarse transversalmente en cada decisión y proceso del negocio”, enfatizó Natalia Guerra directora de Asuntos Públicos, Regulación y Negocio Mayorista en Telefónica Movistar México.

En 2025, la compañía ha reforzado su compromiso ambiental con acciones enfocadas en la eficiencia energética, la reducción de emisiones y la economía circular, a través de iniciativas como la optimización del consumo eléctrico, el uso de energías renovables e impulsado la valorización de materiales tecnológicos mediante el programa VEMA, reafirmando su compromiso con el cuidado del medio ambiente y promoviendo una digitalización más verde y responsable que genere un impacto positivo en la sociedad y el planeta.

Domino’s Pizza se suma a la Campaña 2025 del Movimiento Va por Mi Cuenta

Domino´s una de las cadenas de pizza más grandes e innovadoras de México, reforzó su compromiso con la campaña de recaudación del Movimiento Va por Mi Cuenta, iniciativa impulsada por Fundación Alsea A.C., para contribuir a combatir la inseguridad alimentaria en México.

Este año, la campaña de recaudación del Movimiento Va por Mi Cuenta construye sobre el mensaje “Va, va, va, va”, que se ha convertido en su slogan representativo. Con una nueva canción que refleja el entusiasmo de los mexicanos para contribuir a la causa, la iniciativa busca hacer un llamado a que las personas se sumen y donen a la iniciativa que estará activa hasta el 30 de noviembre de este año.

Como parte de su compromiso con las comunidades donde opera Alsea y Domino’s Pizza, la marca anunció junto con Fundación Alsea, A.C. la entrega de cinco toneladas de granos a la Red de Bancos de Alimentos de México (BAMX), con el propósito de contribuir a mejorar la alimentación de niñas y niños en todo el país.

“En Domino’s creemos en decir ‘Va, va, va, va’ y demostrar así el lugar que tenemos en las mesas mexicanas. Este año queremos demostrar una vez más que este compromiso con el país empieza con acciones concretas al reforzar nuestro apoyo al Movimiento Va por Mi Cuenta y aliados como Red BAMX para seguir construyendo alianzas que alimentan esperanza y transforman vidas”, señaló Karla Morales, subdirectora de mercadotecnia de Domino’s Pizza.

Domino’s Pizza

Desde Domino’s Pizza, los consumidores pueden sumarse a la campaña durante el periodo de recaudación, que va del 1 de octubre y al 30 de noviembre, al donar directamente en cualquiera de las tiendas de la marca vía telefónica, mostrador y App o en la página del Movimiento: https://vapormicuenta.org/. Adicionalmente, durante todo el año pueden adquirir el producto con causa de la marca: las deliciosas papotas.

La campaña de recaudación 2025 del Movimiento Va por Mi Cuenta, a la que se suman Alsea y sus marcas, busca superar los resultados obtenidos en su edición anterior, cuando alcanzó la suma de $51.8 millones de pesos con los que logró apoyar la operación de 28 comedores comunitarios y 59 Bancos de Alimentos en México.

A través de acciones como ésta, Domino´s y Fundación Alsea, A.C. reafirman su compromiso con la seguridad alimentaria y el bienestar de las comunidades donde están presentes, demostrando que cada acción cuenta.