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Lecciones del escandaloso hackeo a Sony

Sony Pictures via Shutterstock

Sony Pictures via Shutterstock

El último gran escándalo del año, uno cuyas repercusiones sin duda continuarán en 2015, es el del hackeo masivo a Sony, que consistió en la publicación de cientos de datos del estudio de cine por parte de un grupo llamado Guardians of Peace. En los documentos se pueden ver intercambios de correos electrónicos entre poderosos ejecutivos, salarios y hasta números de seguro social.

Se ha debatido mucho sobre cómo debe ser tratada esta información y sobre el papel de la ética periodística: ¿es correcto hablar sobre los correos electrónicos robados o dar a conocer las listas de salarios? La mayoría de los medios han concluido que estos y otros datos son de interés periodístico y que, ahora que están disponibles, es importante analizarlos y darles contexto.

Para la empresa, el hackeo es una crisis cuyas consecuencias finales es todavía difícil predecir. A corto plazo, lo primero es restaurar ciertas cruciales relaciones con stakeholders, que van desde estrellas de cine hasta colaboradores (ya un grupo de empleados ha demandado a Sony por no proteger sus datos personales) que se han dañado por la información filtrada.

Es probable que ninguna persona, ni siquiera el líder más responsable del mundo, sea capaz de salir inmune a un ataque que involucre la publicación de sus correos electrónicos privados, pero este caso deja claro que los ejecutivos de Sony, especialmente Amy Pascal, la directoria del estudio y el productor Paul Rudin, no estaban en absoluto preparados para una situación así.

Aquí dos problemas básicos de responsabilidad que demostró el hackeo y que toda empresa debe tener resueltos, espere o no un ataque de este tipo:

Racismo:

Posiblemente el dato más delicado que salió a la luz con el ataque cibérnetico es el que se revela con un intercambio de correos entre Pascal y Rudin. En esta conversación, ambos ejecutivos especulan sobre el tipo de películas que prefiere el presidente Barack Obama y mencionan solamente títulos en los que el personaje principal es un hombre de raza negra. Las películas tienen poco más en común, ya que mencionan tanto dramas como comedias.

Pascal se disculpó mediante un comunicado, en el que asumió su responsabilidad y afirmó «el contenido de mis correos electrónicos a Scott fue insensible e inapropiado, pero no son un reflejo fiel de la persona que soy.»

Por su parte, la productora Shonda Rhimes criticó a los medios por decir que se trataba de «comentarios insensibles a la raza» y no llamarlos lo que realmente son: comentarios racistas. En una industria donde las películas escritas, dirigidas y protagonizadas por personas de raza negra son una minoría, estas ideas sin duda explican que los ejecutivos no comprenden a este mercado ni están dispuestos a hacerlo.

Brecha salarial:

Los datos filtrados también revelan mucho sobre la brecha salarial y la inequidad de género en Hollywood. En concreto, una serie de correos demuestran que para la película American Hussle tanto Amy Adams como Jennifer Lawrence ganaron menos que Bradley Cooper y Chistian Bale, a pesar de que Lawrence era indiscutiblemente la mayor estrella al momento de la filmación, algo que Pascal ha aceptado al ser cuestionada sobre el caso.

Este no es un caso aislado: otros documentos demuestran que hay 17 ejecutivos en Sony que ganan un millón de dólares o más al año, pero solo uno es mujer. Además, el salario entre los co-presidentes de Columbia Pictures, otra empresa de Sony, tienen una diferencia de casi un millón de dólares: Hannah Minghella gana 1.5 millones y Michael De Luca, 2.4 millones.

Acerca del autor

María José Evia H

Comunicadora especializada en medios digitales, literatura y equidad de género. Coordina, escribe y edita contenidos de ExpokNews y la Síntesis diaria, además de colaborar en medios como Letroactivos, Letras Libres, Lee + y Equilibrio. Aquí sus redes sociales.

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