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La RSC “no es una moda, ni puede convertirse en un ejercicio meramente voluntarista»

“Se ha iniciado un camino sin retorno para todas aquellas empresas que hayan decidido apostar por la RSC como un elemento generador de valor”, dice. A su juicio, “la clave pasa por convertir los valores éticos en palancas que maximicen los beneficios”.

Incluida en los más reputados índices de sostenibilidad, como el Dow Jones Sustainability Index ó el FTSE4Good, Gamesa ha adoptado un estrecho compromiso con la Responsabilidad Social Corporativa, centrándose en el área de desarrollo sostenible y protección medioambiental, participando en proyectos como la construcción del primer parque eólico en China junto con a empresa Guangdong Nuclear.

Isaac Ruiz, director de Responsabilidad Social Corporativa de la compañía repasa el compromiso de Gamesa con la RSC en declaraciones a “ICNr”: “En Gamesa estamos muy satisfechos con los avances y mejoras continuas producidas en el ámbito de la ética de los negocios, con la actualización del Código de Conducta en el desarrollo de reglamentos de lucha contra la corrupción, el fraude o la prevención de conflictos de interés.”, asegura.

Isaac Ruiz hace hincapié en que “se han producido avances significativos en el orden social, mediante el lanzamiento de planes de igualdad de oportunidades y desarrollo profesional, los programas de cooperación al desarrollo, la incorporación de cláusulas de derechos humanos en las condiciones generales de contratación o procesos de excelencia en materia de seguridad y salud laboral, entre otros.

En el área ambiental, las actuaciones orientadas a la eficiencia energética junto con los planes de reducción de la huella ecológica han sido otra de las claves del periodo.

Y todo ello se ha producido junto con el establecimiento de alianzas con instituciones tanto públicas como privadas en el ámbito académico, tecnológico y social.”, afirma Ruiz, que añade que “en el futuro, Gamesa seguirá trabajando en estas y otras líneas estratégicas RSC, siempre en clave de mejora continua, y con el objetivo de reforzar su posición competitiva.”

A Isaac Ruiz no se le escapa la importancia de la competitividad en el mundo empresarial, pero afirma que no es obstáculo para mantener una política de RSC integrada en la compañía. “No sólo ahora, inmersos en plena crisis económica, sino en el curso normalizado de los negocios, el factor clave es la competitividad. Partiendo de esta base, ninguna inversión social o medioambiental puede ocurrir a expensas de los resultados económicos.

La clave de la supervivencia de las empresas pasa, por lo tanto, en convertir estos valores éticos, sociales y ambientales en palancas que permitan maximizar los beneficios de estos mismos accionistas, y convertir así la ética de los negocios, la lucha contra el cambio climático, la eficiencia energética, la integración social o la preservación de los derechos humanos y laborales, entre otros, en factores clave de éxito.

En esta estrategia empresarial satisfacemos las necesidades de todos nuestros grupos de interés, a la vez que convertimos a la empresa en un objeto preferente de inversión.”, afirma.

“El tejido empresarial español no acaba de entender el concepto de la RSC”

En cuanto a la integración de la RSC en el panorama empresarial español, Ruiz admite que “en general, el tejido empresarial español no acaba de entender adecuadamente ni el concepto ni la forma de integrar la RSC en su estrategia de negocio.

Posiblemente, aún se entiende la RSC como un ejercicio poco consistente, voluntarista, fuente de gastos adicionales que en ocasiones dificulta el normal transcurrir del negocio.

Muchas grandes empresas llevan varios años tratando de integrar esta nueva forma de ver la empresa en sus prácticas de gestión, operativas y comerciales, formando expertos y trabajando en los aspectos reputacionales que consoliden nuevos y mejores posicionamientos en el mercado, con resultados relativamente satisfactorios. La pequeña y mediana empresa aún no ha empezado a recorrer este camino.”

En cuanto a los aspectos más importantes para poner en marcha un plan de RSC, Isaac Ruiz afirma que “desde una perspectiva puramente operativa, el plan o estrategia RSC tiene que demostrar que existe un completo alineamiento con el plan o estrategia de negocio, ya que no se entiende un plan de RSC que tenga vida propia ajena a la actividad de la compañía.

Esto implica entre otras muchas cuestiones, trasladar el debate y su aprobación por los órganos rectores de la compañía, cuestión esencial que permita un despliegue adecuado en la organización.

Complementario, pero esencial igualmente, será proveerse de los mecanismos que permitan medir el retorno (tangible o intangible) esperado de toda acción integrada en dicho plan, y que permita establecer una relación directa causa-efecto entre la RSC y la cuenta de resultados.”

El director de RSC de Gamesa se muestra optimista con respecto a la supervivencia de la RSC en tiempos de crisis económica. “Se ha iniciado un camino sin retorno para todas aquellas empresas que hayan decidido apostar por la RSC como un elemento generador de valor.

Sin embargo, no prosperará en aquellas otras empresas que hayan concebido la RSC a corto plazo, como un instrumento meramente coyuntural mediante el cual mejorar su imagen y reputación a través acciones puntuales de acción social o de contribución filantrópica sin incorporarla a su estrategia de gestión.”, afirma.

“El estado y las empresas deberán llegar a un acuerdo sobre RSC”

Isaac Ruiz tiene muy claro como debería ser la empresas responsable del nuevos siglo: “Una empresa moderna, competitiva y flexible, que como Gamesa incorpore los aspectos éticos, sociales y medioambientales en sus estrategias de gestión, centrada en valores esenciales como el buen gobierno, la diversidad e igualdad de oportunidades, el respeto a los derechos humanos y laborales, la seguridad y salud, el desarrollo del capital humano, la eficiencia energética y la lucha contra el cambio climático, que constituyen palancas adicionales de gestión enfocadas a maximizar su cuenta de resultados.”, asegura, y reitera la importancia de la RSC como herramienta de gestión.

“La RSC no es una moda ni puede convertirse en un ejercicio meramente voluntarista. Aún hoy se da la circunstancia de tener que justificar una apuesta semejante por la vía del convencimiento, cuando debería constituir una visión anticipada al futuro de los negocios, un nuevo paradigma empresarial.”

Ruiz aboga por una coexistencia y cooperación entre el estado y las empresas a la hora de gestionar la RSC: “Posiblemente el estado y las empresas deban llegar a un acuerdo sobre la RSC en un futuro próximo.

La propia génesis del Consejo estatal de Responsabilidad social de las Empresas pone en valor esta afirmación, ya que como órgano colegiado interministerial, de carácter asesor y consultivo del gobierno, se encarga del impulso y fomento de las políticas de RSE y constituye el marco de referencia para el desarrollo de esta materia en España.

Dado que las organizaciones empresariales se encuentran representadas en dicho consejo, nos encontramos en una vía de análisis y futuro consenso. Hay que dejarles continuar.”, opina el experto.

Por último, Isaac Ruiz subraya la importancia de que la sociedad, como parte importante de los stakeholders de una compañía, tenga acceso a una información veraz y comprendan la esencia de la RSC, algo que todavía no se ha llevado a la práctica: “El propio concepto y el debate sobre la responsabilidad social corporativa aún se encuentra adscrito a un reducido grupo de estamentos sociales, no habiendo calado suficientemente en el conjunto de la sociedad.

A ello contribuye la propia sensación de incertidumbre que tanto los sectores públicos y privados, todos ellos presciptores de la RSC, transmiten en relación a su desarrollo y hoja de ruta para la implantación.

Confiar en que los informes de sostenibilidad de las empresas constituyan un mecanismo suficiente para trasladar la gestión eficaz de la RSC al conjunto de la sociedad es una idea abocada al fracaso, por insuficiente.

En relación a estos informes de sostenibilidad de las empresas españolas, no obstante, es de justicia reconocer que con el transcurso del tiempo han mejorado notablemente en cuanto a calidad, precisión y claridad de los contenidos, si bien no se encuentran aún suficientemente generalizados.”

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