RSE

La brecha de la RSE

La brecha de la RSE: la constatación de que el paso del tiempo y la cada vez mayor complejidad de las situaciones que estamos viviendo esta llevando a que, aunque las empresas hayan aumentado su involucración con la RSE y su asunción de la misma, las demandas y las expectativas (y las exigencias) al respecto aumentan todavía más.

Se acercan ya los días en los que va a tener lugar el programa Corporate Social Responsibility: strategic integration and competitiveness, que realizamos en ESADE conjuntamente con Standford. Espero con mucho interés esta segunda edición del programa, porque en el primero emergieron cuestiones muy relevantes, y tengo mucha curiosidad por ver hasta qué punto han cambiado las cosas en un año. Me temo que mucho.

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Una de las constataciones que más nos sorprendió (a mi y a los participantes) en la edición anterior fue la respuesta a una doble pregunta: ¿qué stakeholders han presionado más a tu empresa (y con qué intensidad) para que se enfoque hacia la RSE hasta el momento presente, y cuáles crees que van a ser los que van a presionar más en el futuro inmediato? Se facilitaba una lista bastante exhaustiva de 17 stakeholders, ampliable si era necesario, a criterio de cada participante, en la respuesta. Pues bien, la agregación de todas la respuestas (que englobaban a directivos representantes de una diversidad de sectores y provenientes de más de veinte países) visualizaba que la previsión era que, en el futuro inmediato, todos los stakeholders –todos- iban a incrementar sus demandas y expectativas hacia las empresas en relación con la RSE.

Esto es, justamente, lo que yo denomino la brecha de la RSE: la constatación de que el paso del tiempo y la cada vez mayor complejidad de las situaciones que estamos viviendo esta llevando a que, aunque las empresas hayan aumentado su involucración con la RSE y su asunción de la misma, las demandas y las expectativas (y las exigencias) al respecto aumentan todavía más. Lo que, tarde o temprano, nos debería llevar a plantear una pregunta que, lo reconozco, resulta políticamente incorrecta: hasta qué punto, en nombre de la RSE, cualquiera le puede pedir o exigir cualquier cosa a cualquier empresa. Y podríamos añadir: impunemente. Porque en todo lo que se refiere al diálogo multistakeholder y/o con los stakeholders hemos hablado mucho de contenidos, procesos e intereses. Pero nos falta todavía una palabra: legitimidad.

Hace bastante tiempo que repito una especie de mantra: la empresa que no tenga su propia estrategia de RSE –que no la defina desde dentro de la propia empresa- acabará realizando unas políticas de RSE que le vendrán dadas desde fuera de la empresa. Porque muchas políticas de RSE son exclusivamente unas políticas bajo demanda, más sujetas a la capacidad de presión pública o influencia mediática de los interlocutores que el resultado de una valoración, por parte de la propia empresa, de cómo quiere gestionar las interacciones entre empresa y sociedad, y de la visión que tiene la propia empresa de su papel en la sociedad y de su contribución a la sociedad.

Por eso vuelvo al título del programa al que me refería al principio. Hoy de lo que se trata ya no es de tener una estrategia de RSE, sino de tener a la RSE integrada en la estrategia y en el modelo de competitividad. En caso contrario, la brecha de la RSE no tan solo aumentará, sino que será cada vez más ingestionable.

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