Ambiental

Funerales verdes: para gente responsable hasta la muerte

En la construcción de un ataúd convencional se necesita un árbol, mientras que con esta materia prima podrían fabricarse cien féretros de cartón. En Europa se talan anualmente un millón de árboles para fabricar sarcófagos convencionales, aunque la madera más preciada para este fin es la caoba, un árbol que tarda 50 años en crecer.

A la cantidad de madera necesaria para los ataúdes se suman las lacas, utilizadas para abrillantarlos, y el zinc, que se usa para su protección.

Según datos de la empresa Green Burial Council, dedicada a la promoción de los entierros ecológicos, en los sepelios tradicionales que se practican en Estados Unidos se emplean cada año 82 mil toneladas de acero, unas 2mil 500 toneladas de bronce y cobre y 1,4 millones de toneladas de cemento para mantener las tumbas.

Otro de los problemas medioambientales que se plantean en los enterramientos son los provocados por los líquidos que desprenden los cuerpos. Los procesos de embalsamamiento suponen residuos de hasta 3,1 millones de litros de fluidos basados en un componente llamado formaldehído (CH2O), que la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (EPA) ha calificado de “probable agente cancerígeno”.

Este componente cancerígeno puede acabar filtrándose hasta las aguas subterráneas suponiendo, además, un riesgo para los trabajadores de los cementerios, según afirman en el Green Burial Council.

Pero además, en los cadáveres también se encuentran, en muchos casos, empastes dentales de amalgama metálica que siguen siendo de los elementos más contaminantes para el medioambiente porque contienen mercurio y, en determinados casos, marcapasos, que llevan acopladas pilas elaboradas con elementos también muy negativos para el medio ambiente, según se ha comprobado.

Otros servicios funerarios como la tanatoestética -que es el arte de maquillar a los muertos- utiliza pequeñas proporciones de sustancias como formol, un producto altamente tóxico.

Entierros naturales
Los entierros naturales -aquellos que eliminan en lo posible la utilización de ataúdes y productos químicos en las técnicas de embalsamamiento- están ganando popularidad en todo el mundo en general y en Estados Unidos en particular, gracias al auge de todo lo verde y ecológico.

Las ventajas medioambientales son grandes si nos paramos a pensar en que, además de polvo, es mucho lo que queda de los fallecidos que reposan en los cementerios.

La alternativa es volver a la tierra de la forma más natural, sin féretro ni embalsamamiento, una opción que, por el momento, en países como Estados Unidos sólo es posible en unos pocos camposantos. Un entierro “verde” puede resultar también mucho más económico para las finanzas de los allegados a los difuntos.

Mientras que en un funeral tradicional sólo la caja de madera puede costar unos 8 mil dólares (100 mil pesos), los entierros ecológicos están entre 300 (3 mil 750 pesos) y 4 mil dólares (50 mil pesos), dependiendo del precio del suelo dónde se decida reposar eternamente.

Pero para aquellos a los que lo de volver a la tierra sin ataúd les resulte demasiado frío, una buena opción son los sarcófagos biodegradables.

Además de las ventajas medioambientales, su precio y su facilidad de almacenaje, representan una opción clara en casos de desastres naturales.

Pero, a pesar del éxito de esta idea medioambiental, son muchas las trabas que se interponen en su comercialización, como es la propia mentalidad de la cultura occidental habituada a mantener el respeto por sus muertos y darles la sepultura tradicional.

Cremaciones biodegradables
Las cremaciones, realizadas tradicionalmente en gran parte de Asia y que entraron en el mercado occidental con mucha reticencia son, cada día, más solicitadas por la gente.

Pero las cremaciones también resultan negativas para el medio ambiente debido a las emisiones de gases de las incineradoras, fundamentalmente por los elementos tóxicos usados en la fabricación del ataúd.

La solución que algunas empresas ofrecen, como la española Limbo, es mantener el féretro tradicional de madera, pero con una cápsula en su interior biodegradable que es la que se introduce en el horno crematorio. Esta cápsula está elaborada con derivados de la madera o aglomerados y con cerraduras de la misma madera.

Para Jordi Requena, responsable de la empresa Limbo, “cuando hay una boda se alquila un bonito coche, pero no se compra. Lo mismo se puede hacer con el ataúd, de esta forma estaríamos evitando contaminación y deforestación”.
Las empresas funerarias comienzan a apuntarse a la ecología y así, por ejemplo, la empresa Limbo comercializa para las cenizas unas urnas biodegradables, que no usan resinas y están elaboradas con sal o gelatina -que se deshacen en el agua- y tierra. Son nuevos modelos de urnas totalmente inocuas.

Muchas personas eligen el mar para esparcir las cenizas de sus difuntos. Para Jordi Requena, “el problema de la urna que va a parar a ríos o mares es que se convierten en focos de contaminación. Nosotros ideamos una específica para el agua elaborada con sal y que lo único que tiene es un aglomerante natural que sirve de alimento para los peces. Se desintegra y se reintegra en el mar, de tal forma que se eliminan contaminaciones”.

Esta urna de sal, con compuestos vegetales, tarda en deshacerse en el agua menos de tres minutos.

Para otros usos, Limbo ha creado modelos específicos, entre ellos urnas hechas con arena de playa o fabricadas con tierra vegetal a la que se le incorpora una semilla de árbol, como anticipo de la cadena de retorno.
Un recuerdo imperecedero

“El uso de esta urna tiene una realidad completamente distinta en cada población. Nosotros pensamos en principio en aquellas personas que tienen una casa en el campo o una parcela para enterrar la urna, junto con las cenizas, en un lugar apropiado”, explica Requena.

Sin embargo, no todo el mundo tiene esta posibilidad, aunque hay camposantos que ya se están adaptando a este nuevo concepto. Así, en Estados Unidos y algunos países de Europa existen espacios destinados a cementerios naturales en los que se ofrecen enterramientos de cenizas al pie de un árbol, que lleva el nombre del difunto.

Para Jordi Requena, “creo que deberían existir algunos lugares establecidos para que se hiciera de una manera ordenada y legal porque, ahora, no es que sea ilegal, pero sí “alegal”. Se debería realizar en sitios acotados para que esos difuntos no sufrieran el abandono que muchas veces tienen en los grandes cementerios”.

Según una reciente encuesta de la Asociación de Jubilados de Estados Unidos (AARP en sus siglas en inglés), una agrupación con más de 35 millones de miembros, un 21 por ciento de los mayores de 50 años prefiere un tipo de entierro más respetuoso con el medioambiente. (EFE Reportajes)

El Universal, Kiosko, pág. 19
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Comentarios

  • Me encanta que haya empresas tan concienciadas con el medio ambiente.
    Es necesario educar a la sociedad en los valores mediambientales, incluso en el momento en que la vida de cada uno de nosotros finalice.

    Además me parece una forma de Renaturalizar el hecho de morirse. Nacimos de la Naturaleza, somos parte de ella, en ella vivimos y a ella retornaremos.

    En cuanto a los de las urnas biodegradables, me gustaría resaltar que yo trabajé en una compañía que se dedicaba a lo mismo, urnas biodegradables y urnas con la posibilidad de plantar un árbol que crecerá desde las cenizas de ese ser querido.

    Un árbol que representará a esa persona y que, una vez plantado en su lugar definitivo, adquirirá un porte, un vigor, y una longevidad que le hace ser un soporte perfecto para representarnos en lugar de una fría lápida.

    En definitiva, un Monumento Natural Vivo.

    Si a alguien le interesa, la pagina web es http://www.konalma.com

    En fin, aunque sea dificil pensar seriamente que queremos que se haga con nuestros restos el día que nos llegue la hora de morir…yo lo tengo bastante claro…. o eso creo..

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