Un grupo de mexicanos vieron la oportunidad de trazar un intercambio significativo con México.

educacion (2)

El pasado martes, 14 de junio, un grupo de personas llegó a la Terminal 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para recibir a Tamer y Hazem, dos jóvenes sirios que vieron interrumpidos sus estudios a raíz del conflicto armado en su país, y que ahora tienen la oportunidad de retomarlos en México, gracias a una organización no gubernamental y sin fines de lucro, denominada Proyecto Habesha.

“Es un viaje muy largo para nosotros. Somos países muy apartados pero los mexicanos no dejaron de estar atentos a la guerra en Siria y ahora, juntos, somos una familia. Así que tenemos que propagar este mensaje de amor de que en México hay un futuro para nosotros”, dijo Hazem, apenas al salir de la puerta de Llegadas Internacionales.

Proyecto Habesha es una iniciativa que promueve la paz y la reconstrucción de Siria a través de la educación superior y que fue fundada por Adrián Meléndez, un abogado mexicano que por años trabajó en países de Medio Oriente con organizaciones humanitarias, quien ha estado interesado en la guerra civil en Siria, desde que comenzó hace cinco años. La idea se comenzó a planear a inicios de 2014 y a finales de 2015, llegó el primer estudiante a México.

Llega a México el primer joven sirio beneficiado por iniciativa ciudadana para terminar sus estudios

Hasta el momento, México ha recibido a cuatro estudiantes sirios con carreras y proyectos académicos distintos -Essa, Zaín Tamer y Hazem-, pero la meta del Proyecto Habesha es que llegue un total de 30 jóvenes de Siria que viven en esta condición, y esperan que para el primer trimestre de 2017 este objetivo se cumpla.

“El proyecto nació cuando estaba trabajando en Líbano con muchos jóvenes sirios y descubrí que era gente muy educada, con mucha cultura, que estaba sentada sin hacer nada. Yo sentía que México estaba completamente ausente de cualquier interacción con el tema. Con un grupo de colegas, comenzamos a discutir ideas y en enero de 2014 iniciamos formalmente con una serie de conversaciones con ex embajadores de México y académicos y se fue desarrollando. El proyecto como tal yo lo inicié pero pronto se volvió un esfuerzo de mucha gente”, cuenta Adrián en entrevista con Animal Político, quien ahora funge como coordinador.

Adrían cuenta que, durante año y medio, hubo un proceso de sensibilización en el que los integrantes de Proyecto Habesha fueron a universidades, museos, instituciones y diversas ciudades del país para hablar de por qué se tenía que hacer una iniciativa así.

“No es algo frívolo. Nosotros promovemos mucho este discurso de que México ha sido históricamente un país de protección, como por ejemplo con el exilio español, donde la gente que ha buscado refugio lo ha encontrado. Nosotros continuamos insistiendo en que México no quede ausente. Estamos frente a la crisis humanitaria más grave de esta generación. Queremos que nuestra labor se convierta en una forma de decir: México no está ausente”, señala”.

Por eso, en el Aeropuerto de la Ciudad de México llegaron estudiantes de la carrera de Relaciones Internacionales de la Ibero, familias y jóvenes sirios que ya llevan un tiempo viviendo aquí. Todos estuvieron ahí para recibir a dos personas que, aunque nunca las han conocido físicamente, quieren brindarles un mensaje solidario: en México se puede reconstruir una vida.

Uno de ellos, un joven sirio que lleva en la Ciudad aproximadamente seis meses -y que pidió que su nombre no se revelara- contó que para él, “todos en México son amigos” y que se siente muy agradecido con la oportunidad de continuar con sus estudios en territorio nacional.

“A quienes ayudamos nosotros es, realmente, a estudiantes. La mayoría son refugiados, y todos han sido afectados por la guerra, pero eso no quiere decir que todos tengan el estatus o que debamos considerarlos como tal”, cuenta Agustín H. Berea, quien es el responsable de seleccionar a los estudiantes que llegan a México, a través de Proyecto Habesha.

Agustín explica por qué el objetivo de esta iniciativa es una apuesta por la educación superior: “En 2013 salieron muchos reportes de la “generación perdida” en Siria, que básicamente lo que revelaron es que se destruyó la infraestructura humana y física de la educación en ese país. Tenían un nivel de alfabetismo y estudios superiores muy bueno, comparado con sus vecinos. Pero comienza la guerra y se cierran las universidades; las escuelas se vuelven barracas u hospitales y los maestros simplemente van abandonando el país. Y pensando en eso, dices: “Bueno, se acaba la guerra mañana. ¿Quién va a llevar ese país?”, cuenta Agustín H. Berea con Animal Político, responsable de la selección de estudiantes en Proyecto Habesha .

La esencia de la iniciativa es empoderar a los estudiantes, explica Luis Samano, vocero de la organización. “Pensamos que era mejor enfocarnos en un proyecto cualitativo más que un proyecto cuantitativo. No solamente se trata de ayudar a que salgan estas personas de esta condición, sino más bien de darles herramientas, de ayudarlos a que se empoderen, de tal forma que, cuando regresen a su país, tengan las capacidades para poder reconstruirlo”, señala.

Al pasar por la puerta de Llegadas Internacionales, Hazem y Tamer llegan México pero antes han pasado por un proceso de selección que se enfoca en conseguir buenos perfiles de estudiantes. “Buscamos gente que tenga un proyecto de vida bien definido sobre qué quiere estudiar y qué quiere hacer con esos estudios. También es importante que quieran regresar a su país. Nosotros no tomamos candidatos espontáneos. Tiene que haber una recomendación de alguna institución educativa o una ONG”, explica Agustín.

Una vez que existe esa recomendación, el candidato escribe una carta de intención, donde explica por qué quiere venir a México. Por último, se hace una entrevista en donde a cada candidato se le pregunta cuál es la historia general de vida, de dónde son originarios, por qué tuvieron que salir de su lugar de origen, cuál es su estatus legal actualmente, su historial académico, y sobre todo, su historial familiar.

“Una de las cosas que buscamos es no vulnerar la estructura familiar. En el caso de muchachos cuyos padres fallecieron o se encargan de mantener a la familia, pues eso es un motivo para que nosotros rechacemos su candidatura, porque pondríamos en más riesgo al resto de la familia porque les quitaríamos el sustento”, señala Agustín.

Después de un cálido recibimiento en la Ciudad de México, Hazem y Tamer viajarán a Aguascalientes, donde está la sede de Proyecto Habesha, para empezar un proceso de inducción que aproximadamente dura seis meses, y que incluye clases de español, así como el hecho de acostumbrarse a un país que les es ajeno.

La razón por la cual la organización escogió a Aguascalientes como la sede de sus operaciones es porque es una ciudad pequeña y manejable pero con oportunidades, en donde sus estudiantes se pueden sentir bien recibidos, no se van a perder y hay pocos niveles de violencia e inseguridad.

“En un año, ellos ya deben de estar hablando español suficiente, como para poder estudiar en una universidad mexicana. Después de eso, estudiarían el grado por el cual aplicaron”, explica Agustín.

En Aguascalientes, los estudiantes vivirán en cuartos rentados por la organización, que se costean a través de las modalidades de recaudación disponibles en su página web (http://www.proyectohabesha.org/). Hasta ahora, han apoyado individuos de la comunidad siria, pero sobre todo gente a la que simplemente les gusta el proyecto. “Hay amas de casa que nos han depositado cantidades importantes porque simplemente creen en el proyecto”, reconoce el encargado del proceso de selección de estudiantes.

La llegada de Hazem y Tamer a México ocurre en un contexto en el que la figura del migrante está en crisis y se le adjudica la responsabilidad directa de los males que padece alguna sociedad. Dos días antes de su arribo a territorio nacional, en Estados Unidos se registró la masacre más catastrófica en su historia, lo que ha reavivado una narrativa que desprecia a todo aquel individuo que parece ajeno a occidente.

“Creo que el problema del migrante siempre es el desconocimiento. En el caso del Medio Oriente, lo que nos resulta extraño siempre ocasiona miedo, ¿no? Pero muchas veces cuando haces el trabajo de sensibilización, puedes demostrar que somos culturas muy cercanas. De hecho, nuestros estudiantes siempre dicen eso: que se la pasan bien. Que México es una cultura bastante tradicional y bastante familiar para ellos”, concluye.

Fuente: Animal Politico

Acerca del autor

ExpokNews