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Espionaje industrial, ¿realidad o ficción?

El espionaje con fines de robo de información y fraude a las empresas está a la orden del día en México. Según Grupo Multisistemas de Seguridad Industrial, la incidencia de esa práctica ilícita se duplicó durante los últimos años y actualmente una de cada 10 empresas sufren ataques que les causan pérdidas millonarias.

De acuerdo con la firma, las empresas más susceptibles al espionaje son las relacionadas con la industria, finanzas, alimentos, publicidad y despachos de abogados. Según GMSI, en el 80 por ciento de los casos están involucrados los empleados de las compañías y el 97% de los ilícitos queda impune.

La magnitud del problema podría ser mayor, si se considera que según la Encuesta Fraude y Corrupción en México, elaborada por KPMG, 5 de cada 10 empresas han sufrido por lo menos un fraude cometido por sus propios empleados.

Con base en los resultados, la firma estimó que, en 2008, el sector privado perdió 900 millones de dólares por fraudes internos que, en el mejor de los casos, se descubrieron seis meses después de que fueron cometidos.

Del robo de información al robo de ejecutivos

El director de la Escuela de Mercadotecnia de la Universidad Panamericana, Mario Luis Cortés, explicó que el espionaje industrial es tan viejo como la Segunda Guerra Mundial.

En entrevista con Excélsior, explicó que fue justo después del holocausto cuando como consecuencia del desarrollo industrial, se desató el interés de las empresas por saber lo que hacían sus competidoras.

‘Las empresas pagaban a especialistas para que a través de mecanismos no éticos ni legales adquirieran esas nuevas tecnologías y poderlas ellas utilizar en su beneficio para desarrollar productos, bienes o servicios en diferentes mercados”.

Según Cortés, el espionaje industrial fue muy parecido al que nos pintan en las películas, el cual consistía en infiltrar personal en las organizaciones, así como en sobornar personas clave en las empresas y capturar información en cámaras fotográficas.

Sin embargo, explicó que, a partir de los 90, con la llegada de la globalización y la cada vez mayor disponibilidad de tecnologías comenzó a registrarse una disminución radical de esas prácticas, las cuales fueron sustituidas por otras.

El experto asegura que, a diferencia de hace unos años, ahora, el espionaje, entendido como la forma de obtener información reservada o confidencial de las empresas, consiste en atraer y contratar talentos de los competidores.

“Ahora, vamos a decir, el espionaje industrial pues está siendo más bien por el pirataje de talentos. Vimos el escándalo entre Hewlett Packard y Oracle, al llevarse a uno de sus directivos de una empresa a otra y por ende se llevan el conocimiento y la experiencia, todo lo que ese ejecutivo haya manejado a nivel estratégico”.

“A principios de la década del 2000 tuvimos también un caso muy sonado entre Volks Wagen y Chrysler. El director de operaciones de VW se fue y se llevó el Know How de cómo hacer la operación a nivel internacional de VW”.

Mario Luis Cortés sostuvo que el espionaje no es necesariamente una actividad subrepticia o algo manejado con mucha discreción, pues puede realizarse mediante la contratación de altos ejecutivos que poseen información estratégica y confidencial de las empresas.

“Ni modo que les corten la cabeza o les borren conocimiento cuando salen de una empresa y se van a otra”, dijo Mario Luis Cortés, para quien, en estos casos, “el problema es la parte ética de los profesionales”.

Sin embargo, aclaró que el traspaso de información no se da sólo a través de ejecutivos, sino también de mandos medios y de personal operativo, en cuyo caso, la filtración puede ser por sentimientos de insatisfacción, frustración e incluso enojo y venganza en contra de la compañía para la cual trabaja.

¿Espionaje o fuga de información?

Antonio Rendón, director de Intelbureau, firma especializada en obtener y analizar información crítica para la toma de decisiones, define espionaje industrial y/o corporativo como el acto mediante el que una empresa, de manera directa o a través de terceros, obtiene información confidencial de sus competidores.

En entrevista con Excélsior, explica que este tipo de espionaje no es como nos lo presentan en las películas, es decir, no son agentes secretos ataviados con trajes especiales, capuchas y arneses quienes se introducen de manera clandestina a las organizaciones para sustraer la información.

Asegura que el espionaje ocurre más bien por fugas de información espontánea o provocada. En el primer caso por ignorancia y descuido de quien la comparte en pláticas incidentales; y en el segundo por indiscreción de un empleado insatisfecho y/o enojado con la compañía.

“Hasta ahora, nosotros hemos visto muy pocos, por no decir ningún caso, en donde existan penetraciones a las empresas por medio de hackers, en los sistemas o que de plano se metan y roben la información, como sucede en las películas, que se cuelguen de los cables y entren, lleguen a las cajas fuertes, roben o asalten a alguien con la intención de extraer la información”.

Sostiene categóricamente que las cosas no son así, como en las películas, sino que la información está mal resguardada, a disposición de cualquiera y en riesgo de ser capturada y mal utilizada por las personas, en su mayoría empleados de la propia organización.

“Mucha información anda suelta y es por el lado humano donde nosotros encontramos que las empresas son más vulnerables y generalmente tiene que ver con falta de capacitación (y) motivación (de los empleados), que no se conducen conforme a los estándares éticos y morales”.

“En buena medida, parte de lo que pudiera pensarse que es producto de un espionaje, muchas veces es ocasionado por el propio titular de la información confidencial, porque ella es quien generalmente no está tomando las medidas adecuadas para protegerla”.

Antonio Rendón explica que la mayoría de las personas que tienen bajo su responsabilidad la custodia de la información no se dan cuenta de su vulnerabilidad hasta que son víctimas del robo, lo cual puede evitarse con capacitación sobre manejo y resguardo adecuado de dicha información.

Y para reducir el riesgo de reclutar colaboradores deshonestos, recomienda someterla a controles de confianza que incluyen pruebas psicométricas, exámenes poligráficos, evaluaciones de la personalidad y análisis para detección de drogas, entre muchas otras.

Del espionaje a la Inteligencia competitiva

El director de Intelbureau, dio a conocer que también existe la inteligencia competitiva, a la que define como un proceso a través del cual una empresa recopila información de uno o varios de sus competidores.

“Es un monitoreo sistemático de la información pública de la empresa competidora, así como de sus clientes y proveedores o de autoridades vinculadas con el tema de que se trate”.

Explicó que a diferencia del espionaje, al que se considera una práctica ilícita, la inteligencia competitiva permite alimentar de manera lícita y ética un sistema de información con el que se puede predecir qué está haciendo la competencia”.

“Lo que te permite es conocer a tu competencia y adelantarte a sus decisiones con el fin de ser más competitivo y esa es una estrategia de negocios legítima”, concluyó Rendón.

Fuente: Excelsior.com.mx
Publicada: 09 de Enero 2011

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