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Es hora de la co-responsabilidad

Las alianzas público-privadas se afianzan como el modelo a seguir para generar progreso sostenible, en un mundo crecientemente transnacional.

Desde los años 90 se está demostrando claramente la evolución del modelo de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Si anteriormente la responsabilidad de las empresas se ha limitado en su mayoría a acciones filantrópicas, hoy la RSE abarca todos los aspectos de la vida empresarial.

Desde temas internos de la compañía (sus relaciones con accionistas, colaboradores, proveedores y clientes) hasta el rol que les cabe en relación a sus comunidades, mercados y medio ambiente.

En ese contexto se inscribe también la nueva co-responsabilidad que, por necesidad y por su propio interés, las empresas asumen respecto de la educación y la salud de las sociedades en las cuales están insertas.

No es que las empresas quieran sustituir a los gobiernos en esa tarea. No tienen que hacer eso y no puede ser así por su interés económico. Pero, es evidente que en el mundo de la globalización, las responsabilidades de los miembros de la sociedad por lo tanto de las empresas crecen.

Esta nueva realidad es consecuencia también del hecho que por la internacionalización de los mercados se disminuyen, paso por paso, responsabilidades nacionales y crecen responsabilidades que sobrepasan fronteras anteriormente definidas.

Si es verdad que de las 100 economías más grandes del mundo, unas 50 son empresas transnacionales (y ya no países), vemos que nos encontramos en una nueva etapa del desarrollo de la Responsabilidad Social Empresarial. La RSE ya tiene una dimensión internacional.

Este nuevo estado de cosas obliga a las empresas pensar en nuevas dimensiones de su trabajo. La formación de alianzas a nivel nacional e internacional es importante y característica en este proceso.

Hablamos de diferentes tipos de alianzas: empresariales (entre empresas mismas para su mutuo crecimiento) y público-privadas (entre los sector es público y privado, compartiendo responsabilidades para el desarrollo).

Y si uno pregunta, “¿por qué las empresas deben pensar en alianzas y en un nuevo rol dentro de la sociedad?”, la respuesta es clara: “porque riqueza implica más una obligación para compartir con otros que un privilegio a disfrutar solo y sin límites”.

Para poder generar un progreso sostenible tenemos que buscar más la mayoría de las cosas que nos unen, en vez de lo poco que nos separa y causa la diferencia.

El progreso sostenible requiere alianzas, y las alianzas sostenibles demandan claridad entre las dos partes para que se puedan definir intereses comunes. De este modo es como se van a alcanzar soluciones comunes. El punto de partida es la creación de confianza entre las partes sin confianza no van a haber alianzas de ninguna forma.

Casos de buenas prácticas
En Nicaragua existe el proyecto de trabajo conjunto entre la Unión Nicaragüense para la Responsabilidad Social Empresarial (UniRSE) y el ministerio de Industria, Fomento y Comercio para capacitar a las estructuras del ministerio a nivel nacional y a las Mipymes sobre el tema de RSE.

Otro caso interesante es el esfuerzo que están haciendo diferentes organizaciones de la sociedad civil con el apoyo de la Embajada de Los Países Bajos para fortalecer en el país las estrategias de RSE.

En este proyecto participan el Consejo Superior de la Empresa Privada (COSEP), el Consejo Nicaragüense para la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (CONIMIPYME), el Centro de la Producción más Limpia (CPML), la Agenda Económica de la Mujer (AGEM), la Cámara Nicaragüense de Turismo (CANTUR ), la Cooperativa de Mujeres Empresarias en el Norte de Nicaragua (COSEMUDE) y la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (APEN).

Un tercer ejemplo es el proyecto del Centro Empresarial Pellas (CEP) de Nicaragua, que se dedica a fortalecer –bajo el lema “Empresarios ayuden a empresarios” –a unas 500 micro, pequeñas y medianas empresas en el sector turístico del país.

Hay que tomar en cuenta que en el 2008, el ingreso producido por empresas turísticas nicaragüenses ha alcanzado los US$200 millones, y al mismo tiempo se sabe que eso es casi lo mismo que se ha logrado en la venta del café de ese mismo año. Sabiendo que el sector del turismo de Nicaragua es realmente subdesarrollado, se puede entender qué resultados podrían ser alcanzables con un sector turístico mejor capacitado.

Eso solo son unos ejemplos de la importancia de la formación y del desarrollo de alianzas público-privadas en Nicaragua.

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ExpokNews

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