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El Peso de la Prueba

Sin querer de manera alguna competir con las incontables ya pero bien documentadas correrías de ARSEnico, tengo que comenzar por relatar que en esta ocasión esta columna si comenzó con la plática que prosigue a una deliciosa cena con una hermosa mujer, en este caso una amiga a quien he apreciado desde hace varios lustros y a quién además de reconocerle su belleza física siempre he admirado su intelecto, su personalidad y en especial su capacidad de supervivencia para lograr el éxito personal y profesional que ha logrado.

Después de tanto tiempo y a pesar de no frecuentarnos tan seguido como quisiéramos, los secretos son pocos, por eso cuando se aparece un secreto es algo que no pasa desapercibido y que recibe la atención meritoria, pues más que una confidencia es una catarsis en un páramo de seguridad de esos que construimos con muy pocos personas durante el leve paso que tenemos en la vida.

Ella tiene un puesto gerencial en una organización mexicana con presencia internacional, y en casi todo México, y en el área donde trabaja la organización ostenta entre otros premios y menciones, el distintivo ESR por varios años.

Lo que me sorprendió fue que me dijo que su jefe la había acosado por varios años, en realidad era acoso sexual del tipo más ruin, que incluía citas en la oficina para nada, y citas en lugares fuera de la oficina con clientes que “no llegaban”, mensajes al celular que si bien no eran obscenos, como el que me enseño esa noche, si eran de un “romanticismo” no solicitado, meloso y molesto.

Mi respuesta fue por decirlo de la manera más amable cándida, cuando le pregunte “¿Por qué no lo denuncias?” tienen un sistema de denuncia para ello en tu organización ¿o no? El cuestionario de CEMEFI y otras normas pasaban por mi mente a velocidad neuronal y hacían alto en los requisitos de acoso sexual.

Y su respuesta me hizo repasarlos nuevamente me contesto algo que más de una vez se ha vuelto un cliché “Si denunció todo el mundo se va a enterar y aún y cuando tengo pruebas y probablemente le arruine la vida profesional y de familia a este tipo, eso no es lo que me interesa y si arruinaría mi vida profesional, porque en ese momento si bien no me van a correr si se me van a negar cualquier próximo asenso donde tenga que trabajar para un hombre y casi todos los puestos que siguen son de hombres.

Tú sabes que las mujeres solteras que hemos tenido un éxito profesional ya de por si nos estigmatizan como que nunca lo logramos por nuestros propios méritos, una situación así y el estigma no me lo voy a quitar nunca.

De hecho lo platique con un amigo que tiene un puesto directivo y me dijo que realmente tenía razón, no era la mejor opción.”

La verdad no tenía muchos argumentos para contradecirle, me sobran ejemplos lejanos y no tan lejanos para evidenciar lo que me estaba diciendo.

Tampoco quería pasarle una cátedra sobre la anamnesis general y el perfil clínico de los tipos que actúan así, no tenía para que espantarla, no era un chiquilla que no supiera qué hacer era una ejecutiva exitosa y consciente de la decisión que tomaba.

Lo que siguió de la conversación y el tema fue una plática entre amigos.

Sin embargo la idea me molesto en algo más que lo personal, ya estoy viejo para solucionar los problemas estilo norteño: yendo a intercambiar puñetazos por narices.

Así es que no era ese tipo de molestia.

Fue un poco después cuando preparaba una conferencia sobre responsabilidad social corporativa que tuve mi propio insight y me di cuenta que con buena intención pero yo y muchos otros conmigo, hombres y mujeres con buena intención y muchas veces pronunciando invectivas excelsas habíamos colaborado a generar un receptáculo críptico en donde de manera resoluta el hostigamiento sexual reptaba en la impunidad.

Revise un buen número de normas sobre responsabilidad social, mentiría si dijera que todas las que tenía a mi alcance pero si un buen número y en la mayoría aparecían los mismos preceptos sobre hostigamiento sexual: a) contar con mecanismos que lo prevengan y eviten (procedimientos, reglamentos, políticas, etc.) y b) contar con un sistema de denuncia para actos de hostigamiento sexual.

Suena bien, es decir hasta en este momento que lo escribo y que recuerdo palabras que salieron de mi boca o de mi teclado para escribir sobre estos dos parámetros se escuchan bien.

Sin embargo no todo lo que brilla es oro, ni todo lo que se escucha bien, está bien.

En este caso está mal y está muy mal y no solo no funciona, sino que va en dirección contraria de todo aquello que queremos lograr quienes apoyamos este tipo de normalización.

El error estriba en el principio del “peso de la prueba”.

El peso de la prueba está en quien levanta una afirmación, por medio de estos mecanismos hemos puesto el peso de la prueba en la victima (hombre o mujer, heterosexual, homosexual o bisexual) es la victima quien tiene que levantarse y afirmar que es víctima y al hacerlo de manera automática tiene que afirma que existe un victimario y afirmar que tal victimario se comporta como tal, momento al cual las fichas de dómino llegan al pináculo y exigen la prueba de dicha afirmación.

Esto amén de complicado pone a la víctima en un predicamento ya que aún logrando probar la existencia del victimario como tal y sus acciones, estas quedan sujetas en el mejor de los casos a juicios subjetivos tales como “¿fue o no para tanto?”, “¿fue clara en que le disgustaba o no?”, “¿puede ser solo una confusión?”, “¿y si es una venganza laboral?”, y la lista se torna prácticamente infinita.

Lo que voy a escribir en este párrafo no solo es osado, puede ser calificado hasta de iluso, o inclusive reaccionario. Sin embargo, y aceptando mi parte de culpa en donde he influenciado, debemos de reformar las normas y demás instrumentos de responsabilidad social para que amén de lo que contienen en cuanto a acoso sexual, incluyan un lineamiento específico de auditar a su personal para determinar si no ha realizado prácticas de acoso sexual y esta auditoría debe ser realizada de una manera en que no exista una “víctima denunciante” sino un conjunto de evidencias que permitan demostrar de manera objetiva si ha existido un comportamiento de hostigamiento sexual y si lo ha existido aplicar el reglamento de la organización a quien se le haya demostrado el haberlo hecho. Solo cuando esto suceda una organización puede considerarse que ha logrado un ambiente libre de hostigamiento sexual y una actitud socialmente responsable para con sus propios empleados.


Búho Negro

En cuanto a RS, el Búho Negro fue miembro fundador del grupo de Responsabilidad Social del Comité Técnico 207 (responsable de las normas ISO) en 1999; Presidente fundador del comité nacional para la normalización en responsabilidad social; representante del continente americano ante el grupo especial de asesoría ISO sobre responsabilidad social; Presidente del comité espejo ISO 26000; líder de delegación a las reuniones de ISO 26000 en Sidney y Viena; Presidente del grupo internacional de organizaciones de gobierno que participan en escribir ISO 26000 y actualmente coordinador de la maestría en Responsabilidad Social Corporativa de la Universidad Regiomontana en Monterrey.

Acerca del autor

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