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El lado más ‘verde’ de la cerveza, el agua y el whisky

La industria española de alimentación y bebidas sólo es responsable del 0,9% de las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE. Sin embargo es consciente de que la producción y consumo de sus productos conlleva implicaciones ambientales, por lo que lleva tiempo trabajando en recortar el impacto de sus operaciones.

Materias primas procedentes de la agricultura y ganadería, consumo eléctrico, transporte de mercancías y envases y embalajes son los principales factores que influyen en la emisión de gases de efecto invernadero de la industria, según un estudio realizado por la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (Fiab) y la firma PwC.

El informe destaca la necesidad de existencia de factores externos que se escapan a su control (mayor superficie agrícola, más producción de energía renovable o el elevado uso del transporte por carretera de las mercancías, entre otros), que hacen que la mejora de su competitividad respecto a Europa a sea limitada. Pero también la necesidad de que el sector siga promoviendo la reducción de la huella de carbono.
De la materia prima al consumidor

Las empresas de alimentación y bebidas han adoptado medidas, que se han extendido a lo largo de toda la cadena de producción, desde la compra y suministro de los materiales de fabricación hasta la llegada del producto a las tiendas y al consumidor, que deberá depositarlo en un contenedor para su posterior reutilización.

Una labor que ha tenido, por ejemplo, reflejo en aspectos como la menor generación de residuos de envases (que ha crecido a un ritmo inferior al del PIB) o la reducción de su peso (la relación entre el peso del envase y el producto puesto en el mercado se ha recortado un 15% desde 2008, según datos de Ecoembes).
Pero la industria sigue poniéndose objetivos y buscando soluciones innovadoras que les permitan ser más competitivas, caso de Diageo, Mahou-San Miguel o Lanjarón.

Diageo (propietario de bebidas espirituosas como J&B, Johnnie Walker, Cacique y José Cuervo) ha publicado su propia guía de packaging sostenible, que recoge la política que se aplicará en todos los países en los que está presente con el fin de garantizar que sus embalajes sean sostenibles medioambientalmente.

Reducir, Reutilizar y Reciclar

La compañía quiere alcanzar ‘cero residuos’ en todas sus actividades y el envasado en una parte fundamental para cumplir ese objetivo. El documento incluye el compromiso la identificación de envasado de peso ligero, aumentar la utilización de material reciclado y optimizar el embalaje para su correcto reciclado o reutilización.
La guía ofrece ejemplos en este sentido, como su nueva botella de Smirnoff Ice en Brasil. La introducción de este diseño, de menor peso y mayor resistencia a los impactos, ha eliminado 2.500 toneladas de cristal, equivalente a 1.500 toneladas menos de CO2.

El grupo cervecero Mahou-San Miguel ha desarrollado, junto a DW Plastics, un palet de plástico reciclado en el que suministrará sus productos (cajas y barriles) a la hostelería.

Su uso supondrá la generación de un 84% menos de CO2 y la reducción del 88% del residuo generado por desgaste de estos soportes debido a golpes y roturas, así como un menor uso de masa forestal. Además, estos nuevos palets formarán parte del circuito de envase reutilizable, siendo marcados y controlados en todo momento.

Su índice de retorno será superior al 90% y el porcentaje restante se reciclará para fabricar nuevas unidades. El grupo procederá al reutilizado y reciclado de los actuales palets de madera. También se traducirá en una mayor seguridad en el transporte y manipulación al ser más ligeros, fácilmente apilables e higiénicos, además de contar con una mayor vida útil.

Caña de azúcar

La innovación de Lanjarón se ha traducido en la primera garrafa con un 20% de plástico de origen vegetal, obtenido de los residuos o deshechos procedentes de la caña de azúcar.

Además de reducir un 21% la huella de carbono y el peso del envase, este plástico de origen vegetal es un material químicamente inerte, resistente e inalterable que preserva el producto en todas sus etapas de transporte, almacenaje y hasta su consumo, manteniendo la cadena de seguridad e higienes, así como las propiedades nutricionales del agua mineral.

Esta nueva garra, que también amplía su tamaño a 6,25 litros (frente a los 6 litros tradicionales), se fabrica en la planta de Lanjarón en Granada y supone el primer paso de la empresa hacia el uso de materias primas renovables en sus envases.

Fuente: Expansion.com
Por: A. Medina.
Publicada: 17 de enero de 2012.

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