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Empresas y derechos humanos en cadena de valor; la nueva guía

Empresas y derechos humanos en cadena de valor; la nueva guía
Escrito por ExpokNews

El respeto de los derechos humanos por parte de las empresas se describe como una cuestión estratégica, no solo operativa.

La publicación de la guía para los “próximos 10 años” con motivo del décimo aniversario de los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre las Empresas y los Derechos Humanos (UNGP), se convirtió en una ocasión aún más solemne en el Foro de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos, ya que la ocasión también marcó el reciente fallecimiento de su autor y defensor, el profesor John Ruggie.

Ruggie habría sido el primero en celebrar los logros de los últimos 10 años, en tener un brillo en los ojos sobre las ideas que van a seguir adelante y en expresar su conocido sentido del humor sobre los complejos desafíos para poder hacerlo.

De acuerdo con Sustainable Brands, por encima de todo, habría utilizado su increíble intelecto para analizar lo que funcionará en el nuevo programa y la fuerza de su compromiso para defenderlo.

Así que, para las empresas, ¿cuál es la chispa de la nueva guía y las nuevas ideas que pueden hacerla realidad?

Derechos humanos en cadena de valor

La “transición justa” a los retos del cambio climático y las aspiraciones de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, están en primera línea de las propuestas, y se insta a las empresas a intensificar los esfuerzos para prevenir y abordar los impactos adversos en todas sus actividades empresariales y cadenas de valor.

Las deficiencias en el respeto de los derechos humanos no se reconocen simplemente por las violaciones de las empresas, sino que se consideran retos y desafíos que requieren un cambio a nivel de sistema. Se invita a las empresas a potenciar la acción colectiva con otras empresas, gobiernos así como con los stakeholders, para ser eficaces.

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La guía mantiene la “combinación inteligente” entre acciones normativas y voluntarias establecidas en los Principios Rectores, pero afirma que el impulso hacia la diligencia debida obligatoria en materia de derechos humanos es una “ola” que debe aprovecharse.

Se pide que se superen los obstáculos de la aplicación —como las barreras legislativas locales a los derechos de las personas LGBTQ+, y la lucha contra la corrupción así como el respeto de los derechos humanos en zonas de conflicto— mediante la identificación de factores prácticos en los países y localidades con los que las empresas deben lidiar.

La guía pide a las empresas que reconozcan que se producen impactos adversos y que pongan de relieve cómo se están abordando los daños a los derechos humanos de forma cuantificable en sectores y zonas geográficas más amplias. Las plataformas regionales —una “carrera hacia arriba”— se recomiendan como la clave para impulsar la adopción de los UNGP, que no puede lograrse únicamente a través del enfoque global.

Cuestión estratégica, no solo operativa

El pleno respeto de los derechos humanos por parte de las empresas se describe como una cuestión estratégica —no sólo operativa— que requiere un cambio de la cultura empresarial y de los modelos de negocio. La nueva guía recomienda que la integración de la diligencia debida en materia de derechos humanos en la gobernanza de las empresas se convierta en un sello distintivo de la próxima década.

La coherencia por parte de los gobiernos y de las instituciones multilaterales para garantizar el respeto de los derechos humanos por parte de las empresas utilizando todos los resortes de las políticas públicas fue un llamamiento muy repetido desde los primeros días de los Principios Rectores.

La nueva guía vuelve a adoptarlo e identifica el papel “único” de las propias Naciones Unidas para lograrlo. Sin embargo, afirma que las empresas también deben ser “desafiadas” a garantizar su propia coherencia.

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Se pide a las empresas que redoblen sus esfuerzos para poner fin a las prácticas “incoherentes” con sus declaraciones públicas sobre empresas y derechos humanos. El cabildeo político se identifica como un área específica de acción.

La hoja de ruta también considera que el “acceso a la reparación” es una tarea inacabada, ya que se describe como un componente básico de los Principios Rectores que aún no se ha realizado. Sin embargo, la guía hace hincapié en las personas, no sólo como víctimas, sino como titulares de derechos.

En los próximos 10 años, el apoyo de las empresas al concepto de “capitalismo de las partes interesadas” debería ir acompañado de avances en la forma en que las empresas pueden ser “significativas” en su compromiso con las partes interesadas.

Se pide a las empresas que intensifiquen sus esfuerzos para preservar el espacio cívico y ofrecer una mayor protección a los sindicatos, a las organizaciones de derechos humanos y a los defensores individuales, cuyas vidas se arriesgan a diario al tratar de defender los principios, donde corren más peligro.

El crecimiento de las finanzas sostenibles en los próximos diez años se considera una gran oportunidad, y la nueva guía destaca la responsabilidad de los inversores en la gestión de los riesgos de los derechos humanos en sus actividades de inversión y muestra cómo actúan para gestionar esos riesgos.

Otros actores a los que se señala la necesidad de intensificar las acciones relacionadas con las empresas y los derechos humanos son los denominados “formadores”, profesionales entre los que se encuentran contables, consultores de gestión, abogados, escuelas de negocios y de derecho, todos los cuales dan forma a las decisiones empresariales y tienen sus propias responsabilidades en cuanto al respeto de los derechos humanos.

En busca de orientación, no prescripción

El miembro saliente del Grupo de Trabajo de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos, Dante Pesce —que encabezó la iniciativa de la guía— dijo a los delegados que se trata de un marco en el que todos los participantes pueden desempeñar su papel, proporcionando “orientación estratégica, no prescripción”.

Pesce se hizo eco del llamamiento que se hace anualmente en este Foro para la aplicación de los UNGP, al decir que los próximos 10 años serán de “aplicación de la eficacia”.

Anita Ramasastry, miembro del Grupo de Trabajo de la ONU, predijo que en la próxima década se actuará sobre temas que, según ella, aún no se han abordado suficientemente, como la crisis climática, la acción política de las empresas, la economía informal, el acceso a los recursos y el reconocimiento de los titulares de derechos. Y aprovechó el foro para decir:

Tenemos que empezar a hablar con los titulares de derechos al principio del proceso, no después de haber diseñado sistemas y marcos. Es hora de alinear la ‘S’ de ESG para centrarse mucho más en los derechos humanos.

Anita Ramasastry, miembro del Grupo de Trabajo de la ONU.

Las empresas que asistan al Foro acogerán este reto, pero se unirán a los líderes de la ONU para preguntar: ¿Qué es efectivo?

Un buen primer paso será revisar los enfoques actuales de su empresa en materia de derechos humanos en relación con las ocho áreas de acción identificadas en la guía. ¿Pueden las acciones de la empresa ser más localizadas, más significativas, más colaborativas, más cuantificables y más coherentes?

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¿Movilizarán las empresas a sus socios comerciales y cadenas de valor para extender la atención a los derechos humanos a nuevas geografías y localidades, algo que los líderes mundiales dicen que es necesario ahora?

La presidenta del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Nazhat Shameem Khan, aprovechó la inauguración oficial del Foro de hoy para pedir a las empresas que aumenten el ritmo y la escala de aplicación de los UNGP, afirmando que “es especialmente importante en la situación posterior a la crisis del VIH y en los rápidos mercados digitales impulsados por la pandemia”.

Hace una década, pocos habrían predicho una pandemia mundial. Dentro de 10 años, se habrá cumplido el plazo para reducir a la mitad las emisiones de carbono en el mundo. Esta es la “próxima década” para la que está escrita la guía de Empresas y Derechos Humanos.

“2030 es el momento de la realidad”, dijo a los delegados Githa Roelans, responsable de la Unidad de Empresas Multinacionales de la Organización Internacional del Trabajo.

Es este sentido de urgencia, de emergencia, el que puede ser en última instancia el motor que lleve a la guía a tener éxito más allá de lo que se ha logrado desde 2011. Como dijo en el Foro Allan Jorgensen, director del Centro de Conducta Empresarial Responsable de la OCDE:

No se trata de si el vaso está medio vacío o medio lleno, sino de que en los últimos 10 años el vaso se ha hecho más grande.

Allan Jorgensen, director del Centro de Conducta Empresarial Responsable de la OCDE.

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