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Columna Visiones de esperanza: Coretta Scout King

Coretta Scout King

CONFOME COMENZAMOS EL SIGLO XX, PIENSO QUE es importante que la gente de cualquier raza, religión y nacionalidad, se vincule para desarrollar una visión compartida de un mundo unido por la justicia, la paz y la armonía.

Debemos atrevernos a soñar con un mundo donde ningún niño viva con temor de la guerra o sufra los estragos del militarismo. En lugar de gastar más de 2,000 millones de dólares al día en la carrera armamentista, como bien saben los gobiernos, debemos invertir mejor en el desarrollo humano y económico para que nadie tenga que vivir pobreza.

Atrevámonos a soñar con una Comunidad de Amor donde la inanición, el hambre y la malnutrición no se tolerarán debido a que la comunidad civilizada de naciones no lo permitirá. En lugar de haber 500 millones de personas que se van a la cama con hambre todas las noches, como es el caso de hoy en día, en la Comunidad de Amor cada ser humano estará bien nutrido.

Debemos atrevernos a soñar con un mundo renaciente de libertad, justicia y paz, un mundo que nutra a todos sus preciados niños y que los proteja on compasión y cuidado.

En la Comunidad de Amor, cada niño asistirá a una buena escuela, la cuál contará con todos los recursos necesarios para enseñarle a amar el aprendizaje. Los jóvenes tendrán acceso a tanta educación como sus mentes sean capaces de absorber y a un amplio tango de oportunidades culturales para enriquecer sus espíritus.

En la Comunidad de Amor, los conflictos entre las naciones se resolverán de modo pacífico. Se remplazará a los dictadores, pero no será mediante guerras civiles o terrorismo, sino a través de movimientos organizados no-violentos que asegurarán la libertad y los derechos humanos, banderas bajo las cuales se honrará la dignidad.

En lugar de violencia religiosa y racial y de guerras entre las naciones, habrá solidaridad interreligiosa, interrracial e internacional basada en la tolerancia y el respeto hacia otras culturas.

Debemos encontrar la manera de impulsar el enorme poder curativo de la fe para promover un nivel más alto de entendimiento y cooperación entre las culturas, que puede ayudar a deshacerse de la guerra y la violencia. Incluso oramos en muchas lenguas y llamamos a nuestro Creador en común con un sinnúmero de nombres diferentes. Que la gente de todas las religiones haga ahora espacio en su corazón para una hermandad a favor de la humanidad, conformada por personas de diversas religiones.

Todos los grandes problemas del mundo, las luchas por la autodeterminación y los derechos humanos, el alto a la guerra y a la carrera armamentista, el control de la explotación de corporaciones multinacionales y confrontación de la crisis global del ambiente, se deben dirigir mediante movimientos no-violentos. Por ello, veinticinco lauredos con el Premio Nobel de la Paz se unieron para declarar que la primera década del nuevo siglo será la década de la paz y la no-violencia, y que el primer año del siglo XXI se dedicará a la educación y a la capacitación por la no-violencia.

Como mencionó mi esposo, Martín Luther King J.r., en un discurso que pronunció en un discurso que pronunció en 1967: “Sugiero que la filosofía y las estrategias de no-violencia se conviertan inmediatamente en sujeto de estudio y se apliquen en todas las áreas de conflicto humano, sin excluir ningún motivo las relaciones entre las naciones”. Mohandas K. Ghandhi también lo expreso, e incluso inspiro a Martin, y cito: “debemos educar por la no-violencia con toda la fe de sus posibilidades infinitas”.

Tanto Gandhi como mi esposo entendieron que la gran ventaja de la no-violencia es que su éxito no depende de la integridad de los líderes políticos. Depende, en cambio, del valor y del compromiso de la gente de buena voluntad.

A fin de satisfacer los retos planteados por los laureados con el Premio Nobel, debemos unirnos para crear un movimiento de no-violencia y lograr una paz con justicia que cubra a todo el mundo. Debemos hacer sonar las campanas con coraje y determinación para acabar con el temor, a la apatía y la indiferencia hacia el sufrimiento humano, y proclamar, mediante la no-violencia, un nuevo siglo de esperanza, de protesta y resistencia hacia la injusticia y la represión en todo el mundo.

En el comienzo del siglo XXI tenemos una oportunidad histórica para lograr una renovación mundial.

Si aceptamos el reto del activismo de no-violencia con fe, valor y determinación, podemos llevar esta gran visión de un mundo unido mediante la paz y la armonía, de un ideal lejano, a una realidad resplandeciente.

Obtenido del Libro: Arquitectos de la Paz
Publicado por: Michael Collopy, durante este año

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