La crisis de las instituciones multilaterales llegó este viernes al centro del discurso del papa León XIV durante su visita a Francia. Desde la sede de la UNESCO en París, el pontífice cuestionó la eficacia de organismos internacionales como Naciones Unidas y advirtió que el diálogo entre países puede perder su sentido cuando deja de utilizarse como una herramienta para construir acuerdos y alcanzar el bien común.
La advertencia del Papa León ocurre además en un momento especialmente sensible para el multilateralismo: mientras pronunciaba su discurso se desarrollaba en Nueva York la Asamblea General de la ONU, marcada por conflictos abiertos, tensiones entre gobiernos y cuestionamientos sobre la capacidad de la organización para responder a las crisis globales. La propia UNESCO reconoce que el sistema multilateral enfrenta simultáneamente una crisis financiera, de confianza y de capacidad para alcanzar acuerdos en asuntos como la paz.
¿Por qué habló el Papa León de las instituciones internacionales en la UNESCO?
La intervención ocurrió durante la primera visita de un papa a la sede de la UNESCO desde la realizada por Juan Pablo II en 1980. El encuentro formó parte de una jornada dedicada a inteligencia artificial, educación, integridad de la información y paz, con la participación de jóvenes, investigadores, artistas, intelectuales y responsables de la toma de decisiones.
El contexto resulta relevante. La visita de León XIV a Francia, entre el 25 y el 28 de septiembre, incluye París, Lourdes y Metz, y busca abordar asuntos vinculados con la cultura, la paz y la unidad europea, además de la relación de la Iglesia con una sociedad francesa que todavía enfrenta las consecuencias de los escándalos de abuso sexual dentro de instituciones católicas.
Desde ese escenario, el papa amplió su reflexión más allá de la Iglesia y colocó bajo escrutinio un problema de gobernanza global: qué ocurre cuando las instituciones creadas para resolver problemas colectivos pierden eficacia, credibilidad y capacidad para generar acuerdos.
La advertencia del Papa León: cuando el diálogo se convierte en una “farsa”
El señalamiento más contundente estuvo dirigido a las instituciones multilaterales y al uso que los gobiernos hacen de ellas. León afirmó:
“En lugar de respetar la ley, quienes ostentan el poder la invocan cuando les conviene y la ignoran cuando les limita, tratando incluso a la propia justicia como si fuera una mercancía que se puede comprar y vender”.
Y añadió sobre los organismos internacionales:
“La ONU y otros organismos multilaterales están atravesando una crisis de eficacia. El diálogo se considera un obstáculo para la acción en lugar de un recurso para la paz, una farsa en lugar de una oportunidad para buscar juntos el bien común”.
La advertencia del Papa León no equivale a afirmar que Naciones Unidas haya dejado de cumplir todas sus funciones. De hecho, desde la propia UNESCO se reconoce que la organización continúa desempeñando una importante labor humanitaria y de desarrollo en numerosos países, aunque enfrenta una crisis de confianza, financiamiento y capacidad de decisión.
El punto central de la crítica es otro: una institución pierde legitimidad cuando sus mecanismos formales dejan de producir resultados que correspondan con el propósito para el que fueron creados.
El problema de instrumentalizar el diálogo y la ley
La otra parte del discurso merece atención particular. León no solamente cuestionó la eficacia de los organismos internacionales; también criticó que quienes ejercen el poder recurran al Estado de derecho de manera selectiva.
Desde una perspectiva de gobernanza, esto toca un principio fundamental: las reglas pierden legitimidad cuando parecen diseñadas para limitar a unos actores y ser flexibles para otros.
Para gobiernos, organismos internacionales y empresas, la lógica es comparable. Una organización puede tener códigos de conducta, políticas de derechos humanos, compromisos climáticos o principios de integridad. Pero si esas reglas se aplican únicamente cuando no interfieren con intereses inmediatos, el problema deja de ser de comunicación y se convierte en uno de gobernanza.
La confianza, en ese escenario, no se recupera con una nueva declaración de principios. Requiere demostrar que las reglas tienen consecuencias, que existen mecanismos de rendición de cuentas y que las decisiones pueden ser examinadas.
La advertencia del Papa León también alcanzó a la inteligencia artificial
La visita a la UNESCO tuvo otro eje central: la inteligencia artificial.
León XIV ha convertido los riesgos de esta tecnología en uno de los temas recurrentes de su pontificado. Durante su visita a Francia, pidió reconsiderar la forma en que se desarrolla la IA y advirtió sobre un futuro en el que la tecnología podría condicionar cada vez más la vida cotidiana.
En el Palacio del Elíseo planteó la necesidad de educación para el discernimiento ético y advirtió sobre el riesgo de perder humanidad dentro de un “paraíso de máquinas”.
El tema coincide con una preocupación que también está presente en la agenda de la UNESCO. La organización señala que la gobernanza de la IA constituye un desafío de confianza pública y ha desarrollado herramientas para que los países evalúen sus políticas de uso ético de estas tecnologías; esos procesos, según UNESCO, se han aplicado en 78 países.
Para las empresas, el paralelismo es relevante: la innovación tecnológica también necesita instituciones, reglas y mecanismos de responsabilidad capaces de acompañar su velocidad.
Igualdad, dignidad humana y otros mensajes del pontífice
La intervención del papa no se limitó al multilateralismo.
Entre los temas que atravesaron su visita aparecen:
- Dignidad humana: como principio para orientar las transformaciones tecnológicas y sociales.
- Inteligencia artificial: con énfasis en los riesgos de subordinación de las personas a sistemas tecnológicos.
- Educación: como herramienta para desarrollar capacidad crítica frente a la tecnología y la información.
- Paz y unidad europea: asuntos que estarán presentes en su discurso final en Metz.
- Víctimas de abuso: el domingo, León tiene previsto reunirse en Lourdes con siete sobrevivientes franceses de abusos cometidos por miembros del clero.
Este último encuentro tiene especial peso para la propia Iglesia. Un informe independiente publicado en 2021 estimó que alrededor de 330,000 menores sufrieron abusos vinculados con miembros del clero o laicos de instituciones católicas francesas durante siete décadas. Los sobrevivientes han continuado reclamando responsabilidad y reformas.
La coincidencia no es menor: una institución que habla de ética, dignidad y protección también tiene que responder por la manera en que esos principios se aplican dentro de sus propias estructuras.
Gobernanza, ética y confianza: el reto para las organizaciones
La advertencia del Papa León adquiere una lectura que trasciende la diplomacia. La crisis de las instituciones internacionales tiene un equivalente en el mundo corporativo: la crisis de credibilidad de los compromisos que no se traducen en resultados verificables.
Para un líder ESG, la pregunta no debería ser solamente cuánto comunica una organización sobre sus principios, sino qué tan bien funciona el sistema que debe convertirlos en decisiones.
Hay al menos cuatro aprendizajes:
1. El propósito necesita capacidad de ejecución
Una institución puede tener una misión impecable y, aun así, perder legitimidad si no logra responder a los problemas para los que fue creada.
En una empresa ocurre lo mismo. Un compromiso de cero emisiones, diversidad, derechos humanos o ética empresarial pierde fuerza si no existen objetivos, responsables, presupuesto, indicadores y mecanismos de corrección.
El propósito sin capacidad de ejecución termina generando frustración.
2. La confianza depende de la consistencia
La crítica de León al uso selectivo de la ley plantea una cuestión aplicable a cualquier sistema de gobernanza: las reglas deben ser previsibles.
Para las empresas, esto significa que un código de ética no puede aplicarse de manera diferente dependiendo de quién incumpla una norma, ni una política ESG puede flexibilizarse únicamente cuando entra en conflicto con una prioridad financiera.
La consistencia es una condición básica para la credibilidad.
3. El diálogo debe producir decisiones
Dialogar no significa necesariamente alcanzar acuerdos inmediatos. Pero un sistema de diálogo que nunca consigue traducirse en decisiones, compromisos o mecanismos de cooperación corre el riesgo de convertirse en un ejercicio meramente simbólico.
En ESG, esto resulta particularmente evidente en asuntos como cambio climático, derechos humanos o inteligencia artificial, donde ninguna empresa puede resolver por sí sola determinados problemas sistémicos.
La cooperación empresarial, gubernamental y social necesita entonces objetivos compartidos, responsabilidades claras y mecanismos para medir avances.
4. La rendición de cuentas no puede ser opcional
La confianza institucional se deteriora cuando las organizaciones parecen capaces de explicar sus fracasos indefinidamente sin asumir consecuencias.
Por ello, recuperar credibilidad requiere fortalecer:
- mecanismos independientes de supervisión;
- transparencia sobre decisiones y resultados;
- indicadores públicos y verificables;
- rendición de cuentas ante las partes afectadas;
- procesos para corregir errores;
- participación real de grupos de interés;
- reglas que se apliquen de manera consistente.
¿Cómo pueden recuperar confianza las instituciones internacionales?
La advertencia del Papa León llega en un momento en el que la discusión sobre la reforma del sistema multilateral ya está sobre la mesa. António Guterres, cuyo mandato como secretario general concluye a finales de 2026, también ha llamado a reformar las instituciones de Naciones Unidas y a fortalecer la gobernanza internacional de tecnologías como la IA.
Recuperar confianza no significa únicamente defender la existencia de estas instituciones. Significa demostrar su utilidad.
Eso requiere, entre otras cosas:
Hacer más visible el impacto. Las personas necesitan saber qué decisiones, acuerdos y programas producen resultados concretos.
Reducir la distancia entre diálogo y acción. Las negociaciones deben desembocar en compromisos comprensibles, responsables identificables y mecanismos de seguimiento.
Fortalecer la rendición de cuentas. La cooperación internacional pierde legitimidad si los incumplimientos no generan consecuencias o mecanismos de corrección.
Actualizar las reglas de gobernanza. La aparición de tecnologías como la IA, la fragmentación geopolítica y los nuevos riesgos globales exigen instituciones capaces de responder a problemas que no existían —o no tenían la misma dimensión— cuando fueron creadas.
Recuperar la coherencia ética. La legitimidad no depende solamente de lo que una institución proclama, sino de la congruencia entre sus principios, sus decisiones y sus resultados.

Una “farsa” no empieza cuando desaparece el diálogo, sino cuando pierde sentido
La fuerza de las palabras de León XIV está menos en declarar que Naciones Unidas es una “farsa” que en advertir sobre el riesgo de que el diálogo internacional termine convertido en una.
Es una diferencia importante. Las instituciones multilaterales siguen siendo necesarias precisamente porque los grandes problemas actuales —conflictos, cambio climático, desigualdad, inteligencia artificial o crisis humanitarias— no pueden resolverse de manera aislada. La propia UNESCO sostiene que, pese a sus dificultades, Naciones Unidas continúa siendo la única organización verdaderamente global en la que están representados todos los Estados y mantiene una importante labor humanitaria y de desarrollo.
Por eso, la discusión no debería reducirse a defender o desacreditar a una institución. El desafío es hacer que sus mecanismos vuelvan a producir confianza y resultados.
Para gobiernos, organismos internacionales y empresas, la lección de gobernanza es similar: cuando existe una distancia persistente entre lo que una organización dice defender y aquello que realmente consigue, el problema termina siendo reputacional, pero su origen es mucho más profundo.
Es una crisis de credibilidad, ética, cooperación y capacidad de ejecución.
Y recuperar la confianza exige algo más difícil que un nuevo discurso: demostrar, de manera consistente, que el propósito institucional todavía puede convertirse en resultados.












