La salida de Antonio Guterres de la Secretaría General de la ONU no solo marcará el relevo de una figura diplomática. También puede modificar el lugar que ocupa la crisis climática dentro de la agenda multilateral. Guterres concluirá su segundo mandato el 31 de diciembre de 2026, después de una década en la que convirtió la emergencia climática en uno de los ejes más visibles de su gestión.
Su sucesor asumirá el cargo el 1 de enero de 2027 en un escenario más complejo: mayor presión geopolítica, cuestionamientos al multilateralismo, intereses renovados de la industria de los combustibles fósiles y una creciente desinformación climática, y es en este contexto que expertos y organizaciones de la sociedad civil han expresado sus preocupaciones sobre el riesgo de que el próximo secretario general sea menos contundente frente a esta agenda.
¿Por qué preocupa la salida de Antonio Guterres?
Guterres no ha limitado su papel climático a respaldar las negociaciones de la ONU. Durante su mandato ha utilizado la plataforma de la Secretaría General para confrontar públicamente a gobiernos y empresas por la dependencia de los combustibles fósiles.
Su discurso ha contribuido a mantener la presión política alrededor del Acuerdo de París y a colocar asuntos específicos —como el metano, la transición energética y el financiamiento climático— en la agenda internacional. De hecho, la Cumbre Climática de la ONU que se celebra esta semana en Nueva York incluye sesiones dedicadas a transición energética, adaptación, metano, financiamiento climático e integridad de la información.
Carlos Lopes, profesor de la Escuela de Gobernanza Pública Nelson Mandela de la Universidad de Ciudad del Cabo, advirtió a The Guardian que existe un riesgo real de que el próximo secretario general sea menos enérgico en materia climática, no necesariamente por su perfil personal, sino porque el entorno político internacional ha cambiado.
La preocupación, por tanto, no se limita a quién ocupará el puesto. Se relaciona con cuánto capital político estará dispuesto a invertir el nuevo liderazgo de la ONU para mantener la crisis climática entre las prioridades internacionales.
La salida de Antonio Guterres llega en un momento de mayor presión climática
El relevo ocurre justo cuando la propia ONU reconoce que la emergencia climática está entrando en una nueva etapa. A diez años del Acuerdo de París, Naciones Unidas señala que el rebasamiento temporal de 1.5 °C resulta inevitable y que el desafío consiste ahora en acelerar la transición, fortalecer la resiliencia y proteger a las poblaciones más vulnerables.
Esto vuelve especialmente relevante la capacidad política del próximo secretario general para mantener ciertos temas en el centro de las negociaciones:
- Reducción de combustibles fósiles: mantener la presión sobre gobiernos y empresas para acelerar la transición energética.
- Metano: convertir un contaminante de acción rápida en una prioridad regulatoria y empresarial.
- Financiamiento climático: presionar para que los países desarrollados incrementen los recursos destinados a adaptación y pérdidas y daños.
- Electrificación: acelerar la sustitución de tecnologías dependientes de combustibles fósiles.
- Integridad de la información: enfrentar la desinformación climática, incluida aquella amplificada mediante inteligencia artificial.
El metano es particularmente relevante para este relevo. Naciones Unidas señala que las reducciones de este gas provenientes de combustibles fósiles deberán aportar aproximadamente la mitad de las reducciones de metano necesarias para 2030 si se quiere mantener el objetivo de 1.5 °C. Además, existen medidas técnicamente disponibles que podrían reducir las emisiones globales de metano alrededor de 32% para ese año.
¿Qué candidatos generan dudas sobre la agenda climática?
La preocupación no significa que los candidatos sean negacionistas del cambio climático ni que exista una posición climática homogénea entre ellos. El problema señalado por expertos es la posibilidad de que otras prioridades políticas, energéticas o económicas terminen desplazando la acción climática.
Particularmente tres candidatos han generado cuestionamientos entre los observadores: Rafael Grossi, director del Organismo Internacional de Energía Atómica; Macky Sall, expresidente de Senegal; y Olara Otunnu, exsubsecretario general de la ONU. Las preocupaciones citadas por el medio están relacionadas, respectivamente, con sus vínculos políticos, las perspectivas sobre el gas como combustible de transición en África y las prioridades energéticas de Uganda. Se trata de cuestionamientos expresados por expertos y fuentes anónimas, no de conclusiones independientes sobre sus posiciones.
Al mismo tiempo, hay candidaturas con una trayectoria climática o de desarrollo sostenible más explícita. Entre ellas aparecen Carolyn Rodrigues-Birkett, de Guyana, vinculada con derechos indígenas y financiamiento para el desarrollo; Rebeca Grynspan, de Costa Rica, quien ha relacionado deuda y crisis climática; y María Fernanda Espinosa, de Ecuador, con experiencia en negociaciones climáticas de Naciones Unidas. Michelle Bachelet, que también había planteado el cambio climático como una necesidad y no una opción, abandonó la contienda el 20 de septiembre.
La ONU mantiene abierto el proceso de selección y publica las candidaturas, sus documentos de visión y otra información sobre el proceso.
La salida de Antonio Guterres también importa para las empresas
Para los líderes ESG, el cambio puede tener implicaciones que van más allá de la diplomacia. La Secretaría General no regula directamente las operaciones de las empresas, pero ayuda a definir el lenguaje, las prioridades y las expectativas que después permean gobiernos, organismos multilaterales y mercados.
Durante Guterres, por ejemplo, el metano pasó a ocupar un lugar mucho más visible en la agenda internacional. Su Call to Action on Methane plantea acciones para los sectores de combustibles fósiles, agricultura y residuos y considera que reducir este gas es una de las oportunidades más rápidas y costo-efectivas para desacelerar el calentamiento en el corto plazo.
Para las empresas esto se traduce en una cuestión estratégica: un cambio en el discurso político internacional no necesariamente elimina los riesgos climáticos que ya afectan al negocio.
Incluso si el próximo secretario general reduce la presión pública sobre determinados sectores, las compañías seguirán enfrentando riesgos físicos, regulatorios, financieros y reputacionales asociados con el cambio climático. Por ello, una estrategia ESG no debería depender exclusivamente de cuánto énfasis coloque la ONU en un año determinado.
¿Qué debería vigilar el sector privado después de la salida de Antonio Guterres?
El relevo puede convertirse en un indicador útil para observar hacia dónde se desplaza la agenda global. Para los responsables de sostenibilidad, algunas señales serán especialmente importantes:
1. Combustibles fósiles. Observar si la ONU mantiene la presión para reducir la dependencia del petróleo, gas y carbón o si el discurso comienza a priorizar la seguridad energética sin establecer una ruta clara de descarbonización.
2. Metano. Seguir la evolución de las regulaciones y compromisos sobre fugas, venteo y quema de gas. Es un ámbito en el que la acción empresarial puede generar reducciones relativamente rápidas.
3. Financiamiento climático. Evaluar cómo evolucionan los mecanismos para financiar adaptación, transición y pérdidas y daños en países vulnerables.
4. Inteligencia artificial e información climática. La ONU ya trabaja en gobernanza de IA e integridad de la información. Para las empresas tecnológicas y para cualquier organización que utilice IA, esto abre una nueva dimensión de gobernanza relacionada con emisiones, desinformación y transparencia.
5. Ambición de las negociaciones climáticas. La COP31 y las siguientes rondas multilaterales mostrarán si los compromisos nacionales mantienen el ritmo necesario aun con un eventual cambio de liderazgo en Naciones Unidas.

La ONU puede cambiar de liderazgo, pero la presión climática permanece
La salida de Antonio Guterres no significa por sí misma un retroceso climático. El secretario general tiene capacidad para influir, convocar y presionar, pero las decisiones fundamentales continúan dependiendo de los Estados miembros y de la capacidad del sistema multilateral para alcanzar acuerdos.
El desafío está en que, en un escenario internacional más fragmentado, un secretario general menos dispuesto a utilizar ese capital político podría hacer más difícil mantener la emergencia climática entre las prioridades globales. Como señaló Mary Robinson, expresidenta de Irlanda, el próximo secretario general tendrá que responder a una crisis que afecta los sistemas que sostienen la vida en el planeta y mantener la eliminación progresiva de los combustibles fósiles como una prioridad.
Para las empresas, la lección es igualmente relevante: la estrategia climática corporativa no puede construirse suponiendo que la presión internacional permanecerá constante. La eventual salida de Antonio Guterres puede cambiar el tono de la agenda de Naciones Unidas, pero no reduce la exposición de las organizaciones a la transición energética, los eventos climáticos extremos, las nuevas exigencias regulatorias ni las expectativas de inversionistas y otros grupos de interés.












