Microsoft se ha convertido en uno de los mayores compradores corporativos de eliminación de carbono del mundo. De acuerdo con CDR.fyi, la compañía ha adquirido cinco veces más créditos que los siguientes 10 mayores compradores juntos, una diferencia que revela hasta qué punto la tecnología está apostando por esta solución.
Pero detrás de los millones de créditos contratados hay algo más que una estrategia de compensación. Microsoft está utilizando sus compras para definir qué considera una remoción de carbono confiable, cómo debe medirse y qué riesgos deben evitarse en un mercado todavía joven. Sus decisiones ofrecen pistas sobre hacia dónde podría evolucionar este sector.
Microsoft y los créditos de eliminación de carbono: una apuesta de escala
Recientemente, la compañía explicó las razones detrás de la contratación de algo más de 6 millones de créditos procedentes de cuatro proyectos. Las iniciativas abarcan distintos enfoques: conservación y reforestación de bosques, agricultura regenerativa y captura de carbono industrial.
La diversidad de proyectos no es casual. Para Microsoft, apostar por distintas tecnologías y soluciones permite construir un portafolio mientras el mercado continúa desarrollando estándares y mecanismos de medición. La empresa también ha participado en iniciativas para impulsar reglas más claras y compartir conocimientos sobre lo que funciona y lo que todavía representa un riesgo.
El problema que comienza antes de emitir un crédito
Uno de los aprendizajes más importantes está en las líneas de base: las estimaciones sobre lo que habría ocurrido si un proyecto no hubiera existido. Si esa referencia es demasiado baja, un proyecto puede aparentar haber eliminado más carbono del que realmente habría conseguido retirar de la atmósfera.
Los créditos de eliminación de carbono dependen, por tanto, de una pregunta aparentemente sencilla pero fundamental: ¿cuánto carbono se habría eliminado de todas formas? Microsoft está priorizando proyectos que utilizan líneas base dinámicas, capaces de actualizarse conforme cambian las condiciones. En Brasil, por ejemplo, un proyecto de reforestación monitorea áreas de control para comparar los resultados con las condiciones previas a la intervención.

La misma lógica aparece en proyectos de madera sostenible, donde Microsoft exige que la línea base considere cambios en las políticas públicas y en las condiciones del mercado. La intención es evitar que una fotografía estática del pasado determine durante años cuántas toneladas pueden convertirse en créditos.
Medir lo que realmente sucede en el terreno
Tener un modelo atractivo sobre el papel no garantiza que el carbono esté siendo eliminado en la realidad. Los problemas de verificación han sido uno de los puntos débiles del mercado: investigaciones recientes incluso encontraron proyectos que no habían sido construidos o que carecían de los sistemas de control de emisiones que afirmaban utilizar.
Por eso, Microsoft está dando mayor peso a las metodologías que permiten contrastar los modelos con evidencia física. En su acuerdo por 2.9 millones de créditos con Indigo Carbon, por ejemplo, la medición combina muestras de suelo, modelización y verificación independiente para evaluar los resultados de prácticas como los cultivos de cobertura y la reducción de la labranza.
En otro de los proyectos, desarrollado por Mombak en Brasil, los drones permiten inspeccionar los bosques y generar información sobre lo que ocurre directamente en el territorio. El mensaje es claro: cuando se trata de carbono, medir no puede significar únicamente confiar en una hoja de cálculo.
Seleccionar proyectos también significa gestionar riesgos
En 2024, Microsoft contrató un millón de créditos asociados con la central eléctrica de Avedøre, cerca de Copenhague. El proyecto contempla capturar y almacenar las emisiones generadas por una planta que utiliza residuos agrícolas como combustible, mediante equipos instalados por Ørsted.
Sin embargo, este tipo de iniciativas enfrenta un dilema conocido en las soluciones basadas en biomasa: el material utilizado para generar energía debe provenir de fuentes sostenibles. Si los residuos agrícolas fueran sustituidos por materias primas obtenidas mediante prácticas extractivas, como la tala de bosques, parte del beneficio climático podría desaparecer.
Microsoft señaló que la regulación danesa aplicable al proyecto está estrechamente alineada con las directrices de abastecimiento sostenible desarrolladas por Carbon Direct con apoyo de la compañía. Así, la selección de un proyecto no termina al firmar un contrato: también implica revisar de dónde provienen los recursos que hacen posible la eliminación.
Créditos de eliminación de carbono: ¿alcanzan para 2030?
Aquí aparece la parte más complicada de la historia. En sus informes de sostenibilidad de 2024 y 2025, Microsoft calculó que necesitaría cancelar cerca de 6 millones de créditos de eliminación para alcanzar en 2030 su objetivo de convertirse en una empresa con emisiones negativas de carbono.
La compañía mantiene esa meta y, según su informe más reciente, publicado en julio, durante 2025 contrató la eliminación de 45 millones de toneladas de carbono para respaldarla. A primera vista, las cifras podrían sugerir que Microsoft está avanzando a gran velocidad hacia su objetivo.
Pero hay un dato que cambia la lectura: las emisiones de la compañía aumentaron 25% durante ese mismo año. El crecimiento estuvo relacionado con la construcción acelerada de centros de datos y con la necesidad de asegurar electricidad para sus negocios de inteligencia artificial y computación en la nube.

La lección más importante está fuera del mercado de carbono
El crecimiento de las emisiones introduce una tensión difícil de ignorar. Microsoft puede convertirse en uno de los principales compradores de eliminación de carbono y, al mismo tiempo, enfrentar una necesidad creciente de remover emisiones debido a la expansión de su infraestructura tecnológica.
Además, su informe más reciente no incluye una nueva estimación sobre cuántos créditos necesitará finalmente para cumplir su meta. Si sus emisiones continúan creciendo, es probable que la cifra supere la estimación de cerca de 6 millones realizada anteriormente.
La experiencia de Microsoft deja así una conclusión que va más allá de sus propias operaciones: la eliminación de carbono puede ser una herramienta relevante para enfrentar las emisiones residuales, pero no sustituye la necesidad de controlar el crecimiento de las emisiones en primer lugar. Comprar más créditos puede ampliar la capacidad de remoción, pero también puede ocultar una pregunta más incómoda: ¿qué tan rápido están creciendo las emisiones que esos créditos deben compensar?
Microsoft está apostando fuerte por construir un mercado de eliminación de carbono más medible, verificable y transparente. Sus exigencias sobre líneas base dinámicas, monitoreo, modelización y abastecimiento sostenible muestran que la calidad de un crédito depende tanto de la tonelada que representa como de la evidencia que permite demostrarla.
El verdadero desafío hacia 2030 será mantener ambas partes de la ecuación bajo control: aumentar las remociones confiables mientras se evita que el crecimiento de la inteligencia artificial, los centros de datos y la infraestructura energética haga cada vez más grande la cantidad de carbono que la empresa necesita retirar. La apuesta de Microsoft, en ese sentido, no solo está poniendo dinero en el mercado: también está poniendo a prueba sus límites.











