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¿Por qué las mujeres siguen desprotegidas frente a los deepfakes?

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La inteligencia artificial ha abierto nuevas posibilidades para la creatividad y la innovación, pero también ha dado lugar a una de las formas de violencia digital de más rápido crecimiento: los deepfakes o ultrafalsos. Aunque cualquier persona puede convertirse en víctima de estas falsificaciones, la evidencia muestra que el impacto recae de manera desproporcionada sobre las mujeres, quienes enfrentan la difusión de imágenes sexuales manipuladas, campañas de acoso y daños que pueden perseguirlas durante años. Hoy, hablar de las mujeres frente a deepfakes ya no es un tema tecnológico, sino de derechos humanos.

Un caso que evidenció la gravedad del problema fue el de la periodista británica Daisy Dixon, quien en diciembre de 2025 descubrió que circulaban en X imágenes sexualizadas de ella generadas con inteligencia artificial mediante Grok, la propia herramienta de IA de la plataforma. Aunque X terminó limitando la función en algunos países días después, las imágenes continuaron difundiéndose y resultó prácticamente imposible eliminarlas por completo. 

La situación refleja una realidad alarmante: una vez que este contenido llega a internet, puede almacenarse, replicarse y compartirse indefinidamente. De hecho, según un informe de 2023, la pornografía basada en deepfake representó un 98% de los videos disponibles en línea y, de ellos, el 99% tenían como protagonistas a mujeres.

Mujeres frente a deepfakes: una violencia digital que sigue creciendo

Los deepfakes —también conocidos como ultrafalsos— son imágenes, audios o videos manipulados mediante inteligencia artificial para mostrar a una persona diciendo o haciendo algo que nunca ocurrió. Aunque esta tecnología existe desde hace varios años, su utilización para fabricar contenido sexual sin consentimiento contra mujeres y niñas ha crecido de manera explosiva gracias a herramientas cada vez más accesibles, muchas de ellas gratuitas y fáciles de utilizar.

El problema va mucho más allá de una imagen falsa, pues, según infomación de ONU Mujeres, una vez publicado, el contenido puede copiarse, descargarse y difundirse sin control, haciendo prácticamente imposible su eliminación definitiva. Además, en determinados contextos culturales, estos materiales pueden desencadenar violencia física e incluso los llamados “delitos de honor”, poniendo en riesgo la vida de las víctimas.

Las consecuencias también son devastadoras desde el punto de vista psicológico y social. Las víctimas enfrentan ansiedad, depresión, pérdida de oportunidades laborales, aislamiento, estigmatización y un profundo sentimiento de indefensión al comprobar que el contenido continúa circulando pese a sus esfuerzos por eliminarlo. La gravedad es tal que investigaciones recientes citadas por ONU Mujeres muestran que más de la mitad de las víctimas de ultrafalsos en Estados Unidos llegaron a contemplar el suicidio. Esta realidad demuestra que el debate sobre las mujeres frente a deepfakes no puede reducirse a un problema tecnológico, sino que constituye una crisis global de violencia de género.

mujeres frente a deepfakes

¿Por qué las mujeres no denuncian?

Para muchas víctimas, denunciar no representa el inicio de la justicia, sino de una nueva etapa de revictimización. Según ONU Mujeres, quienes deciden acudir a las autoridades suelen verse obligadas a observar y describir repetidamente el contenido falso frente a policías, personal jurídico y moderadores de plataformas digitales, reviviendo una y otra vez el trauma.

A ello se suman preguntas que trasladan la responsabilidad a las propias víctimas, como si realmente las imágenes fueran falsas o si anteriormente habían compartido fotografías íntimas. Cuando los casos llegan a tribunales, con frecuencia se examinan su forma de vestir, sus relaciones personales o su comportamiento pasado, mientras la conducta de los agresores recibe menor atención.

La violencia tampoco permanece únicamente en internet. ONU Mujeres señala que el 41% de las mujeres que participan en la vida pública y han sufrido violencia digital también experimentaron ataques o acoso en el mundo físico relacionados con esos hechos. El temor a esta exposición, junto con la lentitud de los procesos y la escasa probabilidad de retirar completamente el contenido, explica por qué muchas víctimas optan por guardar silencio.

mujeres frente a deepfakes

¿Qué podemos hacer para enfrentar la crisis de los deepfakes?

Ante el crecimiento de esta forma de violencia digital, ONU Mujeres plantea una respuesta coordinada entre gobiernos, sistemas de justicia, plataformas tecnológicas y sociedad. Entre sus principales recomendaciones destacan:

  • Crear leyes específicas que definan claramente el abuso generado mediante inteligencia artificial, prioricen el consentimiento y obliguen a retirar rápidamente el contenido ilícito.
  • Fortalecer los sistemas de justicia, capacitando a policías, fiscales y personal judicial para recopilar pruebas digitales e investigar eficazmente estos delitos.
  • Exigir mayor responsabilidad a las plataformas tecnológicas, obligándolas a detectar y eliminar de manera proactiva el contenido abusivo y a colaborar con las autoridades cuando sea necesario.
  • Garantizar apoyo integral a las sobrevivientes, mediante asistencia jurídica gratuita, acompañamiento psicológico y atención especializada con enfoque de trauma.
  • Impulsar la educación digital desde edades tempranas, promoviendo el consentimiento, la seguridad en internet y el reconocimiento de la violencia digital antes de que ocurra.
mujeres frente a deepfakes

¿Qué se debe hacer para proteger y hacer justicia a las mujeres?

Además de las medidas institucionales, ONU Mujeres insiste en que las sobrevivientes necesitan un sistema que realmente las proteja y no agrave el daño sufrido. Para lograrlo, considera indispensable:

  • Creer en la palabra de las víctimas y evitar prácticas que las revictimicen durante los procesos de denuncia.
  • Garantizar consecuencias reales para los agresores, de modo que el uso de inteligencia artificial para crear contenido sexual sin consentimiento no quede impune.
  • Facilitar el acceso efectivo a la justicia, eliminando barreras económicas y proporcionando procesos ágiles y sensibles al trauma.
  • Brindar apoyo para la recuperación emocional y social, reconociendo que el daño provocado por los deepfakes puede ser profundo y prolongado.
  • Prevenir futuros abusos, promoviendo la cooperación entre gobiernos, plataformas tecnológicas, instituciones educativas y organismos internacionales para impedir que estas herramientas continúen utilizándose como armas contra las mujeres.

La discusión sobre las mujeres frente a deepfakes demuestra que el avance de la inteligencia artificial exige también un fortalecimiento de las políticas de protección digital. Mientras crear imágenes falsas sea más sencillo que eliminarlas o sancionar a quienes las producen, miles de mujeres seguirán expuestas a una violencia que trasciende las pantallas y afecta su seguridad, su reputación y su salud mental. Frenar esta crisis requiere leyes más sólidas, plataformas responsables y sistemas de justicia que coloquen a las víctimas, y no a los agresores, en el centro de la protección.

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