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NoticiasRSEEl talón de Aquiles del ESG: la calidad de los datos

El talón de Aquiles del ESG: la calidad de los datos

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Marzo suele ser un mes que pone a prueba a los equipos de sostenibilidad. En muchas empresas, especialmente en Europa, comienza la cuenta regresiva para entregar el borrador del Informe de Información No Financiera. Las reuniones se multiplican, los correos se acumulan y las hojas de cálculo vuelven a convertirse en el centro de operaciones. Lo que desde fuera parece un simple ejercicio de reporte, desde dentro se vive como una carrera contrarreloj.

Sin embargo, el verdadero origen de esa presión no siempre es el calendario. En muchas organizaciones, el problema surge mucho antes, cuando llega el momento de reunir los datos en ESG que han estado dispersos durante meses. Archivos en carpetas compartidas, reportes de proveedores por correo o métricas registradas en distintos sistemas convierten el proceso en una tarea compleja que revela una debilidad estructural: la falta de una infraestructura sólida para gestionar la información no financiera.

Cuando marzo revela el problema de los datos en ESG

De acuerdo con un artículo publicado por EL Español, cada año se repite la misma escena en muchos departamentos de sostenibilidad. Un responsable abre Excel, descarga información de diferentes plataformas internas y comienza un proceso casi artesanal de limpieza y verificación. Luego, esos datos se trasladan a otro sistema para generar reportes, solo para volver a exportarlos y ajustarlos manualmente.

El problema no es únicamente la cantidad de información, sino su fragmentación. El mismo indicador puede aparecer en varios archivos con formatos distintos, lo que obliga a invertir tiempo en reconciliar cifras que deberían estar alineadas desde el origen. En ese momento queda claro que el desafío no es el plazo, sino la forma en que se gestionan los datos.

datos en ESG

Esta dinámica se vuelve especialmente crítica cuando entran en juego diferentes marcos regulatorios y estándares internacionales. Cada uno solicita información similar, pero con estructuras distintas, lo que multiplica el trabajo y expone la falta de integración entre sistemas.

La arquitectura invisible detrás del caos

Muchas organizaciones creen que su dificultad radica en entender cómo reportar, cuando en realidad el problema es más profundo: no saben con precisión dónde se encuentran sus datos ni cómo fluyen dentro de la empresa. Esa falta de trazabilidad se vuelve evidente cuando se intenta construir un reporte coherente.

En la práctica, los datos suelen estar repartidos entre departamentos, proveedores y herramientas tecnológicas que no se comunican entre sí. La consecuencia es una dependencia constante de procesos manuales que aumentan el riesgo de errores y retrasos. Además, cuando la información no está verificada desde su origen, cualquier ajuste implica revisar múltiples archivos y versiones. Esto genera incertidumbre sobre la calidad de la información y complica la toma de decisiones estratégicas.

Regulaciones que exigen más que buenas intenciones

El crecimiento de estándares y regulaciones en sostenibilidad ha elevado el nivel de exigencia para las empresas. Hoy no basta con reportar iniciativas o compromisos: se requiere evidencia sólida, métricas consistentes y trazabilidad clara. Esto ha puesto en evidencia que la gestión de datos en ESG no puede seguir tratándose como un proceso secundario. Los inversionistas, reguladores y grupos de interés esperan información comparable, verificable y alineada con estándares globales.

Cuando la infraestructura no está preparada para ello, cada ciclo de reporte se convierte en un esfuerzo extraordinario. En lugar de analizar tendencias o diseñar estrategias de impacto, los equipos terminan dedicando la mayor parte de su tiempo a reconstruir información.

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Un mercado de soluciones fragmentadas

En los últimos años han surgido numerosas herramientas tecnológicas orientadas a ESG. Sin embargo, muchas de ellas responden a necesidades muy específicas o a regulaciones concretas, lo que ha generado un ecosistema fragmentado. Algunas soluciones funcionan más como plantillas digitales o servicios de consultoría con acceso en línea que como verdaderos sistemas integrados de gestión de datos. Esto obliga a las empresas a operar con múltiples plataformas que no necesariamente se comunican entre sí.

El resultado es un entorno en el que los equipos deben aprender distintos sistemas, cargar información varias veces y depender de intermediarios para ajustes simples. En lugar de simplificar el proceso, la tecnología termina replicando los mismos silos que ya existían.

Lo que pasaría si los datos estuvieran realmente conectados

Imaginemos por un momento un escenario distinto. Una empresa en la que cada indicador ambiental o social esté centralizado, validado y disponible en tiempo real. Donde sea posible rastrear el origen de cada cifra y comprender su evolución sin necesidad de reconstruirla desde cero.

En ese contexto, generar reportes para distintos marcos regulatorios dejaría de ser un proceso repetitivo. Los sistemas podrían reutilizar la misma base de información para distintos estándares, reduciendo errores y optimizando recursos. Más allá del cumplimiento normativo, esta transformación permitiría que los datos en ESG se conviertan en una herramienta de gestión estratégica. Es decir, información útil para anticipar riesgos, identificar oportunidades y orientar decisiones empresariales.

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El futuro: datos no financieros al nivel de los financieros

Hace algunas décadas, la gestión financiera también atravesó un proceso de transformación tecnológica. Los sistemas ERP consolidaron la información y establecieron estándares que hoy parecen indispensables para cualquier organización. Algo similar está comenzando a ocurrir en el ámbito de la sostenibilidad. Cada vez más empresas entienden que los datos en ESG necesitan la misma robustez, gobernanza y confiabilidad que los datos financieros.

Las organizaciones que comiencen a construir esa infraestructura desde ahora estarán mejor preparadas para los próximos años. No solo cumplirán con las regulaciones, sino que podrán utilizar la información para impulsar innovación y competitividad. El estrés que muchos equipos viven en marzo no es únicamente una cuestión de plazos. Es el síntoma visible de un sistema que todavía no ha evolucionado al ritmo que exige la sostenibilidad corporativa. Cuando la información está dispersa y los procesos dependen de hojas de cálculo, cualquier reporte se convierte en un desafío mayor.

La buena noticia es que el cambio ya está en marcha. Las empresas que inviertan en infraestructura, gobernanza y calidad de datos estarán un paso adelante. Y cuando llegue el próximo marzo, en lugar de vivirlo como una crisis, podrán verlo como lo que debería ser: un simple trámite dentro de una estrategia bien estructurada.

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