Con la nueva obligatoriedad de separar la basura en la CDMX, una de las acciones más importantes —y que más pasamos por alto— es el manejo correcto de las pilas usadas. Aunque pequeñas, estas fuentes de energía pueden generar un impacto desproporcionado en el ambiente si se tiran a la basura común.
Para dimensionarlo, una sola pila puede contaminar hasta 167 mil litros de agua, equivalente al consumo de una persona durante 229 años, y el caso más grave es el de la pila botón, utilizada en relojes y audífonos que puede contaminar hasta 600 mil litros de agua, suficiente para 800 años de consumo humano. Una pila puede durar horas en uso, pero su contaminación puede afectar a varias generaciones si no se dispone correctamente.
Para evitar este impacto, es fundamental que la ciudadanía sepa que existe una forma segura y sencilla de hacerlo: depositarlas en los contenedores especializados de IMU Recicla, el programa de acopio de pilas usadas más grande de América Latina abierto al público. Desde 2007, Grupo IMU —en coordinación con la Secretaría del Medio Ambiente de la CDMX— ha logrado recolectar más de 1,400 toneladas de pilas, evitando que lleguen a tiraderos, barrancas, drenajes o cuerpos de agua.
Actualmente, IMU Recicla cuenta con más de 800 puntos de recolección distribuidos en la capital y otras ciudades del país, donde cualquier persona puede depositar las pilas usadas. Una vez recolectadas, las pilas se trasladan a plantas especializadas donde se clasifican y reciclan adecuadamente para recuperar materiales y neutralizar los componentes tóxicos.
En el marco de la nueva normativa de separación de residuos, la invitación es clara: todos podemos ayudar a reducir la contaminación. Guardar las pilas usadas en un frasco, llevarlas periódicamente a un contenedor IMU Recicla y compartir esta información con amigos, vecinos y familiares puede marcar una diferencia real.
Tras revisar casi 1,000 solicitudes procedentes de 101 países, L’Oréal Groupe ha anunciado hoy las primeras 13 empresas emergentes y PYMES que se unirán a «L’AcceleratOR»,su programa insignia de innovación sostenible. Dotado con 100 millones de euros durante cinco años y gestionado en colaboración con el Instituto para el Liderazgo en Sostenibilidad (CISL) de la Universidad de Cambridge, «L’AcceleratOR» pretende ser un catalizador de soluciones sostenibles escalables para el futuro con el fin de resolver los retos más urgentes en materia de clima, naturaleza y circularidad.
Desde envases fabricados con madera hasta ingredientes obtenidos a partir de residuos, las primeras 13 empresas pioneras seleccionadas han demostrado el mayor potencial para abordar la próxima generación de envases, ingredientes de origen natural, soluciones para impulsar aún más la circularidad y herramientas de inteligencia predictiva.
Conoce a los primeros 13 agentes del cambio
Envases y materiales de próxima generación:
• Kelpi (Reino Unido): Aprovechamiento de las algas marinas para crear envases reciclables y con bajas emisiones de carbono.
• Bioworks (Japón): Produce bioplásticos innovadores derivados de la caña de azúcar y otros materiales vegetales.
• Blue Ocean Closures (Suecia): Crea tapas y tapones a base de fibra como alternativa a los envases de plástico.
• Pulpex (Reino Unido): desarrolla la próxima generación de botellas de papel reciclables.
• PULPAC (Suecia): empresa innovadora en procesos de envasado con bajo contenido de carbono y a base de papel.
• RAIKU (Estonia): Transformación de madera natural en envases protectores de alta gama que absorben los golpes.
Ingredientes de origen natural:
• Biosynthis (Francia): Fabricación de materias primas renovables y biodegradables.
• P2 Science (EE. UU.): Lleva al mercado la química verde y los materiales de origen biológico.
• Oberon Fuels (EE. UU.): Conversión de residuos de madera y pulpa en ingredientes renovables para fórmulas en aerosol.
Soluciones circulares:
• Novobiom (Bélgica): Utiliza el poder natural de los hongos para convertir residuos complejos en productos de alto valor.
• REPLACE (Francia): Tecnología de un solo paso que transforma residuos complejos y multicapa en nuevos artículos duraderos.
• Gàs Verde (Brasil): Produce biometano para sustituir los combustibles fósiles en los procesos industriales y el transporte.
Inteligencia de datos:
• Neutreeno (Reino Unido): un sistema digital que ayuda a las empresas a calcular y reducir las emisiones en sus cadenas de suministro.
Estos 13 partners entrarán en una fase de apoyo intensivo dirigida por el equipo de innovación de CISL, centrada en la preparación de proyectos piloto. También tendrán la oportunidad de acceder a los recursos globales de L’Oréal para lanzar proyectos piloto de 6 a 9 meses de duración y, potencialmente, ampliar sus soluciones a las operaciones internacionales del grupo.
«Para acelerar la comercialización de soluciones sostenibles, estamos siendo aún más intencionales e inclusivos en nuestra búsqueda de asociaciones a través de «L’AcceleratOR», afirmó Ezgi Barcenas, Directora Global de Responsabilidad Corporativa de L’Oréal. «Estamos muy ilusionados por diseñar conjuntamente el futuro de la belleza con el Instituto para el Liderazgo en Sostenibilidad de la Universidad de Cambridge y estos 13 agentes del cambio».
«En CISL, nos enorgullece asociarnos con L’Oréal, un grupo con una larga trayectoria en la entrega de innovaciones disruptivas a escala», añadió James Cole, director de innovación de CISL. «Al identificar las soluciones escalables más prometedoras que benefician a las personas, la naturaleza y el clima, y elevándolas al escenario mundial, estamos haciendo que un futuro sostenible no sea solo un objetivo, sino una realidad».
Scania, la marca sueca líder en la transformación hacia un sistema de transporte sustentable, ha sido reconocida por quinto año consecutivo como Top Employer 2026 en México y América Latina. Este reconocimiento, otorgado por el Top Employers Institute, reafirma el compromiso de la compañía con la creación de entornos laborales centrados en las personas, impulsando el desarrollo profesional y el bienestar de sus colaboradores.
En esta edición, las operaciones de Scania en Argentina, Chile, Colombia, México y Perú renovaron la certificación internacional, consolidando su liderazgo regional. Cabe destacar que en México, Scania continúa creciendo de la mano de sus colaboradores; actualmente cuenta con más de mil colaboradores y presencia en todas las regiones del país con 17 sucursales.
Para obtener la certificación, Top Employers Institute evalúa seis dominios las estrategias de recursos humanos y 20 áreas clave de las prácticas de People & Culture de cada organización.
Scania a lo largo de los años se ha destacado en cada una de estas dimensiones y áreas como son: estrategia de talento, planificación y calidad de vida, on boarding, aprendizaje y desarrollo, desarrollo de liderazgo, gestión del desempeño, gestión de carrera y sucesión, adquisición de talento, compensaciones y beneficios, así como cultura organizacional.
Cultura centrada en los colaboradores: nuestra gente, nuestro éxito
En Scania todo inicia y termina con las personas. Nuestra cultura, Scania Way, se vive en cada acción y se basa en cinco valores fundamentales: cliente en primer lugar, espíritu de equipo, eliminación de desperdicios, respeto y responsabilidad. Estos principios guían nuestras decisiones y refuerzan nuestro compromiso de poner a las personas en el centro.
Alejandro Mondragón, Director General de Scania México, afirmó “Este reconocimiento refleja nuestra convicción de que las personas son el motor del cambio. En Scania, trabajamos para ofrecer una experiencia laboral que inspire crecimiento, colaboración y propósito. Ser Top Employer por quinto año consecutivo confirma que vamos en la dirección correcta: poner a las personas en el centro para transformar la industria del transporte hacia un futuro sustentable”.
Por su parte, Maite Delgadillo, Directora de People Experience & Culture de Scania México, señaló “En una época de constantes cambios tecnológicos, económicos y sociales, este logro reafirma nuestra dedicación a crear entornos donde cada persona pueda crecer y aportar valor. Nuestra prioridad escuidar el talento, acompañar el liderazgo y construir experiencias laborales que generen orgullo y bienestar. Esta certificación nos motiva a seguir evolucionando y a mantener a las personas como el corazón de nuestra estrategia”.
Este reconocimiento reafirma el compromiso de Scania de seguir fortaleciendo una cultura donde las personas son el centro y el Scania Way guía cada decisión. Ser Top Employer por quinto año consecutivo no solo valida el camino recorrido, sino que impulsa a la compañía a continuar evolucionando, desarrollando talento y construyendo entornos de trabajo que contribuyan a un futuro más sustentable para la industria del transporte y para la sociedad.
El diseño del Estadio Nacional de Pekín, conocido mundialmente como el Nido de Pájaro, es mucho más que una proeza arquitectónica asociada a los Juegos Olímpicos de 2008. Su estructura porosa y su sistema de gestión hídrica lo han convertido en un emblema de cómo China ha integrado la captación urbana de agua de lluvia como una respuesta concreta y funcional a los desafíos climáticos contemporáneos. Lejos de ser una solución aislada, este enfoque refleja una visión de largo plazo para construir edificios ecológicos capaces de adaptarse a lluvias torrenciales, inundaciones y estrés hídrico.
En un contexto marcado por eventos climáticos extremos y una creciente presión sobre los recursos naturales, China ha apostado por estrategias que combinan ingeniería, planeación urbana y tradición cultural. La captación urbana de agua de lluvia no solo permite mitigar riesgos asociados a inundaciones, sino que también fortalece la gestión de un recurso cada vez más escaso. El Nido de Pájaro es apenas la punta del iceberg de un modelo que busca construir edificios ecológicos como parte integral de la adaptación climática y la resiliencia urbana.
El Nido de Pájaro y el impulso para construir edificios ecológicos
El Estadio Nacional de Pekín fue concebido con una intrincada celosía de acero altamente porosa que no solo define su identidad estética, sino que cumple una función ambiental clave. Integrada en esta estructura se encuentra una red de tubos capilares diseñada para captar y desviar el agua de lluvia hacia tres tanques subterráneos de almacenamiento. Allí, el agua se filtra y se prepara para su reutilización dentro del propio recinto.
De acuerdo con el Ministerio de Recursos Hídricos de China, este sistema permite cubrir al menos el 50 % de las necesidades hídricas del estadio. Desde las cisternas de los inodoros hasta el lavado de pistas y el riego del césped, el agua de lluvia reutilizada se convierte en un recurso estratégico. En total, el sistema puede tratar alrededor de 58.000 toneladas de agua de lluvia al año, una cifra significativa para una sola infraestructura deportiva.
Este enfoque no es exclusivo del Nido de Pájaro. Justo enfrente, el Centro Acuático Nacional de Pekín cuenta con un sistema de recolección capaz de captar aproximadamente 10.000 toneladas de agua de lluvia al año, el equivalente al consumo anual de unas 100 viviendas. Ambos complejos muestran cómo construir edificios ecológicos se ha convertido en un estándar en grandes desarrollos públicos.
La lógica se extiende también al sector privado. En Shenzhen, la empresa tecnológica DJI inauguró en 2022 su nueva sede corporativa, equipada con jardines en azoteas y un sistema integrado de captación de agua de lluvia destinado al riego de áreas verdes. Este tipo de proyectos evidencia que la captación urbana de agua de lluvia es ya una práctica transversal en la arquitectura contemporánea china.
Captación urbana de agua de lluvia y ciudades esponja
La captación urbana de agua de lluvia, conocida como Urban Rainwater Harvesting (URWH), consiste en recolectar, almacenar, tratar y reutilizar el agua pluvial dentro de los entornos urbanos. A diferencia de los sistemas tradicionales de drenaje, que buscan evacuar rápidamente el agua, la URWH apuesta por retenerla y reincorporarla al ciclo urbano mediante sistemas paralelos de aguas grises.
Este enfoque está estrechamente vinculado al concepto de “ciudades esponja”, una estrategia de planificación urbana que combina infraestructura verde —como humedales, parques y pavimentos permeables— con sistemas de drenaje convencionales. El objetivo es absorber el exceso de agua durante lluvias intensas y liberarla gradualmente, reduciendo el riesgo de inundaciones y mejorando la recarga de acuíferos.
China adoptó oficialmente el modelo de ciudades esponja en 2014, impulsado por el trabajo del arquitecto paisajista Yu Kongjian y su firma Turenscape. Desde entonces, decenas de ciudades han incorporado estos principios en su planeación urbana, con la meta gubernamental de reutilizar al menos el 70 % del agua de lluvia en estas zonas. En Pekín, por ejemplo, se reutilizan alrededor de 50 millones de metros cúbicos de agua de lluvia al año, cubriendo más del 30 % de las necesidades hídricas de la ciudad junto con otras fuentes recicladas.
Más allá de la mitigación de inundaciones, la URWH permite construir edificios ecológicos que reducen su dependencia del agua potable, disminuyen costos operativos y fortalecen la resiliencia urbana frente a sequías, particularmente relevantes en el norte árido del país.
Una práctica arraigada en la cultura y la visión de sostenibilidad
La captación y reutilización del agua de lluvia no es una idea nueva en China. Históricamente, la gestión del agua ha sido una prioridad para sus gobernantes durante milenios. Desde las dinastías Qin y Han existen registros de estanques domésticos destinados a almacenar agua de lluvia, una práctica que hoy encuentra una reinterpretación moderna en la arquitectura sostenible.
“China tiene una especial predilección por el agua de lluvia”, explica Wang Dong, director general del estudio de ciudades ecológicas de Turenscape. En la arquitectura tradicional china, las viviendas se organizaban en torno a patios centrales diseñados para canalizar el agua de los tejados hacia el interior del hogar, donde simbolizaba riqueza y prosperidad. Esta lógica cultural sigue influyendo en la manera en que hoy se conciben los espacios urbanos.
El impulso moderno comenzó a institucionalizarse en 1995, cuando el Partido Comunista Chino organizó el primer seminario nacional sobre aprovechamiento del agua de lluvia. A partir de entonces, estas prácticas se incorporaron a los códigos de ingeniería y encontraron en los Juegos Olímpicos de 2008 una vitrina internacional. Hoy, la industria de la URWH en China alcanza un valor estimado de 126 mil millones de yuanes, reflejando su peso estratégico en el desarrollo urbano.
Para arquitectos como Dan Sibert, socio principal de Foster and Partners, integrar estos sistemas es ya un requisito básico:
“En China, los diseños que absorben y reutilizan eficazmente el agua de lluvia son absolutamente fundamentales para el desarrollo”.
Esta práctica ya no se trata de un añadido posterior, sino de una prioridad por construir edificios ecológicos que mejoren la calidad de vida y la relación de las personas con su entorno.
Del diseño urbano a la adaptación climática
La experiencia china demuestra que la captación urbana de agua de lluvia puede trascender la escala técnica para convertirse en una política pública y cultural de adaptación climática. Desde iconos como el Nido de Pájaro hasta complejos corporativos y barrios completos, construir edificios ecológicos con sistemas de reutilización hídrica se ha consolidado como una respuesta eficaz frente a inundaciones, sequías y presión sobre los recursos.
Para quienes trabajan en responsabilidad social y sostenibilidad, el caso de China ofrece una lección clara: la innovación ambiental es más efectiva cuando se integra a la planeación urbana, se apoya en la cultura local y se respalda con políticas públicas ambiciosas. En un mundo cada vez más vulnerable al cambio climático, transformar la lluvia de amenaza en recurso puede marcar la diferencia entre ciudades reactivas y ciudades verdaderamente resilientes.
Activistas han denunciado que BP influye en educación STEM en el Reino Unido mediante una relación estratégica con el Science Museum Group. Las acusaciones se centran en el proyecto Enterprising Science, financiado por BP y antecedente directo de la academia del Science Museum Group, un programa que ha impartido más de 500 cursos a más de 5.000 profesores.
Para los críticos, el caso ilustra un problema mayor: cuando empresas con intereses directos en industrias altamente contaminantes participan en el diseño de contenidos educativos, la independencia del conocimiento queda en entredicho.
BP influye en educación STEM: patrocinio, control e incidencia
Los documentos revelados muestran que BP no fue un actor pasivo en el proyecto Enterprising Science. De acuerdo con el contrato de colaboración, las decisiones relevantes no podían aprobarse sin el voto favorable del representante de la empresa. Para los activistas, esta cláusula evidencia un grado de control que va más allá del patrocinio tradicional y plantea dudas legítimas sobre la autonomía académica de los programas resultantes.
Chris Garrard, integrante del grupo Culture Unstained, ha sido uno de los críticos más contundentes al declarar que:
“La influencia tóxica de BP sobre el aprendizaje de los jóvenes es calculada e insidiosa”.
En su opinión, BP influye en educación STEM de una manera comparable a prácticas que hoy resultarían inaceptables en otros sectores:
“No permitiríamos que las compañías tabacaleras participaran en la elaboración de estrategias educativas, así que ¿por qué BP debería comprar un papel tan influyente y destacado?”.
El Science Museum Group ha rechazado estas acusaciones, asegurando que, aunque BP financió el proyecto y patrocina la academia, no tuvo participación directa en la investigación ni en los contenidos educativos. Un portavoz sostuvo que el control editorial recae exclusivamente en la institución y que el patrocinio corporativo es “vital” para cumplir su misión de inspirar a millones de personas cada año. Sin embargo, para muchos expertos en RSE, la existencia de salvaguardas editoriales no elimina el riesgo de captura institucional cuando los recursos dependen de actores con agendas claras.
BP, por su parte, defendió el proyecto señalando que la academia del Museo de Ciencias, creada en 2018, “continúa inspirando a los educadores a ofrecer experiencias STEM atractivas dentro y fuera del aula”. No obstante, el contexto en el que se da esta defensa resulta clave: el museo ha sido duramente criticado por mantener vínculos con la empresa incluso después de que BP anunciara el abandono de sus objetivos climáticos para aumentar la producción de combustibles fósiles. Para los activistas, este contraste refuerza la percepción de que BP influye en educación STEM como parte de una estrategia más amplia de legitimación social.
Las críticas no provienen únicamente de grupos climáticos. Sindicatos docentes y comunidades educativas se han sumado a la preocupación. Helen Tucker, representante verde del Sindicato Nacional de Educación (NEU), señaló que cada vez más profesores cuestionan su participación en la academia del museo, “cuyo plan de estudios fue desarrollado con la supervisión de las mismas personas que están causando el cambio climático: BP”. Para el sindicato, permitir esta relación equivale a normalizar el greenwashing en espacios que deberían formar pensamiento crítico y científico.
Educación, cultura y el deber de la independencia
El caso del Science Museum Group pone sobre la mesa un dilema central para la responsabilidad social empresarial y la gobernanza cultural: ¿pueden la educación y la divulgación científica mantenerse independientes cuando dependen de financiamiento corporativo con intereses contradictorios al bien común? Cuando BP influye en educación STEM, no solo está en juego la reputación de una empresa o de una institución cultural, sino la credibilidad misma del conocimiento que se transmite a futuras generaciones.
Sin duda, este debate obliga a replantear los límites éticos del patrocinio y a exigir marcos más robustos de transparencia, rendición de cuentas y separación entre financiamiento y contenido. La educación y la cultura solo pueden aportar soluciones reales a los problemas sociales y ambientales actuales si operan libres de agendas particulares. De lo contrario, el riesgo no es menor: formar profesionales bajo narrativas suavizadas que perpetúan los mismos modelos que han profundizado la crisis climática y social que hoy se busca resolver.
Durante años, el enfoque ESG fue percibido por muchas empresas como un ejercicio aspiracional, más cercano a la reputación que a la estrategia. Sin embargo, ese ciclo ha llegado a su fin. De cara al nuevo escenario económico y regulatorio, la sostenibilidad deja de ser un discurso voluntario para convertirse en una variable dura de competitividad, gestión de riesgos y acceso a capital. En este contexto, hablar de ESG en 2026 implica asumir que ya no se trata de ideología, sino de negocio.
Los datos lo confirman, pues durante 2024, los activos gestionados bajo criterios responsables y sostenibles superaron los 16.7 billones de dólares, representando más de una cuarta parte del mercado global de fondos. Lejos de abandonar el enfoque, los mercados lo están profesionalizando. Para las empresas, esto significa operar bajo estándares más estrictos, con mayor escrutinio y con impactos directos en su valor financiero, su resiliencia y su permanencia en el mercado.
Las 5 tendencias clave del ESG en 2026
Hoy, es importante entender que el ESG en 2026 no operará como un conjunto de iniciativas aisladas, sino como un sistema integrado que atraviesa la estrategia corporativa, la gobernanza y la toma de decisiones financieras. En este escenario, el ESG deja de ser un “área” para convertirse en una capacidad organizacional clave que seguirá las siguientes tendencias:
1. Un lenguaje común para el ESG: del discurso a la información financiera
La fragmentación de estándares comienza a cerrarse de forma definitiva. Los marcos IFRS S1 y S2 del ISSB se consolidan como el idioma común de la sostenibilidad financiera a nivel global, alineando riesgos ESG con desempeño económico. En México, este avance se materializa con la entrada en vigor de las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS), que elevan el nivel de exigencia al equiparar el reporte ESG con el financiero.
En ESG en 2026, muchas empresas presentarán su primer reporte obligatorio bajo estos marcos y enfrentarán una realidad incómoda: no todas estaban preparadas. La sostenibilidad ya no se declara; se documenta, se audita y se explica con evidencia. Quienes no cuenten con sistemas robustos de información quedarán expuestos ante inversionistas, reguladores y grupos de interés.
2. El fin del ESG cosmético y el riesgo real del greenwashing
El greenwashing ha dejado de ser un problema reputacional para convertirse en un riesgo legal y financiero. Reguladores y mercados están elevando los estándares de aseguramiento, trazabilidad y control interno de la información ESG. Europa, lejos de retroceder, está afinando su regulación para enfocarse en riesgos materiales y grandes empresas, sin renunciar al fondo del enfoque.
En ESG en 2026, las organizaciones que no cuenten con datos verificables, procesos internos claros y una gobernanza sólida enfrentarán primas de riesgo más altas, pérdida de credibilidad y restricciones en el acceso a capital. La evidencia sustituye al relato, y la sostenibilidad se mide con la misma rigurosidad que cualquier otro indicador estratégico.
3. La cadena de suministro como el nuevo frente de riesgo
El perímetro del ESG se expande más allá de la operación directa de las empresas. Proveedores, contratistas y socios comerciales pasan a formar parte del mapa de riesgos. Para economías como la mexicana, profundamente integradas a cadenas globales por el nearshoring, este cambio es crítico y estructural.
En ESG en 2026, muchas compañías descubrirán que su mayor exposición no está dentro de sus muros, sino en su cadena de valor. No habrá competitividad ni atracción de inversiones sin cumplimiento ambiental, laboral y de integridad en los eslabones que sostienen el negocio. Gestionar proveedores deja de ser un tema operativo y se convierte en una prioridad estratégica.
4. La transición energética entra al balance financiero
La transición energética abandona las presentaciones aspiracionales y se materializa en decisiones de inversión. La inversión global en energía alcanzó niveles récord, con más de dos billones de dólares destinados a tecnologías limpias, duplicando el flujo hacia los combustibles fósiles. El capital ya está tomando partido.
En ESG en 2026, la diferencia no la marcará quien tenga la narrativa climática más ambiciosa, sino quien cuente con proyectos ejecutables: contratos de energía limpia, electrificación, eficiencia operativa, almacenamiento, movilidad sostenible y retornos claramente identificados. La sostenibilidad se evalúa en términos de desempeño financiero y gestión de riesgos.
5. Clima, adaptación y biodiversidad: el ESG del mundo real
El cambio climático dejó de ser un riesgo futuro. Inundaciones, sequías y estrés hídrico ya impactan activos, seguros, infraestructura y planeación urbana. A pesar de ello, la brecha de financiamiento para adaptación sigue siendo significativa, mientras que biodiversidad y capital natural irrumpen con fuerza en la agenda corporativa.
El mensaje de ESG en 2026 es contundente: reducir emisiones ya no es suficiente. Las empresas deben construir resiliencia y anticiparse a impactos físicos que afectan directamente su continuidad operativa. Ignorar estos riesgos hoy implica asumir costos mucho mayores mañana, tanto económicos como reputacionales.
El ESG como ventaja competitiva
El 2026 marcará un punto de inflexión definitivo. El ESG dejará de ser una conversación moral para consolidarse como una herramienta estratégica de gestión empresarial. Las compañías que entiendan esta transición no solo cumplirán con regulaciones, sino que protegerán valor, fortalecerán su resiliencia y mejorarán su posición competitiva en un entorno cada vez más complejo.
En ESG en 2026, ganarán las empresas que asuman la sostenibilidad como una inversión y no como un costo adicional. Aquellas que integren estos criterios en su toma de decisiones estarán mejor preparadas para acceder a capital, gestionar riesgos y competir en un mercado que ya no premia las promesas, sino la evidencia y la capacidad real de adaptación.
Durante casi una década, el límite de 1,5 °C se presentó como la línea roja que la humanidad no debía cruzar para evitar los peores impactos del cambio climático. Ese umbral, acordado en 2015 por casi 200 países, se convirtió en el eje de las políticas climáticas, los compromisos corporativos y las estrategias de inversión sostenible. Sin embargo, hoy ese consenso enfrenta su momento más crítico.
Ahora, científicos advierten que el objetivo del Acuerdo de París ya no es alcanzable en los términos en que fue concebido. Los datos más recientes sobre temperatura global, emisiones y eventos extremos muestran que el calentamiento avanza más rápido de lo previsto, mientras las acciones para reducir el uso de combustibles fósiles siguen siendo insuficientes.
El récord de temperaturas que pone en jaque el objetivo del Acuerdo de París
Los datos más recientes confirman la gravedad del momento. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que 2025 fue el tercer año más caluroso jamás registrado, con una temperatura media global de entre 1,44 °C y 1,48 °C por encima de los niveles preindustriales. Esta cifra se alcanza tras tres años consecutivos de “temperaturas globales extraordinarias”.
Ocho conjuntos de datos independientes, elaborados por organismos científicos de Europa, Estados Unidos, Japón y China, coinciden en la tendencia general: el planeta se acerca peligrosamente al umbral de 1,5 °C. Aunque existen ligeras variaciones metodológicas, el mensaje científico es consistente y alarmante.
#Datos 2025 se clasificó como el tercer año más cálido desde que comenzaron los registros globales en 1850. La temperatura anual de la superficie global fue de 1,17 °C por encima de la media del siglo XX. Los 10 años más cálidos del registro histórico han ocurrido desde 2015. El… pic.twitter.com/KhKlf0noTm
Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, el ritmo actual de calentamiento podría hacer que el objetivo del Acuerdo de París —medido como promedio de 30 años— se supere antes de que termine esta década. Esto ocurriría más de diez años antes de lo que se proyectaba cuando se firmó el acuerdo.
Carlo Buontempo, director de Copernicus, lo expresó con claridad:
“Estamos destinados a superarlo. La decisión que tenemos ahora es cómo gestionar mejor el inevitable sobrepaso y sus consecuencias”.
La pregunta ya no es si se cruzará el umbral, sino cómo se enfrentará ese escenario.
Por qué los científicos afirman que el límite de 1,5 °C ya no es viable
Una de las razones clave detrás de este diagnóstico es que los picos recientes de temperatura no pueden explicarse solo por la variabilidad natural. Si bien fenómenos como El Niño añadieron alrededor de 0,1 °C en años recientes, los científicos coinciden en que la señal dominante es el calentamiento inducido por la actividad humana.
Tim Osborn, director de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, explicó que en 2025 la influencia de El Niño se debilitó. “La temperatura global que observamos en 2025 ofrece una imagen más clara del calentamiento subyacente”, señaló, dejando claro que el problema estructural persiste.
El calor “antinatural”, como lo describen los expertos, es consecuencia directa de una atmósfera saturada de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Esta contaminación no solo eleva la temperatura promedio, sino que intensifica olas de calor, sequías, incendios forestales e inundaciones en todo el mundo.
Para Bill McGuire, profesor emérito de riesgos climáticos del University College de Londres, la conclusión es contundente:
“A todos los efectos, el límite de 1,5 °C ya no existe”.
Desde su perspectiva, el colapso climático peligroso ya ha comenzado, con escasas señales de que el mundo esté reaccionando a la altura del desafío.
Impactos visibles y un mundo que aún no responde
Los efectos del calentamiento acelerado ya son evidentes. En 2025, la Antártida registró su año más caluroso y el Ártico el segundo más cálido. La extensión del hielo marino polar cayó en febrero a su nivel más bajo desde que existen observaciones satelitales, en la década de 1970.
Además, aproximadamente la mitad de la superficie terrestre experimentó más días de estrés térmico severo, con temperaturas superiores a los 32 °C. Berkeley Earth estima que el 8,5 % de la población mundial vivió en regiones con temperaturas medias anuales récord, una cifra que podría repetirse en 2026.
A pesar de estas señales, las emisiones globales continúan aumentando diez años después de la firma del acuerdo de París. Esto ocurre incluso en un contexto de crecimiento acelerado de las energías renovables, lo que evidencia una desconexión entre avances tecnológicos y decisiones estructurales.
Laurence Rouil, director del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copernicus, fue claro:
“Los datos para 2025 muestran que la actividad humana sigue siendo el impulsor dominante de las temperaturas excepcionales”.
El mensaje, añadió, es inequívoco y urgente.
Del objetivo climático a la gestión del riesgo real
La afirmación de que el objetivo del Acuerdo de París “está muerto” no implica que la acción climática haya perdido sentido. Por el contrario, subraya la magnitud del desafío y la necesidad de cambiar el enfoque. Limitar el calentamiento sigue siendo crucial, pero ahora debe combinarse con estrategias sólidas de adaptación, resiliencia y reducción de daños.
Para el ámbito de la responsabilidad social empresarial, este escenario exige ir más allá de los compromisos simbólicos. Las organizaciones deben integrar el riesgo climático en su estrategia central, en sus cadenas de valor y en su toma de decisiones financieras. Ignorar esta nueva realidad no solo es irresponsable desde una perspectiva ambiental, sino también un error estratégico en un mundo donde el clima ya define las reglas del juego económico y social.
Durante décadas, la gestión empresarial se centró en un mapa de actores relativamente claro: clientes, inversionistas, empleados, proveedores y autoridades. Sin embargo, la realidad social, ambiental y digital ha transformado radicalmente ese panorama. Hoy, muchas crisis corporativas no se originan en los stakeholders tradicionales, sino en actores que operan fuera del radar formal de las organizaciones y que, aun así, tienen capacidad real de incidir en su reputación, operación y viabilidad.
En este contexto surge una pregunta clave para la sostenibilidad y la gestión de riesgos: quiénes son los stakeholders invisibles y por qué las empresas siguen subestimando su influencia. Entenderlos ya no es un ejercicio teórico, sino una necesidad estratégica. Ignorarlos puede traducirse en conflictos sociales, boicots, pérdida de legitimidad o incluso en la interrupción de operaciones críticas, especialmente en un entorno donde la información circula con rapidez y las asimetrías de poder se han reducido.
¿Quiénes son los stakeholders invisibles y por qué importan?
Cuando hablamos de stakeholders invisibles nos referimos a aquellos grupos o actores que no suelen figurar en los análisis clásicos de partes interesadas, pero que se ven afectados —directa o indirectamente— por la actividad de una empresa. No están en el organigrama, no firman contratos y, muchas veces, tampoco tienen canales formales de diálogo con la organización, lo que los vuelve difíciles de identificar y gestionar.
Estos actores pueden incluir comunidades no organizadas, trabajadores tercerizados, usuarios indirectos, colectivos digitales, generaciones futuras o incluso ecosistemas naturales que no tienen voz propia. La clave es que su invisibilidad no implica irrelevancia. Al contrario, su falta de reconocimiento suele amplificar el conflicto cuando deciden manifestarse o cuando terceros hablan en su nombre.
Entender quiénes son los stakeholders invisibles exige cambiar la lógica tradicional de poder. Ya no se trata solo de quién tiene influencia económica inmediata, sino de quién puede afectar la licencia social para operar. En un mundo hiperconectado, estos stakeholders pueden ganar visibilidad rápidamente y convertirse en actores centrales de una crisis reputacional o social.
¿Por qué los stakeholders invisibles pueden poner en riesgo una empresa?
Anticipan riesgos que la empresa no está viendo
Los stakeholders invisibles suelen ser los primeros en experimentar los impactos negativos de una operación: contaminación, precarización laboral, desplazamiento social o deterioro ambiental. Al no ser escuchados, estas señales tempranas se ignoran hasta que el problema escala. Cuando la empresa reacciona, el daño ya es mayor y más costoso de reparar, tanto en términos económicos como reputacionales.
Pueden detonar crisis reputacionales inesperadas
En la era digital, un grupo aparentemente marginal puede convertirse en tendencia global en cuestión de horas. Activistas locales, comunidades afectadas o usuarios organizados en redes sociales pueden amplificar una denuncia y atraer la atención de medios, reguladores e inversionistas. Cuando una empresa no entiende quiénes son los stakeholders invisibles, suele sorprenderse por el origen y la velocidad de estas crisis.
Influyen indirectamente en decisiones regulatorias y de mercado
Aunque no participen directamente en procesos formales, estos stakeholders pueden influir en ONG, organismos internacionales, autoridades locales o fondos de inversión. Sus demandas suelen alimentar nuevas regulaciones, litigios estratégicos o cambios en criterios ESG. Ignorarlos hoy puede significar enfrentar marcos normativos más estrictos mañana.
Erosionan la licencia social para operar
La licencia social no se obtiene solo cumpliendo la ley, sino construyendo legitimidad ante la sociedad. Cuando los stakeholders invisibles perciben que una empresa los excluye, se rompe la confianza. Esto puede traducirse en bloqueos, protestas, boicots o resistencia comunitaria que afecte directamente la continuidad del negocio, incluso si la empresa es legalmente correcta.
Revelan incoherencias entre el discurso y la práctica
Muchas organizaciones comunican compromisos ambiciosos en sostenibilidad, derechos humanos o inclusión, pero los stakeholders invisibles viven una realidad distinta. Estas brechas son especialmente riesgosas, ya que exponen casos de greenwashing o social washing. Identificar quiénes son los stakeholders invisibles permite contrastar el relato corporativo con el impacto real y corregir antes de que otros lo hagan públicamente.
Hacer visible lo invisible como ventaja estratégica
Reconocer quiénes son los stakeholders invisibles no es un acto de filantropía ni un ejercicio de imagen; es una decisión estratégica. Las empresas que logran identificarlos, entenderlos e incorporarlos en su análisis de riesgos están mejor preparadas para anticipar conflictos, fortalecer su resiliencia y tomar decisiones más informadas en entornos complejos.
En un mundo donde la sostenibilidad se ha convertido en un criterio central de competitividad, ignorar a estos actores es un lujo que pocas empresas pueden permitirse. Hacer visible lo invisible no solo reduce riesgos, también abre oportunidades para innovar, construir confianza y generar valor compartido. Porque, al final, entender quiénes son los stakeholders invisibles es entender cómo funciona realmente el poder en la economía contemporánea.
Comunicado de prensa Estimada comunidad que conforma la Facultad de Responsabilidad Social
Por medio de la presente, les informamos que, a partir del 15 de enero de 2026, se llevará a cabo un cambio en la Dirección de la Facultad de Responsabilidad Social.
El Mtro. Carlos Ramos Cárdenas Artigas concluye su gestión como Director de la Facultad. Agradecemos de manera especial su compromiso, liderazgo y dedicación durante el periodo en que estuvo al frente, así como los logros alcanzados bajo su administración, los cuales han contribuido de forma significativa al fortalecimiento académico, formativo e institucional de esta Facultad y de nuestra comunidad universitaria.
Asimismo, les informamos que, a partir de la fecha antes mencionada, ha sido designada como Directora interina de la Facultad de Responsabilidad Social la Dra. Lorena Miranda Navarro, quien es Doctora en Innovación y Responsabilidad Social por la Universidad Anáhuac México, institución en la que también obtuvo la Maestría en Finanzas y la Maestría en Responsabilidad Social e Innovación Estratégica. Es Contadora Pública por la Escuela Superior de Comercio y Administración del Instituto Politécnico Nacional y cuenta con más de catorce años de experiencia en el sector financiero.
Actualmente se desempeña como Coordinadora de la Licenciatura en Responsabilidad Social y Sustentabilidad, así como Directora del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social (CLARES) en la Universidad Anáhuac México. Es autora de diversas publicaciones académicas en temas de responsabilidad social, finanzas sostenibles, criterios ESG y la Agenda 2030, lo que respalda su sólida trayectoria académica y profesional.
Le deseamos el mayor de los éxitos en el desempeño de esta nueva responsabilidad, con la certeza de que su experiencia, capacidad académica y liderazgo serán de gran valor para dar continuidad a los proyectos de la Facultad y para seguir cumpliendo la misión de nuestra Universidad, como una comunidad de grandes líderes y mejores personas al servicio de una sociedad que nos invita a ser buscadores del bien y de la verdad.
Agradecemos a todos su disposición, colaboración y apoyo durante este proceso de transición.
Comunicado de prensa; CDMX, 14 de enero de 2026. En OXXO, reafirmamos nuestro compromiso con el desarrollo de Tamaulipas mediante un diálogo constructivo con las autoridades estatales. Esta colaboración busca fortalecer nuestra operación en el estado, enfocándose en la generación de empleos, el impulso de la economía local y el trabajo conjunto en materia de seguridad.
Este encuentro refleja nuestra dedicación para llevar a cabo una operación responsable, en coordinación con las autoridades, permitiéndonos contribuir de manera efectiva al desarrollo integral de las comunidades donde operamos.
“Reconocemos la disposición y apertura del Gobierno de Tamaulipas para mantener un diálogo cercano y constructivo. Esta colaboración denota la confianza mutua y la importancia de trabajar en conjunto para fortalecer la seguridad y las condiciones que permiten una operación responsable en beneficio de las comunidades”, afirmó Jorge Sánchez, Gerente de Operaciones OXXO.
Un ejemplo tangible de esta colaboración se observa en el Municipio de Río Bravo, donde nuestras 31 tiendas OXXO están funcionando normalmente, gracias al acompañamiento y refuerzo en estrategias de seguridad implementadas por las autoridades municipales y estatales.
En OXXO continuaremos trabajando para ofrecer nuestra propuesta de valor, reafirmando nuestro compromiso de ser un buen vecino, con un enfoque prioritario en la seguridad de nuestros colaboradores, clientes y de toda la comunidad.