Holcim, la empresa líder en construcción sostenible, redefine su estrategia global de crecimiento NextGen Growth 2030, una nueva estrategia anunciada por el grupo la semana pasada que busca impulsar un crecimiento rentable en Europa, Australia, África del Norte y América Latina, posterior a la escisión de su negocio en los Estados Unidos.
La compañía en México desempeña un rol estratégico en la expansión de soluciones sostenibles y de alto valor. Este reposicionamiento permitirá a la compañía escalar su impacto positivo en el sector de la construcción y responder a las megatendencias que transforman la industria como el crecimiento urbano, déficit habitacional, infraestructura resiliente y sostenibilidad ambiental.
Al respecto, Christian Dedeu, CEO en Holcim México, comentó: “Esta decisión representa un punto de inflexión para Holcim en la región. México se consolida como un mercado estratégico donde escalaremos soluciones innovadoras para la construcción circular y baja en carbono. Nuestra meta es triplicar el reciclaje de materiales de demolición, duplicar la red de tiendas Disensa y ampliar nuestra oferta sostenible con ECOPact y ECOPlanet”.
La empresa ya es referente en la región con soluciones como ECOPact, su concreto bajo en carbono que ofrece una reducción de al menos 30% de CO₂, y ECOPlanet, su gama de cementos sostenibles con hasta 50% menos emisiones comparado con cementos convencionales. A través de la tecnología circular ECOCycle®, la compañía a nivel global busca incorporar más de 20 millones de toneladas de residuos de construcción y demolición en nuevas aplicaciones antes de 2030.
“En una región marcada por grandes desafíos sociales y ambientales, México y América Latina tienen el potencial de liderar una nueva era en la construcción sostenible. Desde Holcim, estamos comprometidos a escalar soluciones que respondan a la urgencia climática, al mismo tiempo que construimos progreso para las personas y el planeta”, añadió Dedeu.
Actualmente, América Latina es el mercado con mayor rentabilidad para la empresa a nivel global, con un margen que alcanza un 34% de EBIT (Beneficio Antes de Intereses e Impuestos). Además, la región presenta grandes oportunidades para generar recursos, debido a factores como:
Un déficit habitacional superior a 26 millones de viviendas.
Más de 200 mil millones de dólares en inversión proyectada en infraestructura.
Y más de 160 mil millones de dólares anuales en remesas, destinadas en gran parte a construcción y mejoramiento de viviendas.
Además del crecimiento sostenible, la empresa lidera una transformación operativa orientada a la eficiencia energética, digitalización y descarbonización. La expansión de su red Disensa —que actualmente cuenta con 2,000 tiendas en toda la región y busca alcanzar 5,000 para 2030— fortalece su acceso directo a comunidades que demandan soluciones confiables y sostenibles.
Con la sostenibilidad como eje y una cultura basada en desempeño, talento e innovación, Holcim México lidera la estrategia NextGen Growth en América Latina, impulsando soluciones escalables para construcciones más inteligentes, resilientes y bajas en carbono. Este nuevo capítulo de crecimiento sostenible consolida a México como un actor estratégico e indispensable en la ejecución de esta visión global, con una capacidad única para responder a los desafíos urbanos, sociales y climáticos de la región.
Este lunes revisé dos comunicados de prensa que, en principio, poco tendrían que ver entre sí. Uno lo firma CMR – México, empresa mexicana del sector restaurantero. El otro, Holcim México, líder global en soluciones para la construcción.
Dos industrias muy distintas, con motivaciones también distintas. Pero al leerlos, encontré una coincidencia que vale la pena subrayar: ambas empresas están colocando la sostenibilidad al centro de su mensaje y visión de negocio.
Ambos eligieron el mismo formato —el comunicado de prensa—, pero lo usaron con tonos, prioridades y estilos distintos. Una narrativa más emocional y aspiracional; otra técnica, enfocada en expansión y desempeño. Aun así, el mensaje subyacente es el mismo: avanzar hacia un modelo de negocio más sostenible.
CMR: lo que dice, lo que muestra, lo que busca
El comunicado con el que CMR presentó suInforme Integrado de Sostenibilidad 2024 lleva por título: “CMR presenta resultados robustos en su Informe Anual 2024, impulsado por la innovación y liderazgo sostenible”.
Una afirmación sólida que asocia desempeño con propósito, y que —aunque no se presenta como sentencia de autoridad— sí insinúa un posicionamiento ambicioso que dialoga con el contenido del informe.
El informe presenta avances como:
Un aumento del 22% en la recuperación de residuos reciclables.
Un incremento del 11% en eficiencia energética.
Un 53% de sus unidades bajo criterios de operación sustentable.
La consolidación de un programa de liderazgo con más de 500 colaboradores.
Más de 58 mil horas de capacitación impartidas.
Desde la carta institucional que abre el informe, Joaquin VargasMier y Terán, Presidente Ejecutivo de CMR, destaca una visión que abarca toda la cadena de valor: desde la experiencia del comensal hasta el compromiso con el campo mexicano y las comunidades. El llamado es claro: cada acción, por modesta que parezca, puede contribuir a un propósito que trasciende el éxito comercial.
En la forma, el informe destaca por su diseño visualmente cuidado, el uso de metáforas de vuelo (“Torre de Control”, “Tripulación a bordo”) y un lenguaje accesible. Todo apunta a una estrategia que busca acercar la sostenibilidad a sus públicos, internos y externos.
El vuelo está anunciado. La pista muestra avances claros en algunas áreas, mientras que en otras todavía hay señales por consolidar. Entre los ejemplos más destacados del informe —como la sustitución de un millón de palillos de sushi en sus unidades de Sushitto, lo cual evitó la emisión de más de 42 mil toneladas de CO₂— hay un mensaje que busca ser tangible y cotidiano. Tal vez no sea un gran indicador por sí solo, pero sí una pista del tipo de narrativa que CMR quiere construir: cercana, visible, progresiva. El rumbo está planteado. La intención es clara.
Holcim México: sostenibilidad como estrategia de negocio
Ese mismo 14 de julio, Holcim México anunció su reposicionamiento como pilar estratégico del grupo para América Latina, tras escindir su operación en EE.UU.
Con su estrategiaNextGen Growth 2030, buscarán triplicar el reciclaje de residuos de demolición y expandir soluciones bajas en carbono como ECOPact y ECOPlanet.
Lo dijo Christian Dedeu, CEO de Holcim México: “México se consolida como un mercado estratégico donde escalaremos soluciones innovadoras para la construcción circular y baja en carbono.”
Aquí, la sostenibilidad no es un tema reputacional. Es el plan de expansión.
El comunicado de Holcim presenta una narrativa clara y ejecutiva. No se trata de un informe de logros, sino de una declaración de visión a futuro que convierte a México en el centro de una operación regional basada en materiales reciclados, productos bajos en emisiones y soluciones para ciudades sostenibles.
De la mesa al concreto
Más allá de sus diferencias operativas, ambas empresas decidieron hablar el mismo idioma: el del impacto positivo, la innovación sostenible y la construcción de futuro.
Una cocina experiencias; la otra cimenta infraestructura.
Una transforma insumos frescos; la otra transforma residuos de construcción.
Una apuesta por sensibilizar a sus públicos desde lo cotidiano; la otra por escalar soluciones de bajo carbono a nivel regional.
Una con enfoque narrativo y relacional, otra con visión operativa y de expansión. Pero ambas con la misma intención: mostrar que la sostenibilidad es el camino.
La sostenibilidad no se decreta. Se hornea, se fragua, se construye. Con tiempo, con intención.
Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.
Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.
Con el ensayo Beyond the Green: The Silent Loss of Bosque de Agua, Leonardo Castillo, estudiante de Ingeniería en Biotecnología, y Diana Cervantes García, egresada de Arquitectura, en campus Estado de México del Tecnológico de Monterrey, representaron a la institución en la final global de Map the System 2025, organizada por la Universidad de Oxford en Inglaterra.
Esta propuesta presenta un fuerte compromiso ambiental al analizar las causas estructurales detrás del deterioro de la reserva ecológica El Bosque de Agua, responsable de filtrar hasta el 70% del agua que abastece a la Ciudad de México, el Estado de México y Morelos, de acuerdo con la Secretaría de Medio Ambiente de la Ciudad de México. Revela cómo la expansión urbana desordenada, la desigualdad en zonas rurales y la baja educación ambiental se entrelazan en la pérdida acelerada de este ecosistema vital.
El proyecto fue uno de los más de 60 presentados a nivel nacional en la convocatoria organizada por el Instituto de Emprendimiento Eugenio Garza Lagüera del Tec de Monterrey, y tras ser seleccionado, los estudiantes formaron parte de los 40 equipos finalistas a nivel global que expusieron sus trabajos en la Universidad de Oxford.
“Fue una experiencia transformadora porque escuchamos propuestas de otras partes del mundo que nos permitió identificar patrones comunes entre problemáticas globales y las que enfrentamos en México”, señaló Leonardo.
Ambos estudiantes tomaron el curso de Transformación Sistémica, una iniciativa académica de la Universidad de Oxford que promueve el análisis profundo de problemas complejos mediante metodologías basadas en el pensamiento sistémico. Esta formación fue el pilar para estructurar una propuesta con rigor académico y sensibilidad social.
Map the System es una plataforma global impulsada por el Skoll Centre for Social Entrepreneurship de la Universidad de Oxford. Desde 2015, reúne a estudiantes, docentes y actores sociales para fomentar el análisis de sistemas complejos y promover soluciones sostenibles y de largo plazo.
“Participar en este escenario internacional nos hizo ver que los grandes problemas del mundo no están aislados porque muchas de las causas que identificamos en México también se repiten en otros países. Esta experiencia nos enseñó a pensar en soluciones más integrales, con empatía y desde una perspectiva global, pero con raíces muy locales”, explicó Diana.
El estudio de Leonardo y Diana no solo visibiliza una crisis ambiental urgente, sino que también muestra el potencial transformador del trabajo estudiantil cuando se combina la investigación con un propósito social.
Tomar un baño es una excelente herramienta para la relajación y el bienestar general, ofreciendo una variedad de beneficios tanto físicos como mentales. Algunas de las ventajas son:
Relajación muscular y alivio del dolor: El agua caliente es un potente relajante muscular. Al sumergirnos, el calor ayuda a dilatar los vasos sanguíneos, mejorando la circulación y la oxigenación de los músculos, lo que reduce la tensión y la rigidez. Además, alivia dolores musculares y articulares, actuando como un analgésico natural y reduciendo la inflamación, ideal después de un día de ejercicio intenso o un largo periodo de tensión.
Reducción del estrés y la ansiedad: Un baño es un santuario personal donde puedes desconectarte. Los beneficios para la mente incluyen la disminución de los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que genera una sensación de bienestar y calma. También estimula la producción de endorfinas, las hormonas de la felicidad, y calma el sistema nervioso, reduciendo la ansiedad y la irritabilidad. Permite la liberación de la mente, propiciando un momento de reflexión personal íntima y dejando atrás las preocupaciones.
Mejora la calidad del sueño: Tomar un baño caliente antes de acostarse puede ser un ritual efectivo para combatir el insomnio. Relaja el cuerpo y la mente, preparándolos para un descanso profundo y reparador. La ligera disminución de la temperatura corporal después de salir del agua caliente puede señalar al cuerpo que es hora de dormir.
Para elevar esta experiencia a un nivel superior, Moen, la marca de grifería y accesorios #1 en Norteamérica para baño y cocina, anuncia el lanzamiento de Verso™, una innovadora regadera diseñada para redefinir el bienestar en el hogar. La nueva regadera invita a los usuarios a sumergirse en un momento de relajación, transformando el baño en un verdadero santuario personal.
La regadera Verso™ de Moen está pensada para ofrecer una experiencia de baño inigualable. Con múltiples opciones de rociado y una práctica regadera de mano, se adapta a las preferencias de cada persona, permitiendo un nivel de personalización que fomenta la relajación total. Ya sea que busques un masaje vigorizante o una suave lluvia, Verso™ promete una experiencia que va más allá de lo convencional.
Además de su diseño ergonómico y funcionalidades avanzadas, la regadera Moen Verso™ integra un compromiso con la sostenibilidad. Su dock magnético está elaborado con plástico rescatado del océano, un paso significativo de Moen hacia un futuro más verde y responsable. Este detalle no solo subraya el compromiso de la marca con el medio ambiente, sino que también ofrece a los consumidores la posibilidad de contribuir a un mundo más sostenible con cada ducha.
La regadera Moen Verso™ viene en cuatro acabados: cromo, negro mate, níquel cepillado y oro cepillado, para combinar con cualquier estilo de baño. Sus principales características son:
Cebolleta de regadera de 7″ de diámetro, con regadera de mano
La tecnología Magnetix™ con un innovador sistema de ajuste magnético
Rocío con combinación Infinite™
Cumple con las guías WaterSense® de EPA para ahorrar agua sin sacrificar rendimiento
Garantía limitada de por vida
Moen invita a todos a disfrutar de Verso™ al máximo y a compartir sus experiencias, transformando cada ducha en un momento de puro bienestar.
#MoenDiseñaParaElAgua
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Facebook: MOEN México
El agua diseña nuestra vida, ¿quién diseña para el agua?
La noticia de que el banco británico HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance (NZBA)ha causado revuelo y preocupación, pues según información de edie, se suma a una tendencia que ya incluye a gigantes financieros como JPMorgan Chase, Citi y Morgan Stanley. Aunque el banco reitera su compromiso con las emisiones netas cero para 2050, su desvinculación de este acuerdo colectivo genera preocupaciones sobre su voluntad real de liderar en temas climáticos.
En un momento en que los riesgos del calentamiento global se agravan y la presión sobre las instituciones financieras aumenta, la decisión de HSBC refleja un giro preocupante en la gobernanza climática del sector bancario. Especialistas en sostenibilidad y activistas han advertido que este tipo de retrocesos mina la credibilidad corporativa y debilita el progreso hacia una economía baja en carbono.
HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance: ¿compromiso o retroceso?
La salida de HSBC de la NZBA no ocurrió en el vacío: responde a una serie de decisiones estratégicas que han debilitado su agenda climática en los últimos meses. En febrero, el banco redujo sus objetivos de reducción de emisiones para 2030, culpando a la lentitud del cambio en la economía real. Además, postergó su meta de cero emisiones netas en sus operaciones hasta 2050 y anunció una mayor dependencia de los mecanismos de compensación de carbono.
Este debilitamiento se profundizó en octubre de 2024, cuando el banco eliminó a sus directores de sostenibilidad del comité ejecutivo. La medida, justificada como una simplificación de su estructura de gobernanza, envió un mensaje contradictorio en un momento en que se esperaba más, no menos, liderazgo climático desde las altas esferas corporativas.
HSBC becomes "first UK" bank to quit industry’s net zero alliance (NZBA) — following six of the largest banks in the US to do so: JP Morgan, Citigroup, Bank of America, Morgan Stanley, Wells Fargo and Goldman Sachs: https://t.co/euSQ4k20FShttps://t.co/CuG0hqPGuw
Aunque HSBC afirma que ya ha interiorizado los marcos propuestos por la NZBA y que publicará una estrategia de transición actualizada este año, las señales recientes alimentan el escepticismo. Como señaló Jeanne Martin, de Shareaction, “HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance justo cuando el mundo necesita acciones más audaces, no menos”.
Un contexto de presión política y retroceso normativo
La decisión de HSBC también debe entenderse dentro de un contexto político y regulatorio en tensión. La NZBA, impulsada originalmente por la ONU, modificó recientemente sus criterios: ya no exige a sus miembros adherirse estrictamente al objetivo de 1.5 °C. En su lugar, los bancos sólo son “alentados” a aspirar a limitar el calentamiento “muy por debajo de 2 °C”. Esto diluye el carácter vinculante de sus compromisos climáticos y abre la puerta al desinterés corporativo.
Estos cambios responden en gran medida a presiones políticas, especialmente desde Estados Unidos. La reacción conservadora contra los criterios ESG ha llevado a bancos norteamericanos a abandonar la alianza, temerosos de sanciones o investigaciones legislativas. Esta resistencia, aunque más notoria en EE.UU., también se extiende a Europa, donde marcos regulatorios cambiantes han generado cautela entre los inversores.
HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance en este clima de repliegue, lo que sugiere que sus decisiones están motivadas más por conveniencia política y financiera que por visión estratégica a largo plazo. El riesgo es que esta actitud se normalice y desmantele una de las pocas herramientas globales de rendición de cuentas para el sector financiero frente al cambio climático.
Reacciones críticas y llamados desde los inversionistas
La comunidad financiera no ha recibido esta noticia con indiferencia. Fondos de pensiones y grandes inversionistas que gestionan activos por más de 1.2 billones de libras han exigido a HSBC que reafirme su compromiso con la descarbonización. Consideran que decisiones como esta minan la confianza del mercado y ponen en riesgo la prosperidad a largo plazo de las economías globales.
Organizaciones como Shareaction han condenado abiertamente la retirada, calificándola de “señal preocupante” y un acto que debilita la presión colectiva necesaria para enfrentar la crisis climática. “El banco no puede seguir proclamando ambición climática mientras elimina estructuras de gobernanza ambiental y retrocede en sus compromisos”, señaló Martin.
El problema no es únicamente reputacional. Las decisiones de HSBC podrían influir en otros actores financieros que hoy se debaten entre mantener sus compromisos o ceder ante presiones externas. HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance y, con ello, refuerza la narrativa de que el cumplimiento climático es opcional, no una obligación moral y estratégica.
El riesgo de normalizar la inacción climática
Cuando uno de los bancos más grandes del mundo da un paso atrás en sostenibilidad, el mensaje que se transmite es profundamente peligroso. HSBC justificó su salida de la NZBA afirmando que ya tiene los marcos suficientes para guiar su estrategia de descarbonización, pero sus acciones recientes contradicen esa narrativa. Si no hay mecanismos externos de evaluación y presión, ¿cómo pueden los actores sociales e inversionistas asegurar que esos marcos se cumplan?
Además, el giro de la NZBA hacia compromisos no vinculantes debilita la credibilidad de las alianzas climáticas voluntarias. Sin objetivos claros y obligatorios, la autorregulación se convierte en un mero ejercicio de relaciones públicas. La salida de HSBC refuerza la idea de que las promesas climáticas pueden abandonarse cuando resultan incómodas o políticamente riesgosas.
La lucha contra el cambio climático requiere coherencia, liderazgo y valentía. Abandonar compromisos colectivos no sólo es una decisión interna; es una renuncia pública a la corresponsabilidad global. En este escenario, HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance no como un gesto técnico, sino como un símbolo de un modelo corporativo que sigue priorizando la flexibilidad financiera sobre la urgencia ambiental.
El precio de dar marcha atrás
La decisión de HSBC de abandonar la NZBA no sólo compromete su reputación como actor global responsable, sino que debilita la arquitectura de cooperación internacional en materia climática. El hecho de que esta salida venga acompañada de recortes a sus estructuras de sostenibilidad y retrocesos en sus metas intermedias revela una preocupante desconexión entre el discurso y la acción.
HSBC deja la Net-Zero Banking Alliance en un momento crítico para el planeta, cuando se necesitan compromisos firmes y rendición de cuentas. Si las instituciones más influyentes no lideran con el ejemplo, será más difícil exigir responsabilidad a otros sectores. Ante la emergencia climática, dar un paso atrás no es neutral: es asumir un rol pasivo ante un desafío que exige todo lo contrario.
En un mundo marcado por la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y las crecientes desigualdades sociales, el poder del consumidor ha adquirido un nuevo sentido. Cada decisión de compra se convierte en una oportunidad para alinear nuestros valores con nuestras acciones. Más allá del consumo responsable, hoy se habla de consumidores activistas: personas que no sólo eligen con conciencia, sino que impulsan transformaciones desde el mercado.
Convertirse en un consumidor activista implica comprender que nuestras elecciones cotidianas afectan directamente al planeta, los derechos laborales y la economía local. Esta forma de activismo desde el consumo es una herramienta potente para frenar el cambio climático y exigir prácticas éticas a las empresas. En esta nota exploraremos qué es el consumidor activista, cómo adoptar este enfoque y por qué puede marcar la diferencia en la lucha por un futuro más justo y sostenible.
¿Qué es el consumidor activista?
Para entender qué es el consumidor activista, hay que ir más allá del concepto tradicional de consumidor consciente. Mientras que este último busca reducir su huella ambiental y apoyar causas sociales, el consumidor activista añade una dimensión política y transformadora. No sólo compra con criterio ético: también denuncia, exige, informa, boicotea y promueve modelos alternativos.
El consumidor activista actúa con un objetivo claro: influir en el comportamiento de las empresas y gobiernos mediante sus decisiones de consumo. Utiliza su poder económico como una herramienta de presión y participa activamente en movimientos que exigen responsabilidad social, transparencia y respeto por los derechos humanos. Su impacto trasciende lo individual.
Comprender qué es el consumidor activista implica reconocer que cada acción de compra o rechazo puede tener consecuencias reales. Cuando millones de personas exigen productos sostenibles, comercio justo o políticas de cero emisiones, las marcas se ven obligadas a responder. De este modo, el activismo del consumidor se convierte en una fuerza catalizadora de cambio.
¿Cómo convertirte en un consumidor activista?
1. Infórmate antes de comprar
Antes de realizar una compra, investiga la empresa, su historial ambiental, laboral y social. Verifica si cuenta con certificaciones éticas, informes de sostenibilidad o políticas de transparencia. Hoy existen aplicaciones y sitios especializados que ayudan a evaluar el impacto de marcas y productos. Conocer esta información te permite tomar decisiones más responsables. La información es tu herramienta más poderosa como consumidor activista.
2. Prioriza marcas socialmente responsables
Busca empresas que integren valores éticos en su modelo de negocio. Apoya aquellas que respeten los derechos humanos, promuevan la igualdad, reduzcan su huella ecológica y actúen con transparencia. Fíjate si publican reportes ESG o colaboran con causas sociales reales. Elegir estas marcas es una forma de premiar el buen comportamiento empresarial. Tus compras pueden convertirse en un voto por un mundo más justo.
3. Reduce tu consumo
El consumo activista implica cuestionar el consumo innecesario. Antes de comprar, pregúntate si realmente lo necesitas o si puedes reparar, intercambiar o reutilizar. Adoptar un estilo de vida más minimalista disminuye el impacto ambiental y combate la lógica de usar y tirar. Comprar menos pero mejor es una de las decisiones más sostenibles. Elegir conscientemente también es consumir con mesura.
4. Boicotea prácticas irresponsables
Cuando una empresa incurre en prácticas abusivas, contaminantes o discriminatorias, puedes dejar de comprarle. El boicot organizado es una herramienta histórica de presión colectiva. Involúcrate en campañas ciudadanas o difunde información verificada para generar conciencia. Las empresas están obligadas a reaccionar cuando sus consumidores rechazan sus productos. El silencio también es una forma de consentimiento: no lo normalices.
5. Usa tus redes sociales para influir
Las plataformas digitales permiten amplificar tu voz y generar impacto. Comparte contenido que informe sobre consumo responsable, exige transparencia a las marcas y apoya campañas que promuevan la sostenibilidad. Un mensaje bien documentado puede inspirar a decenas de personas. Además, muchas marcas monitorean sus menciones y reaccionan ante la presión pública. Hablar claro y con evidencia es una forma efectiva de activismo.
6. Apoya proyectos locales y comunitarios
Consumir local no solo fortalece la economía de tu comunidad, también reduce la huella de carbono al disminuir los traslados de mercancía. Prefiere productos hechos por cooperativas, emprendimientos sociales o pequeñas marcas con impacto positivo. Así contribuyes al desarrollo económico justo y a la redistribución de oportunidades. Lo pequeño también transforma cuando se multiplica.
7. Involúcrate en causas y peticiones ciudadanas
El consumidor activista también actúa desde la participación política. Puedes firmar peticiones, apoyar proyectos de ley, sumarte a campañas por derechos ambientales o laborales. Este compromiso amplía tu impacto más allá del consumo individual. Cuando miles de voces coinciden, los tomadores de decisiones escuchan. No subestimes el poder de tu firma o tu presencia en una movilización.
8. Únete a colectivos de consumo responsable
Formar parte de redes de consumidores críticos permite aprender, compartir recursos y construir acciones colectivas. Puedes unirte a grupos locales o virtuales, participar en ferias sostenibles o colaborar en compras comunitarias. Estos espacios fortalecen tu compromiso y multiplican el alcance de tus decisiones. El consumo activista es más potente cuando se hace en comunidad.
9. Evalúa tus decisiones financieras
Revisa dónde guardas tu dinero, qué banco usas, en qué fondos inviertes y qué empresas apoyas indirectamente. Muchas instituciones financieras financian industrias destructivas sin que sus clientes lo sepan. Existen opciones de banca ética o fondos verdes que canalizan el capital hacia proyectos sostenibles. Ser consumidor activista también implica ser inversionista consciente.
10. Sé coherente, pero flexible
Ser un consumidor activista es un camino, no una meta. Habrá decisiones contradictorias, limitaciones económicas o contextos que dificulten la coherencia total. Lo importante es actuar con intención, aprender constantemente y mejorar donde se pueda. Cada pequeño paso suma al cambio colectivo. No se trata de ser perfecto, sino de no ser indiferente.
Más razones para sumarte al consumo activista
Entender qué es el consumidor activista también requiere considerar su impacto colectivo. A través de sus acciones, los consumidores activistas han logrado transformaciones notables: desde la eliminación de pruebas en animales hasta el retiro de ingredientes tóxicos o el fortalecimiento de las políticas de sostenibilidad en grandes corporaciones.
Además, este tipo de consumidor ha ganado influencia en el diseño de productos y servicios. Las marcas están cada vez más atentas a las exigencias sociales, porque saben que su reputación está en juego. Quienes compran con conciencia ayudan a poner en agenda temas como el cambio climático, la equidad de género o el respeto a los pueblos indígenas.
Por último, el consumo activista refuerza la idea de ciudadanía económica. No somos simples compradores, somos sujetos activos que pueden modelar la economía que queremos ver. Si más personas entienden qué es el consumidor activista, más rápido avanzaremos hacia mercados más humanos, circulares y sostenibles.
Tu consumo también es una forma de protesta
El consumo no es neutral. Cada compra que haces o evitas, cada marca que eliges o denuncias, tiene el potencial de transformar industrias enteras. Saber qué es el consumidor activista es comprender que tenemos en nuestras manos una herramienta de cambio con un enorme poder colectivo. Usarla conscientemente es parte esencial de la ciudadanía moderna.
Adoptar esta postura no significa renunciar al confort o vivir con culpa, sino actuar con intención y coherencia. Frente a una crisis ambiental y social sin precedentes, el consumidor activista representa una respuesta posible, ética y poderosa. Y lo mejor es que está al alcance de todos. ¿Te sumas?
Mark Zuckerberg, CEO de Meta, está en el centro de un juicio sin precedentes por más de 8,000 millones de dólares, pues, de acuerdo con información de Reuters, está acusado, junto con otros exdirectivos de la plataforma, de operar Facebook como una empresa que, de manera ilegal, permitía recopilar datos de los usuarios sin su consentimiento.
Esta acción legal fue impulsada por accionistas de Meta, quienes alegan que estas acciones rompieron continuamente un acuerdo de 2012 entre Facebook y la Comisión Federal de Comercio para proteger los datos de los usuarios, señalamientos que no sólo ponen en entredicho la gestión de datos personales por parte de Facebook, sino también su compromiso ético.
La demanda se remonta al escándalo de Cambridge Analytica, cuando millones de perfiles fueron explotados con fines políticos sin consentimiento. Aunque el juicio se centra en hechos ocurridos hace más de una década, revive cuestionamientos clave sobre las violaciones a la privacidad en Meta y evidencia cómo la compañía ha fallado, reiteradamente, en garantizar estándares mínimos de protección a sus usuarios.
Apologies like this one from Mark Zuckerberg are not enough. Social media companies like Meta and TikTok need to do more to protect people from harm. pic.twitter.com/r7msk0NRhS
El juicio arrancó esta semana en el Tribunal de Equidad de Delaware. Se trata de un proceso inusual, sin jurado, que buscará determinar si Zuckerberg y otros líderes incumplieron deliberadamente sus deberes de supervisión tras el acuerdo de privacidad firmado con la Comisión Federal de Comercio (FTC) en 2012. La demanda alega que los acusados actuaron con conocimiento y permisividad frente a prácticas que vulneraban los datos de los usuarios.
Entre los demandados se encuentran figuras prominentes como Sheryl Sandberg, Marc Andreessen, Peter Thiel y Reed Hastings, quienes presuntamente no detuvieron políticas cuestionables aun después de múltiples advertencias. Los accionistas buscan que los responsables reembolsen a Meta los costos legales y sanciones asociadas, entre ellas, la multa récord de 5,000 millones de dólares impuesta por la FTC en 2019.
Pese a que Meta como empresa no es acusada directamente en este proceso, el juicio pone en tela de juicio su cultura corporativa y el papel de sus directivos en decisiones que desencadenaron las violaciones a la privacidad en Meta. La pregunta central no es sólo qué sabían los líderes, sino qué hicieron al respecto.
Las promesas incumplidas en materia de privacidad
El corazón de la acusación radica en el incumplimiento del acuerdo de 2012 con la FTC, que comprometía a Facebook a proteger los datos de sus usuarios. Los demandantes sostienen que la empresa continuó con prácticas engañosas incluso después de este pacto. Aunque Meta ha argumentado que implementó equipos de privacidad y contrató asesores externos, los hechos apuntan a que las medidas fueron insuficientes o puramente cosméticas.
Uno de los eventos más escandalosos fue el acceso masivo que Cambridge Analytica tuvo a datos personales a través de una aplicación de terceros. Esta acción, lejos de ser aislada, demostró una falta de control interno grave y sistemático. La omisión, más que accidental, parece haber sido parte de una cultura empresarial centrada en la rentabilidad antes que en la ética.
Jason Kint, de Digital Content Next, subraya que el caso será revelador para entender “qué sabía la junta directiva, y cuándo”. La gran interrogante que queda en el aire es si Meta puede seguir justificando los beneficios económicos por encima del derecho de sus usuarios a la privacidad.
Implicaciones para la RSE de Meta y las grandes tecnológicas
Este juicio reactiva una discusión profunda sobre la responsabilidad social empresarial de las grandes tecnológicas. Mientras Meta afirma haber invertido miles de millones desde 2019 para reforzar sus políticas de privacidad, sus antecedentes siguen siendo motivo de desconfianza. Para muchos observadores, este proceso es el reflejo de una cultura organizacional que ha normalizado la extracción de datos como parte de su modelo de negocio.
Safiya Noble, experta en justicia digital, advierte que la erosión de políticas de diversidad e inclusión (DEI) también debilita el compromiso de Meta con sus obligaciones sociales. Y es que la defensa de la privacidad es inseparable de una visión ética de la tecnología que contemple la equidad y los derechos humanos como ejes centrales.
Frente a una audiencia global de más de 3 mil millones de usuarios diarios, Meta carga con una responsabilidad proporcional. Sin embargo, al estar nuevamente involucrada en violaciones a la privacidad en Meta, la empresa demuestra que su camino hacia una RSE sólida aún está lleno de contradicciones y retrocesos.
¿Puede Meta recuperar la confianza?
Las consecuencias reputacionales para Meta pueden ser tan severas como las legales. La percepción pública de una empresa que minimiza los riesgos asociados al mal uso de datos personales puede erosionar la confianza de usuarios, anunciantes e incluso inversionistas. En el contexto actual, donde los modelos de IA también dependen del uso de información personal, estas preocupaciones adquieren mayor relevancia.
Además del juicio, los demandantes acusan a Zuckerberg de haber vendido acciones por más de mil millones de dólares tras anticipar el estallido del escándalo de Cambridge Analytica. Aunque la defensa sostiene que la venta se hizo dentro de un plan legal para financiar actividades benéficas, las dudas sobre la ética de la decisión persisten.
Mientras la compañía busca posicionarse como líder en innovación y tecnología responsable, sigue arrastrando una historia marcada por las violaciones a la privacidad en Meta. A medida que la empresa avanza en el entrenamiento de modelos de inteligencia artificial, los errores del pasado podrían repetir sus efectos si no se asumen compromisos reales y sostenidos.
Rendición de cuentas: un pilar indispensable para la responsabilidad social
El juicio por violaciones a la privacidad en Meta marca un momento clave para reflexionar sobre la necesidad de transparencia y vigilancia en las grandes tecnológicas. Lo que está en juego no es sólo el cumplimiento de normas legales, sino el respeto por los derechos fundamentales en la era digital. La responsabilidad social empresarial no puede reducirse a comunicados; debe traducirse en acciones concretas, integradas y duraderas.
Si Meta quiere reconstruir su reputación y ganarse la confianza de los millones de personas que dependen de sus servicios, necesita asumir con seriedad las lecciones de este proceso judicial. Sólo con rendición de cuentas real y una cultura corporativa alineada con el bienestar social será posible avanzar hacia una tecnología verdaderamente ética.
El greenwashing —o ecoblanqueo— no es un simple error de comunicación: es una práctica que daña profundamente la credibilidad de una empresa. Cuando una compañía exagera o falsifica sus compromisos ambientales, no solo traiciona la confianza del consumidor, sino que expone a la organización a sanciones legales, boicots, pérdida de socios estratégicos y presión pública. En el ecosistema ESG, esto puede ser devastador.
Las consecuencias también se reflejan en las finanzas. A medida que los inversionistas alinean su capital con criterios de sostenibilidad, las empresas acusadas de greenwashing pierden acceso a fuentes clave de financiamiento responsable. Además, enfrentan caídas en el valor de marca, desinversión y auditorías externas que generan costos adicionales. Lo ambiental no es sólo reputación: es economía.
Por otro lado, el daño a la relación con clientes puede ser irreversible. En una era donde la transparencia y la coherencia son centrales para construir lealtad, el greenwashing erosiona uno de los activos más importantes de cualquier empresa: la confianza. Aun así, recuperarse del greenwashing es posible, siempre que se reconozca el problema y se actúe con integridad, estrategia y voluntad de cambio real.
🌿🚫 El ‘green washing’ es una estrategia que aparenta compromiso ambiental sin serlo realmente. Infórmate para reconocerlo y tomar decisiones más conscientes. Infografía de @DGDCUNAM. ⬇️ pic.twitter.com/ri0ZH7jNQB
8 acciones clave para recuperarse del greenwashing
1. Reconocer públicamente el error
El primer paso para recuperarse del greenwashing es reconocer que existió un error. Este reconocimiento debe ser claro, público y asumir la responsabilidad sin rodeos. Las disculpas a clientes, inversionistas y comunidades afectadas no solo son un gesto ético, sino también una estrategia de reparación. Ocultar o minimizar el problema solo genera más desconfianza y prolonga el daño reputacional. La transparencia, aunque incómoda, es el inicio de toda reconciliación con los grupos de interés.
Además, este acto de humildad corporativa permite abrir un diálogo franco con los públicos clave. Lejos de debilitar la imagen de la empresa, puede fortalecerla si se percibe una intención auténtica de transformación. Reconocer públicamente el greenwashing no es debilidad: es la base para reconstruir una narrativa creíble. Muchas marcas han salido fortalecidas tras admitir sus errores y demostrar con hechos que están cambiando. El silencio, en cambio, alimenta el cinismo.
2. Realizar una auditoría de sostenibilidad independiente
Para actuar con honestidad, la empresa debe saber exactamente qué falló. Una auditoría de sostenibilidad realizada por un tercero imparcial permite revisar a fondo los compromisos ambientales, las acciones ejecutadas y los mensajes emitidos. Esta revisión técnica detecta incongruencias, debilidades estructurales y vacíos en la implementación de las políticas ESG. Además, brinda una base objetiva para establecer nuevas metas y corregir el rumbo con evidencia.
El carácter independiente de la auditoría refuerza su legitimidad ante los ojos de los stakeholders. No basta con una revisión interna: se necesita la mirada crítica de expertos ajenos a la organización. Para recuperarse del greenwashing, la empresa debe mostrar que su evaluación no es un ejercicio de maquillaje, sino un esfuerzo honesto por aprender y mejorar. Publicar los resultados, aunque parciales, también puede ser una herramienta poderosa de transparencia.
3. Reformular sus objetivos ESG con indicadores medibles
Las metas vagas son terreno fértil para el greenwashing. Reformular los objetivos ESG con indicadores claros, medibles y temporalmente definidos es indispensable para recuperar credibilidad. Estos indicadores deben alinearse con estándares internacionales como los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o los principios del Global Reporting Initiative (GRI). Solo así se podrá demostrar con hechos el compromiso real con la sostenibilidad.
Además, es fundamental integrar estos objetivos a la estrategia general de la empresa y no relegarlos a iniciativas aisladas. Cuando las metas ESG están desconectadas del negocio principal, pierden fuerza y coherencia. Recuperarse del greenwashing implica mostrar que la sostenibilidad no es un “extra”, sino parte del corazón del modelo corporativo. La ambición debe ir acompañada de responsabilidad y mecanismos de seguimiento real.
4. Crear un comité interno de vigilancia ESG
La vigilancia del cumplimiento ambiental no puede quedar en manos de un área aislada o limitada al equipo de comunicación. Crear un comité ESG con participación transversal permite monitorear de forma integral los avances, detectar desviaciones y corregir errores con mayor rapidez. Este comité debe incluir representantes de todas las áreas estratégicas para garantizar una visión amplia y operativa de la sostenibilidad.
También es importante que este organismo tenga voz y voto en la toma de decisiones corporativas. Para recuperarse del greenwashing, la gobernanza debe evolucionar hacia un modelo más participativo y consciente. La sostenibilidad no se puede gestionar desde el marketing, sino desde las entrañas del negocio. Un comité bien estructurado contribuye a institucionalizar la cultura ESG y prevenir nuevos casos de greenwashing en el futuro.
5. Involucrar a las partes interesadas
Para recuperarse del greenwashing, una empresa no puede actuar de manera unilateral: necesita dialogar con sus stakeholders. Involucrar a consumidores, empleados, proveedores, ONGs, expertos en sostenibilidad e inversionistas permite reconstruir la confianza desde una lógica participativa. Abrir espacios de escucha y colaboración ofrece información valiosa sobre expectativas, necesidades y percepciones. Además, genera corresponsabilidad y legitimidad en el proceso de cambio.
Este involucramiento puede tomar forma a través de consultas públicas, mesas de trabajo, encuestas o alianzas estratégicas. Lo importante es demostrar que las decisiones no se toman de espaldas a la sociedad. A medida que los stakeholders se sienten escuchados, el capital reputacional se empieza a restaurar. Ser transparente sobre los avances y retrocesos ante estos públicos es clave para mantener una relación honesta y duradera.
6. Reformular su narrativa corporativa
El discurso institucional debe reflejar los cambios reales dentro de la empresa. Reformular la narrativa corporativa implica abandonar el lenguaje vago y las afirmaciones genéricas sobre sostenibilidad. Para recuperarse del greenwashing, las marcas deben apostar por una comunicación transparente, basada en datos verificables y avances concretos. En lugar de prometer perfección, deben compartir el proceso, las lecciones aprendidas y los desafíos pendientes.
Esta nueva narrativa también debe expresarse con humildad y coherencia. La sostenibilidad no puede tratarse como una herramienta de marketing sino como una convicción corporativa. Evitar la exageración y priorizar la rendición de cuentas en todos los canales de comunicación —incluyendo reportes, redes sociales y empaques— es esencial para recuperar la credibilidad. La forma en que se cuenta la historia importa tanto como lo que se hace.
7. Fortalecer la cadena de suministro
Uno de los errores más comunes de las empresas que han incurrido en greenwashing es ignorar los impactos de su cadena de suministro. Para evitar nuevas inconsistencias, se requiere mapear a todos los proveedores, establecer criterios de sostenibilidad obligatorios y realizar auditorías periódicas. Las certificaciones ambientales, sociales y laborales deben ser exigidas y monitoreadas para garantizar coherencia con los compromisos asumidos.
Al fortalecer la trazabilidad, la empresa demuestra que su responsabilidad se extiende más allá de su sede o producto final. Recuperarse del greenwashing exige controlar todos los eslabones de la operación. Los consumidores y aliados esperan transparencia completa: desde el origen de las materias primas hasta el destino de los residuos. Una cadena de suministro sólida es también una ventaja competitiva en mercados cada vez más exigentes.
8. Publicar reportes anuales con indicadores verificables
El reporte de sostenibilidad ya no es opcional: es una herramienta fundamental para rendir cuentas. Publicar informes anuales con indicadores claros, auditables y comparables permite demostrar avances reales. Estos documentos deben ser accesibles, estar alineados con marcos internacionales como GRI o SASB y contener tanto los logros como las áreas de mejora. La honestidad es más valiosa que la perfección.
Además, estos reportes fortalecen la relación con inversionistas, reguladores y consumidores. Cuando una empresa comunica sus progresos de forma transparente, se vuelve más confiable y menos vulnerable a nuevas acusaciones. Recuperarse del greenwashing es un proceso continuo, no un evento puntual. El seguimiento anual, acompañado de metas públicas y verificables, asegura que la promesa de cambio se mantenga vigente en el tiempo.
¿Por qué el greenwashing se ha vuelto tan riesgoso?
En el pasado, algunas marcas lograban salir impunes del greenwashing debido a la baja vigilancia ciudadana y a la falta de regulaciones claras. Sin embargo, en la actualidad, la digitalización y el acceso inmediato a la información han dado lugar a consumidores mucho más críticos y atentos. Las redes sociales amplifican denuncias y evidencias en segundos, generando impactos inmediatos y duraderos en la reputación de las empresas.
Además, los gobiernos y organismos internacionales están endureciendo las normativas contra las declaraciones ambientales engañosas. En Europa, por ejemplo, se discute la prohibición del uso de términos como “verde” o “sostenible” si no están avalados por pruebas verificables. Esta nueva tendencia regulatoria impone obligaciones claras de transparencia, medición y verificación para evitar la publicidad falsa o engañosa.
Por tanto, recuperarse del greenwashing no solo implica una necesidad ética, sino también una obligación legal y estratégica. Las empresas que no se ajusten a esta realidad se arriesgan a enfrentar sanciones, demandas colectivas y una pérdida considerable de capital reputacional. En cambio, quienes actúan con integridad tienen la oportunidad de reconstruir vínculos y diferenciarse como líderes genuinos en sostenibilidad.
¿Se puede recuperar la confianza perdida?
Aunque el daño causado por el greenwashing puede parecer irreversible, muchas empresas han logrado recuperarse al adoptar un enfoque transformador. Reconocer los errores públicamente, implementar cambios estructurales y construir procesos transparentes son pasos clave para reconstruir la credibilidad. La recuperación toma tiempo, pero es posible si hay coherencia entre el discurso y la práctica.
Los consumidores, si bien son exigentes, también son capaces de perdonar cuando ven un cambio real. Marcas que en su momento fueron señaladas por greenwashing hoy son reconocidas por sus avances, precisamente porque decidieron tomarse en serio la crítica y aprender de ella. La transparencia continua y la rendición de cuentas son los mejores aliados para avanzar.
Recuperarse del greenwashing es, en muchos sentidos, una oportunidad para repensar el negocio desde una perspectiva más ética, regenerativa y conectada con los desafíos del presente. Las compañías que abracen este proceso con humildad y visión de largo plazo no solo sanarán su reputación, sino que se posicionarán mejor para un futuro donde lo sostenible ya no es opcional, sino esencial.
Transformar el error en oportunidad
El greenwashing es más que una crisis reputacional; es una señal de que algo en la cultura organizacional necesita revisarse a fondo. Las empresas que lo han enfrentado con honestidad y han emprendido un cambio estructural, no solo han reparado su imagen, sino que han construido modelos de negocio más resilientes, confiables y sostenibles a largo plazo.
Recuperarse del greenwashing no se trata de limpiar una mancha en la fachada, sino de rehacer los cimientos con integridad, transparencia y compromiso real. En un entorno donde los consumidores, reguladores e inversionistas exigen resultados tangibles, la autenticidad se convierte en el activo más valioso. Las empresas que entiendan esto no solo se recuperarán, sino que también podrán liderar el camino hacia un nuevo paradigma empresarial.
La inteligencia artificial ha irrumpido en múltiples sectores con la promesa de ofrecer soluciones eficientes, personalizadas y escalables. Sin embargo, a medida que se vuelve una herramienta esencial para la toma de decisiones en áreas como la salud, el empleo, las finanzas o la seguridad pública, también surgen riesgos asociados a su desarrollo y uso. Uno de los más preocupantes es la reproducción y amplificación de los prejuicios sociales que sus diseñadores—en su mayoría hombres blancos—incorporan, muchas veces sin darse cuenta.
Este fenómeno, conocido como sesgos en la IA, está íntimamente ligado a la falta de diversidad en la industria tecnológica. Según la UNESCO, las mujeres representan apenas el 26 % de la fuerza laboral en IA, mientras que los grupos étnicos como los afrodescendientes o los hispanos siguen siendo significativamente subrepresentados. En consecuencia, las herramientas que crean no reflejan la pluralidad de experiencias y necesidades de la sociedad, perpetuando estructuras de desigualdad.
Sesgos en la IA: un problema con consecuencias reales
Los sesgos en la IA no son una falla menor del sistema; tienen consecuencias profundas. En 2018, Amazon tuvo que eliminar una herramienta de reclutamiento con IA cuando descubrió que discriminaba a las mujeres. ¿La razón? El algoritmo se entrenó con datos históricos que reflejaban una fuerza laboral dominada por hombres, reforzando esa misma tendencia. Este tipo de sesgos se originan cuando los sistemas aprenden a partir de datos que ya están contaminados con prejuicios humanos. Maya De Los Santos, una joven afrolatina que busca abrirse camino en este campo, lo tiene claro:
“Quiero asegurarme de que las comunidades marginadas estén protegidas e informadas sobre los peligros y beneficios de la IA”.
De Los Santos, estudiante de doctorado en la Universidad Brown entrevistada por Eco-Business, representa una nueva generación de talentos que lucha por construir una tecnología más inclusiva. Su presencia no es anecdótica: es urgente.
El sesgo algorítmico se filtra desde la concepción misma de los sistemas. Desde cómo se definen los problemas hasta qué datos se usan y cómo se interpretan los resultados, las perspectivas homogéneas reducen la capacidad de anticipar daños. De los Santos advirtió:
“La injusticia y los prejuicios que existen en la sociedad se están replicando en la IA, que se aplica a escenarios de alto riesgo y se confía en ella sin un pensamiento más crítico”.
La falta de diversidad en el desarrollo de IA
Diversos estudios han mostrado que la participación de personas con distintos orígenes e identidades contribuye a crear tecnologías más éticas y eficaces. A pesar de ello, los hombres continúan ocupando el 80 % de los puestos académicos de alto nivel en IA, y los porcentajes de trabajadores negros e hispanos en el sector técnico apenas alcanzan el 8 y 9 %, respectivamente, según la Universidad de Georgetown.
Esta falta de representación genera una IA que responde a un universo limitado, pues como sostiene Tess Posner, fundadora de AI4ALL, organización dedicada a impulsar la inclusión en este ámbito:
“Cuando personas de una gama más amplia de experiencias ayudan a dar forma a la IA, es más probable que identifiquen diferentes necesidades, hagan diferentes preguntas y apliquen la IA de nuevas maneras”.
La homogeneidad no solo afecta el producto, sino también su legitimidad social. Si los algoritmos que deciden quién recibe un préstamo, qué paciente tiene prioridad en atención médica o quién es considerado sospechoso por un sistema de vigilancia no están diseñados con diversidad de criterios, su uso puede perpetuar o agravar la discriminación sistémica ya existente.
Programas que impulsan la inclusión en este sector
AI4ALL ha apoyado desde 2015 a más de 7,500 estudiantes de comunidades históricamente excluidas. Su objetivo es claro: formar una próxima generación de expertos en IA desde una perspectiva de equidad. Esto implica acceso temprano a clases de informática, mentorías con profesionales del sector y la apertura de oportunidades laborales que antes estaban vedadas.
Posner enfatiza que el trabajo comienza en las aulas: solo el 60 % de las escuelas públicas en EE. UU. ofrecen clases de informática, y los estudiantes negros, latinos y nativos americanos son quienes menos acceso tienen. “Promover la diversidad significa empezar desde temprano”, afirma. Se trata de construir desde la base una nueva cultura tecnológica.
No obstante, estos esfuerzos enfrentan una fuerte resistencia política. En EE. UU., la ola contra los programas de Diversidad, Equidad e Inclusión (DEI) está socavando logros alcanzados. Varias oficinas de diversidad han sido cerradas y empresas como PepsiCo y Goldman Sachs han reducido sus programas:
“Me preocupa que el ataque a la DEI debilite los esfuerzos para crear oportunidades en IA para grupos marginados”
Safiya Noble, académica de UCLA.
Los sesgos en la IA: un reflejo de nuestras brechas sociales
Combatir los sesgos en la IA requiere más que ajustes técnicos: demanda transformaciones estructurales en cómo se conciben, desarrollan y evalúan estas tecnologías. No basta con auditar los algoritmos una vez que fallan; se necesita que quienes los crean provengan de diversos entornos y tengan la sensibilidad necesaria para detectar los riesgos desde el inicio.
La IA no es neutral. Si se entrena con datos desbalanceados o si es diseñada por equipos homogéneos, terminará reflejando los mismos prejuicios que decimos querer superar. Las tecnologías que no son inclusivas tampoco son confiables. Por eso, la representación de voces diversas no es un tema decorativo, sino una condición esencial para una inteligencia verdaderamente “artificial” y justa.
Además, incluir a mujeres, personas racializadas y comunidades históricamente excluidas no sólo mejora los resultados técnicos: humaniza los procesos, expande los límites de lo posible y democratiza el futuro digital. Como señala Posner:
“La inclusión hace que las soluciones creadas por IA sean más relevantes para más personas”.
Diversidad para una IA ética y socialmente responsable
El desarrollo de tecnologías inteligentes no puede desligarse del contexto humano que las alimenta. Los sesgos en la IA son el producto directo de nuestras desigualdades estructurales, pero también una oportunidad para cuestionarlas y corregirlas. Apostar por la diversidad en el ámbito tecnológico es una forma de avanzar hacia una inteligencia artificial más ética, inclusiva y segura para todos.
Si queremos que la IA contribuya al bien común, debemos ampliar quiénes tienen la oportunidad de imaginarla, diseñarla y evaluarla. Esto implica una inversión continua en políticas educativas, inclusión laboral y defensa de los programas DEI. Solo así podremos evitar que las herramientas del futuro sigan enseñando los errores del pasado.
En un entorno empresarial que evoluciona a gran velocidad, los principios de diversidad, equidad e inclusión (DE&I) han dejado de ser únicamente una causa social para consolidarse como una ventaja competitiva tangible. Así lo destacó MUNDI, compañía de tecnología financiera, durante el conversatorio DE&I como motor de innovación en las FinTech en México, que reunió a líderes del ecosistema y organismos afines para dialogar sobre cómo estas iniciativas pueden generar entornos laborales más resilientes y empresas más rentables.
En el encuentro participaron Carla Rivero Arce de Galileo; Edith Pavón de Klar y Carlos Missirian de MUNDI; junto con Abril Rodríguez, Vicepresidenta del Comité de Diversidad e Inclusión de AmCham y DE&I Leader LATAM en EY y Alejandro García, Director de Relaciones con Gobierno y Financiamiento del Centro de Competitividad de México (CCMX); además de Georgina Ontiveros, Secretaria Técnica del Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la Ciudad de México (COPRED) e Iván Tagle, Director General de YAAJ México.
Durante la conversación, las y los líderes invitados resaltaron la importancia de DE&I como una condición indispensable para el desarrollo sostenible y competitivo del sector financiero, y no solo como un complemento social.
“Integrar iniciativas de diversidad, equidad e inclusión en la cultura organizacional, los procesos internos y el liderazgo en la empresa no solo fortalece el capital humano, también potencia la innovación, la resiliencia y la competitividad del negocio. El cambio ocurre cuando se convierte en una prioridad estratégica” afirmó Carlos Missirian (de MUNDI).
Las empresas con equipos diversos tienen hasta 25% más probabilidades de ser rentables, según un estudio de la consultora internacional McKinsey. Además, se ha señalado que las empresas con diversidad étnica y cultural en posiciones clave tienen un 33 % más de probabilidad de superar a sus pares; incluso, aquellas con altos niveles de inclusión reportan hasta 21% más valor en el mercado. El aporte de las políticas DE&I cobra especial relevancia en el ecosistema FinTech mexicano donde más de 800 startups locales, que coexisten con más de 300 startups extranjeras, están transformando el acceso al crédito, los pagos y el financiamiento, según el reciente Finnovista FinTech Radar.
México es uno de los más diversos de América Latina. La Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) 2021 revela que más de 5 millones de personas se identifican como parte de la comunidad LGBTI+. Sin embargo, la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022 señala que una de cada tres personas ha visto vulnerados sus derechos en ámbitos como salud, educación o apoyos sociales.
Del mismo modo, la COPRED alerta que el 70% de las denuncias por discriminación están directamente vinculadas al trabajo. Incluso, el Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) encontró que sólo 1 de cada 3 empresas que cotizan en la Bolsa Mexicana de Valores cuentan con políticas de inclusión.
Las y los ponentes del conversatorio coincidieron en que avanzar en materia de DE&I implica compromisos institucionales reales, mecanismos de evaluación permanentes y acciones que transformen de fondo las culturas laborales. En el caso de las FinTech, adoptar estos principios no solo promueve entornos laborales más justos, sino que permite diseñar soluciones financieras más humanas y representativas de la sociedad diversa que atienden.
Carlos Missirian añadió: “Hoy enfrentamos problemas estructurales profundos que afectan la identidad y pertenencia de millones de personas en el entorno laboral y financiero. La falta de inclusión financiera impide que la diversidad, equidad e inclusión sea una realidad tangible, especialmente en sectores como el nuestro. Como FinTech, tenemos una oportunidad estratégica para cambiar esto desde la raíz: además de ser lo correcto, está comprobado que las empresas más diversas son también más rentables. La relación entre DE&I e inclusión financiera no es opcional, es fundamental para construir modelos de negocio sostenibles y justos”,
“Para que DE&I dejen de ser conceptos abstractos, las empresas deben entender qué significan. DE&I es una transformación profunda del ADN organizacional, que implica abrir espacios tangibles para pensamientos distintos, neuro divergencias, personas de distintas clases sociales y realidades. Equipos diversos generan ideas distintas, y eso es una ventaja competitiva en un mundo que necesita soluciones nuevas”, declaró Edith Pavón (de Klar).
“La confianza es la base para conectar con los segmentos a los que nos dirigimos, y para lograrlo es fundamental integrar equipos diversos que puedan diseñar soluciones adaptadas a cada realidad. En el mundo financiero, usar un lenguaje claro y sencillo también representa una forma importante de inclusión. Cuando los equipos son empáticos y entienden cómo trabajan los demás, la diversidad se integra de manera natural al ADN de la organización. Forzar la inclusión genera resistencia. DE&I debe fluir naturalmente para convertirse en parte esencial de nuestra cultura”, agregó Carla Rivero (de Galileo).
Por su parte, Georgina Ontiveros (de COPRED) destacó: “En México y Latinoamérica, existen pocas estrategias sólidas para incluir DE&I en las organizaciones, lo que representa una gran oportunidad para avanzar. Es fundamental robustecer la legislación y revisar las políticas internas para identificar áreas de mejora e integrar políticas de diversidad, equidad e inclusión de manera efectiva. El involucramiento debe darse desde todos los niveles de la organización, apoyado por mecanismos claros que permitan medir los resultados y garantizar que la implementación de estas políticas genere un impacto real y sostenible”.
“Para avanzar en la inclusión, es fundamental eliminar la hegemonía del prototipo tradicional de persona que queremos contratar y combatir estigmas y prejuicios que limitan el talento. Las empresas tienen la oportunidad de formar equipos multidisciplinarios y crear espacios creativos donde no se repitan modelos, sino que se apueste por la pluralidad. Esto refleja una falla estructural que enfrenta retos importantes, pero también oportunidades en leyes y políticas públicas. En México, más de cinco millones de personas pertenecen a comunidades diversas, y la inclusión financiera representa una gran oportunidad de negocio. Es responsabilidad de nosotros como actores clave conectar con distintos aliados y generar diálogo para construir espacios más inclusivos”, aseguró Iván Tagle (de YAAJ México).
Relacionado a eso, Abril Rodríguez (de AmCham / EY) mencionó: “La diversidad abarca todas las diferencias, mientras que la inclusión es el proceso mediante el cual generamos entornos que permiten a las personas expresar su máximo potencial. Adoptar DE&I trae beneficios claros: reduce el burnout y fortalece el sentimiento de pertenencia. Las empresas que integran DE&I registran hasta un 19% más de ingresos, porque evitan el pensamiento de bloqueo y fomentan la innovación. Sin embargo, incorporar DE&I toma tiempo y exige cambiar mentalidades, sensibilizar, atacar las barreras que enfrentan todos los grupos y construir alianzas estratégicas. También implica buscar activamente a personas que viven distintas realidades para lograr una verdadera pertenencia”.
“Integrar DE&I en las PyMEs es complejo: muchas aún enfrentan barreras para formalizarse y, en sus primeras etapas, los directivos suelen encargarse de todo. Pero justo ahí hay una gran oportunidad. La diversidad cultural de México y la falta de estudios sobre DE&I en este sector hacen más evidente la brecha. A medida que las PyMEs crecen, también crece su capacidad de incluir más personas y generar entornos más justos. Para que eso suceda, es clave facilitar su acceso a crédito, bancarización y herramientas formales: el impacto es un efecto dominó positivo en todo el ecosistema”, apuntó Alejandro García (de CCMX).
En un sector donde la innovación es la norma, integrar una visión inclusiva es también la forma más inteligente de construir el futuro. Contar con iniciativas DE&I en la empresa ya no es opcional, sino una estrategia de crecimiento.
“Incorporar políticas de diversidad, equidad e inclusión no solo fortalece la atracción y retención de talento, también impulsa la creación de soluciones financieras más sostenibles, accesibles e innovadoras. Considero que DE&I no es solo una responsabilidad, es palanca estratégica para el liderazgo empresarial”, finalizó Carlos Missirian (de MUNDI).