En América Latina, las inversiones de impacto están en aumento, de acuerdo con un estudio del año 2016. Esto, quiere decir que además de generar ganancias, las organizaciones producen algún tipo de transformación positiva en las comunidades en las que se instalan.

The Aspen Network of Development Entrepreneurs (ANDE) fue encargada de realizar la investigación en colaboración con Latin American Private Equity & Venture Capital Association (LAVCA) y LGT Impact Ventures.

Ellas sostienen que este tipo de iniciativas que buscan un resultado social, financiero y ambiental recibieron 901 millones de dólares en 2015, más del doble respecto a los 430 millones del año anterior.

Cabe mencionar que los países que están a la vanguardia son México, Colombia y Brasil.

Buenas noticias, pero…

No obstante los números anteriores, de acuerdo con el empresario brasileño Ed Morata  las inversiones de impacto en la región representan «cifras modestas», sobre todo «en comparación con EE.UU., donde se invierte mucho más y desde hace más tiempo» en este tipo de proyectos.

Por su parte, Flavio Fuertes, coordinador de la Red Argentina del Pacto Global de Naciones Unidas, dijo que «hay que pasar de la declaración a los hechos» y expresó su deseo de «que las aspiraciones coincidan con la práctica real y concreta». Fuertes enfatiza la necesidad de «dejar de lado los mensajes aspiracionales y de construcción de un ideal y dar lugar a buenas prácticas empresariales en la creación de valor compartido».

La doctora en Ciencias Sociales e integrante del Grupo de Estudios Rurales del Insituto Gino Germani de Argentina Tamara Perelmuter dijo que las políticas de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) están «institucionalizadas», sin embargo, aseveró que solo constituyen un intento por generar «lazos con las comunidades» para «revertir» las acciones de las compañías que «producen impactos negativos en términos ambientales, sanitarios y sociales».

Perelmuter detalló que «cuando las empresas se insertan en un territorio» tienen una «zona de impacto directo» que es aquella donde se encuentra «el núcleo de la actividad y donde está la mayor inversión de capital de la empresa».

Pero también «hay otra zona que es la de impacto indirecto» donde la actividad igual genera una serie de consecuencias sociales y ambientales tanto en la naturaleza como en las poblaciones».

En resumen podemos percibir que en Latinoamérica el avance es real, sin embargo, falta muchísimo terreno por recorrer y por desgracia, gran parte de la responsabilidad corporativa sigue siendo cosmética y no de esencia.

Acerca del autor

Janneth Del Real

Licenciada en Periodismo por la Escuela de Periodismo Carlos Septién. Ha trabajado en el periódico Mas por Más, revista SuperMujer, Pulso Pyme, Linio y en el Periódico AM de Querétaro. Actualmente desarrolla contenidos para Expoknews.

Mujer positiva que siempre busca el para qué de las cosas.