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Publicidad de alimentos chatarra

Dentro de dos semanas, con el año que se inicia entrará en vigor el Código de Autorregulación de Publicidad de Alimentos y Bebidas dirigida a Público Infantil, difundido por sus autores con la sigla PABI.

La creciente preocupación social y gubernamental por el veloz incremento de la obesidad en general, y la infantil en particular, así como la certidumbre del severo efecto que en los hábitos alimentarios genera la publicidad han hecho surgir una tenue inclinación en el gobierno por moderar ese efecto.

Y aunque la segunda de las 10 acciones estratégicas anunciada por esa Secretaría para atacar la diabetes -otro problema en expansión, como el de la obesidad- se propone lograr una “modificación de las políticas de la industria alimentaria para favorecer la adopción de una alimentación correcta”, no se han dado pasos formales en tal dirección, que incluyan regular la publicidad respectiva.

El código enuncia sólo buenos propósitos, pero padece lagunas importantes.

Por ejemplo, no se impide la promoción de regalos en los restaurantes de comida rápida, que es una forma de eludir la mención a los productos causantes de problemas de salud.

Alejandro Calvillo, director de la organización civil llamada El poder del consumidor (EPC), ha dicho, al señalar esta omisión, que ese enfoque publicitario, muy intenso en los horarios infantiles de la televisión, es considerado antiético en códigos de autorregulación de otros países.

En cambio, el documento que está por entrar en vigor “ni menciona esta práctica”.

Más de 30 empresas han suscrito el código de vigencia inminente.

Representan alrededor del 70 por ciento de la inversión publicitaria en el sector. Figuran entre ellas las más conocidas, precisamente por la liberalidad de sus presupuestos publicitarios destinados al público infantil:

Barcel, Bimbo, Coca Cola y PepsiCo, Sabritas, Kellogg’s, Nestlé, Unilever, etcétera.

Reforma, “Plaza Pública”, Opinión, p. 11

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