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¿Por qué los gobiernos deberían mantenerse al margen de la RSE?

10 razones por las que la gestión de RSE concierne únicamente a las empresas y sus líderes

al margen de la RSE

Los ciudadanos corporativos avanzan a pasos agigantados en el camino de crear mejores prácticas y estándares que les permitan hacer negocios de forma responsable y generar un impacto positivo para sus comunidades tanto a nivel ambiental, como social. Sin embargo, aún existe una enorme discusión sobre el papel que los gobiernos juegan en la regulación de dichas actividades y las sanciones que éstos deberían imponer a las empresas que incumplan con determinadas condiciones.

Si bien dicha postura aboga por estandarizar aquello que puede considerarse una empresa socialmente responsable, se trata de un argumento que deja de lado el carácter voluntario que la RSE tiene como fundamento y que impulsa a las organizaciones a implementar prácticas que llevan el impacto positivo más allá de lo estrictamente legal, y que sirven para marcar una importante pauta en las diferentes industrias en las que se desarrollan.

Es justamente la esencia optativa de la RSE uno de los principales elementos para impulsar la competitividad y el crecimiento de las industrias en esta materia. Las empresas han aprendido que generar valor a través de mejores prácticas puede reforzar la rentabilidad a largo plazo y mejorar su reputación.

De esta forma, una vez que las empresas han reconocido el valor de la responsabilidad corporativa como estrategia de negocio, la intervención del gobierno se vuelve innecesaria; ¿acaso existe algún CEO que no querría incrementar la rentabilidad al mismo tiempo que genera más valor para sus consumidores?

Si lo anterior no te ha convencido de que la responsabilidad de brindar a la población empresas más responsables no recae en el gobierno, sino en las propias organizaciones, el portal CSR, Asia ha identificado una lista de 10 razones que te dejarán sin ninguna duda.

1. Con frecuencia, el entendimiento de los gobiernos en materia de RSE es pobre, por lo que algunos esfuerzos pueden convertirla en una especie forzada de filantropía, donde las empresas se ven obligadas a financiar iniciativas que no se encuentran vinculadas a su modelo de negocio.

2. En muchos casos los funcionarios de gobierno entienden poco sobre temas de negocio, por lo que las personas que ejecutan las empresas están más capacitadas para determinar exactamente cómo la RSE y la sostenibilidad puede mejorar la eficiencia y la competitividad.

3. Los gobiernos no entienden los vínculos entre la RSE y las marcas corporativas, la reputación y la confianza, por lo que buscan generar estándares en los que casi nunca contemplan las diferencias entre una empresa y otra.

4. El impulso de los gobiernos a la RSE puede ahogar la flexibilidad que las empresas necesitan para diseñar programas que se ajusten a sus necesidades particulares y se alineen con su modelo de negocio. La creatividad es clave para una estrategia exitosa y la regulación es un enemigo para ella.

5. Por desgracia, en muchos gobiernos se encuentra la corrupción de manera frecuente, por lo que es probable que la regulación en esta materia termine conviertiéndose, irónicamente, en un canal de comportamiento irresponsable

6. Los retos pendientes en materia de sustentabilidad son de naturaleza global y los distintos gobiernos no han podido llegar a acuerdos. Problemas como el cambio climático, el acceso a los servicios de salud y la pobreza extrema, necesitan con urgencia actores del sector privado que puedan utilizar su alcance global de forma voluntaria para comprometerse con el desafío de encontrar soluciones.

7. Los gobiernos son a menudo demasiado pequeños para tener una influencia significativa a escala global, mientras que los gigantes corporativos internacionales llegan a invertir cantidades de recursos incluso superiores a las del sector público. De hecho, 40% de los gastos en el mundo son realizados por las 500 compañías más grandes.

8. Los gobiernos no son capaces de conectar con las personas de la misma forma que las marcas. Las empresas conocen profundamente a sus stakeholders, estudian sus necesidades e intereses y se comunican con ellos básicamente a diario, por lo que pueden aprovechar estas conexiones para involucrarlos con sus valores y compromisos responsables.

9. Los gobiernos a menudo quieren impulsar una agenda política no es necesariamente compatible con los intereses de la comunidad o de sus stakeholders, mientras que las empresas entienden la importancia de la participación de los grupos de interés y saben que para mejorar su rentabilidad deberán equilibrar sus necesidades con los intereses de negocio.

10. Las empresas son simplemente más rápidas, eficientes, innovadoras y creativas que los gobiernos. Estas características son factores de éxito para la RSE.

Acerca del autor

Corinna Acosta

Comunicóloga, Mercadóloga y Especialista en Marcas Humanas. Colabora en este espacio desde 2012.

Generadora de estrategias y contenidos digitales. Defensora de la comunicación corporativa con enfoque humano. @coryacr en Twitter.

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