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Obama pide más control a la banca; banqueros se niegan a limitar sus incentivos salariales

Barack Obama aprovechó ayer el primer aniversario de la hecatombe provocada por la quiebra del banco de inversión Lehman Brothers para tratar de resucitar su proyecto de reforma de la supresión del sector financiero.

Un proyecto que Obama anunció en marzo y presentó en detalle en junio, pero que desde entonces duerme el sueño de los justos.

A día de hoy, la reforma sólo es un monstruoso borrador de 700 páginas que fue presentado por el secretario del Tesoro Tim Geithner a finales de agosto, y que ha sido unánimemente ignorado por la clase política, el sector financiero, los medios de comunicacion y la opinión pública.

El plan de Geithner, además, no es una reforma total, sino que simplemente extiende los poderes de las agencias ya existentes para que supervisen áreas que hasta ahora estaban sin control, como los hedge funds, formando lo que se llama «el sistema financiero en la sombra».

Sin embargo, Geithner no ha querido una supervisión total, con lo que todavía quedarán sectores esencialmente sin regular.

Entre ellos está gran parte del mercado de derivados, que son activos financieros cuyo precio depende de otros activos y que por su volatilidad extrema y su increíble diversidad han sido el origen de buena parte de los problemas de esta crisis.

En cierto sentido, la reforma de Geithner ha sido tan pactada que se le puede aplicar la famosa frase atribuida a Winston Churchill: «Un camello es un caballo diseñado por un comité».

Eso sí, no está claro que ni siquiera el camello vaya a salir de la fase de proyecto. Por una parte, toda la energía política en EEUU está siendo consumida por la reforma del sistema sanitario.

Por otra, Obama corre el riesgo, en este campo al menos, de «morir de éxito», ya que el convencimiento de que la crisis está empezando a quedar atrás amenaza con eliminar todo el sentido de urgencia a la reforma.

Así que Obama no ha tenido más remedio que dejar momentáneamente la reforma sanitaria para recordar que EEUU no puede tener un sistema supervisor de los años 30 con una economía del siglo XXI.

Para ello, escogió un lugar con el máximo simbolismo: el Salón Federal (Federal Hall) de Nueva York, el primer edificio en el que se reunió el Congreso de EEUU que está, además, situado en Wall Street, justo frente a la Bolsa neoyorkina, que hace ahora un año estaba en estado de pánico.

Su audiencia fueron los directivos de Wall Street, cuya reacción a las palabras de Obama fue, a juzgar por los aplausos que recibió el presidente, glacial.

Los aliados de Obama trataron, sin embargo, de restar importancia a esa friladad. «No es tan importante si esos consejeros delegados han escuchado o no. Lo importante es la voluntad política real por el cambio. Y va a haber cambio», dijo a The Wall Street Journal Barney Frank, el presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representan tes, cuyo papel en la reforma va a ser decisivo.

El mensaje de Obama siguió las mismas pautas que sus discursos sobre la reforma sanitaria: los cambios son inevitables, y él no cejará hasta conseguirlos, aunque lo último que quiere es frenar la competitividad del sector, para lo cual quiere abrir vías de negociación con las empresas.

Éstas son las líneas maestras de la intervención:

RAPIDEZ. La reforma no puede aplazarse. «Las viejas prácticas que nos han llevado a esto no pueden continuar», dijo el presidente.

Obama expresó su preocupación de que Wall Street esté volviendo a cometer los mismos errores cuando, refiriéndose a los modelos de negocio que provocaron la crisis, dijo: «El hecho de que algunos hayan vuelto a ellos con tanta presteza, subraya la necesidad de cambio y de cambio ahora. No se puede permitir que la Historia vuelva a repetirse». Para Obama, «la normalidad no puede llevar a la complacencia». El presidente comprometió incluso capital político al declarar rotundamente que «la reforma que he presentado será aprobada».

COORDINACIÓN. Como aseguró ayer el presidente estadounidense, «los reguladores tenían como misión ver los árboles, pero no el bosque».

En otras palabras: no había ningún centro coordinador de sus esfuerzos. Geithner quiere que esa misión recaiga sobre la Reserva Federal.

Pero una gran parte del Congreso se opone a darle más poderes supervisores al instituto emisor, que para muchos legisladores no sólo es un organismo que funciona sin apenas supervisión, sino que además ha creado la actual crisis al oponerse, precisamente, a una mayor regulación.

PROTECCIÓN. Obama destinó parte de su discurso a defender la creación de una agencia que proteja a los usuarios de servicios financieros, y aprovechó la ocasionó para culpar a los bancos de «no decir siempre la verdad» a sus clientes.

COLABORACIÓN. Obama dejó claro que no quiere una reforma que frene la competitividad de un sector que antes de la crisis suponía casi el 8% del PIB de Estados Unidos. «Las reglas basadas en el sentido común no dañan al mercado, garantizan que el mercado funciona son suavidad», dijo.

AUTOCRÍTICA. Estados Unidos en general y Wall Street en particular deben hacer autocrítica, a juicio de Obama.

El jefe del Estado y del Gobierno de EEUU fue muy duro al afirmar que «lo que pasó hace un año no fue un fallo de la regulación, ni de la capacidad para analizar el futuro. Fue un fallo del sentido de la responsabilidad».

Y la responsabilidad es tanto del Gobierno como de los bancos y de los consumidores: «Fue un fallo de responsabilidad en Washington, en Wall Street y en toda América», aseguró.

PROSPERIDAD. Obama insistió en que EEUU debe frenar la expansión del déficit, que se ha situado en dos dígitos en relación al PIB, aunque nadie sabe cómo lo va a hacer.

COOPERACIÓN. A falta de una semana para la cumbre anual del Fondo Monetario Internacional que este año se celebra en Turquía y de dos para la del G20 en la ciudad de Pittsburgh, en EEUU, Obama reclamó una «carrera mundial hacia el máximo» de calidad en materia de supervisión.

Los mensajes del presidente

>«Podemos confiar en que las tormentas de los dos últimos años han comenzado a amainar (…) Aunque la completa recuperación del sistema financiero llevará tiempo, la creciente estabilización sugiere que empezamos a volver a la normalidad, aunque quiero hacer hincapié en que la normalidad no puede llevar a la complacencia».

>«Desgraciadamente, hay algunos miembros del sector financiero que malinterpretan la situación y, en lugar de aprender las lecciones de Lehman y de la crisis, eligen hacer caso omiso. No se trata de su propio riesgo, sino del peligro para el conjunto del país».

>«Esta crisis no fue únicamente el resultado de las decisiones de las firmas financieras, sino también de los ciudadanos ordinarios a la hora de contratar tarjetas de crédito e hipotecas, que algunos no podían permitirse, mientras que otros muchos no entendían los contratos que firmaban».

>«Lo que hay que hacer es recuperar la capacidad para asumir la responsabilidad, incluso cuando ello es difícil. Aquí, en Wall Street, ustedes tienen una responsabilidad», afirmó Obama ante los financieros.

«No es deseable abordar los bonus desde la moral de cada uno», dice la banca

La mayor asociación de banca del mundo rechazó ayer la iniciativa de algunos miembros del G-20 de poner límites a la remuneración de sus directivos, aunque sí apoyó otras reformas del sistema de compensación.

Coincidiendo con el discurso de Obama en el aniversario del colapso de Lehman, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, en inglés), que representa a más de 370 entidades, aprovechó para hacer pública una carta dirigida al presidente de Estados Unidos en la que reconocen su responsabilidad en la parte que les toca de la actual crisis.

«La industria de servicios financieros es muy consciente de que puntos débiles y fallas en algunas de nuestras prácticas empresariales contribuyeron a una crisis grave y costosa», afirma la misiva.

En ella aceptan un cambio en la normativa que obligue a las entidades a aumentar el capital de reserva para responder a un cambio en las condiciones del mercado.

Esa es una de las principales iniciativas que tratarán los jefes de Estado del G-20 cuando se reúnan la próxima semana en Pittsburgh junto con las nuevas normas sobre la remuneración a los banqueros.

En este sentido, Charles Dallara, director gerente del IIF, dijo en rueda de prensa que la asociación que dirige se opone a imponer «límites rígidos a los salarios». Y añadió: «Creo que no es factible ni deseable intentar abordar el tema de la compensación desde el prisma particular de la moral de cada uno», añadió Dallara.

Poco después de la conferencia de prensa, Obama daba un tirón de orejas a los miembros del IIF desde Nueva York.

«No volveremos a los días de comportamientos temerarios y excesos descontrolados (…), en los que muchos estaban motivados sólo por su apetito por el riesgo y unas bonificaciones infladas», afirmó Obama.

Por su parte, el IIF contestó y negó en su carta que haya habido una vuelta a las prácticas del pasado.

La institución acepta que la remuneración de los directivos de los bancos se vincule a las ganancias a largo plazo y que pueda pedirse su devolución si el beneficio de las empresas empeora, al tiempo que se opone a las bonificaciones garantizadas durante varios años, según dijo a Efe Yusuke Horiguchi, su economista jefe.

Actualmente la mayoría de las firmas premian a los operadores financieros por las ganancias a corto plazo, lo que fomenta la toma de riesgos excesivos, que pueden generar beneficios altos inmediatamente pero aumentan la vulnerabilidad de la empresa si el sentimiento del mercado cambia.

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