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Nuestra forma de alimentación y la deforestación: causas de las nuevas enfermedades

Nuestra forma de alimentación y la deforestación, causas de los nuevas enfermedades

La soja, el ganado, la palma, el azúcar y otros cultivos están impulsando la deforestación que aumenta nuestra exposición a las enfermedades infecciosas.

A medida que la población mundial se ha duplicado hasta alcanzar los 7,800 millones de habitantes en aproximadamente 50 años, la agricultura industrial ha aumentado la producción de los campos y las granjas para alimentar a la humanidad.

Uno de los resultados negativos de esta transformación ha sido la extrema simplificación de los sistemas ecológicos, con complejos paisajes multifuncionales convertidos en vastas franjas de monocultivos.

Desde la ganadería hasta las plantaciones de palma aceitera, la agricultura industrial sigue siendo el mayor impulsor de la deforestación, en particular en los trópicos. Y a medida que las actividades agrícolas se expanden e intensifican, los ecosistemas pierden plantas, vida silvestre y otra biodiversidad.

La transformación permanente de los paisajes forestales para cultivos de productos básicos impulsa actualmente más de una cuarta parte de toda la deforestación mundial. Esto incluye:

  • La soja.
  • El aceite de palma.
  • El ganado vacuno.
  • El café.
  • El cacao.
  • El azúcar.
  • Otros ingredientes clave de nuestras dietas cada vez más simplificadas y altamente procesadas.

La erosión de la frontera forestal también ha incrementado nuestra exposición a enfermedades infecciosas, como el Ébola, la Malaria y otras enfermedades zoonóticas. Los incidentes de derrame serían mucho menos prevalentes sin la invasión humana en el bosque.

Necesitamos examinar nuestro sistema alimentario global: ¿Está haciendo lo que debe, o está contribuyendo a la destrucción de los bosques y a la pérdida de la biodiversidad, y poniendo en peligro la vida humana?

¿Qué estamos comiendo?

Los alimentos más asociados con la pérdida de biodiversidad también tienden a estar relacionados con dietas poco saludables en todo el mundo. Cincuenta años después de la Revolución Verde —la transición a una producción alimentaria intensiva y de alto rendimiento que depende de un número limitado de especies agrícolas y ganaderas— casi 800 millones de personas se siguen yendo a la cama con hambre; una de cada tres está desnutrida; y hasta 2,000 millones de personas sufren algún tipo de deficiencia de micronutrientes y los efectos conexos en la salud, como el retraso del crecimiento o el raquitismo.

Las repercusiones ambientales de nuestros sistemas agrícolas también son graves. El sector agrícola es responsable de hasta el 30% de:

  • Las emisiones de gases de efecto invernadero.
  • La erosión del suelo.
  • El uso excesivo de agua.
  • La pérdida de importantes polinizadores.
  • La contaminación química.

Esto está empujando los límites planetarios aún más.

En resumen, la agricultura moderna está fallando en sostener a la gente y los recursos ecológicos de los que dependen. La incidencia de las enfermedades infecciosas se correlaciona con la actual pérdida de biodiversidad.

La deforestación y las enfermedades

Pocos virus han generado una respuesta más global que el virus del SARS-CoV-2 responsable de la actual pandemia. Sin embargo, en los últimos 20 años, la humanidad también se ha enfrentado al SARS, MERS, H1N1, Chikungunya, Zika y numerosos brotes locales de Ébola. Todas ellas son enfermedades zoonóticas y al menos una, el Ébola, se ha vinculado a la deforestación.

La cría de grandes cantidades de ganado genéticamente similar a lo largo de la frontera forestal puede proporcionar una ruta para que los patógenos muten y se vuelvan transmisibles a los seres humanos.

La pérdida de bosques y los cambios en el paisaje hacen que los seres humanos y la vida silvestre estén cada vez más cerca, lo que aumenta el riesgo de que se produzca un desbordamiento de enfermedades infecciosas.

Se estima que el 70% de la superficie forestal mundial se encuentra actualmente a menos de un kilómetro del borde de los bosques, una estadística que ilustra claramente el problema. Estamos destruyendo esa amortiguación vital que proporcionan los bosques.

Las zoonosis pueden ser más frecuentes en sistemas simplificados con niveles más bajos de biodiversidad. Por el contrario, las comunidades más diversas reducen el riesgo de derrame en las poblaciones humanas. Esta forma de control natural se conoce como “efecto de dilución” e ilustra por qué la biodiversidad es un importante mecanismo de regulación.

La pandemia está aumentando aún más las presiones sobre los bosques. El aumento del desempleo, la pobreza y la inseguridad alimentaria en las zonas urbanas está obligando a la migración interna, ya que la gente regresa a sus hogares rurales, en particular en los trópicos.

Esta tendencia sin duda aumentará la demanda de los recursos forestales restantes para leña, madera y una mayor conversión para la agricultura en pequeña escala.

Los mercados húmedos bajo escrutinio

Los vínculos entre las zoonosis y la vida silvestre han dado lugar a muchos llamamientos durante la actual pandemia para que se prohíba la recolección y la venta de carne silvestre y otras formas de alimentos de origen animal. Esa podría ser una reacción demasiado apresurada: la carne silvestre es un recurso esencial para millones de habitantes de zonas rurales, en particular en ausencia de fuentes alternativas de alimentos de origen animal.

Sin embargo, no es necesariamente esencial que los habitantes de las ciudades que sí tienen fuentes alternativas de proteína animal compren carne silvestre como artículo “de lujo”. Los mercados urbanos que venden carne silvestre podrían aumentar el riesgo de propagación de zoonosis, pero no todos los mercados húmedos son iguales. Hay innumerables mercados húmedos en todo el mundo que no venden productos de origen silvestre y esos mercados son fundamentales para la seguridad alimentaria y la nutrición, así como para los medios de vida de cientos de millones de personas.

Incluso antes de que se produjera la pandemia de COVID-19, los organismos internacionales, incluido el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial, se han preocupado por la viabilidad a largo plazo de nuestro actual sistema alimentario: ¿podría proporcionar dietas diversas y nutritivas y, al mismo tiempo, mantener la sostenibilidad ambiental y la diversidad del paisaje? La actual pandemia ha puesto de relieve importantes deficiencias en nuestra gestión ambiental.

Debemos aprovechar la naturaleza interconectada de nuestros bosques y sistemas alimentarios de manera más eficaz si queremos evitar futuras crisis. Una mejor integración a escala de los bosques y los agroforestales (la incorporación de los árboles en los sistemas agrícolas) al paisaje que rompa la separación institucional, económica, política y espacial de la silvicultura y la agricultura, puede proporcionar la clave para un futuro más sostenible, seguro desde el punto de vista alimentario y más saludable.

Acerca del autor

Corinna Acosta

Comunicóloga, Mercadóloga y Especialista en Marcas Humanas. Colabora en este espacio desde 2012.

Generadora de estrategias y contenidos digitales. Defensora de la comunicación corporativa con enfoque humano. @coryacr en Twitter.

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