La reunión de mañana

Por Edgar López

La reunión comenzó como todas las demás. Finanzas ya estaba sentado en la cabecera revisando números. Operaciones observaba un tablero lleno de rutas, tiempos y costos. Marketing hablaba sin que nadie le hubiera preguntado.

Sostenibilidad llegó unos minutos después y ocupó su lugar.

No siempre había tenido uno. Durante años permaneció cerca de la pared, esperando una oportunidad para intervenir. Cuando hablaba, algunos asentían con cortesía; otros revisaban sus teléfonos.

Un día le pidieron revisar un informe antes de publicarlo. Después llegaron las invitaciones a reuniones antes vedadas. Luego las preguntas sobre proveedores, emisiones, comunidades, reputación y riesgos que pocos consideraban prioritarios. Los informes comenzaron a mencionarla. Los inversionistas también. Más tarde, los clientes.

Y sin darse cuenta, lo que había sido una conversación periférica se acercó al centro de la mesa.

Sostenibilidad no ocupaba la cabecera —esa seguía perteneciendo a Finanzas—, pero ya nadie dudaba de que tenía un lugar en la sala.

Durante algún tiempo pensó que aquella era la historia completa: el largo camino para ser escuchada.

Lo que no sabía era que apenas entraba en otro capítulo.

Aquella mañana había una silla nueva. Vacía. Nadie parecía saber para quién era.

La puerta se abrió poco después. El recién llegado cargaba varios mapas bajo el brazo. No saludó. Caminó hasta la mesa, apartó algunos documentos y desplegó rutas comerciales, puertos, corredores energéticos, minerales estratégicos y fronteras marcadas con tinta roja.

—¿Quién eres? —preguntó Marketing.

—Geopolítica.

La sala guardó silencio. Finanzas dejó de mirar sus números. Operaciones se inclinó hacia adelante.

Durante las siguientes horas la conversación giró en torno a conflictos, aranceles, dependencia tecnológica, seguridad energética y cadenas de suministro.

Sostenibilidad escuchó con atención. No porque aquellos temas le resultaran ajenos. Precisamente porque le resultaban familiares.

Las semanas siguientes llegaron otros invitados: Inteligencia Artificial con respuestas para preguntas que nadie había formulado, Seguridad ocupando cada vez más espacio, Competitividad regresando a reuniones que llevaba años sin visitar, y Resiliencia, que había permanecido en segundo plano, mencionada ahora con frecuencia.

La mesa se hizo más grande. Las conversaciones también.

Y por primera vez en años, Sostenibilidad dejó de ser la voz más buscada de la sala. Aquello le incomodó más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Una tarde, al terminar la reunión, encontró a Geopolítica guardando sus mapas.

—¿Puedo hacerte una pregunta? —Claro. —¿Cuánto tiempo piensas quedarte?

Geopolítica sonrió. —Creo que no has entendido. —¿Entendido qué?

—Que yo no vine a reemplazarte.

Tomó uno de los mapas y lo extendió sobre la mesa.

—Cuando hablo de energía, termino hablando de transición. Cuando hablo de recursos estratégicos, termino hablando de sostenibilidad. Cuando hablo de estabilidad institucional, termino hablando de gobernanza. Cuando hablo de cadenas de suministro, termino hablando de resiliencia.

Hizo una pausa.

—La diferencia es que ahora hay más personas en la conversación.

Aquella respuesta acompañó a Sostenibilidad durante varios días.

Hasta que una noche, cuando todos se habían marchado y la sala permanecía en silencio, comprendió algo que no había entendido durante años:

Nunca había luchado por convertirse en la conversación más importante. Había luchado para que las conversaciones importantes no ocurrieran sin ella.

Se levantó y observó la mesa. Los mapas de Geopolítica seguían abiertos. Los modelos de Inteligencia Artificial ocupaban cada vez más espacio. Los informes de Seguridad se acumulaban en una esquina.

Por un instante pensó que era la única que se sentía incómoda. Pero entonces notó algo que antes no había visto:

Marketing ya no hablaba con la misma seguridad. Recursos Humanos replanteaba preguntas que creía resueltas. Incluso Finanzas comenzaba a desconfiar de modelos que hasta hace poco consideraba suficientes.

La sala seguía siendo la misma. Y, sin embargo, ya no era la misma.

Nadie parecía tener completamente claro cuál sería la conversación dominante de los próximos años. Ni siquiera quién ocuparía las mejores sillas.

Sostenibilidad sonrió.

Tal vez la incertidumbre no era un problema suyo. Tal vez era la nueva condición de todos.

Apagó la luz. Cerró la puerta detrás de sí.

A la mañana siguiente habría otra reunión. Y, con toda seguridad, llegarían nuevos invitados.

Este cuento está inspirado en el briefing “The geopolitical multinational” publicado por The Economist el 17 de enero de 2026.


Edgar

R con R, por Edgar López

Edgar López Pimentel, es actualmente Director en Expok, ejerciendo su liderazgo día a día con pasión por la responsabilidad social y el desarrollo sustentable. Su labor ha contribuido significativamente al posicionamiento de empresas líderes en materia de responsabilidad social.

Su formación académica, enriquecida por programas de Alta Dirección de Empresas en el IPADE e IE Business School, así como una maestría en Responsabilidad Social Empresarial en la Universidad Anáhuac Norte, respaldan su liderazgo.

Edgar López es un activo participante en diversos comités dedicados a promover la responsabilidad social en México.

6 mujeres que conquistan el arbitraje y están haciendo historia en el Mundial 2026

0

El fútbol, como espejo de la sociedad, no solo refleja lo que ocurre dentro del campo, sino también las transformaciones culturales que lo rodean. En el Mundial 2026, una de esas transformaciones se expresa de manera clara en un espacio históricamente invisible: el arbitraje. Hoy la disciplina, la preparación y la autoridad femenina están reescribiendo las reglas del juego. Y lo hacen en el torneo de mayor visibilidad del planeta.

En este contexto, el arbitraje femenino deja de ser una excepción simbólica para convertirse en una evidencia estructural de cambio. El Mundial 2026 no solo reúne a las mejores selecciones del mundo, también visibiliza a mujeres que han alcanzado la élite del arbitraje internacional por mérito propio. Su presencia no responde a una narrativa decorativa, sino a trayectorias consolidadas en lo físico, lo técnico y lo mental. Así, las arbitras en el mundial 2026 representan una evolución profunda en la manera en que el deporte entiende la autoridad, la equidad y el liderazgo.

Del precedente al presente: la evolución del arbitraje femenino

El camino hacia esta edición del Mundial no comenzó en 2026, sino que es resultado de un proceso progresivo que ha ido abriendo espacio a las mujeres en el arbitraje de élite. El Mundial de Catar 2022 marcó un punto de inflexión al incorporar por primera vez árbitras en partidos masculinos, rompiendo una barrera histórica dentro de la FIFA. A partir de ahí, la presencia femenina dejó de ser experimental para convertirse en una ruta de desarrollo profesional más sólida.

Este avance no puede entenderse únicamente desde la perspectiva de la inclusión, sino también desde el rendimiento. Las árbitras han demostrado durante años que su capacidad de lectura del juego, toma de decisiones y resistencia física está a la altura de las exigencias del fútbol de alto nivel. El Mundial 2026 es, en ese sentido, una consecuencia natural de ese proceso: un escenario donde la equidad ya no se discute como posibilidad, sino como práctica instalada.

Arbitras en el mundial 2026: el trío que hizo historia en el césped

Uno de los momentos más representativos del torneo ocurrió en el partido entre República Checa y Sudáfrica, donde el arbitraje estuvo a cargo de Tori Penso, acompañada por Brooke Mayo y Kathryn Nesbitt. Este equipo arbitral se convirtió en el primer trío femenino estadounidense en dirigir un partido de Copa del Mundo masculina, marcando un precedente histórico dentro del torneo.

Más allá del resultado deportivo, su presencia tuvo un valor simbólico y estructural. Las tres árbitras portaron un uniforme con detalles en rojo, blanco y azul, que reforzó su identidad sin restar profesionalismo a su labor. Su desempeño en el campo confirmó que la autoridad arbitral se construye desde la preparación y la experiencia, no desde el género. En ese sentido, las arbitras en el mundial 2026 comienzan a consolidarse como parte natural del máximo nivel competitivo del fútbol.

Trayectorias que redefinen el liderazgo en el arbitraje

Las historias de estas profesionales muestran que el arbitraje de élite es el resultado de decisiones profundas y trayectorias no lineales. Kathryn Nesbitt dejó el ámbito académico en química para dedicarse por completo al arbitraje, después de haber alcanzado un doctorado. Su transición representa un cambio de vocación que la llevó a convertirse en una de las figuras más relevantes del arbitraje internacional.

Por su parte, Brooke Mayo también dejó su trabajo en el ámbito educativo para consolidar su carrera en el fútbol profesional, mientras que Tori Penso pasó del marketing a convertirse en una de las árbitras centrales más reconocidas en la MLS y competencias FIFA. Estas trayectorias evidencian que el arbitraje femenino no es un complemento, sino una carrera de alto rendimiento que exige preparación constante y decisiones de vida determinantes.

Arbitras en el mundial 2026: liderazgo latinoamericano y representación regional

En el panorama latinoamericano, la presencia de Katia Itzel García ha sido clave para consolidar la representación regional en el arbitraje de élite. Su carrera ha estado marcada por hitos importantes, como su participación en la Liga MX masculina, los Juegos Olímpicos y torneos organizados por la FIFA. Su inclusión en el Mundial 2026 como parte del equipo arbitral refuerza la presencia de México en la élite del arbitraje global.

Junto a ella, Sandra Ramírez aporta una trayectoria sólida en finales mundialistas y competencias internacionales. Ambas representan una generación que ha logrado abrirse camino en un entorno altamente competitivo, consolidando el papel de América Latina dentro del arbitraje femenino mundial. Su presencia amplía la diversidad del torneo y refuerza el impacto del talento regional en escenarios globales.

Innovación, tecnología y nuevos espacios de decisión

El Mundial 2026 también ha sido escenario de una expansión del liderazgo femenino hacia áreas tecnológicas del arbitraje, como el VAR. En este ámbito, destaca Tatiana Guzmán, quien se convirtió en la primera mujer en formar parte del sistema VAR en una Copa del Mundo masculina. Su incorporación representa un avance significativo en la integración de mujeres en espacios de análisis y decisión crítica dentro del fútbol.

Este avance se complementa con la experiencia de árbitras como Sandra Ramírez, que han participado en instancias de alta exigencia donde la precisión y la interpretación del juego son fundamentales. La incorporación femenina en estas áreas no solo amplía la representación, sino que también fortalece la calidad del arbitraje en su conjunto. El resultado es un ecosistema más diverso, técnico y equilibrado.

El Mundial 2026 no solo está redefiniendo la historia del fútbol en el terreno deportivo, sino también en la estructura de quienes lo hacen posible. La presencia de estas seis mujeres en el arbitraje internacional evidencia un cambio que ya no es incipiente, sino consolidado. Las arbitras en el mundial 2026 representan una nueva forma de entender la autoridad en el deporte: basada en la preparación, la experiencia y el mérito.

Más allá del impacto inmediato en el torneo, sus trayectorias abren conversaciones más amplias sobre equidad, acceso y liderazgo en industrias tradicionalmente masculinizadas. El arbitraje, en este contexto, se convierte en un espacio donde la transformación social se hace visible en cada decisión. Y en ese proceso, estas mujeres no solo participan en la historia del fútbol: la están reescribiendo desde el centro del juego.

¿Por qué el éxito de los SUV eléctricos podría tener efectos inesperados en el clima, la salud y la equidad?

0

Durante años, la narrativa dominante ha sido clara: la electrificación del transporte es una de las principales vías para enfrentar la crisis climática. En ese relato, los autos SUV eléctricos aparecen como protagonistas inevitables del futuro sostenible. Sin embargo, detrás de su crecimiento acelerado comienza a emerger una paradoja incómoda que cuestiona esa promesa.

La expansión de estos vehículos no solo redefine el mercado automotriz, sino también la forma en que habitamos las ciudades, respiramos el aire y nos movemos en el espacio público. El problema no es únicamente su motorización, sino su tamaño, su peso y el modelo de ciudad que refuerzan. En ese contexto, los autos SUV eléctricos se han convertido en un símbolo de transición, pero también de contradicción.

La expansión global de los autos SUV eléctricos y su peso en el mercado

El crecimiento de los autos SUV eléctricos es hoy una tendencia global difícil de ignorar. En China, representaron más del 60% de las ventas de vehículos eléctricos en 2025, mientras que en Europa alcanzaron cerca del 75%. En Estados Unidos, su dominio es aún más marcado, superando el 85% del mercado eléctrico.

Estas cifras reflejan no solo una preferencia del consumidor, sino también una estrategia de la industria automotriz que ha apostado por modelos más grandes y rentables. El resultado es una electrificación que, en lugar de diversificar la movilidad, parece concentrarse en un solo tipo de vehículo.

SUV eléctricos

El riesgo es evidente: si la transición energética se inclina hacia vehículos cada vez más grandes, la promesa de sostenibilidad puede diluirse en un modelo de movilidad intensivo en recursos y espacio.

Emisiones, materiales y el impacto oculto de los autos SUV eléctricos

Aunque los autos SUV eléctricos no generan emisiones de escape, su huella ambiental no desaparece, sino que se desplaza. Estos vehículos requieren baterías más grandes, mayor cantidad de minerales críticos y más energía en su producción, lo que incrementa su impacto en toda la cadena de valor.

Además, su peso implica un mayor desgaste de llantas, frenos y superficies viales, generando partículas finas que afectan la calidad del aire. Estas emisiones no visibles están vinculadas con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, lo que introduce una dimensión de salud pública que suele pasar desapercibida.

En este sentido, el debate no es solo sobre emisiones de carbono, sino sobre el conjunto de impactos que acompañan a una movilidad electrificada pero sobredimensionada.

Salud pública y seguridad: cuando el tamaño también importa

El crecimiento de vehículos más grandes en las ciudades no solo transforma el ambiente, sino también la seguridad vial. Estudios en Gran Bretaña han mostrado que los niños atropellados por SUV tienen un 77% más de probabilidades de sufrir lesiones mortales en comparación con otros vehículos.

Para los menores de nueve años, el riesgo se triplica, lo que evidencia que el diseño del parque vehicular influye directamente en la vulnerabilidad de los peatones. En este escenario, los autos SUV eléctricos no eliminan este problema estructural, sino que pueden reproducirlo bajo una nueva tecnología.

A esto se suma un efecto urbano importante: cuando las calles se llenan de vehículos grandes, caminar o andar en bicicleta pierde atractivo. Así, el transporte activo disminuye, reduciendo beneficios clave para la salud física y mental de la población.

SUV eléctricos

Movilidad, desigualdad y la ciudad dominada por el automóvil

La expansión de los autos SUV eléctricos también tiene implicaciones sociales profundas. En ciudades donde predominan estos vehículos, el espacio público tiende a reorganizarse en función del automóvil, generando entornos menos accesibles y más inseguros para quienes no conducen.

Los hogares de menores ingresos suelen ser los más afectados. Aunque tienen menos probabilidades de adquirir vehículos eléctricos nuevos, enfrentan de manera desproporcionada el ruido, la congestión y la contaminación indirecta asociada al tráfico.

Esto plantea una tensión central en la transición energética: no basta con electrificar el parque vehicular si no se reduce la dependencia estructural del automóvil como eje de la vida urbana.

SUV eléctricos

Evitar, cambiar y mejorar: repensar la transición más allá de los autos SUV eléctricos

El enfoque de evitar, cambiar y mejorar propone una lectura más integral de la descarbonización del transporte. Evitar implica reducir viajes innecesarios mediante ciudades más compactas y el trabajo remoto. Cambiar supone priorizar caminar, la bicicleta y el transporte público. Mejorar se refiere a hacer más eficientes los vehículos que aún son necesarios.

El problema surge cuando el sistema se concentra únicamente en “mejorar”. Una ciudad llena de autos SUV eléctricos puede reducir emisiones directas, pero seguir enfrentando congestión, desigualdad, sedentarismo y pérdida de espacio público.

Por ello, el orden de estas estrategias es clave: sin reducción de la dependencia del automóvil, la electrificación por sí sola no transforma el modelo de movilidad.

SUV eléctricos

¿Demasiado grandes para ser verdes? Cultura, mercado y decisiones de consumo

El auge de los vehículos grandes no es casualidad. Los autos SUV eléctricos se han posicionado como símbolos de seguridad, estatus y comodidad, impulsados por campañas publicitarias que refuerzan su atractivo emocional más allá de su funcionalidad.

Este fenómeno genera un efecto de normalización del tamaño: cuanto más grandes son los vehículos, más difícil resulta imaginar alternativas compactas o sistemas de movilidad distintos. La inversión económica en estos autos también refuerza la dependencia del automóvil a largo plazo.

En ese sentido, el mercado no solo responde a la demanda, sino que también la construye, moldeando aspiraciones y decisiones de movilidad que pueden ir en contra de los objetivos climáticos.

El debate sobre los autos SUV eléctricos revela que la transición energética no es únicamente una cuestión tecnológica, sino también urbana, social y cultural. Reducir emisiones es un avance necesario, pero no suficiente si el modelo de movilidad sigue basado en vehículos grandes y dominantes.

El reto está en redefinir qué entendemos por progreso en el transporte: no solo coches más limpios, sino ciudades más habitables, seguras y equitativas. Esto implica repensar el espacio público, las prioridades de inversión y la forma en que nos movemos cotidianamente.

La moda enfrenta una factura millonaria: inacción climática pone en riesgo el 34% de sus ganancias

Durante décadas, la industria de la moda construyó su crecimiento sobre una premisa silenciosa: que el clima era estable, predecible y, sobre todo, externo a las decisiones de negocio. Sin embargo, esa narrativa se está fracturando a medida que los eventos climáticos extremos se vuelven parte del balance operativo cotidiano. Inundaciones, sequías, olas de calor y tormentas ya no aparecen como anomalías, sino como variables recurrentes que interrumpen producción, encarecen la logística y tensionan las cadenas globales de valor.

De acuerdo con Sustainable Brands, en este nuevo escenario, el impacto deja de ser ambiental para convertirse en financiero. Las empresas no solo enfrentan daños físicos en infraestructura o retrasos en sus operaciones; también absorben costos invisibles que erosionan márgenes y redefinen proyecciones de rentabilidad. La industria de la confección y el calzado, altamente dependiente de sistemas globalizados y materias primas sensibles al clima, se encuentra en el centro de esta transformación estructural.

Las consecuencias de la inacción climática en la nueva lógica de riesgo global

El cambio climático ha dejado de ser un factor periférico en la gestión empresarial para convertirse en un eje central del riesgo operativo. En la industria de la moda, esta transición se refleja en una mayor exposición a interrupciones simultáneas en producción, transporte y abastecimiento. Las cadenas globales, diseñadas para la eficiencia, muestran ahora una fragilidad creciente frente a eventos extremos que afectan múltiples regiones al mismo tiempo.

inacción climática

Un análisis del Apparel Impact Institute estima que las presiones climáticas podrían reducir hasta en 34% las ganancias del sector hacia 2030. Este dato no solo representa una alerta financiera, sino un punto de inflexión en la forma en que las empresas entienden su continuidad operativa. La consecuencias de la inacción climática ya no se manifiesta como un riesgo futuro, sino como una presión acumulativa que altera decisiones presentes de inversión, abastecimiento y expansión.

El carbono como punto de quiebre en la rentabilidad de la moda

La incorporación del carbono como variable económica está redefiniendo la estructura de costos en la industria global. Los sistemas de comercio de emisiones y los impuestos al carbono avanzan en distintas regiones del mundo, convirtiendo las emisiones en un componente tangible del precio final de producción. Para la moda, esto implica que cada etapa de la cadena de valor comienza a tener un impacto directo en la rentabilidad.

En este contexto, el Apparel Impact Institute proyecta que los costos asociados al carbono podrían incrementar hasta en 13% el costo de los bienes vendidos hacia 2040. Este aumento, aunque gradual, tiene un efecto acumulativo significativo en industrias de márgenes reducidos. Aquí, la consecuencias de la inacción climática se traduce en una pérdida silenciosa de competitividad frente a empresas que sí avanzan en la descarbonización de sus procesos.

inacción climática

Materias primas y energía: la presión invisible que reconfigura la industria

La dependencia del algodón y otras fibras naturales expone a la industria a una volatilidad cada vez más marcada por el clima. Sequías prolongadas, cambios en los patrones de lluvia y temperaturas extremas afectan directamente los rendimientos agrícolas, generando incertidumbre en los precios y disponibilidad de insumos clave. Este fenómeno introduce una inestabilidad estructural en la planificación de compras y producción.

A la par, el consumo energético de la manufactura textil continúa siendo altamente dependiente de combustibles fósiles. La transición energética global, sumada a la volatilidad en los precios de la energía, añade una capa adicional de presión sobre los costos operativos. La consecuencias de la inacción climática se vuelve visible aquí en forma de mayor exposición a riesgos energéticos y pérdida de control sobre estructuras de costos a largo plazo.

consecuencias de la inacción climática

Del riesgo ambiental al lenguaje del capital: cuando el clima entra en la sala de juntas

Uno de los cambios más significativos en el análisis del Apparel Impact Institute es el desplazamiento del tema climático hacia el centro de la toma de decisiones financieras. El estudio está dirigido principalmente a directores financieros y líderes de negocio, no únicamente a áreas de sostenibilidad, lo que refleja una transformación en la narrativa corporativa.

El dato es contundente: cerca del 99% de las emisiones del sector provienen del Alcance 3, es decir, de proveedores, transporte y producción externa. Esto obliga a las empresas a replantear su influencia real sobre su huella climática. La gestión del riesgo ya no se limita a operaciones directas, sino que se expande hacia toda la cadena de valor, donde la inversión estratégica se convierte en el principal mecanismo de mitigación.

La industria de la moda se encuentra en un punto de inflexión donde el cambio climático ha dejado de ser una variable ambiental para convertirse en una fuerza económica estructural. Las cifras no solo alertan sobre pérdidas futuras, sino sobre una reconfiguración profunda del modelo de negocio global.

En este contexto, la diferencia entre adaptación e inacción marcará la viabilidad del sector en la próxima década. La verdadera discusión ya no gira en torno a si el cambio ocurrirá, sino a qué tan preparados estarán los actores de la industria para operar dentro de un sistema donde el clima define, cada vez más, las reglas del mercado.

¿Qué es el coliving y por qué está ganando terreno ante la crisis de vivienda, movilidad y sostenibilidad?

En las grandes ciudades, la pregunta qué es el coliving ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una pista clave sobre el futuro de la vivienda. En un contexto donde las rentas aumentan, los traslados se vuelven más largos y la vida urbana se encarece, las soluciones tradicionales empiezan a mostrar límites evidentes. En ese escenario, Guadalajara se ha colocado en el mapa global tras el reconocimiento de ONU-Habitat a un modelo habitacional integrado al Practices Hub del World Urban Forum 2026. Más que una innovación inmobiliaria, el tema abre una discusión sobre cómo se está reorganizando el derecho a habitar la ciudad.

El acceso a la vivienda en zonas urbanas se ha convertido en uno de los principales desafíos contemporáneos. La presión del mercado inmobiliario ha reducido la asequibilidad en ciudades que concentran empleo, servicios y conectividad, obligando a muchas personas a buscar alternativas más flexibles. En este contexto, surge una pregunta inevitable sobre qué tipo de vivienda puede responder a una vida urbana más dinámica, sin renunciar a la ubicación ni a la calidad de vida. Es ahí donde el coliving comienza a posicionarse como una respuesta posible.

¿La nueva lógica de la vivienda conectada?

El modelo seleccionado por ONU-Habitat en el World Urban Forum 2026, desarrollado por Estudio 3.14 en Guadalajara, propone SiVi Coliving como una alternativa a los esquemas tradicionales de arrendamiento. Su planteamiento integra espacios privados con áreas compartidas y servicios comunitarios, ubicados en zonas urbanas bien conectadas. La lógica es clara: optimizar el uso del espacio sin sacrificar ubicación ni acceso a servicios.

En este sentido, el coliving puede entenderse como una forma de habitar que reorganiza la relación entre costo, espacio y ciudad. No se trata únicamente de compartir vivienda, sino de construir modelos que permitan vivir en zonas estratégicas a través de esquemas más eficientes y comunitarios. Este enfoque responde a una realidad urbana donde vivir cerca del transporte y de los centros de actividad se ha vuelto cada vez más determinante.

Qué es el coliving y su vínculo con movilidad y sostenibilidad urbana

El coliving no puede analizarse sin su relación con la movilidad urbana, especialmente a través del enfoque de desarrollo orientado al transporte. Este modelo impulsa la construcción de vivienda cerca de estaciones y corredores de movilidad, lo que reduce la dependencia del automóvil y acorta los tiempos de traslado. En ciudades donde el tráfico y la distancia forman parte de la rutina diaria, este enfoque representa un cambio significativo en la forma de diseñar el espacio urbano.

Al mismo tiempo, este tipo de esquemas introduce una dimensión de sostenibilidad que va más allá de lo ambiental. Al acercar la vivienda a los puntos clave de la ciudad, se reduce el tiempo perdido en desplazamientos y se incrementa la eficiencia del uso del territorio urbano. La vivienda deja de ser un punto aislado y se convierte en parte activa de la estructura de la ciudad.

Un modelo construido desde la investigación urbana

El caso de SiVi Coliving no surge como una respuesta improvisada al mercado inmobiliario, sino como resultado de un proceso de investigación iniciado en 2017 por Estudio 3.14. A partir del análisis territorial y del estudio de necesidades habitacionales en zonas de alta demanda, el proyecto comenzó a delinear una nueva forma de entender la vivienda urbana. Desde 2021, el modelo opera como un esquema de renta que busca adaptarse a las dinámicas reales de las ciudades.

Este proceso incluyó trabajo directo con usuarios para comprender cómo viven las personas en entornos urbanos complejos. Más allá de los metros cuadrados, el diseño del modelo consideró factores como movilidad, accesibilidad y calidad de vida. El resultado es una propuesta que no solo construye espacios, sino que interpreta patrones de habitar en la ciudad contemporánea.

qué es el coliving

Tecnología y análisis territorial para nuevas ciudades

Uno de los elementos más relevantes del modelo es el uso de herramientas digitales para identificar oportunidades de desarrollo urbano. En el caso de Guadalajara, se han detectado más de 2,600 predios con potencial para albergar proyectos similares, lo que permite visualizar un crecimiento más ordenado y estratégico. Esta aproximación introduce una capa de planificación basada en datos que transforma la forma en que se expande la ciudad.

La incorporación de tecnología en la planeación habitacional permite anticipar necesidades en lugar de reaccionar a ellas. Esto representa un cambio importante en la manera en que se entiende el desarrollo urbano, ya que integra información territorial, movilidad y demanda habitacional en un mismo sistema. La vivienda deja de ser solo construcción y se convierte en un ejercicio de análisis urbano continuo.

qué es el coliving

Reconocimiento global y futuro de la vivienda urbana

La selección de este modelo por ONU-Habitat en el Practices Hub del World Urban Forum 2026 representa un reconocimiento dentro de un espacio que reunió 171 prácticas de 88 países en Bakú, Azerbaiyán. Este foro concentró soluciones innovadoras frente a los retos de vivienda, movilidad y sostenibilidad que enfrentan las ciudades a nivel global. En ese contexto, la propuesta de Guadalajara destaca por su enfoque en accesibilidad y comunidad.

Más allá del reconocimiento, su integración a la futura Housing Knowledge Platform de ONU-Habitat amplifica su alcance internacional. Este repositorio buscará documentar experiencias replicables que contribuyan a repensar la vivienda en distintas ciudades del mundo. En ese sentido, el proyecto se convierte en parte de una conversación global sobre cómo deben diseñarse las ciudades del futuro.

La evolución de la vivienda urbana está obligando a replantear modelos que durante décadas parecían inamovibles. En este contexto, el coliving aparece como una alternativa que no solo responde a la crisis de asequibilidad, sino también a la necesidad de ciudades más conectadas y funcionales.

Experiencias como la desarrollada en Guadalajara muestran que el futuro de la vivienda no depende únicamente de construir más, sino de construir mejor articulando comunidad, movilidad y sostenibilidad en un mismo modelo urbano.

¿Un televisor nuevo para el Mundial? Tendencia podría estar agravando la crisis de residuos electrónicos

0

El Mundial 2026 ya ha reconfigurado hábitos en millones de hogares mexicanos. La promesa de una experiencia más inmersiva, con mejor resolución, sonido envolvente y pantallas más grandes, está impulsando una ola de renovación tecnológica. En apariencia, se trata de una celebración deportiva que también dinamiza el consumo. Sin embargo, detrás de esta narrativa festiva se empieza a dibujar una advertencia ambiental que no puede ignorarse.

Cada nuevo televisor que entra a un hogar suele significar otro aparato que sale de circulación. Y en un país que ya enfrenta una creciente acumulación de aparatos eléctricos desechados, esta dinámica podría intensificar la crisis de residuos electrónicos. El reto no es menor: lo que hoy parece una mejora en la experiencia de entretenimiento podría convertirse mañana en un problema ambiental de gran escala.

El Mundial como detonador del consumo tecnológico

De acuerdo con ESG Expansión, la llegada del Mundial 2026 ha acelerado la decisión de compra de televisores en miles de hogares. Las campañas comerciales y la expectativa del evento han convertido la actualización de equipos en una especie de “ritual previo” al torneo. No se trata solo de ver futbol, sino de vivirlo con la mayor calidad posible.

Este fenómeno, aunque comprensible desde lo emocional y tecnológico, tiene un efecto colateral evidente: la sustitución acelerada de dispositivos aún funcionales. Es precisamente en este punto donde la crisis de residuos electrónicos comienza a tomar forma con mayor intensidad.

 crisis de residuos electrónicos

México frente a un volumen creciente de desechos

México genera alrededor de 1.5 millones de toneladas de residuos electrónicos cada año, una cifra que lo posiciona como el tercer mayor productor en América. Solo Estados Unidos y Brasil lo superan, con volúmenes significativamente mayores, pero también con infraestructuras más desarrolladas.

El problema no es únicamente la cantidad, sino la velocidad con la que estos residuos crecen frente a la capacidad del país para gestionarlos. La crisis de residuos electrónicos se profundiza cuando la generación supera ampliamente la recolección formal, dejando millones de aparatos sin destino adecuado.

El punto ciego del reciclaje formal

Aunque existen esfuerzos institucionales y privados, la brecha es evidente: apenas el 3.5% de los residuos electrónicos generados en México entra a procesos formales de reciclaje. El resto se dispersa en mercados informales, almacenamiento doméstico o disposición inadecuada.

Esta falta de cobertura refuerza la crisis de residuos electrónicos, ya que limita la recuperación de materiales valiosos y aumenta la exposición a prácticas peligrosas. El desafío no solo es recolectar más, sino construir un sistema integral que funcione de principio a fin.

Cuando la basura electrónica se vuelve un riesgo invisible

Los aparatos eléctricos contienen sustancias como plomo, mercurio, cadmio y cromo hexavalente. Cuando estos dispositivos terminan en tiraderos o son manipulados sin control, los contaminantes pueden filtrarse al suelo y al agua, afectando ecosistemas completos.

La crisis de residuos electrónicos adquiere aquí una dimensión sanitaria. No se trata únicamente de residuos, sino de materiales capaces de permanecer décadas en el ambiente y entrar en la cadena alimentaria humana. A pesar del panorama, especialistas coinciden en que existe una oportunidad para cambiar el modelo actual. Los residuos electrónicos contienen metales valiosos como oro, plata y cobre, lo que abre la puerta a esquemas de economía circular más eficientes.

 crisis de residuos electrónicos

Transformar la crisis de residuos electrónicos en una oportunidad implica rediseñar la cadena de valor: desde los puntos de venta como centros de acopio hasta la colaboración entre fabricantes, gobiernos y recicladores certificados. El Mundial, en este sentido, podría ser un punto de inflexión si se aprovecha estratégicamente.

El riesgo de repetir errores del pasado

México ya vivió una transición tecnológica masiva con el apagón analógico, que dejó millones de televisores sin un destino claro. Muchos de ellos terminaron almacenados, en mercados informales o en la basura común. Hoy, el Mundial podría reproducir ese mismo patrón. La crisis de residuos electrónicos corre el riesgo de agravarse si el incremento en la compra de televisores no viene acompañado de una estrategia robusta de recolección y reciclaje.

El cambio comienza antes de la compra. Evaluar si el dispositivo anterior aún funciona, considerar su reparación o darle una segunda vida son pasos clave para reducir el impacto ambiental. Solo cuando estas opciones se agotan debería recurrirse a canales certificados de disposición. Este enfoque permite contener la crisis de residuos electrónicos desde el origen, evitando que el consumo impulsivo se traduzca automáticamente en contaminación y pérdida de recursos valiosos.

El Mundial 2026 ya es una de las experiencias tecnológicas más intensas para los hogares mexicanos. Sin embargo, también pone sobre la mesa un dilema ambiental que no puede seguir postergándose: la gestión responsable de los dispositivos que quedan fuera de uso.

Si no se fortalece la infraestructura de recolección, reciclaje y economía circular, la crisis de residuos electrónicos podría profundizarse en los próximos años, convirtiendo la celebración deportiva en un problema ambiental de largo alcance.

El reto no está en renunciar a la tecnología, sino en aprender a circularla mejor. Porque detrás de cada pantalla nueva, hay una responsabilidad que ya no puede seguir quedando en segundo plano.

Casa Ronald McDonald convierte el fútbol en un sueño cumplido

Casa Ronald McDonald México acerca la magia del fútbol a niñas, niños y familias que forman parte de su comunidad, como parte de su compromiso por impulsar experiencias que contribuyan al bienestar emocional, la integración familiar y el desarrollo integral de quienes enfrentan procesos médicos lejos de casa. 

El pasado 17 de junio, cuatro niños de Casa Ronald McDonald México vivieron una experiencia única en la Ciudad de México, donde asistieron a un emocionante partido de fútbol internacional, sumándose a la gran fiesta deportiva y cultural que se vive este verano en nuestro país.

Durante la jornada, los niños tuvieron la oportunidad de recorrer el área lateral de la cancha durante el calentamiento de los jugadores, convivieron con las mascotas del mundial y se les concedieron dos minutos en pantalla durante la transmisión del estadio, así mismo, presenciar la ceremonia previa al partido y disfrutar del encuentro desde las gradas, en una experiencia pensada para reconocer su fortaleza y entusiasmo. 

“Buscamos que las familias de Casa Ronald McDonald México vivan momentos que les recuerden que no están solas. A través de experiencias como esta, queremos fomentar la unión, el trabajo en equipo y el amor por el deporte, pero sobre todo regalarles un recuerdo significativo en medio de los retos que enfrentan. Estas familias nos inspiran todos los días con su valentía, y merecen vivir momentos llenos de alegría”, señaló Gabriela Gatica, Directora Ejecutiva de Casa Ronald McDonald México. 

Casa Ronald McDonald

La iniciativa forma parte de las acciones con las que Casa Ronald McDonald México busca acompañar de manera integral a niñas, niños y familias que deben trasladarse de sus lugares de origen para acceder a atención médica especializada. Además de brindar hospedaje, alimentación, traslados, lavandería y espacios de descanso, la organización promueve experiencias que fortalecen el ánimo, la convivencia familiar y el bienestar emocional.

“Si de por sí uno ya iba emocionado, la afición te transmitía otra emoción, cuando anotaban los goles, cómo festejaban. Yo también los festejé, brinqué, fue una experiencia lo que le sigue de padre. Nunca me imaginé estar ahí”,Axel Monzon, beneficiario de Casa Ronald McDonald.

Con más de 29 años de trabajo en México, Casa Ronald McDonald México ha acompañado a miles de familias de las 32 entidades del país, ofreciendo un entorno seguro, cercano y cálido para que las familias puedan continuar sus tratamientos médicos acompañados por sus seres queridos. Quienes deseen sumarse a esta causa y ayudar a que más familias reciban apoyo pueden visitar el sitio oficial y conocer las distintas formas de colaborar.

Juntos jugamos por México: Una alianza multiactor por la seguridad alimentaria


Fundación INTER anunció la entrega de cien mil paquetes de pasta fortificada para sopa, destinados a comedores comunitarios en tres de las ciudades más grandes del país: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara. La acción, que lleva el nombre de Juntos Jugamos por México, constituye la primera edición simultánea del programa INTER hasta en la Sopa, una iniciativa social que, desde 2021, entrega una pasta de semolina enriquecida con hierro, zinc y ácido fólico para contribuir a la seguridad alimentaria y combatir la desnutrición.

Esta característica distingue la iniciativa de los modelos tradicionales de asistencia. En lugar de distribuir productos genéricos, la fundación desarrolló un alimento que plasma la identidad de la organización, transformando el apoyo en un símbolo de compromiso y acompañamiento con las comunidades beneficiarias.

El programa cuenta con una sólida base de validación técnica e institucional. Desde 2021, el equipo de Fundación INTER implementó fases piloto de distribución en diversas instituciones. Este trabajo de campo permitió estandarizar los mecanismos de selección de beneficiarios, fortalecer la cadena de suministro y evaluar la pertinencia del producto antes de ampliar su alcance a una escala mayor.

 La operación en campo se desarrolla bajo un modelo de alianza multiactor con organizaciones referentes y de consolidada trayectoria en la nutrición infantil en México, como Fundación CMR, que aporta su experiencia metodológica en el diseño y supervisión de programas de apoyo alimentario. Esta colaboración horizontal garantiza que la donación se integre de forma orgánica a través de capacidades ya instaladas, maximizando el impacto y fortaleciendo el seguimiento nutricional.


En los espacios comunitarios donde se ha iniciado la distribución, la recepción de la pasta fortificada ha sido sumamente favorable. Las coordinaciones de los comedores reportan que este alimento se integra de manera versátil a las planeaciones nutricionales existentes y que su formato facilita la preparación a gran escala. Asimismo, las familias receptoras coinciden en que estos centros no solo operan como puntos de complementación alimentaria, sino también como espacios seguros de cohesión, dignidad y apoyo cotidiano para el tejido social.


En coordinación con Fundación CMR, se han programado jornadas adicionales de distribución y voluntariado comunitario: cinco en la Ciudad de México, tres en Monterrey y tres en Guadalajara, las cuales se ejecutarán durante 2026. Esta continuidad programática, definida desde la etapa de diseño, garantiza la permanencia del proyecto y fortalece su alcance en las comunidades participantes.


El reto hacia el futuro para Fundación INTER radica en consolidar esta plataforma de mediano a largo plazo, adaptando el modelo de intervención a otros contextos prioritarios del país. Por ahora, Juntos Jugamos por México se presenta como un referente de colaboración entre sociedad civil, sector privado y comunidades, donde la identidad institucional se pone al servicio de la nutrición y el trabajo en red con el tercer sector.

L’Oréal Groupe refuerza su fondo para la emergencia climática con aportación de 20 millones de euros hasta el 2030

L’Oréal renueva su Fondo de Emergencia Climática. Con un compromiso adicional de 20 millones de euros hasta 2030, el Grupo reafirma su compromiso de apoyar a las comunidades más vulnerables del mundo ante el aumento de los desastres provocados por el cambio climático.

La urgencia nunca ha sido mayor. Solo en 2025, se registraron 358 desastres relacionados con riesgos naturales a nivel mundial. El impacto humano también se está acelerando, con más de 110 millones de personas afectadas en 2025, de las cuales el 85% se vio afectado por eventos relacionados con el clima (tormentas, inundaciones, sequías, incendios forestales y temperaturas extremas). 

Es en este contexto que el Fondo de Emergencia Climática de L’Oréal trabaja para marcar la diferencia.   Desde 2023, el Fondo ha respaldado más de 30 proyectos en 32 países. 

En la India, en colaboración con HERA (antes Climate Resilience for All) y la Asociación de Mujeres Autónomas (SEWA), el Fondo lanzó un programa de seguro contra el calor, el primero de su tipo, para 50 000 trabajadoras del sector informal. Durante olas de calor extremas, el programa ofrece pagos directos para compensar la pérdida de ingresos y cubrir las necesidades de atención médica, estableciendo así un modelo global replicable para la economía informal urbana.

En Perú y Ecuador, en colaboración con World Vision Francia, el Fondo contribuye al desarrollo de un sistema de inteligencia artificial que integra el conocimiento indígena con datos científicos, lo que permite a las comunidades amazónicas anticiparse mejor y adaptarse a las inundaciones y otras amenazas climáticas.

fondo para la emergencia climática

En Kenia, reconociendo que el cambio climático está agravando una crisis mundial de salud mental, el Fondo, junto con Slum Dwellers International, trabaja para capacitar a 1,300 jóvenes en los asentamientos informales de Nairobi. Estos jóvenes líderes reciben capacitación para dirigir programas comunitarios de apoyo emocional, estableciendo así un modelo de base para la resiliencia en salud mental que se construye desde adentro.

“La belleza, en su máxima expresión, es una manifestación de dignidad y confianza”, afirmó Nicolas Hieronimus, CEO de L’Oréal Groupe. “Pero esto no significa nada sin salud, seguridad y las condiciones básicas para una vida mejor. Este compromiso renovado con nuestro Fondo de Emergencia Climática forma parte de cómo cumplimos con nuestra misión: crear la belleza que mueve al mundo”.

“El cambio climático tiene repercusiones de gran alcance en el medio ambiente, la salud de las personas, sus medios de vida y su sentido de seguridad. Es imprescindible fortalecer la resiliencia”, señaló Ezgi Barcenas, Directora de Responsabilidad Corporativa de L’Oréal. “Estamos ampliando nuestra capacidad para ayudar a las comunidades a prepararse y recuperarse de las crisis climáticas mediante un mejor acceso a la atención médica, el agua potable y la seguridad alimentaria».  

Respaldado por tres años de pruebas de campo exitosas y una rigurosa validación de soluciones junto con nuestros socios, el Fondo lanza ahora su siguiente fase: ampliar los modelos probados mediante el fortalecimiento tanto de la prevención de riesgos como de la respuesta ante emergencias. 

El Fondo para la Emergencia Climática es el eje central de un amplio ecosistema respaldado por L’Oréal para abordar los desafíos globales desde múltiples ángulos: dotaciones filantrópicas (Fondo L’Oréal para las Mujeres y Fondo L’Oréal para la Emergencia Climática), inversión de impacto (Fondo L’Oréal para la Regeneración de la Naturaleza y Fondo de Innovación Circular), deuda (Fondo Solstice) y su aceleradora de innovación sostenible, L’AcceleratOR. En conjunto, estas iniciativas representan un compromiso total de 415 millones de euros hasta la fecha, lo que constituye una piedra angular del programa L’Oréal para el Futuro.

El 10% más rico le cuesta más al planeta que la economía de la mayoría de los países

0

La conversación sobre sostenibilidad suele centrarse en las emisiones globales, la pérdida de biodiversidad o la escasez de recursos naturales. Sin embargo, un nuevo estudio aporta una perspectiva distinta al cuantificar cuánto cuesta realmente el impacto ambiental generado por los patrones de consumo de los sectores más acomodados de la población. El hallazgo es contundente: el 10% de las personas con mayor consumo en el mundo genera daños ambientales valorados en 5.7 billones de dólares al año.

La investigación, elaborada por especialistas de las universidades de Oxford y Leiden y publicada en la revista Communications Sustainability, revela que esta cifra supera el tamaño de la economía de todos los países del mundo, con excepción de Estados Unidos y China. El dato pone sobre la mesa una discusión cada vez más relevante para las agendas ESG: el costo ambiental de millonarios y grandes consumidores no solo agrava las crisis climática y de biodiversidad, sino que también evidencia profundas desigualdades en la distribución de los impactos ambientales.

¿Quiénes integran el 10% más rico y por qué generan tanto impacto?

Los llamados megaconsumidores se concentran principalmente en el hemisferio norte. Según el estudio, representan más de la mitad de la población de Estados Unidos y entre el 40% y el 45% de la población de la Unión Europea. Aunque tradicionalmente se asocian con las economías desarrolladas, el fenómeno también está creciendo en mercados emergentes.

De hecho, los investigadores encontraron que el costo promedio de los daños ambientales generado por el 10% más rico de China ya supera al registrado entre el 10% más rico de Alemania, reflejando cómo los patrones de consumo intensivos en recursos se están expandiendo a medida que aumentan los niveles de ingreso en distintas regiones del mundo.

Las principales fuentes de impacto se concentran en dos categorías. La primera es la alimentación, particularmente el consumo de carne roja, considerado uno de los principales motores de la deforestación global y de la pérdida de ecosistemas. La segunda es el uso intensivo de energía, que incluye vuelos frecuentes, sistemas de calefacción y refrigeración, así como otros servicios que dependen en gran medida de combustibles fósiles como petróleo, gas y carbón.

costo ambiental de millonarios

Los datos muestran además una brecha significativa entre regiones. Mientras el costo anual promedio por daños ambientales para una persona perteneciente al 10% más rico oscila entre 2,300 y 7,500 dólares, en Estados Unidos esa cifra se eleva hasta un rango de entre 19,000 y 63,000 dólares por persona.

El costo ambiental de millonarios y las regiones más afectadas

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es la composición de los daños generados por estos niveles de consumo. La pérdida de biodiversidad representa entre el 47% y el 56% de la factura ambiental total, convirtiéndose en el componente más costoso del impacto ecológico asociado a los sectores de mayores ingresos.

Por su parte, la crisis climática explica entre el 36% y el 45% del daño económico calculado por los investigadores. Esto confirma que los efectos ambientales no se limitan a las emisiones de gases de efecto invernadero, sino que abarcan una degradación más amplia de los sistemas naturales que sostienen la actividad económica y el bienestar humano.

costo ambiental de millonarios

Las regiones donde se concentra la mayor parte de estos impactos coinciden con aquellas que presentan los mayores niveles de consumo per cápita. Sin embargo, las consecuencias suelen manifestarse con mayor intensidad en territorios vulnerables a la pérdida de biodiversidad, la degradación de ecosistemas y los efectos del cambio climático, muchos de ellos ubicados fuera de los países donde se origina el consumo.

Para los especialistas, el costo ambiental de millonarios refleja una realidad incómoda: una parte relativamente pequeña de la población mundial genera una proporción desproporcionada de los daños ecológicos, mientras que las consecuencias son compartidas por toda la sociedad.

Una factura conservadora que ya rebasa los límites planetarios

Aunque los 5.7 billones de dólares anuales constituyen una cifra impactante, los autores advierten que el cálculo probablemente subestima la magnitud real del problema. El análisis solo considera cuatro de los nueve límites planetarios identificados por la comunidad científica y se enfoca exclusivamente en el consumo directo.

Esto significa que quedan fuera factores potencialmente más relevantes, como las emisiones y los impactos asociados a las inversiones financieras, la propiedad de activos y la participación accionaria en industrias intensivas en carbono. Según Paul Behrens, coautor del estudio y profesor de estudios globales en Oxford, una parte sustancial de la huella ambiental de las personas más ricas proviene de lo que poseen y financian, más que de sus hábitos cotidianos de consumo.

Además, incluso con una metodología conservadora, los resultados muestran que los daños ya exceden los límites ecológicos compatibles con la estabilidad de los sistemas terrestres. Por ello, los autores plantean la necesidad de abordar de manera conjunta las crisis climática y de biodiversidad, evitando tratarlas como desafíos independientes.

Esta realidad plantea un desafío fundamental para las estrategias de sostenibilidad. Si bien el 10% más rico concentra una porción considerable de los daños ambientales, también posee una capacidad extraordinaria para impulsar cambios sistémicos. Como inversionistas, empleadores, líderes empresariales y actores con influencia sobre los mercados, sus decisiones pueden acelerar o frenar la transición hacia modelos económicos bajos en carbono. En otras palabras, quienes más contribuyen al problema son también quienes cuentan con más herramientas para formar parte de la solución.

costo ambiental de millonarios

La dimensión financiera de este fenómeno quedó evidenciada en una investigación reciente de Greenpeace, que estimó que los activos controlados por el 1% más rico del mundo están asociados con cerca de una cuarta parte de las emisiones globales y generan daños climáticos cercanos a un billón de dólares anuales. Este dato refuerza la idea de que la responsabilidad ambiental no puede medirse únicamente por los hábitos de consumo visibles, sino también por el destino del capital y las actividades económicas que éste financia.

Desde una perspectiva de responsabilidad social y sostenibilidad corporativa, los hallazgos fortalecen los argumentos a favor de mecanismos basados en el principio de “quien contamina paga”, como los impuestos al carbono, a los bienes de lujo o a la riqueza. Sin embargo, más allá de los instrumentos regulatorios, el estudio plantea una cuestión ética: quienes concentran mayores recursos y capacidad de influencia tienen también una responsabilidad proporcional para liderar la transformación. La magnitud de la crisis climática y de biodiversidad exige que los grupos con mayor poder económico asuman un papel más activo, no solo reduciendo su huella directa, sino utilizando su influencia para impulsar inversiones, modelos de negocio y patrones de consumo compatibles con los límites del planeta.

La responsabilidad de quienes más influyen

Más allá de la magnitud de las cifras, el estudio plantea una reflexión de fondo sobre el papel que desempeñan los grupos de mayores ingresos en la transición hacia una economía sostenible. El costo ambiental de millonarios evidencia que la capacidad de influir en los sistemas productivos, financieros y de consumo es tan relevante como las emisiones que generan directamente.

Los investigadores destacan que este sector no solo concentra una parte significativa del impacto ambiental, sino también una influencia desproporcionada como inversionistas, empleadores, líderes empresariales y creadores de tendencias. En un contexto donde la crisis climática y la pérdida de biodiversidad avanzan con rapidez, la transformación de los patrones de consumo y de inversión de quienes más recursos poseen podría convertirse en uno de los factores más determinantes para construir un futuro compatible con los límites del planeta.