RSE intergeneracional: cómo adaptar tus programas sociales para todas las edades

En un mundo marcado por el envejecimiento de la población, la transformación digital y los desafíos globales, pensar la responsabilidad social desde un enfoque intergeneracional no solo es oportuno, sino estratégico. La RSE intergeneracional propone diseñar programas que consideren tanto a las juventudes como a las personas mayores, para crear sociedades más cohesionadas, equitativas y resilientes.

Las empresas que apuestan por este tipo de enfoque social fortalecen su vínculo con las comunidades, generan valor compartido y contribuyen al desarrollo sostenible con una mirada de largo plazo. Pero ¿cómo crear proyectos verdaderamente inclusivos para distintas generaciones? ¿Y por qué es tan urgente hacerlo ahora? Esta guía ofrece respuestas, recomendaciones y ejemplos para innovar en responsabilidad social desde una visión plural y de futuro.

¿Por qué es importante crear programas de RSE intergeneracionales?

La fragmentación entre generaciones está creciendo. En muchos contextos, las políticas sociales y empresariales siguen priorizando solo a ciertos grupos etarios, sin considerar que las problemáticas sociales —como la pobreza, la salud mental o el acceso a la tecnología— impactan de forma distinta a jóvenes, adultos y personas mayores. La RSE intergeneracional busca cerrar esas brechas y construir puentes que generen cohesión y solidaridad.

RSE intergeneracional

Además, los retos globales como el cambio climático, el desempleo o la desigualdad requieren soluciones colaborativas en las que cada generación tenga voz y participación. Incorporar la perspectiva intergeneracional en la responsabilidad social permite entender mejor las necesidades de las comunidades, promover el diálogo entre edades y reconocer la riqueza de experiencias y saberes que aporta cada grupo.

También es una forma de anticiparse a los cambios demográficos y sociales. El envejecimiento poblacional es una realidad en muchas regiones del mundo, y las juventudes actuales enfrentan desafíos inéditos en el mercado laboral y el bienestar emocional. Una estrategia de RSE intergeneracional bien estructurada ayuda a prevenir la exclusión de ambos extremos del espectro etario y a fortalecer el tejido social.

Por último, este enfoque impulsa la innovación social. Al integrar distintas perspectivas generacionales en el diseño y ejecución de programas, las soluciones se vuelven más creativas, pertinentes y sostenibles. Las empresas que promueven este tipo de iniciativas demuestran sensibilidad social, visión de futuro y un compromiso real con el desarrollo inclusivo y equitativo.

6 maneras de crear programas de RSE intergeneracional

1. Diseñar actividades colaborativas entre generaciones

Una forma eficaz de fomentar la RSE intergeneracional es organizar proyectos donde personas de distintas edades trabajen juntas. Actividades como talleres, huertos urbanos, brigadas de salud o círculos de lectura permiten que jóvenes, adultos y personas mayores se relacionen, compartan conocimientos y colaboren activamente. Este tipo de dinámicas ayuda a superar prejuicios, generar vínculos comunitarios más fuertes y fortalecer el tejido social.

Por ejemplo, iniciativas donde adolescentes enseñan habilidades digitales a adultos mayores, mientras estos transmiten saberes tradicionales o experiencias de vida, han tenido resultados muy positivos en distintas comunidades. Estas interacciones no solo aumentan el bienestar emocional, sino que promueven el reconocimiento de todas las etapas de la vida como socialmente valiosas y necesarias.

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2. Escuchar activamente a todas las edades

Para que un programa de RSE intergeneracional sea exitoso, es esencial conocer las necesidades reales de cada grupo etario. Esto implica realizar diagnósticos participativos, entrevistas, mesas de diálogo o consultas comunitarias donde estén representadas voces jóvenes, adultas y mayores. Así se construyen proyectos con enfoque inclusivo, basados en la realidad de quienes serán beneficiarios.

Además, la escucha activa evita decisiones unilaterales o asistencialistas. Incluir a todas las generaciones en el diseño, implementación y evaluación de programas garantiza soluciones más pertinentes, sostenibles y alineadas con el contexto. Esta participación empodera a las comunidades y estimula la apropiación de los proyectos, lo que incrementa su impacto positivo a largo plazo.

3. Apostar por la educación intergeneracional

La educación puede ser una poderosa herramienta de transformación si se promueve desde un enfoque intergeneracional. Las empresas pueden impulsar talleres, becas o plataformas donde personas de diferentes edades estudien y colaboren juntas. Esto no solo democratiza el acceso al conocimiento, sino que potencia el aprendizaje mutuo y la innovación social.

Un caso ejemplar es el de los programas de alfabetización digital compartida, donde jóvenes capacitan a adultos mayores en habilidades tecnológicas y, a cambio, reciben tutorías o formación en temas laborales o de emprendimiento. Estas experiencias refuerzan valores como la empatía, el respeto intergeneracional y el aprendizaje continuo a lo largo de la vida.

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4. Fomentar el empleo digno para jóvenes y mayores

La discriminación por edad, tanto en el acceso al empleo como en el desarrollo profesional, afecta a jóvenes y adultos mayores. Las empresas socialmente responsables pueden implementar programas laborales que combinen inclusión generacional, mentoría cruzada y condiciones laborales flexibles. Esto mejora la diversidad en los equipos y eleva la competitividad empresarial.

Por ejemplo, emplear a personas mayores como mentores en programas de onboarding para jóvenes no solo preserva el conocimiento organizacional, sino que crea relaciones de confianza y aprendizaje mutuo. A su vez, los jóvenes pueden aportar ideas frescas o habilidades digitales, generando una sinergia positiva. La RSE intergeneracional permite convertir la edad en una ventaja competitiva, no en una barrera.

5. Incorporar tecnologías accesibles para todos

El acceso desigual a la tecnología se ha convertido en una nueva forma de exclusión social. Por eso, es importante que los programas de responsabilidad social consideren la alfabetización digital como un eje prioritario para todas las edades. Esto implica adaptar herramientas, contenidos y procesos a los diferentes niveles de familiaridad con la tecnología.

Iniciativas que promuevan el uso responsable, seguro y útil de la tecnología entre personas mayores y jóvenes pueden cerrar brechas significativas. Además, cuando los desarrollos digitales de las empresas (plataformas, apps, servicios) se diseñan desde la inclusión, se garantiza un mayor alcance social. La RSE intergeneracional también es tecnológica cuando busca que nadie quede atrás en la era digital.

RSE intergeneracional

6. Medir el impacto generacionalmente

Muchas estrategias de RSE fracasan no porque estén mal diseñadas, sino porque no se evalúa correctamente su impacto. En el caso de los programas intergeneracionales, es vital contar con indicadores específicos que midan cómo se sintieron, participaron o beneficiaron las personas de cada grupo etario. Esto permite tomar decisiones basadas en evidencia y mejorar continuamente.

Además, visibilizar los logros desde una perspectiva generacional facilita la comunicación con distintos públicos de interés: inversionistas, gobiernos, comunidad y medios. La medición también muestra cómo una empresa está aportando no solo al desarrollo económico, sino a la cohesión social y a la equidad entre edades. Esto fortalece la rendición de cuentas y la reputación corporativa.

Lo que no te dicen sobre la RSE intergeneracional

La mayoría de las estrategias de responsabilidad social siguen centradas en temas verticales —como salud, educación o medioambiente— sin considerar los cruces generacionales que los atraviesan. Una política de salud, por ejemplo, no tendrá el mismo impacto en jóvenes deportistas que en adultos mayores con enfermedades crónicas. Pensar desde la RSE intergeneracional permite adaptar mejor las soluciones.

Además, el enfoque intergeneracional ayuda a mitigar conflictos sociales y a prevenir la exclusión. En contextos de crisis —como la pandemia o el desempleo juvenil— las tensiones entre generaciones pueden aumentar. Un programa de RSE bien diseñado puede servir como un canal de empatía y construcción de comunidad.

RSE intergeneracional

Finalmente, integrar lo intergeneracional no es solo una tendencia, es una responsabilidad ética. En un planeta que envejece rápidamente y donde los jóvenes demandan participación real, las empresas que apuesten por unir edades estarán liderando no solo en responsabilidad social, sino también en visión de futuro.

Tejer generaciones con responsabilidad

La RSE intergeneracional no es un lujo ni una moda. Es una estrategia necesaria para crear programas sociales más completos, justos y sostenibles. Las empresas que la adoptan ganan legitimidad, construyen confianza y contribuyen a un desarrollo más humano y colectivo.

Además, este enfoque fortalece la cohesión social en tiempos de polarización y cambio. Al conectar generaciones en torno a proyectos compartidos, se crean redes de colaboración que perduran más allá del programa mismo. La responsabilidad social deja de ser un gesto aislado y se convierte en una práctica transformadora.

Implementar la RSE con una perspectiva intergeneracional es una oportunidad para sembrar relaciones duraderas entre empresa, comunidad y generaciones. Porque solo uniendo las voces y experiencias de todas las edades podremos construir un presente más solidario y un futuro que honre a quienes lo heredan y a quienes lo construyen.

Desinformar sobre combustibles fósiles debe ser delito: experto de la ONU

La industria de los combustibles fósiles ha logrado sostener por décadas una narrativa favorable a sus intereses, aun cuando la evidencia científica demuestra sus consecuencias devastadoras sobre el clima, la salud y los derechos humanos. 

En este contexto, Elisa Morgera, relatora especial de la ONU sobre derechos humanos y cambio climático  y una voz autorizada dentro del sistema internacional,  ha presentado un informe donde propone criminalizar la desinformación climática y erradicar la influencia de esta industria en todos los niveles de la vida pública.

Morgera sostiene que no basta con promover energías limpias: los Estados tienen una obligación legal, derivada del derecho internacional, de desmantelar el sistema fósil y proteger a las comunidades más vulnerables. En su visión, desinformar sobre combustibles fósiles constituye un ataque directo a los derechos fundamentales, y por tanto debe ser penalizado, tal como señaló en su informe ante la Asamblea General de la ONU en Ginebra:

“El ciclo de vida de los combustibles fósiles ha socavado la protección de todos los derechos humanos durante más de seis décadas”.

desinformar sobre combustibles fósiles

El costo humano del modelo fósil

El documento presentado por Morgera detalla cómo el petróleo, el gas y el carbón no solo agravan la crisis climática, sino que afectan casi todos los derechos humanos. Desde el acceso al agua y la salud hasta la educación y los medios de vida, los impactos del modelo energético basado en fósiles son severos, acumulativos y profundamente desiguales. Las comunidades indígenas y rurales, así como las naciones insulares, figuran entre las más afectadas.

La relatora denuncia que las potencias ricas como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia no han cumplido su deber internacional de eliminar progresivamente los combustibles fósiles para 2030. Lejos de eso, siguen subsidiando la industria y respaldando prácticas como el fracking o la quema de gas, agravando la crisis y advirtió: 

“Estos países han obtenido y siguen obteniendo enormes ganancias de los combustibles fósiles, y aún no están tomando medidas decisivas”.

El informe también resalta la responsabilidad de estas naciones de compensar a las comunidades afectadas por décadas de daños ambientales. La devolución o restauración de tierras, el financiamiento de proyectos de adaptación y la eliminación de subsidios aparecen como medidas urgentes y posibles, si se prioriza el interés público por encima de los intereses corporativos.

Elisa Morgera

Desinformar sobre combustibles fósiles: una amenaza global

Uno de los aspectos más duros del informe es la denuncia del aparato de desinformación que ha sostenido a la industria fósil durante más de medio siglo. “La gente tiene derecho a saber cómo la industria –y sus aliados– han obstruido sistemáticamente durante 60 años el acceso a este conocimiento”, afirma Morgera. Por ello, propone que desinformar sobre combustibles fósiles se convierta en delito, junto con el lavado verde y otras estrategias de tergiversación.

Según la relatora, la publicidad y el cabildeo de la industria deben prohibirse, así como los espacios que permiten su influencia en políticas públicas y negociaciones internacionales. También pide castigar con firmeza los ataques y amenazas contra defensores del clima. “Los estados deben criminalizar el lavado verde por parte de la industria y aplicar duras penas por los ataques a activistas”, advierte el documento.

Esta desinformación ha contribuido a que la transición energética parezca una propuesta radical, cuando en realidad es más económica, segura y saludable para las sociedades, declaró Morgera a The Guardian:

“Paradójicamente, lo que puede parecer radical o poco realista –una transición a una economía basada en energías renovables– es ahora más barato y seguro para nuestras economías y una opción más saludable para nuestras sociedades”

En ese sentido, desinformar sobre combustibles fósiles no es solo una falta ética, sino una barrera activa al progreso climático y social.

desinformar sobre combustibles fósiles

¿Qué papel deben asumir los Estados?

El informe de la ONU deja claro que los gobiernos no pueden seguir actuando con tibieza. Tienen la obligación legal de informar con veracidad a sus ciudadanos sobre los efectos nocivos de los combustibles fósiles y adoptar medidas estructurales para su erradicación. Esto incluye no solo eliminar gradualmente el petróleo, el gas y el carbón, sino también transformar los sistemas de financiamiento, alimentación, comunicación y conocimiento que dependen de ellos.

Eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, que superaron los 1.4 billones de dólares en 2023 en los países de la OCDE y otros 48 Estados, es una de las recomendaciones centrales del informe. Esta medida podría reducir las emisiones globales hasta en un 10 % para 2030. Además, los recursos liberados podrían dirigirse a medidas de adaptación climática, salud pública y protección social.

Morgera también propone la creación de superfondos financiados por impuestos a la riqueza, sanciones a las empresas fósiles y recuperación de ingresos evadidos, para apoyar la transición justa en países en desarrollo. Así, los Estados podrían cumplir sus obligaciones de reparación por los daños ya causados y evitar que estos se profundicen. La justicia climática, en esta visión, no es un ideal lejano, sino un deber inmediato y verificable.

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¿Es viable lo que propone la ONU?

Para algunos sectores, las recomendaciones del informe pueden sonar extremas. Pero sus fundamentos se sostienen en principios jurídicos sólidos y en una lectura realista del colapso ambiental que ya estamos viviendo. Prohibir la publicidad de combustibles fósiles o sancionar a quienes difunden información falsa no es una censura, sino una acción de protección pública.

La relatora argumenta que los Estados no solo pueden tomar estas medidas, sino que deben hacerlo para cumplir con el derecho internacional de los derechos humanos. “No se trata de castigar opiniones, sino de limitar la capacidad de actores poderosos de desviar la verdad científica y frenar el progreso”, explicó Morgera.

Implementar estas medidas exige valentía política y voluntad multilateral. Requiere también el respaldo de las sociedades civiles, de las comunidades académicas y de las empresas responsables. Porque si desinformar sobre combustibles fósiles sigue siendo una práctica impune, las consecuencias sociales y ambientales serán cada vez más irreversibles.

desinformar sobre combustibles fósiles

Priorizar derechos, no beneficios

La propuesta de criminalizar la desinformación fósil se inscribe en una visión que coloca la vida humana y la justicia climática por encima del lucro corporativo. En palabras de Morgera, “las ganancias de unos pocos no pueden seguir teniendo prioridad sobre los derechos fundamentales de la mayoría”. El desafío es lograr que esta prioridad se traduzca en políticas concretas y duraderas.

Como señala el informe, la transición energética no es solo una necesidad ambiental, sino una oportunidad histórica para mejorar la equidad, la salud pública y la estabilidad global. Pero para que esa oportunidad sea real, el primer paso es reconocer —y sancionar— la manipulación informativa que impide avanzar. Porque desinformar sobre combustibles fósiles es una forma de violencia: silenciosa, pero profundamente destructiva.

¿La IA de Microsoft ya diagnostica mejor que los médicos?, afirma la compañía

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La inteligencia artificial continúa irrumpiendo en campos tradicionalmente dominados por el conocimiento humano, y la medicina no es la excepción, pues de acuerdo con infomación de The Guardian, la IA de Microsoft ha demostrado recientemente un desempeño sorprendente al superar a médicos en ejercicio en el diagnóstico de casos clínicos complejos, lo cual ha encendido el debate sobre los límites éticos, profesionales y sociales de esta innovación. Bajo la dirección del reconocido tecnólogo Mustafa Suleyman, el proyecto plantea un avance significativo en la búsqueda de una llamada “superinteligencia médica”.

Con el respaldo del modelo o3 de OpenAI, la IA de Microsoft logró resolver más de ocho de cada diez estudios de caso extraídos del prestigioso New England Journal of Medicine, mientras que médicos humanos —sin acceso a apoyo ni fuentes externas— solo acertaron en dos de cada diez. Aunque Microsoft aclara que su sistema aún no está listo para su uso clínico, la compañía sostiene que esta tecnología tiene el potencial de transformar la práctica médica y reducir costos operativos en el sector salud.

Un paso más cerca de la “superinteligencia médica”

El sistema desarrollado por la unidad de inteligencia artificial de Microsoft fue diseñado para emular el razonamiento colaborativo de un panel de expertos. No se trata de un simple chatbot que responde preguntas: esta IA toma decisiones diagnósticas paso a paso, como formular preguntas al paciente y ordenar pruebas específicas, simulando el proceso clínico de un médico en la vida real.

El proyecto está liderado por Mustafa Suleyman, cofundador de DeepMind, y combina tecnologías de punta como el modelo o3 de OpenAI con un sistema propio de Microsoft llamado “orquestador de diagnóstico”. Este orquestador actúa como un agente que guía al modelo sobre qué pruebas solicitar y cómo interpretar los resultados, estableciendo un diagnóstico a partir de múltiples hipótesis médicas.

Para desarrollar el sistema, el equipo transformó más de 300 estudios del New England Journal of Medicine en casos interactivos complejos. Estos desafíos permitieron que la IA de Microsoft no solo seleccionara las pruebas pertinentes, sino también demostrara habilidades analíticas superiores, como integrar información de distintas especialidades médicas y ajustar sus predicciones de forma autónoma.

Microsoft argumenta que su tecnología ofrece una “amplitud y profundidad de experiencia” que va más allá de lo que un solo médico podría ofrecer. Esto incluye, por ejemplo, la capacidad de considerar en tiempo real enfoques de múltiples ramas médicas, algo que normalmente requeriría la consulta de varios especialistas humanos.

¿De verdad la IA de Microsoft diagnostica mejor que un médico?

Las pruebas realizadas por Microsoft son contundentes: en condiciones controladas y con acceso exclusivo a los casos, la IA de Microsoft resolvió más del 80 % de los diagnósticos, mientras que médicos reales, sin recursos auxiliares, apenas acertaron un 20 %. Sin embargo, esta ventaja se da en un contexto de evaluación estrictamente técnica, sin los factores emocionales y humanos presentes en la práctica médica diaria.

Pese a los resultados, Microsoft insiste en que la IA aún no puede reemplazar a los médicos porque: 

“Sus funciones clínicas van mucho más allá de emitir un diagnóstico. Necesitan gestionar la ambigüedad y generar confianza con los pacientes y sus familias de una manera que la IA no está preparada para lograr”.

La compañía ha sido cautelosa respecto a las implicaciones laborales. Si bien reconoce que su sistema es más barato y eficiente para ordenar pruebas, minimiza el riesgo de reemplazo, y sostiene que la IA servirá para complementar la labor médica, no para sustituirla. No obstante, su visión de una “superinteligencia médica” sugiere la búsqueda de una inteligencia que no iguala a la humana, sino que la supera.

Además, Microsoft ha cuestionado los estándares actuales para evaluar la IA médica, como el Examen de Licencia Médica de Estados Unidos. Según la empresa, estas pruebas priorizan la memorización, lo que puede dar una falsa sensación de competencia a los modelos. En cambio, su IA está diseñada para demostrar razonamiento profundo y adaptativo, más cercano al que ejercen los médicos en el mundo real.

Implicaciones sociales de la IA de Microsoft

El desarrollo de esta tecnología también plantea desafíos sociales importantes. Por un lado, podría facilitar diagnósticos más rápidos y precisos en comunidades donde el acceso a especialistas es limitado. Por otro, corre el riesgo de incrementar la dependencia de herramientas digitales, desplazando gradualmente la experiencia médica directa y humana.

Otro punto de tensión es el acceso equitativo. Aunque Microsoft asegura que el sistema podría reducir costos, no está claro si esos beneficios llegarán a hospitales públicos o zonas rurales, o si se concentrarán en instituciones privadas de alto presupuesto. La inclusión digital en salud sigue siendo una deuda global pendiente.

También hay una dimensión ética: ¿quién se responsabiliza si la IA comete un error diagnóstico grave? La automatización en salud no puede darse sin una discusión seria sobre protocolos de responsabilidad, protección de datos sensibles y derechos de los pacientes en entornos virtuales.

Finalmente, esta clase de avances exige una alfabetización tecnológica en el personal médico. De no acompañarse de capacitación, podrían generarse brechas dentro del mismo sector salud entre quienes dominen el uso de estas herramientas y quienes no, afectando la calidad del servicio y las condiciones laborales.

IA de Microsoft IA de Microsoft

¿Cómo se puede lograr una implementación responsable?

Entre los beneficios más claros del sistema que Microsoft está desarrollando se encuentra la posibilidad de atender más pacientes en menos tiempo, con diagnósticos más certeros y menos exámenes innecesarios. Esto podría mejorar la eficiencia de los sistemas de salud, especialmente en momentos de alta demanda o en regiones con escasez de personal especializado.

Sin embargo, para que estas tecnologías no generen desempleo o pongan en riesgo la seguridad clínica, es necesario establecer marcos de colaboración humano-IA. Esto incluye definir claramente en qué casos se usa la tecnología como apoyo y en cuáles el criterio humano sigue siendo indispensable.

IA de Microsoft

También sería valioso que las empresas como Microsoft colaboren con gobiernos, universidades y organizaciones médicas para implementar programas piloto. Estos servirían para evaluar el impacto real en entornos diversos antes de promover una adopción masiva que podría tener efectos no deseados a largo plazo.

Un nuevo diagnóstico para el futuro

El anuncio del desempeño de la IA de Microsoft en diagnósticos médicos marca un hito en la evolución de la inteligencia artificial aplicada a la salud. No solo por su precisión en casos complejos, sino porque redefine las posibilidades del trabajo conjunto entre tecnología y conocimiento humano.

Pero el camino hacia una verdadera “superinteligencia médica” debe recorrer también los terrenos de la ética, la justicia social y la responsabilidad empresarial. Solo así podremos garantizar que los beneficios de la innovación tecnológica no se limiten a los avances científicos, sino que se traduzcan en una mejor atención para todos.

¿Cómo formar profesionistas con conciencia social?: Caso Grupo Restaurantero Gigante

Formar profesionistas con una visión social y ambientalmente responsable es uno de los grandes retos de la educación actual. En un mundo que enfrenta crisis climáticas, desigualdades sociales y transformaciones económicas, es urgente que las y los jóvenes desarrollen no solo habilidades técnicas, sino también una conciencia profunda de su papel en la sociedad.

En este contexto, Grupo Restaurantero Gigante (GRG) se ha convertido en un ejemplo de cómo el sector privado puede contribuir a desarrollar conciencia social desde las aulas mediante alianzas como la que ha establecido con la UNAM y el IPN,  a través de la cual, GRG ha puesto en marcha la Cátedra GRG para estudiantes de dichas instituciones, un programa que no solo brinda formación académica, sino que impulsa valores como la solidaridad, el respeto por el medio ambiente y la ética empresarial.

Desde hace más de diez años, esta cátedra ha transformado la forma en que decenas de estudiantes ven el mundo y el papel de los negocios. La más reciente generación tuvo la oportunidad de concluir su experiencia en el emblemático Bosque Toks, uno de los proyectos más representativos de GRG en materia de responsabilidad ambiental. Te contamos cómo se vivió el cierre de esta experiencia educativa única.

Cátedra universitaria GRG: educación para desarrollar conciencia social

Fiel a su compromiso con el bienestar social, Grupo Restaurantero Gigante ha emprendido diversas acciones que trascienden el ámbito corporativo. Una de las más significativas ha sido su colaboración constante con la UNAM y el IPN, mediante la cual busca fortalecer la formación académica de los futuros profesionistas y brindarles una visión empresarial alineada con el bien común.

La Cátedra GRG tiene como objetivo brindar conocimientos clave sobre la operación de empresas restauranteras, combinando teoría y práctica con una perspectiva ética, social y ambiental, que hace posible mostrar al alumnado que es posible construir negocios tan exitosos como responsables.

El programa tiene una duración aproximada de cuatro meses y ofrece lugares limitados para estudiantes de ambas instituciones. Las sesiones se desarrollan tanto en las oficinas del Grupo en Miyana, como en espacios operativos, como sus centros de distribución y restaurantes. Esta dinámica permite a los alumnos conocer de primera mano el funcionamiento interno del grupo, incluyendo sus iniciativas de responsabilidad social, lo que enriquece profundamente su formación profesional.

desarrollar conciencia social

Un cierre en el corazón verde de GRG

Para celebrar la culminación de la cátedra de este ciclo escolar, GRG organizó un evento especial en el Bosque Toks, donde las y los estudiantes no sólo convivieron en un entorno natural, sino que participaron en actividades que reforzaron los valores aprendidos durante la cátedra. Juegos colaborativos, dinámicas de reciclaje y recorridos por el bosque ayudaron a fortalecer el trabajo en equipo y a sensibilizar a los jóvenes sobre la importancia del respeto ambiental.

Ya hacia el término del evento, el alumnado recibió reconocimientos por concluir con éxito la cátedra, para después disfrutar de una comida preparada por habitantes de comunidades cercanas al Bosque Toks. El ambiente fue de agradecimiento, reflexión y entusiasmo, tal como lo dejó ver Alejandra Lozano, estudiante del IPN:

“La cátedra me abrió completamente el panorama. Me di cuenta de que aún hay empresas que se preocupan por México y por formar a jóvenes con conciencia”.

Por su parte, Zania Flores, también del IPN, expresó:

“No solo aprendí de procesos, también aprendí a ver más allá del producto final. Me llevo la idea de que todas las cosas hechas con amor se reflejan en el trato con los demás. Esta experiencia me cambió la vida”.

Zania Flores, estudiante de IPN.
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La visita al bosque ayudó a los estudiantes a reconectar con la naturaleza y valorar la labor de empresas que, como GRG, se preocupan por el cuidado del entorno:

“Me voy maravillada, fue una experiencia increíble de principio a fin y estoy agradecida por la oportunidad de formar parte de esta cátedra y por conocer a fondo todo lo que conlleva Grupo Restauranteros Gigante, desde cómo ellos obtienen la materia prima y su cadena de suministro hasta llegar a nuestras manos como consumidores. La verdad quedé completamente fascinada con todos los procesos que conlleva presentar un platillo responsable”.

María Fernanda, estudiante del Instituto Politécnico Nacional.

Desde el punto de vista de la organización, este evento también representó una oportunidad valiosa, como lo hizo saber Marisa Ortega Chávez, gerente de calidad de GRG y una de las ponentes de la cátedra:

“La cátedra ayuda mucho a los estudiantes,porque las clases son impartidas por personas de diferentes áreas y eso ayuda a enriquecer la información relacionada con la operación, producción y cadena de suministro de los restaurantes, les abre el panorama. Tanto ellos como nosotros salimos enriquecidos de estas pláticas”.

Marisa Ortega Chávez, gerente de calidad de GRG.
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¡Educación que transforma y crea líderes con visión!

La Cátedra GRG no solo ofrece conocimientos técnicos, también impulsa a las y los estudiantes a desarrollar conciencia social en cada una de sus decisiones profesionales. A lo largo del curso, los alumnos aprenden sobre responsabilidad ambiental, ética empresarial y bienestar comunitario desde la experiencia real y no solo desde la teoría. María Fernanda, estudiante del IPN, lo resume así:

“Mi mente se amplió. Esta cátedra marcó un antes y un después en mi vida. Me motivó a aportar algo importante a la sociedad desde lo que sé hacer”.

María Fernanda, estudiante del IPN.

Para ella, la experiencia práctica le permitió ver cómo sus conocimientos pueden tener un impacto positivo en su entorno.

Además, los estudiantes reconocen que este tipo de iniciativas educativas son escasas en las universidades públicas, pero necesarias y sumamente enriquecedoras:

“No todas las personas tienen la dicha de conocer a fondo cómo funciona una empresa responsable. Esta cátedra es una oportunidad invaluable que debería ser posible para más jóvenes.

Zania Flores, estudiante de IPN.
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Al invitar a los universitarios a observar, analizar y participar en los procesos productivos de una empresa real con valores claros, GRG contribuye directamente a elevar la calidad educativa y a sembrar el compromiso por un país más justo y sustentable. Se trata de una experiencia formativa que inspira a quienes la viven y les proporciona herramientas para ser agentes de cambio.

¡Formar profesionistas con conciencia para transformar el futuro!

Desde hace más de una década, Grupo Restaurantero Gigante ha apostado por algo más grande que operar con eficiencia: ha elegido formar profesionistas con valores, empatía y responsabilidad. Gracias a la Cátedra GRG, ha logrado conectar el mundo académico con el empresarial de forma ética y comprometida.

Acciones como esta demuestran que es posible desarrollar conciencia social desde el aula y desde cada proceso productivo que prioriza a las personas y al medio ambiente. GRG no solo enseña a hacer negocios, sino a hacerlos bien, y con ello, contribuye a formar generaciones capaces de construir un futuro más justo, humano y sostenible.

Refrigeración inteligente para alimentos seguros: la apuesta de Corporativo Kosmos

Cada 26 de junio se conmemora el Día Mundial de la Refrigeración, una oportunidad para reconocer el impacto de esta tecnología en las distintas actividades que realizan industrias esenciales para nuestra vida cotidiana. Una de las más importantes es la industria alimentaria, donde la refrigeración juega un papel clave para preservar la seguridad y calidad de los productos. Gracias a la refrigeración inteligente, es posible mantener los alimentos en buen estado durante más tiempo y evitar enfermedades de transmisión alimentaria.

Además de su papel en la inocuidad, la refrigeración contribuye a la sostenibilidad alimentaria al ayudar a reducir las millones de toneladas de alimentos que se desperdician año con año en todo el mundo, lo que no sólo representa una pérdida económica que en México asciende a más de 24 millones de dólares, sino también una presión innecesaria sobre los recursos naturales.

Por ello, extender la vida útil de los alimentos mediante un sistema eficiente de refrigeración es una medida concreta para proteger el medio ambiente. En este contexto, Corporativo Kosmos, el conglomerado de empresas de alimentación más grande de México reconoce la importancia de mantener una cadena de frío sólida y eficaz en cada una de sus operaciones, garantizando alimentos seguros y frescos para todos sus comensales.

Refrigeración inteligente y seguridad alimentaria: una prioridad en Corporativo Kosmos

Corporativo Kosmos ha sido durante décadas un referente en la provisión de alimentos seguros, frescos y de alta calidad. Para lograrlo, ha desarrollado un robusto sistema de fríos que garantiza la inocuidad en cada etapa del proceso, desde la recepción y almacenamiento hasta la distribución de los insumos y la entrega de cada platillo. La refrigeración inteligente que realiza la compañía permite prevenir riesgos de contaminación e intoxicación, asegurando así que los productos lleguen en óptimas condiciones a sus destinos.

Refrigeración inteligente

La cadena de frío es un elemento estratégico en toda empresa del ramo alimenticio, ya que de ella depende no sólo la salud de los consumidores, sino también la reputación y la confianza en los servicios ofrecidos. Por esta razón, Corporativo Kosmos opera bajo los lineamientos más rigurosos del sector, incluyendo la certificación en la norma ISO 22001, que respalda el manejo higiénico y seguro de los alimentos.

Para lograr cumplir con los estándares de esta norma, la empresa ha implementado una serie de acciones, entre ellas, la integración de cámaras frigoríficas con una capacidad de hasta 300 toneladas en sus complejos y en ubicaciones estratégicas como lo son la Central de Abasto en CDMX, Mazatlán y Ciudad del Carmen, las cuales ayudan a conservar de manera óptima grandes volúmenes de insumos.

Además de este equipamiento, la empresa lleva a cabo un riguroso programa de mantenimiento preventivo que refuerza su compromiso con la excelencia operativa. Este esfuerzo constante refleja no sólo su responsabilidad con los estándares internacionales, sino también su preocupación por brindar un servicio alimentario confiable, higiénico y sustentable.

Refrigeración inteligente

ISO 22001: principios de confianza en los servicios de Corporativo Kosmos

Corporativo Kosmos aplica los criterios de la norma ISO 22001 en todas sus empresas miembro, la cual garantiza un sistema de gestión eficaz para la inocuidad alimentaria. Esta norma, avalada por la Organización Mundial de la Salud, establece protocolos precisos para controlar factores críticos como la temperatura, la humedad y el manejo higiénico de los productos.

La norma ISO 22001 exige un control estricto y constante de la temperatura en todas las etapas del manejo de alimentos, desde el almacenamiento hasta su entrega final.  Por ello, la infraestructura de Kosmos está equipada con cámaras frigoríficas diseñadas para cumplir con los requerimientos específicos de cada alimento, impidiendo el crecimiento bacteriano y la posibilidad de contaminación de los insumos.

Asimismo, cumple con los estándares de la norma mediante sistemas automatizados que monitorean las condiciones térmicas en tiempo real dentro de sus cámaras frigoríficas. Además, cuenta con personal capacitado que revisa y documenta regularmente estos parámetros, lo que garantiza que los alimentos se mantengan dentro de los rangos seguros establecidos por la normativa internacional. De esta manera, la refrigeración inteligente se convierte en un aliado no sólo de la seguridad, sino también de la frescura y calidad de los alimentos que la empresa ofrece a sus clientes, y demuestran su compromiso con la salud pública y la eficiencia operativa.

Por otro lado, al evitar desperdicios y maximizar el uso de los productos almacenados, este sistema también representa una importante aportación a la sostenibilidad. Optimizar la conservación de alimentos significa usar menos recursos en la producción y transporte, lo cual tiene un impacto positivo en la reducción de emisiones y en el cuidado del entorno natural.

Refrigerar para cuidar: un compromiso con la calidad y el Planeta

La estrategia de refrigeración inteligente de Corporativo Kosmos es, más que una medida técnica, una herramienta que impulsa la transformación del sector hacia uno más sostenible. Al mantener los alimentos seguros desde su origen hasta el consumo final, la compañía protege no sólo la salud de miles de personas al día, sino que, al hacerlo mediante tecnologías eficientes y certificaciones internacionales, también demuestra un liderazgo socialmente responsable dentro de la industria.

Asimismo, gracias a su enfoque preventivo y sus controles estrictos en materia de inocuidad de los alimentos, Kosmos también contribuye activamente a la sostenibilidad ambiental, pues al evitar que toneladas de alimentos terminen en la basura reduce no solo pérdidas económicas, sino también la sobreexplotación de recursos como el agua, la energía y el suelo.

Con su inversión en infraestructura moderna, capacitación constante y mejora continua, Corporativo Kosmos consolida su compromiso con la excelencia. Su sistema de fríos es prueba de cómo una visión empresarial centrada en la calidad, la seguridad y la sustentabilidad puede generar beneficios concretos para la sociedad y el medio ambiente.

¿Dónde estamos con los ODS a 5 años de la Agenda 2030? 8 datos destacados

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En 2015, los 193 Estados miembros de las Naciones Unidas se comprometieron a cumplir con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para 2030. Hoy, a cinco años del plazo límite, el panorama no es alentador: menos del 20% de las metas está en camino de cumplirse. A pesar de los avances en temas como salud o acceso a infraestructura básica, el informe señala que ninguna de las 17 metas globales se logrará a tiempo si no se aceleran los esfuerzos.

Sin embargo, el compromiso político sigue firme. Al menos 190 países han presentado uno o más Informes Nacionales Voluntarios (VNR, por sus siglas en inglés) que documentan sus avances y estrategias. Además, han aumentado los Informes Locales Voluntarios (VLR), los cuales permiten medir el impacto de los ODS a nivel subnacional. Este enfoque multinivel ha demostrado ser clave para identificar brechas y reforzar las capacidades institucionales locales.

Asimismo, en septiembre de 2024, durante la Cumbre del Futuro de la ONU, los Estados miembros reafirmaron su adhesión a la Agenda 2030 mediante el “Pacto por el Futuro”. El acuerdo compromete a los países a tomar acciones “justas, transformadoras y aceleradas”, entre ellas reformar la arquitectura financiera internacional y fortalecer el multilateralismo efectivo en pos de seguir avanzando en las metas globales.

estado de los ODS

Objetivos más rezagados: hambre, clima y biodiversidad

Según el Informe de Desarollo Sostenible 2025, entre los ODS más rezagados se encuentran el ODS 2 (Hambre Cero), el ODS 13 (Acción por el Clima), el ODS 14 (Vida Submarina), el ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres) y el ODS 16 (Paz, Justicia e Instituciones Sólidas). Estos presentan desafíos significativos desde 2015 y muestran escaso o nulo progreso. Las crisis prolongadas, los conflictos armados y la falta de financiamiento explican buena parte del estancamiento.

El caso del ODS 2 es especialmente crítico: 733 millones de personas sufren hambre crónica y un tercio de la humanidad no puede costear una dieta saludable. Esta situación se agrava con los impactos del cambio climático y la degradación ambiental. Asimismo, la pérdida de biodiversidad continúa a un ritmo alarmante, comprometiendo el equilibrio ecológico global.

El proyecto de ley fiscal de Trump ha sido citado en el informe como un ejemplo de cómo decisiones políticas nacionales pueden debilitar el financiamiento global para el desarrollo sostenible. Al priorizar recortes impositivos y disminuir la cooperación internacional, se ha mermado la capacidad de muchos países para cumplir con los ODS.

Avances notorios: salud, energía y acceso digital

Pese a los retrasos, se registran avances sustanciales en algunas áreas. Los indicadores muestran un progreso destacado en el acceso a electricidad (ODS 7), internet y servicios de banda ancha (ODS 9), así como en la reducción de la mortalidad infantil y neonatal (ODS 3). También se ha incrementado la proporción de la población con cuentas bancarias o servicios financieros digitales, lo que fortalece la inclusión económica (ODS 8).

Estos logros se deben, en parte, al compromiso institucional y al uso de tecnologías emergentes. Países como Finlandia y Barbados lideran los rankings globales, con puntuaciones superiores al 90% en el índice de desempeño de los ODS. En América Latina, Uruguay y Chile figuran entre los mejores posicionados.

El informe destaca que incluso en naciones con avances, subsisten desafíos importantes. A menudo se observa que los beneficios del progreso no se distribuyen equitativamente. Esto subraya la necesidad de enfoques interseccionales que consideren género, edad, discapacidad y contexto territorial.

Estado de los ODS: 8 datos clave del informe 2025

Para entender el avance —y los retrocesos— de la Agenda 2030, es fundamental revisar los datos más relevantes del informe. Estas cifras no solo dan cuenta del estado de los ODS, sino también del nivel de urgencia que enfrentan gobiernos, empresas y sociedad civil. A continuación, se presentan ocho hallazgos clave que ilustran el panorama global en 2025.

  • Solo el 17% de las metas de los ODS están en camino de cumplirse para 2030; el 48% muestra avances lentos o estancamiento, y el 35% ha retrocedido respecto a 2015.
  • 733 millones de personas padecen hambre crónica y más de 3 mil millones no pueden costear una dieta saludable.
  • La proporción de personas con acceso a electricidad supera ya el 91% a nivel mundial, marcando un hito positivo en el cumplimiento del ODS 7.
  • El número de países que ha presentado Informes Nacionales Voluntarios (VNR) asciende a 190, y más de 30 lo harán en 2025; además, se han registrado 130 Informes Locales Voluntarios (VLR) desde 2018.
  • Más del 50% de la población mundial vive en países sin capacidad fiscal suficiente para financiar servicios esenciales vinculados a los ODS.
  • El ODS 13 (Acción por el Clima) y el ODS 15 (Vida de Ecosistemas Terrestres) se encuentran entre los más rezagados, sin avances significativos desde 2015.
  • Solo 9 de los 193 países miembros de la ONU muestran avances en más de la mitad de los indicadores evaluados en el índice de desempeño de los ODS.
  • Los países con mejor desempeño general en el ranking ODS 2025 son Finlandia, Suecia, Dinamarca, Alemania y Barbados, todos con puntajes superiores al 85%.
estado de los ODS

Obstáculos estructurales para avanzar

Uno de los principales obstáculos es la falta de espacio fiscal en los países de ingresos bajos y medios. La deuda excesiva y el acceso limitado a financiamiento de largo plazo impiden invertir en salud, educación y resiliencia climática. Según el informe, aproximadamente la mitad de la población mundial vive en países que no pueden financiar adecuadamente su desarrollo sostenible.

Otro desafío es el debilitamiento del multilateralismo. El proyecto de ley fiscal de Trump, por ejemplo, ha influido en el retiro de Estados Unidos de organismos internacionales clave, como la OMS y el Acuerdo de París, lo que mina la colaboración global necesaria para alcanzar los ODS.

Además, se detecta una brecha entre las políticas adoptadas y los resultados visibles. Muchas estrategias requieren años para mostrar efectos medibles, lo que dificulta evaluar su efectividad en el corto plazo. De ahí la importancia de reforzar los sistemas estadísticos nacionales y promover transparencia.

¿Qué sigue para acelerar el cumplimiento?

El informe propone una serie de recomendaciones estratégicas para los cinco años restantes. Entre ellas se incluye redoblar esfuerzos en cooperación internacional, canalizar financiamiento hacia los países más vulnerables y adoptar marcos regulatorios para tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. También destaca la urgencia de una reforma financiera internacional que facilite inversiones sostenibles en el Sur Global.

estado de los ODS

Una de las herramientas más prometedoras para este propósito es la implementación de swaps deuda-por-clima o deuda-por-educación, que permitirían aliviar el servicio de la deuda a cambio de compromisos en sostenibilidad. Esta medida, además de práctica, tiene alto potencial simbólico en un año declarado jubilar por el Vaticano.

Por último, se destaca que el éxito de la Agenda 2030 dependerá de un liderazgo global con visión de largo plazo. El informe insiste en que no hay soluciones individuales a problemas colectivos. El rol de Estados Unidos, China y la Unión Europea será determinante, y decisiones como las contenidas en el proyecto de ley fiscal de Trump podrían tener consecuencias estructurales en el financiamiento y la gobernanza global.

Una década decisiva

Los resultados del informe son claros: estamos lejos de cumplir los ODS, pero no estamos condenados al fracaso. Queda una ventana de cinco años para reencauzar el rumbo. Será clave que la comunidad internacional actúe con urgencia, voluntad política y visión de futuro, priorizando la equidad y la sostenibilidad como principios rectores.

En este contexto, es indispensable cuestionar políticas como el proyecto de ley fiscal de Trump, que comprometen el financiamiento multilateral. El futuro del desarrollo sostenible depende de decisiones tomadas hoy. Y el tiempo, aunque escaso, aún está de nuestro lado.

Google incrementa sus emisiones un 51% por auge de la IA

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Durante los últimos años, Google se ha posicionado como una empresa comprometida con la sostenibilidad. Sin embargo, su más reciente informe ambiental ha puesto en la lupa que, pese a sus esfuerzos, Google incrementa sus emisiones en un 51% respecto a 2019, debido principalmente al auge de la inteligencia artificial (IA). Esta tendencia no solo contradice sus ambiciosos objetivos ecológicos, sino que también pone en evidencia los límites actuales de las tecnologías limpias ante la demanda energética exponencial de la IA.

La compañía reconoció que sus emisiones de alcance 3 —aquellas asociadas a la cadena de suministro— continúan siendo su principal desafío. A pesar de sus inversiones en energías renovables y tecnologías de captura de carbono, el crecimiento de los centros de datos ha elevado el consumo eléctrico un 27% en tan solo un año. Esta demanda, asociada al entrenamiento y operación de modelos como Gemini y ChatGPT, amenaza con desbordar los esfuerzos climáticos del sector tecnológico.

Auge de la IA: ¿un motor insostenible para el planeta?

La inteligencia artificial ha traído innovaciones sin precedentes, pero su funcionamiento depende de enormes cantidades de energía. Google señaló que la necesidad de mayor capacidad en sus centros de datos ha sido determinante para este aumento de emisiones. Los modelos de IA requieren operaciones intensivas en cómputo, lo que incrementa la presión sobre la infraestructura energética global.

Según la Agencia Internacional de Energía, el consumo eléctrico de los centros de datos podría duplicarse entre 2022 y 2026, alcanzando los 1,000 TWh, el equivalente al uso anual de electricidad de Japón. En este contexto, Google incrementa sus emisiones no solo como efecto colateral, sino como síntoma de una industria cuyo desarrollo tecnológico aún no está alineado con los objetivos de sostenibilidad climática.

Google incrementa sus emisiones

Además, firmas como SemiAnalysis anticipan que para 2030 los centros de datos consumirán el 4.5% de toda la generación energética mundial. Este crecimiento “no lineal” complica las proyecciones de emisiones futuras, como lo advirtió el propio informe de Google: 

“La rápida evolución de la IA hace cada vez más difícil predecir nuestras necesidades energéticas”.

El freno de la innovación limpia del gigante tecnológico: Google incrementa sus emisiones

Google ha apostado por soluciones energéticas alternativas como la geotermia avanzada y los pequeños reactores modulares (SMR). No obstante, la adopción de estas tecnologías sigue siendo marginal. Los SMR, diseñados para descarbonizar zonas de alta demanda energética, todavía enfrentan barreras regulatorias, altos costos y demoras en su implementación.

La empresa reconoció que “alcanzar una implementación a gran escala para 2030 será muy difícil”. Mientras tanto, los retrasos en nuevas formas de generación eléctrica baja en carbono permiten que las emisiones continúen creciendo. Google incrementa sus emisiones también porque la transición energética no avanza al ritmo de la expansión digital.

Aunque los compromisos ambientales de Google son destacables —como eliminar por completo los empaques plásticos en sus nuevos productos—, su impacto positivo se ve opacado por el peso climático de su infraestructura digital. “Seguimos invirtiendo en tecnologías prometedoras, pero su adopción generalizada aún no se ha logrado”, puntualizó el reporte.

Google incrementa sus emisiones

Energía limpia sí, pero no suficiente

Desde 2010, Google ha firmado más de 170 acuerdos para adquirir más de 22 GW de energía limpia. En 2024, 25 de esos contratos entraron en operación, agregando 2.5 GW a su portafolio energético. Incluso fue un año récord: la empresa firmó acuerdos por 8 GW adicionales. Sin embargo, esta aceleración no ha logrado frenar el alza de sus emisiones.

Esto se debe a que, aunque la proporción de energía limpia aumenta, el consumo total también lo hace. El problema no es solo la fuente de la energía, sino la cantidad utilizada. Google incrementa sus emisiones porque sus sistemas requieren más electricidad de la que sus iniciativas verdes pueden compensar actualmente.

La compañía también ha buscado reducir las emisiones ajenas a su operación directa. En este sentido, plantea que sus productos de IA podrían ayudar a terceros a reducir hasta una gigatonelada de CO₂ equivalente al año para 2030. Esto incluye herramientas que predicen el consumo energético, reducen el desperdicio o maximizan el uso de paneles solares.

El desafío del alcance 3 y su peso climático

De los 11.5 millones de toneladas de CO₂ equivalente emitidas por Google en 2024, la mayoría proviene del alcance 3. Este tipo de emisiones, que incluyen la fabricación de hardware y servicios contratados, crecieron un 22% interanual. Este aumento refleja los costos ocultos del ecosistema digital que habilita la IA.

El crecimiento de la cadena de suministro para producir, mantener y expandir los centros de datos es uno de los principales impulsores del aumento de emisiones. Incluso con una estrategia climática ambiciosa, Google incrementa sus emisiones porque los proveedores y socios aún dependen en gran medida de fuentes fósiles.

Según el reporte, reducir estas emisiones requerirá cambios sistémicos, incluyendo nuevas políticas regulatorias, mayor inversión en innovación y colaboración multisectorial. “El alcance 3 sigue siendo un reto clave”, señaló la empresa, y sin avances estructurales en este punto, los esfuerzos individuales no serán suficientes.

Google incrementa sus emisiones

La IA como dilema ambiental

El crecimiento exponencial de la inteligencia artificial presenta una paradoja para las grandes tecnológicas: promete eficiencia y sostenibilidad para terceros, pero genera una huella ambiental creciente. Google incrementa sus emisiones por la expansión de esta tecnología, lo que obliga a repensar el equilibrio entre innovación y responsabilidad climática.

Aunque Google lidera múltiples esfuerzos hacia la sostenibilidad, su informe refleja las tensiones internas de una industria que avanza más rápido que su capacidad de mitigación. De cara a 2030, las decisiones que tome en torno a energía, regulación e innovación marcarán si puede cumplir su promesa de un futuro más verde —sin sacrificar su liderazgo tecnológico.

¿Es la captura de carbono la estrategia equivocada contra el cambio climático?

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En medio de la carrera global por reducir las emisiones y mitigar los efectos del calentamiento global, la captura de carbono ha sido promovida como una solución intermedia entre la dependencia de los combustibles fósiles y la transición hacia fuentes limpias. Esta tecnología, que permite atrapar el CO₂ de instalaciones industriales o directamente de la atmósfera, ha ganado terreno gracias a incentivos fiscales y grandes inversiones públicas y privadas.

No obstante, su eficacia y pertinencia han sido puestas en duda por diversos sectores, según información de Fast Company. Mientras algunas voces la defienden como una pieza útil del rompecabezas climático, organizaciones ambientales y expertos en energía argumentan que la captura de carbono podría estar retrasando la acción climática al justificar la continuación del uso de carbón, petróleo y gas. La pregunta es pertinente: ¿es esta estrategia realmente efectiva o solo un paliativo costoso?

¿Qué es la captura de carbono y cómo funciona?

La captura de carbono, también conocida como captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés), es un proceso mediante el cual se recolecta el dióxido de carbono (CO₂) generado por la quema de combustibles fósiles antes de que alcance la atmósfera. Las industrias pueden instalar sistemas que separan el CO₂ de otros gases de combustión en la chimenea o incluso extraerlo directamente del aire con grandes “aspiradoras” atmosféricas.

Una vez capturado, el gas se comprime y transporta —generalmente por ductos— hasta un lugar donde es inyectado a gran profundidad bajo la superficie terrestre. Allí, puede almacenarse en formaciones geológicas como vetas de carbón no explotables, capas de sal o depósitos basálticos, donde se espera que permanezca por cientos o miles de años.

Sin embargo, cerca del 75% del CO₂ capturado no se almacena de forma permanente, sino que se utiliza para la recuperación mejorada de petróleo. En este proceso, se inyecta CO₂ en pozos petroleros para incrementar la presión y facilitar la extracción de crudo. Es decir, se termina usando más energía fósil a partir de un procedimiento que supuestamente era parte de la solución climática.

Aunque existen ejemplos técnicos exitosos, como la instalación de BKV Corp. en Texas, donde se inyecta el CO₂ a casi tres kilómetros de profundidad, los incidentes como la fuga detectada en Illinois en 2023 demuestran que los riesgos de filtración y contaminación subsisten, especialmente si se almacenan cerca de fuentes de agua potable.

¿Qué tan efectiva es la captura de carbono?

Las cifras actuales muestran que esta tecnología tiene un alcance limitado. En 2023, unas 45 instalaciones a escala comercial capturaron apenas 50 millones de toneladas métricas de CO₂, frente a las 53 gigatoneladas de gases de efecto invernadero emitidos a nivel mundial. El volumen capturado representa una fracción mínima del problema global.

Técnicamente, la mayoría de las instalaciones sólo consigue retener cerca del 60% de sus emisiones. Aunque algunos proyectos han prometido capturar hasta el 90%, expertos como Alexandra Shaykevich, del Environmental Integrity Project, sostienen que “en la práctica, eso nunca ha sucedido”. Superar ese umbral implica costos técnicos y económicos difíciles de justificar.

Además, el CO₂ no se emite en un solo punto, sino en múltiples procesos industriales, lo que hace más compleja su captura integral. Según Grant Hauber, del Institute for Energy Economics and Financial Analysis, el reto está en “capturar el dióxido de carbono de cada punto donde se emite”, una tarea costosa y logística y técnicamente desafiante.

captura de carbono

Por si fuera poco, el proceso mismo de captura de carbono puede tener efectos colaterales. Un estudio de 2021 reveló que emite cantidades considerables de metano —un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO₂— debido a fugas durante el transporte del gas. Esto plantea una paradoja climática: una solución que, indirectamente, puede agravar el problema.

¿Una estrategia equivocada contra el cambio climático?

Muchos expertos consideran que insistir en la captura de carbono puede ser una distracción peligrosa. En lugar de enfocarse en energías renovables, algunas industrias la utilizan como argumento para prolongar la vida útil de tecnologías contaminantes. El problema no es solo técnico, sino estratégico y político.

La Agencia Internacional de Energía y la Agencia de Protección Ambiental de EE. UU. advierten que el uso extendido de esta tecnología para obtener más petróleo contradice sus objetivos climáticos. Si el CO₂ capturado termina ayudando a extraer más combustibles fósiles, su aporte a la descarbonización se diluye o incluso se anula.

Además, casos como la prohibición del almacenamiento de carbono cerca del acuífero Mahomet en Illinois muestran que la percepción pública también se está volviendo crítica. Las comunidades temen los riesgos ambientales asociados, como posibles filtraciones o la contaminación de fuentes hídricas esenciales.

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El papel de los incentivos fiscales en su expansión

A pesar de las críticas, la captura de carbono sigue atrayendo grandes inversiones, especialmente en Estados Unidos, donde los créditos fiscales han sido clave para su adopción. Jessie Stolark, directora ejecutiva de la Coalición de Captura de Carbono, afirma que estos incentivos han “impulsado una inversión significativa” y son esenciales para mantener la competitividad internacional del país.

No obstante, el futuro de estos subsidios está en entredicho. Aunque siguen incluidos en el borrador del proyecto de reconciliación del Comité de Finanzas del Senado, la inflación ya ha reducido su valor real, lo que podría frenar nuevos desarrollos. Varios proyectos industriales en la Costa del Golfo dependen de estos apoyos para ser viables.

Sangeet Nepal, especialista de la Coalición, aclara que esta no es una solución final: “No es un sustituto de las energías renovables… es solo una tecnología complementaria”. Para él, la captura de carbono puede ayudar especialmente en industrias difíciles de descarbonizar, como el cemento o el acero, pero debe verse como una medida transitoria, no como el centro de la política climática.

captura de carbono

¿Una pieza útil o una falsa esperanza?

La captura de carbono puede jugar un papel técnico importante en sectores industriales específicos, pero su bajo impacto cuantitativo, sus riesgos operativos y su potencial para extender el uso de combustibles fósiles la colocan bajo un escrutinio creciente. No es una solución mágica, y tratarla como tal podría desviar recursos urgentes para otras estrategias más eficaces.

En el contexto actual, donde el tiempo para actuar se acorta, es esencial priorizar tecnologías limpias y soluciones estructurales. Si bien la captura de carbono puede ser parte del rompecabezas, su rol debe evaluarse con rigurosidad y sin caer en promesas que no ha logrado cumplir en la práctica.

IA puede generar 50 veces más emisiones de CO2 que otras tecnologías

La inteligencia artificial se ha integrado velozmente en nuestras rutinas: redactar correos, resolver dudas, planificar viajes o automatizar procesos son tareas que muchos realizan ya con ayuda de modelos como ChatGPT o Gemini. Sin embargo, su eficiencia aparente esconde una huella ambiental que pocas personas consideran al usar estas herramientas diariamente.

Las emisiones de CO₂ de la IA pueden ser hasta 50 veces mayores que las de tecnologías tradicionales, según un estudio reciente publicado en Frontiers. El crecimiento de los centros de datos y el aumento de la complejidad de los modelos de lenguaje están detrás de esta tendencia, que desafía los compromisos de sostenibilidad de muchas empresas tecnológicas y gobiernos por igual.

La creciente demanda energética de la IA

La Agencia Internacional de la Energía reveló que una sola consulta en ChatGPT puede consumir hasta 10 veces más electricidad que una búsqueda tradicional en Google. Esta diferencia energética no es trivial, considerando que millones de personas interactúan con IA diariamente, muchas veces sin saber el impacto ambiental que eso implica. El uso de la IA no es gratuito para el planeta, aunque parezca invisible.

Los centros de datos son fundamentales para que los modelos de IA funcionen, pero también están entre los mayores consumidores de electricidad del mundo. En 2023, representaron el 4,4 % del consumo eléctrico total de EE. UU., y podrían llegar hasta el 12 % en apenas cinco años. Este crecimiento plantea serias preguntas sobre la viabilidad ecológica del uso masivo de estas tecnologías.

emisiones de CO2 de la IA

El número de centros de datos se ha multiplicado en la última década: de 500 mil en 2012 a más de 8 millones en 2024. Esta expansión responde a la demanda creciente de procesamiento computacional. A medida que más servicios y sectores integran IA en sus operaciones, la presión sobre los recursos energéticos también se intensifica, generando más emisiones de CO₂ de la IA.

¿Por qué las emisiones de CO₂ de la IA son tan elevadas?

El funcionamiento de los modelos de lenguaje depende de miles de millones de parámetros, que son las variables que los algoritmos aprenden para generar respuestas. Cuantos más parámetros y tokens se procesan, mayor es el consumo energético. Cada operación matemática dentro del modelo, aunque pequeña, consume recursos.

El estudio publicado en Frontiers mostró que preguntas complejas como las relacionadas con álgebra abstracta o filosofía demandan procesos de razonamiento mucho más extensos que temas simples, como historia escolar. Esto se traduce en mayor número de tokens generados por cada consulta. Más tokens implican más cálculos, y con ello, más emisiones de CO₂ de la IA.

Este impacto ocurre incluso si las respuestas no son correctas. Es decir, la contaminación no depende del éxito del modelo, sino del proceso necesario para intentar generar una respuesta. Esto refuerza la idea de que no solo debemos enfocarnos en el resultado de la IA, sino también en los costos invisibles de su uso.

emisiones de CO2 de la IA

Modelos más precisos, pero menos sostenibles

Una de las tensiones más importantes en el desarrollo de la inteligencia artificial es la relación entre precisión y sostenibilidad. Los modelos que ofrecen respuestas más exactas tienden a requerir más capacidad de cómputo, lo que implica un mayor consumo energético y, por lo tanto, más emisiones. En el estudio analizado, Cogito —el modelo más preciso evaluado— emitió tres veces más CO₂ que otros modelos del mismo tamaño con menor rendimiento.

Este aumento de emisiones no es casual: la mayoría de los modelos más precisos se basan en procesos de razonamiento complejos que implican generar una gran cantidad de operaciones internas antes de dar una respuesta. Por ejemplo, los modelos basados en razonamiento producen en promedio 543,5 tokens adicionales por pregunta, en comparación con sólo 37,7 tokens generados por modelos más concisos. Esta diferencia en “pensamiento computacional” representa una carga energética considerable, sin importar si la respuesta es correcta.

Además de la precisión, la arquitectura del modelo también influye en su impacto ambiental. Modelos con estructuras similares pueden comportarse de forma muy distinta en términos de eficiencia. DeepSeek R1, con 70 mil millones de parámetros, genera emisiones comparables a un vuelo de ida y vuelta entre Londres y Nueva York al responder 600 mil preguntas. En contraste, Qwen 2.5, con la misma escala, puede responder casi tres veces más preguntas con una huella de carbono equivalente, demostrando que el diseño también puede optimizarse para reducir las emisiones de CO₂ de la IA.

emisiones de CO2 de la IA

El reto de sensibilizar al usuario sobre su huella digital

Uno de los puntos más relevantes del estudio es el bajo nivel de conciencia que tienen los usuarios sobre el impacto ambiental de su uso cotidiano de IA. Maximilian Dauner, autor principal, sostiene que si las personas supieran cuánto CO₂ genera una simple petición a un modelo, usarían estas herramientas con más criterio y moderación.

La democratización del acceso a la IA ha hecho que millones de personas usen estos modelos a diario sin considerar su huella digital. No hay alertas ni etiquetas que indiquen el costo ambiental de una generación de texto o imagen, como sí lo hay en productos físicos. Esta falta de visibilidad impide tomar decisiones informadas.

Por ello, los investigadores abogan por mayor transparencia y educación. Etiquetar las emisiones de CO₂ de la IA, así como ocurre con la eficiencia energética de electrodomésticos, podría ser un paso hacia el consumo digital responsable. Solo con usuarios informados será posible construir una cultura tecnológica más consciente del clima.

Equilibrar innovación y sostenibilidad

La inteligencia artificial está transformando sectores enteros y facilitando nuestras vidas, pero lo hace a un costo ambiental que ya no puede ignorarse. Las emisiones de CO₂ de la IA representan un nuevo frente en la lucha contra el cambio climático y exigen respuestas urgentes desde el diseño, el uso y la regulación tecnológica.

A medida que el uso de modelos lingüísticos crece, se vuelve fundamental encontrar un equilibrio entre precisión, utilidad y sostenibilidad. Ser conscientes del impacto ambiental de nuestras decisiones digitales —desde hacer una pregunta compleja hasta generar contenido— es el primer paso hacia una tecnología verdaderamente responsable.

¿Las certificaciones de sostenibilidad realmente influyen en la decisión de compra?

En una época marcada por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la creciente desigualdad social, los consumidores buscan formas de participar en soluciones tangibles desde su vida cotidiana. Uno de los terrenos donde más se expresa esta voluntad es en las decisiones de compra. Cada vez más personas valoran no solo lo que adquieren, sino cómo se produce.

En este contexto, las certificaciones de sostenibilidad se han convertido en una herramienta clave. Estos sellos buscan garantizar que los productos y servicios cumplen con criterios ambientales, sociales y éticos definidos por organismos independientes. No son simples etiquetas: ofrecen una forma de orientar el consumo responsable y generar confianza en mercados cada vez más saturados de promesas verdes.

Pero, ¿hasta qué punto influyen realmente en el comportamiento del consumidor? ¿Son efectivas como motor de cambio o solo una estrategia de marketing bien diseñada? Este artículo explora a fondo cómo y por qué las certificaciones de sostenibilidad afectan las decisiones de compra, qué ventajas ofrecen y qué desafíos enfrentan para mantener su credibilidad y relevancia.

5 formas en que las certificaciones de sostenibilidad influyen en el consumo

1. Brindan confianza y verificación externa

Las certificaciones de sostenibilidad permiten que los consumidores confíen en que las afirmaciones ecológicas o sociales de un producto están respaldadas por auditorías independientes. Esto es vital en un entorno donde muchas marcas recurren a narrativas verdes sin fundamentos reales. La verificación externa garantiza que se cumplan estándares medibles y transparentes.

Esta confianza también reduce la ansiedad del comprador ético, que busca evitar el greenwashing. Al saber que un tercero imparcial valida las prácticas de la empresa, se genera mayor seguridad para elegir productos que realmente representan un menor impacto ambiental o un beneficio social tangible. Así, la certificación se convierte en un factor diferenciador relevante.

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2. Facilitan decisiones rápidas en entornos de compra complejos

Los consumidores de hoy se enfrentan a una amplia oferta de productos, información contradictoria y presiones de tiempo. Las certificaciones de sostenibilidad actúan como atajos mentales que simplifican la decisión de compra al resumir criterios complejos en un solo símbolo fácilmente reconocible. Esto ahorra tiempo y reduce la incertidumbre.

Por ejemplo, en un supermercado abarrotado, un sello confiable puede ser suficiente para que una persona elija una marca sobre otra. No necesita investigar toda la cadena de suministro o las políticas laborales de la empresa. El sello comunica que alguien más ya ha hecho esa verificación por ella. Esa eficiencia es muy valorada.

3. Conectan con valores personales y emociones

 Las decisiones de compra no son puramente racionales: están cargadas de emociones, identidad y valores. Comprar productos con certificaciones de sostenibilidad permite a los consumidores expresar quiénes son y qué les importa, desde el cuidado del planeta hasta la justicia social. Esto transforma una simple transacción en un acto significativo.

Esa conexión emocional refuerza la lealtad a marcas que comparten los mismos valores. Las personas no solo adquieren un bien funcional, sino que sienten que están contribuyendo al bienestar colectivo. Esta experiencia emocional positiva es clave en un contexto donde el consumo responsable también es una forma de activismo.

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4. Aumentan la disposición a pagar más por un producto

Numerosos estudios han demostrado que los consumidores están dispuestos a pagar un precio premium por productos que llevan certificaciones de sostenibilidad. Esto ocurre porque perciben que están adquiriendo algo más que un producto: están invirtiendo en salud, ética y futuro. La percepción de valor aumenta.

Además, cuando un producto certificado está disponible junto a otro convencional, muchas personas optan por el primero aunque sea más caro. Esto no solo genera un beneficio para las empresas responsables, sino que demuestra que el precio deja de ser el único factor decisivo. La sostenibilidad se convierte en una variable clave en la ecuación.

5. Generan presión positiva sobre toda la cadena de suministro

Cuando los consumidores eligen productos certificados, mandan una señal clara al mercado: la sostenibilidad importa. Esto obliga a las empresas a revisar y mejorar sus prácticas desde el origen, involucrando a proveedores, distribuidores y socios comerciales. Las certificaciones de sostenibilidad impulsan cambios estructurales.

El efecto dominó es poderoso. Para cumplir con los estándares de la certificación, muchas marcas rediseñan procesos, mejoran condiciones laborales o reducen su huella de carbono. Así, una elección individual puede desencadenar mejoras colectivas en todo un sector productivo. Las decisiones cotidianas se vuelven parte de una transformación sistémica.

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¿Qué hay detrás de una certificación sostenible?

Obtener una certificación de sostenibilidad no es un trámite simple. Implica cumplir con estándares estrictos definidos por organismos independientes y someterse a auditorías regulares. Estos estándares pueden evaluar desde el uso de agua y energía, hasta derechos laborales, gestión de residuos o gobernanza corporativa.

Cada certificación tiene un enfoque distinto. Algunas, como Rainforest Alliance, priorizan temas ambientales; otras, como Fair Trade, se centran en justicia social y comercio ético. Entender esas diferencias es clave para que los consumidores puedan interpretar adecuadamente lo que representa cada sello en un empaque o etiqueta.

Además, los mejores esquemas no solo certifican, sino que también promueven la mejora continua. Las empresas que los adoptan deben presentar evidencia de su progreso y renovar sus compromisos de forma periódica. Esto refuerza la confianza en que el impacto no es estático, sino parte de una evolución responsable.

¿Pueden las certificaciones convertirse en el nuevo estándar?

En muchas industrias, las certificaciones de sostenibilidad están dejando de ser una ventaja competitiva para volverse un requisito básico. Grandes cadenas minoristas ya exigen a sus proveedores que cuenten con estos sellos como parte de sus políticas de abastecimiento responsable. Lo mismo ocurre en licitaciones públicas o con inversionistas institucionales.

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Este cambio está elevando el estándar de lo que se considera aceptable. Marcas que antes operaban sin control hoy enfrentan una presión creciente para transparentar sus impactos. Las certificaciones ofrecen un marco para esa transición, proporcionando herramientas claras para la medición y mejora del desempeño socioambiental.

No obstante, también existe el riesgo de que algunas empresas usen estos sellos como simple estrategia de marketing. Por eso es clave que los consumidores no solo vean la etiqueta, sino que aprendan a indagar quién la otorga, qué verifica y cómo se audita. La sostenibilidad no debe ser cosmética, sino profunda y verificable.

Una guía confiable en el consumo consciente

Las certificaciones de sostenibilidad representan hoy mucho más que un distintivo visual. Actúan como mecanismos de confianza, trazabilidad y verificación en un mundo donde el greenwashing es cada vez más sofisticado. Para los consumidores, ofrecen claridad. Para las marcas, son una forma de rendir cuentas ante una ciudadanía más exigente y activa.

Su valor también reside en el impacto sistémico que pueden generar. Al respaldar productos certificados, no solo se premia a quienes hacen las cosas bien, sino que se presiona a toda la industria a elevar sus estándares. Las certificaciones, cuando están bien diseñadas y ejecutadas, ayudan a alinear los intereses económicos con los principios éticos.

En definitiva, consumir con conciencia no es una moda pasajera, sino una expresión de responsabilidad social. En ese camino, las certificaciones de sostenibilidad no son la única herramienta, pero sí una de las más confiables y potentes. Si se utilizan con criterio, pueden convertirse en un puente entre nuestros valores y nuestras decisiones diarias.