Del cielo a la ciudad: el país que usa agua de lluvia para construir edificios ecológicos

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El diseño del Estadio Nacional de Pekín, conocido mundialmente como el Nido de Pájaro, es mucho más que una proeza arquitectónica asociada a los Juegos Olímpicos de 2008. Su estructura porosa y su sistema de gestión hídrica lo han convertido en un emblema de cómo China ha integrado la captación urbana de agua de lluvia como una respuesta concreta y funcional a los desafíos climáticos contemporáneos. Lejos de ser una solución aislada, este enfoque refleja una visión de largo plazo para construir edificios ecológicos capaces de adaptarse a lluvias torrenciales, inundaciones y estrés hídrico.

En un contexto marcado por eventos climáticos extremos y una creciente presión sobre los recursos naturales, China ha apostado por estrategias que combinan ingeniería, planeación urbana y tradición cultural. La captación urbana de agua de lluvia no solo permite mitigar riesgos asociados a inundaciones, sino que también fortalece la gestión de un recurso cada vez más escaso. El Nido de Pájaro es apenas la punta del iceberg de un modelo que busca construir edificios ecológicos como parte integral de la adaptación climática y la resiliencia urbana.

El Nido de Pájaro y el impulso para construir edificios ecológicos

El Estadio Nacional de Pekín fue concebido con una intrincada celosía de acero altamente porosa que no solo define su identidad estética, sino que cumple una función ambiental clave. Integrada en esta estructura se encuentra una red de tubos capilares diseñada para captar y desviar el agua de lluvia hacia tres tanques subterráneos de almacenamiento. Allí, el agua se filtra y se prepara para su reutilización dentro del propio recinto.

De acuerdo con el Ministerio de Recursos Hídricos de China, este sistema permite cubrir al menos el 50 % de las necesidades hídricas del estadio. Desde las cisternas de los inodoros hasta el lavado de pistas y el riego del césped, el agua de lluvia reutilizada se convierte en un recurso estratégico. En total, el sistema puede tratar alrededor de 58.000 toneladas de agua de lluvia al año, una cifra significativa para una sola infraestructura deportiva.

Este enfoque no es exclusivo del Nido de Pájaro. Justo enfrente, el Centro Acuático Nacional de Pekín cuenta con un sistema de recolección capaz de captar aproximadamente 10.000 toneladas de agua de lluvia al año, el equivalente al consumo anual de unas 100 viviendas. Ambos complejos muestran cómo construir edificios ecológicos se ha convertido en un estándar en grandes desarrollos públicos.

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La lógica se extiende también al sector privado. En Shenzhen, la empresa tecnológica DJI inauguró en 2022 su nueva sede corporativa, equipada con jardines en azoteas y un sistema integrado de captación de agua de lluvia destinado al riego de áreas verdes. Este tipo de proyectos evidencia que la captación urbana de agua de lluvia es ya una práctica transversal en la arquitectura contemporánea china.

Captación urbana de agua de lluvia y ciudades esponja

La captación urbana de agua de lluvia, conocida como Urban Rainwater Harvesting (URWH), consiste en recolectar, almacenar, tratar y reutilizar el agua pluvial dentro de los entornos urbanos. A diferencia de los sistemas tradicionales de drenaje, que buscan evacuar rápidamente el agua, la URWH apuesta por retenerla y reincorporarla al ciclo urbano mediante sistemas paralelos de aguas grises.

Este enfoque está estrechamente vinculado al concepto de “ciudades esponja”, una estrategia de planificación urbana que combina infraestructura verde —como humedales, parques y pavimentos permeables— con sistemas de drenaje convencionales. El objetivo es absorber el exceso de agua durante lluvias intensas y liberarla gradualmente, reduciendo el riesgo de inundaciones y mejorando la recarga de acuíferos.

China adoptó oficialmente el modelo de ciudades esponja en 2014, impulsado por el trabajo del arquitecto paisajista Yu Kongjian y su firma Turenscape. Desde entonces, decenas de ciudades han incorporado estos principios en su planeación urbana, con la meta gubernamental de reutilizar al menos el 70 % del agua de lluvia en estas zonas. En Pekín, por ejemplo, se reutilizan alrededor de 50 millones de metros cúbicos de agua de lluvia al año, cubriendo más del 30 % de las necesidades hídricas de la ciudad junto con otras fuentes recicladas.

Más allá de la mitigación de inundaciones, la URWH permite construir edificios ecológicos que reducen su dependencia del agua potable, disminuyen costos operativos y fortalecen la resiliencia urbana frente a sequías, particularmente relevantes en el norte árido del país.

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Una práctica arraigada en la cultura y la visión de sostenibilidad

La captación y reutilización del agua de lluvia no es una idea nueva en China. Históricamente, la gestión del agua ha sido una prioridad para sus gobernantes durante milenios. Desde las dinastías Qin y Han existen registros de estanques domésticos destinados a almacenar agua de lluvia, una práctica que hoy encuentra una reinterpretación moderna en la arquitectura sostenible.

“China tiene una especial predilección por el agua de lluvia”, explica Wang Dong, director general del estudio de ciudades ecológicas de Turenscape. En la arquitectura tradicional china, las viviendas se organizaban en torno a patios centrales diseñados para canalizar el agua de los tejados hacia el interior del hogar, donde simbolizaba riqueza y prosperidad. Esta lógica cultural sigue influyendo en la manera en que hoy se conciben los espacios urbanos.

El impulso moderno comenzó a institucionalizarse en 1995, cuando el Partido Comunista Chino organizó el primer seminario nacional sobre aprovechamiento del agua de lluvia. A partir de entonces, estas prácticas se incorporaron a los códigos de ingeniería y encontraron en los Juegos Olímpicos de 2008 una vitrina internacional. Hoy, la industria de la URWH en China alcanza un valor estimado de 126 mil millones de yuanes, reflejando su peso estratégico en el desarrollo urbano.

Para arquitectos como Dan Sibert, socio principal de Foster and Partners, integrar estos sistemas es ya un requisito básico:

“En China, los diseños que absorben y reutilizan eficazmente el agua de lluvia son absolutamente fundamentales para el desarrollo”.

Esta práctica ya no se trata de un añadido posterior, sino de una prioridad por construir edificios ecológicos que mejoren la calidad de vida y la relación de las personas con su entorno.

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Del diseño urbano a la adaptación climática

La experiencia china demuestra que la captación urbana de agua de lluvia puede trascender la escala técnica para convertirse en una política pública y cultural de adaptación climática. Desde iconos como el Nido de Pájaro hasta complejos corporativos y barrios completos, construir edificios ecológicos con sistemas de reutilización hídrica se ha consolidado como una respuesta eficaz frente a inundaciones, sequías y presión sobre los recursos.

Para quienes trabajan en responsabilidad social y sostenibilidad, el caso de China ofrece una lección clara: la innovación ambiental es más efectiva cuando se integra a la planeación urbana, se apoya en la cultura local y se respalda con políticas públicas ambiciosas. En un mundo cada vez más vulnerable al cambio climático, transformar la lluvia de amenaza en recurso puede marcar la diferencia entre ciudades reactivas y ciudades verdaderamente resilientes.

Señalan a BP por influir en la educación STEM a través de museos científicos

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Activistas han denunciado que BP influye en educación STEM en el Reino Unido mediante una relación estratégica con el Science Museum Group. Las acusaciones se centran en el proyecto Enterprising Science, financiado por BP y antecedente directo de la academia del Science Museum Group, un programa que ha impartido más de 500 cursos a más de 5.000 profesores.

Para los críticos, el caso ilustra un problema mayor: cuando empresas con intereses directos en industrias altamente contaminantes participan en el diseño de contenidos educativos, la independencia del conocimiento queda en entredicho. 

BP influye en educación STEM: patrocinio, control e incidencia

Los documentos revelados muestran que BP no fue un actor pasivo en el proyecto Enterprising Science. De acuerdo con el contrato de colaboración, las decisiones relevantes no podían aprobarse sin el voto favorable del representante de la empresa. Para los activistas, esta cláusula evidencia un grado de control que va más allá del patrocinio tradicional y plantea dudas legítimas sobre la autonomía académica de los programas resultantes.

Chris Garrard, integrante del grupo Culture Unstained, ha sido uno de los críticos más contundentes al declarar que:

“La influencia tóxica de BP sobre el aprendizaje de los jóvenes es calculada e insidiosa”.

En su opinión, BP influye en educación STEM de una manera comparable a prácticas que hoy resultarían inaceptables en otros sectores:

“No permitiríamos que las compañías tabacaleras participaran en la elaboración de estrategias educativas, así que ¿por qué BP debería comprar un papel tan influyente y destacado?”.

El Science Museum Group ha rechazado estas acusaciones, asegurando que, aunque BP financió el proyecto y patrocina la academia, no tuvo participación directa en la investigación ni en los contenidos educativos. Un portavoz sostuvo que el control editorial recae exclusivamente en la institución y que el patrocinio corporativo es “vital” para cumplir su misión de inspirar a millones de personas cada año. Sin embargo, para muchos expertos en RSE, la existencia de salvaguardas editoriales no elimina el riesgo de captura institucional cuando los recursos dependen de actores con agendas claras.

BP, por su parte, defendió el proyecto señalando que la academia del Museo de Ciencias, creada en 2018, “continúa inspirando a los educadores a ofrecer experiencias STEM atractivas dentro y fuera del aula”. No obstante, el contexto en el que se da esta defensa resulta clave: el museo ha sido duramente criticado por mantener vínculos con la empresa incluso después de que BP anunciara el abandono de sus objetivos climáticos para aumentar la producción de combustibles fósiles. Para los activistas, este contraste refuerza la percepción de que BP influye en educación STEM como parte de una estrategia más amplia de legitimación social.

Las críticas no provienen únicamente de grupos climáticos. Sindicatos docentes y comunidades educativas se han sumado a la preocupación. Helen Tucker, representante verde del Sindicato Nacional de Educación (NEU), señaló que cada vez más profesores cuestionan su participación en la academia del museo, “cuyo plan de estudios fue desarrollado con la supervisión de las mismas personas que están causando el cambio climático: BP”. Para el sindicato, permitir esta relación equivale a normalizar el greenwashing en espacios que deberían formar pensamiento crítico y científico.

BP influye en educación STEM

Educación, cultura y el deber de la independencia

El caso del Science Museum Group pone sobre la mesa un dilema central para la responsabilidad social empresarial y la gobernanza cultural: ¿pueden la educación y la divulgación científica mantenerse independientes cuando dependen de financiamiento corporativo con intereses contradictorios al bien común? Cuando BP influye en educación STEM, no solo está en juego la reputación de una empresa o de una institución cultural, sino la credibilidad misma del conocimiento que se transmite a futuras generaciones.

Sin duda, este debate obliga a replantear los límites éticos del patrocinio y a exigir marcos más robustos de transparencia, rendición de cuentas y separación entre financiamiento y contenido. La educación y la cultura solo pueden aportar soluciones reales a los problemas sociales y ambientales actuales si operan libres de agendas particulares. De lo contrario, el riesgo no es menor: formar profesionales bajo narrativas suavizadas que perpetúan los mismos modelos que han profundizado la crisis climática y social que hoy se busca resolver.

Las 5 tendencias ESG que marcarán la agenda empresarial en 2026

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Durante años, el enfoque ESG fue percibido por muchas empresas como un ejercicio aspiracional, más cercano a la reputación que a la estrategia. Sin embargo, ese ciclo ha llegado a su fin. De cara al nuevo escenario económico y regulatorio, la sostenibilidad deja de ser un discurso voluntario para convertirse en una variable dura de competitividad, gestión de riesgos y acceso a capital. En este contexto, hablar de ESG en 2026 implica asumir que ya no se trata de ideología, sino de negocio.

Los datos lo confirman, pues durante 2024, los activos gestionados bajo criterios responsables y sostenibles superaron los 16.7 billones de dólares, representando más de una cuarta parte del mercado global de fondos. Lejos de abandonar el enfoque, los mercados lo están profesionalizando. Para las empresas, esto significa operar bajo estándares más estrictos, con mayor escrutinio y con impactos directos en su valor financiero, su resiliencia y su permanencia en el mercado.

Las 5 tendencias clave del ESG en 2026

Hoy, es importante entender que el ESG en 2026 no operará como un conjunto de iniciativas aisladas, sino como un sistema integrado que atraviesa la estrategia corporativa, la gobernanza y la toma de decisiones financieras. En este escenario, el ESG deja de ser un “área” para convertirse en una capacidad organizacional clave que seguirá las siguientes tendencias:

1. Un lenguaje común para el ESG: del discurso a la información financiera

La fragmentación de estándares comienza a cerrarse de forma definitiva. Los marcos IFRS S1 y S2 del ISSB se consolidan como el idioma común de la sostenibilidad financiera a nivel global, alineando riesgos ESG con desempeño económico. En México, este avance se materializa con la entrada en vigor de las Normas de Información de Sostenibilidad (NIS), que elevan el nivel de exigencia al equiparar el reporte ESG con el financiero.

En ESG en 2026, muchas empresas presentarán su primer reporte obligatorio bajo estos marcos y enfrentarán una realidad incómoda: no todas estaban preparadas. La sostenibilidad ya no se declara; se documenta, se audita y se explica con evidencia. Quienes no cuenten con sistemas robustos de información quedarán expuestos ante inversionistas, reguladores y grupos de interés.

ESG en 2026

2. El fin del ESG cosmético y el riesgo real del greenwashing

El greenwashing ha dejado de ser un problema reputacional para convertirse en un riesgo legal y financiero. Reguladores y mercados están elevando los estándares de aseguramiento, trazabilidad y control interno de la información ESG. Europa, lejos de retroceder, está afinando su regulación para enfocarse en riesgos materiales y grandes empresas, sin renunciar al fondo del enfoque.

En ESG en 2026, las organizaciones que no cuenten con datos verificables, procesos internos claros y una gobernanza sólida enfrentarán primas de riesgo más altas, pérdida de credibilidad y restricciones en el acceso a capital. La evidencia sustituye al relato, y la sostenibilidad se mide con la misma rigurosidad que cualquier otro indicador estratégico.

3. La cadena de suministro como el nuevo frente de riesgo

El perímetro del ESG se expande más allá de la operación directa de las empresas. Proveedores, contratistas y socios comerciales pasan a formar parte del mapa de riesgos. Para economías como la mexicana, profundamente integradas a cadenas globales por el nearshoring, este cambio es crítico y estructural.

En ESG en 2026, muchas compañías descubrirán que su mayor exposición no está dentro de sus muros, sino en su cadena de valor. No habrá competitividad ni atracción de inversiones sin cumplimiento ambiental, laboral y de integridad en los eslabones que sostienen el negocio. Gestionar proveedores deja de ser un tema operativo y se convierte en una prioridad estratégica.

ESG en 2026

4. La transición energética entra al balance financiero

La transición energética abandona las presentaciones aspiracionales y se materializa en decisiones de inversión. La inversión global en energía alcanzó niveles récord, con más de dos billones de dólares destinados a tecnologías limpias, duplicando el flujo hacia los combustibles fósiles. El capital ya está tomando partido.

En ESG en 2026, la diferencia no la marcará quien tenga la narrativa climática más ambiciosa, sino quien cuente con proyectos ejecutables: contratos de energía limpia, electrificación, eficiencia operativa, almacenamiento, movilidad sostenible y retornos claramente identificados. La sostenibilidad se evalúa en términos de desempeño financiero y gestión de riesgos.

5. Clima, adaptación y biodiversidad: el ESG del mundo real

El cambio climático dejó de ser un riesgo futuro. Inundaciones, sequías y estrés hídrico ya impactan activos, seguros, infraestructura y planeación urbana. A pesar de ello, la brecha de financiamiento para adaptación sigue siendo significativa, mientras que biodiversidad y capital natural irrumpen con fuerza en la agenda corporativa.

El mensaje de ESG en 2026 es contundente: reducir emisiones ya no es suficiente. Las empresas deben construir resiliencia y anticiparse a impactos físicos que afectan directamente su continuidad operativa. Ignorar estos riesgos hoy implica asumir costos mucho mayores mañana, tanto económicos como reputacionales.

ESG en 2026

El ESG como ventaja competitiva

El 2026 marcará un punto de inflexión definitivo. El ESG dejará de ser una conversación moral para consolidarse como una herramienta estratégica de gestión empresarial. Las compañías que entiendan esta transición no solo cumplirán con regulaciones, sino que protegerán valor, fortalecerán su resiliencia y mejorarán su posición competitiva en un entorno cada vez más complejo.

En ESG en 2026, ganarán las empresas que asuman la sostenibilidad como una inversión y no como un costo adicional. Aquellas que integren estos criterios en su toma de decisiones estarán mejor preparadas para acceder a capital, gestionar riesgos y competir en un mercado que ya no premia las promesas, sino la evidencia y la capacidad real de adaptación.

Científicos aseguran que el objetivo de 1,5 °C del Acuerdo de París “está muerto”

Durante casi una década, el límite de 1,5 °C se presentó como la línea roja que la humanidad no debía cruzar para evitar los peores impactos del cambio climático. Ese umbral, acordado en 2015 por casi 200 países, se convirtió en el eje de las políticas climáticas, los compromisos corporativos y las estrategias de inversión sostenible. Sin embargo, hoy ese consenso enfrenta su momento más crítico.

Ahora, científicos advierten que el objetivo del Acuerdo de París ya no es alcanzable en los términos en que fue concebido. Los datos más recientes sobre temperatura global, emisiones y eventos extremos muestran que el calentamiento avanza más rápido de lo previsto, mientras las acciones para reducir el uso de combustibles fósiles siguen siendo insuficientes. 

El récord de temperaturas que pone en jaque el objetivo del Acuerdo de París

Los datos más recientes confirman la gravedad del momento. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que 2025 fue el tercer año más caluroso jamás registrado, con una temperatura media global de entre 1,44 °C y 1,48 °C por encima de los niveles preindustriales. Esta cifra se alcanza tras tres años consecutivos de “temperaturas globales extraordinarias”.

Ocho conjuntos de datos independientes, elaborados por organismos científicos de Europa, Estados Unidos, Japón y China, coinciden en la tendencia general: el planeta se acerca peligrosamente al umbral de 1,5 °C. Aunque existen ligeras variaciones metodológicas, el mensaje científico es consistente y alarmante.

Según el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea, el ritmo actual de calentamiento podría hacer que el objetivo del Acuerdo de París —medido como promedio de 30 años— se supere antes de que termine esta década. Esto ocurriría más de diez años antes de lo que se proyectaba cuando se firmó el acuerdo.

Carlo Buontempo, director de Copernicus, lo expresó con claridad:

“Estamos destinados a superarlo. La decisión que tenemos ahora es cómo gestionar mejor el inevitable sobrepaso y sus consecuencias”.

La pregunta ya no es si se cruzará el umbral, sino cómo se enfrentará ese escenario.

Por qué los científicos afirman que el límite de 1,5 °C ya no es viable

Una de las razones clave detrás de este diagnóstico es que los picos recientes de temperatura no pueden explicarse solo por la variabilidad natural. Si bien fenómenos como El Niño añadieron alrededor de 0,1 °C en años recientes, los científicos coinciden en que la señal dominante es el calentamiento inducido por la actividad humana.

Tim Osborn, director de la Unidad de Investigación Climática de la Universidad de East Anglia, explicó que en 2025 la influencia de El Niño se debilitó. “La temperatura global que observamos en 2025 ofrece una imagen más clara del calentamiento subyacente”, señaló, dejando claro que el problema estructural persiste.

El calor “antinatural”, como lo describen los expertos, es consecuencia directa de una atmósfera saturada de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero. Esta contaminación no solo eleva la temperatura promedio, sino que intensifica olas de calor, sequías, incendios forestales e inundaciones en todo el mundo.

objetivo del Acuerdo de París

Para Bill McGuire, profesor emérito de riesgos climáticos del University College de Londres, la conclusión es contundente:

“A todos los efectos, el límite de 1,5 °C ya no existe”.

Desde su perspectiva, el colapso climático peligroso ya ha comenzado, con escasas señales de que el mundo esté reaccionando a la altura del desafío.

Impactos visibles y un mundo que aún no responde

Los efectos del calentamiento acelerado ya son evidentes. En 2025, la Antártida registró su año más caluroso y el Ártico el segundo más cálido. La extensión del hielo marino polar cayó en febrero a su nivel más bajo desde que existen observaciones satelitales, en la década de 1970.

Además, aproximadamente la mitad de la superficie terrestre experimentó más días de estrés térmico severo, con temperaturas superiores a los 32 °C. Berkeley Earth estima que el 8,5 % de la población mundial vivió en regiones con temperaturas medias anuales récord, una cifra que podría repetirse en 2026.

A pesar de estas señales, las emisiones globales continúan aumentando diez años después de la firma del acuerdo de París. Esto ocurre incluso en un contexto de crecimiento acelerado de las energías renovables, lo que evidencia una desconexión entre avances tecnológicos y decisiones estructurales.

objetivo del Acuerdo de París

Laurence Rouil, director del Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copernicus, fue claro:

“Los datos para 2025 muestran que la actividad humana sigue siendo el impulsor dominante de las temperaturas excepcionales”.

El mensaje, añadió, es inequívoco y urgente.

Del objetivo climático a la gestión del riesgo real

La afirmación de que el objetivo del Acuerdo de París “está muerto” no implica que la acción climática haya perdido sentido. Por el contrario, subraya la magnitud del desafío y la necesidad de cambiar el enfoque. Limitar el calentamiento sigue siendo crucial, pero ahora debe combinarse con estrategias sólidas de adaptación, resiliencia y reducción de daños.

Para el ámbito de la responsabilidad social empresarial, este escenario exige ir más allá de los compromisos simbólicos. Las organizaciones deben integrar el riesgo climático en su estrategia central, en sus cadenas de valor y en su toma de decisiones financieras. Ignorar esta nueva realidad no solo es irresponsable desde una perspectiva ambiental, sino también un error estratégico en un mundo donde el clima ya define las reglas del juego económico y social.

¿Quiénes son los stakeholders invisibles y por qué pueden poner en riesgo una empresa?

Durante décadas, la gestión empresarial se centró en un mapa de actores relativamente claro: clientes, inversionistas, empleados, proveedores y autoridades. Sin embargo, la realidad social, ambiental y digital ha transformado radicalmente ese panorama. Hoy, muchas crisis corporativas no se originan en los stakeholders tradicionales, sino en actores que operan fuera del radar formal de las organizaciones y que, aun así, tienen capacidad real de incidir en su reputación, operación y viabilidad.

En este contexto surge una pregunta clave para la sostenibilidad y la gestión de riesgos: quiénes son los stakeholders invisibles y por qué las empresas siguen subestimando su influencia. Entenderlos ya no es un ejercicio teórico, sino una necesidad estratégica. Ignorarlos puede traducirse en conflictos sociales, boicots, pérdida de legitimidad o incluso en la interrupción de operaciones críticas, especialmente en un entorno donde la información circula con rapidez y las asimetrías de poder se han reducido.

¿Quiénes son los stakeholders invisibles y por qué importan?

Cuando hablamos de stakeholders invisibles nos referimos a aquellos grupos o actores que no suelen figurar en los análisis clásicos de partes interesadas, pero que se ven afectados —directa o indirectamente— por la actividad de una empresa. No están en el organigrama, no firman contratos y, muchas veces, tampoco tienen canales formales de diálogo con la organización, lo que los vuelve difíciles de identificar y gestionar.

Estos actores pueden incluir comunidades no organizadas, trabajadores tercerizados, usuarios indirectos, colectivos digitales, generaciones futuras o incluso ecosistemas naturales que no tienen voz propia. La clave es que su invisibilidad no implica irrelevancia. Al contrario, su falta de reconocimiento suele amplificar el conflicto cuando deciden manifestarse o cuando terceros hablan en su nombre.

Entender quiénes son los stakeholders invisibles exige cambiar la lógica tradicional de poder. Ya no se trata solo de quién tiene influencia económica inmediata, sino de quién puede afectar la licencia social para operar. En un mundo hiperconectado, estos stakeholders pueden ganar visibilidad rápidamente y convertirse en actores centrales de una crisis reputacional o social.

quienes son los stakeholders invisibles

¿Por qué los stakeholders invisibles pueden poner en riesgo una empresa?

Anticipan riesgos que la empresa no está viendo

Los stakeholders invisibles suelen ser los primeros en experimentar los impactos negativos de una operación: contaminación, precarización laboral, desplazamiento social o deterioro ambiental. Al no ser escuchados, estas señales tempranas se ignoran hasta que el problema escala. Cuando la empresa reacciona, el daño ya es mayor y más costoso de reparar, tanto en términos económicos como reputacionales.

Pueden detonar crisis reputacionales inesperadas

En la era digital, un grupo aparentemente marginal puede convertirse en tendencia global en cuestión de horas. Activistas locales, comunidades afectadas o usuarios organizados en redes sociales pueden amplificar una denuncia y atraer la atención de medios, reguladores e inversionistas. Cuando una empresa no entiende quiénes son los stakeholders invisibles, suele sorprenderse por el origen y la velocidad de estas crisis.

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Influyen indirectamente en decisiones regulatorias y de mercado

Aunque no participen directamente en procesos formales, estos stakeholders pueden influir en ONG, organismos internacionales, autoridades locales o fondos de inversión. Sus demandas suelen alimentar nuevas regulaciones, litigios estratégicos o cambios en criterios ESG. Ignorarlos hoy puede significar enfrentar marcos normativos más estrictos mañana.

Erosionan la licencia social para operar

La licencia social no se obtiene solo cumpliendo la ley, sino construyendo legitimidad ante la sociedad. Cuando los stakeholders invisibles perciben que una empresa los excluye, se rompe la confianza. Esto puede traducirse en bloqueos, protestas, boicots o resistencia comunitaria que afecte directamente la continuidad del negocio, incluso si la empresa es legalmente correcta.

Revelan incoherencias entre el discurso y la práctica

Muchas organizaciones comunican compromisos ambiciosos en sostenibilidad, derechos humanos o inclusión, pero los stakeholders invisibles viven una realidad distinta. Estas brechas son especialmente riesgosas, ya que exponen casos de greenwashing o social washing. Identificar quiénes son los stakeholders invisibles permite contrastar el relato corporativo con el impacto real y corregir antes de que otros lo hagan públicamente.

quienes son los stakeholders invisibles

Hacer visible lo invisible como ventaja estratégica

Reconocer quiénes son los stakeholders invisibles no es un acto de filantropía ni un ejercicio de imagen; es una decisión estratégica. Las empresas que logran identificarlos, entenderlos e incorporarlos en su análisis de riesgos están mejor preparadas para anticipar conflictos, fortalecer su resiliencia y tomar decisiones más informadas en entornos complejos.

En un mundo donde la sostenibilidad se ha convertido en un criterio central de competitividad, ignorar a estos actores es un lujo que pocas empresas pueden permitirse. Hacer visible lo invisible no solo reduce riesgos, también abre oportunidades para innovar, construir confianza y generar valor compartido. Porque, al final, entender quiénes son los stakeholders invisibles es entender cómo funciona realmente el poder en la economía contemporánea.

Cambio en la Dirección de la Facultad de Responsabilidad Social de la Universidad Anáhuac

Comunicado de prensa
Estimada comunidad que conforma la Facultad de Responsabilidad Social

Por medio de la presente, les informamos que, a partir del 15 de enero de 2026, se llevará a cabo
un cambio en la Dirección de la Facultad de Responsabilidad Social.


El Mtro. Carlos Ramos Cárdenas Artigas concluye su gestión como Director de la Facultad.
Agradecemos de manera especial su compromiso, liderazgo y dedicación durante el periodo en
que estuvo al frente, así como los logros alcanzados bajo su administración, los cuales han
contribuido de forma significativa al fortalecimiento académico, formativo e institucional de esta
Facultad y de nuestra comunidad universitaria.


Asimismo, les informamos que, a partir de la fecha antes mencionada, ha sido designada como
Directora interina de la Facultad de Responsabilidad Social la Dra. Lorena Miranda Navarro, quien es
Doctora en Innovación y Responsabilidad Social por la Universidad Anáhuac México, institución en
la que también obtuvo la Maestría en Finanzas y la Maestría en Responsabilidad Social e
Innovación Estratégica. Es Contadora Pública por la Escuela Superior de Comercio y Administración
del Instituto Politécnico Nacional y cuenta con más de catorce años de experiencia en el sector
financiero.


Actualmente se desempeña como Coordinadora de la Licenciatura en Responsabilidad Social y
Sustentabilidad, así como Directora del Centro Latinoamericano de Responsabilidad Social
(CLARES) en la Universidad Anáhuac México. Es autora de diversas publicaciones académicas en
temas de responsabilidad social, finanzas sostenibles, criterios ESG y la Agenda 2030, lo que
respalda su sólida trayectoria académica y profesional.


Le deseamos el mayor de los éxitos en el desempeño de esta nueva responsabilidad, con la certeza
de que su experiencia, capacidad académica y liderazgo serán de gran valor para dar continuidad a
los proyectos de la Facultad y para seguir cumpliendo la misión de nuestra Universidad, como una
comunidad de grandes líderes y mejores personas al servicio de una sociedad que nos invita a ser
buscadores del bien y de la verdad.


Agradecemos a todos su disposición, colaboración y apoyo durante este proceso de transición.

OXXO refuerza su compromiso social y de seguridad con Tamaulipas

Comunicado de prensa; CDMX, 14 de enero de 2026. En OXXO, reafirmamos nuestro compromiso con el desarrollo de Tamaulipas mediante un diálogo constructivo con las autoridades estatales. Esta colaboración busca fortalecer nuestra operación en el estado, enfocándose en la generación de empleos, el impulso de la economía local y el trabajo conjunto en materia de seguridad.

Este encuentro refleja nuestra dedicación para llevar a cabo una operación responsable, en coordinación con las autoridades, permitiéndonos contribuir de manera efectiva al desarrollo integral de las comunidades donde operamos.

“Reconocemos la disposición y apertura del Gobierno de Tamaulipas para mantener un diálogo cercano y constructivo. Esta colaboración denota la confianza mutua y la importancia de trabajar en conjunto para fortalecer la seguridad y las condiciones que permiten una operación responsable en beneficio de las comunidades”, afirmó Jorge Sánchez, Gerente de Operaciones OXXO.

Un ejemplo tangible de esta colaboración se observa en el Municipio de Río Bravo, donde nuestras 31 tiendas OXXO están funcionando normalmente, gracias al acompañamiento y refuerzo en estrategias de seguridad implementadas por las autoridades municipales y estatales.

En OXXO continuaremos trabajando para ofrecer nuestra propuesta de valor, reafirmando nuestro compromiso de ser un buen vecino, con un enfoque prioritario en la seguridad de nuestros colaboradores, clientes y de toda la comunidad.

Expertos alertan: el riesgo climático es peor de lo que creemos y dicen los modelos

La conversación climática ha avanzado durante décadas entre gráficos, escenarios y proyecciones que intentan traducir la ciencia en decisiones públicas y financieras. Sin embargo, un nuevo informe del Instituto y Facultad de Actuarios (IoFA) y la Universidad de Exeter sugiere que esa traducción ha sido incompleta y, en algunos casos, peligrosamente optimista.

No se trata solo de errores técnicos, sino de una subestimación estructural del problema.

El documento —titulado La sombrilla perdida— plantea que, de seguir la trayectoria actual, el calentamiento global alcanzará los 2 °C hacia 2050. Este umbral no es simbólico: está asociado con impactos severos sobre ecosistemas, economías y sociedades, y con la posibilidad de que amplias regiones del planeta se vuelvan difíciles o imposibles de habitar. El mensaje central es claro: los sistemas de decisión están mirando el problema con lentes que ya no sirven.

El riesgo climático que los modelos no alcanzan a ver

De acuerdo con un artículo de edie, eurante años, los modelos climáticos y económicos han funcionado como brújula para gobiernos, bancos centrales y grandes inversionistas. El problema es que muchos de ellos no incorporan adecuadamente variables críticas ni la velocidad real a la que se están produciendo los cambios. Esto genera una falsa sensación de control y de tiempo disponible para reaccionar.

El informe advierte que esta brecha entre la realidad física del planeta y las proyecciones utilizadas en la toma de decisiones puede amplificar los impactos. Cuando los modelos fallan en anticipar shocks sistémicos, las respuestas llegan tarde y suelen ser más costosas, tanto en términos económicos como sociales.

riesgo climático

La desaparición de la “sombrilla” invisible

Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es la pérdida del llamado “enfriamiento por aerosoles”. Durante décadas, la contaminación atmosférica generó un efecto colateral: reflejaba parte de la radiación solar y compensaba aproximadamente 0,5 °C del calentamiento global.

A medida que las regulaciones ambientales —como las aplicadas al transporte marítimo— reducen estas partículas en el aire, ese efecto de sombra está desapareciendo. El resultado es contraintuitivo pero contundente: al limpiar el aire sin reducir de forma acelerada los gases de efecto invernadero, las temperaturas pueden aumentar más rápido de lo previsto.

Otro punto crítico es la llamada sensibilidad climática, que mide cuánto se calienta la Tierra cuando se duplican las concentraciones de CO₂. Durante años, el valor de referencia fue de 3 °C, ampliamente aceptado en escenarios y evaluaciones de riesgo.

Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que esta sensibilidad podría acercarse o incluso superar los 4 °C. Esto implica que, para el mismo nivel de emisiones, el planeta se calentaría más de lo anticipado, reduciendo drásticamente el presupuesto de carbono restante y estrechando la ventana de acción.

Puntos de inflexión y efectos en cascada

Un calentamiento más rápido incrementa la probabilidad de cruzar puntos de inflexión del sistema terrestre. Estos umbrales marcan cambios que, una vez activados, pueden ser irreversibles o muy difíciles de detener. El colapso de las capas de hielo, el deshielo del permafrost, la degradación de la Amazonia o la alteración de grandes corrientes oceánicas no son riesgos aislados. El informe advierte sobre “cascadas de inflexión”, donde la desestabilización de un sistema amplifica el colapso de otros, de forma similar a lo ocurrido en crisis financieras globales.

Más allá del daño ambiental, el documento subraya consecuencias económicas profundas. La alteración de los sistemas alimentarios e hídricos, el aumento de enfermedades, la migración forzada y la pérdida de productividad pueden presionar la inflación y desestabilizar mercados financieros.

En este contexto, las aseguradoras podrían retirar coberturas en zonas de alto riesgo y los Estados enfrentar crisis fiscales inesperadas. El informe introduce el concepto de “insolvencia planetaria”: un colapso económico y social derivado del deterioro de los sistemas naturales que sostienen la vida y la actividad productiva.

El riesgo climático frente a los límites del pensamiento económico

El informe es especialmente crítico con los modelos económicos tradicionales que han minimizado los daños potenciales del cambio climático. Algunas estimaciones históricas hablaban de pérdidas relativamente bajas del PIB incluso con escenarios extremos de calentamiento.

Estas proyecciones excluyeron impactos clave como el aumento del nivel del mar, la degradación de ecosistemas, los efectos en la salud humana o los conflictos sociales. Análisis más recientes, como los del Foro de Riesgo Financiero Climático del Reino Unido, sugieren que un shock combinado de clima y naturaleza podría contraer la economía global entre un 15 y un 20 % en apenas cinco años.

Otro mensaje central es que reducir emisiones, aunque indispensable, ya no es suficiente.

Si el sistema climático responde con mayor intensidad de lo previsto, será necesario eliminar activamente carbono de la atmósfera mediante restauración ecológica a gran escala y soluciones tecnológicas.

El informe recuerda que el daño climático no es inmediato: el calentamiento continúa años después de emitidos los contaminantes. Con concentraciones de gases de efecto invernadero que ya superan ampliamente los niveles preindustriales, la inacción aumenta el riesgo de cruzar límites peligrosos sin posibilidad de corrección.

Responsabilidad social y toma de decisiones: del diagnóstico a la acción

Este escenario plantea un reto que va más allá de la mitigación ambiental. La evidencia científica está obligando a replantear cómo se evalúan los impactos, cómo se priorizan las inversiones y cómo se mide la creación de valor a largo plazo. Integrar estas alertas en la estrategia corporativa ya no es un ejercicio reputacional, sino una cuestión de viabilidad operativa y financiera.

El informe deja claro que ignorar señales tempranas —como la aceleración del calentamiento o la fragilidad de los sistemas naturales— equivale a transferir costos a comunidades, gobiernos y futuras generaciones. Desde esta perspectiva, la responsabilidad social se convierte en un puente entre la ciencia y la toma de decisiones: ayuda a traducir riesgos complejos en acciones concretas, comprensibles y accionables para distintos públicos.

Además, este enfoque abre una conversación más madura con inversionistas, colaboradores y sociedad civil. Hablar de adaptación, resiliencia y restauración no como “extras”, sino como ejes estratégicos, permite anticiparse a crisis, fortalecer la confianza y construir narrativas creíbles.

En un contexto de incertidumbre climática creciente, la coherencia entre discurso y acción será uno de los activos más valiosos de cualquier organización.

Una decisión que se toma hoy

La advertencia de fondo es incómoda pero necesaria: sin cambios rápidos en políticas públicas, finanzas y marcos económicos, el mundo está eligiendo un camino de alto riesgo. No por desconocimiento, sino por seguir confiando en herramientas que no reflejan la magnitud del desafío.

Como señaló Sir David King, la respuesta pasa por una estrategia integral que reduzca emisiones, elimine el exceso de carbono, repare los daños ya causados y fortalezca la resiliencia social y ecológica. Más que un costo, el informe plantea esta transición como una oportunidad económica. La pregunta ya no es si actuar, sino cuánto estamos dispuestos a arriesgar si decidimos no hacerlo.

Seguridad, extorsión y debida diligencia: el caso OXXO en Río Bravo

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El cierre temporal de tiendas OXXO en Río Bravo, Tamaulipas, volvió a evidenciar una realidad que rara vez se aborda desde una óptica de sostenibilidad: la seguridad como condición mínima para la operación empresarial y la protección de las personas.

De acuerdo con información publicada por Reforma, la cadena suspendió operaciones en este municipio fronterizo tras una serie de robos y presuntos actos de extorsión vinculados al crimen organizado. Autoridades locales reconocieron que la decisión respondió a la falta de condiciones de seguridad suficientes, en un contexto donde la extorsión ha sido una queja recurrente del sector empresarial en el estado.

Horas después, FEMSA, grupo al que pertenece OXXO, informó que las 31 tiendas ubicadas en Río Bravo ya operan con normalidad, tras un trabajo coordinado con autoridades municipales y estatales para reforzar la seguridad. En su comunicado, la empresa subrayó que el diálogo institucional permitió restablecer condiciones para proteger a colaboradores, clientes y comunidades.

Más allá de la reapertura, el episodio abre una conversación relevante desde la perspectiva de la responsabilidad social empresarial, la debida diligencia y la gestión de riesgos.

Cerrar para proteger: una decisión de responsabilidad

En contextos de violencia o extorsión, suspender operaciones no es una señal de retirada ni de falta de compromiso con la comunidad. Desde un enfoque de RSC, es una medida preventiva orientada a salvaguardar la integridad del capital humano, reducir riesgos operativos y evitar la normalización de prácticas ilegales que vulneran a trabajadores, proveedores y clientes.

Este tipo de decisiones forman parte de los procesos de debida diligencia, cada vez más exigidos a las empresas en materia de derechos humanos, seguridad y gobernanza, incluso cuando los marcos regulatorios locales son insuficientes o poco efectivos.

caso OXXO en Río Bravo

Seguridad: un tema ESG poco visible

Aunque rara vez aparece de forma explícita en los reportes ESG, la seguridad impacta de manera directa en:

  • la continuidad del negocio,
  • la protección de colaboradores,
  • la estabilidad de las cadenas de suministro,
  • y la relación con comunidades locales.

El caso de Río Bravo demuestra que no puede haber operación responsable sin condiciones mínimas de seguridad, y que la sostenibilidad empresarial también depende del entorno institucional y del Estado de derecho.

La responsabilidad que no es empresarial

Es importante subrayar un punto clave: la seguridad pública no es responsabilidad de las empresas, sino del Estado, en coordinación con los distintos niveles de gobierno. La actuación de OXXO responde a un contexto de riesgo específico y no busca sustituir funciones gubernamentales.

Cuando estas condiciones fallan, las empresas se ven obligadas a tomar decisiones difíciles que impactan empleo, servicios y economía local, pero que buscan evitar daños mayores y proteger a las personas.

caso OXXO

Una conversación pendiente

El cierre temporal y posterior reapertura de tiendas OXXO en Río Bravo no es un hecho aislado. Refleja los desafíos estructurales que enfrentan empresas y comunidades en regiones afectadas por la extorsión y la violencia, y plantea una pregunta de fondo: ¿cómo integrar la seguridad, la legalidad y la gobernanza territorial en las agendas de sostenibilidad empresarial?

Mientras esa conversación siga ausente, los cierres temporales seguirán apareciendo como medidas reactivas, cuando en realidad son síntomas de un problema más profundo que exige soluciones institucionales de largo plazo.

¿Qué es la migración interna y por qué se habla poco de ella?

Cuando se habla de movilidad humana, la conversación pública suele centrarse en la migración internacional, las fronteras y los flujos entre países. Sin embargo, dentro de los propios territorios ocurre un fenómeno igual de profundo y mucho más frecuente: millones de personas se desplazan cada año sin cruzar una frontera nacional. Comprender qué es la migración interna resulta clave para interpretar estos cambios silenciosos.

Este tipo de movilidad transforma comunidades, mercados laborales y dinámicas sociales de forma estructural. No se trata solo de un fenómeno demográfico, sino de una variable crítica que incide en la estabilidad social, la cohesión comunitaria y la sostenibilidad de las operaciones empresariales a largo plazo.

¿Qué es la migración interna?

La migración interna se refiere al desplazamiento de personas dentro de un mismo país, ya sea entre regiones, estados, ciudades o zonas rurales y urbanas. Aunque no implica un cambio de nacionalidad ni procesos migratorios formales, sí conlleva transformaciones profundas en la vida económica, social y cultural de quienes migran y de los territorios involucrados.

A diferencia de la migración internacional, estos movimientos suelen pasar desapercibidos porque están normalizados como parte del desarrollo económico. Sin embargo, entender qué es la migración interna implica reconocer que no todos los desplazamientos responden a oportunidades, sino muchas veces a contextos de exclusión, precariedad o falta de alternativas.

Este fenómeno representa una señal temprana de desequilibrios territoriales que no deben ignorarse.

Un fenómeno cotidiano que rara vez entra en la agenda pública

La migración interna ocurre todos los días y en todos los países, pero rara vez ocupa un lugar central en la conversación pública o empresarial. Al no percibirse como una crisis inmediata, suele quedar fuera de los análisis estratégicos y de los mapas de riesgo social.

Esta invisibilidad tiene consecuencias. Cuando los desplazamientos se intensifican sin planeación, las comunidades receptoras enfrentan presión sobre servicios, vivienda y empleo, mientras que las comunidades de origen se debilitan económica y socialmente. Para las empresas, no observar estas dinámicas equivale a operar en territorios que cambian sin ser comprendidos.

Las causas estructurales detrás del desplazamiento interno

Detrás de la migración interna existen factores estructurales persistentes. La desigualdad regional, la concentración de oportunidades económicas y la falta de servicios básicos empujan a miles de personas a buscar alternativas en otros territorios.

En los últimos años, el cambio climático ha comenzado a jugar un papel cada vez más relevante. Sequías, pérdida de suelos productivos y escasez de agua están provocando desplazamientos internos que no siempre se reconocen como tales. Analizar qué es la migración interna desde estas causas permite dejar de ver el fenómeno como una elección individual y empezar a entenderlo como un síntoma de fallas sistémicas.

Impactos en el tejido social y la cohesión comunitaria

Los movimientos internos de población modifican el equilibrio social de los territorios. En las zonas receptoras pueden surgir tensiones derivadas de la competencia por recursos, empleo o vivienda, especialmente cuando no existen políticas de integración.

Estas tensiones no solo afectan a las comunidades, sino también a las empresas que operan en esos entornos. Conflictos sociales, rechazo comunitario o deterioro del entorno local suelen estar vinculados a procesos de movilidad mal gestionados. Desde la RSE, anticipar estos impactos permite diseñar estrategias que fortalezcan la cohesión social y reduzcan riesgos reputacionales.

¿Qué es la migración interna desde la perspectiva empresarial?

Para las empresas, entender qué es la migración interna no es un ejercicio académico, sino una herramienta estratégica. Los cambios demográficos influyen directamente en la disponibilidad de talento, la relación con las comunidades y la estabilidad del entorno operativo.

Las organizaciones que incorporan esta mirada en su análisis territorial pueden anticipar escenarios de riesgo social y adaptar sus programas de inversión comunitaria, empleabilidad o desarrollo local. La migración interna, observada con profundidad, ofrece información valiosa sobre hacia dónde se están desplazando las oportunidades… y dónde se están perdiendo.

La responsabilidad social tiene la capacidad de actuar como un puente entre poblaciones móviles y comunidades receptoras. Programas de capacitación, inclusión laboral y fortalecimiento comunitario pueden facilitar procesos de integración más equilibrados.

Además, trabajar con organizaciones sociales y autoridades locales permite abordar el fenómeno de forma colaborativa, evitando soluciones aisladas o de corto plazo. Incorporar el tema de la migración interna en la estrategia de RSE significa reconocer que el desarrollo sostenible también depende de cómo se gestionan los movimientos de personas dentro del territorio.

La migración interna es una de las fuerzas más determinantes —y menos discutidas— en la transformación social contemporánea. Comprender qué es la migración interna permite a las empresas anticipar riesgos, fortalecer la cohesión comunitaria y diseñar estrategias más alineadas con la realidad territorial. Hablar de este fenómeno no es abrir un nuevo tema, sino iluminar uno que siempre ha estado ahí y que hoy resulta imposible seguir ignorando.