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Los trece enemigos de la RSE(C): Los segundos siete

Antonio Vives analiza los posibles enemigos que pueden impedir el desarrollo de las practicas de RSE.

Por: Antonio Vives

En la primera parte analizábamos seis de lo que calificábamos como enemigos de la RSE. En esta segunda parte la completamos con los siguientes siete y hacemos un balance de las contribuciones positivas y negativas.  Para guiar la lectura, es oportuno recordar que se están enfatizando los aspectos relativamente negativos para llamar la atención y destacar la necesidad, por ende, mayor, de estimular la adopción de prácticas responsables.

 7.     Primer nivel de la dirigencia empresarial

 Por el primer nivel nos referimos al Consejo o Junta Directiva y a la oficina del consejero delegado o presidente o CEO.  El lector habrá leído y oído centenares de veces lo crítico que es el apoyo de la alta gerencia para la estrategia e implementación de la RSE.  Es cierto, pero ello no quiere decir que esas manifestaciones sean suficientes, ya que a veces al mismo tiempo la menoscaban. Claro está que esto varía de empresa a empresa, y es muy diferente entre las empresas que cotizan en bolsas de valores, que tienen operaciones en varios países y empresas familiares o de menor tamaño.  Para algunas es un mensaje a la “galería”, para otras es una llamada a la acción para el resto de la empresa.

 El principal problema con este nivel es que a veces los hechos no coinciden con los dichos, hay un gran trecho. Muchas veces su apoyo explícito a la responsabilidad empresarial se hace porque la empresa necesita que sus stakeholders lo crean, pero no pasa de ser un ejercicio de retórica.  El verdadero apoyo se ve cuando este grupo dirigente hace suya esa responsabilidad y discute y aprueba sus estrategias, establece los mecanismos de monitoreo y control, los incentivos adecuados, y asigna los recursos humanos y financieros necesarios para ello.

¿En qué sentido son enemigos? Como en los casos anteriores, cuando se crean las expectativas que luego no se cumplen, expresiones de apoyo sin acciones de respaldo, que llevan a la desilusión y frustración por parte de los niveles inferiores de la empresa y llaman la atención de los stakeholders activos sobre las incongruencias.  Ello le da un mal nombre a la responsabilidad y les da legitimidad a las acusaciones de insinceridad.   El caso opuesto, positivo, es cuando algunos de esos dirigentes son también líderes externos a la empresa. abogan también por una responsabilidad a nivel del sector industrial al que pertenecen y hasta a nivel del mismo país.  Por ahora son pocos los consejos que están capacitados para liderar y gestionar la responsabilidad (ver Paradoja de los consejos: ¿Mujeres si, competencias en sostenibilidad no?). En muchas empresas es posiblemente el nivel de gestión que mayores carencias tiene en este sentido, cuando las expectativas son de que sean los líderes.

 8.     Segundo nivel de la dirigencia empresarial.

 Por segundo nivel nos referimos a los dirigentes de departamentos funcionales, como finanzas, legal, mercadotecnia, relaciones públicas, etc.  También en este caso haremos algunas generalizaciones, pero con el objeto de llamar la atención, no para decir que siempre son verdaderas.  Y aunque no las listamos en orden de “enemistad”, sí en orden de impacto potencial (no los cubriremos todos para no alargar la discusión, solo para dar una idea).  En lo que sigue veremos que gran parte del problema de la “enemistad” es un problema de subculturas empresariales contrastantes (ver Cultura empresarial para la responsabilidad).

 Comencemos con los gerentes financieros. Suelen ser los principales enemigos internos de la RSE ya que su principal responsabilidad es asegurar el financiamiento de la empresa, su continuo acceso a recursos financieros, para lo cual necesita tener liquidez, solvencia y rentabilidad. Además, son corresponsables con la alta gerencia, por la asignación interna (presupuestos de gastos e inversiones) de los recursos financieros a las diferentes unidades de la empresa y de las relaciones con dos grupos de stakeholders con mucho impacto, los inversionistas y los acreedores.  Suelen estar educados y tener una subcultura de gestión basada en la gestión eficiente de los recursos financieros, que en algunos casos traducen como la maximización del beneficio.  Por estas razones juegan un papel crítico a través de la diseminación dentro de la empresa de esta subcultura de eficiencia financiera y mediante la asignación de recursos a actividades relacionadas a la RSE.  Son muchos los que consideran que estas actividades son un gasto sin beneficios.  Y esos dirigentes están “programados” para la consecución de beneficios financieros en el corto plazo.  Por su poder, es necesario que sean uno de los principales aliados de la RSE, pero puede ser difícil por los contrastes culturales, aunque hay que reconocer que poco a poco la visión de estos gerentes se está ampliando. Algunos llegan a considerar el argumento empresarial de la responsabilidad (ver ¿Cuál es el argumento empresarial de la RSE?), aunque no el argumento moral.

 Los gerentes de los departamentos legales también tienen un papel critico en la responsabilidad empresarial ya que son responsables por la determinación de los riesgos legales de esas actividades y el cumplimiento de las legislaciones y regulaciones correspondientes.  Así como los anteriores son frugales, estos, en general, suelen ser profesionales de formación conservadora. Ello puede llevar a las empresas a no tomar acciones que puedan implicar riesgos legales o reputacionales, independientemente de los beneficios. Estos están “programados” para ver los riesgos.  Adicionalmente suelen revisar las comunicaciones externas a la empresa, en particular los informes de sostenibilidad, donde suelen “censurar” afirmaciones que puedan comprometer a la empresa.  De allí la reticencia de muchas de informar sobre acciones con impactos negativos, percibidos, reales o potenciales y a establecer metas o adquirir lo que pueden parecer como compromisos, que eventualmente puedan convertirse en riesgos legales o reputacionales. “No digas nada que no sea obligatorio decir” parece ser el lema (ver Abogados se interesan por la información sobre sostenibilidad: Buenas y malas noticias). En el ejercicio de sus responsabilidades de proteger a la empresa pueden limitar la asunción de responsabilidades ante la sociedad y su reporte.

 Los gerentes de mercadotecnia (o desarrollo de negocios) tienen la responsabilidad de estimular la demanda de los productos y servicios de la empresa y una de las maneras es exaltar los beneficios y minimizar los defectos o problemas.  En esto se puede ser responsable y hacerlo con toda honestidad, sin embargo, no es muy común en la práctica.  Se usa la propaganda para exagerar los beneficios y ocultar los problemas. Se usan las tecnologías de información para desarrollar y enfocar los mensajes, lo que es principio parece lo lógico para aumentar la demanda.  El problema surge cuando la información que se recaba es usada para manipular las decisiones de los consumidores o clientes, llegando en algunos casos a la decepción. Es también común ver la promoción para estimular demanda por bienes y servicios que el cliente no necesita o no tiene la capacidad de adquirir.  El objetivo es hacerle creer al cliente que no puede vivir sin ellos. Estos esfuerzos pueden llevar al greenwashing, a hacer los productos más económicos, reduciendo su efectividad, la calidad, durabilidad y la seguridad que ofrecen, contrarrestándolo con propaganda.  Esto conspira contra la responsabilidad del producto o servicio.  Algunos exhiben una subcultura de aprovechamiento del consumidor o cliente, no persiguen su bienestar, los consideran instrumentos para el logro de metas.

Los gerentes de relaciones públicas (relaciones institucionales, gestión de la reputación, etc.), tienen la responsabilidad de presentar a la empresa en su mejor imagen posible y muchas veces ello quiere decir operar en el borde de la honestidad informativa, y como en el caso de la mercadotecnia, exaltar las virtudes y esconder los defectos, ahora a nivel de la empresa.  No hay nada de malo con gestionar la reputación, pero esta no debe ser el fin de la gestión, debe ser el resultado de la responsabilidad empresarial (ver los artículos ¿Se puede manipular la reputación?:  El efecto aureola y ¿Reputación como fin o como resultado de la RSE?).  Estos profesionales suelen tener una subcultura de “dorar la píldora”, de ensalzar. Pero como en el caso de la gerencia financiera, esta es una función que está evolucionando, actuando como mecanismo de doble vía, no solo promoviendo la imagen de la empresa hacia el exterior, sino además proporcionando retroalimentación de lo que la sociedad necesita de la empresa para mejorar esa reputación. La función tradicional era la de pulir la imagen, ahora suele ser de crear una imagen, y ojalá que una realidad, que refleje las expectativas de la sociedad.

 Con estos ejemplos el lector puede hacerse una idea de lo contraproducente que puede ser para la responsabilidad empresarial las subculturas engranadas en las diferentes funciones de la empresa. No hace falta extenderse más. Como ejercicio el lector podría pensar cual es la subcultura de un departamento como el de producción (calidad, costos, etc.) y deducir en qué medida pueden ser enemigos de la responsabilidad. 

 En todos los casos, su actuación e impacto sobre la responsabilidad depende de la cultura general prevaleciente en la empresa, reflejada en los incentivos, explícitos e implícitos, monetarios y no monetarios, que enfrentan los profesionales

  1. Docencia, formación, académicos, y revistas académicas

 Las instituciones académicas y los académicos son uno de los principales propulsores de la responsabilidad empresarial al desarrollar materiales didácticos, cursos, seminarios, talleres, casos, entre otros para la creación y diseminación del conocimiento. ¿Cómo es posible que sean enemigos de la responsabilidad? Consideraremos tres grupos: instituciones académicas acreditadas, instituciones de desarrollo profesional e investigadores académicos y sus cómplices, las revistas académicas.

 En el primer caso, en especial las escuelas de negocios y de economía pueden calificarse como enemigos porque siguen basándose primordialmente en el modelo de gestión basado en la primacía de los intereses de los accionistas, en contraposición a los stakeholders, y en la eficiencia económica por encima de la justicia social. Esta es una generalización falsa como todas las generalizaciones, pero tiene un gran componente de verdad en un gran número de esas instituciones. No obstante, hay que reconocer que la tendencia en las escuelas de negocios es hacia una consideración del impacto de las actividades empresariales en la sociedad y en el medio ambiente, aunque todavía de una manera marginal, opcional, no como parte integral obligatoria de cada asignatura (ver por ejemplo Responsabilidad en la enseñanza en las escuelas de negocios del 2009, viejo pero vigente).Pero las de economía no consideran otros criterios de asignación de recursos que no sea la eficiencia económica (salvo en cursos muy avanzados, que no toman los dirigentes empresariales). Y estas son las instituciones que mas influencia tienen en la formación de los dirigentes empresariales.

 En el segundo caso consideramos las instituciones de desarrollo profesional, algunas adscritas a universidades formales pero un gran numero son gestionadas por empresas de consultoría, no reguladas ni sujetas a supervisión independiente.  Están son las que pueden ser enemigos. En general imparten cursos relativamente cortos, por ejemplo, diplomados, muchas veces de manera virtual.  Es muy posible que tengan buenas intenciones, tratan de satisfacer una demanda, pero sus incentivos suelen ser monetarios, operando en un ambiente competitivo, lo que las lleva a ofrecer cursos cortos y económicos, y por ende superficiales, para que estén al alcance de sus clientes que suelen ser personas relativamente jóvenes o que no pueden dejar el empleo para atender cursos más rigurosos.  Ello suele traer como consecuencia de que los que los tomaron se consideran “expertos”, como comentábamos en el enemigo número 2. ¿Quién certifica estos cursos y acredita el “título”? ¿Qué valor tiene el “diploma”, la “certificación”? Cualquiera puede emitir una acreditación profesional, no hay controles sobre este segmento del mercado.

 Lo menos que deberían hacer estas instituciones es enfatizarles a los alumnos la complejidad de la gestión empresarial, el valor de la experiencia en la gestión y lo mucho que todavía no saben, que no son todavía autoridades en la materia.

El caso de la “enemistad” con la responsabilidad empresarial de algunos investigadores académicos sobre responsabilidad empresarial en ese tema es muy poco discutido. En principio promueven la responsabilidad al investigar y publicar sus resultados sobre múltiples aspectos. Pero el problema es que sus incentivos son contraproducentes, suelen ser el avance de sus carreras para lo cual muchas instituciones académicas requieren publicaciones en revistas especializadas, reconocidas por su rigor teórico, no por su relevancia. En su carrera por las promociones hacen investigaciones que son de interés a lo sumo para sus colegas. Su audiencia son ellos mismos. El objetivo es publicar, no es promover la responsabilidad empresarial.  Para poder publicar en esas revistas deben diferenciarse y buscar algo nuevo, estimulando la producción de “investigaciones” cada vez más abstractas y menos aplicables, divorciadas de las necesidades cotidianas de las empresas y sus stakeholders. El imperativo anglosajón del “publish or perish” (publicar o perecer) se ha extendido a las instituciones académicas de habla hispana y para colmo publicando en revistas académicas en inglés.

 Y el colmo es que siendo expertos en responsabilidad empresarial no asumen su responsabilidad ante la sociedadcasa de herrero cuchillo de palo.  Porque es la sociedad la que ha cubierto parte de su formación profesional y sus remuneraciones, a través del pago de impuestos generales y específicos para la educación con los que el estado ha financiado las escuelas, colegios y universidades públicas y privadas, donde se ha formado y donde trabajan.  Y aún más, en algunos casos la investigación específica que llevan a cabo se financia con recursos públicos. Su responsabilidad ante la sociedad requiere que avancen el conocimiento que beneficie a la sociedad, no solo a sus intereses personales.

 Y las revistas académicas son cómplices.[1]  Saben que los investigadores las necesitan y se aprovechan de ello, que les “regalan” su trabajo a cambio de promover sus carreras. Las revistas obtienen mano de obra cautiva de costo cero, que las necesitan como el pez necesita el agua. Investigaciones que han sido financiadas por la sociedad le son vendidas a las bibliotecas virtuales del mundo y a los usuarios. Esto representa una transferencia neta de recursos financieros tangibles de la sociedad a empresas privadas con fines de lucro, que para colmo dificultan la diseminación del conocimiento.  Y no es algo menor. Hay más de 30.000 revistas académicas en total que generan cerca de US$30.000 millones de ingresos anuales.  Solamente en EE. UU. las instituciones académicas gastan más de US$2.500 millones en suscripciones. Estas cifras incluyen todo tipo de investigación, muchas de las cuales si asumen su responsabilidad ante la sociedad, como por ejemplo la investigación médica (para mayores detalles ver La responsabilidad social de los investigadores en responsabilidad social).   

  1. Medios de comunicación

 Es conveniente distinguir entre los medios de comunicación general, tipo periódicos, revistas y televisiónlos medios especializados y las redes sociales.  Los primeros son enemigos porque, en general, hacen una cobertura superficial de la responsabilidad empresarial, con un sesgo hacia las “buenas noticias” sobre las empresas.  No son muchos los que se atreven a reportar malos comportamientos empresariales, salvo en casos catastróficos, como por ejemplo de gran impacto ambiental o social.  En estos medios puede haber conflicto de intereses ya que algunos de sus ingresos provienen de ese sector empresarial, sobre todo en el caso de la televisión, llevando a algunos a publicar suplementos o segmentos especiales con casos favorables de empresas, patrocinados y a veces con información suministrada por ellas mismas, pero sin enfatizarlo, lo que puede engañar a los no conocedores.

 En gran parte son enemigos por omisión, por no reportar los comportamientos irresponsables.  Sin embargo, hay que destacar que hay progreso en este sentido y muchos periodistas se están especializando en el tema, especialmente en los aspectos ambientales y en particular sobre el cambio climático, y recientemente sobre la pandemia, sobre los positivos impactos sociales que están teniendo muchas empresas. Pero sería deseable que un stakeholder con tanto poder contribuyera más proactivamente a la responsabilidad de las empresas.  

Con el creciente interés en la responsabilidad empresarial, se han ido creando y desarrollando medios especializados en responsabilidad empresarial, mayormente virtuales, aunque han surgido algunas revistas impresas. En general estos medios, por su razón de ser son promotores de la responsabilidad, pero también hay algunos que en el afán de ser financieramente rentables y congraciarse con sus principales fuentes de ingresos (anuncios), otorgan premios a empresas y empresarios y publican números especiales con “casos” sobre las empresas patrocinantes, escritas por cuenta suya, que no son otra cosa que publicidad disfrazada.  Al dorar la píldora, son enemigos por comisión (cómplices de greenwashing, conflicto de intereses) y por omisión (como los medios generales). 

las redes sociales tienen la gran ventaja y desventaja de tener pocos controles.  Es el medio más idóneo para denunciar irresponsabilidad y poder contribuir a la mejora de la responsabilidad empresarial al focalizar esa información en la “red de interesados”. Pero al mismo tiempo, por la libertad de comunicación, pueden hacer mucho daño si diseminan información no veraz.  Son la principal fuente de fake news.  Qué fácil es diseminar información buena y mala, urbe et orbi, via Facebook, Twitter, WhatsApp, Instagram, etc. con un click.  De la misma manera permite a las empresas diseminar sus logros, pero también a promover su greenwashing. No hay controles, ni los debería haber en estos temas, pero la autorregulación es muy deficiente y la responsabilidad social de las redes sociales deja mucho que desear. Son amigos y enemigos de responsabilidad simultáneamente.  

  1. Gobiernos/reguladores

 En teoría los gobiernos y sus reguladores deberían ser los grandes amigos de la responsabilidad empresarial ya que, en principio, tienen objetivos comunes, ambos persiguen el bienestar de la sociedad.  ¿Como son enemigos? No es que estén en contra de la responsabilidad empresarial, que puede ser un buen complemento a su acción social y medioambiental, sino que no están a favor. Son enemigos por omisión, pero no por ser indiferentes, sino por no cumplir con sus responsabilidades (verLa responsabilidad del sector público ante la sociedad donde las analizábamos).  Una de sus principales responsabilidades en este sentido es aprovechar su gran poder como agente económico, el mayor comprador de bienes y servicios del país, para favorecer a las empresas responsables y dar el ejemplo.  Aunque esto está mejorando en algunos países, sobre todo en aspectos de género y algunos temas medioambientales, la gran mayoría todavía tiene como criterio para seleccionar a los proveedores el de mejor precio y en el mejor de los casos usar aspectos de responsabilidad como secundarios. La Directiva 2014/24/EU de la Unión Europea permite introducir consideraciones sociales y ambientales en la selección de proveedores (artículo 67.2). Si bien la evaluación se debe llevar a cabo en base al precio o costo, usando criterios de costo-eficiencia, puede incluir las relaciones precio/calidad, que podrá incorporar aspectos cualitativos, sociales y ambientales.

 Otra de las responsabilidades de los gobiernos que dejan que desear son las relacionadas con la promoción de la responsabilidad empresarial de manera proactiva, vía educación, diseminación de buenas prácticas, incentivos, etc.  En algunos países se ha creado consejos asesores para consolidar la acción del estado y coordinar con el sector empresarial, algunos con mayor impacto (Chile, Costa Rica) que otros (España). 

Y una de las más importantes responsabilidades es la relacionada a la regulación y legislación de las actividades empresariales. Los gobiernos tienen la responsabilidad de proteger a la sociedad de las prácticas irresponsables de las empresas para lo cual pueden y deben emitir regulaciones que las prohíban y penalicen. En general todos los países tienen legislaciones ambientales y laborales para prevenirlos.  Pero en esto hay que tener mucho cuidado en no coartar la innovación y creatividad.  Estas regulaciones suelen estar diseñadas para “el más malo”, por lo que suelen ser restrictivas para las empresas responsables, quitándole los incentivos para ir más allá de acuerdo con las necesidades del contexto en que operan y sus posibilidades. Hay que recordar que responsabilidad no es solo “no hacer el mal”, que suele ser el sesgo del regulador, es también el hacer el mayor bien posible.  Debe regularse lo básico, lo que podríamos llamar lo “no negociable” pero dejar el resto a su criterio, claro está actualizando las leyes a medida que sea necesario. 

Algunos países y regiones han emitido leyes generales de responsabilidad empresarial (ver ¿Se debe legislar la RSE?: El intento valenciano), que tienen sus ventajas y desventajas y pueden llegar a ser hasta contraproducentes.  Pueden llevar a un comportamiento de mínimos, cumplir, pero no ir más allá de lo que exige la ley. El mensaje se interpreta como que si eso es lo que pide la ley, eso es lo que hay que hacer, nada más. Por ejemplo, algunas leyes o regulaciones exigen un gasto mínimo en RSE (¿inversión social?), sin entender que la responsabilidad empresarial no es cuestión de gasto, es de comportamiento.  El resultado es que las empresas imputan todo lo que pueden a esa cuota y no van allá de cumplir (para detalles ver Obligación de gastar en RSE: ¿Es efectiva?). Conspiran contra la responsabilidad empresarial entendida en su sentido más amplio.  

Y también se pierden oportunidades de tener impacto.  Por ejemplo el Código de Buen Gobierno  de España que establece lineamientos para el comportamiento de las empresa que cotizan en bolsa promueve la maximización de beneficios, hace un saludo a la bandera en temas de responsabilidad empresarial y pierde buenas oportunidades de hacer una contribución positiva (ver los artículos Revisión del Código del Buen Gobierno: Modernización fallida y el adendum  Participación de la mujer: Una omisión, una recomendación). 

  1. Los detractores de la RSE

 Este grupo de enemigos a lo mejor tendrían que estar en la primera posición, pero es que tiene sus virtudes ya que por ser enemigo es amigo (¿paradoja?).  Nos referimos a los que creen que la empresa solo tiene responsabilidades ante sus dueños o accionistas y que consideran que los recursos empleados en mejorar el medio ambiente y las condiciones de los demás stakeholders son un malgaste de recursos, a menos que ello afecte directamente y en el corto plazo las finanzas de la empresa. 

 Suelen ser personas y medios muy vocales y persistentes en sus ataques a las empresas y dirigentes que asumen una responsabilidad ante la sociedad, y sobre todo contra aquellos que quieren hacer una contribución positiva, más allá de la que hacen sus negocios ordinarios. Presionan a las empresas, a través de los mercados financieros, que les suelen ser afines, y a través de medios especializados para que desistan en esas actividades, muchas veces con éxito.  Y enseñan en escuelas de negocios las desventajas de esa responsabilidad empresarial, promoviendo la maximización de los beneficios financieros.  Ejemplos de estos detractores los hemos analizado en muchos artículos, algunos de los más recientes son  ¿Valoran los accionistas los beneficios a la sociedad? El caso DanoneFriedman, The Economist y la perpetuación del pasado El papel de la empresa en la sociedad: Por qué The Economist y Warren Buffett están equivocados.

Pero estos mismos detractores terminan siendo amigos de la responsabilidad por la ley de acción y reacción.  Sus férreas oposiciones provocan reacciones que aglutinan y estimulan a los amigos de la responsabilidad.  Si los amigos no tuviéramos enemigos como estos seríamos complacientes y no haríamos los esfuerzos para rebatirlos y avanzar, aprender de sus críticas y tratar de cambiar el comportamiento de las empresas.  Pero esto, a diferencia de la física, no quiere decir que la acción encuentre una reacción igual y opuesta.  Muchas veces los detractores tienen mucho más poder o energía y el balance es negativo.  Y los amigos solemos ser indiferentes, y a veces impotentes, como comentaremos a continuación. 

  1. Y todos nosotros…….

 Last but not least, todos nosotros. Nosotros somos consumidores, funcionarios, empleados, dirigentes, transmisores de información, votantes, suplidores, miembros de la comunidad, etc. que no solemos ejercer nuestra responsabilidad de estimular la responsabilidad empresarial. Por comisión u omisión somos sus enemigos.  Si como consumidores no premiamos a las empresas responsables y castigamos a las irresponsables, si como funcionarios nos hacemos la vista gorda, si como empleados no presionamos a la dirigencia, si como dirigentes somos egoístas, si votamos por políticos enemigos de la protección social o del cambio climático, en general si somos indiferentes, mal podemos esperar que las empresas y gobiernos seas responsables.  Claro está que hay algunas empresas que son responsables porque sí, pero en general ellas también necesitan que los empleados y la sociedad les responda. Así como nosotros necesitamos estímulos e incentivos para algunas acciones, las empresas, colecciones de personas y procesos, también los necesitan (ver una más amplia discusión en el artículo Responsabilidad de la Sociedad Civil ante la sociedad, donde por sociedad civil entendemos todo lo que no es gobierno ni empresa, o sea el resto, no solo las instituciones formales, sino también nosotros, los miembros de esa sociedad).

 Bueno, a lo mejor no somos enemigos, pero la matamos con nuestra indiferencia.

 ¿Quién es responsable de la responsabilidad?: Yo.

¿Se me olvidó alguno? A lo mejor el lector ha identificado a alguno más.

 II.        Con enemigos así ….. hay necesidad de muchos amigos 

Pero nobleza obliga. También hay que destacar las contribuciones positivas de todos estos enemigos, en mayor o menor grado. Hay que balancear.

 Toda esta discusión no es para abogar por el cambio de comportamiento de los “enemigos de la RSE”, sería ingenuo. Cada uno tiene su cultura, sus incentivos a los que responde, que guían sus acciones. Pero son enemigos. ¿No tiene remedio?  Es inevitable que cada uno persiga sus propios intereses, así como es difícil que las empresas antepongan las necesidades de la sociedad a sus intereses financieros, también es difícil para estos “enemigos”, (¿o mejor los llamamos stakeholders?), que antepongan los intereses de la sociedad a sus intereses particulares.  Y en esto es de tener en consideración que no es fácil ni hay consenso sobre cuáles son los intereses de la sociedad, lo que está sujeto a múltiples conflictos.

 Lo que se quiere destacar es la necesidad de conocer lo que estimula su comportamiento para, en la medida de lo posible, en el largo plazo, estimular la parte con la que son amigos. Los grupos no son homogéneos, no todos sus miembros atentan contra la responsabilidad empresarial, contienen gran número de “amigos”.

 Repetimos que el objeto de la discusión ha sido destacar la necesidad de entender las actuaciones con el fin de que la dirigencia de las empresas y todos nosotros tomemos medidas, ya sean para compensar (enfatizar aún más las positivas), ya sean para contrarrestar (minimizar el impacto de las negativas).

 Y después de esta larga lista de “denuncias” ¿me quedan amigos?

 [1] Hay que destacar tres grandes tipos de revistas, las legítimas y de elevada reputación, de editoriales como  Elsevier y Springer entre otras, a las que nos referimos aquí, las abusivas, que son otro negocio diferente, un engaño (ver Guía para detectar revistas depredadoras, secuestradoras y megadepredadoras) y que no vale la pena considerar, y las revistas publicadas o patrocinadas por escuelas de negocios, como el IESE o el ICAE, que suelen tener como público a los estudiantes y dirigentes empresariales y buscan la aplicación del conocimiento, que si permiten la responsabilidad de esos investigadores.Posted by ANTONIO VIVESat 15:42 

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