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Los peligros de la RSE: ¿Qué pasa cuando se hace mal?

La inacción de los gobiernos frente a la crisis climática ha permitido que las corporaciones empresariales incidan no solo en el ámbito económico, sino también en el político.

Claro que es importante que las empresas se pronuncien a frente a las causas sociales, sin embargo, muchas no son claras ni certeras respecto a los compromisos con la sociedad y medio ambiente. ¿Cuáles son los peligros de la RSE? ¿De qué hablamos cuando ocupamos el término RSE?

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) lleva a la actuación consciente y comprometida de mejora continua, medida y consistente que permite a la empresa generar valor agregado para todos sus públicos, y con ello ser sustentablemente competitiva.

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Siguiendo con ello, Forum Empresa la define como una forma de hacer negocios, en donde la empresa alinea sus operaciones de forma sustentable; reconoce los intereses de sus steakholders buscando minimizar los impactos negativos de sus acciones u operaciones; y maximizando los impactos positivos. Estas acciones determinan la RSE así como sus alcances.

Si bien, los principios básicos de la RSE pueden variar de un país a otro, existen cuatro pilares que la constituyen:

  1. Ética y gobernabilidad empresarial.
  2. Calidad de vida en la empresa (dimensión social del trabajo).
  3. Vinculación y compromiso con la comunidad y su desarrollo.
  4. Cuidado y preservación del medio ambiente.

La RSE no son prácticas de filantropía, éticas o ambientales; esas son acciones adicionales al propósito de la empresa. Es un equilibrio entre el desarrollo de la sociedad, un entorno sustentable, y la viabilidad comercial y económica de la empresa. Reconoce la interdependencia mutua de los actores sociales, económicos y ambientales afectados positiva o negativamente por la actividad de la empresa.

En los últimos años las marcas han buscado pronunciarse en causas sociales y políticas, pero son señaladas de ridículas y oportunistas.

Se incendia la RSE

Poco le duró la gracia al primer ministro australiano, Scott Morrison cuando se burló del cambio climático y descubrió la importancia de los temas de la RSE. En 2017 como protesta contra los políticos que hacían campaña por las energías renovables; Morrison reía con sus colegas mientras pasaba un trozo de carbón entre ellos: “No tengas miedo, no tengas miedo, no te hará daño. Es carbón», bromeaba Morrison.

A principios del 2020, los incendios forestales azotaron Australia. Más de 3.000 hogares fueron destruidos, reducidos a cenizas y escombros. De hecho medios como el New Statesman lo señalaron como una catástrofe y espectáculo global. Cuando el gobierno Australiano informo sobre el hecho solo reforzó lo que ya se sabía:

Está claro que debemos esperar que vuelvan a ocurrir temporadas de incendios como 2019-20, o potencialmente peores.

Anterior al incendio, el gobierno Australiano se esforzaba por tapar e incluso negar la crisis climática. Y muchas corporaciones lo apoyaron. Gina Rinehart, la magnate minera fue señalada como financiadora del Instituto de Asuntos Públicos. Un grupo de expertos de derecha que niega que la crisis climática tenga causas humanas.

Por otra parte, el multimillonario de la minera, Forrest de Fortescue Metals, prometió una donación de 70 millones de dólares australianos para ayudar a combatir los incendios forestales. De los cuales, 50 millones de dólares se destinaron a la investigación sobre «mitigación de incendios», que sería realizada por la propia Fundación de la minera. Lo que planteaba dudas sobre si los hallazgos se alinearían con los intereses de su jefe. ¿En dónde queda la RSE?

Los peligros de la RSE

Según el artículo del periódico The Guardian, ha existido una tendencia desde finales del 2010 a que las empresas busquen sumarse a las causa sociales; la igualdad en el matrimonio, igualdad de género, garantizar los derechos de las personas LGBTQ +, actuar contra la emergencia climática, por citar algunas. ¿Son estas acciones parte de su RSE?

De acuerdo con dicho medio, las corporaciones siempre han buscado influenciar en la política, pero ahora apoyan públicamente causas políticas “progresistas”. ¿Son bien intencionados los gestos corporativos en apoyo de causas progresistas?, ¿o son simplemente iniciativas de marketing para aprovechar los sentimientos cambiantes del público?

Ya sea buenas intenciones o no, subirse por subirse a la ola social pueden causar riesgos a la RSE, y ser malinterpretados por los steakholders.

Las corporaciones tienen el poder de movilizar a la sociedad e influir en las políticas públicas, pero no se arriesgan a apoyar causas progresistas. Toman una posición política una vez que la opinión pública ya ha tomado una decisión y se suben a la ola.

Por ejemplo, el caso de Tiffany & Co., la empresa de joyería fina, en medio de las protestas que sucedían en Australia por la crisis climática, decidió volverse activista ambiental. La marca fue señalada como oportunista por utilizar el dolor de las víctimas de los incendios forestales para venderse a los australianos.

¿Despertó el capitalismo?

Cuando aún estaban al rojo vivo los incendios en Australia. La élite mundial se reunió en la ciudad de Davos, su objetivo fue «dar forma a la agenda mundial, regional y de la industria»; políticos, empresarios y celebridades reconocidas intelectualmente se daban cita para plantear un mundo cohesionado y sostenible.

El foro dejó claro que las grandes empresas y sus propietarios multimillonarios creen que tienen derecho a definir la agenda moral y política del mundo y a abordar los problemas del mundo.

Dado que los gobiernos parecen no querer o no poder abordar los desafíos que enfrentamos sin liderazgo corporativo, el poder y la riqueza deben unirse para impulsar los cambios de los que depende nuestro futuro colectivo

William Burke-White, profesor de derecho y asesor político estadounidense.

En Davos, las corporaciones respaldarían las causas políticas progresistas por una preocupación genuina por los demás. Se haría cargo de la provisión de bienes públicos donde habían abandonado los gobiernos. Con la crisis por COVID-19, las promesas hechas en Davos sobre un “mejor capitalismo” se desvanecieron.

De acuerdo con The Guardian, lo que 2020 demostró fue que el llamado “capitalismo despertador” puede ser un riesgo. Porque hablar y hacer washing con algunos temas de valores compartidos puede ser una distracción de la real desigualdad y la injusticia.

Necesitamos preguntarnos cuáles son los efectos e intenciones reales de las empresas y los multimillonarios que afirman que deben dirigir la vida moral y política de los ciudadanos.

Distinguir la RSE real de los lavados y apariencias, cada vez es más difícil… y como dice Greta, corremos el riesgo de caer solo en un blah blah blah.

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