Colaboraciones

La Responsabilidad Social es como el amor

Pasar las fiestas patrias en provincia es una de las cosas más exquisitas que le puedan suceder a cualquier capitalino y no es que desprecie nuestra urbe de acero, concreto y smog, donde hay de todo y a todas horas; desde un taco callejero con harto chile, hasta un restaurante bar de primer mundo; sin embargo, el caminar por callejuelas de estilo colonial y deleitar al paladar con platillos y bebidas del lugar, es un regocijo que pocas veces los DFtonitas nos podemos dar.

De entre todas las ciudades y pueblos de este gran país, sin duda alguna, una de los mejores para las festividades nacionales, es San Miguel de Allende, ciudad recientemente declarada como Patrimonio Mundial por la UNESCO. Para ir a San Miguel hay que hacerlo con la boca y los ojos muy abiertos. La boca porque la comida del lugar es excelente y las opciones para saciar el apetito son muy diversas; en San Miguel, el pecado de gula está perdonado. En cuanto a los ojos, porque es impresionante la belleza que allí se reune, proveniente de San Luis, Querétaro, Guanajuato, Ciudad de México y hasta de sitios más lejanos como Guadalajara y Zacatecas ¡Con decir que en una visita de juventud, conocí a una simpática morrita proveniente de la misma comarca lagunera!

Mas no he venido aquí a hablar de aquellas fechas en que adopté a los Santos de Torreón como mi segundo equipo, sino de estos recién pasados días tricolores, donde, de vuelta en San Miguel, me hallaba en uno de los incontables y acogedores barecillos cercanos a la plaza, disfrutando de la compañía de una buena amiga que labora como ejecutiva de marca para una firma de cosméticos y para quien el tema de la RS no es desconocido.

—Sabes— le dije —He llegado a la conclusión, después de mucho pensarlo, que la responsabilidad social no existe.
—Creo que esta noche si pasaste del límite en la bebida— respondió Claudia, sonriente y enfundada en su vestido negro con albeas aplicaciones que recordaba inevitablemente los trajes de charrería.
—Si bien admito que hoy sería imposible para mí ser el conductor designado… creo que aún tengo bastante control sobre lo que pienso y me enterco— le respondí, a sabiendas de que una de las cualidades de San Miguel de Allende, es que es un sitio tan tranquilo y pequeño, que puedes regresar a tu hotel caminando en zig zag por sus calles de empedrado y adoquín si es que las cucarachas se te subieron a la cabeza.
—Todos los integrantes de los distintos comités y organizaciones de RS podrían lincharte por decir esa tontería… ¿Cómo puedes decir que no existe?
—No… la responsabilidad social es como el amor.
—Se acabó; creo que plano creo que hoy nos tendremos que retirar temprano— respondió Claudia cual si hubiera yo pronunciado un exabrupto.
—¿Crees que existe el amor? Muéstramelo… muéstrame el amor— le reté; y juro que no estaba poniéndome en el rol de joven puberto que le pide maliciosamente a su pareja la “prueba” de amor.
—¿Cómo?, ¿Cómo que te muestre el amor?— respondió preguntando no sin un dejo de enfado, pensando que estaba diciendo más necedades de las habituales.
—No puedes… jamás podrás asir algo con tus manos y decirme “Mira, esto es amor” ¿O sí?
—Eso es obvio… pero puedes abrazar a alguien, besarlo, procurarlo, protegerlo.
—Ya, ya, ya… —le corté abruptamente— no te me pongas romántica. Me has dado la razón. Existen las acciones que expresan la emoción, pero jamás podrás mostrarme al amor en sí.
Dejó de mirarme cual si fuera yo un zoquete y ahora lo hacía con cierta curiosidad.
—¿Y con la RS sucede igual?
—¡Exacto! Nadie puede decir “Esto es responsabilidad social”, simplemente puede ejecutar acciones sobre ello.
—¿Y cuál es tu punto?— me preguntó bajando la guardia y animándose a pedir otra Margarita.
—Que la RS es una forma de gestión, es decir, es una manera de hacer las cosas que ya se hacen; sin embargo, es una manera de hacerlas “mejor”. Es decir, se pueden modificar acciones en la cadena de valor, con los colaboradores, con el entorno, con otros stakeholders; pero la RS no es un parche, no es “algo” que se añade, que pueda pegarse a la estrategia de la empresa… ¡Es la forma de ejecutar su estrategia! y tal vez iría más allá y diría ¡Es la estrategia!
—Por eso no existe… porque no puedes ejecutarla por sí sola. Es parte natural de la empresa— observó Claudia casi en un susurro, como si hubiera entendido mi terquedad.
—Ni yo mismo lo hubiera dicho mejor… De hecho, en el futuro, seguramente pasará a ser un área más de ella, como marketing, finanzas o producción. Creo que tampoco me podrías mostrar el marketing ¿Cierto? Y así como hoy hay empresas que inclinan su estrategia a marketing sin descuidar sus otras áreas, habrá otras cuyo valor de marca se cargue a la RS, sin por ello dejar de hacer mercadotecnia o investigación y desarrollo.
—Podría ser— accedió mi acompañate, al tiempo que un mariachi comenzaba a tocar “La media vuelta.”
—Lo que me lleva a la conclusión de que Friedman tenía razón— señalé.
—¿Qué?— me preguntó casi en un grito que de haberlo dado en balcón, hubiera competido con el de independencia.
—Claro…— contesté lacónico— Si lo examinas fríamente, el principio de Friedman, el del lucro, sigue cumpliéndose, pues es posible obtener más rentabilidad al administrar de manera socialmente responsable.
Claudia guardó silencio un momento.
—Tú sabes que Friedman no se refería a eso sino a lo que hoy en día llamamos acción social ¿verdad?— preguntó entrecerrando los ojos y cautelosa tras la sombrillita de su copa.
—No he tomado tanto para pensar lo contrario— le contesté sonriendo perniciosamente —Sin embargo, Friedman debió expresarlo así: “La única responsabilidad social de las empresas consiste en generar beneficios… y se generan más beneficios no siendo gandalla con la sociedad y el medio ambiente.”

La responsabilidad social, como el amor, no se puede tocar, pero se puede sentir. Lo que me recuerda una máxima que podría ser zen “No todo lo que puede contarse, cuenta y no todo lo que cuenta puede contarse.”

No es una cuestión de recursos, sino de voluntad e inteligencia. Hay empresas enormes que en la RSC se mueven torpes como elefantes sobre hielo, mientras que hay PyMES que entienden perfectamente el concepto. Hay directores visionarios que comprenden que deben procurar esta área, aunque también los hay obtusos que no saben de su importancia y por tanto no entienden de reputación empresarial. La RS no es una cuestión exclusiva de normas, nombramientos o certificaciones —que son necesarios, como los ritos en la religión—. Tampoco es ya un tema de teorías, sino de prácticas, de acciones y reacciones en un mundo cambiante a cada instante y que día a día exige más de las organizaciones; un mundo donde actuar en base a la realidad que nos rodea, es actuar de manera acertada.

Finalmente, para aquellos que entiendan y apliquen, está la rentabilidad de la RS, consistente en el reconocimiento y preferencia de la sociedad en respuesta, tal como en el amor, a algo que no ve pero siente; una aceptación y una lealtad a esas marcas y compañías con un comportamiento integral, respetuoso de su comunidad y su medioambiente.

Por todo ello, he llegado a la conclusión de que Darwin debió ser un precursor de nuestra disciplina, pues en la responsabilidad social, como en la evolución, no sobrevive el más grande, el más rápido ni el más fuerte… sino el que se adapta con mayor facilidad.

¡Salud!, ¡Que Viva México!, ¡Que viva el amor, San Miguel de Allende… y Torreón!



aRSEnico

aRSEnico es el seudónimo químico de un asesor en RS muy tóxico, solitario, ensimismado y cuasi misántropo, que a través de una propuesta editorial de crítica ácida, expone las circunstancias, a veces inverosímiles, que se presentan en la RSE. La columna, si bien es ficticia se alimenta de eventos de la vida real sin los cuales no sería posible su realización. El objetivo es precísamente, además de provocar la risa forzada de reconocer y reconocerse en ella, señalar dichas circunstancias desde un enfoque cínico e incluso que raya en anti RS, para mostrar finalmente en este radioactivo estilo, el “deber ser” de la RSE.

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